miércoles, 17 de octubre de 2012

Pensamiento sociopolítico de los hermanos Saíz


Luis A. Figueroa Pagés (Desde La Habana, Cuba. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El legado sociopolítico de Luis y Sergio Saíz Montes de Oca es poco conocido, debido a la falta de lectura de su obra en nuestro país, particularmente por la fuerza principal: la juventud. De ahí la necesidad e importancia del esfuerzo a realizar por la promoción de sus ideas en el momento actual, cuando el retorno a las raíces y a las mejores tradiciones del pensamiento social cubano constituye una fuente no solo de crecimiento de la autoconciencia de nuestro pueblo, también, resorte de inspiración revolucionaria para superar el difícil período por el que atraviesa la patria de todos.

El contenido social y político de la obra de los hermanos Saíz, abarca un universo extraordinario; no se puede circunscribir el pensamiento de ambos a los documentos de carácter político, pues toda su obra literaria está permeada de profundas reflexiones y motivaciones sociales que muestran un entero gozo por el ser social; véase en el poema “Clamor de Hermano”:

Negro, hermano mío,
oye mi piel blanca,
quejarse en un lamento de dignidad;...

...“Son muchas jornadas
las que te vieron en este mundo
paseando cadenas”.

O en el poema “Déjame llevarte en ansias...”:

Clavar en lo allá de tu mirada,
lo mucho que duele,
un diente ocioso,
un lock-aut de mandíbulas,
un paro forzoso de vísceras hambrientas,
por cuenta de alguien
que habla en extranjero.

También en sus cuentos se puede constatar el interés de Luis Rodolfo por las temáticas de certero mensaje social: léase “Sangre en los surcos“: “Dícese que cuando cayó Facundo Mapi; sobre los surcos queridos se oyó un lamento que inundó todas las serranías... ¡Era la Patria que lloraba por aquel hijo que había muerto luchando contra la opresión y la esclavitud”.

Puede asombrar y constituirse en un motivo de legítimo orgullo –recuérdese la edad de ambos hermanos–, tanto la amplitud temática de su pensamiento como el calado, la valentía, la originalidad, la autoctonía y el compromiso social que trasluce ese pensamiento de talento y una pronta madurez; anclado hondamente en el tejido de la realidad histórica de la época de los cincuenta y nutrido en sus más genuinas raíces por el ideario de José Martí y otros pensadores de la vanguardia continental como el argentino José Ingenieros.

*Salvo indicaciones de lo contrario, todas las notas pertenecen al compilador.

El ideario de los hermanos Saíz desborda su contexto inmediato para inscribirse más allá de las fronteras nacionales, en el trasfondo de las realidades latinoamericanas, y rebasa su tiempo histórico por encima de cualquier trascendencia personal. Esto corrobora el acierto de que un pensamiento, cuanto más profundamente arraigado en la trama de su época, tanto más universal es su contenido y mucho más se comunica a la posteridad.

No es posible soslayar el hecho de que en la formación y desarrollo del pensamiento sociopolítico de Luis y Sergio, desempeñó también determinado papel la prédica y el ejemplo de Fidel, recogidos de modo condensado en La Historia me absolverá. Como se sabe, los hermanos Saíz llegaron a ser miembros efectivos del Movimiento 26 de Julio* y como tales tomaron parte activa en el estudio y divulgación de ese histórico documento.

Asimismo y aún cuando los clásicos del marxismo no marcaron de manera decisiva su pensamiento, un estudio minucioso de la obra de estos jóvenes evidencia una incipiente influencia de la literatura marxista sobre ellos, lo que se pone particularmente de manifiesto en las glosas de Sergio al libro de Vladimir Ilich Lenin El Estado y la Revolución y en la fundamentación hecha por Luis de la necesidad de una revolución socialista en nuestro país, independientemente del contenido específico que le atribuía a esa revolución que no consideraba comprometida con algún otro sistema. Aun cuando es posible distinguir matices en el contenido del pensamiento social de uno y otro hermano, vinculados a las particularidades del desarrollo individual de ambos, el mismo puede ser asumido como un todo único e integral, en tanto lo típico de ese pensamiento no radica en las diferencias aisladas, sino en su profunda identidad cosmovisiva y conceptual. Esto quedó corroborado en su praxis , en su ejemplaridad revolucionaria y en la ofrenda definitiva que hicieron a sus ideales. La herencia sociopolítica de estos jóvenes abarca un amplio diapasón de problematicas, desde el problema de la juventud hasta un pormenorizado proyecto de programa de reformas y cambios sociales radicales, pasando por temas históricos, nacionales e internacionales, antropológicos, propiamente sociales, políticos, morales, etc. Sin embargo, el núcleo de su producción ideo-política lo constituyen, en nuestra opinión, dos temáticas fundamentales: la juventud y la revolución o, quizás en una sola formulación, lo que ellos mismos denominaron el cometido social de su generación, objetivo y afán definitivo de sus preciadas vidas.

