miércoles, 13 de junio de 2012

Dos amigos

Marcelo Colussi

Desde sus respectivos nacimientos estuvieron siempre juntos. Vieron el mundo con escasas dos semanas de diferencia, y sus vidas quedaron casi hermanadas desde un primer momento. Aunque no eran hermanos, lo parecían.

Compartieron juegos infantiles, estudios primarios, penas y alegrías de niños, nevadas y calores. Simón siempre fue algo gordo, característica que se acentuó en su adolescencia. Jürgen, por el contrario, fue siempre delgado, enjuto. Ambos eran altos.

Se protegían mutuamente, en todo: con mentiras piadosas antes sus madres o maestros para apañar fechorías menores del otro; con puños y puntapiés antes niños hostiles.

Sus respectivos padres no tenían muy en cuenta la relación; eran amiguitos, así de simple, buenos amiguitos, y ello no daba para abrir ninguna reflexión al respecto. La cuestión de la religión no contaba.

En realidad, si bien ambas familias eran practicantes de sus respectivos credos, ninguna era particularmente devota. Seguían sus ritos como las tradiciones lo mandaban, pero no pasaban de allí. Jürgen era católico; Simón, judío.

Los dos niños fueron formados en sus creencias, pero entre sí nunca hablaban de ello. No era necesario; los unía otra infinidad de cosas, y el tema religioso no contaba. Como tantos niños –¿como todos?– sus preocupaciones no iban por el lado teológico; el ámbito espiritual era una obligación más, pesada como todas las obligaciones, como lavarse los dientes o bañarse cada sábado.

Desde niño Simón evidenció una hermosa voz de barítono; ya jovencitos los dos participaban en el coro de la escuela, pero Jürgen no tenía especial talento para el canto. De todos modos, a ambos les gustaba tomar parte en esa actividad, no tanto por su afección respecto a lo lírico sino porque les resultaban muy divertidos los ensayos. En realidad, ya de doce años, a los dos amigos les interesaba el coro más por los primeros juegos de seducción en que tímidamente entraban con jovencitas de su edad que por una vocación artística. De todos modos el talento de Simón no era poco, y en muchas ocasiones fue tentado por su maestro de música a tomar en serio el estudio vocal. Ni él ni sus padres lo consideraron.

Siempre siguió cantando, y su voz ya adolescente ganó en potencia y profundidad. Jürgen lo admiraba. Ya más grandes cantaban juntos en las tabernas, cuando comenzaban sus salidas de quasi adultos.

La familia Goldstein –a la que pertenecía Simón– era propietaria de una tienda de telas, una de las más grandes de Munich. El padre, David, era un acaudalado comerciante que, pese a su origen judío, se había sabido ganar la estima de amigos y enemigos. Era, en el más cabal sentido de la palabra, una buena persona. Contrariamente a su hermano Isaac, igualmente conocido, pero no por su perfil humanista, jamás habido prestado dinero. Su considerable fortuna la había logrado no tanto por lo recibido en herencia de su padre, sino con el tesón de un avaro comerciante que trabajaba, y hacía trabajar a sus empleados, dieciséis horas diarias, jamás se daba lujos y no se permitía dilapidar siquiera un centavo en algo que no tuviera ya rígidamente presupuestado.

El padre de Jürgen era uno de sus dependientes. Azares del destino, ambas familias eran vecinas.

A lo largo de los años en que la amistad de los dos muchachos fue tornándose más estrecha, nunca tuvieron una pelea. Se entendían sin necesidad de hablar; era sólo mirarse y automáticamente el uno sabía de los pensamientos, gustos, temores o malestares del otro. En general casi en todo, o en todo, vibraban al unísono con lo mismo, y se preocupaban de similares penas.

Wilhelm Baltzer, el padre de Jürgen, vivía de un magro salario con el que debía mantener esposa y cuatro hijos. Su profunda fe cristiana lo ayudaba mucho en esa empresa. Su relación con David Goldstein, el dueño de la tienda, no era mala, pero tampoco daba para más que un formal vínculo empleado-empleador. Ninguno de los dos hubiera siquiera hecho el esfuerzo por ir más allá. La honda amistad de sus respectivos hijos –la cual no alimentaba ninguna de las dos familias– no contaba mayormente, o no contaba para nada, en la relación establecida.

Seguidores tradicionalistas en su fe como eran los Goldstein y los Baltzer, ninguno de ellos polemizaba en asuntos religiosos; si bien el antisemitismo estaba extendido inmemorialmente por toda Europa, no era el caso para los padres de Jürgen. Y por supuesto, tampoco para él. En unas pocas ocasiones, con valor de sagrado secreto para llevarse a la tumba, los muchachos se permitían reír mutuamente de sus respectivos credos. Al escuchar uno los relatos del otro acerca de cómo eran las prácticas religiosas de sus familias –a las que estaban obligados cada uno de ellos y que, aunque a regañadientes, debían cumplir– los asaltaba un profundo sentimiento de hilaridad. El judío no podía entender cómo era posible que el vino fuese sangre, o que la hostia fuese el cuerpo sagrado; por otro lado, para Jürgen era desopilante el rito del sabbath, o absolutamente incomprensible aquello de la circunsición: le dolía de sólo pensarlo. De todos modos, así se aceptaban; y de eso reían –claro que en privado, y con el marco de una mutua complicidad que hacía más atractivo el secreto compartido.

La adolescencia unió más aún la amistad de los amigos. Las visitas a los primeros burdeles, o las cervezas de las primeras tabernas, ratificaron que su relación iba más allá de sus respectivas familias.

A los dieciocho años, con sus aspectos de adultos jóvenes –o de muchachones crecidos– la vida parecía extendérseles por delante como un camino que invitaba a recorrerlo; nada se interponía ante ellos, y todo incitaba a mantener esa hermosa unión que los vinculaba. Las apuestas que hacían en las tabernas para ver quién tomaba más cantidad de cerveza de un solo trago –en general era Simón el ganador–, o las correrías amorosas compartidas luego en interminables conversaciones, por mencionar algunas cosas, eran elementos que solidificaban cada vez más la amistad. Ello, de todos modos, no tenía ninguna relación con las historias vividas por sus respectivas familias.

