miércoles, 6 de junio de 2012

En La Habana, arte sin concesiones en los espacios públicos

Octavio Borges Pérez (AIN, especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La XI Bienal de La Habana rompió barreras entre el arte contemporáneo confinado habitualmente en los consagrados sitios expositivos, para lanzarse a espacios públicos, sin hacer concesión alguna al populismo o guiños pseudo-democratizadores para ganarse a toda costa un no familiarizado espectador con su especializado lenguaje.

Aunque “ángeles” ciegos, malintencionados y mentirosos quieren atribuirle un cariz abiertamente politizado y “oficialista”, la cita habanera que desde su creación siempre tuvo atisbos de acercar el arte al común de las personas, nunca antes lo concretó con tan marcada intencionalidad.

Para el incrédulo, basta recorrer con pupila avizora uno de los más populares paños del Malecón habanero, democrático y accesible, enorme diván de habaneros y visitantes, para capear el canicular calor, hablar de lo humano y divino, enamorarse o encontrarse con propios y extraños.
Ese especial sitio donde más evidente se hace la psicología insular, en un estrecho muro que permite beber horizontes o hundirse en los vericuetos de la introspección, es por estos días gran galería a cielo abierto donde apreciar obras de cubanos de la Isla y asentados en muchísimos otros lugares del mundo, cada quien con su personal mensaje.
El Prado capitalino, para nada elitista, también es escenario de la sugerente propuesta del colombiano Rafael Gómez Barro, con una legión de hormigas pululando por fachadas e interiores del Teatro Fausto, como metáfora de obligados desplazamientos humanos, o acogió la masiva Conga Irreversible de Los Carpinteros que conminó a cientos de personas a arrollar hasta La Punta, en una expresión multi-expresiva y con tantas lecturas como cualquiera sea capaz de hacer.
Allí también Manuel Mendive realizó su multitudinario performance Las cabezas, con desnudos totales incluidos, que a muy pocos pacatos escandalizó por su sentido de rito artístico por el mejoramiento humano y hasta estimuló a una que otra abuela, según declararon en el Noticiero Nacional de Televisión, a llevar a sus nietas para apreciar arte del bueno.
Macsan, proyecto multidisciplinario desarrollado en la barriada de San Miguel del Padrón, para crear un museo de arte contemporáneo en unas abandonadas ruinas, atrae a los vecinos con sus propuestas de interacción comunitaria, sugerencias para conservar productos vegetales y hasta un tele centro local.
Ciudad Generosa, del Premio Nacional de Artes Plástica René Francisco Rodríguez y sus discípulos de Cuarta Pragmática, despierta el interés de las personas con sus casas de disímiles materiales, concebidas para que sus habitantes se interrelacionen, con soluciones ideales que pueden traerse a la realidad y demuestran lo mucho que con poco se puede lograr.

En el Pabellón Cuba “Creaciones compartidas”, muestra de jóvenes artista de diversos países, se regodea con el aspecto lúdico e interactivo de las piezas, que se completan con la intervención de los espectadores, unas veces invitándolos a una mesa de billar con forma de isla de Cuba, a ponerse coturnos de geishas multidireccionales o a mascar goma para transformar imágenes proyectadas.
Allí también el visitante cae en la mirilla de un video instalación que lo toma como tiro al blanco, en otra cabina la incitación a un grito o sonido cualquiera desata una cascada de entrevistas sobre temas inusuales o una joven realiza joyas y objetos utilitarios con desechos del cuerpo humano.
En el cine Acapulco, el hip hop cubano undergrown, con la irreverencia y a veces hasta intolerancia de criterios de las generaciones más jóvenes, sacaron a la palestra temas polémicos actuales que les preocupan y ocupan en el performance visual musical “Créeme”.
Por La Habana Vieja y Centro Habana, los franceses JR y José Parlá recorrieron calles y plazas con “Los surcos de la ciudad”, una exposición itinerante, cuyos modelos son los vecinos de las comunidades, sobre todo, los más humildes y de la tercera edad, sorprendidos y entusiastas por ver sus rostros expuestos en gigantografías colgadas en los espacios públicos.
Eso, sin hablar de de los artistas consagrados a nivel mundial que acudieron a La Habana a exhibir sus obras y compartir experiencias, como el belga Hermann Nitsch, la serbia Marina Abramovic, los mexicanos Gabriel Orozco y Pablo Helguera, o la brasileña Diana Rodrígues, por solo mencionar algunos.
Como botón de muestra de las opiniones sobre esta edición valga lo expresado por el estadounidense Gilbert Brownstone, famoso galerista y presidente de una fundación que lleva su nombre (con el objetivo de acercar la justicia social a los pueblos mediante la cultura).
Nada que envidiar tiene la Bienal de La Habana a la de Venecia, declaró, en el programa Mesa Redonda, de la Televisión Cubana; y añadió que el evento italiano considerado el más famoso su tipo del mundo, es un mercado donde hay poco por descubrir y al que asisten escasos artistas del Tercer Mundo, todo lo contrario a lo que sucede en la capital cubana.
Brownstone afirmó que el mercado está matando al arte en todo el planeta y en contraposición, Cuba deviene el país que más ha hecho para preparar y educar a su pueblo y se siente muy orgulloso y un privilegiado por trabajar con la Isla.
Foto 3

También el especialista mexicano Cuauhtémoc Medina dijo que el espectador cubano es el sueño de cualquier curador porque existe, y es cierto.
En fin, el que no quiera ver que no vea, pero la realidad está ahí al alcance de ojos desprejuiciados y mentes abiertas para quien quiera comprobarla.
Fotos 1 y 2: Exposición LLEGOOO ¡FEFA!, de María Magdalena Campos Pons y Neils Leonard, en el centro Wilfredo Lam, como parte de la XI Bienal de La Habana.

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30.000

Ricardo Luis Plaul (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Los llaman desde el fondo del silencio,
retumban sus rostros y sus manos
como tambores sin dueño.
Inseminan su fuego multitudes,
hay ausencias que acontecen
en las llamas inquietas del deseo.
¿Quiénes ocuparán tu silla, tus huellas profundas?
Te atrapan con miradas imposibles
retratos sepias en repisas pequeñas
donde atardecen las vidas incumplidas.
Hay un cielo de soledades esperando
tu palabra que no llega.
Como una herida reciente
crecen en la Memoria
los pasos cercenados de jóvenes sueños
que en punta de pié iluminaban el camino.
Otras manos aferran la tea
en las calles del mundo,
marejadas de esperanza
dejan oír sus voces indignadas .
Tienen que ver con la Justicia.
Tienen que ver con Vivir.
Tienen que ver con el Amor.


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Buscando una Coca loca

Chara Lattuf (Desde Caracas, Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

En estos días el tiempo aquí en el trópico está alterado, ya no se sabe cuando comienza el verano o el invierno, lo que sí se nota es una lluvias pertinaz que alborota los recuerdos y limpian la ciudad. Mientras tanto disfruto tomando una Coca loca, viendo a través de la ventana unas inmensas gotas que rebotan en el vidrio. Me alejo unos pasos y tengo a la vista el cuadro aún no culminado, tan solo algunos trazos reflejados en colores que guían una silueta en la pintura. Trato de concentrarme pero el sonar desde el teléfono celular desvía mi atención, solo para ver en la pantalla las ofertas no cumplidas de la compañía telefónica, de regalos que buscan despertar los sueños consumistas del usuario. Solo camino unos pasos y me encuentro con los periódicos que serán leídos durante el día y la computadora que aún permanece activada, con mensajes por leer en el correo electrónico. Dejo a un lado de la mesa la botella vacía de Coca loca y por un momento me preguntaba el por qué de esa adicción a esa bebida; tanto así que estoy más pendiente de comprarla en el supermercado por caja para asegúrame que tenga lo suficiente; mientras que a veces olvido buscar en algún comercio los colores que me faltan para terminar mi obra. En eso ando, me distraigo consumiendo cuantas cosas ofrece el mercado del entretenimiento y eso hace que me aleje de eso que alimenta mi espíritu y creatividad: la pintura. Para no caer en un conflicto, estiro mis piernas y me dirijo a la sala; me acuesto en el sofá y enciendo la televisión, comienzo a cambiar los canales con el control remoto, una y otra vez se suceden imágenes en la pantalla, sin detenerme a ver alguno. Abro una nueva botella de esa bebida energética y en un largo sorbo observo, al inclinar la cabeza, que aún sigue lloviendo y comienzo a sentirme relajado; tranquilo. Lo bueno de esta Coca loca es que te hace sentir bien y quienes la consumen no están siendo perseguidos por la policía y la puedes tomar tranquilamente en las calles. Ya cuando casi me quedo dormido en el relax del cuerpo reposado al mueble, escucho que las cerraduras en las puertas cedieron y solo se escucharon luego las llaves y al unísono de las voces de mi esposa e hijas que dicen ¡llegamos!; eso se escucho como un grito de guerra; o tan solo era volver a la realidad.

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Lima, una modernidad por construir

Jorge Zavaleta Alegre (CAMBIO16. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

Lima, con cerca de diez millones de habitantes (un tercio de la población nacional) no forma parte del grupo de urbes globalizadas. Su actual estructura marca profundas brechas y cicatrices de desigualdad. Es difícil predecir si la intensa migración de los pobladores del ande, con su gran creatividad, podrá cambiar el rostro de las urbes del litoral cuando persiste una administración nacional patrimonialista y excluyente. Son muy escasos los esfuerzos para conservar la arquitectura vernacular, en medio de la fiebre edificatoria sin mayor supervisión técnica y la especulación financiera.

Los 50 años que cumple en Junio el gremio de Arquitectos del Perú bien pueden servir para hacer un balance del proceso urbano de las ciudades. Para empezar existen varias iniciativas de Ley ya presentadas al Congreso de la República por los arquitectos con el objeto de encontrar soluciones a los problemas relacionados con el proceso edificatorio que afecta seriamente en la calidad de vida de sus habitantes.


La decana del gremio de Arquitectos del Perú, Shirley Chilet Cama, informa que el Legislativo ha recibido tres propuestas de Ley a través del Arq. Humberto Lay, presidente de la Comisión de Ética y miembro de la Comisión de Vivienda. El parlamentario Lay ha informado que tramitará las iniciativas, promoviendo consultas entre sus asesores y él ha tomado nuestra propuesta como suya, estaremos pendientes del proceso.

Tales iniciativas de ser aprobadas por el Congreso generarán grandes cambios en el crecimiento de las urbes ahora afectadas por la ausencia de fiscalización y seguimiento técnico en el proceso de edificación por parte de los gobiernos locales y de otras instituciones.

-La Ley 29090 está vigente desde hace cuatro años. ¿Por qué no se ha escuchado el reclamo de los arquitectos y otros gremios?

- Nuestra propuesta se denomina “Ley 29090, sus Normas Modificatorias y Complementarias (Ley No 294776 y Ley No 29566) y Reglamentos. Dicha Ley 29090 viabiliza las inversiones individuales, familiares o empresariales, pero requiere perfeccionarla para que los organismos públicos y privados, e instituciones vinculadas, sean parte de un eficiente sistema de control y verificación en los procesos de licencia y facilite la inclusión de quienes no construyen con las formalidades del caso.

-¿Las licencias y supervisión de la obras son claves?

-Estamos pidiendo que los arquitectos sean los encargados de la supervisión de las obras, que hoy en día es función de los gobiernos locales. La supervisión no se está dando con la rigurosidad técnica que demanda esta labor.

Actualmente, la persona que quiere construir una obra paga a la municipalidad por el derecho a la supervisión, pero ocurre que el gobierno local, muchas veces, no utiliza ese ingreso para la supervisión o no tiene el personal capacitado para cumplir esa misión. Por lo tanto no participa en todo el proceso constructivo.

En nuestro reglamento institucional hemos aprobado que la supervisión de obras responda a la capacitación debida. El Colegio viene realizando cursos específicos en todas las regiones, acreditados por nuestro Consejo Nacional y que al acceso de todos aquellos que postulan a supervisores de obras. Si la Ley 29090 se modifica dándonos esta facultad vamos a poder designar a los respectivos supervisores, como sucede cuando se demanda especialistas para una Comisión Técnica. Las municipalidades recibirán formalmente los resultados de nuestra intervención en cada una de las obras que tienen licencias de construcción.

-Hace dos años hubo confrontaciones de los Colegios de Arquitectos e Ingenieros con la Cámara de Constructores -CAPECO, que inclusive el Tribunal Constitucional salió a favor del capital privado y no de la indispensable función supervisora del Estado. ¿Cómo se ha superado esta posición?


-Hemos logrado, a través del diálogo, que la Cámara Peruana de la Construcción, el SAT de la Municipalidad Metropolitana de Lima, las Municipalidades Provinciales, avalen nuestra propuesta al Poder Legislativo. Es preciso señalar que en los gobiernos locales donde se aplica este dispositivo, se interpreta de manera particular, no se ajusta ni a su realidad ni a la normativa vigente, por se han incorporado más actores en el proceso a tal punto que una comisión técnica distrae los propósitos de seguridad y formalidad de un proyecto.

CONCURSOS PUBLICOS

¿Los concursos públicos han desparecido? ¿Será por eso que no se aprecia mucho las mejores del paisaje urbano?

-Nuestra segunda propuesta es la “Ley que regula el concurso de Anteproyectos y Proyectos Arquitectónicos y Urbanísticos para obras con financiamiento del Estado”. Se busca incluir a las entidades del Estado, en cualquier nivel de gobierno, que promueven y/o ejecuten obras con financiamiento total o parcial de recursos públicos, incluyendo endeudamiento. Los criterios de evaluación consignados han sido elaborados en concordancia con la normativa del Sistema Nacional de Inversión Pública y Contrataciones del Estado.

¿Pero el Congreso desaprobó hace tres años una iniciativa de tal naturaleza presentada por su gremio?

