miércoles, 17 de octubre de 2012

Con motivo del premio Nobel de la Paz 2012: El conocimiento de la realidad política


Rodolfo Bassarsky (Desde Barcelona, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La prensa argentina está haciendo hincapié en la gravedad de la situación social española como consecuencia de la crisis económico/financiera que afecta a Europa desde hace 4 años. Se suele comunicar un panorama sombrío y a veces apocalíptico. Europa parecería derrumbarse o hundirse en una ciénaga de la que no podrá salir.

Pienso que para que la información refleje la realidad de la manera más precisa posible, es necesario describir ambos fenómenos por separado. El económico y el social. En todo caso, después, hacer una síntesis y relacionar ambos aspectos, obviamente íntimamente interdependientes.

Por un lado los hechos que caracterizan la crisis en el ámbito económico. Qué pasa con los organismos internacionales que manejan la economía global. Con las instituciones políticas y económicas de la UE. Con los bancos públicos de cada país y su sector financiero privado y cómo los gobiernos nacionales enfrentan la situación. Y muchos etc. Es decir, para una comprensión más profunda de toda la situación, es imprescindible conocer con algún detalle los procesos en el mundo de las finanzas, en el mundo empresarial, en la industria, en el comercio. Qué pasa con el consumo, con el costo de vida, con la actitud y la reacción de los trabajadores. Es, en realidad, si uno quiere acceder a un conocimiento bastante satisfactorio y relativamente suficiente, una tarea larga, compleja más o menos tediosa o emocionante, según el interés de cada uno.

Por otro lado se deberá acceder a una información igualmente pormenorizada sobre lo que ocurre en el campo social. No son útiles, casi nunca, las frecuentes generalizaciones. Y son necesarios pero de ninguna manera suficientes los datos estadísticos, las encuestas, los índices y las tasas. Son imprescindibles las descripciones de hechos emblemáticos. La realidad social se debe mostrar más y contar menos. Más escenas y más imágenes. Las escenas que se describan y las imágenes que se muestren deberán abarcar un amplio arco de temas, de situaciones, de lugares, de sectores de la sociedad, incluso de su variación en el tiempo. Deberán evitar los sesgos de toda índole, especialmente el ideológico. Lograr este objetivo de una manera aséptica es seguramente imposible, pero la tendencia debe orientarse en esa dirección.

Creo que la información ha de estar lo menos contaminada posible. No hacerle el juego a las declamaciones triunfalistas ni a las catastróficas, tan habituales en políticos de todo el espectro ideológico en todo el mundo. Tan habituales, también, en toda clase de especuladores que con el afán de llevar agua a su molino, no reparan en medios y recurren impúdicamente a imposturas, mentiras, “estrategias” que con diversas y variadas justificaciones, apuntan a lograr sus objetivos propios o sectoriales en detrimento del bien común y de la verdad.

Habrá que mostrar a los que trabajan y a los desocupados, qué y cómo se consume, cuáles son los diques de contención social para los afectados por el desempleo, cómo se accede a los servicios, cómo es el ocio y cómo se desarrolla la vida cultural. Cuáles son las expectativas y las preocupaciones mayoritarias y cuáles son las respuestas de los administradores y los ideólogos del poder. Cómo afectó y afecta la crisis económico/financiera a los trabajadores que conservan su trabajo, a los emprendedores, a los empresarios y el impacto sobre quienes han perdido el trabajo, dependientes o autónomos. A los jóvenes y a los jubilados. Etc., etc.

Por supuesto que casi todo el periodismo está al servicio de algún interés. Pero este desajuste tiene gradaciones, desde una tenue inclinación hasta un alevoso y desvergonzado apoyo que se pretende ocultar o negar. Por eso es necesario acudir a diversas y plurales fuentes de información y aprender a leer entre líneas. No dejarse amedrentar por los titulares. Leer o escuchar también las noticias que tienen aspecto de intrascendentes o de importancia secundaria. Elaborar racionalmente y prudentemente todo lo que a uno le informan y luego sacar conclusiones que casi siempre deberán ser provisorias hasta que hechos posteriores ratifiquen las tesis.

A mí me parece que el pensamiento debe discurrir por un camino que con frecuencia se transita de manera inversa. En mi opinión, es necesario para adoptar una posición, priorizar los hechos. Poner por encima de todo la realidad. Me refiero a los acontecimientos, fenómenos y procesos históricos y contemporáneos. Conocer el pasado y el presente. Correlacionarlos. Tanto llegar a ese conocimiento como su correlación, es una tarea ardua. Si se prescinde de este trabajo o se lo realiza defectuosamente o superficialmente, no resultará coherente ni legítima cualquier posición ideológica que se adopte. La realidad no es unívoca. Siempre se interpone la interpretación. El proceso de incorporación intelectual del conocimiento de la realidad está afectado por la inteligencia, la educación, los antecedentes personales y sociales de cada uno y por muchos otros factores. De ahí que no existan dos concepciones idénticas de la realidad y diría que existen tantas realidades como individuos. Una vez captada la propia verdad, una vez percibida la realidad como la hayamos construido, recién entonces debe comenzar el proceso de elaboración de la postura ideológica. Y así surgirán propuestas, objetivos, rumbos, métodos, ilusiones, ideales, expectativas, luchas, solidaridades, amigos y enemigos, camaradas y adversarios. Luego se consolida firmemente o no una determinada idea política.

