miércoles, 7 de noviembre de 2012

El arte de discutir y argumentar

Enrique Campang Chang (Desde Guatemala. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Discutir y argumentar son parte del conocimiento para formular conclusiones, recomendaciones y acciones; pero también es algo fuerte que atrae, apasiona, que en no pocas oportunidades puede ser molesto y una pérdida de tiempo.

Discutir y argumentar debe ser un arte, pero para otros una forma de simplemente llevar la contraria, hostigar o ganas de fastidiar. El argumento es improvisado, poco sólido, se aborda desde el defecto en vez de la virtud, o la visión fecal de las cosas.

Es una discusión necia, entre fanáticos, pobre en argumentos; en círculo vicioso, que degenera en insultos y ataques personales; es una forma de discusión que llamo DENTRO DE AGUAS TURBIAS Y AGITADAS, donde no se escucha al otro; un monólogo; no se llega a nada, (entre fanáticos palestinos y judíos).

Estas son las más frecuentes en política, religión, o deportes; entre inmaduros o tercos. Donde cada uno ya tiene su criterio; no se acepta discusión alguna, es el esfuerzo de imponer sus ideas a otro; o si no, se les descalifica. Es imposible discutir entre impacientes que demandan argumentos en pocas palabras en una competencia de egos ofuscados.





Es una discusión estéril, sobre temas difíciles que no comprenden; cada opinión revuelve más las aguas; no hay serenidad, empatía; no se quedan conformes hasta que el otro dice lo que quiere oír.

En las reuniones, cuando se discute en aguas turbias o agitadas, sobre el fútbol, las modas, religión o política, por salud mental es mejor verlas desde afuera. Son discusiones que no llevan a nada.

Otro tipo es la DISCUSIÓN SIN SALIRSE DEL AGUA, se discute con respeto, pero cada postura está comprometida a no modificarla; hay límites entre los grupos de intereses; donde no es posible ir más allá de la línea oficial. Se sabe cuándo es el momento de no seguir. Se evita tocar temas a fondo, dogmas, sus limitaciones o intereses ocultos.

Es donde el religioso, político, subalterno están atados. Hay condiciones que restringen la libertad del argumento en temas delicados. Son llamados al orden si se apartan. Se aplica con rigor el peso de los libros, las citas del Diccionario de la RAE y las normas formales de la APA. Con procedimientos técnicamente correctos, pero posiblemente falsos o superficiales. Se mantienen dentro del círculo.

Es la discusión donde se evitan los temas tabú, prohibidos o incómodos. El capitalista, comunista, cristiano o musulmán hablan dentro de su ideología o credo, cuidándose de no tocar sus temas controversiales, eso si, pueden atacar a otros.

En una reunión de vegetarianos, nadie habla a favor de comer un delicioso asado de res.

Se mantiene la altura, pero con sus limitaciones, que termina con un discreto cambio de tema, cuando seguir resulta incómodo. Son discusiones con argumentos “cuadrados” política o moralmente correctos. No se pone en duda nada, se evitan las ideas escandalosas. Toda autoridad desde el presidente de los Estados Unidos a los papas debe mantenerse dentro del agua, no pueden salirse.

Son argumentos en refrito: repetición y machacado de ideas viejas, de autores encumbrados, en variaciones sobre los mismos temas; no se permiten las ideas propias; el que se atreve a salirse de la olla es regresado por los otros cangrejos…

Luego, la DISCUSIÓN ENCIMA DEL AGUA, es la de alto nivel, es la discusión amplia, productiva, libre, donde se pueden criticar esquemas, es creativa; cuando las partes pueden admitir su error; trascienden las posturas personales, se abre a ideas nuevas, sin insultos, pueden parecer irreverentes, romper con paradigmas, dogmas o posturas históricamente aceptadas pero equivocadas. Estas discusiones por sus aportes novedosos pueden caer dentro de lo subversivo, herético, profético o peligroso.

Se llega a niveles superiores; diferentes a la discusión de aguas turbias; las personas no se sienten ofendidas, hay entusiasmo, acompañamiento, inquietud sana. Hay atrevimiento, riesgo de enfrentarse a niveles desconocidos, de alterar esquemas propios. Se marcan caminos nuevos,

Cuando Jesús rompe con la tradición religiosa y política de sus tiempos; habla de temas revolucionarios como el amor al prójimo, el bien común, la dignidad de las personas, la atención por los pobres. Está encima del agua, libera a las personas de los errores tradicionales, se eleva en el sentido de la parábola de caminar sobre las aguas.



Los pensamientos revolucionarios e innovadores son por encima de las aguas, Es el nivel verdaderamente superior de la discusión y argumentación. Los conceptos tradicionales se corrigen, amplían o adaptan a los nuevos contextos.

Unos que llegan al nivel de estar por encima de las aguas como Buda, Lao Tse, Confucio, Giordano Bruno, Galileo, Newton, Darwin, Marx, Freud, son incomprendidos o perseguidos; o se dan cuenta que se quedan hablando solos. Son despreciados por los que no se atreven a salir de sus pensamientos, reglas o costumbres que les dan seguridad; y como decía una amiga: “muchas herejías e ideas subversivas son pensamientos antes de su tiempo”.

En las universidades y centros de decisión los espacios de discusión y argumentación de altura son necesarios para romper los estancamientos intelectuales. La humanidad pierde al no convertir la discusión y argumentación en un arte. En la política de muchos países se maneja la discusión en su nivel más bajo, con ignorancia, insultos y amenazas. (Ej. Congreso de Guatemala).

No se trata de discutir por discutir, se tiene que saber el nivel en que se está metiendo.


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