David Goldstein seguía haciendo dinero y despotricando contra sus empleados, a quienes veía como una sarta de haraganes que sólo querían perjudicarle en sus negocios. Su esposa, Rebeca, repetía los mismos argumentos.

Por otro lado, Wilhelm Baltzer seguía tan pobre como siempre, despotricando contra el "miserable judío" de su patrón, y orgulloso de su Jürgen, que había decidido enrolarse en el ejército.

Para el invierno de 1939 la situación en toda Alemania estaba al rojo vivo; el nacionalsocialismo ganaba adeptos a pasos agigantados, y el antisemitismo desbordaba por todos lados. Los Goldstein vieron que algo grave iba a suceder, ante lo cual comenzaron a barajar la idea de abandonar el país; un tanto en el aire –porque no querían terminar de creer lo que estaban viviendo– fueron concibiendo la idea de marcharse hacia Estados Unidos, donde tenían familiares. Pero no lograron concretarlo.

En pocos meses se amplió la persecución contra los judíos, y ya no pudieron siquiera moverse de Munich. Simón tuvo que descartar sus planes de seguir estudios de derecho en la universidad. La vida se les complicaba cada vez más.

Con veinte años recién cumplidos, la vida de los otrora amigos había tomado rumbos completamente diversos. Ya no había salidas compartidas, ni tabernas ni historias amorosas. Ni siquiera se volvieron a ver.

Jürgen, rebosante de alegría, no cabía en su uniforme de lo agrandado que se sentía. Jamás hubiera pensado que la vida militar le sentaría tan bien. No se separaba nunca de su arma, la que había pasado a ser parte de su identidad. Su rostro fue endureciéndose, su actitud se tornó agresiva. Las continuas arengas que recibía le fueron moldeando una nueva personalidad, totalmente desconocida en él con anterioridad. Del muchacho bonachón, alegre, simple incluso, que se divertía sanamente y con espontáneas risotadas, ya no quedaba nada. Ahora se sentía un miembro de la "raza aria", la "raza superior", llamado a ocupar un lugar de privilegio en la historia. No importaba que no fuera él quien daba las órdenes; él las cumplía muy solícito, por cierto, pero en realidad –así lo construía al menos– esas órdenes que él ejecutaba eran parte de un plan mucho más complejo, más profundo. No eran simplemente la concreción de lo dicho por el superior: eran la puesta en acto de un "destino superior", de "la superación de todas las formas primitivas y atrasadas de vida".

Jürgen era soldado raso, pero soñaba con escalar. De hecho, el Conductor de la Nación Teutona no era tampoco un oficial de alto rango: era un cabo, un soldado del pueblo, un "puro y no contaminado" luchador ario como él. No importaban tanto los grados como la "pureza racial", repetía enfervorizado.

Sus padres ya no podían reconocerlo cuando se perdía en estas divagaciones; de todos modos el avejentado Wilhelm Baltzer, de alguna manera orgulloso de su hijo, también repetía estos acalorados discursos, sin entender bien a dónde llevaban, pero dando así rienda suelta a su visceral odio contra su patrón, al que había visto enriquecerse a costa de su propio trabajo.

"Sí, los judíos son la perdición del mundo", afirmaban padre e hijo –y también los demás miembros de la familia Baltzer. La diatriba iba con dedicatoria, más aún en lo que al padre de Jürgen tocaba. Recordando a su patrón, el judío de su vecino y padre de Simón, decía: "Goldstein… ¡De piedra de oro no tienen nada estos!", razonaba exaltado; "¡piedra de mierda!, en todo caso". Jürgen no se centraba sólo en esta familia –ya no recordaba a Simón, ya nunca volvieron a estar juntos como amigos–; su odio era universal, contra todos los judíos del mundo. "¡Todos deben morir!", concluía ofuscado.

Los campos de concentración para judíos pasaron a ser una cruda realidad. También la "solución final". Mientras la guerra crecía, se expandía por toda Europa, Simón Goldstein, como tantos miles y miles de judíos, intentaba sobrevivir al holocausto en ciernes. Su gran amigo de infancia y juventud, Jürgen Baltzer, como tantos miles y miles de alemanes no judíos, no podía hacer nada contra ese holocausto que se precipitaba a pasos agigantados. Por pura sobrevivencia, lo más fácil era apoyarlo. No otra cosa hizo Jürgen.

Con veintidós años, ya con más de algún reconocimiento por su heroísmo en combate, Jürgen fue asignado a la ciudad de Weimar, al campo de concentración de Buchenwald. Llegar allí al mando de un pelotón de diez soldados fue sentirse en la más absoluta gloria.

Al principio no lo pudo creer; prefirió pensar que era un error de sus sentidos. Sus miradas se encontraron y ambos quedaron paralizados. Pero fue Simón quien pudo mantenerla; pese al terror que lo envolvía, su actitud –no obstante lo precario de su situación, de la miseria que envolvía toda su figura– fue desafiante.

Esa mirada, lacónica y sin palabras, expresaba más que todos los discursos del mundo. Jürgen tuvo que voltear su rostro. Casi de inmediato los ojos se le enrojecieron. Siguió caminando, ametralladora en mano, fingiendo no haberlo visto. Pero no pudo evitar darse vuelta unos pasos más adelante. Y así seguía Simón Goldstein, mirándolo petrificado y petrificándolo a él. Simón esbozó una sonrisa, sin siquiera saber por qué lo hacía. Jürgen no pudo evitar sonreír también; pero inmediatamente su rostro volvió al marmóreo gesto que ya se le había instalado.

Ese fugaz encuentro lo golpeó fuertemente. Aunque intentaba aparentar normalidad, su vida ya no fue igual.

Esa misma noche, si bien no le correspondía hacerlo, Jürgen cambió un turno para salir a patrullar por las instalaciones. No sabía ni tenía forma de saber en qué barraca se hallaba Simón. Contraviniendo las severas normas que regulaban la vida de los soldados, comenzó a investigar en cada pabellón para ver si encontraba a su viejo ex amigo. De pronto lo atrajo una profunda voz de barítono que entonaba una canción popular tradicional. No podía equivocarse, no podía ser otra voz que la de Simón.

