jueves, 19 de abril de 2012

Mundo inmundo

Gabriel Cruz (Desde Tanti, Córdoba, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

SÍndrome de Deficiencia Admitida;
mil suicidas,
homicidas,
sueñocidas...
desengaño, diccionario de mentiras
descalabro, malasaña,
el daño daña,
el sueño ensueña,
el jefe manda...
héroes y heroínas
maruhuanas, cocaínas
en bandejas, como packmans de pendejas
y pendejos que no sueñan con ser viejos.
Taquicardia, amorcardia, celocardia
pornoencanto, Imperio Sexualario.
Internet, externet de mis otarios
notarios condenados sin condena;
culpables privados de dolencia...
ciencia, narci-ciencia; silicona,
milanesa de carne de indecencia.
Ismos desunidos
(nidos desnutridos);
carnes descarnadas
(por caras descaradas)
Lástima que lastime el lastimar
y se enjuague el juego con pena...
Las ganas de ganar,
el vicio de enviciar envidias.
Maradona
de pelotas inspiradas
Aspiradas
desinfladas;
América
anémica
desalmada
Gol de tribuna
derrumbe de lunas,
lluvia de niños sin destino.
Paz y armonía inoportunas...
soledad;
brevedad eterna,
eternidad enferma;
teorema lacrimógeno ardiente.
Gente=
mente;
peste=
trono;
rey–ley–trampa,
mono; estampa de Billiken,
la crónica de un clarín sin razón
que miente por amor a la verdad...
“amor-corazón”,
rima salva-vida de miel.
Sociedad-suciedad,
hombre-hambre,
Dios-adiós, fe
leucemia en los besos del tiempo
Besos
huesos
sesos,
senos, cosenos-sinsenos
cigarrillo de monja,
ciclón en proa,
Virgencita De Batán...
neuro suegra-nuera,
suelo-suero-cielo,
muerte ( suerte ) velo;
Sueiro, (suerte! ) cheque...
Patán, rufián o Abraham?
Poema-problema-enema
para los fríos,
para los duros,
críos rudos...
mujer con guantes de boxeo,
gato con patas de cangrejo.
Hombre con hombría deshombrada,
perro con vajillas y foniatra.
Poeta; cometa en aeropuerto,
filósofo de filo en foso inexperto,
pacifista inquieto,
sensible indiscreto,
ser soñador
ser tuyo, suyo, de yo;
para el náufrago, el puerto;
para el rey, el tuerto;
ser...
o estar muerto.

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Chanando al chiva: Cuidado con ese

Daniel de Cullá (Desde Burgos, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Con mi Musa o mi lira mala o buena, fui siempre buscando editores que en modo alguno dedicaron un tiempo a mi obra, así que presenté con éxito feliz mi bella prenda a antologueros, hacedores de antologías, a revistas literarias publicadas en villas, en cortijos, en aldeas; y ahora quiero presentar con ejemplos y pruebas a estos azores, ladrones importantes que para publicar tenían que cobrarte un güevo.

Los jóvenes escritores, los poetas en ciernes, currelas de poesía, son fáciles de robar, víctimas propicias de estos birladores, estafadores que se recogen junto con el producto de sus fechorías en atarazanas o gazaperas, cual buscadores de sornas, descuideros que se aprovechan del sueño ajeno, por el afán de publicar y pensando que a ellos les puede pasar lo que a aquel tal R de Rebuzno, poeta y soldado de marina, que tenía una extraordinaria habilidad para imitar el gruñido de los cerdos, y que, sabiéndolo el famoso Godoy, le llamó para que gruñera delante de su excelencia.

Y cuenta la historia verídica del tiempo: “cáele a este, a Godoy, en gracia el gruñido que pega; y étele a nuestro R de Rebuzno con una prebenda en la santa Iglesia Catedral de Palencia”. Y prosigue: ¡quién sabe si nosotros algún día por Gruñir o Rebuznar a tiempo bellamente hallamos un Godoy que nos presente un beneficio simple o canongía” (Elogio del Rebuzno).

Ahora, para conseguir la gracia, la victoria y aún el cetro. el Poeta en su hábitat canta:

Conjúrote, demonio editorero
A que saques de tu chicharra
Bolsillo con varios departamentos
A que saques, digo
El Arca de la herramienta
Y el dinero robado a los poetas
En garabato de Martelo
Con tu culto inexorable
De chanelaor, erudito fullero.

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Cinco cuentos cortos

Marcos Winocur (Desde México. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

1. “A mi querida OTAN”

Había escrito una historia de amor y quería dedicársela a su amante sin que su esposa se enterara. Tuvo suerte. Ocupaba un alto cargo en la OTAN y su amante se llamaba Onésima Torcuata Andrómeda Nomeolvides. Así que dedicó su historia de amor “A mi querida OTAN” con el beneplácito de su esposa que admiraba a la Organización del Tratado del Atlántico Norte.

2. Un ladrón todo un caballro

¡No te muevas! Esto es un bolsazo psicológico ¿qué, no has oído hablar de bancazo psicológico, cuando llegas a la ventanilla del banco y anuncias a la cajera que has secuestrado sus chamacos, que los pondrás en libertad sólo a cambio de la lana, toda sin trampitas, y ella no sabe si le están haciendo el cuento o si de verdad sus chamacos...? Y por las dudas te da hasta su... su alma? Bueno, ahí tienes un bancazo psicológico, te digo, y esto es lo mismo: un bolsazo psicológico en plena calle. Me das tu bolsa o no respondo por tus chamacos… Bueno, bueno, nada de llantos, p’a que veas, soy una gente a todo dar, un profesional, te doy a elegir: ¿la bolsa o un secuestro express? ¿No sabes de qué se trata? Pues me alzo con la bolsa y su dueña, que por ti page rescate el novio o el papacito, no te conviene, venga la bolsa, ahhh ¿no que no? ya ves, mejor portarse como una niña educada. Ahora, yo me las tomo, tú te volteas contra la pared y en cinco minutos no te mueves, baaai, mi reyna.

3. Calles y matemáticas

Las calles del centro de la ciudad, como usted bien lo sabe, están numeradas, lo cual facilita su ubicación pero, a la vez, trae serias consecuencias. Un ejemplo: la calle número 4 no puede expresarse como 2+2 y tampoco como 2x2. Imagínese que usted detiene un peatón y le pregunta por la calle 2+2 y ante la sorpresa de éste, agrega: o bien la 2x2. El interpelado huye dando de gritos ¡socorro, un loco suelto¡

4. Cuento tanto erótico como pornográfico

Abrí la puerta sin previo aviso. Mi tía Eduviges estaba… y aquí el cuento se bifurca: esta tía estaba practicando el sexo oral con el jardinero, o bien: esta tía se la estaba chupando al jardinero. La primera versión es erótica, la segunda es porno, el lector elija. Prosigo con el cuento. Jaime, le dije al jardinero, cuando se desocupe, necesito hablar con usted. Y salí cerrando suavemente la puerta seguido de carcajadas. Una hora después, Jaime entraba a mi escritorio. Ah, sí, Jaime, pensándolo mejor, que las bugambilias vayan al frente de la casa y las margaritas a los costados. Como el señor lo disponga, y el jardinero se retiró cerrando suavemente la puerta.

5. Cosmocuento
Cuando le preguntaron cuántos años más quería vivir, pensó en 20.000 pero dijo 200.000. Para entonces algo habrá pasado, pensó, por ejemplo: contacto con los ET, o bien, si tenían prisa, habrían dejado algún mensaje para él. Y bien, el plazo estaba a punto de cumplirse y, 200.000 años después, ha registrado el planeta hasta el último rincón, más: el sistema solar, y todo permanece mudo. La humanidad había partido o se había extinguido y, por lo visto, ninguna visita llegó, tal vez debió pedir 2.000.000, en fin, a él lo habían olvidado, nadie se había acordado de dejarle un mensaje y lo demás, “lo demás es silencio” recordó una página literaria, y la casa vacía, murmuró. A quién pedirle una prórroga… hizo memoria: aquí estaba la Casa Blanca, a la vuelta estaba el Machu Picchu, más allá la torre ¿cómo se llamaba? ¿La torre Louvre? Y por qué la Casa Blanca y no la Maison Blanche? Estaba fatigado, sabía que no le quedaba tiempo, se sentó en una piedra y segundos después le cayeron encima los 200.000 reduciéndolo a polvo literalmente y el polvo se hizo moléculas y las moléculas se dispersaron. El sol se ocultaba tras la línea del horizonte. De las nubes rojizas, comenzó a llover.

