jueves, 29 de noviembre de 2012

Psicoanálisis: Sobre el acoso laboral


Jesús Dapena Botero (Desde Vigo, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Queridos amigos:

Espero que vuestro ánimo vaya mejorando, para estar en mejores condiciones para la lucha, frente al acoso laboral que estáis padeciendo.

Como les prometí, el día que hablamos por teléfono, aquí les mando las notas que tomé, en las Jornadas sobre Psicoanálisis de la Violencia, que dio Gradiva, en Santiago de Compostela, donde habló el doctor Luis González de Rivera, psiquiatra y psicoanalista, jefe del Servicio de Psiquiatría Fundación Jiménez Díaz y Catedrático de Psiquiatría de la Universidad Autónoma de Madrid. Especialista en Psiquiatría Universidad McGill de Montreal y en la American Academy of Psycoanalysis de Nueva York. Director del Instituto de Psicoterapia e Investigación de Psicosomática de Madrid. Presidente de la Asociación Española de Psicoterapia. Publicaciones y libro editado sobre violencia en el trabajo.



Como os comenté, parece que cuando pensó en hacer la especialización en psiquiatría, fue a hablar con Carlos Castilla del Pino, quien acababa de ser rechazado por el conservadurismo y el poderío de Juan José López Ibor, entonces el psiquiatra gaditano le recomendó que se fuera de España a hacerla, por la que el joven médico se fue a la Universidad de McGuill en Montreal; así fue como inició el doctor su conferencia.

Luego hizo alusión a su gusto por The Wall de Pink Floyd y que, justamente antes de entrar a la conferencia, había estado hablando con unos jóvenes sobre esa canción, en la que él siempre había oído ANOTHER HOLE IN THE WALL, cuando realmente el título es ANOTHER BRICK IN THE WALL, pero se autointerpretó ese acto fallido auditivo, como parte de su deseo de siempre encontrar huecos en las paredes, por donde poder meterse como algo que hacemos los psicoanalistas frente al discurso consciente; esa interpretación me gustó muchísimo.

Narró como en el 2000 estuvo en contacto con una institución maltratadora con sus integrantes, porque ella misma estaba en proceso de desintegración, lo que lo llevó a crear el concepto de síndrome de acoso institucional, que publicó, tal vez, no recuerdo bien, en un artículo de prensa, de donde como el texto gustó tanto al público, empezaron a llegar maltratados en el trabajo a su consulta.

La pregunta que surgió al doctor fue:

- ¿Qué han hecho para que los maltraten?

- ¿Será que no saben poner límites al maltratador?

Mientras tanto Espasa le encargó que escribiera un libro sobre el mobbing que los anglosajones llaman Adult-bullying, fenómeno caracterizado por el maltrato psicológico, frecuente, repetido y persistente, sin que la víctima tenga posibilidades de escapar ni de defenderse, el cual es favorecido por el entorno, con el objetivo de, finalmente, eliminar a la víctima.

Esa violencia se ejerce para plegar a los sujetos a una exigencia normativa.

Entonces se le vino la pregunta al doctor González de Rivero, ¿cómo hacer para volver a alguien loco? Y recordó el concepto de doble vínculo de Gregory Bateson, pero esta vez no aplicado a una familia esquizofrenógena sino al acoso corporativo, en el que la Institución, elige una chivo expiatorio.

Para ello, el Poder aplica una serie de estrategias; en la bibliografía consultada por el doctor González de Rivero había cuarenta y seis, pero en su casuística encontró sesenta.

Todas tienen como común denominador que los superiores no dejan explicarse al sujeto victimizado.

Muchos de los compañeros dejan de dirigirle la palabra, cosa que hiere las necesidades de aprobación y de dependencia de la persona atacada.

El propósito es incomunicarlo y ejercer una presión para que no hable, para que coma callado, como dicen en Colombia, en un círculo infernal de intimidación y de desprestigio del elegido como chivo expiatorio, a quien se pretende entorpecer todo progreso.

El doctor González de Rivero habla de que se dan:

1. Una perversión del conflicto.
2. Una estigmatización del atormentado por la tortura psicológica.
3. Una intervención operativa para lograr la realización del sacrificio.
4. Una eliminación del sujeto,

quien trata de autoafirmarse en un principio; pero, dada la malignidad del acosador, lo que logra es entrar en un estado de desconcierto y perplejidad, para luego sobrevenirle un burn-out, en el que termina por deprimirse, lo que deja las huellas de un trauma, hasta conducir a un trastorno crónico invalidante, algo muy semejante a las neurosis traumáticas, descritas por Freud.

De ahí que al empezar a ver este tipo de pacientes, el doctor alcanzó a ver que en las entrevistas iniciales, lo que los sujetos victimizados necesitaban era hacer una descarga, una catarsis, por lo que decidió hacerlas de hora y media y no de cuarenta y cinco minutos, para luego empezar a hacer un trabajo elaborativo de simbolización de lo traumático.

Ningún acosador vino a verlo pero, por el relato de los pacientes, el médico pudo irse haciendo un perfil psicológico del acosador, ya que había rasgos comunes en todos ellos; eran seres mediocres y envidiosos, con una perversión narcisista, con lo que el psiquiatra estadounidense M. Scott Peck, denominaba una personalidad maligna, cuya manifestación más específica sería la obsesión por aniquilar o destruir a quien se manifiesta vital o lleno de plenitud existencial, en la medida que los que padecen esa malevolencia se consideran a sí mismas reprobables o malas, de tal modo que la bondad y capacidad ética de otros sujetos les resulta una denuncia implícita; la carencia de virtud es lo que los impele a destruir la fuente de esa disonancia, sin importarles sacrificar al otro para preservar su propia autoimagen. Palabras del propio Peck son:

Las personalidades malvadas utilizan el Poder para aniquilar el crecimiento humano y espiritual de los demás, con el propósito de preservar y defender la integridad de sus propias personalidades enfermizas.

Lo que para dicho autor constituye una verdadera enfermedad mental.

El doctor González de Rivero también habló de que estas personas sufrían una sociopatía agresiva sutil, como la descrita por T. Field; pero en la conceptualización de nuestro conferensicsta, de lo que habla es de un síndrome de mediocridad inoperante activa, caracterizada por una envidia maligna, que nada tiene que ver con la competencia leal ni la emulación y terminaría con una cita de Quevedo que dice:

La envidia va tan flaca y amarilla porque muerde y no come.

Frase que se me ocurre que podríamos ilustrar así:



El doctor González terminaría citando al Hartzenbuch que escribiera:

En el silencio de la noche oscura
sale de la espesura
incauta la luciérnaga modesta,
y su templado brillo
luce en la oscuridad el gusanillo.
Un sapo vil, a quien la luz enoja,
tiro traidor le asesta,
y de su boca inmunda
la saliva mortífera le arroja.
La luciérnaga dijo moribunda:
¿Qué te hice yo para que así atentaras
a mi vida inocente?
Y el monstruo respondió: Bicho imprudente,
siempre las distinciones valen caras:
no te escupiera yo, si no brillaras.



Bueno, mis queridos amigos, con esto me despido, tras las enseñanzas del doctor González de Rivera.

Un abrazo, os recuerda con inmenso cariño,

Jesús


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