Cantar por las noches cuando ya se había dado la orden de silencio estaba terminantemente prohibido. Ante esa infracción, su obligación era hacer callar, y también castigar, al cantor. Pero prefirió no hacer nada. Solamente se detuvo frente al lugar de donde provenía el canto, y se quedó extasiado escuchándolo. Una vez más, las lágrimas asomaron a sus ojos. La canción se fue extinguiendo lentamente, sin necesidad de su intervención. La oscuridad y el frío envolvían todo el campo de concentración. Siguió caminando solo casi hasta la medianoche, para regresar luego a su cuarto con el mayor sigilo para no ser visto por ningún superior. Esa noche no pudo dormir ni un instante.

En los días siguientes no se volvieron a encontrar. Jürgen lo buscó, pero no le fue posible hallarlo. Simón también albergaba la idea de poder volver a verlo. Sin saber cómo ni por qué, el hecho que ahí estuviera su antiguo amigo le daba alguna luz de esperanza. Pensó cada una de las palabras qué le diría cuando se vieran. Pero por más de dos semanas no se cruzaron. Ambos esperaban ese encuentro, mucho, fervientemente.

Ambos tenían ahora rostros de adultos, casi de viejos. Por motivos distintos, ambos parecían mucho más grandes de lo que en realidad eran. El uno, Simón, no podía ocultar el terror que lo embargaba continuamente; arrugas y calvicie comenzaban a visitarlo. El otro, Jürgen, había trocado su cara aniñada por una máscara pétrea de rudeza. Ambos trasuntaban la tragedia de vidas sin salidas.

Finalmente se encontraron, pero casi sin posibilidad de verse a los ojos, mucho menos de hablarse. Por otro lado, era imposible, absurdo, inconcebible que un custodio ario pudiera dignarse a hablar de igual a igual con un recluso judío. La única relación establecida era de subordinación; nunca hablaban, sólo eran órdenes, o vejaciones, donde siempre el judío hacía de esclavo, y el alemán de amo. De haber hablado, tendrían que haberlo hecho a escondidas. Y eso era casi imposible.

Se cruzaron efímeramente en la enfermería; por motivos diversos los dos habían acudido ahí un instante, y despachados cada uno, ya retornando a sus respectivos puestos, apenas si se vieron unos segundos. Suficientes, sin dudas, para que Jürgen tomara la decisión.

Esa misma noche, aún a riesgo de exponer su vida, desertó del ejército alemán.

Simón, como tantos judíos, murió en Buchenwald. Jürgen, con un indecible sentimiento de culpa, torturado por los fantasmas de un pasado que cada vez se le hacía más ominoso, más abominable, emigró de incógnito para Latinoamérica, donde años después, en algún país del cono sur, acabó suicidándose.

Buchenwald, lo sabemos, pasó a ser uno de los museos del horror de la humanidad. Esta historia la conservó alguno de sus sobrevivientes, judío originario de Munich liberado hacia el fin de la guerra por el Ejército Rojo.

Tomado del libro “Cuentos para olvidar”.

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Entrevista a Armand Mattelart, autor de “Para leer al Pato Donald”: “La comunicación estatal no es la comunicación pública”

Indira Carpio Olivo - Ernesto J. Navarro (Desde Caracas, Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La primera función de los medios es vigilar que no colapse el sistema. Los poderes nos vigilan, porque nos tienen miedo. Movimientos sociales latinoamericanos son conscientes de la importancia de democratizar los medios. Del tecno-determinismo o cómo las redes sociales -por sí solas- no pueden hacer los cambios. Antes, las redes sociales eran redes de solidaridad, ahora son “redes” de individualidades ¿El Sistema Nacional de Medios Públicos no debería llamarse Sistema Nacional de Medios del Estado?

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En toda América Latina el debate sobre el rol de los medios privados de comunicación, en abierta oposición a los gobiernos que no siguen los dictados de Estados Unidos, es un tema en manos de los pueblos y sus movimientos sociales. La más reciente intervención del presidente ecuatoriano, Rafael Correa, en la 42 Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA), realizada en Cochabamba, Bolivia, no hizo más que llevar a un escenario diplomático, secretos a voces en toda la región: las empresas privadas de información son los mercaderes de un sistema en decadencia y por tanto, contrarios al empoderamiento de colectivo. Sobre este rol de los medios de comunicación masivos, entrevistamos en La Brújula del Sur (1), a Armand Mattelart (2).

“En América Latina, los movimientos sociales han tomado conciencia de la importancia de democratizar los medios de comunicación”.

En opinión del sociólogo belga, los gobiernos progresistas de la región han facilitado un nuevo proceso comunicacional, permitiendo que la tenencia de los medios no sea un manejo exclusivo de empresarios.

“Yo creo que los pueblos deben ejercer el derecho que tienen a la comunicación y exigir su participación en la creación de otra comunicación. Los debates que hay en América Latina, y que ya hubo en Ecuador, Bolivia y Venezuela, ponen en el centro de la problemática sobre la democratización de los medios, el tema de la participación”, destaca el teórico de la comunicación.

El cielo no está totalmente nublado. Mattelart estima que “en los 10 últimos años hay cada vez más conciencia de que el poder de los medios no puede seguir así”. Y lo repite. “América Latina es fundamental en la apertura de este debate”.

La sacrosanta SIP y Pinochet

Pero abrir un debate sobre los medios privados de comunicación, supone tocar intereses que, durante muchos años, fueron intocables y protegidos bajo la sacrosanta y supuesta “libertad de expresión”.

El custodio del supuesto derecho, en esta parte del mundo, es la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). Este pulpo de mil tentáculos -todas prolongaciones de las esferas del poder- defiende la actividad empresarial, por encima de los deberes básicos: informar, educar, entretener.

Armand Mattelart considera que hacer cualquier tipo de crítica, señalamiento o reclamo a las empresas de comunicación, es un terreno pantanoso, porque “es sumamente difícil”. El sociólogo expone una verdad incontestable. “Señalar a los medios es considerado como una agresión a la libertad de prensa o la libertad de expresión”.

Y es que los dueños de la SIP (que no son otros que los dueños de los medios) han estado siempre del lado de la acera que le permita seguir aumentando sus ingresos económicos, aún a costa de la democracia, la seguridad, o la propia vida.

