miércoles, 24 de octubre de 2012

Crítica literaria: “Las bicicletas no son para El Cairo”


Francisco Vélez Nieto (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Emilio Perrín
Las bicicletas no son para El Cairo
Ediciones En Huida

Algo queda manifiestamente claro en la descripción narrativa de Emilio Perrín en lo que respecta a esa fabulosa y alucinante ciudad de El cairo, en cuanto a su trama callejera y discurrir del vivir diario de una ciudad con unas peculiaridades propias sustentadas sobre el transcurrir de su vieja cultura, donde se perciben patentes muestra de las variadas influencias llegadas de otras fuentes. Con esto solo quiero señalar, no creo que de forma baladí, que los conocimientos adquiridos del autor no son fruto de una compulsiva a pinchar Wikipedia, sino cosecha de una existencial presencia en los adentros de la urbe y su cultura, razones que se palpan en la visión y manera de enfocar las muy diferentes situaciones que componen la trama, base de esta historia entre ficción y realidad, posiblemente con cierta dosis, bastante palpable, de autobiografía, dado el protagonismo de su principal personaje, interpretando un papel inquieto con el que consigue poseerlo de solidez en su discurrir, fruto de la sólida formación profesional y académica del autor, como arabista e islamnólogo que le han aportado justos reconocimientos profesionales.

Que las bicicletas no sea el transporte más idóneo y seguro para rodar por El Cairo según la descripción que nos va mostrando el contenido de la novela es un hecho real, lo que no impide, mejor provoca, que sea el símbolo de una bicicleta zigzagueante que rueda por entre ese avispero de tráfico el eje amoroso, salvando obstáculos, en esta historia de amor donde las pasión de los personajes se ve obligada a enfrentarse a una realidad cultural y por tanto religiosa entre Oriente y Occidente que, en el caso de esta joven pareja, perteneciente a una nueva generación, ha optado por la inconformismo como única palanca para escapar del arcaísmo donde se encuentra prisionera, especialmente, esas nuevas generaciones de la sociedad egipcia, estancadas victimas involuntarias de las circunstancias e intereses inmovilistas, concientes que toda apertura se los llevaría por delante. Y los protagonistas de la novela, no es que estén en contra de unos dogmas y cultura religiosa, sino que son parte doliente, por lo que exigen la necesidad de reformas –semejante a la que vivió Europa con Lutero como ideólogo-, actitud que plantea a los familiares de esa encantadora protagonista luchadora a favor de un cambio semejante al occidental, aquel que durante siglos vivió igualmente sometido luchando por superar tal sistema. Ejemplo, guardando las distancias t las diferencias de culturales. Recordemos La Guerra de los Treinta años del Viejo Continente.

Este es el planteamiento de fondo que e3ncuentro en la historia, lo que actualmente presenta un estado de enfrentamiento que inquieta a la sociedad por el cariz ortodoxo e intolerancias y los graves peligros que viene provocando. Porque si es cierto que los pueblos necesitan una religión, más amargo resulta que por sus propias características conservadoras por temor a perder el poder absoluto y jerárquico, los lleve a un feroz radicalismo donde junto a los dogmas religiosos se mueven unos intereses patriarcales económicos y políticos. Un hecho real que transcurre poco antes “de la sublevación de más de un millón de personas en la plaza de Tahrir cuando “estos hombres y mujeres –protagonistas vivos de la novela-, trenzan sus destinos entre la dificultad de circular en bicicleta por el tráfico cairótico y la imposibilidad de acelerar el ritmo de sus vidas”

Siendo esas muestras de amor y amores de parejas, símbolos que manifiesta como el amor es fuente que aporta frescor para nuevas semillas, porque las pasiones necesitan libertad de crecimiento y poder granar sin dobleces morales “¿No te ocurre que, al enamorarte, es como si crecieras, como si se intensificasen tus sentidos, cono si se escuchasen con más fuerza tus pasos por el mundo?”, a la vez que se preguntan qué es la moral de lo “políticamente formal” incluso los poderes establecidos se ven obligados a realizar cambios para que a la postre todo siga igual como mal remedo de El gatopardo de Lampedusa. Las bicicletas no son para El cairo es una novela intensa y palpitante donde el amor rebosa por los poros de los cuerpos, ejemplo el de Amina la alejandrina que parece haber salido de un poema de Cavafis: “Vuelve otra vez y tómame en la noche, / cuando los labios y la piel recuerdan....” No es pérdida de tiempo ni distracción anodina sumarse pedaleando esta aventura que tiene por símbolo la bicicleta y su zigzagueo hacia la libertad.


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