miércoles, 26 de septiembre de 2012

Los lunes al sol (2002)


Jesús María Dapena Botero (Desde Vigo, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



NACIONALIDAD: Española
GÉNERO: Tragicomedia
DIRECCIÓN: Fernando León de Aranoa
PRODUCCIÓN: Elías Querejeta
PROTAGONISTAS: Javier Bardem como Santa
Luis Tosar como José
José Ángel Egido como Lino
Celso Bugallo como Amador
Enrique Villén como Reina
Nieve de Medina como Ana
Joaquín Climent como Rico
Aida Folch como Nata
Fernando Tejero como Lázaro
Laura Domínguez como Ángela
GUIÓN: Fernando León de Aranoa / Ignacio del Moral
FOTOGRAFÍA: Alfredo Fernández Méndez
MÚSICA: Lucio Godoy
DURACIÓN: 113 minutos

Primero se llevaron a los comunistas, pero a mí no me importó porque yo no lo era; enseguida se llevaron a unos obreros, pero a mí no me importó porque yo tampoco lo era, después detuvieron a los sindicalistas, pero a mí no me importó porque yo no soy sindicalista; luego apresaron a unos curas, pero como yo no soy religioso, tampoco me importó; ahora me llevan a mí, pero ya es demasiado tarde.

Bertolt Brecht

Este texto que algunos atribuyen al dramaturgo alemán y otros a un pastor protestante, bien vale la pena repensarlo cuando de violencia social se trata.

La reconversión industrial, es una forma de ésta, que en Billy Elliot recibe un tratamiento optimista, mediante el desarrollo de una suerte de self-made man pero, en el guión de Fernando León de Aranoa e Ignacio del Moral, más bien encuentra un poco la salida del teatro del absurdo, con unos personajes, un poco a la manera de Vladimir y Estragón, que esperan en vano algo, que tal vez, mañana vendrá.

El problema lo enfrentan de distintas maneras, cada cual desde su singularidad; la mirada de los españoles es más polifónica que la de Stephen, Lee y Burguess, los autores de Billy Elliot.

Cada uno de sus personajes reacciona de una forma distinta, ante la debacle industrial que los conduce al desempleo, al paro.

Tal vez, Santa (Javier Bardem) con un espíritu más cercano al del hombre rebelde camusiano, a diferencia de José (Luis Tosar), quien siente bastante roto el lado más positivo de su narcisismo, el que mantiene la unidad de sí mismo, para darle una identidad formal, con un sentimiento profundo de la existencia, más vivencias de satisfacción, puesto que con la pérdida de la vida laboral, se siente descentrado y tiene que entrar depender de una esposa, quien trabaja como una mula, en una conservera viguesa y el matrimonio llega a ponerse en una seria crisis, mientras Lino (José Ángel Egido), un hombre más maduro, ya canoso, por estar más entrado en años, se ve obligado a tratar de ocultar su edad para conseguir trabajo, de una forma tan grotesca, que el tinte le chorrea con el sudor mientras espera que lo llamen a una entrevista de trabajo.

Más trágica aún será la situación de Amador (Celso Bugallo), un hombre melancolizado, quien se refugia en el alcohol, para escapar al dolor producido por la pérdida del trabajo, al abandono de su mujer y una existencia cada vez más miserable; todo lo cual, se suma para, finalmente, conducirlo a la muerte, en un mundo sórdido y desolado, a pesar de la hermosura de la ría viguesa que lo enmarca.

Todos tratan de hacerle al mal tiempo buena cara, por lo que recurren a un fino humor, tal vez como la salida más digna, en su intento de sobrevivir, como un tentativa de lidiar con la realidad y tratar de superarla, mediante sus constantes bromas; humor que los hace reír a carcajadas, incluso en el momento, en el que, tras el robo de ferry boat entre Vigo y Cangas, para celebrar los funerales de Amador, se dan cuenta que han dejado las cenizas, destinadas a ir a parar a la ría, en el bar El Naval, en un momento en que la mezcla de lo dramático y lo gracioso, se constituye en una muestra de humor negro, que trata de ocultar una triste realidad, de una manera intrépida y rebelde, gracias a ese extraño don que tienen de gozarse lo absurdo.

El humor trata de salvarlos en medio de la situación límite que viven con el cierre del astillero, tal vez, como una forma de luchar con lo imposible; el humor viene a producir cierto efecto de corte, un viraje hacia una discreta ganancia de placer, que constituye cierto plus, gracias a su efecto, más allá de toda seriedad y solemnidad, pero de una manera, fundamentalmente humana, demasiado humana, como una especie de creación simbólica sorpresiva, que produce nuevos sentidos, que quizás nos remita al humor de Crevantes o de la picaresca española, sin la universalidad del humor de un Charles Chaplin, por supuesto, pero sí con su sesgo transgresor y cuestionador de lo establecido, con la presencia de una cierta verdad, por amarga que sea, con la que sobrepasa el chiste o el gag cinematográfico. Por ejemplo, cuando en la vitrina del almacén de televisores, Santa comenta que Lino:

Acaba de perder un maravilloso puesto de trabajo fijo en Torrevieja, Alicante.