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Ruidos y Silencios de José María Salcedo: El fantasma de la alegría

Jorge Zavaleta Alegre (Desde Lima, Perú. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

El reciente informe de las Naciones Unidas sobre la Felicidad no debe sorprender a los países como el Perú, donde la guerra civil ha sido una constante histórica, alentada casi siempre desde fuera, inclusive entre las comunidades más antiguas que habitan en la geografía de los andes.

Hay literatura de alta calidad sobre este tema, ocultada por los “tradicionales dueños” del país, que crearon una engañosa sociología del hombre latinoamericano, como una imagen estática ligada al paisaje, prototipo de todos los males sociales, de su pereza y escasa imaginación.


José María Salcedo, natural de Bilbao, llegó a Lima en 1951, a los cinco años de edad, en compañía de sus padres. El es un notable escritor, autor de numerosos ensayos, libros, documentales, películas (Ashánnika y Amazónico soy) y programas de radio y televisión que nos explican las razones de un Perú marcado por la tristeza, la angustia, la urgencia y la desesperanza. Y al mismo tiempo por la voluntad férrea para superar la agresión del paisaje y de un Estado distante de la inmensa y laboriosa mayoría que extrae la riqueza natural de El Dorado para la exportación.

Ruidos, Editorial Tierra Nueva-Iquitos, es la más reciente obra de José María Salcedo, donde el autor es atrapado por el fantasma del ruido, una forma de tinnitus o acúfenos que lo acompañará hasta el fin de sus días. “Cuando más siento esos fantasmas sonoros es cuando el silencio me rodea”.

Tal expresión es una metáfora presente en cada una de las páginas, al igual que en sus anteriores entregas “El Libro de las sospechas” o “El vuelo de la bala” sobre los secretos del poder. Es una síntesis de las múltiples vivencias recogidas de todas las regiones del país y de múltiples visitas a ciudades de los cinco continentes, particularmente de Tayikistán (1987) cerca de las fronteras de Afganistán, en la entonces república soviética, que motiva la carátula de Ruidos: un musulmán que se cubre los oídos para llamar a los fieles de la mezquita, mientras el autor graba el mensaje (Foto Carlos Domínguez).

Esa experiencia soviética de 60 años de socialismo frustrante, la traslada a la comunidad de Uchuraccay, desde donde se extendió una guerra civil entre comuneros, alentados por la violencia senderista y el militarismo.


No hay página que no atrape al lector. El barrio de los tres niños es una recreación de su infancia en Miraflores, cuando tenía dos amigos ayacuchanos, amistad cuestionada por una vecina. Recuerda a su madre con una frase eterna: “Debí escribirle menos y abrazarla más”, destacando el estoicismo y la abnegación de su padre cuidándola las 24 horas del día.

Otras páginas, igualmente valiosas nos hablan del ciego que busca a su amigo José María Arguedas, de la violencia y los medios de comunicación desde el vientre de la ballena, cincuenta años de choledad en diez escenas, la irónica sonrisa de un periodista en verso, al inventor de la papa quieren darle papas fritas, su pasión por el fútbol y el container de la muerte que describe el drama de la migración.

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La Pelosopera

Enrique Campang Chang (Desde Guatemala. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Hace ya muchos años, en mi niñez, en la casa de mis abuelos celebramos el Año Nuevo; el anterior había sido bueno, en la mesa tamales, cochinito, pavo, pato, jamones, embutidos, pasteles, roscas, dulces, ensaladas, ponche, chocolates, mazapanes, vinos y otras golosinas.

A la hora de servirme, estaba feliz, me serví de todo; pero mi querida Tía Rosa, (Que en paz descanse), ya con sus estudios de doctorado, con ceño fruncido y en forma airada, me dio una larga lección sobre el colesterol, los triglicéridos, la sal, el azúcar los carbohidratos, el ácido úrico, las amebas, que iba terminar diabético, a dar un infarto, un derrame, etc.; yo era un niño de 10 años, me puse triste y a llorar. Ya no disfruté la cena, hasta el refresco me podía subir el azúcar.

Años después, con la conciencia ya formada y mucho enojo me di cuenta que mi Tía Rosa era una ¡PELOSOPERA! *

El o la Pelosopera, es un personaje molesto que merodea en los mejores momentos de la vida, que tiene la maldita costumbre de ponerle el pelo en la sopa a todo. Asume buenas intenciones, pero es odio encubierto o envidia

Una mi alumna le cuenta a su mamá que estaba saliendo con un joven fabuloso; su contestación fue "de plano es gay"; ya llorando le preguntó si lo conocía; le dijo que no, pero estaba segura que todos los patojos fabulosos eran gay.

Una vez estaba en el hospital, recuperándome luego de una delicada cirugía por una hernia lumbar y llega un “amigo” a decirme “ahora si estás en problemas, ni un rollo de papel higiénico vas a poder levantar”; este infeliz me terminó de hundir en la depresión.

El Pelosopero tiene una forma de agresividad que la libera frente a cualquier situación, les está echando su mierda a los demás. (Teoría del Inodoro). Tiene un placer orgásmico perverso de hacer sufrir a los demás, arruinando cualquier situación. Veamos unos ejemplos:

Voy a una fiesta en la casa de la Nacha; En ese lugar van a hacer una redada por drogas y prostitutas.

Qué bonita cara tiene la niña: Es puro maquillaje de su abuela, se ve vieja, se va a poner fea, es tonta, le apestan los pies, está gorda

¿Quiere comer de esto?, está sabroso: No me gusta, me hace mal, que asco, apesta, tiene demasiado… yo lo hago mejor, eso es para perros

Voy a estudiar psicología: Te vas a volver más loco y a morir de hambre, porque no sabes matemáticas, estudia algo más útil.

Me compré un bonito carro: Esos se descomponen, dan vuelta, se los roban, no tienen repuestos, se deprecian rápido gastan demasiada gasolina.

Que linda la gatita: Tiene pulgas, rabia, está sucia, es malcriada, transmiten enfermedades.

Me gradué en la universidad: A puro soborno y chivos, no vas a encontrar trabajo, compraste el título

Vamos a escalar el volcán: Que aburrido, va llover, te van asaltar, ya estás viejo para eso, está lleno de serpientes, va a estallar, te vas a morir de frío.

La Pelosopera no actúa por verdadera preocupación hacia la otra persona; es agresión, sadismo, fijación anal, torpeza, incapacidad de hacer sentir bien a las personas.

También puede ser un ECOPATA, (del griego oixo (eco)= casa, pathos)= dolencia, enfermedad), la persona que contamina emocionalmente un ambiente, con chismes, intrigas, insultos. Su presencia en un aula, fiesta o trabajo causa malestar.

Se puede combinar con un CLAVERO, que es la persona que no se puede comportar según las normas de conducta de un ambiente específico, o las descalifica. El que no puede dejar su Blacberry en medio de las clases, las misas o conciertos; el que elogia a Hitler en una reunión de judíos.

El MELINDROSO que ninguna comida le gusta, le cae mal, le da asco, o simplemente rechaza todo. A todo le encuentra defectos y le hace la cara chiiissshh. (Problema en la fase oral, siente que la comida es su enemiga). Capaces de provocar el suicidio al mejor cocinero.

Un cuadro similar al Pelosopero es el de CASSANDRA que era una pitonisa de Troya que anunciaba las calamidades o las malas noticias. A ellos les encanta contar con morbo y detalle, cosas como las masacres en Ruanda o las torturas en el Congo, asesinatos, violaciones y el fin del mundo en los momentos más inoportunos, en la intimidad, fiestas o cenas. Todos serán víctimas del futuro.