Nuestra propuesta de Ley 3463/2009-CP que perfecciona disposiciones para la contratación de Obras Públicas de Impacto Urbano, en efecto fue archivada por la Comisión de Vivienda y Construcción de Congreso de la República, según un dictamen del 23 de junio del 2010.

Una de las argumentaciones fue que el proyecto del CAP no seguía los lineamientos y normas que deben regir el sector público. Para adecuar y superar tal premisa venimos sosteniendo reuniones con el Ministerio de Vivienda y con el Organismo Supervisor de las Contrataciones del Estado (OSCE) a la espera de encontrar el camino más corto. En consecuencia estamos por una nueva Ley que modifique OSCE o una norma precisa.

-¿El trasporte es una de las mayores dificultades para el desarrollo de las ciudades? ¿Qué novedades nos trae la propuesta de Ley de Movilidad Urbana Sostenible?

Esta iniciativa es producto de numerosas mesas de trabajo con los aportes de especialistas de la escuela de postgrado de la Facultad de la Universidad Nacional de Ingeniería y de la Municipalidad Metropolitana de Lima.

La iniciativa legal busca superar limitaciones la desigualdad social, inequidad económica y falta de oportunidades de desarrollo, los sobrecostos económicos y pérdida de competitividad empresarial, el aumento del subdesarrollo, entre otros objetivos sustanciales.

El proyecto considera la creación del Consejo Nacional de Movilidad Sostenible, adscrito a la Presidencia del Consejo de Ministros y con calidad de pliego presupuestario. Involucra Planes de Movilidad Urbano Locales Sostenibles para Ciudades intermedias de entre 100,001 y 250,000 habitantes y para Ciudades mayores de 250,001 habitantes. También promueve el uso de los desplazamientos por medios no mecánicos a favor de los peatones y ciclistas.

-El país cuenta ahora con 34 facultades de Arquitectura, cuya certificación laboral es una necesidad perentoria. ¿Qué hace el Colegio?

Si bien las universidades son las que expiden la certificación, corresponde al Colegio formalizar este trámite porque es un proceso que toma su tiempo. El Consejo Nacional del CAP ha aprobado dar inicio a esta obligación. Hemos designado a un represente que es el Arq. Manuel Ferreyra, quien ha elaborado la propuesta para ser presentada a la CONEAU, previa consulta con nuestras regionales. Este mes de junio representantes de CONEAU participarán con exposiciones concretas para informar a los delegados del CAP cómo llevar adelante el proceso.

-¿Qué significa para un arquitecto contar con un Colegio que ya tiene medio siglo de vida?

Un gremio depende de la dinámica de sus miembros. Pues el CAP no es una institución aislada. Desde una visión global, formamos parte de la Federación Panamericana de Asociaciones de Arquitectos (FPAA) y de la Regional de Arquitectos del Grupo Andino (RAGA). Varios de sus miembros, estarán en Lima en junio para brindar exposiciones magistrales en 25 jornadas como parte del programa de las Bodas de Oro del Colegio de Arquitectos del Perú. El programa debe extenderse durante el año con eventos como la muestra expositiva simultánea “5 décadas de Arquitectura Andina”, en Julio; la XV Bienal de Arquitectura Peruana, en Setiembre en Chiclayo y el Congreso Bicameral Perú-Ecuador en Octubre.

Entre los temas que serán abordados en el ciclo de junio tenemos: Políticas de vivienda y soluciones en Uruguay. Vida y obra del famoso arquitecto Oscar Niemeyer. La relación de la arquitectura con el diseño. La vivienda en Colombia siglo XXI. Los jóvenes arquitectura de Argentina. La política habitacional del gobierno de Venezuela 1999-2012.

También: la Exposición Mundial en Shangai-China: Tecnología en nuevo milenio. Los nuevos retos del Ministerio de Vivienda. Movilidad y planeamiento de la ciudad. El arquitecto peruano y su rol en el desarrollo de la vivienda y el equipamiento social.

La gestión del territorio frente al cambio climático. La movilidad, bicicleta y trasporte sostenible. En cuanto a la formación académica en el Perú: la certificación profesional, acreditación y certificación. Fab Lab, la revolución de la fabricación digital. Eficiencia energética en las edificaciones: edificios inteligentes. El infinito de la arquitectura. Discurso y prácticas: ciudad, inclusión social y gobernanza democrática.

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Un hombre que vio el futuro

Carlos Alberto Parodíz Márquez (Desde Alejandro Korn, Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Hacer el inventario de la realidad es muy fuerte. Seguro que hay quienes consideran que nada hay que considerar. Valor en desuso, descarte espiritual que daña, corroe y gasta. Pensé con aire lúgubre, mirándome al espejo, el de cristal y el mío propio que no me miente por más que me empeño.

Me propuse estar levantado, esa mañana, de mayo del 2012, para ganarle al vasco cuando decidiera llamarme. Había deslizado algo respecto a ciertas cuestiones un tanto imprecisas. Pero nuestra vida es así, una suma de borrones. Manchas de tinta, finalmente. Lo que si recordé es que vendría a Korn, acompañado de “la alemana”, eso ya ganaba el día, y derrotaba impaciencias.

Salí al césped interlocutor de la casa, que me aleja convenientemente de la calle para ver al trío perruno que no tiene paz. Tanto Enriqueta, como Olivia y Román, jugaban a la pelota, disputándose alegremente lo que queda de ella. Por supuesto salí armado del celular en el bolsillo del chaleco, porque el día era una penumbra lamentable. Los grises estaban de fiesta y aquellos más sombríos parecían transportar opresiones que mejor no investigar.

El piso de piedras, bajo el barro deslizante, engañaba como el más taimado. Firme pero resbaladizo, sería una buena explicación luego de caerte, por supuesto. La calle donde se asienta, pasa frente a mi casa, y los perros de la misma, ya habían destrozado, cuanta bolsa de residuos con alimentos perdidos, podrían ser encontrados con este método contundente. Pero el hambre acecha y lo primero que hace la gente es abrir la puerta para que salgan sus mascotas, a rebuscarselas como puedan. Olvidan que la puerta abierta permite entradas non sanctas, que cobran caro su paso.

El camión municipal que recoge la basura tiene horarios erráticos. Siempre, cuando pasan, están apurados. Parecen temer llegar tarde a algún lado. Puede ser, pero como uno no sabe adonde van, se queda pensando. Que la basura siempre llega antes, eso es lo cierto y es posible que nunca la alcancen. Casi como la vida.

El celular me estalló en el bolsillo del chaleco y también la expectativa, ¿Cómo estaría la alemana? después de tanto tiempo. La seguridad algún día va a jugarme una mala pasada. Creer que Yon era el que llamaba, con la seguridad de un killer, me descolocaba, pero era así, estaba seguro que era él y se lo dije:

¿Por donde estás vasco?, en el mes de la patria, no te podés perder, me imagino. No le gustó aunque supo guardar las formas, no venía sólo.

Estoy en la entrada del pueblo, y como siempre, san Vicente va para la derecha ¿será así?, mas que una pregunta me sonó como una declaración.

Si no olvides que acá estamos a la izquierda, retruqué en tono zumbón. A veces seguirle la corriente al vasco, me oxigena. Acordate del refugio y la escuela, para no confundirte le sumé aunque no estaba seguro si tenía conectado el altavoz para hablar sin manos. Me imaginé que no, porque en ciertas cosas el vasco suele ser cuidadoso.

Quedate tranquilo, en cinco minutos estoy allí, fue su respuesta. Repasé mentalmente mi presencia, conviniendo conmigo que estaba presentable. Hacía rato que no prestaba atención a mi atuendo. Me hizo sospechar malamente el rumbo de estas ideas..

Finalmente el Alfa pobló de gris el centro del camino ripiado, cabeceó gentilmente un par de veces, para depositarse sobre el puente de madera que ya empieza a escribir su historia. Historia de encuentros casi furtivos, donde dejaban confusas señales de sus verdades, pasajeros que le contaban al vasco. Este asentía, siempre en silencio, razón por la cual estos eventuales interlocutores, nunca sabían, bien, que opinaba por los menos, sobre esas verdades un tanto difusas que le solían comentar

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Decidimos, a decir verdad decidió él, quedarnos a comer en mi casa de Alejandro korn, que está muy lejos de parecer hospitalaria, pero es así de obcecado. Mucha atención no le presté. Estaba ocupado en repasar a la figura femenina, algo que me interesaba más, por obvias razones, todas menos la naturaleza de la información que, según Yon, debía interesarme. Pero a decir verdad no me desvelaba, ella sí, por supuesto.

El vasco, maestro en interrupciones a la concentración absoluta, me trasladó sin escalas al porqué de ese almuerzo que, a partir de ahí, sería casi absurdo. Tenía tres copas rojas de cristal, sobrevivientes de giras y mudanzas, disponibles para lo que se venía, porque a la alemana, él disfrutaba con sorprenderla, yo lo sabía y además, imaginaba una cadena de pequeñas emociones, encapsuladas para soltarlas como gotas de rocío. Yon, no tenía interés en nuestro interés, cuando anunció.

- La posibilidad es digna de la fiesta, una bienvenida a tiempo, después todo puede cambiar, es la posibilidad – fue su enigmática presentación, pero le gusta y no se lo guarda; a veces también la desliza, como la brisa de una tarde en la cañada, cuando se escucha respirar a los zorzales. Pero la digresión debe interrumpirse, - vamos a acompañar el almuerzo con una pequeña atención de “los someliers de vinos de autor. La propuesta blanca de esta bodega de alta gama es otra especialidad en Pinot Noir patagónico; es para vos, le dijo a ella, si optas por eludir el Malbec “Nosotros “, cosecha 2008, Dominio del Plata – Mendoza y les aseguro –dijo casi emocionado-. Que bien vale morar y morir en este intento, por supuesto servirá para deslizar el menú, “puro corazón italiano” aunque nos falten las máquinas de escribir, de donde viene el alimento – agregó el vasco, casi en el límite de la euforia.

-Queso parmesano, y jamón crudo hecho especialmente, tomates secos en aceite, para empezar, luego una comida, hay que elegir el grande antipasti trattoria, que incluye fritto del giorno (verduras fritas), bruschetas con pasta de aceitunas, paté casero, caponata siciliana y verduras grilladas. Las ensaladas rúcula orgánica, dry tomatitos, portobellos frescos, queso feta y tostadas de papa al pomodoro, Como primi piatti risotto zaferrano, Como secondi piatti, lomo envuelto en guanciale, crosta de parmesano y verduras asadas, Para el final, mini tarta de polenta y manzanas con helado casero de crema y canela -, selló la perorata que ante cada anuncio me hacía retroceder en mi sillón hamaca.

- ¿Y cual es el motivo de esta celebración que decís nuestra? – interrogué sin el menor rastro de curiosidad, pero atento, porque ella miraba sin perder detalle.

Me entregó un sobre engomado, como siempre colorido con las banderitas azules, rojas y blancas, pero acompañando una advertencia, - léelo después, ella te lo va a resumir, porque tal vez te interese, aunque no lo difundas, una oportunidad a la paz siempre vale, ¿no te parece?, nos dio la espalda, en realidad a mí, para abocarse a los preparativos del menú, mientras él ordenaba la mesa y las sillas, que era cierto, lo necesitaban.

La alemana, dulce contradicción, empezó explicando la razón de las euforias de Yon:

- Las conversaciones entre el ‘sexteto’ e Irán no tuvieron resultados -, tituló, con una dicción que en su voz ligeramente ronca, me sonó a manantial serrano.

Las potencias mundiales implicadas en el arreglo del problema nuclear iraní, conformado por cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU (China, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y Rusia) y Alemania empiezan a celebrarse mensualmente.

La próxima ronda de conversaciones entre mediadores internacionales e Irán será a mediados de junio en Moscú. Los encuentros en Estambul en abril y Bagdad en el reciente mayo terminaron sin éxito.

Pero las causas radican en cambios de situación política en la República Islámica de Irán, que se produjeron a fin de marzo. Irán celebró la primera etapa de elecciones generales para la novena legislatura de su Parlamento (Majlis). Pese a que la oposición quería boicotearlas, la asistencia fue del 64%, una de las más altas en la historia de la celebración de comicios parlamentarios en la república. Una muestra de confianza del país -, siguió su relato.

Los conservadores, partidarios del líder religioso de Irán, ayatolá Ali Jamenei, ganaron las elecciones al lograr más del 60% de los votos.

Los neoconservadores que apoyan al presidente Mahmud Ahmadineyad, lograron un 4% de escaños en el nuevo parlamento. Durante la segunda etapa de las elecciones celebrada a principios de mayo, Ahmadineyad aumentó al 6%.

Aunque los neoconservadores pueden lograr el apoyo de candidatos independientes -(30% )- de escaños en el parlamento, esto no cambiará la situación.

Por esto, el nuevo parlamento bloqueará los intentos del presidente Ahmadineyad de ampliar los poderes del Ejecutivo y hará lo posible para establecer control sobre la actividad del Gobierno.

De hecho, esto pone fin a la dualidad de poderes en el país. Ahora las riendas las tiene el líder religioso de Irán.
La victoria en las elecciones parlamentarias permitió al ayatolá Ali Jamenei tomar la iniciativa en el arreglo de la crisis nuclear iraní. Durante las conversaciones con los mediadores internacionales en Estambul, Teherán consintió limitar el proceso del enriquecimiento de isótopo del uranio U-235 enriquecido en un 3,5 % hasta el nivel del 20%.

