miércoles, 24 de octubre de 2012

Extrañas ventanas


Gustavo E. Etkin (Desde Bahía de San Salvador, Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Esto que escribo lo escondo en un agujerito que hice en la pared del cuartito donde me internaron. Agujerito que tapo con un cartón del mismo color que la pared para que no lo descubran.

Lo escribo para que alguna vez, cuando me dejen en libertad, me pueda servir para publicarlo en algún lado.

Me internaron porque un día rompí con un martillo todas esas ventanas donde siempre veía una cara que me miraba.

Cuando era chico, aparecía un nenito mirándome. Después, de grande, un tipo. Después, ahora, un viejito.

Yo quería mirar, ver, y no ser siempre mirado. Pero no conseguía. Me asomaba a la ventana y ahí alguien mirándome.

Hasta que me cansé. Basta.

Y empecé a romper, quebrar esas ventanas cada vez que las veía.

Aquí insisten, me dicen que esas ventanas se llaman espejos.

Pero yo no lo creo.


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