viernes, 20 de enero de 2012

Una mirada al amor infiel

Pedro Antonio Curto (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Cuando Pablo Picasso pintó Las Señoritas de Aviñón estaba sentando las bases del cubismo y lo hacía con los cuerpos troceados de un quinteto de mujeres que representaban un prostibulo. Su amigo Apollinaire le recomendó que lo llamase El Burdel Filosófico, finalmente tomó el nombre de Aviñón, una calle de Barcelona donde estaban varios burdeles. El cuadro estuvo nueve años sin salir a la luz pública, por la incomprensión de sus propuestas pictóricas y ocultando también lo que esas mujeres representaban, cuestión que continuó semioculta cuando el cuadro se hizo famoso. No es la única incursión que el pintor realizó en el mundo de la prostitución y lo hacía como el proclamó, veía a las mujeres, no como eran, sino como estaban en su cabeza.
La mirada del fotógrafo Ricardo Martínez Moreno no es muy picasiana, pero si tiene algo de creación particular, de mirada que nos lleva a empatizar, a sentirnos próximos, con parte de lo retratado, a pesar de que puedan ser mundos ajenos y lejanos, como los que muestran la exposición Huellas de un amor infiel, donde podemos contemplar fotografías de mujeres de clubes de alterne.
El cuerpo puede representar incorporación y pérdida de identidad, con un extravío que consiste en borrarse del discurso dominante y destinar un particular modelo femenino a las sombras. La mujer, como modelo histórico marginal, pone énfasis en un cuerpo-margen, en una resistencia refractaria al canon cultural masculino. Y esto se puede ver en las fotografía Huellas de un amor infiel. En un blanco y negro donde predomina la oscuridad, ellas, sus cuerpos, representan la luz. Están posando ante la cámara que las mira, ante el ojo que las observa, al igual que lo hacen en sus lugares de trabajo para atraer a los clientes. Pero quizás exista una libertad en esas poses, en particular cuando aparecen en grupo, acercándose a lo pictórico. Son poses y miradas, que buscan la creación del deseo, amoldarse al imaginario y la fantasía masculina, pero solo es una parte. Hasta mediados del siglo XX el ideal femenino se construía a partir del deseo masculino y debía resultar atractivo según los cánones establecidos socialmente. Aunque esto siga vigente, las manifestaciones culturales y sociales que se han levantado contra esa norma, crean una dualidad que se percibe en las fotografías. Es esa creación donde se construyen a ellas mismas, se ofrecen al otro desde un dominio en el que controlan el discurso oculto a través de la transgresión. El gesto transgresor del discurso consiste en poner en circulación un cuerpo femenino por cuya carne transita lo no convencional. Ahí están las miradas o las no miradas, lo que ocultan unos párpados cerrados, el desafío, la luminosidad de la piel en unos sitios en su mayoría cerrados. Pues el cuerpo ha sido un espacio donde se construyen y se combaten las nociones del orden social. Lo que muestran las fotografías de Ricardo Martínez Moreno, no es erotismo o sensualidad al uso, huye de lo escabroso, a través del tamiz que permite el arte, con una cuidada visión escenográfica, poseen ante todo una carga emocional. Las mujeres aparecen en la intimidad, eliminando el aspecto sensacionalista que nos proporcionan las imágenes mediatizadas de carreteras y prostibulos que ofrecen un aspecto carnal y degradado, arrebatándoles su identidad. No hay degradaciones ni heroizaciones, sino una vía para sentir la piel del otro sin los valores peyorativos con que solemos observar ese mundo y a sus componentes. Las mujeres que contemplamos tienen mucho de personaje, pero quizás ese personaje este dotado de un cierto simbolismo. Es la reducción del cuerpo a imagen, que no solo se produce en la prostitución, sino en la iconografía que nos rodea y frente a la cual, algunas poses y miradas, parecen rebelarse, dar contenido e historia a esos cuerpos. La escritora feminista Virgine Despentes explica así su visión y experiencia: “Incluso aquello que había visto de masculino en mí, como mi manera de avanzar superrápida y con seguridad, se convertía una vez que me había puesto el uniforme, en atributo de hiperfeminidad. Al principio eso me gustó, convertirme en esa otra chica. Era como hacer un viaje, sin cambiar de sitio, pero entrando en otra dimensión. Inmediatamente, desde que llevaba el disfraz de la hiperfeminidad puesto: un cambio de autoafirmación, como cuando te metes una raya de coca.” Así vemos un tatuaje en una de las mujeres fotografiadas, es un corazón, pero no el clásico corazón de trazos fáciles, sino uno carnal y autentico, con sus venas, atravesado por flechas, llevando una banda donde figura la palabra destrucción. ¿Cuál es esa destrucción? Quizás la de la normalidad, la de una cierta normalidad, porque el amor infiel al que hace referencia el título de la exposición, es el microclima que crea el burdel. En la película L´Apollinaire-Souvenirs de la maison close, se retrata un burdel de lujo a principios del siglo XIX. Es un mundo cerrado y algo decadente, pero a la vez embriagante, dotado de una seducción que no es solo el de la pieles, sino que va más allá, a una ternura rasgada aunque sea mercenaria. Y algo de eso es lo que muestra la exposición. En una de las fotografías nos encontramos con una mirada cándida y pensativa, situada en un punto indeterminado, una mujer sentada en el borde de una bañera y sobre su cabeza, un cuadro de ángeles. Una escena que nos lleva al origen sagrado de la prostitución del que hablase George Bataille, donde la prostituta se situaba junto a la autoridad religiosa. Luego vinieron los sucesivos desahucios que ha padecido ese mundo, la misma religión que lo condenó moralmente, el capitalismo que convirtió a las prostitutas en lumpen proletariado, la actual situación donde la ilegalidad y la marginación entrega buena parte de ella a las mafias, y un sensacionalismo amarillista que la envilece y crea confusión. Esos claroscuros, esas contradicciones, tan brutales como humanas, belleza y destrucción, son las que se muestran en las fotografías de Ricardo Martínez Moreno. Porque el amor infiel al que se alude, no deja de ser un cierto tipo de amor.

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Plástica: Francisco Goya y Lucientes

El Ave Fénix(Desde Nueva York, Estados Unidos. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)


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Gustavo Pelado Cordera: “Yo soy ROCK”, “La propiedad privada es el primer delito que comete el ser humano”

Indira Carpio Olivo - Ernesto J. Navarro (Desde Caracas, Venezuela. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

Twitter sirve para algo. A través de esta herramienta comunicacional, pudimos contactar a una amiga de una amiga que conoce a un amigo de Gustavo, el Pelado Cordera. Hace rato queríamos conversar con el cantante, por dos razones fundamentales: porque nos gusta lo que hace y queríamos acercarnos a la visión del mundo de quien ahora lleva tres años sin ver mucha guita, después de disfrutar las mieles de ser un ícono de la cultura rock suramericana.
Cordera, vive desde 2006 en La Paloma, un poblado uruguayo al que define como “resistente al progreso”, como en general califica al país austral. Porteño de nacimiento, ve a la Argentina desde las bardas y se atreve a opinar sobre su gobierno y del sistema mundo en decadencia. Nos habla también de su pasado reciente: más de dos décadas siendo la voz líder de la banda Bersuit Vergarabat.

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Acá, en Caracas eran las nueve de la mañana. En La Paloma, las once. Al levantar el teléfono y después de presentarnos, escuchamos: “papi, te llaman de Venezuela... Ya va, ya viene”, nos dicen.

-Aló ¿Gustavo?

GC: Si

- Gracias por recibir este llamado ¿Cómo te trata la vida en Uruguay?

GC: Estoy en un país atípico. De los países latinoamericanos, suramericanos que conozco, Uruguay es el país que más ha ofrecido resistencia al progreso y no de una manera consciente, pensada. Pero es un país que tiene menos población ahora que hace 20 años atrás. Es un país que se ha resistido al consumo desde hace muchos años, porque la gente es sencilla, es austera. Linda con la melancolía, con la desidia en algún punto, desde el punto de vista económico. Es un país donde no se desarrolla el consumo.
Por ejemplo, para un artista, un disco de oro equivale a la venta de sólo dos mil discos.
De todas formas, motivados por una gran presión, últimamente se ha querido parecer a países como la Argentina, en cuanto al crecimiento. Siempre hay una presión de las empresas y las corporaciones por querer llegar a estos lugares que son prístinos, paradisíacos, con bajos índices de contaminación. A mí me hace recordar muchísimo a cómo era Buenos Aires hace 40 años atrás. Cuando la gente podía salir a la calle a compartir con sus vecinos cuestiones de vida. Se vivía bastante en paz. Digo en bastante y no en paz, porque somos de occidente y todos los países occidentales estamos en una constante búsqueda y eso significa mucha fricción social.
Pero acá estamos bastante tranquilos en ese sentido.

-Eso te ha permitido crear más. Estás trabajando en nuevo disco ¿Cómo va eso?

GC: Al haber un entorno natural, en paz, ocurre que afuera es un espacio prácticamente vacío, entonces vos podés dejarte afuera tuyo, sin que el afuera te invada. Vos en las grandes ciudades tenés mucha información, muchas cosas para hacer, muchos amigos a los que llamar, muchos lugares a dónde ir. Acá no.
Acá tiene que ver con vos mismo, con tu propio aburrimiento y eso de alguna manera lo que genera es el impulso creativo, inventar cosas, reinventarte. Estar más en conexión con uno mismo. Era algo que yo me debía después de muchos años de estar expuesto a cámaras, micrófonos, a escenarios.

-En el año 2009 cuando te lanzas como solista, el disco Cordera SUELTO era presentado por la Bersuit? ¿A qué se debió esto?

GC: Todavía estábamos formando parte un proyecto que lanzaba la banda. Bueno y luego de ese “parate”, de ese impasse y de proyectos personales que empezamos a desarrollar vimos también que artísticamente teníamos necesidades distintas y emprendimos nuevos viajes, cada uno en lo suyo, por lo menos así lo hago con lo mío. Después los chicos tuvieron como una necesidad de volverse a juntar, por razones que ellos te contarán. Y bueno, rearmaron Bersuit sin mí.

-Para esta parte de Latinoamérica se nos hace más lejana la separación de la Bersuit y la continuación de sus carreras artísticas por separado. Cada uno por su lado ¿Puede re-juntarse con sus antiguos compañeros?

GC: Si habría necesidad humana y artística, SI.

-Y ahora ¿No la hay?

GC: No, no la hay. Solamente razones económicas para que eso ocurra y esas razones, en estos momentos de vida, a mi no me preocupan.

-Sin embargo, cuando la Bersuit se reagrupó te acusaron a través de un mensaje en su cuenta twitter de “amurallarte” a una disquera y unos cuantos dólares. Con el pasar del tiempo ¿Cómo ves esa situación?