Luis y Sergio Saíz Montes de Oca pertenecen a aquella hornada de jóvenes que, conscientes del carácter trunco de la obra de José Martí, ven su misión histórica en el logro de la plena independencia de nuestra patria, misión entonces ya vinculada orgánicamente a las tareas de la emancipación social. Una lectura cuidadosa de sus documentos advertirá el tránsito inconcluso de una comprensión antropológica, generacional, de esa misión a una comprensión socio-clasista de la misma.

Esto se expresa parcialmente en su concepto de juventud:

“Ser joven hoy en día, lo sabemos bien, es algo más que tener de quince años en adelante; es, ante todo, estar ocupando un puesto en la lucha por la libertad, es vivir consciente del deber generacional, es estar dispuesto a empuñar rifle y razón en aras de la Revolución Necesaria”.

El análisis del problema de las razas muestra no solo la orientación del pensamiento de Luis Saíz en el proceso mismo de selección de las citas de los especialistas y una correcta aplicación del enfoque histórico de la cuestión racial en Cuba, también en rebosamiento de la interpretación reduccionista, biologicista, de las razas al denominarse un “problema cultural, plenamente cultural”, es decir “un problema de grados de cultura y de oportunidades”.

*Luis ocupó el cargo de coordinador del M-26-7 de San Juan y Martínez.

Si bien este tratamiento queda atrapado aun en una visión iluminista de la cuestión, lo que se pone de relieve en el proyecto de medidas para su “erradicación”, se advierten atisbos de salida a una concepción más profunda y radical del asunto cuando identifica en “los grandes magnates y potentados, dueños de empresas y de enormes fortunas”, o sea, en las clases dominantes y explotadoras, a “los grupos que preconizan los prejuicios raciales”.

En los apuntes encontrados en una libreta de Luis, en lo que parece ser un proyecto de Constitución, se dice: “Discriminación racial, sexual o de clase; abolida”. Asimismo en el documento “¿Por qué luchamos?”, que se ha denominado con posterioridad, el testamento político de los hermanos Saíz, no solo se denuncia la deshonrosa discriminación que sufre el negro “en la tierra de Maceo”, sino que se considera una tarea de la Revolución acabar con ese mal y borrar a sus portadores sociales.

La educación, a juicio de los hermanos Saíz, también debía ser objeto de radicales transformaciones. Ante todo [...] “será función y cometido del Estado y no de castas o grupos religiosos de clase [...] debe formar ciudadanos, futuros miembros del estado, se necesita una gran limpieza de métodos anticuados y conceptos arcaicos sobre lo que es y debe ser la educación en un pueblo sin amos; tendrá una orientación predominantemente práctica, con un hondo sentido realista del medio, para ir formando, no retóricos y leguleyos, sino hombres de provecho, útiles y cultos para la Patria”.

Esta aguda comprensión, de factura martiana, del papel social de la escuela, cuya tarea esencial es preparar a los hombres para la vida, así como la proclamación de su carácter estatal y científico, no privado ni religioso, y además gratuito, elevan las ideas de estos jóvenes a la cima del pensamiento sociopolítico y pedagógico mundial y mantienen plena vigencia en la contemporaneidad de la América que lucha por superar los viejos lastres dejados en su seno por las dictaduras y gobiernos caudillistas.

Desde luego, en su obra no se esclarece suficientemente la forma concreta en que la enseñanza ha de vincularse con la vida.

En este sentido solo se aproximaron, se quedaron en la antesala de la fórmula martiana y marxista de la combinación del estudio con el trabajo como eje de la formación del hombre, es decir, de los hombres útiles, dignos y cultos que ellos mismos vislumbraron y encarnaron, en cierto sentido y desde su edad.

Por último, veamos brevemente como los hermanos Saíz concebían el carácter de la “Revolución Necesaria”, preconizada y en medida no despreciable, preparada por ellos.

La revolución será, en primer lugar, agraria, “ha de movilizar primordialmente el sistema agrario de Cuba”, realizará una “justa Reforma Agraria que dé la tierra a los campesinos” y propicie la creación de “granjas agrícolas colectivas”, de ”cooperativas de producción bajo la dirección y ayuda del Estado”, eliminando así la explotación en el campo.