“Basta mirar los argumentos de la SIP en América Latina. Yo sé algo de ello, porque en Chile fue un problema real. Durante los 3 años del gobierno de Allende, la SIP lo atacó sistemáticamente, incluso hizo una alianza con el establishment mediático de Chile, los cuales enviaban al exterior noticias totalmente falsas, desinformadas y el sistema internacional de noticias las devolvían a Chile con la legitimidad internacional”.

Pero, casi cuarenta años después, jamás se ha cuestionado el papel de la prensa privada chilena en el Golpe de Estado y la cruenta y sanguinaria dictadura de Augusto Pinochet.

“En Chile hay una reverencia por parte de los poderes, no sólo de los conservadores -sino y también de la Concertación- hacia el diario El Mercurio, un medio que ayudó al golpe de Estado y que sostuvo a la oposición que hacía huelgas durante los años de ataques al gobierno de Allende”.

El entonces encargado de desarrollar políticas comunicacionales para el gobierno de Allende afirma que “El Mercurio fue el organizador intelectual del golpe” y asevera que “finalmente no hubo ninguna discusión, después de la dictadura, del papel de los medios”.

Vigilados

Las alarmas de los poderosos se prenden y cuando los pueblos hablan de democratizar, ellos responden con iniciativas como la ley Sopa, Acta en Estados Unidos o la llamada ley Yeras de Colombia, entre otras en diferentes partes de mundo, que pretenden limitar a los ciudadanos en el uso de herramientas de comunicación como el Internet y, que conceden a los Estados “el permiso” de intervenir las comunicaciones y usarlas a favor de la nación y en contra de los usuarios.

“Esas leyes son un indicativo de la debilidad de los poderes. Estamos en un mundo donde los Estados están trabajados por lógicas de vigilancia (...) la vigilancia sin la contraposición de los ciudadanos”.

Arma, red social

¿Por qué en contra de los ciudadanos? Porque en su expansionismo económico, las potencias trasnacionales necesitan pueblos dormidos que no se resistan al saqueo y expoliación de las riquezas de sus país.

Mattelart recuerda lo ya dicho por “Donald Rumsfeld, jefe del Pentágono cuando la invasión a Irak: Las páginas web y las nuevas redes son sistemas de armas”.

En una de sus más recientes publicaciones, “El mundo vigilado”, Mattelart sostiene que la lógica de los medios obedece a la lógica de la guerra, pero que también puede ocuparse de la cultura y del mejoramiento de la sociedad, cuestión que se logra si la comunicación es democrática.

Las llamadas redes sociales no sólo son herramientas que desmovilizan sino que atomizan.

“En la actualidad, estas redes como Facebook, Twitter y otras, son llamadas redes sociales ¡Usted se imagina! Para los demócratas del mundo, las redes sociales eran redes de solidaridad que tenían proyectos colectivos y en la actualidad se llaman así a un conjunto de individuos que finalmente se vinculan, individualmente, a partir de relaciones muy débiles. El problema es que la noción de redes sociales concebida a partir de la web, se apoderó de la noción misma, de la noción real de redes sociales”, explica el sociólogo.

Aunque no sean herramientas neutras, “es evidente que esas redes ayudaron a los movimientos revolucionarios tunecinos o egipcios, por ejemplo; pero no hay que darle un papel mayor o más importante. Más allá de eso hay otras formas de vinculación entre revolucionarios”, agrega Mattelart.

El peligro, alerta el comunicólogo belga, “está en el tecno-determinismo”, o en creer que esas llamadas redes sociales por sí solas pueden hacer los cambios. Además, “es evidente que si los demócratas usamos las redes en períodos de crisis, para hacer avanzar esos proyectos (de cambio), hay que saber que en el campo opositor (en el imperio), han tomado conciencia de elaborar una nueva estrategia para que estos medios no funcionen en contra de ellos”.

Citó como ejemplo el caso del sitio web Wikileaks y la circulación mundial de documentos del gobierno de Estados Unidos. Su impacto en Washington generó las propuestas de leyes que pretenden controlar -aún más- las herramientas comunicacionales.

“Para mí, el acontecimiento de Wikileaks, ha conseguido que el gobierno de EE.UU. realizara un cambio en su geopolítica de control sobre los usos de las llamadas redes sociales. La revelación de tantas informaciones en Wikileaks les dio miedo”, dice profesor universitario.

Por lo que en el panorama avizora dos frentes importantes de lucha, “el Financiero y los Medios. Ambos implican inventar nuevas formas de lucha social”.

Recuerda que con la multiplicación de las crisis, se hace evidente -cada vez más- que los medios tienen una función de desinformación, ya que “son un elemento de reproducción del sistema”.

Desde la ya lejana década del 30 del siglo pasado, evoca Armand Mattelart, la sociología funcionalista norteamericana, conservadora, aseguraba “que los medios, como primera función antes que divertir, que entretener; deben vigilar. Es decir, asegurar que no haya colapso del sistema”.

La comunicación pública no es la estatal

Ahora bien. Con el avance de la democratización de los medios de comunicación en América Latina, la aparición de los medios comunitarios, el fortalecimiento de los alternativos y la posesión de los Estados de nuevas bandas del espectro radioeléctrico; aparecen nuevos debates.

¿Tenemos en América Latina medios Públicos o Estatales?

Mattelart responde. “La comunicación debe ser un servicio público. Y allí está el gran problema. En muchos países latinoamericanos se habla mucho de medios de servicio público cuando son, finalmente, medios estatales. El servicio público implica considerar la comunicaron y la información como un bien colectivo y tener en cuenta la participación de todos los ciudadanos”.

En Venezuela ¿Estamos a la mitad del camino? ¿Qué ocurre con los financiamientos a los medios de comunicación comunitarios y alternativos por parte de instituciones del Estado? ¿Contamos con el Sistema Nacional de Medios Públicos o debería llamarse Sistema Nacional de Medios del Estado? Preguntas para otro capítulo.

