miércoles, 17 de octubre de 2012

Ojú que frío. Los andaluces


Francisco Vélez Nieto (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Siendo niño, en mi pueblo, grabé en la memoria un cante por caracoles que cantaba con sentimiento y voz fina pidiendo paso El Niño de la Huerta: “Por la calle de Alcalá suben y bajan / los andaluces, los andaluces / Como relucen, cuando suben y bajan / por la calle de Alcalá, los andaluces”.

Ya por los años mozos, emigrante en Alemania; por esto de amar la poesía conocí el poema de José Hierro “Los andaluces”: “En dónde habrían dejado / sus jacas, en dónde habrían / dejado su sol, su vino, / sus olivos, sus salinas. / En dónde habrían dejado / su odio…Parecían hechos / de indiferencia, pobreza, / latigazo…Ojú qué frío”.

¿Qué edad tendría este revolucionario catalán llamado Duran Lleida cuando Pepe Hierro escribió este poema? Cuando los andaluces, “Ojú que, frío” llegaban apiñados con su maleta de madera de tercera en tercera, como cama, como mesa, como asiento, a trabajar de sol a sol y fiesta de guardar en Cataluña.

Tan taciturnos, tan altivos desde su pobreza, conscientes de “En mi jambre mando yo”, los andaluces, estos que desde Cádiz para situar a América, solamente tienen que decir: “Allí, pasando el charco” Y es que el mundo para un buen andaluz es un pañuelo. Lo contrario que este catalanista de aldea, que pretende comerse a dios por los pies y a todos los andaluces sacarlos de las tabernas para degradarlos en lengua catalana con insultos. Parece mentira, una lengua tan bella, tan rica en literatura y poesía, que este nacionalista de aldea utilice para degradar golpe de insultos. Como si no hubiéramos tenido bastante los catalanes y los andaluces con Franquito y la Santa Iglesia de Roma protegiendo a tanto asesino. A aquellas gentes, que hasta cuando soldados involuntarios nos predicaba con cólera el cura castrense, que el catalán era un dialecto.

Me lo pregunto desde esta tierra mía, advirtiendo al lector que no soy ni andalucista y mucho menos nacionalista, porque ni nací pinturero ni conservador ultramontano, solamente andaluz y me basta. Me pregunto, digo, si Duran Lleida y su revolución pendiente, tan lejos de Homenaje a Cataluña, habrá leído el poema de Pepe Hierro, si habrá paseado alguna vez por un olivar cuando el frío hincha las manos que sangran cogiendo aceitunas. Y todavía quedan ganas de cantar: “Ojú, qué frío…” Los andaluces”. Y cuando han pasado varias generaciones para recordar su tierra, montan una Feria de Sevilla en Barcelona que visita un millón de criaturas. Y parece que van solos ondeando un pañuelo con un trozo de su honda y vieja cultura. Feria de Sevilla, fiesta grande que inventaron un catalán y un vasco. Llevan el ritmo de las palmas, nada de fusiles y decretos de leyes dudosas. Y cantan y bailan porque parecen que están solos. Sus fronteras la llevan en el alma, lo demás es todo campo y cielo; que todo lo que hay en España es de los españoles. Dicen otros.

En tiempos difíciles y canallas, he aplaudido en los domingos de sol la sardana bailada en el Retiro de Madrid. He presentado en Europa a cantantes catalanes. Le hemos puesto una carpa gigante a Vázquez Montalbán en la Feria del Libro de Sevilla de 2004 y premiado al presidente de la Asociación de Libreros de Barcelona con una placa de plata pura, mas mesa, mantel y cama de matrimonio: “Ojú, qué frío… Los andaluces”. No lo digo para que nos imite el nacionalista Lleida. Lo escribo para advertirle a este señor que no nos va a cambiar ni la madre que nos parió. Y es que cada uno es de su padre y de su madre. Nosotros los andaluces somos un pueblo viejo y abierto, somos tan blancos como la Reina de Inglaterra, con muchas civilizaciones llegadas de fuera, todas bien acogidas. Nos molesta y nos resulta indiferente la palabra frontera. En cambio, la hospitalidad está en el pentagrama de nuestra copla popular. ¡Viva Cataluña!


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