El BUSCAPEROS o BUSCADEFECTOS es el perfecto interruptor automático de una conversación, a todo le encuentra defectos, inmediatamente luego de pocas palabras, surge su “pero crítico”, le lleva la contraria a todo o le encuentra primero un error entre muchas virtudes; no tiene la cortesía de dejar que termine el que está hablando. Critica un detalle de la comida, sin apreciar las otras delicias. Sinónimo: Inspector de calidad, corrector compulsivo

El POLIGRAFO o DETECTOR DE MENTIRAS que de oficio desmiente cualquier mentira inocente, lo corrige todo en público; o el inspector que a todo le ve falsedad pero jamás habla de la verdad a pesar de tenerla enfrente; uno termina con delirios de persecución por esta reencarnación de Torquemada, el Inquisidor. No perdona una exageración. Unas parejas arruinan su relación al actuar como el polígrafo del otro.

LOS MELAZA en referencia a la trágica tira cómica mantienen un credo que dice “No importa como sea, todas tus palabras, ideas, trabajo o intenciones, siempre, siempre estarán erradas; hasta que la muerte nos separe”. (In hoc tanta re, tua omnia, verba notiones, labora et voluntatis, semper, semper in errare versante, uste mortis dissocie nos) De oficio se llevan la contraria, corrigen donde no hay nada que corregir.

Tomemos conciencia de los efectos molestos de estos personajes que nos pueden hacer la vida miserable; aceptemos los defectos inocentes de otros, evitemos ser uno de ellos, y si aparecen, hagámonos el quite; que resbalen sus comentarios con manteca o TEFLON y no se queden prendidos como VELCRO. Felicidades

P.D. 50 años después, me doy mis gustos, disfruto la comida, libre de mi Tía Rosa; sigo vivito y coleando.

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Hoy me pesa la vida

Nechi Dorado (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

De pronto me parece que me pesa la vida.
Se me apagan las rosas,
se oxidan las camelias
mojadas por mis lágrimas que quise, sean caricias.
De pronto me aparece la luna apelmazada,
entre lucero ausente
y aire que se ahuma
revolcando a esta alma entre alambres de púas.
Regresan revoltijos de recuerdos pasados
que estaban enterrados, o al menos yo creía.
Llegaron galopando de nuevo en esta espalda
encallada, partida, que ya ni siento mía.
Bailando entre las llagas que abrieron, algún día.
Canto mi marcha fúnebre aunque sé que estoy viva
¡Se hace mi verso tan triste, desabrido,
en esta tarde triste de llovizna y esquirlas!
Aunque sigue la vida su baile cotidiano,
hoy me pesa la vida
Y me lastima… entre una luna seca, desabrida.

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Entrevista a Juan Barreto (Venezuela): “A Ávila Tv la destruyeron. El genio lo tiene el pueblo. El canal del Estado no puede ser de los burócratas”

Indira Carpio Olivo y Ernesto J. Navarro (Desde Caracas, Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El 11 de abril de 2002, 11-A, la marcha opositora más agresiva, que comandaban Guaicaipuro Lameda y Molina Tamayo, llegó hasta El Silencio, justo por detrás del Palacio de Miraflores, alentada por los medios de comunicación que no paraban de señalar que la “Batalla final era en Miraflores”, que nos raptaban las frases, como aquella “Ni un paso atrás”, convirtiéndose en la vanguardia del golpe de Estado.

El pueblo bolivariano, que dos días antes mantenía una concentración a las afueras del Palacio presidencial, encaró a los fascistas. En esta parte de la ciudad, fue el único lugar donde el piquete de la Guardia Nacional permaneció en su sitio y no se retiraron como si lo hicieron en las inmediaciones de la avenida Baralt.

La marcha de la oposición vilmente conducida hacia Miraflores fue víctima de la planificación de la muerte por parte de sus líderes, quienes ni miraron a los lados para también acabar con la vida de los chavistas.

Puente Llaguno quedó para siempre inmortalizado en la historia como el elevado en el que se anegaron las esperanzas de un pueblo.

La reconstrucción de la masacre que se produjo ese día demuestra que, francotiradores apostados en los edificios contiguos en la Avenida Baralt, dispararon en la cabeza a 19 personas.

En total, se cuentan 85 muertos, 85 víctimas desde el 11 hasta el 14 de abril de 2002, según Guillermo Garróz, director nacional de Protección Civil en 2002, en declaraciones recientes para el diario Ciudad Caracas.

Pura pantalla

A pesar de las demostraciones audiovisuales que prueban el asesinato de estas personas, periodistas que todavía vemos en los medios de divulgación de información, acusaron a los círculos bolivarianos de estas muertes. Su premio por repetir una mentira fue convertirse en anclas de las principales televisoras de oposición al gobierno venezolano.

A Juan Barreto, periodista, profesor universitario y en ese momento diputado a la Asamblea Nacional por el Movimiento quinta república -MVR-, lo retrataron varias cámaras encaramado a un poste de alumbrado público, frente a ese grupo de compatriotas que contenían la violencia que subía por las calles desde El Silencio.

En entrevista para el programa radial que transmite Alba ciudad 96.3 FM (albaciudad.org), La Brújula del Sur, Barreto considera que el golpe de 2002 fue más que mediático “fue un golpe que combinó todas las herramientas con las que hoy cuenta el imperio. Y por supuesto los medios son herramientas y tecnología (…) El imperio habla de Guerra de Cuarta Generación y nosotros desde la lucha de los pueblos hablamos de Guerra Popular Prolongada”.

El uso de las tecnologías por parte de los poderes fácticos del mundo, en los procesos de desestabilización de los pueblos, son los medios para llegar a un fin último, en este caso la dominación de los recursos naturales, económicos de las naciones. “Los imperios los utilizan (los medios) y lo hacen muy eficientemente. Ahí tenemos los casos de Libia y Siria y las guerras contra Irak y Afganistán, por ejemplo”.

Para el comunicador y profesor universitario el uso de los medios en el arte de la guerra es de vieja data. “Los Clásicos ya hablan de ello. Sun Tzu lo sabía dos mil años antes de Cristo. A mí me lo han aplicado: Destruye la reputación de tu enemigo y triunfarás (…) Maquiavelo decía: El Príncipe no sólo debe serlo, sino debe también parecerlo, porque la opinión pública cuenta. Es decir, el manual nos lo aplicaron completo y los medios de comunicación de Venezuela fueron la primera línea, la línea de choque del Golpe”.

Para una nueva hegemonía

Según el también periodista y catedrático Earle Herrera, en la Venezuela actual más de 470 medios están en manos de empresarios y todavía tergiversan las informaciones referentes a abril de 2002, igualmente las que se refieren a la gestión del gobierno bolivariano.Sobre la tenencia de los medios de comunicación en Venezuela, Barreto considera que “hay una lucha por la hegemonía y ésta pasa por la producción en la vida cotidiana, los productos que consumimos, los valores, lo que comemos (…) Tenemos que establecer una nueva relación con nuestra creencias y nuestra cosmovisión del mundo (…) romper en fin con las formas de dominio (...) Nuestro imaginario, nuestras maneras de producir discursos, el lenguaje tiene que ser alterado, subvertido y reclamado por una nueva forma de conciencia. Obviamente los grandes medios de comunicación deben ser transformados también”.
Control de los medios

El ex-alcalde metropolitano nos explica que “no se trata de un ejercicio autoritario, que el Estado o el partido le ponga la mano a los medios de comunicación y los convierta en una caricatura propagandística por desesperación tal vez, o falta de pericia en el manejo de la información. Significa desarrollar un cine nacional y una música nacional que no es sólo el zapateo.”

Una manera de invadir los espacios simbólicos de la oligarquía, de la burguesía pasa por la transformación del fondo y también de la forma en la cual nos comunicarnos. Esa es la propuesta de Barreto.

“Yo veo a veces programación de nuestros medios de comunicación y es lo mismo que pasan en los medios privados pero pintao de rojo. No se trata de maquillar los grandes medios con fraseología, sino de inducir procesos de cambio y transformación profunda (...) Tú no puedes tener un canal de la burocracia. Un canal que sólo muestra lo que hace la burocracia y sus burócratas. Eso no puede ser un medio del Estado. Los medios tienen que estar en manos de las sensibilidades populares”.
Arsenal 98.1 FM y Ávila-Tv

“El presidente Chávez, a través de Conatel por supuesto, nos acaba de entregar la concesión para que la radio comunitaria Arsenal 98.1 FM del 23 de enero, sea explotada nacionalmente ¿Por qué? Porque esta radio comunitaria, en el área metropolitana, hecha por 3 ó 4 muchachos, está por encima de toda la red de radios del circuito nacional de medios públicos”.