GC: En los momentos de enojo la gente suele decir cualquier cosa. Cuando rompés con una pareja decís pestes de la otra persona y yo tengo algo para decir al respecto: Los seres humanos no vemos la realidad o las cosas como son, sino que las vemos como SOMOS.
Ellos realmente vieron eso, porque son así. No nos preocupamos por saber cómo son las cosas, las vemos como somos. Entonces, ese enojo llevó a decir barbaridades como esa. Lo real es que todos nosotros sabemos qué fue lo que pasó.
Yo, lo que puedo decir, desde mi punto de vista, es que el proyecto desde el año 2007 en adelante estaba en una profunda decadencia artística y humana. Entonces, precisamente por eso lanzamos el proyecto como solista para darle oxígeno. Después, la negociación entre todos nosotros para volver a armar algo, hacía que nuestras diferencias artísticas fueran irreconciliables, y nuestros deseos también.
Como pasa también en las parejas, todos tendríamos que remitirnos a nuestras relaciones con otras personas para darnos cuenta de que somos seres humanos también. En algún momento, las relaciones colapsan y tienes que virar.
Hay algo que pueden comprobar. Hace dos años y medio -casi tres- llevo un proyecto todavía incipiente, de crecimiento muy lento, con el cual prácticamente no ganamos dinero. Tocamos en lugares muy chicos. Es una historia nueva para mi, con una banda nueva con gente nueva. Entonces, esa es la muestra más grande de que no es por dinero.
Si fuera por dinero, me volvería a juntar con Bersuit. Me han ofrecido muchísimo dinero para eso. La verdad, te vuelvo a decir, si hubiesen razones humanas, artísticas y de corazón ahí estaría. Pero, por dinero no.

-Remitiéndonos a la metáfora de la pareja ¿Es la Bersuit actual, la Bersuit Vergarabat?

GC: Yo creo que no debería llamarse como se llama, como tampoco debería yo tener una banda que se llamara Bersuit Vergarabat, sin ellos. Es absurdo, porque la gente que conocía la banda se va a dar cuenta que no solamente falta alguien, sino un miembro fundador, una voz, el creador del 80% de las canciones.
Yo creo que no lo es. Pero bueno, ellos sintieron la necesidad de usar el nombre para seguir trabajando. Yo di mi autorización, porque no vine al mundo para trabar ninguna historia personal.
Yo desde hace dos años y medios estoy en otro viaje.
La gente sola, cuando vaya a los conciertos sabrá.

-Gustavo ¿Cómo ha sido la experiencia de trabajar en la Caravana Mágica, una cooperativa de artistas?

GC: Es una cooperativa en conformación, porque todavía no está totalmente cristalizada, desarrollada. Esto es algo nuevo para mi y también para los compañeros.
Son chicos de acá, compañeros de La Paloma, chicos que eran músicos pero que laburaban en otros quehaceres para poder vivir.
Hay uno que lo que hacía era “quinchar”, poner techos de paja, otro era jugador de fútbol, otro tocaba la guitarra con Julio Víctor, miembro de Los Zucará, una de las bandas más importantes de protesta en Uruguay, junto a Los Olimareños que se opusieron al gobierno militarista de acá.
Lo cierto es que dos de ellos no conocía ni Buenos Aires. Entonces empezaron a salir de gira, a conocer ciudades. Y ver en las caras de ellos el agradecimiento y la alegría fue para mi una sorpresa y lo que estaba pasando me extrajo, me volvió a dar ese alimento para volver al sentimiento de cuando empezamos aquel proyecto juntos.
Eso, con el tiempo había muerto. Pero volvió a renacer a través de los ojos de ellos. Y eso se escucha en la música que hacemos, se siente en el arte.
Yo, estoy muy expectante, con mucha energía puesta en el trabajo que estamos haciendo que sería el tercero en mi etapa solista, por decirlo de alguna manera. No soy solista.
Éste segundo trabajo que hago con ellos, se va a llamar La Caravana Mágica, volumen II. Estamos trabajando en esto, en este presente y con tal felicidad que, ya lo verán.

-Desde Venezuela se perciben como tangibles logros de la integración Latinoamérica no sólo en aspectos políticos, económicos, sino también culturales ¿Cuál es su opinión del momento cultural que vive América Latina?

GC: Es un momento importante para la humanidad en general. Nosotros estamos llegando a un período crítico, de colapso de un sistema de vida, de una forma de vida, de una cultura que termina su viaje aferrándose a las cosas.
Estamos en la era por definición del tener, del consumo, de la explotación desmesurada de la piel, de la sangre de la tierra. Vivimos una era degradante, con vibraciones muy bajas. Entonces, la juventud necesita un espacio de conexión, de integración, de búsqueda de soluciones a esto, de explicaciones.
Por eso estamos respetando y volviendo a tradiciones milenarias, a los chamanes, a los curanderos, a encontrarnos con gente en el respeto del origen, de las tradiciones populares, el trueque, el encuentro para hacer la música. La música, las formas del decir de la diversidad cultural.
Esa integración que tiene que ver con lo diverso. No tiene que ver con lo absoluto, con los monocultivos, con la explotación de hidrocarburos, ni con la soja, el pino o el eucalipto.
Digo esto, porque con los monocultivos ignoramos que las grandes corporaciones hacen lo que hacían los gobiernos militares en aquellos momentos: ideas absolutas.
Las nuevas corrientes culturales buscan una integración, pero de los distintos, con respeto por lo distinto, buscando darle a lo distinto una oportunidad.
Creo que es algo que deben todos los gobiernos latinoamericanos a la gente y a sí mismos. Todos los gobiernos, por miedo a que se caigan sus economías siguen tranzando, siguen utilizando estos recursos antiguos, degradantes, que van destruyendo justamente esa diversidad, desde el punto de vista económico, cultural y social.
Culturalmente, cuando compramos autos que andan a petróleo y que contaminan el planeta. Haciendo rutas en el Amazonas, donde sabemos que detrás de un camino vienen las forestales desangrando el lugar, estaciones de servicio, contaminación, matanzas.
Detrás de cada camino hay una degradación, una invasión importante de lugares sagrados, en la selva, por ejemplo.
Como viene ocurriendo en toda Suramérica, los muchachos de las corrientes artísticas en la diversidad cultural y la integración latinoamericana de alguna manera están empezando a mostrar para que seamos conscientes de ver esa realidad y a poder deslastrarnos de los gobiernos y poder decirles: “muchachos, está bien todos los índices de los que me están hablando, de las riquezas para el país, pero esas riquezas no se distribuyen de una manera justa entre la gente”.
Las corporaciones llegan y lo único que traen es más pobreza, más dolor ¿Por qué no pensamos, justamente que debemos diversificarnos y que cada persona tenga un lugar digno? Atrevernos a eso, a diversificar las energías, los cultivos, a no consumir, a enfriar la economía, desconsumir, ser más austeros. Ese es para mí el lema del mundo posible.

-Quisiéramos que nos ampliaras tus recientes opiniones sobre Cristina Fernández y su gobierno ¿Por qué dices que es un proyecto decadente?

GC: Cuando vos como gobierno promocionás el consumo, lo que estás promocionando de alguna manera es la decadencia como forma de vida humana, porque el consumo es angustia, dolor; el consumo es problema de sobrealimentación, es tapar los agujeros existenciales comprando cosas, devorando cosas, contaminando, convirtiéndote en una persona desesperada; consumir es no saber qué hacer con tu vida, es gastar tu tiempo en el afuera y no conectarte con vos mismo.
Todos los gobiernos que promocionan el consumo, el ingreso de capitales y corporaciones lo único que quieren para su país es dolor ¿Por qué? Porque esas corporaciones desangran. Es darle al pueblo para que lo destruyan.
Estamos en un vecindario mundo que se está despedazando por un calentamiento global enorme, gracias al consumo. Vos, como gobierno no puedes promocionar la decadencia.
Si vos como gobierno promocionás eso, puede que tus índices sean elevados. “Se vendieron un millón de autos el año pasado, tanta soja; las arcas de no se qué están llenas de dinero, entonces vivimos muy bien”. Esos números lo que están escondiendo es una decadente calidad de vida.
Ayer, hubo 40°C de temperatura en Buenos Aires. Mucha gente se quedó sin agua, muchos sin luz, los aires acondicionados prendidos en fuego porque necesitaban enfriar y solamente calentaron más. La sensación térmica anduvo en 45°C, una temperatura inusual y absurda, patrocinada por el consumo.
Falta estrategia, espiritualidad.
No responsabilizo a la presidenta (Cristina Fernández) de eso. Nos responsabilizo a nosotros mismos, por darle valor y fuerza a una propuesta gubernamental. No es responsable sólo el gobierno.
Los gobiernos son la sintomatología visual de lo que nosotros somos.
Creo que ya es el momento de que paremos con el consumo de hidrocarburos y busquemos energías alternativas. Ante la desidia de la gente, empeoramos y no hacemos nada por cambiar.
Tenemos que hacerlo desde el discurso y la conciencia y los gobiernos tienen que ser responsables y frenar esto con políticas de austeridad, desconsumir.
No sabemos vivir sin consumir.
Esto está pasando desde hace muy poco en la humanidad, que estaba viva y se desarrollaba en otras épocas sin esto. Podemos volver a hacerlo. Tenemos que impedir que avance el consumo.
Por eso Argentina, Brasil y Chile son proyectos decadentes.

-Hablas de lo natural, de los chamanes y los curanderos y en verdad, en Latinoamérica, se siente un redespertar de estas culturas ancestrales, pero hasta eso es consumible, porque está de moda. Es decir la banalización de las tradiciones también se pueden comprar y no todo lo natural es inocuo.

GC: No podés jugar con lo sagrado y faltarle el respeto. Si te metés al mar sin rezar o si tomás la Ayahuasca sin la conducción de un chamán o de un maestro yagecero, la vas a pasar muy mal. Si lo tuyo es querer pasarla mal, vos seguí haciendo eso. Seguí fumando cigarrillos, seguí bebiendo alcohol, seguí comprando cosas.

-Pero, en esa cadena no está implicado nada más el que consume lo natural, lo ancestral, sino el que la vende ¿Tenemos salvación?

GC: Ese mismo Dios que alguna vez invadió a América a fuerza de espadas, de matanzas, de violaciones, sigue haciéndolo a través del dinero. El dinero es un Dios violador. Porque tengo dinero voy y lo compro, sólo porque tengo ganas. Ese es el nuevo violador moderno.
La colonización aun no ha terminado. Todavía hay muchas comunidades resistiendo en toda América. En Argentina hay miles de indígenas.
En este momento en Chile hay una ley antiterrorista que se aplica sólo al pueblo Mapuche, porque quieren terminar con ellos, porque tienen extensiones de tierras que custodian, cuidan desde hace miles de años y la respetan.
Con la ley antiterrorista ahora mismo los quieren hacer presos acusados de un incendio forestal que ellos no han generado.
Esa misma ley la está queriendo aplicar el G-20 en Argentina y en toda Latinoamérica.

-En la Venezuela bolivariana, después de aprobada la Ley de tierras que invita a ocupar a las terrenos ociosos y condena el latifundio, se cuentan 260 asesinatos de líderes en manos de terratenientes. Se niega la revolución, matando a los dueños de la tierra...