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Para conocer las respuestas completas escuche el audio aquí: http://soundcloud.com/labrujuladelsur1/entrevista-armandmattelart

Para ampliar las informaciones:
1) La Brújula del Sur es un programa que se transmite en la emisora del Ministerio del Poder Popular para la Cultura, Alba Ciudad (albaciudad.org, @albaciudad, 96.3 FM) y Radio Rebelde (radiorebelde.info, @radiorebelde915, 91,5 FM), conducido por Ernesto J. Navarro y producido por Indira Carpio Olivo.
2) Armand Mattelart, sociólogo belga, teórico de la comunicación, coautor con Ariel Dorfman del libro Para leer el pato Donald y corealizador del filme La espiral en 1976. Fue uno de los encargados de analizar las políticas comunicacionales del gobierno de Salvador Allende, también lo hizo como demógrafo en la crítica a las políticas de control de natalidad del gobierno de Kennedy en el marco de la Alianza para el progreso. Es un referente en el análisis y la investigación del cuarto poder. Actualmente, es profesor catedrático en Ciencias de la Información y la Comunicación la Universidad de París.

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¿Cuba Laica? La Virgen de la Caridad del Cobre, Patrona de Cuba

Isabel Cristina Batista (Desde Cuba. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

..." Y si vas al cobre, quiero que me traigas, una virgencita de la Caridad"...
"Veneración" es la canción dedicada a la Virgen de la Caridad del Cobre, que para la Iglesia Católica Cubana y los fieles católicos cubanos, constituye la Patrona de Cuba, es implícitamente la Virgen María, fruto de la formación de nuestra identidad nacional y especialmente del mestizaje de españoles, y africanos. Que, en menor grado con la inmigración china, del siglo 19, dieron origen al criollo o nativo cubano, ya que nuestros indígenas, taínos y siboneyes, fueron exterminados durante la etapa de la conquista y coloniaje de la Metrópoli española.
La Caridad del Cobre es un símbolo indiscutible de la identidad nacional, quizás el más antiguo de Cuba. Y uno de nuestros más grandes compositores y músicos de la añeja trova cubana del pasado siglo, dedica esta canciçon a la esposa de Rafael Cueto (músico integrante del famoso Trío Matamoros, conjunto cuyas actuaciones se hicieron sentir tanto dentro como fuera de Cuba) . y nos referimos a Noemi Matos.La bella canción que ha trascendido el tiempo como muchas de las realizadas por el talentoso músico . Recibió el nombre de Veneración, pero es muy conocida por los cubanos como:" Y si vas Al cobre".
El Cobre, zona oriental de Cuba, muy cercana a la ciudad de Santiago de Cuba , nuestra ciudad héroe cuna de grandes músicos, hombres ilustres, y patriotas de todas las épocas, que forma parte de la provincia del mismo nombre. La Virgen posee su Santuario, en dicho lugar, recientemente visitado por el Papa Benedicto XVI, y anteriormente por el Papa Juan Pablo II.
La devoción a la Virgen no han sido solamente canciones. A lo largo de nuestra historia se han realizados escritos y poemas dedicados por muchos de nuestros intelectuales y artistas, que en momentos de una gran necesidad espiritual han sido fuentes de fe para muchos de nuestros coterráneos, como, sin duda, lo han sido otras vírgenes en otros países latinoamericanos.
Nuestra Virgen de la Caridad entró a formar parte de las deidades de la religión de origen africano al sincretizarse, con la llegada de los esclavos africanos a Cuba, una vez exterminados los indios, con la figura de Ochún, deidad yoruba que la Regla Ocha , de la Religión de la Santería o simplemente Santería, Se le considera la dueña de las aguas dulces, siendo sus atributos la dulzura , la sensualidad y su color el amarillo.
Estos datos se pueden buscar en nuestras enciclopedias al estudiar nuestra historia, y en antiguas publicaciones, que constituyen la fuente primaria de los temas que se hablan, tesoros de la Cultura cubana, que guarda celosamente nuestra Biblioteca Nacional, y otros centros culturales, y en este caso religioso.
De una de estas fuentes se extrae:
"Hacia 1929 una de las agrupaciones musicales cubanas más influyentes, el Trío Matamoros, cumplía cinco años de fundado. Era para entonces una entidad joven, haciendo sus " pininos"* que llegarían a ser columnas vitales en el hacer cultural de la nación. Ciro Rodríguez, Rafael Cueto y Miguel Matamoros, sus integrantes, viajaron la isla y el mundo, siendo su director Miguel Matamoros, un reconocido compositor de piezas de gran calidad. Es el bolero-son la música divina que marcaría la mayor trascendencia del grupo. La fusión suave, melódica, cadenciosa y rítmica de los dos géneros: el bolero y el son, tan subyugante en su lírica como en el acompañamiento.

Pero, ¿Qué pasaba también por aquellos años? Entre 1926 a 1936 se había convocado una especie de esfuerzo nacional en pro de la construcción de un santuario para La Virgen de La Caridad del Cobre. Toda buena contribución era bienvenida. Ello no era poca cosa y Don Miguel Matamoros, con su fácil y bello sentido inspirador se sumó a la alegría del pueblo cubano en su loable empeño.

Miguel Matamoros

Nació entonces un bolero-son bajo el título “Veneración”, canción ésta muy poco conocida bajo su nombre. En realidad todos la llamamos “Y si vas al Cobre”. Cuya autoría ya explicamos fue obsequiada por Miguel a Noemí Matos.

Años después el título se modificó por el de :”La veneración”. Sólo los cuatro versos del estribillo se repiten una y otra vez; sobre todo al final de canciones como “Olvido” del mismo género y autor. Lo cierto es que la letra es más extensa.

Pues bien, mis lectores: si van al Cobre ya saben qué quiero que me traigan".
Estribillo
..."Y si vas al Cobre, quiero que me traigas, una virgencita de la Caridad, yo no quiero flores, yo no quiero estampas, lo que quiero es virgen de la Caridad"...