El gordo, como cariñosamente le dicen fue fundador de la televisora alternativa de corte juvenil Ávila-Tv, durante su gestión en la alcaldía. “La experiencia durante de tres años en Ávila TV, que se metió en el corazón de los jóvenes caraqueños, la destruyeron (…) Humildemente lo decimos, si uno confía en el pueblo, en la juventud puede hacer grandes transformaciones. No se trata de que nosotros seamos en lo individual seres geniales, el genio lo tiene el pueblo”.

Para escuchar las declaraciones completa, pulse en el siguiente link:

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Música: Carmina Burana, de Carl Orff

ARGENPRESS CULTURAL

“Carmina Burana”, del compositor alemán Carl Orff (Múnich, 1895-1982), es su trabajo más famoso, y un momento estelar de la composición sinfónica del siglo XX.

Carmina Burana se basa en la homónima Carmina Burana, una colección de cantos goliardos de los siglos XII y XIII reunidos en el manuscrito encontrado en Benediktbeuern en el siglo XIX. Escritos por monjes y juglares, la colección atrajo a Orff por lo diverso de sus versos que eran tanto humorísticos, tristes o sugestivos. Entonces, eligió unos veinte al azar y los arregló en crudas canciones para solistas y coro, acompañados por instrumentos y mágicas imágenes.

Este trabajo ejemplifica la búsqueda de Orff por un idioma que pueda revelar el elemental poder de la música, permitiendo al oyente experimentar esta expresión artística como una fuerza primitiva y abrumadora. La poesía de los Goliardos, que no solamente cantaba al amor y al vino, sino que también se burlaba de la clerecía, encajaba perfectamente en el deseo de Orff de crear una obra musical que apelara a la «musicalidad fundamental» que, como él creía, todo ser humano poseía.

Absteniéndose de una desarrollada melodía y una compleja armonía y articulando sus ideas musicales a través de sonidos básicos y patrones rítmicos fácilmente discernibles, Orff creó un idioma que muchos hallaron irresistible. A pesar del notable sentimiento «primitivo» de Carmina Burana, Orff creía que la profunda llamada de la música no era meramente física.

Carmina Burana forma la primera parte de la trilogía de las cantatas representadas llamadas Trionfi (Triunfos), todas basadas en textos latinos. La otras dos partes son Catulli Carmina y Trionfo di Afrodite. La primera representación, en 1937, fue un gran adelanto estilístico que trajo rápidamente fama a Orff. Además, Orff mismo toma a Carmina Burana como el inicio real de su carrera y, por lo mismo, ordenó a su editor destruir todos sus trabajos previos, una orden que, afortunadamente, fue desoída.

Para dar una mínima muestra de esta monumental obra, presentamos aquí tres fragmentos:

1. No 1- O Fortuna

2. No 14- In Taberna Quando Sumus

3. No 22- Tempus est Iocundum

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Esperar al médico

Gustavo E. Etkin (Desde Bahía de San Salvador, Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Poco a poco, desde nenito, se fue dando cuenta de que lo más importante para él era ser esperado.

Por eso su tristeza cuando a veces el ómnibus de la escuela donde hacía el jardín de infantes lo dejaba en su casa y estaba solamente la mucama. No su madre esperándolo.

Entonces pisando fuerte iba entrando en los cuartos oscuros y vacíos cantando “estoy borido, estoy borido”, un juego de palabras que hacía con la palabra “aburrido”. Que era como llamaba la tristeza que entonces sentía.
Cuando volvía de la escuela primaria ser recibido con una sonrisa y un abrazo por su madre era el paraíso.

Después, cuando era adolescente y marcaba un encuentro con alguna mujer -aunque sin exagerar- siempre llegaba algo tarde.

Con la satisfacción de saber que había sido esperado.

Cuando empezó a pensar cual sería su profesión, a qué facultad entraría, investigó, buscó cual era aquella en la que más alguien debería esperarlo. Y descubrió que era la de médico.

Porque averiguó que a los médicos les gusta ser esperados. Que casi siempre, salvo raras excepciones, les gusta hacer esperar. Es la certeza que tiene de que se necesita de ellos. De que son útiles, necesarios. Imprescindibles.

Y hacen esperar porque están atendiendo. Y claro, nunca se sabe el tiempo que puede llevar un atendimiento serio y eficaz.

Por eso, también pueden estar charlando con alguna enfermera, hablando por teléfono, leyendo una revista (médica, claro). Pero de una u otra forma, los pacientes deben ser pacientes. Tener paciencia y esperar al médico.

Comprobación empírica de que el médico es importante.

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Matar a un elefante

José Sarria (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

No hay nada más repugnante que asesinar a un animal noble, desprotegido e indefenso, por el simple hecho del goce de matar. No ya por hambre o en defensa propia, sino por el espurio placer de abatir a un ser vivo.

Lean sino el siguiente fragmento de “Matar a un elefante” de George Orwell (con traducción de Laura Manero y Verónica Canales):

“Entendí en ese momento que, cuando el hombre blanco se vuelve un tirano, es su propia libertad la que destruye …/… Tenía que matar el elefante. Me había comprometido a hacerlo cuando mandé a buscar el rifle …/… Sin embargo, no quería matar el elefante. Lo contemplé mientras golpeaba su manojo de hierba contra las rodillas, con ese aire de abuela ensimismada que tienen los elefantes. Me parecía que matarlo sería un asesinato …/…El rifle era un hermoso artefacto alemán con mira de precisión. Por aquel entonces no sabía que para matar un elefante hay que disparar trazando una línea imaginaria de un oído a otro. Por lo tanto, ya que el elefante se encontraba de lado, debí haber apuntado directamente a un oído; en realidad, apunté varios centímetros por delante, pensando que el cerebro estaría algo avanzado.Cuando apreté el gatillo no oí la detonación ni sentí el culatazo -eso nunca sucede si el disparo da en el blanco-, pero sí escuché el infernal rugido de júbilo que se alzó de la multitud. En aquel instante, en un lapso de tiempo demasiado breve, habría cabido pensar, incluso para que la bala llegara a su destino, un cambio misterioso y terrible le sobrevino al elefante. No se movió ni cayó, pero se alteraron todas las líneas de su cuerpo. De pronto pareció abatido, encogido, inmensamente viejo, como si el horrible impacto de la bala lo hubiese paralizado sin derribarlo. Al final, después de un rato que pareció larguísimo -me atrevería a decir que pudieron haber sido cinco segundos- le fallaron las rodillas y cayó con flaccidez. Babeaba. Una enorme senilidad pareció apoderarse de él. Podría haberse imaginado que tenía miles de años. Volví a dispararle en el mismo lugar. Al segundo impacto no se desplomó sino que se puso en pie con desesperada lentitud y se mantuvo débilmente erguido, con las patas temblorosas y la cabeza gacha. Realicé un tercer disparo. Ése fue el que acabó con él. Pudo verse cómo la agonía le sacudía todo el cuerpo y le arrebataba las últimas fuerzas de las patas. Al caer, no obstante, pareció por un momento que se levantaba, ya que mientras las patas traseras se doblegaban bajo su peso, se irguió igual que una gran roca al despeñarse, con la trompa apuntando hacia el cielo como un árbol. Barritó, por primera y única vez. Y entonces se vino abajo, con el vientre hacia mí, y produjo un estrépito que pareció sacudir el suelo incluso donde yo estaba tumbado.”

Yo, que nunca he sido ni demasiado monárquico ni demasiado republicano, hoy, 14 de abril, al ver esa repugnante imagen del monarca Borbón, rifle en mano, presuntuoso, orgulloso, arrogante, altivo, delante del cadáver de un indefenso e inocente elefante abatido, y con el triste recuerdo del espectáculo de Urdangarin&Corporation LTD, he sentido la necesidad imperiosa de gritar aquello de: ¡¡Viva la República!!

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Dos poemas

Susana Merino (Desde Argentina. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

Hablo contigo...