Tal humor es como si fuese un instrumento para decir en un instante, algo que atañe a los sujetos, pero que parecería imposible de decir, algo inefable, en los confines del sentido, a través del sinsentido formal, de la paradoja, de lo grotesco, de lo insólito, del absurdo, de la desmesura o del disparate, pero revelador de otro sentido más sorpresivo, fugaz y evanescente, como si fuese un atajo que toma el sujeto, para dar paso a algo reprimido o censurado, sin pagar el precio de la neurosis. (1)

El visionario director español, Fernando León de Aranoa, nos presenta el problema en el año 2002, como si se adelantara a la ola de desempleo que cundiría por España, en este embate crítico, que viene desde el 2008 y que se extiende ya no sólo a la clase obrera sino a gente como uno, de tal manera, que ahora el siguiente puede ser un sujeto que ni siquiera esperaría verse sometido a la inestabilidad laboral, que implican la reconversiones de la loca economía de ogaño, con sus recortes y revolcones, a los que nos ha ido sometiendo un neoliberalismo, maquinal e inhumano, donde todos y cada uno corremos el riesgo de ser convertidos en chivos expiatorios, para ofrecer en sacrificio al Minotauro del Capital.



Los protagonistas, de un día, para otro de ser empleados estables, pasan a ser unos vagabundos, que desfilan los lunes bajo el sol, lejos de los talleres, sin saber qué hacer, en un sin sentido, que tratan de superar con un diálogo continuo, salpicado de finos chistes, con los que tratan que algo creativo surja en medio de la desesperanza, frente a una situación de paro, que no es subsanada por nuevos empleos.

El macrocontexto social que los envuelve es el del desmantelamiento del sector de la construcción nava, que ha ocasionado despidos en masa, con el comienzo de una crisis, que truncaría las expectativas del puerto vigués, cosa que se vislumbraba ya desde la década de 1970, problemática que arreciaría, aún más, en el decenio siguiente, para afectar con mayor virulencia a todas las estructuras del sistema urbano.

Todo ello, basado en la desconfianza de la burguesía en relación con los medios de producción y los riesgos frente a una futura rentabilidad de las industrias consolidadas; al evaluarlos y tratar de maximizar los beneficios, los pequeños comercios serían substituidos por grandes supertiendas, al estilo de El Corte Inglés o Alcampo, lo que incrementaría las desigualdades sociales que promueve la sociedad postindustrial, descrita ya, a comienzos de la década de 1970, por Alain Touraine. (2)

Nuestros personajes son las víctimas de todo un conjunto de transformaciones en la estructura productiva, en un momento, en el que tiene la hegemonía la economía financiera, mientras que se va dando todo un proceso de urbanización de los territorios, con suburbanización de la periferia, más una interdependencia entre la sociedad regional con la global, en un marco de innovación tecnológica, en el que según los consejos de Michael Hammer y James Champy, lo que habría que olvidar es lo que se sabía de cómo debería funcionar una empresa, porque casi todo estaba errado, si se quería tener éxito en el siglo XXI y así economizar anualmente centenares de millones de dólares, dar satisfacción sin precedentes a los consumidores, acelerar y hacer más flexibles los aspectos operacionales y dar un salto cualitativo y cuantitativo con respecto las enseñanzas de la Revolución Industrial, en el contexto de una economía globalizada, con una competencia universal, que obliga a inexorables cambios.

Esos eran los consejos de la reingeniería, que conducirían una pérdida de un 40% de puestos de trabajo, ya que se prefiere una máquina a un trabajador, porque ésta trae más beneficios económicos, no se sindicaliza, no hace huelgas ni se enferma, algo que viene como muy buen anillo al dedo de los capitalistas de estos nuevos tiempos postmodernos. (3) (4)

Ese proceso de reconversión naval, que describe el director, en el 2002, seguiría avanti, bajo una compulsión a la repetición en el entramado económico, en detrimento de Galicia, ya que según cuenta Miguel A. Rodríguez en La voz de Galicia del 3 de octubre del 2010, tras el desmantelamiento, en la década de 1980, entre los astilleros vigueses y ferrolanos se perdieron 7.000 empleos directos y 20.000 indirectos; en 1998, la pérdida fue de otros 4.000 trabajos directos y 12.000 indirectos, sin que los intentos de alzar la voz prosperaran, mientras varios astilleros iban cerrando su construcción de buques, lo cual generaba manifestaciones y enfrentamientos tremendos. (5)

Con uno de ellos empieza la película, cuando Santa quiebra una lámpara de la empresa, que luego tendrá que pagar al ser multado por revoltoso, en un momento en el que España quería entrar a la Comunidad Europea, a cualquier precio, sometidos a las condiciones draconianas que los socios impusieran y siguen imponiendo.

Tal vez, hubiera sido mejor que la Península Ibérica se hubiera convertido en esa masa de piedra, que describe José Saramago, que se desprende de Los Pirineos, para ir tras una desgarrada indagación interior, en busca de la verdadera esencia ibérica, para salir a la luz y descubrir su propio destino. (6)

En tanto y en cuanto, José Saramago intuía que en la Nueva Europa, algunos ostentaban el poder y los privilegios, mientras otros son condenados a la pobreza, a la explotación, al saqueo, como sucede entre las metrópolis y la colonia, pues no nos digamos mentiras, que los países de la periferia, hacen a un sur empobrecido, sin que la justicia social se convierta en un ideal accesible a todos los ciudadanos, cuando más bien estos países son despojados de su patrimonio económico y quizás aún del cultural.