GC: Ellos no son dueños. Dueños somos nosotros. La figura de dueño es una figura delictiva. La propiedad privada es el primer delito que comete el ser humano. No te podés adueñar de la tierra, de algo que está para arrullarnos y que estuvo antes para miles de millones de seres humanos.
No somos conscientes de lo que estamos haciendo con la propiedad privada. Por eso hablo de proyectos decadentes. Por eso voy a lo profundo, no a lo superficial, ni a los discursos.
Estar conscientes del lugar que ocupamos y a quién le damos nuestro voto.

-¿Crees en el voto, Gustavo?
GC: No.

-Leímos en algún momento que fuiste ocupa y serlo tiene una carga de resistencia contracultural muy fuerte ¿Te sientes parte de alguna corriente política?

GC: No.
Me parece que la política tiene que ver con la razón. Lo que yo estoy proponiendo tiene que ver con el corazón. Me parece que la política hoy tiene mucho más que ver con la imagen pública, que con el hecho de hacer política real, verdadera.

-¿Y esa no es una posición anarquista?

GC: Podés ponerle el nombre que sea. Pero me parece que si hay alguien que tiene que gobernar es aquel que desde el silencio, hace. No aquel que desde la palabra, miente.

-Todo esto le parecerá a muchas personas altisonante, radical, egocéntrico. De hecho ex-compañeros tuyos te acusan de egocéntrico ¿Qué tienes que decir al respecto?

GC: Y bueno, si soy egocéntrico, soy egocéntrico. ESTÁN diciendo que soy egocéntrico. Pero ¿puede algún ser humano que esté vivo no tener ego? ¿Que no sea el ego el centro de su vida; que no sean sus propios ojos el filtro por el cual miran las cosas; que no quieran cosas para sí y que no se aferren a las cosas, a la vida; que no crean que sus opiniones son las más importantes? Que me digan si conocen a esa persona.
Es muy fácil ver afuera. Lo más superficial de la especie humana son las opiniones: hablar de otros y no hacerte cargo de vos mismo ¿De qué vale que yo diga que mis compañeros son tal o cual cosa, si no soy responsable de mi mismo, de lo que soy? Yo te puedo hablar de mí y te puedo decir cómo funciona mi ego, mis miedos, si soy envidioso, celoso. Puedo hablar horas de mí. Pero es una estupidez que hablen de mí, lo mismo si hablo de otros.
Aparte hace tres años que no los veo. Un ser humano puede cambiar en un segundo. Ellos están hablando con gran prejuicio porque no saben de qué me trato, en este momento, tres años después.
¡No seamos más superficiales, ni tan tontos, ni tan banales!
Si quieren saber de mi, estoy en contacto permanente. Puedo contar muy bien quién soy y les puedo asegurar que puedo llegar a ser mucho peor de lo que se imaginan, pero me hago responsable. Las opiniones son superficiales.

-¿Qué tipo de música hace Gustavo Cordera? ¿Haces rock?

GC: Hasta ahora, en el primer disco hicimos música romántica con fusiones pop. Me preguntaron por qué lo hacía ¿por qué un rockero contestatario no puede hacer canciones pop? ¿Por qué no? ¿Quién lo dice? Soy más rebelde que todos los que me dijeron que no se podía. Tenía ganas de hacerlo y lo hice.
Después, vino un disco de cumbia. “No puede hacerse cumbia”. Y lo que se viene... en el próximo disco... agárrense.

-¿Qué se viene?

GC: Va a ser muy picante, muy fuerte y también van a decir “antes hacías y ahora...” El arte es la necesidad de expresión de lo que te está pasando en el momento y hay muchas formas de hacerlo y eso es ROCK: no ser tan discursivo, ni obvio, contar tu propia historia, tu pasado, dar siempre un salto hacia otro lugar, sorprender, ser valiente. Eso es ser un verdadero rockero y yo lo soy.

-Hace mucho que no viene por estos lares ¿Cuándo regresa a Venezuela?

GC: Cuando llamen y me inviten. Cuando algún productor diga “queremos a la Caravana mágica en Venezuela”, ahí, ya está.

-¿Se acaba el mundo en el 2012 para Gustavo Cordera?

GC: No.

Se acaba una forma de mundo, no EL mundo.
Para los bancos, es el fin de mundo. Para las corporaciones, es el fin de mundo. Para los que se aferraron a la materia y no la pueden soltar, es el fin de mundo. Para los que crean que las computadoras y los teléfonos son la única forma de relación, es el fin de mundo.
Pero no se acaba el mundo para las personas que viven el presente y el ahora.
Quiero repetir algo: las personas no las vemos como son, sino que las vemos como SOMOS.

-Gracias por las buenas energías que transmites, Gustavo. La hemos sentido, hermano
GC: Gracias a ustedes dos y la verdad que me encantaría ir a Venezuela. Si pueden hacer algo porque eso pase, se los agradecería. Seguramente lo estarán haciendo cuando salga publicada la entrevista.
Chau chicos.

(*) Periodistas intragables

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La Geometría del profesor

María Fernanda Quintero (Desde Colombia. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El profe partió con sus recuerdos.

El profe, como lo solían llamar sus alumnos, se distinguía por un bigotico hecho en ángulos de noventa grados a cada lazo de su bozo. ¡Todo en él parecía medible! A diferencia de otros enclenques maestros, tenía unos enormes brazos musculosos, que desde joven había adquirido en el deporte. Estos le daban un aspecto fornido. Según decía su esposa, su prominencia torácica estaba marcada por sus luchas en el cuadrilátero. Gozaba de haber practicado, de jovenzuelo, la lucha libre.

Su padre, estricto y despreocupado, decía:

-¡Esto es diversión de sinvergüenzas, que se camufla como deporte!

En su casa permanecían obras de arte, libros, revistas y periódicos hasta en los baños. Cada miembro de la familia que entraba a cagar al baño se ponía a leer. ¡No alcanzaba a desocuparse la cisterna, cuando ya debía terminar la lectura! Algunos duraban sentados por horas, hasta que otro tocara la puerta. La casa del profesor era bien particular…o ¡singular!

Recuerdo.

En el baño colgaba una reproduccioncita exacta del cuadro de Cézanne, pintor de Aix-en-Provence. Pintura de nutridos colores que, con matices encendidos, resaltaba ciertas flores diminutas muy al estilo mediterráneo. Ese signo del arte le daba un aspecto tranquilito al baño, la ducha y el sanitario. Hoy día, el famoso original reposa en el museo de Vincent Van Gogh, en Holanda.

-¿Original?

-Sí. Sin ningún decoro, la propiedad de la pintura estaba extraviada y no era precisamente en el baño de la casa del profe. Ridículamente, las obras de arte no descansaban donde debían. ¡Siempre en el mundo artístico están el robo, el plagio y el enredo bien institucionalizados!

¡Nunca están las cosas en su lugar!

El profesor, aborrecido por tantas almas en el pueblo, se sentaba todos los días al mediodía a leer el periódico. ¡Sólo lo amaban los libros y un par de gatos! Nadie lo estimaba más que aquellos animales. Lo querían como él se lo merecía. Él, un alma buena, limpia e impecable, servía a la ciencia desde su casa. ¡Trabajaba de día y noche como burro de carga! ¡Leía testarudamente! Para sus habituales lecturas, compraba las tres prensas que circulaban en su ciudad. No le importaba que todas dijeran las mismas mentiras con diferentes verbos: a él le gustaba leerlas. Tenía sus preferencias, pero no las dejaba conocer.

Una mañana, sin más, el profesor, que tanto insistía sobre la ecuación de segundo grado, dijo que la fórmula se la habían robado al poeta Omar…

-¿Cómo? ¿Cuál poeta?

-Omar Khayyam.

- ¡Ah! El poeta persa.

-Sí. Omar Khayyam, el matemático, filósofo, astrónomo, conocedor de la lengua Farsi y gran reformador del calendario musulmán.

-¿Escritor del poema el Quatrenio?

-Sí, ¡el adorado por los musulmanes!

Hábilmente, decía nuestro profesor que los europeos se “tumbaban” lo que fuera. Los árabes, con su cultura magnífica, habían quedado en la línea suspendida de la historia y con ello nuestro mal aprendizaje del universo. Los occidentales se adjudicaban inventos, conocimientos y saberes de la historia que a veces no les correspondían o que plagiaban. Justamente eso le había pasado al poeta Omar Khayyam. Los europeos, deslenguados, desvirtuarían lo que fuera de los árabes con tal de no sentirse sacados en el tiempo.

A su casa llegaban habladores, profesores, amigos y estudiantes de todas partes para que les explicara sobre las mediciones, las variables y hasta la lógica que muchos ineptos no sabían. Decía de ellos:

-¡No saben, ni sumar!

Una mañana se levantó en un pueblo, era el nuevo profesor de la escuela. Caminando por la calle principal, con su maletica de libros, vio que se le acercaba un muchacho mulato, quien le preguntó:

-¿Eso qué es?

-¿Qué?

-Lo que lleva debajo del brazo.

-Una escuadra.

Siguió recorriendo la calle principal, pero al llegar a una esquina la policía lo detuvo. Llevado a la caseta, sentado, con su maletica al lado, el oficial, lo interrogó:

-¿Qué hace usted?

-¡Soy matemático!

-¿Y en este pueblo?

-Vengo a enseñar geometría.

-…y, profesor, ¿qué lleva usted allí?

-Mis libros y mis instrumentos geométricos, ¿por qué?

- Dicen que usted lleva un arma…

Mostró su maleta de cuero, llena de libros con temas de: astronomía, matemáticas, literatura, historia, antropología y algunas revistas de Play boy. ¡Su escuadra de geometría la sacó de debajo de su axila! Le explicó que era una escuadra de medición y no un arma. ¡No dispara!, dijo.

El oficial lo miró….y agregó:

-Perdone usted profesor, nos equivocamos. ¡Confundimos una escuadra con un arma! Usted sabe que nosotros los policías no sabemos de matemáticas. ¡Conocemos de otras cosas…!

Silencioso, el profesor lo miró fijamente y suspiró…

Recogió los libros, no sin antes cerrar su maletincito y dejar las chicas de playboy en la superficie de la maleta. Su escuadra la colocó debajo de su brazo y se despidió con un: ¡Hasta luego!

Esa mañana, no se contuvo un día más de ver el mundo al revés y decidió irse. Agotado, se cansó hasta de su mujer y de sus hijos.

¡Desapareció!

Hablaban algunos de que se había ido para otras tierras, pero seguía dándole importancia al álgebra de Baldor. Explicaba que si la gente no entendía mínimamente a Baldor… ¿qué podrían aprender?

¡Nunca supo que sus hijos serían matemáticos! Todos ellos respondieron a las variables matemáticas y al cálculo que, gustosamente, habían aprendido con él.

¡Las matemáticas las pondrían al servicio de sus existencias!

El profe partió con sus recuerdos. Se fue con su ábaco, la escuadra geométrica y su maletica llena de libros. Nunca regresó.