Esta propuesta fue hecha por primera vez en los últimos años después de que Ali Jamenei reforzara su poder en Irán y se consiguieran éxitos en la realización del programa nuclear iraní. Uno de ellos la puesta en marcha de la planta de Fordo para enriquecer uranio. Su ubicación dentro de la roca la hace invulnerable ante las armas convencionales. Además, las reservas de uranio enriquecido hasta el 20% son suficientes para suministrar combustible nuclear al reactor de investigación de Teherán.
Finalmente, la primera central nuclear iraní- Bushehr-, en el sur del país, alcanzó un 90% de su capacidad proyectada, lo que indica éxito del programa iraní.

Así las cosas, fue necesaria una ronda más de negociaciones que se planea celebrar el próximo 18 y 19 de junio en Moscú. Parecen los protagonistas evitar dramatizar la situación: según Catherine Ashton, Representante de Política Exterior de la UE, quien aspira a ver progresos en las relaciones entre Irán y el ‘sexteto’. Y Teherán parece dispuesto a reducir esfuerzos dirigidos a enriquecer uranio.

Si esto es cierto se habrá parado la escalada militar de la crisis nuclear iraní, lo que abrirá la esperanza de que el problema pueda arreglarse por vía pacífica.

En caso contrario, la probabilidad de una guerra será más alta, y podría trasladar una guerra regional de consecuencias “imprevisibles”, se descansó la alemana.

Me quedé pensando, si se evita la guerra con Irán, el frente deja de ser militar para ser económico y la crisis, mucho más gravosa para los intereses de las potencias en juego, pero el informe según una modosa mueca de la alemana, podría haberle llegado de los rusos, más esperanzados que los occidentales quienes, por supuesto, no quieren pagar esos costos sociales. Un ramalazo de la memoria me trajo el recuerdo de una película, vinculada con las predicciones, “el hombre que vio el futuro” y preferí olvidar. Pero, a decir verdad, el silencio de Yon me obligó a mirar la mesa y la copa que llegaba, como un alivio. Era la roja tentación, pero sin forma de mujer, ese era otro tema, pero sin debate.

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Crítica literaria: “Espía de los Balcanes” de Alan Furst

Francisco Vélez Nieto (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

“Espías sobre los Balcanes” la más reciente novela de Alan Furst vertida al español narra una historia que discurre allá por el año 1940 cuando Europa era un auténtico polvorín. La cruenta Guerra Civil española ha terminado con el triunfo del nacionalcatolicismo y el demencial Führer Adolf Hitler a un disparo de salida para de iniciar la Segunda Guerra Mundial. Dos dictaduras implacables en la Península Ibérica y una contienda, sangrienta tragedia, en Europa con millones de víctimas, dentro de los cálculos de un desquiciado idolatrado por un pueblo en su mayoría enloquecido por sus cantos utópicos de una raza elegida, superior, deseosa de dominar el mundo. Enfrente, la también demencial dictadura stalinista

Dentro de tan ambiciosos planes uno de los cercanos consiste en invadir los Balcanes, zona estratégica para la total conquista de Europa por los ejércitos alemanes. Y allí, el punto geográfico que tomar por su privilegiada situación no es otro que la mítica Salónica. Así, que la ciudad se va llenando de espías y con ellos una caravana de variadísima gama mundial, avalancha huidos y exiliados, colaboradores dispuestos a adaptarse, resistentes con su prurito de orgullo nacional a comprometerse con aquellos que pretenden escapar de la barbarie hitleriana, en pleno delirio de exterminio de la veda abierta criminalmente planeada. Siendo estos, muy especialmente, personas de origen judío raza que el desequilibrado ambiciona exterminar. Ellos serán el eje de la trama de esta historia considerada como la más lograda, importante, de todas las novelas ya publicadas por este reconocido novelista Alan Furst.

Y uno de los principales personajes dispuesto a correr los riesgos que sean necesarios para colaborar, utilizando todos los medios de su capacidad profesional, dadas las importantes relaciones y prestigio de los que goza entre aquella cosmopolita ciudad que, de una u otra manera están en contra del nazismo porque también ellos palpan el peligro que significa para las libertades, la vieja cultura de un pueblo y su paralelo compromiso y orgullo de sentirse patriota. Este hombre se llama Costa Zannis, un experto y versado oficial de la policía, entrado en años, que regresa a Salónica tras luchar contra las tropas de Mussolini. Su visión de la vida, nada lánguida, pues es de inquieta conciencia, no le permite dudar mucho sobre en qué lado debe situarse en esta peculiar ciudad donde habitaban en 1940 unos 400.00 judíos sefardíes, la mayor parte de los habitantes de la ciudad. Familias judías que llegaron a la metrópoli cargada de historia, procedentes de España de donde fueron expulsados en 1492 por los Reyes Católicos. Por fortuna y agudeza de los gobernantes fueron muy bien acogidos e invitados por el sultán. Ellos, con su laboriosidad y altura intelectual, enriquecieron la ciudad que alcanzó un gran desarrollo económico abriendo el comercio a los países occidentales hasta finales del siglo XIX.

Pero Salónica, como todo espacio habitado por seres humanos lleva equiparada tanto la tragedia y la salvación, como la farsa y ambiciones propias de la condición humana planeando sobre todo tipo vivencias: la incertidumbre y los problemas en sus más diversos aspectos. Nada es suficiente, y menos en una sociedad semejante a una Torre de Babel. Imposible reducir su vida al desasosiego, todo lo contrario porque la vida palpita en sus más amplias manifestaciones desde los prostíbulos, que no son pocos, a las trastiendas de las barberías, los teje y maneje de los negocios y todo lo propicio al sainete y melodrama, porque donde se encuentra Don Dinero cualquier soborno es bien recibido. De igual manera que los clubes nocturnos hacen su agosto y el sexo no tiene reparos pues los apetitos corporales son incontenibles. No importan el alto coste, todo se discute, claro, pero, siempre se llega a un acuerdo, si urgencia obliga, dado que el pánico crece con el número de comerciantes e intelectuales que escapan de Alemania día tras día.

Y comienza el desfile de personajes, mujeres que deslumbran y seducen, como Roxanne Brown, espía, culta, elegante, profesora de baile o al menos lo fingen con estilo, con la que lleva Zannis, que ignora que es agente inglesa, un año de placentera intimidad, amor incluido, pero todo es válido, en la ciudad de las intrigas y los misterios y la lucha por la supervivencia, la oportunidad de dinero fácil, además de los espías tanto alemanes como ingleses llevando doble vida aunque a veces hasta se juegan el pellejo. Imprescindible en la historia narrativa el papel de Emilia Krebs alemana judía de alta y culta clase social casada con un elevado cargo militar. Privilegio que permite entregarse, no sin riesgo, a la salvación de personas de su raza y clase, en peligro de ser apresadas por el aparato de la SS. Arriesgado trabajo que le lleva a entrar en contacto con nuestro protagonista Costa Zannis. Todo un mundo de tensa atmósfera en las amplias diversas facetas y situaciones que se suceden. Vuelve, pues, al lector, una tensa e incansable aventura catálogo de enigmas con posible solución. Todo dentro de una narración que expone con precisión un fragmento muy interesante de un tiempo que fue real, que aunque vestido de ficción existió en el más amplio capítulo de toda una conmoción en la que estuvo envuelta la condición humana con sus virtudes, humanidad y demencial crueldad.

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La presencia

Nechi Dorado (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

No sé si es hombre o mujer, tampoco sé si es bestia. Sólo imagino su odio encarnizado y sus ansias de sed, incontrolables.

La presencia, diré, saciaba su gula encadenando flores, salpicando horizontes, arrancando mañanas en aborto feroz de madrugadas.

Cabalgaba sobre nubes de odio desatando tempestades y dejando su semilla germinada convirtiendo al mundo en un tormento.

Aniquiló historias arrancando hojas de las que serían las páginas futuras.

¡O agregando hojas, tal vez!

¿Quién no te dice que algún ayer derrumbado vuelva a renacer de sus cenizas?

Con paso firme, la presencia, lanzaba rayos de odio iluminando el confín donde algún arco iris descolorido agonizaba su brillo, taponado por vómitos de humo. De momento.

Pese a tanto, hay algo que no pudo esa presencia intangible pero viva.

Lejos de su cueva abominable algo indicaba que la historia aún no había terminado.

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Plástica: Adolphe-William Bouguereau (1825-1905)

El Ave Fénix

Fue uno de los principales representantes de la corriente academicista de la pintura que se desarrolló en Francia durante el siglo XIX. Sin duda fue uno de los pintores más grande de la figura humana en toda la historia del arte. Sus figuras cobran vida como ningún artista anterior haya logrado. No sólo era el mejor de la historia en la pintura de la anatomía humana, y lo que es más importante capturó los más sutiles matices de la personalidad y estado de ánimo.

Su considerable obra (828 pinturas conocidas) era característicamente académica; con una técnica muy depurada, buen acabado que cuidaba con esmero, colorido variado, tema narrativo y sentimental desde perspectiva clásica. Viajó por Italia estudiando a los clásicos italianos.

Muy trabajador y metódico, ayudó a muchos pintores jóvenes a continuar con su carrera artística. En 1903 fue nombrado "Gran Oficial" de la Legión de Honor francesa.

Aunque su fama decayó al principio del Siglo XX, probablemente debido a su oposición al movimiento impresionista, hoy en día existe en algunos sectores un reavivado interés en su obra.

Bouguereau fue una persona recta y directa, ya fuera en sus funciones oficiales o con sus relaciones personales, lo cual le ganó más de un enemigo; a él no le gustaba el abuso del poder y la injusticia, y era un fiel seguidor de sus ideales.

Desde 1903 su estado de salud se fue deteriorando rápidamente, estaba tan delicado que le era prácticamente imposible pintar, Adolphe-William Bouguereau murió de una enfermedad del corazón en su casa de La Rochelle la noche del 19 de agosto de 1905.

En la actualidad está considerado como uno de los mayores genios artísticos de la historia.


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Cine: A propósito de “Batman”. Christopher Nolan, un cineasta del siglo 21

Jorge Zavaleta Balarezo (Desde Pittsburgh, Estados Unidos. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Cuando nos entregó “Following”, en 1998, ya percibimos al autor que se iría descubriendo más adelante. Ese aire de misterio en sus historias y ese querer darle la vuelta de tuerca a todo relato parecía estar siempre rondando, a la hora de filmar, por la mente de Christopher Nolan. Este cineasta británico, ahora a los 41 años, quiere demostrarnos que lo mejor está por venir y no se ha ahorrado ningún esfuerzo para que deseemos que el final de la trilogía de Batman, un filme rodado en parte en Pittsburgh, Pennsylvania, ya esté aquí.


En “Memento” Nolan demostraba, cáustico, su “saber hacer”, de pronto Guy Pearce era traicionado por su propia memoria y los retazos de ella componían la película. La tarea, entonces, era doble porque esta vez el espectador por cuenta propia -y por obligación- tenía que detenerse a armar el rompecabezas. A la inversa de la tradición clásica, “Memento” iba permanentemente hacia atrás, simulando un “flashback” total y envolvente. Sólo, al final, sobrevivían los trozos, si se quiere los recuerdos de los recuerdos, como parte de una caja china que nos cautivaba y nos llevaba a entrar cada vez con mayor entusiasmo y sorpresa en el misterio de una cinta que parecía no agotarse y que, sin embargo y al mismo tiempo, no sólo rechazaba fórmulas y estilos sino que estaba imponiendo su propia vigencia.

Aclamado después de este ejercicio de largo aliento y aún con cabos sueltos, Nolan se animó a hacer un casi inmediato “remake” hollywoodense de la sueca “Insomnia”. Quienes hemos visto ambas versiones podemos decir que la original es extremamente fría y calculada pero a la vez podemos afirmar que Nolan supo aprovechar el protagonismo de Al Pacino y Robin Williams (en uno de sus raros papeles de villano) y tal vez también de Hillary Swank. Donde la original sueca asumía y enfrentaba su propia lealtad y tal vez su letargo intrínseco, Nolan aceitaba la maquinaria y al final nos entregaba, despejados los misterios, una obra que quisiéramos ver más de una vez.


Entonces fue que Nolan encontró, quizá no tan casualmente, al superhéroe de Bob Kane, el solitario Batman, hombre murciélago a quien Tim Burton y, en menor medida el insoportable Joel Schumacher, habían catapultado a la cima del imaginario juvenil en los años 80. La primera parte estuvo bastante bien y la elección de Christian Bale para el rol principal no fue obstáculo para desarrollar una dramaturgia colmada, en el mejor estilo de su realizador, de trucos que dejaban a la “batiseñal” sólo como un inocente referente. La segunda parte nos mostró la perversidad y el daño del Jóker, en el que fue casi el último rol de Heath Ledger. Bombas que estallaban, pasajeros heridos por el pánico en un par de barcos, salvaciones de último minuto, cambio de planes y un Batman que al final no podía enfrentar el infierno en que se había convertido Ciudad Gótica: tales fueron los principales elementos o ejes sobre los que se sostuvo la segunda parte dejándonos con ganas para el estreno que viene pronto.


En el camino, Nolan precisó sus intereses y con “The Prestige” dirigió de nuevo a C. Bale, junto a Hugh Jackman. La cinta parecía una bien sazonada historia gótica, incluso con ecos de los libros de Nataniel Hawthorne o Lovecraft. Dos magos en permanente competencia y enfrentados a su propio destino. La escena final, es preciso decirlo, le hace un guiño a ese gusto por el misterio y lo capcioso que nos descubrió, desde un principio, a un Nolan conocedor de artificios y vetas oscuras.

De nuevo en “Inception” este cineasta despliega un imaginario que esta vez, sin duda, le debe demasiado a Borges, e imagina un laberinto, un sueño sobre otro, un infinito. La aventura, así expuesta, no parece terminar y en ella Leonardo Di Caprio y Marion Cotillard parecen escaparse de las coordenadas que les ha propuesto el relato. Muchos críticos acusaron la mezcla de película de acción con el gran referente del 007 y eso es cierto, pero no se puede olvidar, al mismo tiempo, que “Inception”, tan recurrente a la espectacularidad, bebía de su propia y extrema fuente imaginaria. Borges bien leído y cultivado parecía resucitar en los encuadres de esta película que, tal vez sin quererlo, era un gran homenaje para el célebre autor argentino, y que en todo momento esperaba la siguiente escena para seguir llevándonos arrastrados por su vendaval de especulaciones y emociones.