La península que flota podría ser un poco como el ferry boat, que nuestros pícaros personajes roban para hacerle el rito funeral a su buen amigo Amador, víctima propiciatoria de toda esta debacle social, sin que ni la novela de Saramago ni la película de Aranoa resulten panfletarias. Lo que sí comparten es que son bastante irónicas, cualidad que caracteriza a ambos autores, aunque con una ironía llena, a su vez, de ternura, no exenta de miradas filosóficas profundas, que se dejan traslucir en los diálogos de los personajes, en su trajín cotidiano por las calles de Vigo, o en el bar La Naval de su amigo Rico (Joaquín Climent), el único que pudo negociar su retiro y, con ello, fundar ese establecimiento, donde nuestros amigos pasan buen rato de la noche, entre trago y trago, como forma de protegerse la soledad y de la melancolía, en un entorno, habitado por un individualismo a ultranza, por el egoísmo, que nuestros amigotes, sobrepasan mediante la solidaridad entre ellos y el humor, que les permita sonreír en medio de la amarga incertidumbre de la vida, que lleva, fatalmente a Amador a la muerte en solitario y a José a vivir los efectos de la violencia social de los generadores del desempleo, tanto en lo personal como la vida de una pareja que se siente estéril y pobre, sin más perspectiva que la separación, hasta que el amor y la comprensión eviten que Ana se vaya cuando ve tan triste a su compañero por la muerte del viejo colega.

La desocupación trae consigo graves repercusiones psicosociales, como bien lo demuestra la psicoanalista argentina Elina Aguiar, en tanto y en cuanto, como hecho económico, histórico y social tiene efectos en la subjetividad, en la medida que la moldean y remodelan, cuando se dan cambios drásticos en el tejido social, en el espacio transubjetivo de la cultura, ya que llevan o bien al conformismo, como el de alguno de los visitantes del bar, o a un estallido en el marco social, que hace salir como partículas fragmentadas a los sujetos de la red colectiva, que pudiera contenerlos, siempre en detrimento de la solidaridad, en aras de que los mercados produzcan y produzcan más, bajo el lema de:

¡Sálvese quien pueda! – como consigna que lanza el Poder.

La desocupación, entonces, produce miedo y funciona como un elemento fundamental para cierto chantaje social, ya que se obliga a aceptar las condiciones laborales que se impongan, así sea salir oliendo a mierda, a pescado, como suele salir Ana, la mujer de José, de la conservera donde trabaja; fetidez, que pretende subsanar con cantidades ingentes de desodorante, que no la sacan, para nada, de la amargura de pasar horas enteras en medio del hedor, en una cadena taylorista de producción, con el fin de aumentar el rendimiento industrial; pero, al menos, allí hay empleo para uno de los miembros de la pareja; de no existir tal trabajo, estarían condenados al vagabundaje infinito, sometidos a una condena no de ganarse el pan con el sudor de su frente, obligación de la que los privan, para lanzarlos, dada la inestabilidad laboral neoliberal, a navegar sin rumbo como los orates y vagabundos, que expulsaban en la stultífera navis, la nave de los locos, sometidos a otra de las formas que reviste la violencia social, bien descrita por Michel Foucault en su Historia de la locura. (7)

El espacio transubjetivo perturba a la cultura.

El intersubjetivo interfiere en las relaciones que la persona establece con otros, con sus semejantes, amigos, pareja o familia, como bien podremos verlos en los vínculos de José y Ana, en su vida conyugal.

El intrasubjetivo aflige al ser humano en su fuero interno; lo veremos, como en una especie de zoom, en la melancolización de Amador, quien pasa a ser un desaparecido social, al ser sometido a una muerte lenta, por desnutrición alcohólica y carencial, mientras hace un giro de la agresión contra sí mismo, con esa depresión que intenta diluir en alcohol, como una forma solapada de suicidio o en la lucha de Lino por mantener una imagen juvenil, con el fin de impresionar positivamente a posibles empleadores.

Es la prueba de lo que señalaba Janine Puget al informar que la violencia social penetra a los estratos más profundos de la mente. (8)

Esta es una problemática que se incrementa particularmente, a partir de las privatizaciones de las empresas, que se iniciara con la reingenería política de la señora Tatcher, fenómeno que fue expandiéndose como un cáncer en Occidente, bajo el auspicio de un contexto neoliberal o neoconservador - ¡vaya, usted a saber! – que tanto daño ha hecho en el mundo, con la exaltación del individualismo y en detrimento de la solidaridad.

Así las cosas. la amenaza del desempleo funciona como una especie de chantaje social, para que los sujetos acepten cualquier tipo de condiciones laborales que se les ofrezcan, ya que hay muchos esperando puesto, por menos dinero. Alguna vez, en Colombia, oí a un gerente de EPS decirnos que si no aceptábamos las nuevas condiciones que imponían para la atención psiquiátrica, desde de la Administración y no de la clínica, había muchas novias esperándolo, sin tener en cuenta la buena formación de los profesionales que asistíamos a una reunión con él, para darnos ese ultimátum.

Ante la desmedida oferta de manos de trabajo, los capitalistas se dan el lujo de ofrecer una labor a destajo, sin ningún derecho, muchas veces, ni siquiera a vacaciones, porque otras tantas las contrataciones se hacen mes a mes, en contratos tremendamente leoninos, sin que, para nada, tengan los empleados la opción de tener conciencia de clase ni sindicatos que salvaguarden sus derechos.

La oferta de trabajo, por parte del Amo, promueve entonces la resignación, el conformismo, la indignidad, con una inmovilización de los estratos sociales, quienes, de antemano, se encuentran frente a la predestinación, la pasividad y el fatalismo, mientras los empleadores se ufanan de que la flexibilidad laboral genera más empleos, inestables, por supuesto, sin que les importe, para nada, la desestabiliazación del trabajador, la rebaja de indemnizaciones por despido, en una sociedad en la que impera la Ley del Desempleo Estructural, con un empeoramiento de las condiciones de trabajo, que apenas si alcanzan a ser las mínimas, con el lógico aumento de los índices de desocupación y subocupación. (9)

De ese modo, la amenaza del desempleo, sostenida en el tiempo, empieza a generar grandes tensiones.
Ello haría que, en 1986, la Organización Mundial de la Salud (OMS) señalara al desempleo como una de las principales catástrofes epidemiológicas, de origen social, de la civilización contemporánea, la cual tiene agentes responsables, victimarios y víctimas.