María Fernanda Quintero, colombiana, es docente universitaria e investigadora en el tema de memoria histórica. Articulista en análisis político. Participa en exposiciones y publicaciones en fotografía. Es conferencista nacional e internacional.

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Información de nuevo libro: “Bajo el imperio del capital”, de Claudio Katz

ARGENPRESS CULTURAL

¿Cuáles son las diferencias entre el imperialismo clásico y contemporáneo? ¿Cómo se transformaron durante la posguerra y bajo el neoliberalismo las formas de la dominación imperial?

El libro responde a estos interrogantes analizando el rol singular del gendarme norteamericano y estudiando los nuevos mecanismos de gestión geopolítica conjunta y asociación económica internacional. Describe el impacto de estos cambios en las relaciones entre potencias y en el manejo de los recursos de la periferia.

El autor objeta las interpretaciones convencionales y retoma las controversias marxistas sobre el imperialismo como etapa última del capitalismo. Evalúa las teorías actuales de la sucesión hegemónica y del declive estadounidense, indaga la hipótesis de un imperio transnacional descentrado y discute las propuestas de desarrollo multipolar cooperativo.

Toda la problemática imperial es actualizada a la luz de las modificaciones registradas en el perfil de las clases dominantes, el funcionamiento de los estados y el impacto de la ideología.

Edición argentina


Bajo el Imperio del Capital
Claudio Katz
Buenos Aires, diciembre de 2011
274 páginas, 23 x 16 cm
ISBN: 978-987-1709-14-4
Tema Teoría Política
Origen Argentina
Encuadernación Rústica

Edición Colombiana

Autor: Claudio Katz
Editorial: Ediciones Aurora (Bogotá, Colombia)
Espacio Crítico Editores
Fecha de edición: Octubre de 2011
ISBN: 9789584492395
Colección: K Movimiento
Formato: Libro
Terminado: Rústica
Tamaño: 16.5 x 24.5 cm.
Número de páginas: 282

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Carta a una ex-alumna sobre procesos y teorías del aprendizaje a partir del caso del niño salvaje de Aveyron

Jesús Dapena Botero (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Mi querida ex-alumna:

Cuando me preguntas sobre procesos y teorías del aprendizaje, tal vez pudieras presentar El niño salvaje de François Truffot, cinta de la cual, precisamente cogí, el final hace unos pocos días en la televisión, de tal forma que volví a degustarla con gran placer; ahora, el 25 de enero de próximo vamos a tener las Jornadas de Clásicos de la Psiquiatría, aquí en Vigo, para las que viene el discípulo de Eugène Minkowski, el psiquiatra Jean Garrabé, en las que se hace una revisión anual de algún tópico de la historia de nuestra especialidad, con alguna película alusiva al tema propuesto.

Recuerda que ese famoso niño salvaje, se llamaba Víctor de Aveyron.


Como el espíritu francés de aquel tiempo estaba inspirado en los ideales de igualdad, solidaridad y fraternidad de la Revolución de 1789, toda persona debía convertirse en sujeto de los Derechos Humanos y, por ende, aún los excepcionales niños lobos que encontraran en los bosques.

Este mocito era ya un púber, que unos cazadores se toparon en el monte, en algún lugar de los Pirineos.

Le habían visto totalmente desnudo, le dieron captura y lo llevaron a una viuda para que lo cuidara y protegiera. El chiquillo tendría unos once o doce años; recogía bellotas o buscaba tubérculos para alimentarse y, por las noches, se ocultaba y se acercaba a los pueblos vecinos en busca de comida.

Era salvaje, esquivo, inquieto e impaciente pero la gente del gobierno decidió trasladarlo a París, con lo cual, el problema del pequeño se convirtió en un asunto público; por ello, se consultó a Philippe Pinel, quien había empezado, durante los tiempos del Gran Encierro foucaultiano, a quitar las cadenas de los pacientes de los asilos y darles lo que él llamaría el tratamiento moral.

Sin embargo, el pronóstico que este doctor daba al pequeño era muy malo, de tal modo que la observación clínica y el posible tratamiento del jovencito fue asignado Jean Marc Gaspard Itard, quien deseaba ardientemente trabajar con el niño.

Itard llevo al pequeño a su casa, donde contaba con la ayuda de Madame Guerin, su ama de llaves.


Me parece muy importante un comentario, que hace añares, nos hizo Irene González, acerca del papel terapéutico que podía cumplir esta generosa y afectuosa señora en contraposición con el racionalismo científico del doctor, quien, desde la escuela de sordomudos, empezaba a abrir el campo de la investigación médico-pedagógica, cosa que pude confirmar al volver a ver la película tres veces más, después del comentario de Irene.

La postura de Itard era continuar con los lemas revolucionarios de igualdad, solidaridad y fraternidad, como ya te dije, de tal modo que su paciente se convirtiera en un sujeto de deberes y derechos, como ha de ser en una sociedad democrática.

Para esta nueva manera de pensar la política, venía como anillo al dedo, el tratamiento moral, que Pinel, acababa de inventarse en los albores de la Revolución Francesa.

Se trataba entonces de brindarle al jovencito una terapéutica psicológica, tendiente a la rehabilitación del ciudadano Víctor, para lograr su readaptación como sujeto en la comunidad, de tal manera que pudiera ser incluido en el seno de una sociedad democrática.

Desafortunadamente, Itard poco pudo avanzar con Víctor, para desmentir totalmente el biologismo determinista de Pinel, para quien, el pequeño poseía un cerebro deficiente o lesionado, que nunca accedería a una actividad psíquica normal.

Pero, Itard pretendía otra cosa; para él lo importante era modificar un supuesto estado de naturaleza e inscribir a Víctor en un estado de cultura, a partir de provisiones dadas por un entorno humano, como prolegómeno de una educación especial, que estimulara con precisión las áreas deficitarias, como bien nos lo señalan Analía Cacciari, Sandra Cedrón y Horacio Martínez, en su artículo sobre modelos en psicopatología grave en la infancia.

A pesar de ello, Itard nos enseñaría a tener en cuenta el espacio social donde se desarrolla un niño, como ámbito que pude aportar elementos esenciales al infante, asunto que el psicoanálisis tendría muy en cuenta para comprender cualquier tipo de psicopatología.

Para la realización de su tarea, Itard llevaba una especie de cuaderno de bitácora, que lo acompañara por los mares de su aventura política y humanitaria, como podemos verlo en varias escenas de la película.

Además utilizaba el material, aportado por el niño, para dar informes al Ministerio de Gobierno que patrocinaba este reto pedagógico tan avanzado, que conllevaría un enorme progreso al conocimiento lo humano.

No olvidemos que Donald Winnicott decía que la comprensión de las psicosis infantiles, del autismo más concretamente, ampliaría nuestra visión de la naturaleza humana.

Así el médico y pedagogo relataba minuciosamente observaciones, propósitos y experiencias que se hacían, los cuales serían publicados como muestra de rigor científico y metodológico, descritos y narrados con una gran claridad.

De esa manera. ese niño, desagradablemente sucio, para Itard, afectado de movimientos espasmódicos y convulsivos, que yo me pregunto en qué consistirían, a la luz de la clínica actual, con balanceos autistas, el famoso rocking chair, que más tarde describiría Leo Kanner, que mordía y arañaba a todos cuanto se le acercaban, sin que expresara otros afectos que la ira, dada su inmensa apatía por todo y su falta de atención, desmentía las tesis del buen salvaje rousseauniano, de tal manera que nos vemos enfrentados con la confrontación entre el Hombre Natural y el Hombre Moral.

El caso de Víctor confrontaba al hombre ilustrado, con esa pregunta que se haría, más tarde, Claude Lèvi-Strauss:

¿Dónde termina la naturaleza y comienza la cultura?

Para Lèvi-Strauss, el caso de los niños salvajes no sirve de testimonio de comportamientos realmente naturales, que para él son inexistentes; más bien dan cuenta de casos anómalos, donde tendríamos que preguntarnos por qué estos niños fueron abandonados, lo cual daría cuenta más bien de una monstruosidad de la cultura.

Bajo la mirada científica del iluminista, la experiencia con Víctor se convirtió en un puntal importante en el desarrollo de las llamadas ciencias humanas, dado que permitía convalidar o no las tesis de Rousseau, bajo el vértice de observaciones empíricas y objetivas de los hechos, el establecimiento de hipótesis y su convalidación o no en el campo de la experiencia.

Desde entonces, se pensó que el estudio del caso de Víctor sería muy importante para el progreso de los conocimientos humanos, siempre y cuando, hubiera un observador entusiasta y de buen fe, que estudiara a este ser en una situación dada de abandono, para ver si podía reintegrarse al mundo social, al mundo moral.

Era interesante para una intelectualidad que, se basaba en el Condillac, que llevaría a Francia, los principios del empirismo inglés, con base en la experiencia sensible, en oposición con el innatismo de Descartes.

Víctor daría la oportunidad de encontrarse en la realidad material con una verdadera tabula rasa sobre la que podrían grabarse nuevas experiencias y conocimientos, mediante estímulos, hasta llegar a procesos de pensamiento abstracto.

Y de alguna manera, Itard también se acogía al pensamiento de Cabanis, quien negaba la existencia de cualquier pensamiento, que no tuviese raigambre en la experiencia físico-fisiológica del ser humano, ya que los pensamientos eran los productos de segregación del cerebro, a la manera que los jugos gástricos lo eran del estómago, de tal manera, que se atacaba el dualismo cartesiano, basado en la existencia de dos aspectos en el ser humano, el del cuerpo y el del espíritu. Lo físico para Itard y Cabanis transformaba lo moral, por ello, el ser humano era tan dependiente del entorno.

Víctor nos enfrenta con el niño del empirismo, pues no pareciera traer consigo ninguna idea platónica, ninguna idea innata, que pudiera dar pie a ningún idealismo; se estaba ante la posibilidad de una educación verdaderamente materialista, para dar pie a una pedagogía científica.

Víctor se convertiría en el objeto de esa experiencia, como soporte material de los presupuestos teóricos del racionalismo francés postrevolucionario.

Tal vez, podría encontrarse respuesta al enigma de cómo se originan las ideas, de su relación con las sensaciones, de los procesos de adquisición del lenguaje, del desarrollo de las facultades de la psicología académica y los obstáculos con los que el desarrollo humano habría de enfrentarse y, ello, tendría frutos en campos prácticos como los de la educación y de la psiquiatría, que apenas empezaba a consolidarse como tal.

Víctor parecía ser un hombre natural, no corrompido por la sociedad, un buen salvaje, como una especie de ser humano primigenio pero también podía ser un idiota, un retardado mental o, tal vez, un sordomundo.

Pinel era el gran psiquiatra de entonces, amigo de Cabanis y de Desttut de Tracy, inclinado por el tratamiento para los locos en los manicomios, mientras Itard provenía de la escula de Sicard, un especialista, bastante creativo, en el tema de la reeducación de los sordomudos.

