miércoles, 7 de noviembre de 2012

Crítica literaria: “Hölderlin El rayo envuelto en canción”, de Antonio Pau


Francisco Vélez Nieto (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Hölderlin El rayo envuelto en canción
Antonio Pau
Editorial Trota

Antonio Pau es autor e investigador de larga trayectoria y reconocido prestigio profesional por su exploración creativa, como bien muestra tener el premio de Ensayo y Humanidades Ortega y Gasset, ser miembro del Instituto Cervantes de España y más de cuarenta libros publicados, varios de ellos dedicados a poetas la y poesía de lengua alemana: Rilke en Toledo, una biografía de sobre el mismo autor, así como La belleza y el espanto, Cuarenta y nueve poemas, sobre este exquisito poeta austriaco. A la que por su rigor se suma esta embriagadora y sólida biografía dedicada a Hölderlin, cuya pausada lectura ofrece al lector sensible, aquello que exige el poeta protagonista. Inmensa huella de angustia y agradecimiento. Porque sumirse en la lectura de la personalidad humana y poética de Hölderlin es sentirse envuelto de una luminosidad embriagadora que irradia su propia luz lírica, pasión y fuego de un rayo envuelto en la canción y la sensibilidad verso a verso desde una independencia insobornable de su libertad cantada: “¡Gracias te doy, oh soledad, mi intima amiga, del bullicio de las multitudes! / Tú me has sacado del bullicio de las multitudes, / para que cante, lleno de ardor, al laurel, / porque sólo a él mi corazón se entrega”.

La poesía y la inquietante personalidad de Hölderlin ocupa toda su trayectoria marcada por “las vivencias dolorosas de la infancia que quedan reflejadas en uno de los primeros poemas de Hölderlin, como este de “Los míos”, escrito a los quince años” y la religión: “De pronto alcé los ojos. En la luz de la tarde / inmóvil quedó el río. Una emoción sagrada / hizo vibrar mi corazón: dejé las bromas, / de pronto, y los juegos de los niños” El sentimiento religioso distanciado de toda ortodoxia estará presente en toda su existencia en la vida social igual a la creativa del poeta, donde “se aprecia ya una disociación entre lo humano y lo divino, entre la vida del hombre y el “Dios ausente”, que tanto se repetirá a lo largo de la obra de Hölderlin” De igual manera es muy importante en la existencia del poeta su constante espíritu revolucionario muy influenciado por la Revolución francesa, que con el tiempo, sus ideas jacobinas revolucionarias, derivarían hacia la idea de que “los Estados alemanes – y Europa entera- irán evolucionando por si mismos hacia la libertad. Hölderlin no deja de ser revolucionario: pero hasta mediados de 1793 es un revolucionario francés y desde mediados de 1793 en un revolucionario utópico” Pero por encima de todo para el inquieto, siempre inadaptado porque su pasión creadora y seguridad en su poder creativo encuentra siempre la defensa de la armonía

Pero es a ti a quien entre todas he elegido, / desde que, estremecido, te divisé a lo lejos. /Temblando te he jurado amor, / reina del mundo.

Su lucha por la libertad de hombre y las ideas es perenne en él y con clara visión de la realidad social y política muestra unos conceptos, a los que en la actualidad una parte de la sociedad lucha por que sean ejemplo ético frente a la alienación de los políticos al servicio de los poderes fácticos: “Solo lo que es objeto de libertad se llama idea. Por tanto, tenemos que superar también el Estado! Pues todo Estado se ve obligado a tratar al hombre libre como un engranaje mecánico, y eso es lo que no debe hacerse” Una menta tan avanzada y llena de pasiones y deseos lo iría llevando a los primeros síntomas de su trastorno mental que ya se anuncia 1801 cuando solo tiene treinta y un años de edad. La educación en el seminario ha sido de rígida disciplina, él ha superado todos los exámenes por lo que le corresponde ser vicario, pero su espíritu y razón de ser lo rechazan, el deseo, la pasión, de conseguir un puesto de profesor en Jena para enseñar literatura griega, así lo escribe a su amigo y protector Schiller, por sentirse “capaz de ser útil a los jóvenes que se interesen por ella”. Esta es la ayuda debido a que “Las relaciones con su madre no fueron nada buenas: La herencia del padre le habría permitido una vida deshogada y una dedicación serena a la literatura, perola madre la retuvo siempre, con la esperanza de que las estrecheces económicas obligaran a Hölderlin a acabar aceptar una plaza de vicario o de pastor en Württemberg”