Este año 2012, es el Año Jubilar Mariano, por los 400 años del hallazgo y presencia de la imagen de la Virgen de la Caridad en nuestra Patria.
Esta devoción es una manifestación típica de la religiosidad popular cubana, donde se mezclan el catolicismo, la santería, y las propias tradiciones cubanas.
Es la figura religiosa que en mayor cantidad patrocina los templos católicos bajo diferentes nombres, Nuestra Señora de la Caridad de El Cobre, nuestra Señora de la Caridad o simplemente Caridad. Para algunos es simplemente "Cachita", tema musical realizado con igual nombre por la Orquesta insignia de Cuba: La Orquesta Aragón, siendo "Cachita", donde se habla de Cahita como una muchacha bonita, donde la rumba y el son netamente cubanos son parte de su letra.
En la historia, mezcla de leyenda, del hallazgo se dice que: " en el año 1612, una mañana los indígenas hermanos Juan y Rodrigo de Hoyos y el niño esclavo Juan Moreno salieron en una canoa a buscar sal, y estando en la Bahía de Nipe, en la zona norteña oriental de Cuba, encontraron la bendita imagen flotando sobre una tabla que decía " Yo soy la Virgen de la Caridad". La trajeron a tierra y le hicieron un altar en el Hato* de Barajagua.
A partir de entonces, se construyeron varios templos, hasta finalmente, el actual Santuario Basílica del Cobre en 1927.
No obstante, y según investigamos encontramos más rigurosamente que;
"la celebración del cuarto centenario llamado Año Jubilar por la Iglesia Católica y los fieles, del hallazgo de la imagen de la Virgen de la Caridad ha suscitado toda una serie de investigaciones que han favorecido el conocimiento sobre los hechos que se relacionan con esa historia. Roberto Roldós Lirio ha aportado nuevos hechos y datos al elaborar una reseña histórica, todavía inconclusa, de la parroquia de Santiago del Prado (El Cobre). Fruto de esa investigación es la primera, y por ahora única, relación de sacerdotes que ejercieron funciones parroquiales desde 1633 hasta hoy. Al rastreo de libros parroquiales y documentos ha prestado una inestimable colaboración Roberto Lenzano Seguí, actual responsable del Archivo Histórico del Arzobispado de Santiago de Cuba, lográndose con ello desatar nudos históricos relacionados con el curato"*.
La Virgen, acompañó a los mambises en la manigua (campos montañas, lomas); campos de batallas entre cubanos y españoles, y ante ella en Misa solemne , tuvo lugar la Declaración Mambisa de la Independencia del pueblo cubano, del siglo 19.
A petición de más de 2000 veteranos de la Guerra de Independencia de 1895, el Papa Benedicto XV la proclamó PATRONA DE CUBA, el 10 de mayo de 1916.
En su visita a Cuba del Papa Juan Pablo II en 1998 fue coronada como; REINA Y PATRONA DEL PUEBLO DE CUBA.
Las procesiones, como lo son en América Latina, en general, derivan de la tradición española, caracterizada por una religiosidad de exteriorizaciones, gestos y objetos. .
En Cuba se han celebrado en muy diferentes fechas, la de este año se destaca por su masividad y seguimiento.
Por un tiempo no fueron autorizadas después que, en medio de una politización de la religión por opositores del proceso revolucionario que se iniciaba , con su radical voluntad política de darle a Cuba la justicia social que tanto necesitaba, en 1961, en una iglesia del municipio de Centro Habana, de la capital cubana, se intentó presentar la procesión como acto de protesta política, produciéndose un altercado de lamentables resultados, posteriormente superados y circunscritos a un clima propiamente religioso. .
En la década del 90, el Partido Comunista de Cuba, aceptó que ingresaran en sus filas ciudadanos con creencias religiosas de cualquier tipo, SALVANDO UNA DEUDA HISTÓRICA CON MUCHOS REVOLUCIONARIOS CREYENTES QUE DEFENDIERON NO SÓLO EL PROCESO REVOLUCIONARIO EN SU GÉNESIS, SINO EL CARACTER SOCIALISTA DE LA REVOLUCIÓN.
Ya, en la actualidad, la Iglesia Católica propone, como parte de la Sociedad y como ente protagónico de la misma, sus criterios y no tan sólo la Católica sino las múltiples Iglesias cristianas, y otras, que se sienten también responsabilizadas en el hacer de nuestra país un lugar de prosperidad, y donde el debate contribuya al progreso de una sociedad más justa y eficiente para todos los cubanos
La misa ofrecida en la capital cubana, a la Virgen de la Caridad de este año fue realizada por el Arzobispo de La Habana, el Cardenal primado cubano Jaime Lucas Ortega y Alamino, fue transmitida por la Televisión Cubana, a ella asistieron el presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, General de Ejército, Raúl Castro, y altos dirigentes del país, así como representaciones extranjeras entre las que se encontraba el Cardenal de la ciudad de Miami.
Es de este modo con una riqueza de representaciones, actos, peticiones y emociones, que se manifiesta en su plenitud esa religiosidad, la más extendida en la población cubana.
A LA VIRGEN DE LA CARIDAD
Virgen de la Caridad
que desde un peñón de cobre
esperanzas das al pobre
y al rico seguridad
EN TU CRIOLLA BONDAD
OH! MADRE SIEMPRE CREÍ
POR ESO PIDO DE TI
QUE SI ESA BONDAD ME ALCANZA
DES AL RICO LA ESPERANZA,
LA SEGURIDAD A MI.
Nicolás Guillén poeta Nacional de su libro Tengo
La autora es reportera*redactora(r) ,miembro de la UPEC.
Fuentes:
La Devoción a la Caridad: autor Dr. Jorge Ramírez Calzadilla. Departamento de Estudios Religiosos CIPS año 2002.
.http://http://lagacetadepuertoprincipe.blogspot.com/ .
Arquidiócesis de Santiago de Cuba sitio webb: http://ww.virgendelacaridaddelcobre.org/
Folleto: Iglesia Sagrado Corazón de Jesús.


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La guerra por la conquista de la realidad global

Edgar Borges (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Los acontecimientos de la historia (la no historia), a partir de los años 80 del siglo XX, parecen el guión de una película calculada como lección de (sub) vida para las mayorías. No obstante, si bien el guión se ha estado desarrollando, desde diferentes escenarios, desde mucho antes, en la segunda década del siglo XXI la trama de la globalización avanza hacia la instauración de una realidad asfixiantemente cierta.

El clan que maneja el poder global ha tendido redes para que la humanidad llegara a la encrucijada donde se encuentra. El carnaval del ruido (des) informativo; la estupidez como norma de ley social (no eres “ligero” no existes); la rentabilización de la vida; la derrota del humanismo; el sin sentido de la política; la quiebra de los países; la saturación de las opiniones; la muerte de las voluntades. Hilos invisibles que, sobre la Madre Tierra, tejieron los amos del mundo ante nuestra ceguera aprendida.