Para Pinel, Víctor era un débil mental, que carecía de pensamientos y afectos, limitado a un mundo elemental, de donde, para él, no sería el prototipo del hombre natural, sino más bien un desecho humano, ineducable e incurable.

Para Itard era un niño normal, que había sido marginado de la cultura, de tal manera que se habían lesionado sus condiciones de vida y de desarrollo, por lo que estaba necesitado de cuidados.

Para Itard, primaba lo social sobre lo natural en el caso del niño de Aveyron, de tal manera que si se quería ayudarlo había que crear un dispositivo médico-pedagógico, bajo los auspicios de las teorías de Condillac.

La responsabilidad de la sociedad era volver a traer a este niño marginado a su seno, como una obligación ineludible, mediante una educación, comandada por los conocimientos científicos adquiridos hasta entonces; en eso consistía su apuesta.

El niño fue confiado entonces al Instituto Nacional de Sordomudos, dirigido por Sicard, para ser confiado a Itard, quien reuniría la historia del infante y determinar sus falencias, para procurar suplírselas de alguna manera.

La experiencia duraría casi diez años, en un intento de llevar al niño del salvajismo a la cultura.

El sabio era consciente que había que tener también en cuenta los errores, porque de ellos también se aprende.

Pero, Itard no pudo superar la ideología de su tiempo, de tal forma, que Víctor terminó convirtiéndose en el niño de su deseo, lo cual, quizás fuera una gran invasión del Otro, de la que el niño se defendería en su aislamiento, ya no exterior y material, sino como refugio para salvarse a sí mismo, pese a los pocos adelantos que hubiese logrado tener. ¿Tenía razón Pinel al hablar de un retardo mental grave? ¿Se trataba de una psicosis injertada en la mente de un retrasado?

Llamaba la atención que el niño parecía insensible a cambios climáticos extremos.

Al principio de la experiencia se rasgaba las ropas que le ponían; parecía totalmente descontrolado.

Itard procuraría generarle una egodistonía con sus síntomas y algún sentido del pudor pero la tarea resultaba casi imposible; los métodos del profesor eran bastante drásticos, en contraposición al trato amoroso de Madame Guerin.

El pequeño mostraba marcas de viruela, tenía su rostro cicatrizado, y tenía una gran cicatriz en la garganta, lo cual hace suponer que hubieran tratado de asesinarlo, ya más grandecito, posiblemente antes de deshacerse de él.

El joven pudo medio domesticarse, algo mejoró su estado físico tanto como su sociabilidad, pero poco se consiguió con el propósito de lograr que aprendiese a hablar y a comportarse como un ser verdaderamente civilizado, lo que dio la razón al pronóstico de Pinel.

No se lograron grandes progresos, a pesar de todo el interés político, sociológico, médico, pedagógico y lingüístico que un caso como éstos podía suscitar.

Ahora se piensa que todo ese proceso médico-psicológico fue todo un ejercicio de lo que Michel Foucault llamó la microfísica del Poder , la cual se inscribe en el cuerpo, como un adiestramiento anatomo-político; lo que se procuraba era que el bárbaro se mimetizara con el civilizador, fuera esto en el campo de la motricidad gruesa, de las palabras escritas, que el sujeto debía aprender a asociar con referentes reales, en un esfuerzo, sin duda valioso, de tratar de entender la mente humana.

Creo que la película de Truffaut puede generar una fructífera polémica entre las madres comunitarias sobre la educación, ya que el director francés nos hace un buen racconto de todo un proceso pedagógico en la que el profesor Itard procuró ante todo:

Vincular a Víctor a la vida social y hacérsela cada vez más dulce; por eso, lo llevaba a pasear, para que se reencontrara con las vivencias de satisfacción que el niño podía tener en una vida, quizás, demasiado fisiológica, en la que el pequeño comía, dormía, sin hacer nada, mientras correteaba por los campos.

Despertar en él una sensibilidad, posiblemente bajo la égida de Condillac, en tanto y en cuanto, esta virtud daba cuenta del grado de civilización; para ello, el sabio utilizaría baños en agua caliente, se estimulaba el olfato, el gusto, se evitaba que comiera cosas sucias, en busca de una mayor complejidad de los sentidos.

Ampliarle el mundo de necesidades y relaciones, de tal manera que el placer se hiciera necesario; así, cuando iban a comer fuera de casa, Itard se ponía sus mejores trajes, de tal manera que Víctor pudiera distinguir ese hecho, como algo que anticipaba el gusto de salir a disfrutar de una mejor comida y el hecho de que Madame Guerin, le ofreciera alimentos sabrosos, hizo que se acercara mucho más afectuosamente a ella.

Se procuraba que el chiquillo hiciera uso de la palabra para expresar necesidades, pero pocos avances se obtuvieron en ese sentido, a pesar de que se sabía que el niño no era sordo, pero sí indiferente ante las relaciones humanas. La articulación de los sonidos le resultaba casi imposible, tal vez, sólo alcanzaría a decir leche en francés, que es algo que vemos muy bien en la película, sin embargo, no la pronunciaba como expresión de una necesidad, sino ante el referente mismo, que le servía de estímulo, de tal modo, que los avances en el uso de la lengua fueron bastante precarios e insignificantes, le era más cómodo seguir el lenguaje de los gestos.

Se pretendía ejercitarlo en las operaciones más simples para la transformación del mundo exterior, mediante juegos y ejercicios del pensamiento, con lo cual se logró un importante avance.

Creo que la paciencia y la tenacidad de Itard, así pueda criticarse como una aplicación de la microfísica del Poder, fueron virtudes importantes para empezar a pensar el problema de los niños sometidos a la marginalidad, sin que nos sobrecojan el miedo y el espanto.

Víctor fue refractario a un total proceso de domesticación.

El chico murió joven, en 1828, más o menos a la edad de cuarenta años, no se sabe si por una enfermedad física o por una melancolía, por causa de la violencia ejercida por sus captores y domesticadores. Así, no tuvo la suerte ni de Rómulo y Remo, ni de Mowgli, ni de Tarzán, esos personajes que salieron de pluma de Rudyard Kipling y de Edgar Rice Burroughs , dados a la luz muchos años después, que desmienten una realidad quizá bajo el impulso de ideas románticas.

El trabajo con Víctor resultaría todo un fracaso, en última instancia para Itard, quien había convertido a su pequeño paciente en el niño de su Deseo, sin contemplar verdaderamente cuál era el del sujeto al que se pretendía ayudar.

Si quieres ver la película completa métete a este link y ahí te irán apareciendo los siguientes:

http://www.youtube.com/watch?v=6dUW2YTN4Vw

Observa bien, como no se da un reconocimiento del yo (moi) ante el espejo y como gruñe, al igual que un animal salvaje, a la manera de un mono; la herida sobre la tráquea no dañaría su capacidad fonatoria, pero fracasaría la adquisición de un lenguaje articulado; mira como lo observan delegados de la sociedad parisiense, como si fuera el oso de un gitano; yo también los mordería, ¡vamos!.

Pinel piensa que es un idiota, la antigua nomenclatura para los retardados mentales profundos, cuando los moderados eran considerados estúpidos y los leves, morones; por ello, el famoso psiquiatra piensa que es mejor que esté en el manicomio de Bicêtre, puesto que le parece un peligro que esté en la escuela de sordomudos.

Pero Itard insiste en su deseo de educarlo.

Recomienda que al niño que hay inundarlo con un universo de palabras; hay que realizar toda labor higiénica; el niño oye, sin escuchar y mira sin ver, son funciones que habría que enseñarle.

Hay que transmitirle la urbanidad en un universo, donde hay un Itard, que funciona como un padre y una Madame Guerin, que sirva de madre, así el aprendizaje sea lento, asunto que comprende perfectamente el maestro; se trata de instrumentarle de a poco y permitirle que tenga una habitación propia; habrá que tener en cuenta que el choque con la cultura, con las frustraciones pulsionales a las que ella obliga, genere pataletas, frente a las cuales no hay que dejar hacer sino imponer algún límite; así aprenderá a vestirse por sí solo, al igual que a manejar el fuego.

Itard, sin embargo, no es acrítico frente a la propia experiencia, y sabe que de la lectura de íconos a las de la palabra escrita hay mucho trecho, lo mismo que en el pasaje del garabateo, descrito más tarde, por Lauretta Bender, como primer grafismo, a la la caligrafía; pero, Víctor lo sorprende con la inventiva que lo lleva a hacer un portatizas de cuero, por su propia iniciativa. Ello llevara al maestro a escribir:

Hay que haber experimentado la angustias de una instrucción tan penosa, para dirigir a este niño, desde su primer acto de atención hasta su primer destello imaginativo, para hacer una idea de la alegría que siento y disculparme porque me exalte ante un hecho tan simple y tan corriente – recuerdo que cuando me habló, tras un año y medio, de sesiones silentes el primer niño autista que traté, me provocaba salir gritando como Arquímedes: ¡Eureka! ¡Eureka! Y decirle a Consuelo, mi Madame Guerin, que su llamado niño-efigie, me había hablado; no es cosa vana -.

El vínculo ya estaba creado y creo que la amenaza de Itard de suspender el tratamiento, movió, en la transferencia, el sentimiento amoroso, que llevaría a avanzar a Víctor, al menos en la película de Truffaut, quien para aplacar o para reparar a su maestro se volvió más diestro en el aprendizaje, así hubiera en Itard un conductismo espontáneo – aún antes de Pavlov y de Skinner - , tal vez, necesario en los procesos de aprendizaje.

El filme es, sin lugar a dudas, lúcido, penetrante y detallado, basado en las propias memorias de Itard.

Truffaut, más allá del documental, crea una poética, al dignificar la relación entre el niño y su maestro, sin pretender grandes idealizaciones ni recurrir a formas demasiado melodramáticas, con un estilo más propio de la Nueva Ola Francesa, que de espectáculo hollywoodense.

La actuación de Jean-Pierre Cargol fue magnífica, nos dice la propia hija de Truffaut; era un niño gitano, de piel aceitunada, llevado al sur de Francia, por un tío suyo, muy conocido como buen guitarrista, pero poco se supo después del gitanillo, que sirviera de actor a un Truffaut, movido por una profunda preocupación por la causa de los niños, especialmente de aquellos marginados y maltratatados, a quienes no se reconocían sus derechos, ya que el propio Truffaut había requerido de una piel dura en su propia infancia, de tal forma que su primer filme, Los cuatrocientos golpes fuese tan autobiográfico, al hablar de la indiferencia de los padres frente a un hijo.

El interés del director fue mostrar la relación entre Itard y su entenado, en un vínculo no tanto sentimental sino de amparo y de cuidado, para mostrar cómo los adultos llegan al mundo de los niños, algo que debía ser personalmente importante para el diretor, quien decidiría asumir el papel del propio Itard.

La cinta sería dedicada a Jean-Pierre Léaud, quien había sido Antoine Doinel, el púber de Los cuatrocientos golpes, y le había posibilitado al director acercarse a la niñez descarriada, de una manera distinta a la de Auguste Aichhorn.