En mi opinión con demasiada frecuencia, se recorre el camino inverso pretendiendo descubrir, interpretar o imaginar una realidad en función de una ideología preconcebida. Esto es un error a veces tan agresivo que puede conducir a violencias que de la otra manera se hubieran evitado.

PREMIO NOBEL DE LA PAZ A LA UNIÓN EUROPEA

Hoy se informó que se otorgó a la Unión Europea el premio Nobel de la Paz de este año. El premio Nobel de la Paz es un galardón controvertido y polémico. Se le ha conferido a 101 personas y a 20 organizaciones desde 1901. Muchos de ellos creo que no ofrecen dudas sobre su merecimiento o por lo menos sobre sus méritos: Dunant, Passy, Cruz Roja, Schweitzer, Alto Comisionado de UN para los refugiados, Luther King, UNICEF, OIT, Brandt, Amnistía Internacional, Madre Teresa, Walesa, Desmond Tutu, Elie Wiesel, Rigoberta Menchú, Nelson Mandela, Campaña Internacional para la prohibición de las minas antipersona, Médicos sin Fronteras, ONU. Otros son muy discutibles. Sin embargo, con toda seguridad siempre hay algún merecimiento. Algunos tienen luces y sombras.

La Unión Europea fue y es una respuesta altamente positiva a la mayor devastación bélica que sufrió la humanidad, la Segunda Guerra Mundial. Si al calor de acontecimientos contemporáneos, es posible poner en tela de juicio algunas de las decisiones de la UE, también es cierto que considerándola en perspectiva histórica, el saldo es muy favorable.

Con toda seguridad el comité noruego que otorga el Nobel de la Paz tuvo en cuenta este año el esfuerzo que las instituciones de la UE están haciendo para superar la crisis. Hay una puja de intereses contrapuestos en el seno de la UE que dificultan las decisiones, pero se percibe también el propósito común de preservar lo esencial de esta unión política y económica de 27 países que ha podido superar las terribles consecuencias de la guerra y ha traído sin duda bienestar a más de 500 millones de personas. Esta Europa fue reconstruida sobre las ruinas, la miseria y el hambre que dejó la guerra.

Esta concepción de la UE no es la que trasmiten muchos políticos latinoamericanos interesados en denostarla y calumniarla para poder contrastarla con sus declamados logros políticos. Pero es evidente que los 500 millones de ciudadanos europeos integrantes de la UE (Europa tiene algo más de 700 millones), gozan de un bienestar muy superior al que impera en Latinoamérica cuya población es muy similar. El bienestar es el conjunto de las cosas necesarias para vivir bien. Este conjunto comprende a las cosas tangibles e intangibles. Es decir a bienes materiales y a los culturales y espirituales en un sentido amplio del concepto.

Los gobiernos de diversa orientación que se suceden en los países latinoamericanos en las últimas 6 ó 7 décadas no han logrado ni siquiera acercar a sus pueblos a los niveles de prosperidad de los países de la UE. Este es un hecho incontrovertible, más que evidente. Ni los de derecha ni los de izquierda, ni los de los variopintos centros. Ni civiles ni militares. Ni los moderados, ni los más radicales ni los cristianos ni los ateos. Ni los entreguistas ni los defensores de la soberanía. Ni los socialismos, ni los populismos y ni los múltiples ismos con resonancias locales. Ningún gobierno en Latinoamérica ha sido capaz de conducir a su país a niveles de bienestar perdurable como el de los europeos. De manera que burlarse de Europa o descalificar a su organización, es incoherente e insensato y casi siempre malintencionado.

La defensa de la soberanía nacional o la protección y promoción de los intereses regionales no se oponen o no deberían oponerse a una visión más precisa y real de Europa y eventualmente a una estrategia que tendiera a adoptar y adaptar los valores que proclama la UE. El chauvinismo tan difundido en nuestros países, ha sido y es una de las mayores desgracias que han frenado el desarrollo y el progreso. Lamentablemente muchos de esos ismos latinoamericanos están infestados de patrioterismo nocivo. Con harta frecuencia ese patrioterismo consiste básicamente en declamar aspiraciones y promesas patrióticas con hipocresía y con soberbio desprecio por la gente. Ejerciendo indignamente el poder, mintiendo con descaro, vociferando y defendiendo en la tribuna una ética que jamás se aplica. Son políticas que se agotan en los gestos y en los discursos, en las promesas y en cínicos acicalamientos de la realidad. Se suelen montar escenarios para representar ficciones que se venden como realidades.


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