miércoles, 17 de octubre de 2012

¿Para qué sirve el poder?


Jorge Zavaleta Alegre (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La respuesta es sencilla, lo cual no significa que no es compleja, porque el error, la ignorancia, la ceguera, progresan, por todas pares, al mismo tiempo que nuestros conocimientos. “Nos es necesaria una toma de conciencia radical, porque hay una nueva ceguera ligada al uso degrado de la razón”, sostiene Edgar Morín en más de cincuenta libros desde 1976 al 2011.

Creo que este autor francés y otros estudiosos del conocimiento humano están presentes en personas como Alfredo Filomeno Jarrín, quien al cumplir 70 años de vida política nos explica, con el ejemplo, la importancia de la ética del poder para enfrentar las amenazas que enfrenta la humanidad ligadas al progreso ciego e incontrolado del conocimiento y manipulaciones de todo orden.

Filomeno, fue presidente de la Juventud Demócrata Cristiana de América Latina – Judca y miembro del Comité Mundial de la DC entre 1969 y 1970, presidió la Conferencia Socialista Latinoamericana en 1986. Dejó la política activa en 1991, junto con la mayoría de figuras públicas del Partido Socialista Revolucionario-PSR.

La reciente compilación y edición de Ana María Ramírez y Susana Bedoya, presentada en un concurrido acto, en especial de de estudiantes y jóvenes profesionales, con saludos múltiples desde el exterior, particularmente de las universidades de Pittsburgh, Arkansas y Washington, plantea el renacimiento de los conceptos y acciones indispensables para recuperar las luces de la razón.

En el prólogo del libro, que contiene 20 comentarios y el anuncio de Crónicas del Pasado, José Miguel Insulza sostiene que esta obra “ha sido escrita para celebrar al hombre político. Una persona que ha dedicado por décadas sus mejores esfuerzos a intentar mejorar a vida de su país y de los hombres y mujeres que viven en él”•

“Desde luego, agrega el secretario general de la OEA, no lo ha hecho solo, la política es – o debería ser siempre – una actividad colectiva. Nuestra historia no es una historia de individuos aislados, sino de personas que no han compartido muchas jornadas en una batalla por la democracia, la libertad y la justicia, que parece no tener fin”.

El primer ensayo de esta publicación, Juan Borea, nos da la clave de lo que vendrá.“Solo el compromiso con una causa y con una organización, que en ocasiones requerirá el abandono y la renuncia de posiciones personales o expectativas legítimas, abre la posibilidad de una acción política seria al servicio de la sociedad”.

José María Salcedo, productor de cine, escritor y activo comunicador de radio y televisión, comenta: “Amigo Alfredo es el hombre de los sueños de invierno en una casona de Miraflores.. La lealtad es su divisa. Sucede que en el país de los charlatanes, el guarda silencio. En el frívolo torneo político de las declaraciones de principios y los juramentos, el con su voluntaria opacidad, defiende las instituciones…”

Enrique Bernales, ex senador de la República, defensor de los derechos humanos, recuerda junto con Alfredo, que a los jóvenes inquietos y ganados por la vocación política comenzaron a sernos familiares los nombres de Adenauer, Fanfani, Schumann, grandes figuras de la democracia europea. Temprano llegaron los nombres de Eduardo Frei, Rafael Caldera, Vladimiro Tomich, que desde América Latina hacia grande la sigla DC.

Igual que tantos jóvenes de la JDC, soñaban para el Perú parlamentarios como I. Bielich, M. Alzamora Valdés, H. Cornejo Chávez, M. Moreira, V. Paniagua, J. Silva, F. Guerra, H. Peace, y otros tantos como, R. Roncagliolo, F. Sánchez Albavera, con una enorme dosis de generoso compromiso de trabajo por la transformación del país.

Azucena Dávila, tomando palabras de Lebret, afirma: “Dios mío envíanos algunos locos, de aquellos que se comprometen a fondo, de aquellos que se olvidan de sí mismos”.

¿Para qué sirve el poder?, según Alfredo Filomeno, evoca a maestros como Emilio Barrantes, Walter Peñaloza: Y para comprobar que de ninguna manera se ha vivido en vano, las reflexiones, las páginas de este libro “están selladas por la contundencia del amor de su esposa e hijos”.


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