miércoles, 12 de septiembre de 2012

Azúcar de Guatemala: No tan dulce que digamos

ARGENPRESS CULTURAL

Con motivo de declaraciones del Obispo de Guatemala, Monseñor Oscar Vian, ensalzando la producción de azúcar en el país -principal fuente de ingresos, por cierto- nos hicieron llegar la presenta carta abierta, criticando lo expuesto por el prelado.

Nos pareció oportuno difundirla, pero para contextualizar el hecho, nos pareció pertinente dar a conocer primero el marco general en el que esa producción tiene lugar. De hecho Guatemala es uno de los grandes productores azucareros mundiales. Para conocer la situación real en que tal industria se desarrolla, presentamos la siguiente cita, recorte de una entrevista realizada vez pasada por ARGENPRESS a Alejandro Argueta, destacado abogado laboralista del país, quien se refirió a la explotación azucarera. Seguidamente, la carta que firman distintas organizaciones populares.

(…) Algo muy importante es saber cómo funcionan las cosas, cómo funciona el sistema en sus entrañas. Para pedirle justicia al sistema capitalista -cosa que no quiere o no puede dar- hay que conocer cómo está hecho, cómo está diseñado, para saber qué se le puede exigir y dónde están los límites que nos llevan a pedir un sistema nuevo. Esto debe hacernos ver que tenemos que estar siempre informados, conocer en sus interioridades el sistema. Quiero graficarlo de un modo concreto con un ejemplo local que conozco bien: la producción de azúcar en Guatemala. La caña de azúcar es el principal producto de exportación de este país hacia Estados Unidos en el marco del tratado de libre comercio que tienen firmado ambas naciones. Ello se explica porque ese azúcar es la base del etanol. Por tanto, la producción de biocombustibles ha hecho que la caña de azúcar esté por todos lados en Guatemala, y los empresarios que se encargan del negocio estén florecientes como nunca. Este es un primer dato. Segundo dato: la Fundación de las Américas, de la OEA, le otorga el año 2007 el premio de Ciudadano Responsable a uno de los ingenios azucareros más poderosos económicamente en el país, el ingenio Pantaleón (uno de los acusados históricamente de tener una de las peores historias de represión a sus trabajadores y sus dirigentes sindicales). Tercer dato, y vamos al fondo del asunto: ¿cómo es la producción del azúcar? Si vemos los indicadores ambientales que se le asocian a este proceso productivo, es terrible, sumamente degradante para los bosques tropicales, termina con la fauna autóctona. Diversos estudios académicos, obviamente interesados, han destacado lo avanzado de la producción azucarera del país, las técnicas modernas que allí se evidencian. Pero hay que destacar los siguientes puntos: 1) desde hace unos 18 años los cañaverales se incendian antes de cortar la caña. Antes se cortaba directamente, ahora se incendian. De este modo se pude cortar más rápido; el trabajador cañero no tiene que perder tiempo cortando las hojas con el machete, porque las hojas se queman con el fuego. Esto hace perder cierto porcentaje de humedad a la caña, por acción del calor del fuego, pero permite cortar más producto, por lo que el resultado final nunca deja de ser favorable al empresario. Es decir: con esta quema el trabajador, en el mismo período de tiempo, va a cortar más por el mismo salario, lo cual significa que se le ha aumentado la intensidad del trabajo. Y aunque se diga que se usan técnicas muy modernas, estos incendios producen desastres respiratorios en las aldeas cercanas, siendo al mismo tiempo muy peligrosos para la salud de los trabajadores. ¿Dónde está la modernidad? 2) Dicen los empresarios azucareros que no hay trabajo infantil. Pero no es así. Si vamos ahora mismo a verificar, la zafra está repleta de niños. Ha habido trabajadores adultos que murieron asfixiados en los cañaverales en estos incendios programados, en el medio de las brasas con jornadas extenuantes de 12 horas diarias. ¿Qué le puede esperar a un niño entonces? Y vamos al punto 3), quizá el peor de todos: hoy día un trabajador adulto corta hasta 10 toneladas diarias de caña, cuando hace 18 años el promedio no pasaba de 3. ¿Cómo es esto posible? Según hemos descubierto nosotros mismos investigando todo esto, los trabajadores toman medicamentos análogos a las anfetaminas que le permiten llegar a la meta de producción que les imponen. Son metas imposibles de cumplir en condiciones normales, pero por la precarización de las condiciones generales en que se encuentran los trabajadores, sabiendo que no tienen dónde ir a quejarse y que si no cumplen con la meta impuesta no los contratan, ellos mismos compran estos medicamentos para sobreesforzarse más allá de sus límites. El patrón puede decir que él no le está suministrando esas pastillas, pero hay un principio legal que dice que un empleador no puede permitir el consumo de este tipo de sustancias durante la jornada de trabajo, por lo que si lo permite, está violando derechos laborales elementales. Y lo trágico en todo esto es que ese sector empresarial recibió un premio a la responsabilidad social. ¿Qué hacer ahí? Creo que este ejemplo concreto nos puede servir para contestar la pregunta. Lo primero y más importante: ayudar a que los trabajadores vuelvan a organizarse y que conozcan sus derechos. Sólo diciendo que el capitalismo nos explota y que el neoliberalismo nos terminó de hacer pedazos, con eso sólo no lograremos cambiar nada. Hay que meterse a investigar todo esto por dentro, conocer a la perfección sus detalles, saber cómo funcionan los procesos, detectar cada violación o cada injusticia y saber cómo hacerlas evidentes. Porque si no, se nos hace difícil, o imposible, plantear alternativas.


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