miércoles, 7 de noviembre de 2012

Padre cantor: Alí está sembrado en los sueños de la patria latinoamericana


Daniela Saidman (Desde Venezuela. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

Fue un febrero de 1985 cuando el cantor del pueblo quedó sembrado en la memoria de estas tierras que llevan entre sus voces los cantos libertarios.

La voz de Alí Primera (Coro, 31 de octubre de 1941 - Caracas, 16 de febrero de 1985) es para nuestra geografía siempre verde y mineral una bandera enarbolada a todos los cantos y luchas. Su canción es palabra libertaria, eco de los sueños colectivos, que abrigan otro mundo, ya no sólo posible sino imprescindible. Pero no sólo es la voz de la protesta y la valentía del pueblo, sino que también es verso, caricia nacida del tacto y la utopía realizable.

Alí fue entre muchas otras cosas un hombre comprometido con las mujeres y hombres de su tierra, por eso será siempre voz de los sin voz. Cantor del pueblo, de todos los pueblos.

La canción de Alí Primera, voz urgente y libre, nombra lo más y mejor de nuestro suelo. Alí vive, como viven siempre los valientes, los héroes nacidos de los ríos y los vientos, vive en las manos, los ojos, los labios y la piel ardiendo. Vive en fin, en su canto, cantándole al pueblo.

Y por su canción necesaria, imprescindible en estos tiempos, el Gobierno Bolivariano declaró en 2005 su música como Patrimonio Nacional, como un acto de justicia, como una llamarada de conciencia y de memoria.

Durante una entrevista, la última que le hizo Mariam Núñez, el 24 de enero de 1985, Alí refiriéndose a la canta imprescindible, dice que “nosotros hablamos de canción, no de recital, de concierto. Nosotros montamos una canción por la victoria, la canción por la unidad del pueblo, la canción por la patria buena. Hemos fundado canciones que ya se convierten en instituciones culturales de los diferentes pueblos de nuestro país, toda canción de un hombre de pueblo es válida y es necesaria”.

Breve semblanza

Este Alí que ha trascendido los tiempos y que de niño fue limpiabotas y hasta boxeador, supo navegar libre y conmoverse por las ajenas hambres y los dolores todos. Su voz se alzó como un estandarte en los patios de la Universidad Central de Venezuela en los inicios de 1960. Humanidad y No basta rezar fueron sus primeras composiciones.

Con el cuatro y la guitarra a cuestas Alí partió rumbo a Europa, donde estuvo entre 1969 y 1973, gracias a una beca que le otorgó el Partido Comunista de Venezuela (PCV) para continuar sus estudios en Rumanía. Allí grabó Gente de mi tierra, su primer disco.

De regreso a Venezuela, Alí Primera estuvo vetado en las empresas informativas. Sus denuncias que nacían de lo más hondo de la rabia y la ternura, eran reflejo de los rostros de quienes pasaban hambre, de los niños descalzos y sin escuela, por eso terminó fundando Cigarrón, su sello discográfico, a través del cual grabó Canción para los valientes, La Patria es el hombre, Canción mansa para un pueblo bravo, Cuando nombro la poesía, Abrebrecha, Al pueblo lo que es de César y Con el sol a medio cielo, entre otros discos.

Trece discos de larga duración legó Alí a las generaciones por venir. Su canto necesario estuvo presente en numerosos festivales en toda la América Nuestra. Y tal vez entre las canciones que son banderas que agitan cientos, miles de voces en esta patria latinoamericana se encuentran Paraguaná, paraguanera; José Leonardo; Techos de cartón; Cruz Salmerón Acosta; Reverón; Flora y Ceferino; Canción mansa para un pueblo bravo, Sombrero azul, Ahora que el petróleo es nuestro, y tantas otras. Pero además el padre cantor de Venezuela llenó con su ofrenda cada espacio disponible, cada fábrica, cada calle, cada escuela, cada sueño.

La Autopista Valle-Coche de Caracas lo vio por última vez. Su muerte se produjo el 16 de febrero de 1985 en un accidente automovilístico. Pero ni la muerte pudo silenciarlo. Alí está sembrado en estas tierras y en los pueblos que empuñan su canto como un fusil, como un anhelo.

La visión amorosa de Alí

Pero la canción necesaria de Alí supo ser también canto amoroso, enamorado de la vida y sus santos, santas y señas. Y es que las manos del hombre que construyen sueños, aman también el espeso ramaje de pieles y roces que se tejen en el recuerdo. La mujer amada encontró en la voz de Alí Primera el tibio amanecer del tiempo. Y estará siempre allí, para los que necesiten cantar amores y libertades.

El amor en todas sus dimensiones se hace presente. Sus labios cantan los deseos, las ganas de otros presentes, más dulces, más tiernos, más justos... Se le quedó la vida en sus luchas y sus gentes. Venezuela tiene tanto de Alí, que lo anunciamos cuando andamos arando la tierra libre y los amores buenos.

Que su canto no se pierda, que viva siempre entre los que han desesperado de tanto esperar, que florezca bueno y sabio. Que su canto sea siempre presente, para alumbrar los días que habrán de venir, cuando sus versos nazcan verdad.

Con el sol a medio cielo (fragmento)

“Con el sol a medio cielo
me di cuenta que la vida
le daba la bienvenida
y un abrazo al compromiso

Con el sol a medio cielo
y teniendo el cuerpo preso
sentí cabalgar el canto
profundo en el sentimiento

Y he seguido en la pelea
aligerado de peso
siempre volará la idea
aunque se pudran mis huesos

Velero, será siempre el hombre
y el mar es la vida intensa
y el hombre, navegando en ella
naufraga y se pierde
si no tiene impulso”

Ilustración de la periodista y trovadora venezolana Yolanda Delgado


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