Cuando por las mañanas
El aire soleado me despierta
Para recordarme que estoy viva
Hablo contigo...

Durante el día
Cuando el bullicio cunde
O cuando mis pensamientos
Se enlazan y entrelazan en silencio
Entretejiendo escalas
Para alcanzar el Reino
Hablo contigo...

Hablo contigo
Desde la gratuidad de las palabras
Desde la historia antigua
Que acude a mi memoria
Hasta la historia nueva
que surca sin sosiego mis arterias
Entre el oriente y el poniente
Desde el cenit y hasta el nadir
Hablo contigo.

Y por las noches
Mientras las mariposas del sueño
Anidan lentamente
Debajo de mis párpados
Hablo contigo...

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Entiendo y no comprendo

“El alma no tiene secreto que el comportamiento no revele”

Lao-Tsé

Entiendo tus palabras
Podría definirlas por sus significados
Podría hasta bucear en su etimología
en un contexto estéril
y ajeno al contenido en que se me presentan
pero… no las comprendo.

Entiendo lo que expresan
más no lo que me ocultan
Tal vez viejos resabios
o antiguas reticencias que evocan al pecado
Y niegan el arcano principio
de la vida y de los sentimientos

Entiendo que el olvido puede ser más persuasivo
Que una temible daga
Pero también es cierto que un cono de silencio
Puede ser un escudo para ocultar el alma,
Para acallar los ecos de un sueño trasnochado
Ingrávido y lejano

Entiendo y no comprendo
Ya mi camino es breve
Y sin embargo en vano buscaba recorrerlo
Por un sendero nuevo
Buscando simplemente un noble compañero
Que al compartir mi carga me anticipara el cielo.

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Confesiones de un noctámbulo

Manuel Filpo Cabana (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Tengo a unos candidatos idóneos para que se les conceda -bien colectivamente o al más eficaz en representación- la medalla al mérito en el trabajo. Su labor es desinteresada, ponen de sus bolsillos el material y trabajan por las noches, los pobres, cuando los demás medio descansamos.

Cuando digo medio descansar me refiero a casi todos los de mi quinta porque la tiránica próstata nos obliga a realizar excursiones nocturnas, disipando hasta los sueños más placenteros, aunque ahora menos deleitosos por lo de la crisis y todo lo demás. Entonces me doy un paseíto por la casa y me asomo al balcón, cámara digital al frente, con la esperanza de obtener a partir de la foto un boceto para un monumento en su honor. Pero a pesar de mi buena voluntad todavía no lo he logrado, aunque mis esperanzas continúan intactas.

Cuando en regiones más allá de allá de Despeñaperros nos critican por nuestra escasa laboriosidad siempre me acuerdo de ellos, de esa tribu pudorosa que aumenta significativamente al son del ejemplo o moda, que todavía no distingo, posible vesanía por culpa de mis mengues.

Pues a lo que iba (palabra que me recuerda a crisis, mira por donde, siempre pensando en lo mismo), decía que iba a por ellos entre ilusiones perdidas cuando una mañana vi aparcado un magnífico furgón de Lipasam con una cuadrilla de operarios limpiando la fachada y una bella cancela acristalada frente a mi domicilio. Provistos de mascarillas y guantes parecían ayudantes de astronautas mientras observaban el fruto de su trabajo: negros chorreones grises, mezcla de blancos y negros, vamos, de película de Hitchcock que perezosos se deslizaban hasta el acerado. Como el afán de superación de algunos humanos suele aumentar, dos o más tonalidades en un contexto de suma abstracción producen más belleza, otra palabra que tampoco sé en qué consiste.

Daría algo -tampoco mucho por la crisis, me parezco a Antonio Tabucchi con eso de «sostiene Pereira…», frase que repite cientos de veces en su más famosa novela- por lograr una tertulia con ellos, con los artistas de la noche, por mi poco entender y escaso saber sobre los efectos de las neuronas que coronan nuestra testa. Estaría dispuesto a acompañarles una madrugada para que me explicasen sobre su propio terreno el placer de sus obras, seguro que a muchos se les caería la baba de regusto (cuidada frase por aquello de pertenecer a una Asociación muy seria) al perpetuar sus modernas obras pseudotaquigráficas sobre toda superficie urbanística, y a más limpia mejor. Seguro que sus glándulas adrenalíticas las tendrán muy desarrolladas, como hermosos melones de La Mancha, por la intensa excitación que producen los goces solitarios, eretismos sucesivos de adicciones consolidadas.

En fin, sostenía Pereira y sostengo yo, que me encantaría volver con ellos después de un trabajo bien hecho para invitarles a unos calentitos de frente al Arco de la Macarena. Seguro que su forofismo me contagiará y todas las dudas que penosamente arrastro quedarán disipadas en un crepúsculo matutino, envuelto en sevillanos olores primaverales cooperantes para que mi pobre sentido estético recupere la viveza de mis deseados, sufridos y futuros amigos grafiteros.

Que el Señor, siempre misericordioso, ahora que estamos en Cuaresma, les otorgue inmaculadas e infinitas fachadas celestiales porque solo así, grafiteando, algunas criaturas lograrán la eterna felicidad. Amén.

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Arte política en los espacios del Museo de Bellas Artes

Chara Lattuf (Desde Caracas, Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Caminar hacia el Museo Bellas Artes en Venezuela resulta un paseo agradable, rodeado por grandes árboles y la extensa grama del Parque Los Caobos, en donde los jóvenes y adultos de Caracas van a pasear, trotar y contemplar los espacios libres, aislado del tránsito automotor y de la vida intensa. En la actividad que se desarrolla en el museo está Arte/ Política con 180 obras y más de 200 artistas que cubren los espacios del museo y como lo dice la curadora de esta exposición Elida Salazar “Son creaciones de artistas que expresaron en un momento político aquello que percibían y lo reflejaban a través de la pintura, fotografías, que registraron los tiempos desde la década del cincuenta hasta nuestros días”.

Imagen: Liberación de los esclavos-Pedro León Castro

Entre los artistas que participan en la exposición están: Alonso Zurita, Rafael Guedes, Esso Álvarez, Laura López, Alirio Palacios, Jesús Álvarez, César Rengifo, Héctor Poleo, Leoncio Martínez, Pedro León Castro, Ángel Bracho, Manuel Silvestre, Jesús Álvarez Amaya, Manuel Díaz, José Antonio Dávila, Luis Guevara Moreno, Ángel Luque, Carlos Hernández Guerra, Carlos Contramaestre, Pablo Gasparini, entre otros.

Imagen: Luis Guevara Moreno-Los caídos Rafael Guedez – Un canto al cantor

José Antonio Dávila pintor participante de esta exposición dijo: “La exposición de esta obra en la actualidad, es como salir de la oscuridad, ya que en la época que la realicé, vivíamos en una oscuridad política y social, no había ningún tipo de posibilidad de expresarse sino por medio del arte, porque la represión era muy fuerte y así expresábamos nuestras ideas sutilmente, sin que fueran detectadas (prensa MBA)

Imagen: Sala de Espera -Jacobo Borges Salvador Allende-Jesús Álvarez José Martí-Ángel Bracho

Refiere la curadora Luisa Díaz que se hizo una selección de las obras que poseen la Colección Fundación Museos Nacionales y del cual se muestran en esta temática Arte- Político como un reflejo del proceso político que se vive en Venezuela y otros países.

Imagen: Símbolo monumento-Margot Romer El Obispo- Gustavo Zalamea

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Cine: Mucho más que sumar y restar

Jesús Dapena Botero (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

“Las antiguas civilizaciones proclamaban que estaban basadas en el amor o en la justicia. La nuestra se basa en el odio. En nuestro mundo no hay emociones aparte del miedo, la rabia, la soberbia y el autodesprecio. Todo lo demás lo destruimos, todo... No habrá alegría, salvo la alegría de triunfar sobre un enemigo abatido. No habrá arte ni literatura ni ciencia. No habrá distinción entre la belleza y la fealdad. No habrá curiosidad ni goce en el proceso de la vida. Todos los placeres serán destruidos... Si quieres una imagen del futuro, imagina una bota pisoteando un rostro humano para siempre.”

