miércoles, 3 de octubre de 2012

Réquiem para las Torres


Carlos Alberto Parodíz Márquez (Desde Alejandro Korn, Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

PD

Se murió septiembre y me pareció que la memoria, necesitaba una pausa.

El dolor y el cansancio no pueden actuar sobre mi libertad.
El dolor me hace ceder y decir lo que tendría que haber callado.
El cansancio hace que interrumpa mi viaje.
Todos conocemos el momento cuando decidimos no aguantar más el dolor o el cansancio y en que se vuelven inaguantables.
El cansancio no me detiene porque me guste el cuerpo húmedo, la certeza del sol y del camino, sentirme en medio de las cosas.
Si mi libertad no sufre por ningún motivo, me siento cada vez m s frágil.
Mis complejos siguen siendo, si me di cuenta a tiempo, anodinos, el espasmo de libertad puede hacerlos estallar en un instante.
Sin embargo, pienso, si construimos nuestra vida sobre un complejo de inferioridad continuo y reasumido, durante 20 años, es poco probable que cambiemos. Eso pensaba debajo del glicino en el jardín en aquella residencia fantasmal. Yon departía, como era de esperar, con la dueña del Alfa gris.

La belleza verde del jardín me pareció inmoral.
Sobre todo recordando lo que estaba oculto en las sombras proyectadas de la oscuridad y lo que ella contiene, empezando por nuestro propio lado oscuro.
El césped era una perla líquida y verde que se perdía en las fronteras rojas de los senderos de grava.
Las copas fantasmales que viajaban en las manos de los caminantes eran pura luz y líquido.
Los habitantes del jardín son herederos del futuro.
Las luciérnagas móviles en la boca de los paseantes, en la penumbra, resultaban un ballet convincente, fantasmagórico.
En algún lugar, impreciso, pero de seguro contacto con la cocina, lejos en el tiempo y no en la distancia, el fuego llamea sin ser advertido, lame y se enciende.
El fulgor suplementario abría paso a al inquietante chisporroteo de la leña.
Por eso, como dije alguna vez, nos exponemos como juguetes desplegados por niños arrodillados y concentrados, en sus juegos, tristes, pero necesarios.
El desfile blanco de smoking llevaba tortillas de lechuga y de seso.
Detrás, los regadores, portando copas delgadas inundadas de rosado y ellos vestidos al tono.
Más tarde. Los soufflé de pescado y pollo, precedieron detalles del Riesling helado. Todo un asco, incluso las frutillas y cerezas, por turno, que levitaban antes de los puros, el café y las copas.
Un verdadero asco, repito, asentado en Martínez.
El vasco me guiñó y lo vi gracias al lucero reluciente.
Me encogí de hombros, lo único que me falta encoger.
Me corrí hasta una hamaca en la galería donde un quinqué‚ con pantalla bordada, iluminaba el rincón recoleto.
Abrí, por última vez el sobre oficio, impermeable, con el dossier de las banderitas azules, blancas, rojas y llenas de estrellas, que Yon me dejó en custodia con una recomendación.
-Estas dos hojas, son las últimas, del informe que te dejo leer, ya se viene el once de setiembre y es suficiente, además hay otras cosas contra el país que tenés que saber guardar- me dijo, con la soberbia ignorancia que él administra, respecto de mis distracciones a la hora de escribir.