A esto se agrega un conjunto de medidas de ampliación y fomento de la producción agrícola, en particular la eliminación del monocultivo, no solo ya por razones estrictamente económicas, sino también por consideraciones de orden político, “pues el aferramiento al monocultivo nos lleva al comprador único, quien es, con este resorte económico, culpable en gran parte de los males nuestros, con su política de hombres fuertes”.

La revolución, por otro lado, ha de ser antiimperialista, de acentuado carácter nacional, autóctono, que rechaza el calco mecánico de esquemas y modelos surgidos en otras latitudes. Parafraseando a Martí, Luis señala en este sentido “[...] es en la entraña misma de la nacionalidad, en el libre juego de los factores naturales, sociales y económicos y políticos de cada pueblo, de donde ha de surgir la fórmula justa, el procedimiento eficaz […] y no de los Estados Unidos o de la Rusia Soviética”.

Por lo demás, la liberación de Cuba mediante la Revolución es un asunto no solo nacional, sino que se inserta en el proyecto más amplio de la redención americana, (no debe ignorarse aquí la actualidad que le da a estas ideas el proyecto; ALBA) lo que le imprime a su pensamiento una dimensión continental, internacional “Y en esa lucha que unirá en iguales fines e idéntica meta a todos los pueblos dolorosos que se encuentran del Río Bravo al Sur, la Revolución cubana tendrá un lugar prominente, ya que al ir eliminándose los tiranos nacionales [...] se va avanzando hacia la unión americana”.

“Las dispersas repúblicas americanas unidas en haz fortísimo, conciencia de destino común, es una labor que debemos emprender tan pronto liberemos a Cuba de la tiranía”.

En esta referencia los hermanos Saíz dan continuidad a una tradición, que hunde sus raíces en el sueño independentista de Bolívar, Martí y otros hijos ilustres de nuestra América: La unidad e integración de los países latinoamericanos, tarea esta reiterada muchas veces por Fidel y que hoy recobra una vigencia extraordinaria en condiciones de crecimiento, interdependencia y marcada tendencia a la regionalización de la economía mundial o la formación de bloques económicos regionales.

Para concluir, quisiera hacer dos apreciaciones finales:

Es necesario subrayar que Luis y Sergio no pudieron sustraerse a la influencia de las ideas antisoviéticas en el período de la “guerra fría” que fueron profundamente difundidas en nuestro país por la oligarquía nacional en contubernio con el imperialismo norteamericano.

Por eso el lector encontrará en sus escritos fuertes expresiones que se referirán incluso al régimen soviético en igualdad de condiciones con el imperialismo yanqui. Sin embargo, es necesario enfatizar en una particularidad para ellos sobre las manifestaciones aisladas de antisovietismo que no se identifican con un rechazo al socialismo o al comunismo como modelo de desarrollo social, sino que más bien hacen denuncias de las deformaciones sufridas por la imposición estalinista en la otrora Unión Soviética, y subrayan el imperativo del carácter genuinamente autóctono de la futura Revolución en Cuba definiendo con asombrosa claridad los rasgos que después caracterizarían las ideas martianas y de otros próceres de la nación, en el contexto mundial contemporáneo.

Asociado a lo anterior, estos jóvenes llegan a la comprensión de la necesidad de una revolución socialista en nuestro país, pero dicha comprensión no cala hasta los fundamentos económicos más profundos que, en última instancia, condicionaban los males sociales de Cuba y las demás repúblicas latinoamericanas. Por eso las conjeturas aisladas que transparentan cierto rechazo a la propiedad privada y conceden determinado papel a la propiedad social no rebasan los marcos del ideal democrático revolucionario y socialdemócrata.

Ahora bien, tal y como lo ha mostrado la vida misma, una cosa es cierta: el logro de la verdadera independencia nacional y la realización del proyecto social elaborado por ellos, hubieran sido imposibles sin una auténtica revolución socialista. Sus anhelos habrían quedado truncos sin esta revolución que hoy defienden las generaciones seguidoras de esos ideales impregnados en una decisión irreductible de luchar, como antes, como ellos señalaron: “Por eso no tememos, llevamos la tenaz fe de quienes se dan sin menguas, en la confianza de la obra justa, y del deber irrenunciable.

Tenemos la fuerza inmensa de los ideales más indestructibles, de la sed grande, de justicia social verdadera”.

Los Hermanos Saíz Montes de Oca, tanto por su vertical actitud revolucionaria, su precoz madurez política e intelectual y, puede decirse, enciclopédico desarrollo cultural; más allá de su muerte continúan siendo un paradigma de inspiración revolucionaria para la juventud cubana y su obra, una fuente de enriquecimiento humano que enaltecerá al hombre en su propio devenir histórico.

Luis A. Figueroa Pagés es escritor y poeta. Miembro de la Uneac.


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