George Orwell

Si hago alusión en el título de este artículo, a la cinta de Víctor Gaviria, en ningún momento, es para descalificarla, sino porque considero que los latinoamericanos podemos hacer más que eso, que llamo intentos de elaboración artística de traumas locales, de los cuales son una muestra: Rodrigo D., La vendedora de rosas, Nieve tropical, La virgen de los sicarios, María, llena eres de gracia, El Rey, Los archivos secretos de Pablo Escobar, Rosario Tijeras, La Sierra y Sumas y restas, especies de memorias de nuestro subdesarrollo. No lo hago con el propósito de hacer una comparación odiosa, sino que creo hay formas mucho más trascendentes de elaborar lo traumático de nuestra historia suramericana y/o tercermundista.

Los argentinos lo han hecho con enorme maestría, en su intento de volver a pensar los tiempos del plomo, de la dictadura, de las desapariciones, de las torturas, con la intención de que la amnesia no oculte una realidad histórica a la que habría que decir con Sábato: ¡Nunca más! Una muestra de ello son La historia oficial (1985) de Luis Puenzo y La noche de los lápices (1986) de Héctor Olivera.

Brasil nos regala a Pixote de Héctor Babenco (1980), una predecesora de la filmografía de Víctor Gaviria, con una mejor factura y, quizás, con muchos más recursos técnicos; ahora se lanza con El jardinero fiel, no infiel, como lo anuncian algunas carteleras, cinta que me propongo comentar en este artículo.

Fernando Meirelles se une a John Le Carré para hacer una audaz denuncia, que se resume en la epístola, no religiosa, que leyese Ham, el primo de Tess, al final de la película, una suerte de nota necrológica de esa pareja inefable que constituyen Justin (Ralph Fiennes) y su mujer (Rachel Weisz).

La epopeya cinematográfica que se nos presenta se inicia con un lirismo absoluto, que nos muestra lo amoroso, en el más pleno sentido de la palabra, que va de la ternura, casi ingenua, a un sutil erotismo, evocador de las escenas de Un hombre y una mujer de Claude Lelouch (1966), que tanto excitara nuestra imaginación de adolescentes de antaño.

El amor se nos presenta, en esta cinta, en la más espléndida de sus posibilidades; es un amor que no reduce el proyecto existencial de los integrantes de la pareja aunque aparezcan pequeñas celotipias, esa pasión de los celos, ingrediente indispensable del vínculo afectivo, si escuchamos a Freud, ese profundo conocedor del alma humana.

Tess y Justin tienen proyectos identificatorios diferentes que, valga la redundancia, producen identidades distintas; los enamorados no se funden en un vínculo, que los haga desaparecer como sujetos de su propia vida. Ella lo preanuncia en su intervención en la conferencia sobre diplomacia, en el ámbito del primer mundo. Algo de eso permite el comentario del amante de que ella pretendía revolucionar al mundo, desde su más tierna infancia, cuando contaba apenas con una edad de seis años. Ella, adulta y joven, lo intenta con su accionar, tenaz y constante en África, movimiento que la conduce a la denuncia y al sacrificio, para constituirse en una de esas mujeres, que jamás se olvidan, aunque no pertenezca a la categoría de las femmes fatales. Si la fatalidad y la adversidad aparecen en esta obra fílmica no es precisamente por la voluntad de los protagonistas sino por las fuerzas oscuras de un contexto social corrupto, siniestro, comandado por intereses económicos mezquinos, ahora revestidos por las ideologías de la sociedad postindustrial y la economía política neoliberal.

Tess se lanza a su proyecto, como si fuera consciente de que es un ser-para-la-muerte, en el sentido heideggariano y realiza acciones que trascienden su excusa de ser llevada al África como novia, amante o esposa; su escenario no es el de la paz doméstica sino el de los tugurios del continente negro, impresionantes en su densidad poblacional, donde los habitantes, tan pobres como los de nuestras villas-miseria, no se dedican a la delincuencia ni al narcotráfico sino que nos permiten deleitarnos con el teatro dentro del teatro, teatro dentro del cine, para ser más precisos, y con las muestras de afecto y solidaridad a nuestra protagonista, que ella recibe con actos de absoluta reciprocidad.

Tess sabe lo que puede hacer porque lo desea intensamente pero respeta los deseos y propósitos de Justin, su esposo, quien a la manera de su creador, John Le Carré, fuera formado y se desenvolviera en el campo de la diplomacia, lugar estratégico para poder dar testimonio, escribir y denunciar los asuntos del turbio mundo de los negocios internacionales y de los servicios secretos.

La historia de nuestros dos personajes da un salto mortal, del ámbito de lo íntimo, de lo privado, al mundo de las relaciones de producción, en medio de la globalización y de la sociedad planetaria, donde se desarrolla un feroz interjuego entre los países ricos y los países pobres, dentro de las reglas de un salvaje neoliberalismo, por encima de todo proyecto social y democrático.

El poder tiránico de las casas farmacéuticas se constituirá, entonces, en el titiritero que mueva los hilos del destino de los personajes, y hará emergencia como un villano en la aldea global, con carta de ciudadanía, como ciudadano por encima de toda sospecha. Sabemos que la industria de medicamentos realiza tareas de investigación y desarrollo para la introducción de nuevas terapéuticas, supuestamente mejoradas, y que, para ello, no sólo utiliza granjas de animales sino que extiende sus experimentos a grandes conglomerados sociales para recibir aprobación de los organismos reguladores, con cobayos de naturaleza humana; de esa forma, hace de continentes subdesarrollados verdaderas islas del doctor Moreau o granjas orwellianas. Así logra la aprobación final de sus productos, de sus innovaciones, de sus propiedades exclusivas, en el ámbito internacional de la economía de libre mercado.

Justin, movido por la fuerza de las cosas, de las circunstancias y un amor que lo ha transformado, da un rumbo nuevo a su destino, abandona el mundo burocrático y la asistencia a cocktail parties, para entregarse a una indagación e investigación exhaustivas que puedan dar cuenta de lo enigmático y dar pie a una reivindicación de lo justo así su compromiso culmine con la muerte. Hace caso omiso de sugerencias tales como que abandone su actitud investigadora y regrese a casa; él sabe que ha sido desarraigado y que no la tiene, pues Tess, asesinada por los mercenarios de la gran industria, era su hogar.

Ésta es la historia que nos cuentan Le Carré y Meirelles, en una forma que va del estilo lírico al estilo épico, a la manera de un thriller, que establece una brillante y valiente denuncia, un verdadero fondo estético, que no descuida los más mínimos detalles de la forma ni siquiera los paisajes, los escenarios urbanos y rurales ni la música, que nos deleita con armonías africanas y con un buen pop occidental.

Su “nosotros acusamos”, para evocar a Zolá, es una impugnación, a pleno orden del día, en el pensamiento europeo; no es por pura coincidencia que también, en otro contexto y con otros instrumentos, se hayan levantado las voces de los periodistas centroeuropeos, Kurt Langbein y Bert Ehgartner, con su obra Contra Hipócrates. El cartel médico. Los siete pecados capitales de la industria de la salud para denunciar crímenes de lesa humanidad, contra Hipócrates, contra el conglomerado humano y contra la ética en general; por eso, nuestro personaje no es un jardinero infiel - el título en inglés de la película es The constant gardener - sino de un hombre absolutamente fiel y constante al amor y a la verdad, de quien esperamos tenga abundantes cosechas de justicia.

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“Un mundo aparte”, de Gustaw Herling-Grudzinski

Francisco Vélez Nieto (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Prólogo de Jorge Semprún
Libros de Asteriodes
Traducción de Agata Orzesze y Francisco Javier Villaverde González

Seguro que los lectores que suman años, interesados en la lectura de la trágica y auténtica historia sobre los campos de trabajo y de exterminio durante la época hitleriana y estalinista hayan leído; con esta nueva obra de sobre aquella estremecedora tragedia, no podrán permanecer indiferentes tras haberla hojeado. Porque descubrirán en Un mundo aparte en traducción directa del polaco, algo envolvente y conmovedor.