Con todo lo sostenido hasta aquí, ya casi no hace falta presentar a Christopher Nolan ni descubrir qué mágicos mecanismos guían su imaginación a la hora de escribir y dirigir una película. Sin exageraciones, podemos decir que en este siglo, sus trabajos se han situado entre lo más importante que nos ofrece el cine industrial y a gran escala. Tal vez sólo David Fincher, en estos momentos, sea capaz de mostrarnos esa poderosa creación que Nolan ofrece en cada película, donde reviven sus pesadillas, lo oscuro, lo ominoso, lo cruel, lo inesperado, y para lo cual él ya tiene preparado una sabia y elocuente respuesta.

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La práctica rompe la gramática; las palabras y las cosas son extensiones de nosotros mismos pero si no topamos con la realidad toda definición de ella

Guillermo Guzmán (Desde Barcelona, Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La agudeza sensorial tuya y la de todos es determinante para percibir la realidad; quienes hemos vivido a la machimberra, no obstante, contamos con una significativa ventaja respecto a quienes lo han hecho en una zona de comodidad, es que estamos fuera de ese asfixiante molde que te hace creer que más allá de tus narices no existe el mundo.

Acá nosotros los obreros, a campo traviesa, de sol a sol moviendo los remos para procurar la comida de toda la familia, a más de la de toda la sociedad, y allá la oligarquía explotadora y chupasangre, bribona y ociosa; nosotros luchando por ser libres y dueños de nuestro trabajo, a la vez que compartir con todos, sin excepción, y ellos tratando de apoderarse de nuestro esfuerzo y con la idea del plusvalor en la cabeza, para lo cual emplean la violencia en todas sus formas y maneras.

Y, entre nosotros y la oligarquía plutocrática intermedia un variopinto estamento que se hace llamar clase media, la cual más o menos, a su vez, se clasifica en clase media mínima, clase media medio media, clase media, clase media medio alta y clase media alta.

Pero, vayamos a los extremos, a nosotros los de más abajo y a ellos los de más arriba en la absurda escala social.

Nosotros que trabajamos como burros y ellos que nunca trabajan pero que dadas las estructuras de poder capitalista aprovechan el plusvalor de nuestro trabajo y para ello se valen de las capas intermedias de la sociedad, muchas de las cuales hacen el papel de bobas, no por decisión propia sino porque son presas de la alienación orquestada y dirigida desde arriba.

Karl Marx (Carlos Marx) definió el escualidismo como una “falsa conciencia de clase”, es decir el trabajador embobado que se la echa de sapo rabudo al creer que su meta es el “ascenso social” y no se percata de modo alguno de que él es consciente o inconscientemente usado como un trapo sucio por la élite chupasangre, es presa de “falsa consciencia de clase”.

Dicho de otra manera, un significativo sector de esa descrita clase media es ignorante de su propia realidad, tiene un basurero de ideas en la cabeza, se va de bruces como Sísifo en vez de luchar por liberarse del sutil yugo que le rodea el pescuezo: La enorme masa de sedimentos de información sesgada y que no es otra cosa que cadenas de miedo.

Sí la información no hace avanzar a un individuo hacia el conocimiento de su realidad, aquélla no sirve.

Globovisión, Venevisión, Televen y etcétera “lochas” embusteras al servicio de las oligarquías -“Últimas Noticias” “El Nacional” “El Universal” y dele que no viene carro- son nodrizas de miedos y de terrorismo mediático contra el pueblo y calan especialmente entre la clase media.

Los titulares de esos menos que lochas en verdad centavitos de prensa pero que se las echan de medios, son una desolación, a diario; es que esa prensa maloliente desestima el papel del pueblo de abajo en las manifestaciones del mensaje y pretende relegarnos a adherirnos a sus contenidos, que son los de las oligarquías pero, les daremos una buena patada en el culo, para que nos respeten.

Puesto que nosotros estamos en contacto con la realidad cruda, ese hecho nos permite tener a mano información de alta definición; la práctica rompe la gramática, estimamos el fundamento teórico que define los fenómenos pero toda definición de la realidad que provenga de la manipulación, del sesgo que los periódicos contrarrevolucionarios y las televisoras aludidas hacen a diario de la realidad venezolana actual, es basura que pretende debilitar la coherencia de nuestras percepciones y reducirnos a un limbo.

En mucho, buena parte de la clase media venezolana está esclavizada sin saber que lo está pero puede liberarse cuando enfoque sus ojos hacia el socialismo.

Las palabras y las cosas son extensiones de nosotros mismos y debemos utilizarlas para coexistir en una misma lucha por la liberación de la patria; hacerlo en contrario es una aberración.

Y, no puede faltar una broma a tiempo, de mi parte; es que obviamente, para saldar posibles suspicacias debo aclarar que Marx no pudo conocer la realidad actual, así que sería demasiado extemporáneo esperar que él se pronunciase de manera expresa acerca de los escuálidos pero sí, de manera tácita.

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Música: El contrabajo

ARGENPRESS CULTURAL

El contrabajo es un instrumento de cuerda frotada de tesitura grave. Suele tener 4 cuerdas. En otros instrumentos de su familia, como el violín y la viola, las cuerdas se afinan por quintas ascendentes. En el contrabajo, se afinan por cuartas: mi-la-re-sol.

Es el segundo mayor y más grave de los instrumentos cordófonos. El más grave de todos es el octabajo, que da sonidos dos octavas más graves aún.

Por razón de su tesitura grave, hasta tiempos relativamente recientes muy pocas veces se usaba el contrabajo como solista. El primer contrabajista virtuoso fue Domenico Dragonetti; el segundo, Giovanni Bottesini.

El sonido del contrabajo se produce por la vibración de las cuerdas al ser frotadas con un arco, aunque puede también producirse pulsándolas con las yemas de los dedos, al modo del bajo eléctrico o el tololoche, técnica que recibe el nombre de pizzicato o pellizco.

Los orígenes del contrabajo se remontan al siglo XVI, época en la que ya existía un instrumento llamado violone del cual parece derivar. Sin embargo, hasta el siglo XIX no adoptó la forma y las características actuales, una combinación de elementos propios del violín y de la viola da gamba. También durante ese siglo se incorporó definitivamente a la orquesta, en la que desempeñaba un papel secundario: se limitaba a reforzar la parte del violonchelo. Las dificultades de la interpretación derivadas de su gran envergadura limitaron su salto a los escenarios. A pesar de todo, a finales del siglo XVIII y durante todo el siglo siguiente algunos compositores depositaron su confianza en el instrumento, que se fue ganando el respeto de músicos y del público. Hubo que esperar a la segunda mitad del siglo XX para asistir al verdadero auge del contrabajo de la mano de instrumentistas, pedagogos y, sobre todo, del jazz, que brindó la oportunidad de lucirse en solitario y posibilitó la adopción de nuevas técnicas interpretativas.

El origen del contrabajo, el mayor miembro de la familia de la cuerda frotada, ha suscitado enardecidas discusiones entre los expertos. No existe unanimidad cuando se trata de decidir de qué instrumento deriva, aunque sí está claro que a partir del siglo XVIII adquirió entidad propia dentro del grupo de las cuerdas. Sin embargo, su emancipación en el ámbito musical puede considerarse ciertamente tardía en relación a otros instrumentos. Quizá todo ello se deba al hecho que inicialmente forma, tamaño, afinación y arco -es decir, los rasgos que lo definían- eran variables. La viola da gamba, la silueta del violonchelo o la característica forma de pera constituían algunos de los modelos tipo en los que los luthiers se inspiraban para su construcción. El contrabajo puede definirse como el segundo instrumento más grave de la familia de los violines, aunque presenta notables diferencias en relación a ellos.

Su origen se remonta al siglo XVI y fue una evolución de la viola da gamba y del violone bajo. Su gran tamaño, por aquel entonces mayor que el actual, lo dejó al margen del cuarteto de cuerda, formado por dos violines, una viola y un violonchelo. Hay quien afirma que el contrabajo no puede considerarse un verdadero miembro de la familia del violín. Y es que a finales del siglo XV su forma era la del violone a corde, el miembro más grande de la familia de la viola, que tenía unas dieciséis cuerdas.

A principios del siglo XVII, el musicólogo Michael Praetorius describió un instrumento de cinco cuerdas llamado violone. También conocido como contrabajo de viola da gamba o contrabajo de violón, parece ser el antecedente inmediato del contrabajo actual. La afinación de este enorme prototipo, que medía más de dos metros, era similar a la del contrabajo actual. Los sonidos que producía eran una octava inferior a los que el intérprete leía en la partitura, particularidad que se ha mantenido hasta hoy.

Así pues, puede afirmarse que el contrabajo deriva de una combinación de elementos propios del violín y de la viola da gamba. Del primero conserva, entre otros, las características aberturas de resonancia en forma de “f”, la inclinación hacia atrás del mango, el número de cuerdas -generalmente cuatro- y la terminación en voluta del clavijero. De la viola da gamba, el contrabajo ha heredado el cuerpo con ángulos discretos, el adelgazamiento central y los hombros caídos.

La situación del contrabajo en el ámbito musical del siglo XVIII distaba mucho de ser satisfactoria. Esta agonía se prolongó hasta la entrada en escena de Domenico Dragonetti (1763-1846), que promovió su inclusión definitiva en la orquesta y se convirtió en el primer virtuoso. Pese a sus enormes logros, el italiano no consiguió ver en vida cómo el contrabajo se independizaba progresivamente del chelo en las composiciones para orquesta, aunque sí pudo asistir a la proliferación de sonatas, dúos y tríos específicos para contrabajo (Dúo para viola y contrabajo de Sperger, Trío para violín, viola y contrabajo de Haydn).

Durante los siglos XVIII y XIX el instrumento ganó notoriedad en los salones de conciertos de las principales capitales europeas y pasó a ocupar definitivamente un lugar destacado en el ámbito musical gracias a las innovaciones en la orquestación llevadas a cabo por Beethoven, Wagner, Tchaikovsky, cuyas composiciones le concedieron un mayor lirismo a este instrumento. En 1839, Achile Gouffe llevó el contrabajo a la Ópera de París, escribió el primer método para el instrumento -cuyo número de cuerdas se había fijado en cuatro- e introdujo notables innovaciones tanto en el contrabajo propiamente dicho como en la forma del arco.

En los siglos XVIII y XIX coexistieron tres bajos de cuerda (a menudo afinados en la2, re3 y sol3), que sobreviven en la música folclórica de la Europa del este. Los antiguos bajos de los siglos XVI y XVII tenían cuatro o cinco cuerdas (excepcionalmente seis). Las orquestas de baile modernas añaden una cuerda aguda a los contrabajos, afinada en do3. Hasta el siglo XIX los contrabajistas usaron arcos con la vara curvada hacia afuera en relación con el encerdado; mucho después de que fuera normal el arco curvado hacia adentro en el violín, la viola y el violonchelo. El arco antiguo sigue en uso junto a los arcos modernos desarrollados en el siglo XIX.

En el siglo XX aparecen grandes solistas del contrabajo clásico como Ludwig Streicher, Gary Karr, François Rabbath, Esko Laine, Gergely Járdányi o Franco Petracchi.

En el jazz el contrabajo cobró una gran importancia, de la mano de figuras como Eddie Gómez, Scott LaFaro, Niels-Henning Ørsted Pedersen, Rufus Reid, Charlie Haden, Casey Abrams, Charlie Mingus, Christian McBride, Jimmy Blanton, John Patitucci, Paul Chambers, Ray Brown, Ron Carter & Stanley Clarke.

En la música latina destacan el cubano Israel "Cachao" López, el venezolano Oscar D'León, el argentino Kicho Díaz y el chileno Roberto "Titae" Lindl.

Para demostrar la versatilidad del instrumento dejamos tres ejemplos:

1. Domenico Dragonetti, Primer Movimiento del Concierto para Contrabajo y Orquesta en La mayor.
2. Solo de contrabajo de Charlie Mingus (jazz).
3. Solo de contrabajo de Eddie Gómez.

Fuente: Wikipedia e investigaciones propias

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El encuentro

Alberto Pinzón Sánchez (Desde Colombia. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Un relato de ficción del encuentro entre Manuel Marulanda Vélez y Ernesto ‘Che’ Guevara, que marcó un giro en el proceso de la revolución en América Latina, escrito por Alberto Pinzón Sánchez, médico y antropólogo colombiano exiliado en Europa y, donde imagina el pasado para interrogar el futuro.

Cuando termine la clase quiero hablar con ustedes, dijo el profesor Elías, tomando un respiro y señalando a Leoncio Vargas y a Homero Alzugarate. Elías, alto, fornido y con un acento ocañero, que masticaba las sílabas finales y no había perdido del todo, dictaba clases de historia y sociales en el Colegio Fray Cristóbal de Torres de Bogotá.

-Muchachos dijo, el partido me ha pedido escoger dos de los mejores alumnos de más confianza que tenga, para presentarlos a la dirección, y que hagan una tarea muy especial. Sobra decirles que es estrictamente confidencial, o mejor en secreto, y nadie puede saberlo, agregó. Miré a Homer, como los llamábamos, un tanto interrogado, pero me dio a entender con un movimiento de la cabeza que tampoco sabía de qué se trataba.


-Pasado mañana miércoles, a las 10 de la mañana, el compañero Alfredo, responsable nacional de las relaciones con la Revolución Cubana, los espera a los dos en la casa del partido, que queda en la calle 22 con carrera 15. Ustedes saben dónde, agregó.