No fue apocalíptico asegurar (hace algún tiempo) que detrás del entramado de la tecnología se escondía la intención fundamentalista de desmovilizarnos para secuestrar los recursos de la tierra. Hoy, y cada vez más, los individuos se conforman con jugar a “vivir” desde las redes sociales; muchos creen que desde internet surgirá la rebelión que cambiará la historia de este rodaje invisible. Internet podría tener importantes ventajas (de hecho las tiene), solo que el objetivo estratégico de los poderes que manejan su entramado es otro. Distanciarnos de la realidad que nos están levantando en el afuera. Un encierro virtual que podría convertirse en auténtico (sin posibilidad de regreso); una cápsula de intenciones donde se reproducen los gritos de la industria del ruido. En internet, con la reproducción del guión que condiciona el afuera, es otra forma (más individual pero igualmente masiva) de extender la realidad del poder. Y entre el ruido (que circula con un extraño silencio que sabe a extravío) se pierden las propuestas que debaten nuevas realidades socioculturales.

Realidad, cuánto nos ha costado entender que el poder, hoy, en esta Gran Guerra Mundial, lo que se juega es la construcción de una (su) realidad global. Una forma de realidad impuesta por encima de todas las realidades locales e individuales. Un traje mundial hecho a la medida de una dictadura financiera. El clan de siempre fundó esta historia, su historia, la historia que nosotros, peones útiles de la realidad que otros diseñan, hemos aceptado (des) vivir desde las gradas. ¿Qué hacer? Es la pregunta obligada en medio de las no respuestas y de las noticias diarias (que como dogmas) nos venden el infierno en la tierra (no hay salida; no hay futuro; el camino hacia el paraíso ya fue cerrado). La (s) respuesta (s) no podrá construirse mientras no se asuma que radicalmente los escenarios y las formas de la guerra cambiaron. Las armas de hoy (de sometimiento intelectual) van dirigidas al aislamiento del uno con el todo; derecha e izquierda son apéndices (a veces sin saberlo) del mando invisible que rebasó toda lógica política… Que nadie se equivoque, el sistema no se está cayendo solo, el sistema se está demoliendo a sí mismo ante el colapso de su funcionamiento y con la firme intención de establecer una nueva forma de explotación aún mucho más férrea y mundial. He ahí la mutación que está poniendo en práctica el capitalismo; he ahí la realidad global que se está instaurando. Por la construcción de esa realidad única y potencialmente imposible de vencer es que hoy se libra esta gran batalla. Entre el miedo y la desmovilización nos han conquistado. Entre el aceptar (lo que hay) y no idear (lo que debería haber) hemos arribado a la derrota. Se hace necesario (y urgente) el surgimiento de una nueva forma de humanismo que, desde todos los planos sociales, trabaje (en tiempo actual pero con la conciencia cósmica de siempre) para introducir en la guerra otra vía de realidad. Otra cultura, otra política, otra economía, otra sociedad, sólo será posible si en una acción de urgente rebeldía cada uno de nosotros firma su carta de renuncia al sistema. Y no se trata de un tratado de intenciones sino de aptitudes que aporten respuestas cotidianas y mínimas al dilema global. El dilema global es un invento de otros (el clan); ser uno el demoledor de su propia (falsa) realidad no sería mala idea para iniciar la respuesta. Nos vencieron haciéndonos parte reaccionaria del sistema; sólo podríamos aspirar una liberación colectiva desde una liberación individual que nos aproxime (de nuevo) al espacio-tiempo de nuestra verdadera naturaleza.

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Cine: Los blockbusters globales de Hollywood

Jorge Zavaleta Balarezo (Desde Pittsburgh, Estados Unidos. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El estreno mundial de “Los vengadores” -reunión de algunos de los más simbólicos superhéroes de la Marvel- ha devenido en un singular éxito de taquilla, capaz de remover cualquier récord, como esos a los que están tan acostumbrados los norteamericanos.


Así como esta película de pura acción que tiene gran atractivo en el público juvenil e infantil, genera ganancias a sus productores, la industria paralela que pone en marcha, digamos la publicidad y el merchandising, igualmente levantan vuelo con tal espectacular suceso.

Pero no nos quedemos en la mera repetición noticiosa del hecho. Ocurre que en tiempos de globalización y posneoliberalismo, Hollywood mantiene una segmentación de mercados y orienta sobre todo sus grandes blockbusters a audiencias que son fieles y que pueden alimentar, semana tras semana, sus propias fantasías con cintas que no necesariamente tengan como referente a un superhéroe (para el caso, estamos ad portas del estreno del final de la trilogía de Batman) sino que se refugian en míticas historias de la infancia, como hemos podido comprobar, también en estos días, con el lanzamiento de dos versiones, muy distintas entre sí, sobre el cuento clásico de Blancanieves.

El fenómeno de “Titanic”, que igualmente se está reestrenando en 3D, como el de “Avatar”, diez años después, confirma la capacidad de una industria que trabaja según un sistema de plazos y cada semana nos entrega películas que pueden distraernos más de lo normal o constituirse en fenómenos de cierto culto masivo, como ha sucedido con la sagas de “Transformers” u “Hombres de negro”.

Otras cintas, tras el éxito comprobado de una primera entrega, se reproducen al año siguiente en una nueva versión, como viene ocurriendo con “Sherlock Holmes”, por ejemplo. Lo cierto es que Hollywood no ha perdido el control y dirección de una hegemonía en el cine mundial que puede perturbar a los más asiduos a películas de arte y ensayo, las cuales tienen siempre un público más reducido y cuyo circuito de proyección se limita a unas cuantas salas.