De esa manera, el fenómeno del desempleo afecta la salud mental en tiempos de crisis económicas pues, como bien señala la profesora Beatriz Sora, la experiencia del paro repercute negativamente sobre la calidad de vida, la adaptación social y el funcionamiento psicológico del desempleado y su entorno familiar; de una forma más específica, se ha demostrado que tales efectos negativos, empobrecen la dieta alimenticia, al no haber dinero para llenar la canasta familiar, lo cual va en detrimento no sólo de la salud mental sino de la física, a la vez que aumenta las tensiones intrafamiliares de grandes grupos humanos, lo que trae como consecuencia, ansiedad, trastornos de estrés y depresiones, con todos los mecanismos de defensa que contribuyan a la creación de otras patologías, con disminución de los intereses en las actividades sociales y culturales y una desestructuración de la temporalidad cotidiana tanto en el ámbito individual, como familiar y social, con desafiliación de grupos políticos y organizaciones sindicales.

Todo ello, hace del paro, un factor de riesgo importante, así no sea determinante. (10) (11) (12)

Máxime si tenemos en cuenta el siguiente cuadro de factores que afectan la salud mental de la gente (13):



Pero el desempleado pasa, entonces, al espacio de la otredad, de lo deleznable, a engrosar una masa sobrante, de “desechables”, estigmatizados a los que se le induce algún tipo de inculpación, con frases como:

Por algo, estás desempleado. (14) (15)

Todo lo cual aumenta la morbimortalidad en el ámbito de lo epidemiológico, por efecto de esa violencia que se ejerce contra los sujetos, que termina por producir una angustia sorda y un tenaz miedo de vivir, como tan bien lo expresara la cantautora argentina Eladia Blázquez, en 1981, esta vez interpretada por Giana María Hidalgo:

http://www.youtube.com/watch?v=dosFLvgDHs8

La pérdida de empleo se constituye en todo un trauma desde la perspectiva freudiana, dado el efecto de terror que produce, fenómeno generador de un estupor inicial, con un paulatino embotamiento, cierta anestesia afectiva, que narcotiza la sensibilidad, lo cual hace que se abandone todo proyecto y expectativa, con cierto alejamiento de los demás, cosa que no se cumple en el caso de nuestros personajes, tan solidarios, siempre reunidos en el bar La Naval, que Rico comprara con la indemnización, cuando se había animado a negociar, para no ser lanzado a la calle como un perro, como sucedería a sus rebeldes compañeros, otra forma de defenderse frente a la amenaza de caer en el paro.

La situación de la liquidación del trabajo no crea otra cosa que inermidad y desamparo, ante la perspectiva de caer en el espacio de la exclusión de un sistema laboral, que tampoco genera muchas expectativas de empleo, por más de que este se ofrezca; pero, ante tanto pobre junto, termina por perderse la limosna.

En ese contexto, las víctimas quedan paralizadas, apáticas, con un monto de indiferencia, lo que las lleva a desentenderse de la suerte de los demás, mientras a la nueva experiencia traumática se van sumando otras, provenientes también del entorno social, para hacer la situación, cada vez, más compleja.

Se pierde entonces un marco estable en la cotidianidad, de ahí que se pueda estar los lunes al sol, como si fuera un festivo, un sábado o un domingo, en un tiempo donde todos los días pasan a ser lo mismo:

Vagabundeo por las calles, estancias en el bar, alguna pilatuna, generada por una nueva picaresca española, como la vez que van a cuidar a un niño de un elegante chalet, mansión, en la que nuestros pícaros personajes se beben el bar del patrón, se roban un par de los miles de pares de zapatos de la señora, para finalmente, en la calle, mirarse borrachos en las cámaras televisivas de alguna tienda, en un intento de controlar, triunfar y despreciar la depresión, en una suerte de pequeña fiesta, para olvidarse de la desgracia, de ser como las cigarras de la fábula.

Pero si ahora están en la calle es de una manera bien injusta, porque siempre trabajaron como negros en los astilleros, sin importar que fuera primavera, verano, otoño o invierno, eso sí, sin mayor capacidad de ahorro de la mezquina hormiga, que ahora los tiraba a la calle.

Esto nos permite recordar cuando Santa trata de hacer dormir al niño con los cuentos morales de Esopo, recreados por Félix Samaniego, hijo de nobles españoles del siglo XVIII, con los recursos suficientes para dedicarse al estudio; pero aunque bien se entusiasmara con los enciclopedistas, no alcanzaría a dejar tras de sí, una ideología reaccionaria, que se trasluce en sus cuentos morales, tanto en las fábulas de La cigarra y la hormiga como en la de La lechera, cuando reprueba como holgazán al insecto cantor, un artista, o cuando se le olvida que si la soñadora campesina quebró su cántaro, al tener un tropezón por el camino, al día siguiente podría volver a ordeñar la vaca, sin quedar condenada ni a la muerte ni a la miseria. (16)

Santa resulta tan crítico con respecto a Samaniego, como lo fuera doña Rocío Vélez de Piedrahita, la escritora colombiana, cuando en uno de sus cursos de literatura para niños y adolescentes, dictados en Medellín, a finales de la década de 1970, cuestionaba al fabulista español su exaltación de la capacidad de trabajo de la hormiga, en quien la escritora antioqueña, no viera sino a un bicho egoísta, que no comprendía para nada al otro insecto, dedicado al arte. (17)