–Pero nosotros no somos militantes, dijo Homer con certidumbre. Fue cortado por la respuesta tajante de Elías: -Mejor así, y tomando un respiro continuó, -Ustedes van, preguntan simplemente por Alfredo y acuerdan con él. No hubo resistencia; tampoco más diálogo. Los dos alumnos salimos silenciosos del salón de clase hacia el patio central del colegio, donde estaban los demás en la pausa del recreo.

A la salida del colegio, nos fuimos caminando hasta mi casa ubicada en el barrio El Lago al norte de Bogotá, preguntándonos mutuamente con una cierta turbación, lo que significaba aquella extraña escogencia. Si bien, estaba clara la simpatía de Elías por la revolución cubana y así lo repetía en sus clases; su militancia directa, en cambio, no era conocida. -Y, ¿por qué a nosotros? Pregunté. –Hermano, respondió Homer, Elías lo dijo bien clarito: somos sus mejores alumnos y de más confianza. Llegamos a la cuadra donde, casa en frente vivíamos y mientras nos despedíamos, acordamos no hablar más del asunto hasta no tener más claridad y sobre todo, no comentar con nadie.

El miércoles como estaba dicho, a las diez de la mañana en punto, dos muchachos jóvenes casi adolescentes, de bluyín y chaqueta de paño, un tanto desconocidos para Silva, el mal encarado portero de la casa del Partido Comunista en el barrio Santafé de Bogotá, preguntaban por Alfredo . Silva bizqueando, nos miró de arriba abajo y no debió haber visto nada raro, porque inmediatamente gritó a todo pulmón: -¡Alfreedoo, lo buscan! De una pieza con puertas en batiente, salió Alfredo: era un hombre de tez morena, de algunos 25 años de edad, delgado y bajito, de cabello ralo, frente abombada y ojos un poco saltones y amarillentos. Nos recibió amablemente y nos hizo entrar en lo que llamó su oficina. Un cuartucho pequeño y oscuro, ocupado casi en su todo tamaño, por un escritorio lleno de papeles en desorden y restos de periódicos y al lado, en el piso, sobre un reverbero eléctrico, una olleta de aluminio donde debía haber café. Trajo dos taburetes viejos de madera y cordobán desde una pieza aledaña y nos invitó a sentarnos. Homer me miraba constantemente, por lo que Alfredo nos tranquilizó: -No se atortolen que no es nada. Solo queremos saber si ustedes los dos, o uno solo de ustedes quiere ir a Cuba, pasando unos días por Europa, a conocer lo que está pasando allá y a recibir un cursito (dijo cursito) de unas semanas, para luego regresar. Nosotros sabemos que ustedes el año entrante salen de bachilleres, pero hemos hablado con su profesor y no hay problema.

Cuando regresen podrán presentar los exámenes finales y como tienen tan buenas notas previas, no habrá ninguna dificultad.

Hubo un silencio de algunos segundos y Homer se adelantó a preguntar – ¿Eso es todo? Alfredo, mirando mis anteojos, continuó: -Bueno casi todo. Allá en el cursito les explicarán un poco más en detalle y con precisión. Sin embargo debo decirles que es una tarea sumamente importante, que puede tener repercusiones históricas (lo dijo recalcando esta palabra) no solo para el futuro de Colombia, sino de todo el continente americano. ¿Qué dicen ah! muchachos?

Nos volvimos a mirar ya con calma y Homer, como interpretando mi pensamiento, le respondió que nos dejara pensarlo una semana. –En ese caso, dijo Alfredo; ustedes no deben volver nunca más por aquí. Su respuesta y las sucesivas comunicaciones conmigo se harán, por carta a través del buzón de correo aéreo número 29021, que queda en el edificio de la calle 16 de Avianca. Aquí está la llave y no olviden ese número, porque de ahora en adelante la buena memoria que ustedes tienen, es lo único que les va a servir. Concluyó.

Durante esa semana a la salida del colegio y mientras caminábamos a la casa, discutimos la respuesta que le daríamos a Alfredo; cual sería la excusa en nuestra familia a la ausencia, y quien debía ir. Finalmente acordamos que como mis padres no le pondrían obstáculos a un viaje mío a Europa, iría yo, mientras Homer se quedaría en Bogotá, preparando en el colegio, apuntes, asistencia, trabajos escritos para notas, y tranquilizando a mi novia Martica. Así juntos fuimos al correo aéreo de la calle 16, con la atestada carrera séptima de Bogotá, a depositar en el buzón la carta de respuesta.

La inquietud crecía día a día y ya no bastaban para tranquilizarnos, los partidos de futbol, o las caminatas interminables por los potreros cercanos a la autopista del norte discutiendo mientras buscábamos cerezas, o los cines dobles en los teatros de Chapinero. Realmente esto era un asunto que se nos había metido abruptamente en nuestras vidas, y de manera tan inesperada como perturbadora. Ahora no quedaba más sino esperar la respuesta.

Fuimos al buzón cada tercer día, durante las dos semanas siguientes, sin tener noticias, en cambio si encontramos varios números atrasados de la revista Tricontinental, que leímos, casi devorándolas y discutimos a solas. Finalmente en un sobre bien pegado llegó la respuesta. Con el apresuramiento por abrirlo casi rasgamos la hoja de adentro, sin embargo pudimos leer.

Bien. Cupo para uno confirmado. Procedan urgentemente a sacar pasaporte y solicitar una visa para París. Por lo demás no se preocupen. Cuando esté todo, me avisan. Alfredo.

Ahora el asunto consistía en realizar apresuradamente, el lento y engorroso papeleo de aquellos trámites. Nos alternamos las ausencias en el colegio, dando las vueltas y revueltas que la burocracia exigía, y de nuestra propia plata pagamos las fotos, las estampillas, los papeles sellados, y los sobornos necesarios para agilizar las diligencias. Cuando estuvo listo el pasaporte, acompañado de Homer, fui a la Embajada de Francia, con los papeles que allí exigían, a pedir visa de turista para viajar a París. –Vuelva en cinco días laborales por su pasaporte, dijeron. Juntos volvimos a recibirlo y cuando me entregaron el visado, un poco eufóricos, riéndonos del gafufo de la foto, lo celebramos con unas cervezas en el bar la Nueva Ola en Chapinero. Mañana escribiríamos la respuesta para Alfredo.

Pasaporte visado listo. Esperamos instrucciones. Le dejamos escrito en el buzón, mientras retirábamos más ejemplares de la Tricontinental. A los tres días en un sobre grande y carmelito de esos que llaman de manila, venía una carta con instrucciones muy precisas y numeradas que debía memorizar, un sobre alargado más pequeño con doscientos dólares, y un tiquete aéreo de color azul hasta Paris, para el siguiente domingo por la noche. Quedaban, solamente, cuatro días para dejar todo arreglado.

Ese domingo de septiembre, como estaba indicado en el tiquete y con dos horas de anticipación, llegué acompañado de Homer al aeropuerto El Dorado. Maleta muy pequeña bien reconocible, con la ropa indispensable para el frio, muy serenos hicimos con Homer las vueltas en las oficinas de la seguridad del Estado. -No tiene entradas, gruñó en la ventanilla el detective aindiado, poniendo un sellito en el pasaporte. Me despedí de Homer con un abrazo y como si fuera un experimentado viajero, crucé el mostrador hacia la Policía de Fronteras que debía revisar la maleta y esculcarme personalmente. –Puede seguir, dijo sin ninguna cortesía el oficial de policía de uniforme de paño verde aceituno que me registró. Crucé las tiendas de suvenires y falsificaciones de joyas chibchas que hay en un zaguán largo que conduce a las puertas de embarque y esperé el llamado para abordar.

A la llegada al aeropuerto de París y en la puerta del desembarque, como se había indicado, estaba un señor rubicundo de mediana edad, sosteniendo un papel pintado con los colores de la bandera colombiana. Hacía más frío que en Bogotá y debí abrir el maletín para sacar un suéter de lana virgen grueso que había empacado. Jean Pierre me dijo llamarse en su poco y gutural castellano que podía. Me llevó en su pequeño auto hacia una posada árabe que quedaba cerca de una estación de tren. Una celda mínima con un catre, una mesita de noche, y un inodoro lleno y apestoso afuera. –Mañana a las once vengo a recogerlo. Dormí muy mal tratando de recuperarme del cansancio y la desorientación por el tiempo perdido mientras cruzaba el océano con la mente en blanco. A la hora señalada estaba el árabe dueño de la pensión dando golpes espantosos en la puerta y gritando. Como pude salí y en el recibidor estaba Jean Pierre sonriendo –“Vualá”, dijo, tomó el maletín, lo metió en el auto y en medio de un tráfico muy distinto al de Bogotá, mientras miraba pasar a mi lado, avenidas amplias y arboladas como parques, construcciones robustas de una arquitectura de piedra amarillenta y polvorienta alternadas con edificios de vidrio, me llevó por entre unas calles estrechas y torcidas a la embajada de Checoeslovaquia. –Su pasaporte por favor, me solicitó. Media hora después tenía una estampilla y un pasaje para ir a Praga y dentro del pasaje 100 dólares en billetes de 10. –Allá también una persona lo recogerá a la salida del aeropuerto. Remató.

Regresamos aceleradamente al aeropuerto por otras avenidas de ruidos y sirenas infernales y cinco horas después, estaba cruzando controles policiales y de aduanas, y abordando el avión ruso que me llevaría a Praga. Todo trascurría tan aceleradamente que perdí los reflejos.

Parecía un autómata hecho de cera. Pensaba en mi compañero y amigo inseparable Homer y como se reiría cuando le contara todo lo que me estaba sucediendo.

Efectivamente al desembarcar en Praga, esta vez una señora un poco mayor y rolliza era quien sostenía el papel tricolor en lo alto. Hablaba un mejor castellano que Jean Pierre. Me dijo que la siguiera de cerca. Ya afuera, un viento frío fuerte y cortante movía las copas de los árboles de las avenidas. Tomamos un tren hasta la estación cercana a un albergue estudiantil de las juventudes del partido checo. –Dame tu pasaporte y espérame mañana por la tarde, me dijo como despedida. Habló enfáticamente con la recepcionista del albergue. Luego la recepcionista, una señora también de cierta edad con rasgos bastante finos, en un inglés que parecía un repique de tambor, pude entenderle que la siguiera hasta la habitación. Me señaló un cartel donde estaban escritos en varios idiomas los horarios de comidas y las normas estrictas o reglamentos del albergue y al salir, me señaló en un camarote de cuatro camas, la litera que me correspondía. La pieza era un poco mejor que la pensión parisina y pude recuperar durmiendo el tiempo que me faltaba. Siguiendo las instrucciones, no me fue difícil encontrar los comedores y las duchas. Había un grupo de adolescentes en ropas de excursionistas, que me miraban indiferentes en silencio, y con quienes no pude tener ninguna comunicación fuera de la visual.

Al otro día en horas de la tarde y como lo había prometido, llegó la guía rolliza. Traía mi pasaporte y un pasaje aéreo hasta La Habana para el siguiente día. Estaba un poco más descansado y puede prestarle más atención a sus instrucciones, que trataba de retener. Al final, me preguntó sobre la situación política en mi país, y si era verdad que la guerrilla, sin aclarar cual, estaba a cincuenta kilómetros de Bogotá. Le aclaré lentamente algunas cosas, pero no quedé convencido que hubiera captado la enrevesada situación colombiana.

Descansé ese día y al otro estaba ya familiarizado con los aeropuertos internacionales: revisión de pasaportes y maletas, registro corporal, sellos y matasellos y embarque. En La Habana, igual, un joven moreno y flaco, vestido de uniforme verde olivo y pistola en el cinturón, como los que se veían en la revista Tricontinental, agitaba en el aire una pequeña banderita colombiana. Me le presenté y me dijo –“Óieme chico, si tienej dólalej debej declararloj ayí, en la gualdia”. Yo conocía el acento costeño de mi país, pero de verdad el encuentro con el extremo acento cubano, si bien no constituía una barrera incomprensible, fue un choque idiomático que me exigió un esfuerzo para familiarizarme con él y así poder comunicarme.

El olor a trópico cálido y húmedo, impregnaba el aire y el sol empezaba a cargar con sus primeros rayos el ambiente. Un campero Gaz de fabricación soviética descapotado, nos esperaba. Rápidamente salimos a una carretera y mientras el viento por la velocidad casi me impedía respirar, recorrimos varios kilómetros en silencio, por entre un extenso cañadulzal surcado de altas y flexuosas palmera. Tras un desvío, llegamos a un campamento semirural en las afueras de La Habana, donde funcionaba una escuela dotada de varias construcciones amplias y cómodas, espacios grandes y caminos bien demarcados. El Gaz se detuvo- “Ayí lo espelan”, me dijo el guarda de verde olivo, señalando una puerta de anjeo. Tomé mi maletín y saludé al hombre que esperaba en la puerta.

Era un hombre alto, fornido y musculado; morocho, como llamamos a los mulatos en Colombia, con pelo duro y una mirada negra pequeña e intensa. Vestía también uniforme verde oliva sin pistolas. Solamente sonrió y en un mejor castellano me dijo llamarse Benigno y estar encargado de mí. El complejo donde me alojaron era una especie de pequeño albergue con habitaciones un poco más amplias para dos personas y ciertas comodidades como un armario para la ropa, una lamparilla en la mesa de noche, una mesa para lectura y un lavamanos con espejo. Los baños e inodoros separados y colectivos, estaban en el corredor afuera. –Descansa chico, que mañana paso por ti a las ocho de la mañana. Fue todo lo que me dijo.