No hay que olvidar que Truffaut tuvo una infancia desgraciada, siempre metido en problemas, enfrentado con la Ley, ya que robaba para comprar boletos para ir al cine; era un niño en permanente conflicto con sus profesores, lo cual dificultó su educación, a lo que se sumaba una ausencia de padre y una madre que no confiaba en él, hasta que fuera adoptado por el cineasta francés André Bazin y su mujer.

Seguramente, eso hizo que se interesara por la desgraciada infancia de Víctor de Aveyron y en el filme pasaría de niño en conflicto con sus profesores, a convertirse en un eminente pedagogo, que trataba de sacar a un chiquillo de su condición de niño salvaje, un filme hacia el que Truffaut siempre conservaría un gran cariño, con un magnífico montaje y un gran sentido del ritmo, instrumentación mediante la cual intentaba hacer que el espectador no se aburriera y aprendiera bastante.

¡Lástima que el gran director no fuera un buen actor, lo cual lo hace bastante inexpresivo a diferencia del ginatillo. Jean-Pierre Cargol, tan rico en expresiones, capaz de transformar al personaje a lo largo de la cinta!

Otras cintas que pueden serte útiles sobre el tema son Milagro de Amor de Arthur Penn con Anne Bancroft:


Una de sus escenas podrás verla aquí:

http://www.youtube.com/watch?v=X7gFrrl2ovA

y Gaby, dirigida por el mexicano Luis Mandoki, con Norma Aleandro y Liv Ullmann, que creo que vimos juntos, en un teatro que quedaba en Palacé con Perú, cuyo nombre no recuerdo, cinta que trata sobre la verdadera historia de la escritora del país azteca Gaby Brimmer, aquejada por una parálisis cerebral, quien sólo tenía movimiento en el pie izquierdo, que vino a ser un estímulo para Elena Poniatowska para hacer un himno a la normalización educativa, sexual y social de los discapacitados. ¿Recuerdas?

Mira bien este link:
http://www.youtube.com/watch?v=NHEgJpJ9U04

y si quieres verla toda arranca por aquí:
http://www.youtube.com/watch?v=pW3PVCRLo30

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Monólogo sobre la perversidad (o como yo cuento el cuento de un viejo que habla con un mapache)

JM. Rodríguez (Desde España. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

Epígrafe primero

Entenderé a los que no se detengan a leer esto. En un mundo donde las precariedades del empleo pasan a llamarse desregulaciones laborales y la frustración personal encuentra como consuelo “construir” un avatar en Second life, debe haber poca gente a las que le quede espacio libre donde encajar el cuento de un viejo que dice hablar con un animal encerrado en una jaula. Es comprensible, en estas circunstancias de vida tan comprometida, que no se quiera “invertir” el tiempo, tal como aconseja el espíritu empresarial, oyendo la narración que hace este viejo de su conversación con ese bicho del bosque, medio gato, medio oso, que, la antigua lengua de los descendientes del “Colibrí del Sur” llamaba maplacti. A los pocos que sí están dispuestos a aventurarse en la escucha les diré que lo aquí referido es tan real como la ocupación de esos otros tan atareados. Y como no se trata, tampoco, de abusar de la generosidad de esas almas libres y ociosas, oigamos, de una vez, al solitario conversante.


(Es media mañana en la cafetería. Hay escasos parroquianos. En una de sus mesas, frente a un ventanal, está un viejo que mira absorto a través de él. Tiene cuidado aspecto. Deja sobre la mesa una taza de café aún humeante y comienza a hablar. Lo hace con voz reposada y la mirada fija en ese ventanal)

Lo conocí en el zoológico, hace ya algún tiempo. Me había sentado al lado de su jaula para comerme unas nueces cuando el animal, sacando una de sus patas delanteras por el entretejido de alambre que lo encierra, me dijo, en náhuatl, ¿Me das una? Yo lo miré doblemente sorprendido y vi, tras su negro y divertido antifaz, una inteligente mirada. Le di la nuez que tomó con mano hábil y con agradecimiento. Nos hicimos amigos. Siempre regresaba a hablar con él, tenía una talentosa conversación.

(Pausa para tomar un sorbo del café)

Un día comenzó a hacerme preguntas sobre ese aparatito que llaman blackberry. Quería saber por qué la gente le prestaba tanta atención. ¡Ni me lo preguntes, no es fácil entenderlo!, le dije, A mí, que nunca he sido retrógrado, ni lo soy ahora como resultado del reblandecimiento que trae la vejez, me cuesta mucho comprender las razones que llevan a tanta gente a colgarse literalmente de ese aparatito. Lo hacen mientras manejan dándose trompicones contra otros vehículos conducidos por choferes que andan en lo mismo. Tampoco lo sueltan cuando se llevan la cuchara de sopa a la boca y ni siquiera en esos momentos en los cuales se disfruta, y disculpa mi concupiscencia, montando las caderas de la pareja. Es más, aseguraría que, estando en esos esfuerzos amatorios, más de uno es capaz de mostrar a su amante el tuiter que acaba de recibir, que es, sin duda alguna, un chiste, un chisme o una mentira, y seguí, Hablando de caderas, antes los hombres chocábamos nuestros vehículos porque nos quedábamos viéndolas, y te puedo decir que, en algunos casos, bien valía la pena. Creo que estas últimas reflexiones desconcertaron al mapache porque me interrumpió: Ahora me resulta más difícil entender a qué te estás refiriendo. No me hagas caso, le dije yo, quise decir que es tal la dedicación que prestan a ese artefacto que, cuando levantan la vista no miran nada, sus ojos ven, claro está, pero el cerebro no interpreta, sólo reconoce la imagen, como la memoria de un disco duro reconoce un documento. Me ven y oyen que estoy hablando contigo pero no se asombran por eso, a lo sumo alguno me compadece ¡Pobre viejo, no tiene con quién hablar! A mí no me oyen, dijo él, Contigo no hay remedio, ninguno de los de que carga ese aparatito en la mano puede escucharte. Imagínate cuántos millones de personas están imposibilitadas de oír tus palabras, y mira que ellas son un asombro, mucho más que ese artefacto de circuitos electrónicos que las escribe. Las tuyas han recorrido todas las edades desde aquel lejano tiempo de los ocelotes, le dije para reconfortarlo. No es sólo que no nos escuchen, viejo, somos invisibles para los que no hablan nuestra lengua, que es bastante peor, me dijo. La invisibilidad de los que no son iguales es un fenómeno corriente entre los humanos, más aún si esos “no iguales” hablan lenguas desconocidas, ¿quién puede oír a un mapache? y menos aún hablando náhuatl, le dije yo. Tú lo haces. Mi caso no es común, yo soy un invento.

(Larga pausa, el viejo toma el resto del café y, con la tasa aún levantada, se queda mirando al vacío)

Y si eres un invento ¿por qué sabes más de nosotros que yo de ustedes?, dijo. No es cierto que conozca mucho de esos que poblaron las tierras que habitabas, pero sé que son una herida abierta con un dolor oscuro e interminable, dije yo. El dolor, la nostalgia o el desaliento de la gente que habita allá, se convirtió en piedra y sus palabras enmudecieron, dijo él, y continuó, Sólo entre ellos se escuchan, como tú me escuchas a mí. Yo le dije, Lo que oigo a través de tu lengua son los sonidos de la naturaleza, y él respondió, Ya no es así, cuando uno está encerrado aquí, en esta jaula, lejos de donde nacimos, hasta los sonidos de la naturaleza nos resultan difíciles de interpretar.

(Una pausa, se para, mira al techo y continúa)

Tu vida aquí es una mierda, lo que escuchas son sonidos mecánicos, y los naturales suenan tan extraños que no los reconocerías, le dije con brusquedad, y continué, en la naturaleza el trueno tiene un sonido esperanzador, en la ciudad es ominoso, en la naturaleza, y tú lo sabes muy bien, los sonidos acompañan al tiempo, cambian con él, son diferentes cuando llueve o al caer la noche, y se transforman con cada estación. Con voz apagada él me contestó, Por estar encerrado aquí oyendo esos sonidos que llamas mecánicos, he perdido mis instintos. Ya no estoy alerta por las noches, no olfateo la fragancia de las montañas, no oigo al grillo tocar, ni veo a la rana saltar en el agua. Cuando ustedes se van, que son nuestra distracción, todos los animales que permanecemos aquí, terminamos por dormirnos. Para nosotros, los animales de la noche, la oscuridad ya no produce ilusiones, eso es lo peor de este encierro. Se quedó un rato callado y luego volvió al inicio de nuestra conversación, Continúa hablándome de esos aparatitos que todos contemplan como si se tratara de una obsidiana rayada.

(Pausa, aún de pie, dibuja en su boca una ligera sonrisa)

Esa es la realidad, todos andan ridículamente embelesados con esa obsidiana rayada, como tú la llamas, y le conté, había en el sur, hace ya algún tiempo, un gran dibujante que diseccionaba con muy fino humor la estupidez humana, sus dibujos eran como una cuchilla afilada. Recuerdo ahora uno de ellos, dividido en tres cuadros: en el primero aparecía un sujeto grabando en un aparato el trinar de un pájaro que estaba parado en su ventana. En el segundo cuadro, completada la grabación, el sujeto lanza un manotazo al pájaro para ahuyentarlo. En el último aparece el sujeto, sentado cómodamente en una butaca cerca de esa ventana, oyendo complacido la grabación del trino del pájaro. Ahí tienes una explicación certera, y premonitoria, de ese embelesamiento por la obsidiana rayada.
(Pausa larga, el viejo vuelve a sentarse.)

Trato de entender el cuento del trino del pájaro, no es fácil comprender la racionalidad humana, dijo él y concluyó: Imagino que cuando hablas de la grabación del trino te refieres a replicar su imagen, la imagen del sonido. Sí, así es, le contesté. Esto resulta extraño, me dijo, la imagen del sonido del pájaro es el pájaro, como el rayo es la imagen del trueno o, dicho de otra manera, la cascada es el sonido del agua. Eliminar la imagen para quedarse con el sonido, o al revés, es fragmentar lo natural, cosa que ustedes, los humanos, hacen permanentemente. Yo le dije, Tienes que reconocer, mapache, que no todo es así con nosotros, con la lengua, por ejemplo, hemos podido avanzar más allá del sonido de las palabras, hemos podido con ellas, con las palabras dichas y con las escritas, construir imágenes, con tanta fuerza como esos dibujos que te mencionaba. Y él lo entendió bien, Es bueno que sea así, la palabra dicha se pierde en el viento si no es recogida y transformada en imagen. Así lo hicieron en Aztlán, y esas imágenes eran memorizadas por los sabios de las doce tribus, que por eso eran sabios. ¿Eran también doce tribus? ¿Cómo las de Abraham?, le pregunté yo. ¿Quién era Abraham? me preguntó él. El origen de las bajezas contra los cananeos, le dije.

