miércoles, 5 de septiembre de 2012

El tercer relato

Edgar Borges (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

“Todo ser es un clamor de ser leído de otra manera”

Peter Handke, Historia del lápiz

El tercer relato es el curioso que incomoda a la dictadura de la realidad del dos. Se podría decir, incluso, que es el no invitado que cambia el ritmo de la fiesta. La dictadura de la realidad sólo nos deja espacio para dos posibilidades. Imaginarse una tercera versión de cada hecho sería políticamente incorrecto. No es prudente andar por la vida diciendo que además de dos opciones existe un tercer intento. El juez pide que sentenciemos culpable o inocente, no hay tiempo ni espacio para desdoblar cada una de las decisiones. Cada opción, en sí misma, es absoluta. Sería un atentado contra el simplismo suponer las (otras) causas de una culpa o de una inocencia. El resultado es cuadrado, tiene límite, no da para más. La vecina sale todas las noches, es puta o enfermera; el inmigrante es mendigo o ladrón; el estadounidense es turista o inversor. Los sujetos y las circunstancias llevan en nuestro prejuicio la maldición de ser una u otra cosa. Esa es la dictadura de la realidad del dos.

El tercer relato es el inconforme de la jugada. Él se sabe (cada vez más) minoría, pero no puede vivir de otra forma. Si la mente del resto tiene dos hemisferios, la suya tiene desarrollada una tercera zona, la de las suposiciones. Donde dicen positivo o negativo, él dice mezcla o nada; también puede ser que cuando todo se cierra entre blanco o negro él apueste por ninguno. El tercer relato opera como la bifurcación de los caminos y de los contenidos. Él ha pasado por pueblos que se han ido a la guerra porque unos ven manzanas donde otros ven peras solo para decirles que él, ahí, en esa tierra, ve manzanas y peras pero también naranjas. Por más que la mayoría se sabe subordinada, casi nadie desea que el tercer relato se aparezca en su casa (tampoco en el trabajo ni mucho menos en una cita privada). Después de una educación simplista, ¿quién desea una tercera respuesta?

En la batalla de los no intentos, el mejor aliado de la realidad del dos es el ruido. Los directores de la rutina lanzan dos versiones y ante los oídos de todos las enfrentan. A partir de entonces la mayoría asiste, sin saberlo, al teatro de las selecciones. Cada quien tendrá que ubicarse en un grupo o en una historia, para cada realidad (o batalla) hay dos campos. Colóquese o descolóquese. El tercer relato, en cambio, es discreto. Su intención no es llevar la contraria por capricho, él no desconoce el dos, por lo menos no en su fondo. El tercer relato sabe que dentro de cada dos se esconde otro número. Su rutina (que no es rutina) es no interpretar una de las dos primeras alternativas que siempre aparecen. Entre un canon y otro canon ningún canon. Él sabe que nos hemos pasado simplificando rutas y negando opciones. La narración de la realidad del dos es cuadrada, es el ciclo del destino que te avisa que “por más que lo intentes todo está hecho para que nada cambie”. La narración del tercer relato anda por los bordes tejiendo hilos entre los abismos. El dos aparece como si nuestra vida se redujera a dos callejones plenamente establecidos. En la diatriba de la vida dirigida el ruido opera como el mecanismo que nos aturde y nos mantiene en el ciclo del no pensamiento. El ruido es la mano que nos sella la (s) puerta (s) hacia la (s) salida (s). En cada jugada el poder nos dibuja rápidamente las dos historias de su conveniencia, el ruido se encarga de cerrarnos las otras rutas. En el pasillo de las soledades dos puertas dibujadas representan algo, imaginar una tercera sería sentir la nada. Y los maestros de la rutina (los poderes establecidos) nos enseñan a temerle a lo inexistente. Lo tangible, ya sabemos, es propiedad de ellos.

El dos podría no ser dos. De cada parte de un dos podrían desprenderse muchos otros dos. Incluso, en la mitad de una de esas partes podrían habitar dos posibilidades (También es posible que los otros números reclamen su participación en la división de la película). Masculino o femenino; amigo o enemigo; cielo o infierno; derecha o izquierda; padre o madre; suerte o desdicha; gobierno u oposición; verdadero o falso. Pareciera que los dados de la vida diaria sólo tuvieran blanco o negro. Eso lo sabe el tercer relato, por ello, cuando alguien, que pretende ganarse su confianza, le habla de dos bordes, él piensa en abismo. Y camina lento cuando lo normal es caminar rápido; intenta descubrir algo nuevo en lo que ayer (y anteayer) dio por descubierto. Siempre atento a un tercer saludo; a una tercera voz; a un tercer silencio; a un tercer lenguaje; a un tercer ritmo; a una tercera salida; a los muchos dos que habitan el todo de su existencia. En busca de la otra pista, el otro tempo, la otra ruta. Ir por la calle jugando a sumarle otro número a cada historia; saludar de otra manera; darle a la vida la otra jugada, el otro discurso. Atreverse a ser un sujeto provocador de otro resultado.

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