Ese tarde y la noche, puede recuperarme literalmente del tropel que hasta ese momento había tenido. A la mañana siguiente; Benigno me estaba llevando hacía otro edificio situado en el centro del complejo con fachada de oficina. En una de ellas, esperé sentado unos minutos hasta cuando llegó el compañero director de la escuela. Era un hombre acuerpado tostado por el sol, con perfil aguileño, frente amplia y una barba de color rojizo. Vestía camisa blanca de manga corta que dejaba ver sus brazos tostados y velludos. Me miró con una mirada gris de plomo. Hizo una broma sobre mi aspecto demacrado que dejaban ver las gafas y me dio la mano con un fuerte apretón. –Puede confiar en mi chico. Alfredo me tiene al tanto sobre su amistad del colegio con Homero, y espero mi reacción. Pensé que al darme los nombres e indicaciones, era la persona con la que venía a hablar.

-Me alegro que nos conozca, le dije y en seguida le pedí un café negro que en Colombia llaman tinto. Se apresuró a llamar a sus ayudantes y en pocos minutos estábamos sentados alrededor de una pequeña mesa tomando un humeante y amargoso café cubano.

-Bueno chico, repitió, parece que nos entendemos. Va a haber una reunión de dos personas muy, pero muy importantes en su país, continuó, que puede cambiar el curso de la historia en todo el “continente” (eso dijo: continente), y empecé a sentir la mariposa aleteando en mi estómago, y, a respirar pausadamente, como cuando me tocaban en el colegio los exámenes. –

Su tarea chico, consiste en ayudarnos a que esos dos personajes importantes (volvió a insistir) se encuentren. Obviamente hay mucha gente, especialmente del gobierno de los Estados Unidos, que no quiere esa reunión y, va a hacer todo lo posible para que no se realice. ¿Me comprende? Eso quiere decir que es una tarea muy especial y secreta, y de ese secreto depende su realización. ¿Qué opina chico? Concluyó. Atento a lo que acababa de oír y mirándolo a los ojos, le pregunté – ¿Qué debo hacer?

Fue como una respuesta que estuviera esperando. –Precisamente, añadió, por eso estás aquí y comenzó a tutearme; para que nosotros te preparemos adecuadamente y de regreso en tu país, puedas realizar la tares adecuadamente. ¿Estamos? Terminó. Tomando un aliento profundo y con la mariposa desbocada en mi estómago, le dije que no había problema.

-Bueno caballero, ahora mismo comienzas las clases con Benigno. Son quince días completos, todo el día con solo un descanso para almorzar. Son clases teóricas y prácticas, sobre lo que vas a necesitar. Lo único que debes hacer, por la noche, es repasar y volver a repasar tus apuntes y experiencias hasta que mecanices lo que se te ha enseñado. ¿Se te ofrece alguna otra cosa? Agregó finalizando. Solo atiné a decirle que me gustaría leer las noticias de mi país. –

No te preocupes, todos los días tendrás un pequeño reporte noticioso escrito de lo que pasa en Colombia. Me dio la mano de despedida y solo lo volví a ver el día que terminé el curso para recordarme; primero lo importante de la tarea y segundo lo secreto que era.

Durante esas semanas al retortero, en las clases particulares prácticas, aprendí principalmente comunicación por radio, claves, encriptación, horarios, localización, ondas, frecuencias, antenas, y a manejar como un tesoro una radio negra marca Zenith trans-oceanic, que con una llave especial servía para recibir y enviar mensajes de onda corta. Aprendí rudimentos de cartografía, especialmente a ubicar un lugar determinado. Tiro al blanco con pistola pequeña, defensa personal, chequeo y contra-chequeo. Sangre fría como base de cualquier acción, a responder interrogatorios policiales sin contradecirse ni delatarse en caso de ser detenido, y todo el capítulo llamado psicología conspirativa. También toda la mecánica del motor de un jeep Willys modelo 52, y a manejarlo con extrema pericia. Finalmente en los últimos días me presentaron dos oficiales jóvenes, corpulentos y joviales, cuya cara y características personales, timbre, tono de voz y acento particular, debía retener con extremo cuidado, para cuando se me presentara personalmente, uno de ellos o los dos, pudiera identificarlos. Y en las clases teóricas, fundamentalmente políticas, aprendí con profundidad la teoría continental para crear muchos Vietnam.

El día siguiente a la finalización del curso, Benigno me llevó como recompensa a dar un paseo por La Habana, a tomarnos unos mojitos y apreciar la belleza de las mujeres cubanas. Recorrimos en un carro soviético aceleradamente el trecho hasta la ciudad y nos bajamos en la plaza del Capitolio a dar un recorrido por la llamada Habana vieja, por una calle larga y concurrida donde caminaban con gracia, hermosas y sonrientes mujeres de piel tostada. Luego, hacia un lado, por callejuelas de clara arquitectura colonial con casonas de balcones corridos y portones grandes de madera, arcadas y plazoletas inesperadas, llegamos a una bodega casi vacía donde nos sirvieron un vasito con ron, hielo, agua de yerbabuena azucarada y limón que tomamos apresuradamente, porque debíamos ver, o caminar a trechos, el resto: el malecón, el hotel Habana Libre y las mansiones expropiadas del barrio El Vedado, que empezaban a dar muestras del deterioro por el salitre marino y el descuido.

El regreso fue más fácil porque todos los pasajes, visas, tránsitos, o conexiones estaban arreglados: En una jornada tediosa volé a México, y tras dos horas de espera en ese abigarrado y atiborrado aeropuerto, hice tránsito en un vuelo igual de cansón hasta la ciudad de Panamá, donde pernocté en un lugar cercano al aeropuerto, para continuar sin novedades, al día siguiente hasta Bogotá.

Homer se sorprendió de lo delgado y pensativo que estaba. Sin embargo, pude contarle casi todo. –No joda, repetía continuamente, incrédulo. Al fin me dijo en un tono bastante afirmativo – ¡Pues mi hermano, a hacerlo!

Lo primero que hicimos fue cuadrar y camuflar bien la antena del trans-oceanic en la terraza de mi casa. En seguida conseguir en el Instituto Geográfico, mapas, lo más precisos posibles, del departamento del Valle del Cauca. Enseguida poner un aviso clasificado en los periódicos bogotanos: “compro contado, jeep minguerra 52, cabinado” y a continuación mi teléfono. Tomar contacto nuevamente con Alfredo en el buzón, diciéndole que ya estaba de regreso. Y con eso, pude ir al colegio hablar con el profesor Elías a presentar los exámenes del quinto año e bachillerato.

Yo había viajado sin mucho dinero para evitar cualquier contratiempo o sospecha. Así que, cumplidamente como se había acordado, Alfredo me dejó en un sobre grueso 50 mil pesos para comprar el jeep y demás gastos. Después de un mes de revisar ofertas, nos decidimos por un viejo y bien cuidado Willys con un motor en perfecto estado y con cabina metálica delgada, que costó 23 mil pesos. La comunicación con Alfredo se regularizó semanalmente, turnándonos con Homer la ida al buzón y por las noches, escuchábamos mensajes en el trans-oceanic para practicar.

La curiosidad de Homer sobre el curso, me dio oportunidad de explicarle, así fuera someramente, lo que en la escuela llamaron lo operativo y algo de las últimas clases sobre política colombiana, dictadas por un profesor joven, alto, musculoso, de bigote grueso y pelo brillante y lustroso, como engrasado con aceite de higuerilla, peinado con una línea a la mitad de la cabeza; quien a pesar de la simulación de su acento, no tuve duda de que era un paisa del Quindío colombiano.

Quien me habló en extenso, de manera sentenciosa e inapelable, del significado del gran plan reformista de la Alianza para el Progreso impulsado por el presidente John F. Kennedy, como reacción de su gobierno a la influencia y simpatía que estaba generando la Revolución Cubana en todo el continente, y del pacto entre Laureano Gómez y Alberto Lleras en 1957, para la creación de una nueva y grande fuerza militar sin sumisión partidista, que guardara férreamente el sistema político del Frente Nacional con sus elecciones fraudulentas y fachada democrática; que ya iba con Guillermo León Valencia, como su segundo presidente, tratando de convertir a Colombia en la vitrina reformista de América.

Me habló de la represión generalizada a cualquier opositor. De la legislación marcial o estado de sitio permanente para gobernar. Del reforzamiento escandaloso de las gabelas educativas, económicas y políticas de la doctrina social de la Iglesia Católica y, la represión brutal contra los estudiantes que se estaban movilizando por todo el país, exigiendo libertad educativa y no solo religiosa. De la destrucción violenta de los sindicatos, especialmente petroleros y navieros de la zona de Barrancabermeja, y su remplazo por sindicatos católicos. Y especialmente, de la solución militar que se había tomado para resolver el asunto centenario de la reforma agraria, desplazando y expulsando los campesinos a las tierras selváticas, baldías o de colonización; continuando los bombardeos aéreos de las dictaduras anteriores con gasolina gelatinosa, contra extensas zonas de los Llanos en el 50, Villarica en el 55 y ahora, las selvas de río Chucurí y todo el sur del Tolima hasta el Cauca, donde las fuerzas oficiales, en este momento, estaban encontrado una tenaz resistencia de unos cuantos campesinos organizados y sobrevivientes de las violencias anteriores, opuestos con las armas en la mano, a esta otra expulsión violenta hacia la colonización.


-La cerrazón del régimen no deja otra vía que la armada, me había sentenciado el paisa quindiano de bigote, agregando. -Y lo interesante es que esta situación, con sus variaciones nacionales, se repite en toda Latinoamérica. Las vías legales están agotadas, y solo una alianza obrero estudiantil campesina, conducida por una vanguardia armada que desarrolle la lucha armada en el campo, podrá liberarnos de las oligarquías y el imperialismo que nos domina y oprime. Cuando terminé esta aclaración y como único comentario Homer solo atinó a decirme-.

Complicada la vaina ¿no?...

Durante ese fin de año, como nos había indicado Alfredo, aprovechando las vacaciones y las fiestas navideñas, salimos con Homer en el jeep hacia el puerto de Buenaventura en el mar Pacífico, rumbo Girardot, plan del río Magdalena, Ibagué, cruzamos la cordillera central por el páramo de la Línea, Quindío, el Valle del río Cauca y Cali; a conocer y reconocer cuidadosamente las carreteras más importantes, marcar en el mapa desvíos y vías secundarias, pueblos y posadas, controles militares en la carretera o puestos fijos del valle del rio Cauca; tan semejante a los cañadulzales cubanos con ingenios humeantes, carretas de caballos repletas de caña, y un rosario de pueblos grandes y semejantes hasta llegar a Cali, el más grande de todos. Luego, el descenso de la cordillera occidental hacia al luminoso mar Pacífico, hasta el oloroso y caótico puerto de Buenaventura, donde alquilamos un cuartucho, por unos días y por unos pocos pesos en una pensión cerca del muelle, mandada por una mujer voluminosa de piel negra y pelo corto, respiración entrecortada y siempre sudorosa.

Recorrimos a pie metódicamente, bajo un sol vertical, un aire caliente, húmedo e irrespirable y un calor agobiante, las calles que conducían al puerto, además de las salidas hacia Cali, anotando los puntos de reparo importantes de las vías, refrescándonos, de cuando en vez, con un raspado de hielo coloreado con anilina roja y amarilla, o entrando a comer pescado frito en algún restaurante equipado con ventilador de hélice en el techo. Regresamos a Cali con un poco más de conocimientos y orientación, para buscar las rutas hacia los pueblos de la vertiente pacífica de la cordillera central: Florida y Pradera.

En Pradera, un pueblo de clima temperado con un parque central muy arbolado, y una iglesia piramidal con una cúpula redondeada, donde se destacaba un gran reloj todavía funcionando, que marcaba el tiempo inevitable con campanadas destempladas; buscamos la pequeña vía de ascenso hacia lo alto de la cordillera bordeando un río encajonado de orillas cascajosas, hasta encontrar ya en tierra bastante fría, la casona teja y balcón corrido de la finca el Vergel.

Preguntamos por su dueño; un señor adusto, cincuentón, de mirada carmelita, sombrero de fieltro de donde salían a los lados una greñas canosas y ruana gruesa, que nos dijo llamarse Libardo. Vivía solo desde hacía dos años, cuando su esposa buscando educación para sus hijas, se había trasladado a Cali, a donde él viajaba con regularidad. Allí un compañero del regional del partido le había informado de nuestra visita y que debía mantener tener la casa en perfecto estado de limpieza y comodidad, como para alojar una persona importante, que quería conocer esa finca con posibilidades de compra. Charlamos un poco sobre las condiciones de la región un tanto desolada y sin mucho vecindario, fuera de los indígenas del resguardo de la Fría, distante unos cuantos kilómetros más hacia el páramo y los límites con el Tolima. Nos ofreció de comida un guiso de alverjas y papa, -de la región, dijo, que bajamos con un tazón de aguapanela hirviente. Tres días después, estábamos nuevamente de regreso en Bogotá, y nos preparamos a escribir un pequeño informe del viaje, para dejárselo en el buzón a Alfredo.

El año 1966 comenzó bastante movido. Encontramos en el buzón dos documentos con la recomendación de estudiarlos detenidamente: uno, era el mensaje de Che Guevara a la conferencia Tricontinental que se realizó en enero en La Habana y otro, los documentos del décimo congreso del partido comunista colombiano, realizado también ese enero en la clandestinidad, al parecer en la zona de Viotá, cuando se formalizó en Colombia la agresiva discordia política e ideológica entre los gobiernos de China y la Unión Soviética, sobre la vía armada de la revolución social. Poco después, en febrero, nos enteramos por las noticias de la muerte, en la región del rio Chucurí, del sacerdote Camilo Torres como guerrillero del Ejército de Liberación Nacional. El resto de las noticias estuvo dedicado la mayor parte del año, a la elección de Carlos Lleras como tercer presidente del Frente Nacional y a divulgar el programa reformista de su gobierno llamado de la “trasformación nacional”.