Pero la suerte no corría en su favor, así lo escribe él mismo: “La primera vez que en casa de Schiller tuve poca fortuna. Entré, me saludaron amablemente, y apenas me di cuenta que, al fondo, había un desconocido en silencio, cuyo aspecto no hacía sospechar nada especial. Schiller dijo mi nombre y luego el de aquel desconocido, pero no lo entendí. Le saludé fríamente, sin mirarle apenas, porque yo estaba preocupado, tanto interior como exteriormente, por Schiller” Más tarde se enteró que el desconocido era nada menos que Goethe. El joven y ensimismado poeta no pudo o no supo reparar el error tanto en Weimar, como tampoco en Frankfurt cuando unos meses después visito al patriarca de las letras alemanas autor de “Poesía y verdad“. Mas a pesar de su torpeza, el gran maestro le aconsejó que escribiera poemas breves, así se lo contaba en una carta a Schiller sobre este joven poeta con “aspecto abatido y enfermizo”. Pese a estas anécdotas nada favorables para Hölderlin, así lo manifiesto Goethe a Schiller en por escrito: “En los poemas hay buenos ingredientes para un poeta, pero por si solos no revelan a un poeta. Quizá lo mejor que pudiera hacer es elegir un motivo sencillo, de carácter idílico, y desarrollarlo”. A lo que Schiller, que siempre apostó por el joven poeta, le respondió: “Me alegro de que su juicio sobre mi amigo y protegido no sea completamente desfavorable” El autor de Los bandidos y Don Carlos, encontraba en la poesía del protegido “mucho de su propio estilo”. Pero Hölderlin se siente descontento consigo mismo, aquella sociedad le resultaba opresiva y estrecha para sus ideas y pensamientos. Los amores afortunados y desafortunados le golpeaban con gozos y desventuras, su modesta clase social de “servidor” chocaba constantemente. Cambiaba de lugar en caminatas por valles y montañas con rico caudal de ideas y proyectos más su modesto saco de viaje al hombro, lluvia y nieve, kilómetros y kilómetros a la interpele o descansando en modestas pensiones, cada vez más trastornado pero con la voluntad de hierro de quien estaba seguro de ser un gran poeta. El fabuloso poeta en lenga alemana que llegó a dialogar con los dioses de la Grecia real y mitológica.

Si muero con deshonra, si mi alma / no llega a vengarse del agravio, / si se hunde en la tumba sin gloria / vencida por los enemigos del espíritu, / entonces olvídame, no salves mi alma, / corazón compasivo, de la amarga derrota. / Avergüénzate entonces de haber sido / amable conmigo. ¡Pero no antes!

Su lucha por lograr ese rincón, ese lugar que necesita lo absorbe, escribe, polemiza y proyecta con amigos fieles, revistas solicitando colaboraciones a lo más granado de la literatura y poesía en Alemania, entre ellos a Schiller, que en sincera y emotiva carta le aconseja: “Mi experiencia como editor de revistas a lo largo de dieciséis años, y no menos de cinco como naves distintas conducidas por el proceloso mar de la literatura, ha sido poco gratificante, por eso tengo que aconsejarle, con sinceridad de amigo, que no haga algo parecido…También en cuanto al lucro, que los poetas no podemos desdeñar, el camino de las revistas sólo en apariencia es provechoso, porque al final no rinden nada” Clarificador consejo para quienes viven esa aventura que no significaría la rendición del poeta que, con acierto da título a esta espléndida biografía: Hölderlin el rayo envuelto en la canción El escritor ve editada la primera parte de su famosa novela Hyperion que es recibida con la más amarga y negativa crítica lo que provocó una lamentable reserva a la hora de ponerse en venta. La crítica a la primera parte la protagonizó uno de los más prestigiosos filólogos conocedor excepcional de la cultura griega y traductor de Sofoques: Johann Kaspar Friedrich Manso, copio unas líneas a la obra editada: “En el Hyperión de Hölderlin no se encuentra nada que vaya más allá de un tejido multicolor de sensaciones, pensamientos, fantasías y sueños. Es una obra ni mucho ni poco verosímil, ni mucho ni poco compresible, ni mucho ni poco feliz de expresión...A ver si el señor Hölderlin, en la segunda parte de la obra, que promete va a salir pronto logra desenredar satisfactoriamente este barullo y consigue un orden compresible dentro de ese caos” Y cuando sale la segunda parte de la esperada obra el mismo crítico escribe: “El recensioncita no encuentra motivo alguno para modificar el juicio que ya expresó sobre esta obra. Hyperion sigue hablando un idioma exuberante, ultraterreno, con el que proclama cosas elevadas, fabulosas, nunca oídas. Pero en definitiva no dice nada”