"Se ha comenzado a desarrollar una nueva categoría de análisis para abordar el fenómeno del imperialismo en el siglo XXI: el Imperio Global Privatizado (IPG).
Es probable que todos aquellos que intenten analizar con seriedad lo que está sucediendo en el mundo a partir de los ataques terroristas a las Torres Gemelas y al Pentágono, deban recordar al personaje principal de la novela "A conspirancy of paper", del norteamericano David Liss.
El 26 de febrero de 1998, convocado para analizar la situación de entonces en el Golfo Pérsico, cuando la ONU salió a hacer gestiones para frenar un bombardeo norteamericano sobre Irak, Patrick Howie, de la organización especializada (en asuntos energéticos) The Dismal Scientist, de los Estados Unidos, reveló que, para Washington, la mejor opción consiste (y sigue consistiendo) en que Irak permanezca fuera del mercado mundial de proveedores (de petróleo porque la cuota que le correspondía a ese país, antes de la Guerra del Golfo, en 1991, pasó a manos de Arabia Saudita y de Kuwait, (curiosamente hacia donde Hussein decidió invadir, uno puede sospechar respaldado por cuales de las empresas del cartel), los dos principales aliados de la Casa Blanca y de Gran Bretaña en la región.
Según datos de la OPEP (la cara de ese mismo cartel) más del 82 por ciento del petróleo que importan los Estados Unidos proviene de Arabia Saudita (...).
Detrás del escenario visible se mueven los hilos de la puja petrolera.
En octubre del año 2001, las empresas francesas Total y Elf tuvieron conversaciones adelantadas con las autoridades de Bagdad, tendientes a concretar suculentas inversiones en dos centros estratégicos. (...)
Cuando Washington amenazó a París con sanciones y litigios por los acuerdos de inversión que las mismas ELF y Total habían hecho en Irán, -país vetado por Estados Unidos por supuestas actividades terroristas y la mayor pérdida del Cartel cuando la Revolución Islámica de 1979- los diplomáticos de Jacques Chirac respondieron con su oposición a la salida militar que Clinton propuso para Irak y que apresta Bush (un demócrata y un republicano, demuestran que a la hora de obedecer al Cartel sólo hay diferencias técnicas).
Respecto de Rusia, la cuestión corre por carriles parecidos. La empresa estatal Gazprom (ex Sociedad de Petróleos Rusos -el Cartel del Este) está asociada a los emprendimientos de Total y de Elf en Irán.
Pero lo que más molesta a los norteamericanos es como las autoridades de Moscú intentan utilizar sus alianzas con Teherán y Bagdad para cerrar sus pinzas petroleras sobre un territorio que incluye las regiones productoras del Cáucaso y de Asia Central.
En septiembre del 2001, aquellas mismas empresas integraban el conglomerado de intereses corporativos enfrentados en torno a la apropiación y explotación de las principales reservas gasíferas del planeta y a la construcción del gasoducto que podrá proveer de energía barata al mercado de la Unión Europea.
El escenario de esos intereses es nada menos que el territorio de Afganistán.
¿No aparecen acaso elementos suficientes para comenzar a pensar que el conflicto de Medio Oriente y las relaciones aparentemente conflictivas de Estados Unidos con el Islam, corren más por los sórdidos caminos secretos de las pujas financieras y económicas internacionales, que por las pistas de los enfrentamientos nacionales y sociales conforme se conocieron a lo largo de toda la modernidad?
Si se recuerda, en la década del '30 del siglo XX, en su afán por dominar lo que consideraban entonces como principal reserva petrolera de América Latina, las empresas norteamericanas más representativas del sector, con la familia Rockfeller a la cabeza (Standard Oil), no dudaron en fogonear y financiar la llamada Guerra del Chaco entre Paraguay y Bolivia. ¿Porque hoy, los intereses de cualquier corporación multinacional no podrían contemplar aquello, que desde la modernidad suena a imposible, es decir ¿porque no podrían recurrir a un atentado como el del 11 de septiembre (2001), sobre todo si lo que está en juego, es el dominio de la mayor parte de la economía del siglo XXI?"...
Basta para mí, por el momento. La dosis de Jack Daniels me está esperando junto a la mujer dorada.

Una mano firme se posó sobre mi hombro. El vasco, melancólico, musitó.
-Nos debemos una gira por el sur. ¿te parece?- no puedo discutir. Soy de este sur incierto; increíble; impredecible; indescifrable; inquietante; imposible; infinito; intuitivo; impagable y nada podía parecerme mejor propuesta, a la hora de respirar, el smog, el hollín -cuando lo hay- la basura dispersa por los perros de la calle que ya se mueven en jauría.
Avellaneda, un cíclope famélico, con las piernas abiertas al este y el oeste.
Gerli, el Ghetto ferroviario; el país de Eladia Blázquez. La cuna del Provenir, que mucho se parece a este por llegar.
Lanús, la única marca argentina -quinta en el mundo- por falta de espacios verdes. Un pulmón averiado. Un distrito con enfisema.
Remedios de Escalada. Donde la gente para cruzar de este a oeste, debe gastar en Remedios o quedarse en el intento. El único muro divisor del país, un dudoso privilegio.
Banfield, la babel del arte, donde Cortazar, Pepe Biondi, Julio Sosa y Juan José Manco, juegan rayuela en el cielo o el infierno.
Lomas de Zamora, donde los políticos esterilizaron hasta las ideas, florecen basurales, como granos reventados contra el asfalto y la sangre derramada, todos los días es negociada.
Temperley y la diáspora, donde el expreso de medianoche, te puede llevar al purgatorio vía Varela.
Los campos verdes del ramal Ezeiza que incluyen -sin cargo- una parada para mejorar la adrenalina en El Jaguel, o retozar en la plaza de Monte Grande en la feria artesanal.
La esperanza de los santos rumbo a Glew, donde Soldi pintó la esperanza dentro de una capilla y antes, Regazzoni, regaló, para que rompan, los murales de la estación Longchamps.
Y si tenés pasaporte, por la "chanchita", te vas al "lejano oeste", donde sólo me recomiendo que antes del paisaje villero -pero sin cumbia- una mirada al "... Federal " de Lomas, donde -de seguro- ni el tiro del final me va a salir. El sur, donde a pesar de todo, me siento bien.


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