Santa, al terminar el cuento de Samaniego, exclama sin tapujos ni censura:

¿Quién ha escrito esto? Porque no es así; la hormiga ésta es una hija de la gran puta y una especuladora. Y, además, aquí no dice por qué unos nacen cigarras y otras hormigas, ni tampoco, que si naces cigarra estás jodido…

Sean chicharras u hormiguitas, con zeta, como las descritas por Woody Allen, Santa y sus compañeros, dado su origen de clase, se convirtieron en obreros de la industria naval pero con el despido, sus ritmos y costumbres, organizadores de la cotidianidad, les fueron rotos; la cosa había sido como si les arrebataran su reloj, su hebdomadario o su almanaque, para lanzarlos a una atemporalidad, cercana a lo eterno, por causa del desempleo; por ello, pasan horas en las calles, en las playas viguesas o en la taberna, con el grupo, como único punto de contacto social regular, por fuera del grupo familiar; sólo eso es lo que tienen, porque sólo cuentan con él, casi que es lo único que les queda, el valioso tesoro de una amistad verdadera.

Por lo demás, su vida, ahora, carece de sentido y de objetivos; fueron empujados a padecer una crisis de identidad, en la medida que han perdido su estatus de trabajadores.

Ya en 1938, Eisenberg y Lazerfeld describían los efectos que produce en los sujetos humanos la pérdida del trabajo, que deviene en todo un choque, generador de desorientación, que lleva al estupor, especialmente cuando se pierde la esperanza de reencontrarlo.

Si éste, en la realidad material, en la realidad fáctica, no se encuentra lleva a estados de pesimismo, con una gran cuota de angustia y sufrimiento, hasta que los sujetos terminan por desmoralizarse, demolerse, quebrarse y sumergirse en un duro fatalismo, estado mental en el que abandonan la búsqueda, para acomodarse, para enfermarse cada vez más, a la manera que los crustáceos que Jean Piaget describiera en su momento, que se deformaban al vivir en medios adversos, sin adaptarse sino al someterse pasivamente al entorno, sin transformarlo ni transformarse en un verdadero proceso dialéctico. (18)

En la cinta de Fernando León de Aranoa, acompañamos a nuestros protagonistas a un verdadero proceso de duelo, en la medida en que han perdido un objeto tan valorado como es su puesto laboral; de ahí, surge el decaimiento físico y moral de Amador, quien se encuentra lo suficientemente demolido, como para caer presa del alcohol, una vez derrumbada su autoestima, de ahí que repita a sus compañeros insistentemente que Dios no cree ni en él ni en sus amigos aunque lo más grave de todo es su opinión:

La cuestión no es si nosotros creemos o no creemos en Dios. La cuestión es si él cree en nosotros, porque si no cree, estamos jodidos.

Pero, dada su pérdida de la autoestima, ni él mismo cree en sí mismo; es un descreimiento que no comparten sus compañeros, por lo menos, Santa quien aún puede soñar con la Australia que se dibuja en el descascarado techo de la pensión que habita; la fantasea como país de las Antípodas, para nada de los antipáticos de la Alicia de Carroll; al menos, allí podría encontrar un mundo al revés, al ensoñar, en un espacio para la ilusión, que le sirve de consuelo, que hay otro lugar en el que existen posibilidades distintas, cuando declara en la playa, al sol:

Allí se folla y aquí no; allá, hay curro (trabajo) y aquí no.

Y hasta desearía llevarse a esas islas del mar del sur a la chica que se ha encontrado en el supermercado, a quien reencuentra en el ferry de Vigo a Cangas, donde le pregunta:

¿Tú conoces a Australia?

Afortunadamente ninguno hace eco de la inducción de la culpa por parte del sistema, o el discurso de algún cliente importuno del Bar El Naval, que dice que trabajo hay; por eso, no caen en las autorrecriminaciones ni en los autorreproches, en las que suelen caer muchos parados.

Nuestros amigos tratan de sobreponerse de su sufrimiento mental, sin caer en el aislamiento, en el que suelen caer otros desempleados; por eso, no sienten vergüenza de mostrarse; por ello, no tienen la necesidad de esconderse, así dentro de ellos, esté instalada la incertidumbre, en la que nos sumerge cada vez más el mercado laboral en el contexto del neoliberalismo salvaje.

Saben esperar, sin desesperarse, aún con cierta dosis de buen humor, salvo el pobre Amador, que sucumbe ante la catástrofe social de la que ha sido víctima.

Así lo que los espere sea una mayor pobreza, son lo suficientemente dignos como para no humillarse, ni caer en la delincuencia propiamente dicha.

En el caso de José, sí vemos como toda esta violencia social del desempleo transita por la pareja, dentro de la cual se genera un verdadero malestar, que casi lleva a la mujer, obrera de las conserveras, con el horrible olor a pescado a tratar de exorcizarlo, a punta de desoderante, y en un devastador pasaje al acto de la infidelidad y el abandono conyugales, tentación a la que no sucumbe, por obra y gracias del mismo amor, cuando ve que el destino de su marido puede ser semejante al de Amador, al haber perdido el empleo y haber sido abandonado por su mujer; pero, estas palabras de Ana son reveladoras de la angustia, mientras abraza a su digno marido, desesperada, por la reacción de éste ante la indiferencia del empleado bancario que lo embroma, para salvar la imagen de la Banca:

No tenemos nada, ni casa, ni hijos, ni crédito, nada…

Pues como bien lo señala la psicoanalista argentina Elina Aguiar:

Precisamente es en los vínculos más estables, como la pareja y la familia, cuando falla el marco estable y reasegurador que proporcionaba el trabajo, resulta muy difícil suplir esta carencia y no sucumbir a la desorganización. Las personas, que han sido despojadas de su trabajo, o están bajo la amenaza de perderlo, suelen aferrarse al marco estable, ilusoriamente seguro y continente, de la pareja; pero su marco de sostén no puede reemplazar al sostén laboral perdido: es una demanda imposible de cumplir; ante esa imposibilidad se puede instalar el reproche entre los miembros de la pareja, el cual está en la estructura de la parejamisma y se reactualiza cuando sobreviene la desilusión en el contexto socio-laboral, que es cuando resurgen las quejas y los recriminaciones. (19)

Sabemos que en el zócalo de la pareja conyugal está el enamoramiento, como sentimiento fugaz y efímero, que da lugar a un amor gradual, más complejo y permanente, que reconoce la diferencia entre uno y otro miembros de la pareja, más allá de la fantasía fusional del primer momento, pero cuando la tensión parece reventar a la pareja quisiera volverse a ese estado ideal, que, al convertirse en imposible, produce el reproche, como bien lo muestran Janine Puget e Isidoro Berenstein. (20) (21)

La amenaza de la pérdida de empleo o el paro mismo, ocasionan una regresión de esta naturaleza, con lo que aparecen las broncas y reconvenciones, ya que uno demanda al otro que sea como uno quiere, un amparador ideal, que le dé lo que no le puede dar, que aporte lo que no puede suplir, lo que reaparece de una manera rígida, repetitiva y estereotipada y se instala en los vínculos conyugales o familiares, en la medida que los miembros de estos grupos humanos se sienten defraudados, derrotados y requieren de un Mesías protector, que salve de la catástrofe.

Por eso, de alguna manera, José le pide a Ana que si ella se hace cargo de lo económico en la pareja, que no sobra, que no está de más, que aún le haga sentir que él es algo para ella, así lo haga de una manera muy tímida; él necesita saber quién es él para ella, qué es ella para él, que le sigue importando así no tenga trabajo y no traiga dinero.

De esa forma, la pareja tiene que enfrentar toda una serie de riesgosas circunstancias, a pesar de la inermidad frente a los ataques y las violencias que provienen del entorno.

José parece frágil y Ana potente; al menos, ella cuenta con un empleo, por desagradable que sea, pero llegan al límite de meterse en una relación de amo y esclavo; ella puede asestarle el golpe del abandono, pero tratan de mantener el vínculo del amparador-amparado, al menos en la última escena en que los vemos, cuando él entristecido por la muerte de Amador, se acuesta sobre los muslos de ella, sin darse cuenta que su mujer tiene lista la maleta para largarse con su amante, del que José tiene noticia, al verla desde la ventana, despedirse cuando el hombre la lleva a casa en coche.

Entonces, ella se contiene de pasar al acto, en un intento de no causar un daño mayor, en medio de tanta y tanta insatisfacción, por la pérdida del marco estable que tenían, antes de que él fuera despedido de su trabajo.
El paro del hombre ha cercenado el proyecto vital de la pareja, sin que ni siquiera puedan pensar en tener hijos, condenados a la esterilidad, por causa de un problema social.

Ahora no saben ni tienen en qué apoyarse que no sea el trabajo de la mujer.

Podríamos decir que la noción de futuro les ha sido arrebatada, con la subsecuente desesperanza; se hayan enfrentados a una desastrosa angustia, máxime en una cultura en la que el dinero está vinculado con la idea de poder.

Ahora, José no puede contribuir con la manutención del hogar, lo cual lo convierte en impotente, como si hubiese sido castrado y convertido en una nadería, sin siquiera poder trabajar en cualquier cosa, lo cual incrementa la llamada, por Hannah Segal, crisis de la mitad de la vida. (22)

José se ha convertido a pesar de su virilidad, en un ser vulnerable, envejecido, ya que ¿de qué sirve estar prejubilado, con unos pocos millones en el banco, que es algo que ni siquiera él tiene? (23)

Si, en el 2002, Fernando León de Aranoa nos advertía que esta película no está basada en una historia real sino en miles, ¿qué decir en la España actual? Ahora es la historia de millones, las cifras para agosto del 2012, era de 4’625.455 desempleados, registrados en el INEM, Instituto Nacional de Empleo, con una curva más o menos así de evolución del paro en España (24):



Esta es una cifra de paro que no se veía desde los años de la Gran Derpresión, en muchos países del mundo desarrollado, con toda la desigualdad que ello engendra.

Y todo ello, se ha venido cerniendo desde principios de la década de 1980, con la hegemonía de la Revolución Conservadora, que ha hecho que los ricos vayan siendo riquísimos.
Ahora, desde el 2007, ha emergido un fenómeno nuevo: la depauperación de las clases medias, aunque de ello ya se empezaba a hablar a finales de la década de 1980.

Como bien lo señala el premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz: El 1% de la población mundial tiene lo que el 99% necesita y ese mínimo porcentaje es el que disfruta de la mejores viviendas, de la mejor educación, de los mejores médicos y del mejor nivel de vida, eso sí, ignorante de que su destino está ligado a la manera como viva el resto, así no tenga presentes las consecuencias de la desigualdad, con sus incrementos de los índices de criminalidad, de problemas sanitarios, de menores niveles de educación, de menor cohesión social y esperanza de vida.

