miércoles, 19 de septiembre de 2012

La mar traicionera me la deparó buena

Daniel de Cullá (Desde Burgos, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La masa de agua salda
Cubría la mayor parte de la playa
De San Vicente de la Barquera
En Cantabría, España
Con una marejada fuerte
Producida por el viento
U otra causa.

Era 9 de Septiembre del 2.000
De atardecida
Cuando bajamos a la playa
Y con bandera roja
A punto de volar del mástil
Altas olas nos recibían
Y sin saberlas ponderar
Les hacíamos gracias
Como si fuera cosa de enredo
Y burlas, y no de veras
Yo comencé a nadar
Mar adentro
Y quizás el orujo de miel
Poco antes bebido
Me hizo ver la playa
Junto al horizonte perdido

Me entró mucho mar a bordo
Y mucha pena
La angustia y el dolor eran muy vivos
Física y moralmente
Derramando yo un mar de lágrimas
Al despedirme de la Vida
Abrazado a esta mar
Tan traicionera:
Ella estaba alta, muy alborotada
Y las olas me pusieron
En medio de la mar, lejos de la tierra
A medio ahogar
Trabajando mucho con la mar
Y el viento
Las olas con un resalte o filete
En forma de algas
Intentando alojar bien el cuerpo
En la tuerca o hueco ya preparado
Para recibirle bien
En el que él mismo se abría
Al penetrar en ese cuerpo
Relativamente blando
Trabándose y juntándose
Entre las olas
Estableciendo un íntimo contacto
Entre ellas
Y apretándole entre unas y otras
Haciendo del casi ahogado
Un tornillo
Que tiene por objeto elevar el agua
Hasta el cielo del infierno
En violenta manifestación
Del estado
De los ánimos enardecidos

La mar de fondo
Se agitaba en lo profundo de ella
Y me agarraba sin soltarme
De los brazos y de las piernas
Quienes estaban en su orilla
No llegaron a estallar en mi auxilio
Tan sólo Ángel Alberto
Mi sobrino
Que hizo un trabajo de titán
Bien útil
Cortando las crestas de las olas
Con la violencia de sus potentes brazos
Abandonando el miedo
Y saliendo a partir la mar
En mil pedazos
Para arrancarme a su muerte
De señorío feudal en behetría
Con lance intrincado
Y difícil
En gran abundancia de músculo
Con mucho exceso
Con extremado lujo y aparato
Con su tabla de surfear
Como sopanda colocado
Horizontalmente
Por sus brazos y manos
En sendos jabalcones
Para fortalecer al ahogado
Que estaba encima de él

Me sacó del túnel de la muerte
A la Vida
Y así adornado
Se hizo brazo de mar
Y me trajo a su orilla
Como quien arrastra una foca malherida
“Cual montaña de maleza
Desperdicio de la seda
Y tejido hecho con él
Coscojo
Enredo de hilos y cabellos
O cosa análoga”
Como dijo Isabel, su hija

Atendido por una doctora
Que paseaba la playa
Junto al paseo marítimo
Ella confirmó
Que había salvado por pelos la Vida
Ángel Alberto, mi Salvador
Alegró a los presentes
Compungidos y asustados
Diciéndoles:
“La mar que se parte
Arroyos se hace”
E Isabel, volviendo a mirar al Padre
Con alegría de verle vivo
Saltaba diciendo:
“Del mar el mero
Y de la tierra el carnero”

La mar me hirió con olas punzantes
Me dio en el morrillo
Con su pica
Haciendo yo fuerza
Para aguantar el empuje
De la embestida a nado
Queriendo yo adiestrar la mar
Ella me cegó
Con su arte de marear
Haciéndome ejecutar
Movimientos de costado y de retroceso
Con la intención de ahogarme
Abriéndome el ser y no ser
Como quien abre un libro
A la ventura recortada
Y agujereada
Haciendo dibujos con las olas
Entre mis dientes
Suplicando yo a la Vida
Mientras me revolvía
Y daba saltos como podía

Este fue un combate entre dos
Entre la Muerte y la Vida
Y el viento en su eco repetía
Al llevarme la ambulancia
Al Hospital de Torrelavega:
“¿A do vas duelo?
A do suelo”

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