(Pausa, el viejo adopta una postura distendida)

No sé de qué hablas, dijo. Es muy complicado, dije, lo cierto es que la memoria de esos sabios que tú mencionaste fue liquidada por la intervención de aquellos, venidos de afuera, que tenían más de guerreros que de sabios. Esos eran bárbaros, expresó con enojo, cometieron tantas bajezas como las que atribuyes a ese tal Abraham. Sí, lo eran, del alma, le dije, pero venían respaldados por un poder mayor que el acero de sus espadas y corazas. Era la palabra escrita que, a diferencia de la de ustedes, contenía el vocabulario total de la palabra hablada.

(Pausa, se mantiene recostado del espaldar de la silla mientras gira su cabeza de uno a otro lado)

Entiendo a lo que te refieres, he seguido la historia primera de aquellos lugares y la que luego se estableció. He visto las grandezas y también las perversidades que han realizado, el lenguaje es una de esas grandezas, fragmentar el mundo en pedazos para flotar, como bloques de hielo en mares tormentosos, es su perversidad. Sólo los dedicados a la flor y el canto… ¿La flor y el canto?, le interrumpí. Eso que ustedes llaman poetas, me dijo, los de la música y los de las artes, ellos se han salvado de ese derivar, el resto de los humanos son ocupantes transitorios de esas plataformas flotantes, unas grises, tan grandes como depauperadas, donde se trasladan, masivamente y con sus penas, todos aquellos que han sido objeto de la fragmentación. Otras, las que llevan a los que fragmentan, acumulan sobre ellas tal cantidad de riquezas que producen encandilamiento… Y mentiras, dije yo. Por eso es un resplandor engañoso, dijo él, y aún así todos tratan de llegar a ese resplandor, no comprenden que como es engañoso resulta inútil el esfuerzo. Para ser animal describes bien la situación de la humanidad, debe ser más fácil observarla desde afuera. Si se toma la distancia suficiente puedes ver lo real y lo que de esa realidad se cuenta, contestó él. Los que no miran y sólo oyen los mensajes que, paradójicamente son visuales, solamente ven el brillo de los que los emiten, no ven las oscuras sombras que tras ellos se generan, le dije yo. Los fragmentadores necesitan mantener constante el resplandor engañoso para que esas sombras no sean vistas, me dijo él.

(Pausa, el viejo, de nuevo de pie, parece seguir un movimiento.)

Volviendo al blackberry, que tú tan hermosamente has llamado la obsidiana rayada, le dije, él tiene la potencialidad para establecer y mantener redes sociales extensas que, sin duda alguna, facilitan a la gente expresar sus dolencias y querencias, sus adhesiones y repulsiones, sin embargo, lo visual se antepone al pensamiento y, como si fuera poco, unas relaciones operacionales, que alguien decidió, fragmentó la escritura, no en sílabas que es como se construyen las palabras, sino en caracteres que terminan uniéndose de cualquier manera. Es la paradoja del largo alcance y la corta profundidad, que no es brevedad como en el haiku. Con ese aparato la flor y el canto no tienen mucha vida, nadie desea leer algo que requiera más que una mirada de venado. Entiendo la imagen, me dijo escondido en la zona oscura de su jaula, sé como miran los venados, y te pregunto ¿resultaría muy difícil para ti traerme uno de esos aparatitos?, no te sorprendas, mi interés está en conocer cómo funciona.


Epígrafe segundo

No nos detengamos –por aquello del poco tiempo– oyendo al viejo describir las dificultades que tuvo para lograr que alguien le prestara, por un día, su blackberry, sin tener por ello que aclarar que quería mostrarle su funcionamiento a un mapache –tal cosa le hubiera costado que no le prestaran nada y lo mandaran visitar al psiquiatra–. Y la dificultad estaría, no sólo, en esta temporaria cesión, tendría, adicionalmente, que recibir las indicaciones mínimas necesarias para su uso. No sabremos nunca si tal cosa sucedió, ni qué fue más difícil: conseguir que un afectado del corazón dejara su marcapaso o, que un analfabeta digital como el narrador, entendiera las operaciones que hay que realizar con este artefacto para hacer lo que deseas hacer. Lo cierto es que el viejo afirma haber logrado ambas cosas, pues nos cuenta que pudo llevar la obsidiana rayada a su amigo, quien mostró, rápidamente, por qué lo llaman “el de las diestras manos”.

(El viejo, ahora en cuclillas, parece sacar algo del bolsillo de su saco extendiendo la mano para ofrecerlo.)

Aquí tienes lo que me pediste.

(Hay una larga pausa mientras mueve la cabeza como si siguiera algún movimiento.)

Tienes una habilidad sorprendente para manipular ese aparato que mantiene a tanta gente ocupada, le dije, y continué, Ahora podrás ver, gracias a las diferentes cadenas de relaciones que se pueden establecer con él, junto a los cortos mensajes desestructurados que te contaba, reflexiones algo serias, insólitas argumentaciones y perversidades que hacen dudar de la racionalidad humana, con imágenes incluidas. Manipularlo es una cosa, me dijo, leer lo que contiene, otra, no conozco el idioma de ustedes y no creo que, por aquí, alguien pueda mandar mensajes escritos en náhuatl. Tu dificultad la resolvemos con mi traducción, le dije yo, Lo que quiero leerte es un artículo que está ahí, que me parece ejemplar para darle dimensión a la perversidad que tú mencionaste en nuestra anterior conversación. Lo que más asombra es que, quien lo escribió, no parece ser un vocero de intereses multinacionales, o dirigente significativo de algún partido político empeñado en alcanzar el poder, no es un fragmentador, sólo un ciudadano como cualquier otro, seguramente un buen padre de familia que luego de acostar a sus hijos y mientras la esposa coloca en el aparato de lavar los trapos sucios, se sienta a descargar en la computadora los odios que arrastra, y a tener sexo con el dibujo animado que construyó para su segunda vida virtual, donde no hay hijos, ni esposa que lave trapos sucios.

(Pausa, el viejo hace otra larga pausa antes de volver a hablar, luego lo hace en voz baja, como para sí mismo)

Tuve que hacer un largo rebusque del artículo en cuestión, en ese terreno mi capacidad operativa es muy deficiente. Cuando lo encontré procedí a leérselo al animal que permaneció, sentado como los osos, sobre sus cuartos traseros, atento a la lectura. Se trataba de un escrito en el que, curiosamente, las palabras estaban aleatoriamente impresas en diferentes colores. Era una escritura literalmente en technicolor. Su autor, el posible buen padre de familia, se quejaba de que, luego de la demolición de aquel país del Magreb, habría que esperar treinta años para que la Organización del Tratado para Arruinar Naciones hiciera lo mismo con este territorio, pues ya habían conseguido todo el petróleo que iban a necesitar durante ese tiempo. El individuo decía con desaliento: “nos quedaremos esperando que las potencias decidan, algún día, demoler la basura que aquí tenemos para construir el modo de vida de ellas”. Terminada la lectura le pregunté al mapache ¿Qué te parece esto? ¿quién en su sano juicio dice lo que dice y además en technicolor? que por cierto, es mucho peor que el extravío de sodomizar dibujos animados en una limusina virtual que circula por Coral Gables. Eres terrible viejo, puedo decirte que, más allá de la atropellada redacción y esa infantil manía por las letras en colores, lo significativo está en que ayuda grandemente a entender aquello de las plataformas flotantes y el resplandor engañoso, ese que lleva a la gente a decir y hacer cosas insólitas, inclusive, a soñar con eso que acabas de describir. ¿Cosas insólitas, mapache? Está loco de la cabeza, le dije escandalizado. Habría que decir, acotó él, en descargo de ese señor, que sólo está respondiendo a los estímulos que copan su espacio sensorial. Y el mayor estímulo, yo diría el único estímulo, es el resplandor que emana de esas lejanas plataformas flotantes, ese resplandor obnubila todos sus sentidos, dijo. Bueno, si no está loco, es un pobre animal respondiendo a estímulos engañosos, le contesté yo. Tampoco es eso, viejo, los animales estamos atados a las leyes naturales, mira a cóatl, la serpiente del desierto, ella capta las vibraciones, el olor y el calor de su presa, y también, en la época del celo, los efluvios de su potencial pareja. No se engaña, ni se equivoca en su objetivo, no busca apropiarse de nada, no acumula nada, sólo la mueve la contienda de la vida. ¡Qué bueno es oírte decir esto!, le dije, siempre he desconfiado del relevante papel que le asignan a la competencia, ella es, para mí, un desarrollo instintivo de los animales, necesaria, como tú dices, para la sobrevivencia de su especie, los humanos sólo la necesitamos para los juegos físicos, en lo demás la razón la hace innecesaria. Sin embargo se estimula para acumular poder y riquezas, que siempre significará apropiarse de lo que le corresponde a otros que no tenían como llegar. A mí me parece fácil entenderlo, dijo él. No es nada fácil, mapache, la competencia, la propiedad y la acumulación conforman valores fundamentales para la sociedad occidental, cristiana y capitalista. Y eso, frente a un mundo lleno de injusticias, y no por causas divinas, es una perversidad. Tú lo explicaste muy bien con lo de los hielos flotantes. El asunto ideológico, acotó él, o el religioso, no explica la totalidad de lo que la gente hace, no todo está contenido en las tesis filosóficas que ustedes escriben, los de uno u otro lado, ni por las escrituras sagradas o teologales. Ellas no permiten explicar la tortura y el asesinato colectivo, sólo la perversidad, que no queda disminuida por las sicopatías que la generaron. Y yo le dije: Cuando dices eso, mapache, supones que la perversidad sólo es una sicopatía. Hay otro tipo de perversidad, la ideológica. La primera es simplemente un trastorno de la mente del cual el enfermo puede o no estar consciente pero que le es inevitable. La segunda, la ideológica jamás es reconocida por quienes la portan, ni identificada por los médicos. El que te encerró en esta jaula no lo hizo porque sufra de la primera perversidad, seguro que sí de la del segundo tipo.

(Pausa, el viejo, se levanta de nuevo y gira en círculos.)

A mí, que ya me cuesta mucho entender las convicciones que ustedes, los humanos, construyen, eso que llaman ideología, se me hace más difícil aún entender que se las construyan perversas. Entiendo tu incredulidad, le dije, en definitiva no perteneces a la especie humana, pero no te engañes idealizando la vida pasada en tus tierras de origen, allí, los pobladores originarios también tenían convicciones perversas a la luz de cualquier consideración de humanidad, que es el aliento vital de la especie. ¿A qué te refieres?, preguntó con sorpresa. No te hagas el tonto mapache, abrirle el pecho a la gente porque Tezcatlipoca lo exija para apaciguarse, no forma parte precisamente de la flor y el canto, le respondí yo. Sin embargo, así ha sido siempre, ve a Abraham dispuesto a degollar a su hijo a petición de un supuesto dios, pareciera que no es posible para los humanos construir convicciones para la vida en colectivo sin la muerte de otros, concluí. No confundas, viejo, la muerte ritual con la perversidad, aquella es parte de las convicciones religiosas. Eso sólo es así, le dije, cuando el sacrificado lo hace de manera voluntaria, el mito de Cristo. Pero cuando se sacrifica ritualmente o en el trabajo a los esclavos que fueron tomados por la fuerza, la religión es una mierda perversa. No si tus dioses te lo piden, dijo él. No me vengas con esos cuentos, y sé que lo dije perdiendo mis serenos modales, La perversidad está en atribuir a dioses inexistentes algo que sólo es una satisfacción humana, o una justificación de conductas aberrantes.