Al decir, de Mark Twain:

Los ricos son diferentes de ti y de mí.
A ellos les resulta sumamente difícil imaginar cómo es la vida de los de abajo, que cada vez son más en el mundo. (25)

Ellos no valoran del todo la distancia social que media entre los unos y los otros, al tener vivencias tan distintas a la de la gente del común, puesto que la visión del mundo es tan de cada uno que ni siquiera se percibe igual entre las víctimas; la reacción de Santa es distinta de la José, de la Lino, de la de Amador y la de Rico y, por supuesto, de la de Billy Elliot, ya que no es lo mismo ser un adolescente con talento que un hombre en la edad media de la vida, que no se ha formado para cosas distintas a las que lo califiquen como obrero, ante lo cual el futuro se cierra.

Pero en este capitalismo salvaje, quienes tienen la riqueza y el poder, los usan para reforzar sus posiciones económicas y políticas, o si no, al menos, mantenerlas; pero, además, tratarán de condicionar las formas presentarse como justificados sus ingresos, para no resultar personas non gratas, para sostener una estirpe de hormigas, al estilo de la de Samaniego, y los otros que se jodan, como lo planteara la diputada del P.P. en España, Andrea Fabra, cuando Rajoy anunciaba los recortes al subsidio de desempleo, cosa que para nadie resultaría simpática, pues la tipa está demasiado segura, a la manera del multimillonario Warren Buffet, de que aún continúa del lado de los vencedores, en el sentido de aquella frase en la que el acaudalado gringo declaraba:

Durante los últimos veinte años ha habido una guerra de clases y mi clase ha vencido.

Quizás no ignore que ese triunfo se ha logrado con la ampliación de la diferencia entre los seres humanos, con el apoderamiento de las rentas de la mayoría, con el cinismo y la ambigüedad de los argumentos, en un mundo, sin una aparente lucha de clases, en las que el capitalismo cada vez va agudizando más sus propias contradicciones, hasta el punto de que se haya podido declarar que el mayor enemigo del capitalismo es el capitalista mismo, por causa de sus abusos, como lo exponía el propio semanario The Economist, nada sospechoso de izquierdismo. (26) (27) (28)

Ahora si no funcionan los mercados es porque no son eficaces ni transparentes, porque el sistema político no corrige sus fallos, en el marco más injusto posible.


Eso es lo que ha llevado a que una “democracia”, bien entrecomillada, más la economía de mercado sean tan cuestionados como sus sistemas financieros y sus mercados de trabajo, en los que ya muy pocos confían, fuera de colegas y gobernantes.

Stiglitz enfatiza en su análisis las relaciones de desigualdad, ineficacia e injusticia, en el contexto de un sistema que prometía empleo y prosperidad, a cambio de las bonificaciones de los trabajadores, para los grandes capitalistas llevarse, al fin y al cabo, la tajada más grande y no dejarles a los asalariados más que angustia e inseguridad.


Estamos en un mundo en el que fallan tanto lo político como lo económico; eso ha traído una mayor polarización y un mayor desengaño.
Los de arriba suscitan cada vez más indignación, cosa que tal vez sea un sentimiento más útil, que la indolencia de nuestros protagonistas, impactados por lo imprevisto de su despido.

El malestar social crece, al grito de Stéphane Hessel (29):

¡Indignaos! – pero, a mi juicio, el movimiento de los indignados puede ser estéril, por su espontaneísmo y falta de organización.

Stiglitz demuestra que la desigualdad es onerosa para la sociedad.

Si no se logra frenar, la tendencia hacia su aumento es constante; nos dirigiremos a una colectividad más dividida y hacia una economía menos productiva, al incrementarse la diferencia de oportunidades.

Así los jóvenes, que proceden de familias humildes, no tienen posibilidades de desarrollar su potencial y se desperdician recursos muy valiosos, ya que cuando la sociedad está muy dividida, es difícil llegar a consensos políticos, lo que atenta contra verdaderos procesos democráticos, así Europa, a pesar de todo, esté mejor que los Estados Unidos de América, que no hacen nada por superar esa desigualdad.

Pero –lo que más preocupa a Stiglitz– es que, cada vez, más países están imitando el modelo estadounidense, cosa muy clara en el Reino Unido.

Los países escandinavos y nórdicos, que tienen economías muy potentes, son mucho más igualitarios, con mayor paridad de oportunidades.

Para Stiglitz, las políticas de austeridad, que se están imponiendo a los países de la periferia, aumentan la desigualdad social y generan una falta general de demanda, que al disminuir, detiene el crecimiento y dispara el desempleo, mientras los salarios caen en picada, a la par que disminuyen los servicios sociales y más gente compite por una poca oferta de trabajo, cosa que es palpable en la cinta del joven director madrileño.

Para resolver la crisis de la Zona Euro, Stiglitz muestra que la principal factor etiológico de la crisis son las economías débiles y no lo contrario, ese sería el movimiento real, más que el aparente.

Así las cosas, es la debilidad económica la que genera el déficit, de donde la prioridad debería ser ingeniarse alguna manera de recuperación del crecimiento, para lo que sugiere aumentar la inversión de los gobiernos en infraestructura, tecnologías y educación, la ampliación del Banco Europeo de Inversiones, la mutualización de la deuda, para que los tipos de interés disminuyan, lo que supondría más dinero para gastar de forma productiva, en vez de darles cheques en blanco a los banqueros; habría que ampliar el papel del Banco Central Europeo en la Zona Euro, por ser una de las instituciones que tiene ya la capacidad de cambiar las cosas pero que se apliquen, con seguridad, políticas adecuadas, sin imponer más austeridad, remedio que, de un lado podría ser salvador, pero de otro se convierte en puro veneno, como si para salvar a alguien hubiera que matarlo, lo que no tiene ningún sentido; lo que no se sabe es si el Banco Europeo tenga la buena voluntad de ayudar efectivamente pues, en realidad, de verdad, los bancos han perdido el control de la situación, inundaron el mercado con productos financieros poco sólidos y manipulables, con lo que pusieron en peligro todo el sistema de capitales, de tal modo que hay un exceso de contratos y bonos referenciados, algo maleable, artificial y ficticio, sin sentido y absurdo; lo que se requeriría serían políticos que tuvieran en cuenta los distintos intereses de las partes y tener en cuenta todas las fuerzas pero se han inclinado por los intereses particulares, los de los bancos, con lo cual, todos estamos en riesgo de estar los lunes al sol. (30)