En noviembre de 1965, el Che Guevara demacrado y deprimido, ha salido de su malograda misión en el Congo hacia Dar Es Salaam en Tanzania, conociendo noticias desalentadoras para su gran proyecto de crear muchos Vietnam. La desaparición en abril de 1964 de Masseti, en Salta Argentina, con la destrucción y dispersión de su grupo guerrillero. Sumada la del aniquilamiento, para fines de 1965, de los dos grupos guerrilleros, Pachacutec y Javier Heraud, que actuaban en los andes peruanas de Ayacucho y no pudieron llegar a acuerdos para su integración; así como del gran cerco militar oficial contra los núcleos guerrilleros venezolanos, aunado con las agrias divisiones internas y separaciones en el seno del partido comunista venezolano, que hicieron inviable la continuación de la lucha armada en ese país; dejaban a Colombia a fines de ese año 65 con una situación en la que se habían organizado dos grupos guerrilleros con posibilidades de desarrollo: el ELN en la región del Carare y, la conferencia guerrillera del bloque sur en el Cauca, convertida en mayo de 1966 en las FARC, como la última posibilidad para convertir la cordillera de los Andes en la Sierra Maestra de Suramérica. Otra posibilidad, aún por explorar la constituía la sierra boliviana, donde se estaba trabajando intensamente para crear las condiciones de iniciar la lucha armada. Era un retroceso táctico reconocido, que no estratégico.

Pronto y mientras dicta pasajes de su reciente experiencia de guerra revolucionaria, llega de La Habana el especialista en maquillaje y disfraces. Una larga cabellera se convierte en una calva lustrosa con cabellos blancos y desordenados en los parietales, una frente abombada es suavizada con unos anteojos de montura grande y muy gruesa donde sobresalen unos lentes de doble espesor, una prótesis dentaria hecha a la medida protruye el labio superior, retraerá la barbilla y le dará a la boca un rictus un algo risible, la cara totalmente lampiña y la nuca alargada sin pelos. Traje europeo con corbata un tanto jorobado y, zapatos excavados por dentro del tacón para disminuir su altura. En marzo del 66, sale para Praga vía El Cairo y Belgrado.

En Praga sale un sol primaveral desteñido y acuoso, enfriado con frecuentes rachas de viento frio, que alcanza a iluminar el escueto apartamento de las afueras de la ciudad. Lo acompaña primero Ulises Estrada, luego remplazado por Armando Campos, Juan Carretero y Alberto Fernández Montes de Oca, y uno de los tantos temas que discuten, es el desarrollo del frente continental, una vez descartada irremediablemente la idea de internarse en la sierra del Perú. Los servicios secretos checos y soviéticos husmean buscando algún indicio a esta pregunta sin mayores resultados; el sigilo es total.

En Enero de 1966, Manuel Marulanda Vélez quien no había asistido al décimo congreso del partido comunista colombiano, en el cerro del Carmen ha dado un mortífero combate a las tropas del ejército colombiano, que intentaban una vez más exterminar su grupo, al cercarle el paso hacia la monumental montaña del cañón del rio Duda, en donde ha quedado de encontrarse para mayo de ese año, con sus otros compañeros que vienen de Viotá con las
últimas orientaciones emanadas por el congreso del partido; con el fin de realizar la segunda conferencia guerrillera y constituir las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Ha caminado al través, de día y de noche las dos colosales cordilleras colombianas que separan la cuidad del campo, burlando el asedio de miles de militares colombianos, bajando por trochas desconocidas y rastrojos, innumerables cuestas y volviendo o a subir las cuestas de las empinadas vertientes montañosas. Cruzado las vegas calientes, los bejucales y pantanos insalubres del ardiente valle del río Magdalena por caminos reales apenas transitados.

Trepado cañadas heladas de palmiches enanos y lanudos, y páramos anegados yermos y pelados. Ha bordeando por senderos pedregosos entre la selva, o excavados como pestañas en las laderas inclinadas de enormes picachos y peñas arriscadas sin fondo y sin paisaje que nadie más conoce, hasta llegar a cumplirles la cita a sus compañeros en el cañón encajonado del torrentoso rio Duda.

Cumplida la conferencia guerrillera constitutiva, y organizado política y militarmente el movimiento campesino de resistencia armada, como un cuerpo guerrillero revolucionario extremadamente disciplinado, anti oligárquico y antiimperialista; se despliegan los grupos por regiones: a Marulanda Vélez con sus compañeros de dirección, le corresponde abrirse paso a machete por entre la selva montañosa del lomo grueso y verde de la cordillera oriental, durante casi dos meses, hasta las selvas donde nace el río Pato. Pero no hay reposo. Según las instrucciones políticas recibidas, debe salir inmediatamente con un grupo pequeño de compañeros baquianos, bien seleccionados y conocedores prácticos de toda esta región, entre quienes van Asnoraldo Betancur (Balín) antiguo guerrillero liberal y el antiguo compañero de armas Efraín Guzmán (Nariño) hasta llegar a la Fría en Pradera, en la vertiente pacífica de la cordillera central en el Valle del Cauca, para encontrarse con un alto comandante de la revolución cubana que viene a coordinar las tareas de solidaridad revolucionaria continental en esta parte de los Andes. Desandar una vez más la endemoniada ruta varias veces trillada, que desciende y cruza el valle del rio Magdalena por Rionegro, Taurito, Prado, Natagaima, sube la cordillera central por Coyaima, Chaparral, Ortega, Playarica, San Antonio, Santa Helena y, cruza por el páramo de Barragán, para luego seguir hacia el sur bordeando Ginebra y Cerrito, hasta la Fría en Pradera. Debe estar allá alrededor del siete de agosto, fecha de la batalla de Boyacá, con una semana más o una semana menos de espera.

Marulanda Vélez con el paso apurado y aunque no hay una operación militar en marcha, camina sigiloso por grupos durante la noche, guardando, como le ha enseñado la experiencia, una disciplina extremada, sobre todo con los campesinos lugareños. Busca caminos reales o de herradura y travesías y senderos para no dejar trillo, ni huellas visibles; bordeando potreros y cejas de monte aledañas, por vegas, quebradas y hondonadas, riscos, filos y cerros similares o semejantes. Cruza los cascajales y arenales del paisaje agrietado y nublado del páramo de la cordillera central, hasta tener en frente la hondonada verde y ondulada del valle del río Cauca, y luego torcer hacia el sur hasta avistar abajo en la distancia, la iglesia triangular de Pradera.

Llega la semana anterior a la cita y de inmediato dispone varias comisiones pequeñas de reconocimiento y, una de contacto con el encargado del partido en Pradera. El pequeño transistor de baterías, trasmite día y noche los preparativos que se están realizando en Bogotá para la posesión del nuevo presidente del Frente Nacional, Carlos Lleras Restrepo. Se habla insistentemente de una reforma agraria con pulso firme.

En Bogotá, a pesar de que tres días antes de la posesión del nuevo presidente, un petardo de dinamita destruyó una parte del Centro Colombo-Americano, matando varias personas; hay una calma de esperanza generada por las promesas del nuevo gobernante. Los estudiantes de todo el país, esperan que el nuevo Ministro de Educación Gabriel Betancur Mejía, resuelva acertadamente la larga crisis universitaria nacional del gobierno anterior, y algunos agricultores y campesinos confían en que Armando Samper Gnecco haga realidad las promesas presidenciales de realizar la tan postergada reforma agraria en Colombia. Sin embargo el nombramiento del conservador Misael Pastrana Borrero como Ministro de Gobierno, del hacendado Abdón Espinosa Valderrama como Ministro de Hacienda, y la confirmación de los controvertidos generales anticomunistas Gerardo Ayerbe Chaux como Ministro de Defensa y Bernardo Camacho Leyva como Director de la Policía; no presagian grandes cambios.

Con Homer, mientras nos alternábamos la ida al buzón de correos, continuamos asistiendo al colegio, a las clases de sexto año de bachillerato, tratando de hacer una vida estudiantil lo más tranquila y normal posible, matizada con fiestas con las novias, cines, fútbol de amigos y viernes cultural en algún café de Chapinero. El seis de agosto víspera de la posesión presidencial, recogimos un mensaje dejado por Alfredo en el buzón: urgente ubíquese tan pronto pueda en Buenaventura, y en la entrada al puerto pregunte por el señor Arcila. Lleve el Zenith. Era todo. Le avisé a Homer que debía viajar solo. Hice un pequeño equipaje, llene el tanque de gasolina del camperito y salí rumbo al puerto del Pacífico. Pernocté en Ibagué y al otro día por la noche estaba en el puerto. El 8 de agosto muy de mañana, fui a la puerta de entrada de la valla de acceso al terminal portuario, a preguntar por el señor Arcila. Vino un hombre de mediana edad, robusto o gordo, con la camisa blanca sobre el pantalón a manera de camuflaje, con la cara pletórica, sonrosada y sudorosa por el calor que hacía, y respirando pausadamente dijo moviendo lentamente sus labios azulados: -Soy yo. Hágase en aquél bar de enfrente, pida una cerveza y espéreme media hora.

A la media hora llegó. Me dio la mano y me preguntó cómo había sido el viaje, luego señalando en un croquis hechizo a lápiz, a un lado del mar la carrera sexta con calle quinta, agregó: -Esta noche a las ocho, usted debe recoger en el hotel Estrella a un comerciante español de maderas finas de apellido Vázquez, que llegó ayer tarde en barco desde Panamá, para llevarlo cuanto antes, a la finca que usted conoce arriba de Pradera. Es calvo y de gafas. Finalizó.

Aún no se sabe ciertamente, cuanto duró la estadía del Che Guevara en Praga. La mayoría de biógrafos suyos, dicen que salió rumbo a La Habana el 20 de julio de 1966, pero un testigo excepcional como el capitán Daniel Alarcón Ramírez (Benigno) en sus memorias de un soldado cubano al lado del Che, reafirma en dos oportunidades que el Che Guevara fue traído a Cuba en abril de 1966 y alojado en la provincia de Pinar del Rio en una mansión de la zona de San Andrés conocida como la Casa del Americano.

Lo establecido es que, para la tercera semana de julio el Che Guevara está en territorio cubano bastante recuperado, y en la casa de Pinar del Rio donde concluye su mejoría, se ha decidido preparar de la manera más intensa posible un grupo especial de veinte voluntarios de confianza, muy bien escogidos entre conocidos y probados combatientes revolucionarios cubanos, que deseen participar en la misión internacionalista de crear varios Vietnam en los Andes suramericanos. Todos los escogidos responden con igual entusiasmo y decisión y se los concentra en el occidente de la isla, primero en San Francisco y luego en San Andrés de Taiguanabo, bajo el entrenamiento riguroso del veterano comandante Raúl Menéndez, más conocido por su segundo apellido, Tomassevich.

La última semana de julio, un buque pesquero especialmente acondicionado y muy bien disimulado, a órdenes de los hermanos gemelos de La Guarda, Patricio como capitán y Tony como timonel, espera por la noche en el puerto de La Habana, la llegada de dos pasajeros de civil, para completar la tripulación y partir a faenar en las aguas del mar Pacífico vía el canal de Panamá. Fuera de la rutina, nada hay que llame la atención. Una semana después de una navegación a sol y viento por aguas internacionales del Caribe y sin dificultades, el pesquero de bandera cubana está entrando en las esclusas del canal y pasando impecablemente la inspección autorizada. Cuatro días después está ubicado en aguas internacionales del mar abierto, enfrente del puerto colombiano de Buenaventura.

Con el brillo azul de la luna en las aguas marinas, bien entrada la noche del siete de agosto de 1966, el pesquero inicia una aproximación a tierra y se ubica a 8 kilómetros del litoral. La monotonía del batir de las olas en el casco del buque, el movimiento undívago del mar y el viento cálido oloroso a sal yodada, acompañan el leve sonido del descenso de un bote rápido y silencioso de desembarco. Una vez está en el agua, bajan por la escalera de cuerdas y se acomodan cuatro personas: el timonel y el hombre de proa, y dos señores en la mitad. Todos llevan trajes marinos especiales opacos e impermeables. El buque inicia maniobra rápida de alejamiento y el bote en pocos minutos recorre los escasos kilómetros que los separan de la costa, al lado izquierdo titilan las luces del puerto. Las coordenadas del desembarco corresponden exactamente a la pequeña playa escogida; hay alegría en el bote y en silencio se dan la mano. Los dos señores saltan a tierra con sus pequeños maletines de cuero y los zapatos en la mano, se quitan el traje marino y lo devuelven al bote quedando en pantalón y camisa de dril. El guía de proa les hace a los de la playita una señal con la palma de la mano abierta entendida como de espera y, desaparece en la oscuridad casi silenciosamente. A unos 500 metros adentro, en una vía de tierra hechiza los está esperando un taxi grande negro modelo 65, conducido por un hombre mestizo de pómulos prominentes y pelo lacio de mediana edad, serio y muy parco, quien con un gesto los invita a subir, cierra la puerta con un golpe seco y en unos cuantos minutos los deja a unos cien metros en el andén del hotel Estrella: -Por la maleta se conoce al pasajero, dice haciendo una mueca de sonrisa y desaparece.

Timbran en la puerta del hotel y les abre una señora no muy vieja, somnolienta frotándose los ojos: -Son las dos de la mañana. Qué horas las de llegar, dice y luego pregunta ¿Para cuantos días de hospedaje? El señor español de gafas gruesas y medio calvo se adelanta y con un acento inconfundible y masticado, le dice que vienen desde España y tienen unos negocios de madera de mangle; deben viajar por la región y no sabe cuántos días exactamente: -¿Una semana? Le pregunta. La mujer acepta, les pide los pasaportes, los ojea y les dice que está bien. Pero deben pagarle la semana por adelantado. Luego los inscribe en un cuaderno grande y les da las llaves de la habitación 203. Los dos señores suben y desde la ventana del hotel alcanzan a ver las luces que alumbran la bahía silenciosa de Buenaventura. Prenden la hélice de ventilación que está en el techo y se acuestan a descansar. Mañana traerá su afán.