(Pausa, continúa su movimiento circular.)

Tú eres un descreído, y lo dijo con voz cansada. No se trata de eso, y disculpa mi irreverencia, le dije, ya las muertes rituales quedaron atrás, ahora la muerte de los otros es más rápida, directa y masiva cuando de imponer valores se trata. Te voy a dar tres ejemplos, y hay muchos más, de la perversidad de origen de la ideología dominante en el mundo, que es perversa por ser una ideología de la exclusión y la muerte: la asociación del cristianismo a los intereses del capital que hace, a los ojos de los creyentes, congraciar a dios con la acumulación de riquezas; la propiedad de la tierra, que implica la subordinación de la naturaleza al capital, ya que la tierra fue su base fundamental, y por último; la subordinación de la vida a la capacidad de consumo, un consumo innecesario de cosas desechables. Estos tres fundamentos de la ideología hegemónica han generado y está por generar, aún de peor manera, consecuencias tan terribles para la humanidad que, ríete de los sacrificios rituales.

(Pausa, el viejo ha detenido su movimiento.)

Yo pudiera decir que el enunciado de esos tres fundamentos, con una explicación diferente a la que tú das, es decir, sin la carga maligna que le colocas, habla de los principios y valores que guían la vida de los que asumen esa ideología como suya, me dijo. ¿Estás hablando de la ética del capital?, y de nuevo levanté la voz, Pues te lo digo de una vez, eso es otra manifestación de su perversidad de origen, ya son cuatro, no tiene ética, el capital sólo tiene un norte: acumular fuerza y poder para imponer su voluntad. Y va más allá, cree que sólo con el control oligopólico del mercado, que es como llaman a la gente, se pudiera plantear alguna posibilidad real de actuar éticamente, le dije. El mapache, con voz pausada me contestó: Seguramente esas cosas que señalas son ciertas, como lo es que, en los territorios controlados por los que, se suponen, creen en una vida en colectivo, ocurren perversidades semejantes, incluyendo a los animales encerrados en tristes jaulas como esta. Yo no le di tregua, Estás perdiendo profundidad, mapache, la perversidad sicopática puede impregnar el ejercicio político, de hecho, es de lo más frecuente, y eso afecta también a los que dicen defender lo social del arrebato capitalista. El poder político es parte de ese gran resplandor que obnubila todos los sentidos, y cuando alguien se adueña de él ocurren las peores tragedias. Así ha sucedido. No se diferencia ese uso unilateral del poder político colectivo del que ejerce una corporación, sólo que el engaño es mucho mayor. En todo caso, los deseos enfermizos de disfrutar de lo que llaman la “buena vida” o, por resentimiento, de castigar a quienes la disfrutan, incluyendo el uso de la mujer como objeto sexual, está detrás de las aberraciones y asesinatos que diariamente nos estremecen. Ahora el animal hablo con suavidad: Hay un poema que cantaban los seres que habitaban nuestro territorio, que dice: “Amo el canto de cenzontle, pájaro de cuatrocientas voces, amo el color del jade y el enervante perfume de las flores, pero más amo a mi hermano, el hombre”, y concluyó, Sin embargo, ahora pareciera que los deseos del hombre no son para el amor sino para el arrebato. Así es, mapache, así es. La cosa es peor cuando ese arrebato se convierte en política, es lo que lleva a una potencia mundial, a bombardear países dirigidos por gente que no “facilita” los objetivos de la potencia. Ellos lo justifican diciendo que están actuando para mantener su “buena vida”, y hablan sin un sonrojo, de la defensa de sus intereses. Y peor aún, los muertos que tales acciones irremediablemente producen son, para ellos, sólo daños colaterales. Igual que si, en un secuestro para pedir rescate, se armó una balacera y murió el que iban a secuestrar, eso fue un daño colateral. El objetivo de los bandoleros no era la muerte del rehén sino su dinero, le dije. Suena un poco panfletario, y perdóname el adjetivo, viejo, lo que quiero decir es que cuando este tipo que escribe en technicolor se queja de que, por ahora, eso que llamaste la OTAN, no los invadirá a ustedes, no lo hace por ser un agente de ellos, y ni siquiera porque sus convicciones sobre el capitalismo le permitan darse una explicación que justifique el sacrificio, lo hace porque le importa un bledo los miles de muertos que se van a producir, sean o no partidarios del bombardeo. Él en lo único que piensa es en ponerle la mano a una parte del botín que no tiene, o de defenderlo si ahora lo posee y supone que lo va a perder, es puro individualismo.

(Pausa, el viejo mueve la cabeza en clave negativa, frunce la boca con desaprobación y se pone a caminar de un lado a otro)

Está bien, mapache, soy panfletario, pero ese individualismo que mencionas es deshumanización pura, que es la quinta perversidad. Contra eso no es la bondad lo que puedes contraponer, no es Quetzalcóatl o Cristo, tan benevolentes como imaginarios, lo único que puede revertir la injusticia y la desigualdad es la equidad. Y tal cosa no florece sino en un paisaje donde la igualdad sólo sea contrariada por la diversidad. Ese es el paisaje de lo social, de la complementariedad comunitaria, del intercambio equivalente.

(Pausa.)

Viejo, si de revertir la injusticia se trata ¿por qué no me ayudas a escapar de este encierro? Regresaría a mis tierras, allí hay un paisaje propicio para sembrar las flores que mencionas.

(Ahora, el viejo se sienta en el suelo, esboza una sonrisa abierta y concluye su monólogo)

Y deben saber que un buen día, la alambrada amaneció cortada y la jaula vacía.

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Música: El vals peruano

ARGENPRESS CULTURAL

El vals peruano es un subgénero y adaptación musical del original vals europeo, originado en el Perú o también denominado un género de la música criolla y afroperuana.

El vals, proveniente de Europa, con matices diversos en su ejecución, vals vienés, vals francés, es el preferido por los compositores que fueron plasmando la historia, las formas de pensar y sentir de los limeños. El vals instrumental practicado por los sectores aristocráticos, fue transformado por los músicos populares, quienes los transfirieron de la orquesta de cuerdas y el piano, a la práctica de la guitarra y con textos propios.

El canto solista o en dúo, acompañado al inicio por guitarras y luego también por el cajón, era parte fundamental de toda reunión o jaranas, en casas, solares y callejones, instancias en las que se desarrolló ésta música. Las Valses más antiguos, de fines del siglo XIX, y principios del Siglo XX, se reconocen como valses de la "Guardia Vieja". El tiempo y la práctica popular de la tradición oral hacen perder la memoria de algunos autores; sin embargo, en "El Libro de Oro del Vals Peruano", escrito por los musicólogos: Raúl Serrano y Eleazar Valverde, constan entre los más importantes compositores de la Guardia Vieja: José Sabas Libornio-Ibarra, autor de la mazurca "Flor de Pasión"; Julio Flórez y Juan Peña Lobatón, autores de "El Guardián"; Óscar Molina, autor de "Idolatría"; Rosa Mercedes Ayarza de Morales, pianista, compositora y recopiladora, en cuyo repertorio se encuentran diversos géneros como pregones, danza habanera, marineras y tonderos; de sus obras, compuestas o recopiladas por ella, se recuerdan: "La Picaronera", "Frutero Congo", "La Jarra de Oro", "Congorito", "Moreno Pintan a Cristo", etc. Alejandro Ayarza, conocido como Karamanduka, es autor de "La Palizada". A Pedro Augusto Bocanegra, autor de "Vicenta", "La Alondra", se le atribuye también "La Bóveda Azulada", y compuso también huayños "A Orillas del Mantaro" y "Soy la Hoja Desprendida".

Otros cultores del criollismo cuyas canciones se consideran clásicas del repertorio criollo son: Filomeno Ormeño', autor de "Cuando me Quieras", "Canción de Carnaval"; Alberto Condemarín: autor de "Hermelinda", "Rosa Elvira"; Alejandro Sáenz: "Envenenada", "La Cabaña"; Braulio Sancho Dávila;"La Abeja";"Nicanor Casas Aguayo" Idolo'; sin olvidar y dejar de mencionar a Máximo Bravo, Los hermanosAugusto y Elías Ascuez, Samuel Joya.

El trabajo artístico de Felipe Pinglo Alva, da inicio a otra etapa en la historia del vals criollo peruano; con sus valses y composiciones en otros géneros, como el one-step, que enriquecieron la cultura musical de Lima, fusionando elementos musicales del lenguaje local con otros correspondientes a los géneros musicales que se escuchaban por la radio y que se apreciaban en le cine. Pinglo, autor de más de cien canciones (entre las que destacan: El Plebeyo, Mendicidad, La Oración del Labriego, El Canillita, El Huerto de mi Amada, Horas de Amor) vivió en Lima en los primeros cuarenta años del siglo XX, muerto en 1936, y logra dar testimonio de la sociedad de su tiempo, en momentos en que surgían los movimientos obreros anarquistas, y ocurrían la Primera Guerra Mundial y la Revolución rusa; y, de otro lado, cobraran importancia la radio y el cine en Lima. Su lenguaje musical incorpora melodías y armonías de gran complejidad asumiendo la influencia de la música norteamericana, de los blues y el fox-trot, entre otras expresiones. Este proceso de reinterpretación de elementos foráneos para lograr una identidad propia, se observa en el vals peruano, que ha recibido influencias del tango, el bolero y bossa nova.

Muchos compositores continuaron la obra de los viejos maestros. Entre ellos se encuentran, como importantes hitos de ésta cultura musical limeña los compositores: Pablo Casas, autor de Anita, Olga, Digna; Lorenzo Humberto Sotomayor, pianista y autor de Corazón, El Solitario, Lima de mis Amores, Cariño Mío; Pedro Espinel, el rey de las polkas y sus composiciones La Campesina, Sonrisas, Ojazos Negros; Eduardo Márquez Talledo (Nube Gris, Ventanita); Manuel Acosta Ojeda (Madre, Cariño, Puedes irte, Canción de Fe).

Son pocas las mujeres compositoras, sin embargo el repertorio logrado por Serafina Quinteras, Alicia Maguiña y Chabuca Granda, nos muestran una gran calidad y la característica general de abordar todo tipo de temas; personales y sociales. Serafina Quinteras (Muñeca Rota, Parlamanías); Alicia Maguiña (Inocente Amor, Soledad Sola, Indio, Estampa Limeña); Chabuca Granda (La Flor de la Canela, Cardo o Ceniza, Coplas a Fray Martín, Bello Durmiente, Puente de los Suspiros, entre otras más).

Fuente: Wikipedia




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