Notas:
1) Campalans, L. Humor y psicoanálisis. Serie: Freudiana. (LXIV). http://fp.chasque.net/~relacion/0208/humor.htm
2) Touraine, A. La sociedad post-industrial. Ariel, Barcelona, 1973, 237 pp.
3) Hammer, M. y J. Champy. Reingeniería. Olvide lo que usted sabe cómo debe funcionar una empresa. ¡Casi todo está errado! Norma, Bogotá, 1994, 226 pp.
4) Hirtz, B. Causas del desempleo. El avance tecnológico como problema de desempleo. http://www.buscarempleo.es/stag/responsabilidad-social-ante-el-desempleo.htm
5) Rodríguez, M. A. Las dos reconversiones navales acabaron destruyendo unos 45.000 puestos de trabajo. La Voz de Galicia.es 3/10/2010. http://www.lavozdegalicia.es/dinero/2010/10/03/0003_8760583.htm
6) Saramago, J. La balsa de piedra. Alfaguara, Madrid, 1999, 416 pp.
7) Foucault, M. La historia de la locura en la época clásica. I. http://patriciolepe.files.wordpress.com/2007/06/foucault-michel-historia-de-la-locura.pdf
8) Puget, J. Violencia social y Psicoanálisis: lo impensable y lo impensado, Revista Psicoanálisis, Buenos Aires, 2-3. 1986.
9) La gran enciclopedia de economía. http://www.economia48.com/spa/d/desempleo- estructural/desempleo-estructural.htm
10) Cif. Aguiar, E. La desocupación: algunas reflexiones sobre sus repercusiones psicosociales en Ψ Foros Temáticos. Trabajo y Psicoanálisis. http://www.psicomundo.com/foros/trabajo/desocupacion2.htm
11) http://www.equiposytalento.com/noticias/2012/04/03/las-tic-combaten-los-efectos-negativos-del-desempleo
12) OMS. Impact of economic crises on mental health. http://www.euro.who.int/en/what-we-do/health-topics/noncommunicable-diseases/mental-health/publications/2011/impact-of-economic-crises-on-mental-health
13) OMS. Mental health in economic crises. http://www.euro.who.int/en/what-we-do/health-topics/noncommunicable- diseases/mental-health/news/news/2011/4/mental-health-in-economic-crises
14) Moguillansky, R. Pensamiento único y diálogo cotidiano. Libros del Zorzal, Buenos Aires, 2003, p. 17
15) Kordon, D. R. y L. I. Edelman. Efectos psicológicos de la represión política. Sudamericana-Planeta, Buenos Aires, 1986, p. 34.
16) Samamigo, F. Fábulas. Losada, Buenos Aires, 2005, 197 pp.
17) Comunicación personal.
18) Eisenberg, P. y Lazarsfeld, P.F. The psychological effects of unemployment. Psychological Bulletin, 35, 358-390, 1938 .
19) Aguiar, E. La desocupación: algunas reflexiones sobre sus repercusiones psicosociales en Ψ Foros Temáticos. Trabajo y Psicoanálisis. http://www.psicomundo.com/foros/trabajo/desocupacion2.htm
20) Diccionario de Psicoanálsis. Zócalo inconsciente de la pareja. http://www.tuanalista.com/Diccionario-Psicoanalisis/7865/Zocalo-inconsciente- de-la-pareja.htm
21) Berenstein, I. y J. Puget. Psicoanálisis de la pareja matrimonial. Paidós, Buenos Aires, 1988, 231 pp.
22) Segal, H. Joseph Conrad and the Mid-Life Crisis. International Review of Psycho-Analysis 11: 3- 9, 1984.
23) Aguiar, E. La desocupación: algunas reflexiones sobre sus repercusiones psicosociales en Ψ Foros Temáticos. Trabajo y Psicoanálisis. http://www.psicomundo.com/foros/trabajo/desocupacion2.htm
24) FeelMadrid.com. Guía de Madrid. El paro en España. Evolución del número de desempleados en España. http://es.feelmadrid.com/evolucion-paro-espana.html
25) Stiglitz, J. E. El precio de la desigualdad. Taurus, Madrid, 2012, 498 pp.
26) Díez, A. El PP contrataca y hace al PSOE responsable del exabrupto de Fabra. El País, 13 de julio del 2012 .http://politica.elpais.com/politica/2012/07/12/actualidad/1342127150_866769.html
27) Estefanía, J. Ganar la guerra de clases. El País, 15 de septiembre del 2012, http://cultura.elpais.com/cultura/2012/09/12/actualidad/1347446125_554497.html
28) Baltin, A. The real enemies of capitalism. http://www.gold-eagle.com/editorials_08/baltin051409.html
29) Sampedro, J. L. y S. Hessel. Indignaos. Editorial Destino, Madrid, 2011, 64 pp. Youtube. Joseph Stiglitz: el precio de la desigualdad.
30) http://es.euronews.com/2012/09/13/joseph-stiglitz-el-precio-de-la-desigualdad/


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