Seguro quedarán atrapados al ver desfilar un descarnado a la vez de estremecedora hondura y humanidad narrativa, justificada memoria de una tragedia agonizante a la que suele conducir la paranoia de mentes enloquecidas por la pasión dominadora junto a la obsesión y recelos que su demencia provoca. Luego no sorprende que una voz y pluma como la de Camus manifestara que “todo el mundo tendría que leerla, tanto por lo que es como por lo que dice” Y también por la forma en la que flota su estilo narrativo del sanguinario día a día de los denominados cínicamente campos de reeducación. La brutalidad de los hechos de aquel infierno de una Rusia hambrienta, fanatizada y aterrorizada por el Padrecito Stalin y sus acólitos, envueltos por la demencia de crear al hombre nuevo para una sociedad justa y libre de toda explotación del hombre por el hombre.

Cuadros que reflejan una historia conmovedora de sufrimientos extremos, junto a la dura y heroica resistencia sin perder del todo la esperanza la llegada de un final con el que alcanzar no solamente la liberación de aquel infierno, sino también poder contar la tragedia con la que desenmascarar al Padrecito para situarlo a la demencial altura que su rival alemán Adolf Hitler, el otro diabólico demente. Estamos ante una vida novelada, autobiográfica, que el autor escribió en su lengua materna, el polaco, una vez liberado del infierno, entre julio de 1949 y julio de 1950, para mostrar el calvario del Gulag entre la nieve, padeciendo la más angustiosa miseria exterminadora de infinidad de verdaderos idealistas que apostaron y corrieron todos riegos a favor de una utopía comunitaria.

Fue en Londres metrópoli libre, aunque con las huellas de la guerra, cuando en 1951 se publicó por la editorial Heinemann con un prólogo de Bertrand Russel Un mundo aparte. Resultando ser en aquellos años el primer testimonio real y directo sobre la crueldad y martirio de los campos de concentración de trabajos forzados hasta la extenuación y muerte, partiendo de los criterios de la jerarquía policial soviética “el derecho soviético se basa en la premisa de que no hay personas inocentes”. Tan duro testimonio significó para Gustaw Herling-Grudzinski ser duramente atacado, al considerar la obra demasiado sesgada y “antisoviética” desde la izquierda europea. Una izquierda hechizada y ciega con la Revolución que, durante tantos años se negó reconocer que aquellos infiernos eran una trágica realidad histórica, tormentos para almas muertas en vida, que recuerdan aquellas otras de Gogol, pudiéndosele sumar la de los nazis que azolaron la otra parte de Europa bajo su dominio. Sangrante realidad del viejo continente.

Dos años más tarde aparecería una edición en su lengua original publicada por la editorial polaca en el exilio Kultura. Nada sorprendente resultó que en Francia ninguna editorial tuvo el valor de editar Un mundo aparte pesar que los derechos de autor habían sido adquiridos varias veces, siendo Albert Camus quien crítico dicha postura que retrazó en treinta años que pudiera ver la luz en el país de la libertad y la fraternidad, en este caso no por extorsiones de la derecha sino por la ceguera intelectual de los devotos prosoviéticos, como dejó escrito Jorge Semprún en el prólogo a la primera edición en francés, recordando tan lamentable periodo de tiempo: “En esos momentos la ceguera con respecto a la Unión Soviética, la tenaz labor de negar el totalitarismo, estaba todavía ampliamente difundida – mejor dicho, era hegemónica – entre los intelectuales de las izquierdas europeas”.

Al fin, en 1990 pudo publicarse en Rusia y en Polonia consiguiendo ser borrada del índice de los libros prohibidos donde figuró durante todos los años transcurridos desde su primera edición en Londres en 1951. En este 2012 repleto de sobresaltos, proclamas y la amenaza vociferante, conocer esta dolorosa y escalofriante narración extraída de la propia realidad inverosímil pero cierta, traducida directamente del polaco al español lo que enriquece y beneficia la escritura del autor, cuya verdadera vocación y oficio profesional fue siempre el campo literario, pues contando veinte años de edad “ya era un conocido periodista y crítico literario destinado a alcanzar un lugar en los círculos literarios polacos, aunque no pudo ser así” Mas el que tuvo retuvo y pese a su azarosa vida la pasión literaria se mantuvo expectante. Siendo esta historia, además de su contenido, una muestra de estilo y amenidad narrativa, pese a tratarse de un tema tan escabroso. Y es que su realismo no es machacón ni vengativo, más bien comprensivo al tener en cuenta “que casi todo el mundo puede convertirse en corrupto en un ambiente corrupto, que casi todo el mundo mentirá, engañará, matará o se prostituirá para seguir con vida” Ofrece esta historia, tal vez, aunque en otros sistemas de trabajo y explotación, una curiosa semejanza con la actualidad de los poderes al que el capitalismo totalitario y feroz nos tiene sobrecogidos con su falsa vestidura democrática.

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Yon y una recorrida “histórica”

Carlos Alberto Parodíz Márquez (Desde Alejandro Korn, Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Nada hacía presagiar el futuro. Sobre todo cuando estamos a punto de pisar otro año. Es más, uno supone, equivocadamente, que se merece cierto descanso, aunque sea por error. Nada de eso ocurre. Postales de las cortesías que se siguen para despedir el año. Lo cierto es que en épocas de sequía, como estas, cada invitación acrecienta su valor, aunque el cuerpo diga basta. Un asco total.

Yon propuso, inocente, saludar “unos amigos”. No se de quién ni de que. El Alfa comía, voraz, no sólo combustible. Las distancias, motivos diversos y dispersos, viajaban rápidos rumbo a la memoria, cada vez más lerda para dar “enter”.

Tragos y sitios se convirtieron en ruta epiléptica que zigzagueaba intermitente, como luciérnaga borracha de luz.

Recorrimos cada patio de cada villa y sus personajes, los que mandan y los que escuchan. Personajes. Perejiles del poder. Personeros. Gente dura y pesada. También ignotos pasajeros de la acción subterránea, que nunca es noticia y cambia no sólo escenarios sino también gobiernos.

Agentes del desorden ocupados en cometer delitos. Esta vez de franco, para tranquilidad de otros. Agotamos bares, copas, “picadas”, sin solución de continuidad. Fuimos plurales, es cierto. Nos tomamos todo. Lustramos, con los codos, mesas en los bares y restaurantes; nuestros pantalones comenzaron a brillar, sospechosamente.

En una de esas detenciones “informales”, se nos apareció el último remisero, relevo de Chaco Chico, aquel que perdió un auto y el laburo.

- Ese que viene ahí es el mortero de Rufino -, me sopló al oído Yon, en tanto cambiaba sigilosas impresiones que, de madrugada, no suelen ser de buen augurio.

- En Itati, Bologna y… me pararon cuatro tipos. Bien vestidos. Parecían pastores domiciliarios. Me llevaron hasta una cortada de esas de tierra donde no se puede ni girar. Dos se fueron y dos se quedaron conmigo. Con una 9mm en la mano cada uno. Se fueron de gira a “chorear”.

Menos mal que les fue bien. Las placas del Renault 9 fueron prolijamente dobladas, para que nadie las lea. Me lo devolvieron, en la puerta misma del galpón donde guardan- detalló el mortero.

- ¿Y después? – preguntó el vasco.

- Lo empuje tres cuadras, porque cuando me pararon me preguntaron por el lower, si les llegaba a decir que no, era boleta. Un matrimonio, grande, me abrió una verja y pude acomodarlo, llamar y hacer la denuncia –

- ¿Cómo te fue? – se repitió Yon

- Me parece que bien, uno de ellos se olvidó un sobre que leí, pero como no entiendo nada, supuse que era bueno para vos y si le podés sacar algún “grullo”, mal no me vendría – fue su comentario que hizo titilar la mirada celeste del vasco.

Al vasco no le gustan ni las sugerencias y mucho menos las gerencias, sobre todo si se las quieren imponer. Para mal de males, en aquel final de 2001, año caro para la vida nuestra y del resto de los argentinos que la pasaban mal, su ánimo no era afable – para ser moderadamente educado. No obstante y sin saber porque consideración que no cotiza en bolsa, decidió echar una mirada al supuesto documento que portaba el insufrible sobre marrón lleno de banderitas. Azules, rojas y estrellitas que no hacían suponer otra cosa que “la embajada”, con minúscula andaba interesada en trastocar alguna certeza.