Se levantan no muy temprano y desayunan en el comedor que está a un lado de la recepción, café con leche y plátano frito. Permanecen casi todo el día en la habitación descansando y ultimando detalles, excepto a la hora del almuerzo cuando vuelven a bajar al comedor a comer una sopa de sancocho y un pescado frito con arroz, que acompañan con una cerveza. En una tienda al lado del hotel compran un periódico y se regresan a la habitación. No se sienten muy seguros y el calor agobiante y húmedo no invita a dar ninguna caminada. A las ocho de la noche, poco antes de que llamaran a la cena, un muchacho joven moreno, alto de anteojos de aro grande, abundante pelo lacio, nariz corta, amplia y labios descarnados, pregunta en la portería por el señor Vázquez. –Don Raúl, dice un mensajero golpeando la puerta de la habitación; en la portería preguntan por usted. En la recepción del hotel, los tres se saludan dándose la mano e intercambiando sus nombres. Afuera en la calle no muy lejos, un campero Willys 1952 está estacionado.

-Mucho gusto, me llamo Leoncio Vargas y vengo de Bogotá, le digo al señor calvo de anteojos gruesos, alargándole la mano. Él la toma y me dice: -Encantado soy Raúl Vázquez Rojas, y señalando a su acompañante dice:- Él se llama Juan, un hombre joven corpulento de expresión tensa, de una blancuzca palidez y mirada inquieta, que ya me había sido presentado al finalizar el curso en Cuba y, ahora observa detenidamente mis gafas como tratando de verificarlas. Les pregunto: -¿Qué deciden? Sin dudarlo el señor Vázquez replica: -Nos vamos. Caminamos hasta el jeep. Nos acomodamos; Juan en el puesto de atrás y partimos. Es noche clara y la luz del carro alumbra bien. Pocos minutos después, estábamos subiendo la cordillera a Cali y atrás, abajo, se veía la oscuridad de un mar azul profundo.
-¿Quieren entrar a conocer Cali o seguimos derecho? Pregunté. El señor Vázquez me respondió que era una decisión mía, pero prefería llegar lo más pronto posible. Así que seguimos derecho. Después de un largo trecho en silencio, de repente comenzó a contar que había estado en Bogotá en julio de 1952. Después de la muerte de Jorge Eliécer Gaitán y el nueve de abril del 48, había volado con un amigo en un hidroavión desde Leticia, en el río Amazonas, y una vez en Bogotá, había ido a la Ciudad Universitaria donde contactó a Eduardo Santa, un líder estudiantil que pretendía conformar con Antonio García y Mauro Torres un movimiento socialista en plena dictadura de Laureano Gómez. Santa lo había atendido toda la semana muy bien, le había ayudado con Julio Carrizosa Valenzuela, el Rector de la Universidad Nacional a conseguir alimentación gratis en la cafetería y hospedaje en el Hospital San Juan de Dios, le presentó varios compañeros universitarios, lo paseó por la ciudad mostrándole la militarización, haciéndole palpar el miedo colectivo que se percibía en cada esquina. También le había explicado en detalle lo sucedido después de la muerte de Gaitán y las terribles condiciones de explotación y de terror, de persecución y de exterminio que vivían los campesinos, los obreros y los estudiantes colombianos. Y en las largas conversaciones nocturnas que tuvieron, había sido un excelente contertulio, discutiendo gustosamente sobre literatura universal y americana. Pero parece que el profesor Santa, no pasó de ser un liberal de izquierda muy ilustrado, remató. Este inicio dio paso a un diálogo más amplio sobre la Universidad Nacional y la mentalidad tan conservadora que aún allí seguía prevaleciendo a pesar de los nuevos edificios que cada Presidente inauguraba. Luego, mostrando un amplio conocimiento sobre Colombia, se explayó sobre toda esa situación general que se vivía desde tanto tiempo atrás, donde la explotación, la opresión y la violencia oficial continuaban afligiendo a la población por cuenta de un sistema sostenido por el gobierno de los Estados Unidos. Atento a sus palabras, y a la carretera de vez en cuando cortada por las luces brillantes de los autos que nos cruzaban en sentido contrario, bordeamos la ciudad de Cali y nos enrumbamos hacia el ramal que conduce a Florida, para luego desviar hacia Pradera.

Casi al amanecer llegamos a la casa de teja de la finca el Vergel que estaba deshabitada. Un silencio cortado por el chirrido de los grillos y una bruma grisácea que confunde la luz entre la noche que termina y el día que se anuncia; una brillante aurora nos acompañó dando pasos por los zaguanes que llevaban a la entrada de la casa. Estaba ordenada y aseada pero aún olorosa a tierra. Guardé el jeep en un cuarto trasero que hacía las veces de garaje. Buscamos los aposentos y en unas cujas de madera con cobijas de lana bien tendidas, sin más, nos tiramos a descansar. La luz del sol de media mañana y los ruidos naturales del campo me despertaron. Juan permanecía en la cama con los ojos abiertos, atento a descifrar los ruidos y sonidos que invadían la casa. Pronto hicimos candela y preparamos un café negro que hallamos en unas tablas en la pared de la cocina. Al rato vino don Libardo a quien reconocí. –

Estaba allí al lado esperando a que se levantaran, dijo. Después de saludar y entregarnos unos panes para acompañar el café, preguntó como habíamos dormido y cómo estábamos para caminar, porque debíamos subir aquella cuesta, por lo menos durante unas tres horas: -En aquella manga tengo unos caballos mansitos como para esta ocasión. Voy a traerlos y a aperarlos para que nos rinda el viaje. Arriba, hacia donde vamos hace frío. Así que póngase un sombrero y abríguese bien.

La luz de la mañana avanzaba lentamente acompañada de una brisa tenue que movía la vegetación aledaña. Salimos al camino real. Era un antiguo sendero que serpenteaba la loma entre rocas, pedregales, zanjas y barrizales. Los caballos resoplaban en el ascenso y subíamos casi a empellones en un silencio mortificante, suavizado por la mirada hacia el paisaje del valle del Cauca, siempre abajo a la izquierda, y rachas ocasionales de viento frío bajaban de lo alto de la cordillera, mientras nos metíamos en un cinturón de neblina cada vez más densa.

Mientras cabalgábamos, saqué de la faltriquera el Zenith para oír las noticias del medio día. La emisora de Cali se escuchaba bien. Dio algunas noticias sobre el recibimiento que por toda esta región se le iba a brindar a su regreso al Presidente saliente Guillermo León Valencia. Luego música tropical de la Sonora Matancera con la voz de Daniel Santos y Celia Cruz, intercalada con noticias muy locales. El señor Vázquez miró a su compañero Juan y sonriendo dijo: -No sabía que por aquí gustara eso. –Uf, desde hace harto, agregó don Libardo.

Después de dos paradas de descanso, se entiende, avistamos una casa más rústica y simple de tapia de barro y vigas torcidas de madera, sostenes de un techo cañizo de teja roja de barro. Los caballos pararon en la orilla del camino, a la entrada: -Ustedes me esperan aquí, dijo Libardo, mientras desmontaba y abría la puerta vieja y destartalada de la entrada. Revisó el interior del aposento y nos indicó que desmontáramos. Le ayudamos a desensillar los caballos dejándoles el cabezal y a llevarlos a otra pequeñita manga cercana. Entramos a la casa para dejar los pequeños equipajes, mientras Libardo recogía algunos leños para hacer fuego en un fogón lateral:-El humo es la señal, dijo mientras ponía un chorote con agua para hacer café. Y en efecto, como al cuarto de hora, llegaron dos jóvenes vestidos de dril, con zapatos de lona, sombrero oscuro y ruana. Saludaron a Libardo y luego al grupo: -¿Cómo están los señores? –

¡Bien, gracias! -Tómense el cafecito tranquilos y nos vamos. Libardo se devolvió en su caballo, dejando los demás en el potrero y nosotros continuamos a pie detrás de los jóvenes con ruana, una media hora hasta llegar a un gran bosque ralo de árboles frondosos de montaña, que cubría un campamento guerrillero hecho con carpas negras de un plástico grueso, distribuidas por grupos y dispersas en una área bastante grande.

Nos indicaron una tienda grande con tres hamacas guindadas donde nos ubicamos. -Acomódense, que el camarada Manuel ya los manda llamar, nos indicó quien parecía el guía. Diez minutos después volvió y nos hizo señas de que lo siguiéramos.

El camarada Manuel estaba tranquilo frente a su carpa esperándonos de pie, vestido con un pantalón de dril de donde sobresalía un machete en funda de cuero a flecos. Llevaba un suéter negro de lana gruesa y zapatos también de caucho. No tenía sombrero y su pelo crecido estaba revuelto. Sus pómulos marcados dejaban ver su mirada pequeña, calmada, pero penetrante.

Nos saludó a cada uno dándonos la mano y preguntando cómo había sido el viaje. Preguntó quién era el señor Raúl Vásquez, y de una manera muy especial lo agarró por un brazo para introducirlo en su carpa. El guía se acercó a Juan y a mí y nos dijo: -Entonces ustedes pueden esperar en su carpa.

A unos treinta metros de distancia, desde nuestra tienda vimos como Manuel Marulanda y el señor Vázquez, solos se sentaban frente a frente, en unos troncos habilitados como taburetes y comenzaron a hablar sosegadamente. Todo el día. Casi hasta el anochecer cuando Raúl vino a nuestra carpa y se tendió silencioso en su hamaca. Un rato más tarde le dijo a Juan que se pusiera en contacto con el buque pesquero, avisando que en tres días estarían nuevamente a la hora indicada en el sitio exacto del desembarco. Escuché en mi Zenith la confirmación del recibido. Luego los ruidos nocturnos del bosque se fueron haciendo imperceptibles a causa del sueño.

Al día siguiente, desde temprano vino el muchacho guía a llamar a Raúl para ir a tomar café donde el camarada Manuel y nuevamente los vi sentados tranquilamente conversando sin fatigarse, hasta el atardecer. Cuando Raúl regresó la tienda le dijo a Juan en tono seco: - Avisa por la radio que no hubo acuerdo. Nos vamos mañana.

Deshicimos el camino de regreso casi de manera semejante, sin dificultades, pero más de prisa. Después de una despedida corta, salimos temprano del campamento, con la mira de llegar esa misma noche a Buenaventura. El trecho de a caballo en silencio, hasta la finca, donde Libardo nos ofreció café con arepas de maíz y, rápidamente tomamos el jeep. Les advertí que debíamos aprovisionarnos de gasolina en la ciudad, en un grifo que había visto a la salida para Cali y sin pausa nos enrumbamos al Pacífico. Finalmente mientras avanzábamos por la carretera, Raúl comenzó a contarnos sus impresiones.

Al parecer, todo el primer día hablaron de manera franca y directa, buscando ponerse de acuerdo en cómo desarrollar la coordinación y organizar la solidaridad revolucionaria e internacionalista entre ellos. No hubo dificultad en eso. Los desacuerdos se presentaron cuando Marulanda dijo que como en los tiempos de la pelea con sus familiares los Loaiza, no se separaría bajo ninguna circunstancia del partido comunista, al que le debía todo lo que era. Que seguiría disciplinadamente las orientaciones emanadas de sus congresos y organismos de dirección, especialmente de su comité ejecutivo central y del camarada Viera su secretario general, en quien confiaba plenamente. De nadie más.

El segundo día hablaron largo sobre la teoría militar. Marulanda le expresó llanamente uno de sus sentimientos más profundos de su caminar: desde que se conocía o tuvo uso de razón, había sido un perseguido a muerte obsesionado con conocer a su perseguidor. Había leído y estudiado cuidadosamente con sus amigos de la dirección, varios libros sobre las luchas guerrilleras escritos hasta ese momento, especialmente los del Che Guevara con quien estaba de acuerdo plenamente en las tácticas y estrategias, aunque siempre contando con la orientación partidaria local y nacional. – ¿Y, saben lo qué dijo? preguntó Raúl sorprendido: -Que de todo lo que había leído y estudiado, los únicos libros que verdaderamente le enseñaban, eran las publicaciones, manuales y cuadernos internos, editados por el ejército colombiano.

Un rato después Raúl comentó entristecido que, la conversación había llegado al fin cuando Marulanda le había dicho que personalmente él seguiría y se pondría honrosamente bajo las órdenes y las armas del Che Guevara, pero posiblemente los hombres que lo seguían, no aceptarían la comandancia de una persona desconocida o ajena, con un hablado citadino y un acento tan diferentes, totalmente extraño a los entornos de sus vidas. Esa era la inmensa cordillera que siempre separaba la ciudad del campo.

Así llegamos al atardecer a Cali, donde hicimos una parada, para almorzar y desentumir las piernas. Continuamos el viaje sin hablar más. Llegamos por la noche a Buenaventura y buscamos un restaurante donde poder comer con un poco más de calma y esperar la hora de ir exactamente a la misma playa del desembarco, a encontrar el bote de caucho negro y silencioso que los había traído a tierra. Allí esperé a la distancia dentro del jeep. Era una noche oscura, densa, y pasaba una brisa leve cálida y muy húmeda, con un olor salobre inconfundible, mientras el vaivén monótono de olas en la orilla, servía de testigo.

En aquella noche tropical, mientras pensaba en mi regreso a Bogotá, vi clara la silueta brillante del bote que se perdía en la inmensidad azul oscura del mar Pacífico, llevando a Raúl hacia otro encuentro, tal vez el definitivo, en el cual un hombre se da cuenta finalmente que un destino, por complicado que hubiese sido, consta de ese instante presente en el cual sabe para siempre quien es, y quien será en el futuro.

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