Las críticas a Hyperion continúan sucediéndose, ninguna favorable, pasaran los años hasta que “Hay un curioso episodio de defensa –muy matizada- de la novela. Se trata de un ejercicio escolar de Nietzsche. El otoño de 1861, el profesor de literatura como deberes a los jóvenes escolares escribir una carta a un amigo en la que recomienden una lectura de un escritor preferido. Nietzsche le recomienda a un amigo imaginario la lectura de Hölderlin” La larga carta es todo un poema en prosa mostrando la grandeza de la obra, pero las críticas desfavorables se suceden, y la carta de filósofos queda oculta décadas. Tiene que llegar el siglo XX para que Hyperión alcanzara su justa altura.

Dejad morir a esos bienaventurados, dejad / que antes de sucumbir a la arbitrariedad, / el capricho y el ultraje, se inmolen libremente / a los dioses con amor. Mi caso es ese.

El poeta continuo firme en sus ideas, pensamientos y formas, un pulso consigo mismo. Todo va transcurriendo a medida que se acentúa su demencia hasta llegar a negar de su propia persona. Esto ya sucede cuando los buenos amigos que lo admiran y compadecen, después de un tiempo de encierros incluso “habitaciones empalizadas, auténticas jaulas rodeadas de barrotes de madera.” Eran otros tiempos. En una de ellas fue encerrado Hölderlin 231 días permaneció en ella, el doctor Autenrieth que lo trató con delicado y extremado interés, consideró su “locura incurable, aunque no peligrosa, por lo que podía vivir en libertad, aunque necesitaba ser atendido en su vida diaria. Durante todo este tempo la madre, que vivía a unos treinta kilómetro s distancia, hora y media en coche. Nunca acudió la madre a visitarlo durante los más de veinte años que ella vivió. Tampoco sus hermanos, eso sí, años más tarde, cuando fallecido el poetas los derechos de sus obras cobraron valor, bien que se preocuparon. El ebanista que lo admitió en su casa como huésped se llamaba Ernst Zimmer su mujer Elisabeth. El arreglaba los muebles de la clínica del doctor Autenrieth y cuando se enteró que allí estaba el gran poeta del futuro aceptó la oferta que le hizo el doctor. Tanto él como su mujer, personas cultas, habían leído Hyperion y sentía devoción por la obra. El ebanista Zimmer, murió en 1838, “y su hija Charlotte se hizo cargo de Hölderlin. El poeta vivió en la misma habitación exagonal en el primer piso de una torre que tenía, y -tiene tres pisos-, a lo largo de los treinta y seis años y un mes: dese el 3 de mayo de 1807 hasta el 7 de junio de1843. El día que entro en Aquella habitación tenía treinta y siete años y en la misma habitación murió, al poco e cumplir los setenta y tres” Estos lagos años recibió visitas de personas importantes, salvo alguna excepción, a todas las trataba con suma cortesía y medidas palabras. El había recibido una rígida y exquisita educación, para algunas visitas tuvo el gesto de escribir unos versos, escritura que hacía con rapidez mientras una mano los iba acompasando en el aire.


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