Para hacerlo cierto, el mortero, Yon y yo, tuvimos que apearnos del Alfa en un paraje desconocido, tétrico para la hora cuando los gatos ni siquiera son pardos y entramos en un bodegón “Susi” que dejaba mucho que desear. En realidad no quedaba nada por desear y en ese rincón deshabitado del satélite porque decir planeta era casi ambicioso, calle tapizada de agujeros, una cortina de plástico para acceder, poca luz, poca gente, calaña dudosa, alguna cara pintada, con las disculpas de Rico, el vasco señaló sin que le tiemble el índice una botella perdida en el estante de Royal Comand que por ese entonces sobrevivía, seguro que porque nadie sabía que contenía. Los vasos no eran de whisky pero a esa hora y lugar, “segual”.

Bebimos, no cabía otra, picamos unas papas fritas extraídas de una bolsa de hule, para salar lo insalable y esperar el veredicto de Yon que parecía la mirada de Robespierre. – este no corro del Fernando -, musitó luego de leer de leer una larga parrafada.

Mi estomago comenzó a criquear porque deduje con certeza que el siguiente lector era yo destinatario arbitrario, pese a la rima, porque nada más lejos de mi voluntad, agregué hielo por las dudas y sembré el pánico con la soda proveniente de un modesto sifón azul y capuchón rojo, preventivamente aportado por “Susi”, la dueña del lugar. Yon me derivó el sobre y ordenó como si supiera, - tres platos de locro – en realidad estaba muy bueno para esa hora, cuando desfallecía el más valiente. Me dije veamos, total nada se pierde y algo se transforma, tanto como suponer que dentro de poco veremos novedades para las Américas, como gustan decir ciertos personajes inmutables, dicho con la respetable minúscula.

ARGENTINOS EN LA FUNDACION DE LA PRIMERA MINI REPUBLICA CARIBEÑA (1)

“Hacia fines de 1817, 185 años atrás, un grupo de argentinos de cuyo paso hoy se guardan importantes recuerdos en la región, participó de un modo u otro en la creación del primer mini estado que floreció en el Caribe, la República de Amelia, cuya existencia tuvo final, después de 179 días, por la ocupación dispuesta por el presidente estadounidense James Monroe.

Amelia, isla española próxima a la península de Florida, sobre la que flamearon durante ese período la bandera venezolana primero y mexicana luego, fue escenario de una breve aventura de escaso conocimiento público.

Se experimentaron entonces las formas republicanas de división del estado en tres poderes, con una Carta Magna moderna para la época y en la que imperaba el propósito poco modesto de invadir la propia Florida, también española.

De los tres argentinos que tuvieron que ver con la creación de la efímera mini república caribeña, anticipatoria de las que en la actualidad existen, el más conocido, seguramente, pero a través de un hecho amoroso, fue el capitán Martín Jacobo Thompson, marido de la más célebre Margarita Sánchez de Thompson, en cuya casa se tocó por primera vez el Himno nacional.

Otro, ya menos publicitado, fue Vicente Pazos Silva, quien con Mariano Moreno compartió la redacción del periódico "La Gazeta" de Buenos Aires un tiempo antes y que, durante la gestión patriota en Amelia, también se encargó de la hoja que circuló en la isla editada por el gobierno independentista. Aunque no hay datos precisos, todo indica, por las características, que la publicación fue de su autoría.

Por último, no se puede olvidar la presencia de Manuel Hermenegildo de Aguirre, un reiterado armador de corsarios argentinos que tuvieron a mal traer al decadente imperio de España en la América Latina, quien se desempeñaba por aquellos tiempos en los Estados Unidos de América, cuyo primer mandatario fue James Madison, ante cuyo gobierno actuaba como cónsul de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

Pero también intervino en esos hechos el capitán Luis Aury, un francés que terminó siendo argentino por opción y que, sin brillar a la altura de su compatriota Hypólito Bouchard en el terreno lato de las armas, dejó rastros indelebles en toda América Central, tal como ocurrirá de resultas de otra de sus aventuras, posterior a la de Amelia, y por cuya causa la bandera argentina celeste y blanca, detalles más, detalles menos, hoy flamea en toda la región.

A fines de 1816, Monroe, el de la célebre doctrina, pasó a ser el presidente estadounidense en reemplazo de Madison, de quien fue secretario de Estado, pero más allá de su proclamada "América para los americanos" modificó las posturas de su antecesor de facilitar la acción de los revolucionarios de las colonias españolas tras un acuerdo que le permitiera adquirir al monarca ibérico Fernando VII la península de la Florida, lo que ocurrió en 1821.

La invasión de Amelia, su ocupación, la creación de la pequeña república caribeña y el frustrado intento de ocupar Florida surgió de una reunión en Filadelfia, primera capital de EEUU, entre cuyos asistentes se contaron Lino de Clemente y Pedro Gual, venezolano y mexicano, respectivamente, y el argentino Thompson, quienes dieron una carta de ciudadanía americana al escocés Gregor Mac Gregor por los méritos hechos en favor de la causa de la libertad.

Mediante el acuerdo suscripto con Mac Gregor se autorizó a ese marino a armarse en corso en representación de la causa de América Latina, cosa que, de hecho, carecía de toda validez ya que ninguno de ellos, por causas diversas, carecía del respaldo de sus países: el Libertador Simón Bolívar tenía antipatías por el escocés y Thompson contravenía la ambigua política exterior argentina, que buscaba acuerdos con Fernando VII, mientras México no era libre.

Una suscripción concretada entre oriundos de América Latina le permitió a Mac Gregor conseguir los fondos necesarios para alentar la operación y así partió hacia Europa de donde regresó con más de 600 mercenarios y, a su regreso, amplió la cantidad de reclutas en Charleston y Savanah, lo cual motivó los reclamos del embajador de España en Washington, Luis de Onis, ante el riesgo de éxito de una aventura que apuntaba a la misma Florida.

Con los nuevos reclutas, y al frente de una fuerza, por cierto respetable, Mac Gregor pudo ocupar Fernandina, capital de la isla y así en junio de 1817 Amelia quedó bajo su control. Sorpresa de por medio, el gobierno de EEUU se encontró con tales patriotas y aventureros concretando algo en lo que no había creído ni de lejos el secretario de Estado, Richard Rush, cuando le dio su acuerdo al escocés, como 165 años después el Pentágono se equivocó al decir a Leopoldo Galtieri que ocupar las Malvinas era posible.

Mientras, Aury, que desde los 22 años navegaba en corso por el Caribe y que a la sazón contaba con 29, por razones que permanecen ignoradas, asumió el mando de la isla en septiembre, aureolado por algunas de sus acciones, como el rol que jugó cuando Bolívar debió evacuar Cartagena de Indias, luego de lo cual mantuvo vínculos con el futuro Libertador cuando éste, exiliado en Haití, y con el aval financiero del gobierno del Estado negro, se preparaba para atacar nuevamente a los españoles en el continente.

La toma del mando de la isla por parte de Aury generó no pocas resistencias por parte de los estadounidenses inicialmente sumados a Mac Gregor, sin que faltara alguna ejecución, pero sin perder el tiempo, Aury con Gual y Pazos Silva avanzaron en la implementación de fórmulas de gobierno y así el 16 de noviembre se convocó a unos comicios que se concretaron apenas tres días más tarde, cuando por el voto de los que al menos llevaban 15 días como residentes de la isla, se eligieron los constituyentes.

Las sesiones de la Asamblea Constituyente comenzaron el primer día de diciembre y duraron ocho días, tras las cuales se conoció y comenzó a aplicarse una Carta Magna que fijó la existencia de tres poderes, según el esquema surgido de la Revolución Francesa con el agregado de un Consejo de Estado.

Esta Constitución sirvió luego, sin cambios, para otro estado, también de la región, que tuvo como jefe al mismo Aury, ya con más relaciones con las Provincias Unidas del Río de la Plata.

En ese momento el nuevo secretario de Estado de Monroe, John Quincy Adams, encargó al futuro presidente, Andrew Jackson, llevar adelante una nueva ocupación de Amelia, esta vez para desalojar la presencia de los corsarios que obstruían sus negociaciones con los españoles, porque, al final, era "América para los americanos", pero con las reservas del caso, como se sigue practicando.

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