domingo, 9 de diciembre de 2012

Crítica literaria: “Diario de un mal año”, de J. M. Coetzze


Francisco Vélez Nieto (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Diario de un mal año
J. M. Coetzze
Mondadori

“Embusteros perpetuos que jamás engañan”

La Fontaine

La lectura de este interesante y crítico libro se sostiene desafiante sobre una sólida guarnición provista de ingenio, acidez oportuna y no menos excelente y fino humor. Conjunto que puede llevar a cualquiera que vivió y afrontó la dictadura franquista, a pensar que pese al tiempo transcurrido, en cierto modo aquellos largos años tal vez fueron más libres al luchar por algo que para ellos alumbraba una nueva esperanza, pero con el tintineo de una luz que intermitentemente señalaba el final del túnel del nacionalcatolicismo por parte de los opositores. Aquella salida del túnel, tras una inconclusa democracia, de nuevo hoy parece ir difuminándose, porque resulta que los derechos democráticos se van reduciendo a que la ciudadanía se limite parada y fonda, a pagar los impuestos y ser políticamente correcta según el evangelio del consumo, la mediocridad y la ambivalencia política. La estulticia que campea en las tribunas políticas del páramo ibérico.

Contemplando el panorama nos podemos formular la pregunta de si este interesante libro de acerada crítica a los sistemas llamados democráticos, a la vez que condena las dictaduras, le puede interesar a las nuevas generaciones tan armoniosamente alienadas en esta adormilada sociedad de consumo. Esa es la raíz de tan sólida novela ofreciendo transparentes planteamientos en su inquietante exposición, desde la que se cuestiona aquellas cosas que consideramos cotidianas, que el autor analiza porque muestra conocerlas y las expone, partiendo de una reflexión crítica de la realidad desnuda que oprime a la sociedad.

“Opiniones contundentes”, es la primera parte de la original novela. Expone temas como “Sobre los orígenes del Estado”. El autor mira hacia el pasado hasta recuperar ese punto de en el que “ya no es posible distinguir entre historia y mito” Puesto que “Desde el momento en que nacemos súbditos. Un distintivo de esa condición es el certificado de nacimiento. El Estado perfeccionado detenta y protege el monopolio de certificar el nacimiento”. Nuestra identidad es un voto con fecha pactada y cálculos con garantía de que todo aparenta cambiar para que siga igual como en el clásico Gatopardo.

Certero y maligno dardo en la diana que les permite tenernos identificados, fichados, para que el estado pueda fácilmente seguir nuestro rastro y comportamiento hasta que el funcionario de turno justifique, el desahucio, el paro, la condena perpetua o la muerte. Esa es la democracia actual cada vez más lejana del Partenón, que solo nos permite elegir entre la A o la B, usar Internet con libertad, por el momento, pero sin dejar por ello de ser súbdito. Esto lleva al autor a lo conclusión de que “nacidos bajo el yugo, criados en servidumbre, se contentan con vivir como nacieron...”

Meditando sobre las universidades el autor considera que “Es muy dudoso que los antiguos poderes del profesorado lleguen alguna vez a restaurarse” Basta mirar el paisaje de nuestra universidades, si es posible de forma disimulada para no molestar a los servidores y expendedores de títulos en cadena del poder establecido, para comprobar su ausencia de protagonismo del ejercicio intelectual y crítico sobre cualquiera de los aquellos temas en los que las mentes elevadas del saber opinan en voz alta para tranquilizar a los futuros diplomados.

Porque aunque sea como un murmullo o agitación de grupos minoritarios, bien que sus opiniones o críticas, podrían despertar la subversión de los súbditos sometidos a la alienación permanente con espejuelos de libertad. Y entre las muchas dramáticas y criminales situaciones, denunciar cómo se vienen subvirtiendo las leyes para poder aplicar con complacencia y fríos cálculos la tortura en la guerra contra el terror y ser utilizada al mismo tiempo para inyectar más miedo en las limitaciones analíticas de los súbditos. Pues, “Para la corriente intimidatoria, autoritaria y militarista de la política occidental. Osama ha sido un regalo de los dioses” Algo que puede llevar a meditar si en los largos años de guerra fría, también existió “una guerra caliente en sótanos y celdas carcelarias y salas de interrogatorio en todo el mundo”, hasta que el ideario socialista se fue a pique.

Amplio abanico de temas y preguntas, donde no faltan acertadas reflexiones sobre literatura e inspiración, no aceptada como un estado de gracia. Para lo que el autor toma como ejemplo a los grandes clásicos del siglo XX como Tolstoi, Chéjov y García Márquez, en esa arqueología inquietante donde en el contenido de la novela se mezclan las emociones más complejas con un paralelismo que acompaña el grueso del relato y su estado emocional, entre el escritor y una joven cuyo inquietante trasero la lleva a contratarla como mecanógrafa para pasar el texto que le dicta. Lo que crea una corriente de opiniones sobre la propia vida del escritor con estos pequeños personajes en un tono íntimo lleno de verdad.

Planteamiento y discurso literario comprometido que termina por exponer que todos los obstáculos se derrumban, todos los conflictos se apartan, entonces a uno se le ocurren cosas que no había pensado, descubriendo que no hay nada mejor que escribir. Especialmente cuando la vejez amenaza con la última partida frente al póker de la vida que no permite llevar cartas escondidas en la manga, en resumen, al final de la batalla y malherido el combatiente, estamos ante una escritura genial que provoca emoción y meditación señalando donde está el riesgo.


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