En momentos como estos no parece haber un punto intermedio entre el blockbuster y la película aclamada en Cannes, Venecia o Locarno. Simplemente se trata de películas realizadas para públicos muy distintos, quizá hasta con sensibilidades que entrechocarían a manera de una disputa. Cabe señalar -como lo apuntó Jesús Martín-Barbero en su libro “De los medios a las mediaciones”- que los exhibidores de películas en Estados Unidos llegaron muy temprano a un acuerdo para mostrar en sus salas solamente cintas realizadas en su propio país. Con esta suerte de monopolio que se protege constantemente a sí mismo, como en un blindaje, se evita cualquier asomo de competencia foránea. Lamentablemente, esta “regla de oro” asumida por la industria del cine norteamericano nunca encontró eco en regiones como América Latina, la cual, al contrario, siempre da la bienvenida a los taquillazos de Hollywood e incluso cercena las posibilidades de expansión sobre sus propias películas. Por ejemplo, puede citarse el caso de Perú, donde actualmente se discute un anteproyecto de nueva Ley de Cine y se ha puesto en debate la pertinencia de dedicar algunas salas comerciales sólo para la exhibición de películas producidas en este país. Esta sugerencia ha despertado protestas en críticos que defienden la supuesta libertad de mercado y que creen que el llamado “derecho de pantalla” constituye no una oportunidad para los cineastas nacionales sino un abuso de poder.


El problema, como ya puede verse, tiene muchas aristas pero lo cierto es que mientras tengamos más versiones nuevas del “Hombre Araña” o de cualquier comedia romántica protagonizada por Jennifer Aniston, Kate Hudson o Drew Barrymore, lo cierto es que se estarán cerrando canales de distribución y exhibición públicas para filmes que describen nuestra dura realidad latinoamericana o la tematizan desde el humor o el melodrama. Ocurre ahora en Perú que la expansión de centros comerciales y la apertura de multicines en todo el territorio no necesariamente genera una cartelera más democrática y entretenida, desde el momento en que centenares de salas se dedican, precisamente, a exhibir cintas como “Los vengadores” y no otorgan la mínima oportunidad a obras que, siendo valiosas o primeros esfuerzos de un cineasta, apenas se exhiben por menos de una semana casi en la clandestinidad.


El problema, por un lado es el de la existencia de un fuerte control por parte de las majors, las grandes productoras de Hollywood, y ese “otro cine” que particularmente nos interesa y nos llama la atención. Aunque la batalla ha sido ganada en todos estos años por el cine industrial norteamericano, hemos asistido en la región al surgimiento de un “Nuevo Cine Argentino” como a la producción de películas peruanas, brasileñas, mexicanas y de otras naciones galardonadas en festivales de prestigio. La tarea de proteger nuestro propio cine y de difundirlo en canales alternativos, pero también de luchar por ganar espacios que ahora son negados, es urgente y llama la atención no sólo de directores, productores, críticos y espectadores sino que incluye a los propios gobiernos y a sus ministerios de Cultura, los cuales son entes destinados a luchar por este derecho. Como industria cultural, el cine, rostro y expresión de un país, es al mismo tiempo un arma para combatir la inacción y la ignorancia. Si en los años 60 se proponía en América Latina un “cine militante” ahora, más allá de las ideologías y los compromisos políticos, a los que muchos tanto temen o evaden, sería interesante plantear un cine que aprenda de sus antecesores y muestre sus propias expresiones, un “Cuarto Cine”, como ha pedido el cineasta rosarino Gustavo Postiglione. Esa, entonces, es la tarea pendiente.

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Racismo y mestizaje en América Latina: La discriminación, deuda pendiente

Jorge Zavaleta Alegre (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

En el productivo valle cajamarquino de Condebamba, aún no explotado por las modernas técnicas agrícolas y el capital transnacional, sus pobladores afirman que allí se siembra agujas de acero para cosechar barretas; y en sus faenas diarias y fiestas suelen entonar la canción “Cholo Soy”.

Por cierto que su autor Luis Abanto Morales natural de esa región, ha dejado huella con ese vals “ahuainado”, que reclama quedarse en la puna, en una tierra “donde todo nos falta y todo nos alcanza”. Esa canción conformista en esencia, ya no es un referente para los millones de migrantes, porque el aluvión de energía y creatividad atraviesa el corazón de las urbes con su trabajo y la fuerza de su cultura ancestral.

En el siglo XXI los clubes departamentales, los “principales” (ex latifundistas, sacerdotes, militares y jueces) han sido reemplazados por medianos empresarios, profesionales de éxito en finanzas y con negocios de exportación e importación, superando el empirismo y la crisis del Estado como señala Matos Mar.

Las migrantes ya estabilizados tienen casa propia y forman parte de asociaciones distritales y a la vez se han integrado en una asamblea que llena las instalaciones del Estadio Nacional.

No obstante este real desarrollo, el Perú sigue siendo un país fraccionado. En el Perú existen 132 universidades a las cuales pueden acceder amplios sectores populares, tomando como referencia todas las letras del abecedario en que la econometría clasifica a la población. Pero las autoridades administrativas y académicas se valen de diversas estrategias para eximir a quienes tienen rasgos andinos y probablemente no gozan de los ingresos en relación a las obligaciones de la prestigiada casa de estudios.

Hay mucho que decir sobre el racismo y su relación con la esclavitud. El Perú no es el único país que arrastra limitaciones de integración. El Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana de la Universidad de Pittsburgh, acaba de publicar “La esclava Isaura” de Bernardo Guimaraes, la historia de la emancipación de una mujer sojuzgada en el Brasil en el primer tercio del siglo XIX y rescatada por un hombre de élite que se enamora de ella. El prólogo de Jerome Branche, edición con diseño y aportes de E. Braga, A. Matute y J. Zavaleta Balarezo, señala el silencio académico sobre el sujeto afrobrasilero en las décadas inmediatamente posteriores a la abolición, es decir antes de 1930.

El racismo afrobrasileño es una manifestación de la esclavitud que duró varios siglos hasta que llegara a popularizarse la idea de que todos los brasileños comparten una cierta africanidad, ya sea ésta genealógica o cultural. Las reformas desde Getulio Vargas, Henrique Cardoso, Lula y Dilma Rouseff, contrastan con los políticos de EEUU que pretenden expulsar a los latinoamericanos, olvidando a sus progenitores y los aportes filosóficos como el del checo Kafka sobre Oklahoma, el valle de las oportunidades.

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Al encuentro de Armando

Beatriz Paganini (Desde Santa Fe, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Como siempre, en la calle de los Cielos, nadie me mira porque no soy una alienígena.

Soy como ellos pero tuve la mala suerte de nacer en el otro lado, en el Eje del Mal, no obstante que un energúmeno ex presidente del Gran Imperio consideró que el Eje del Mal estaba en todas partes , menos donde lo debió descubrir porque estaba y está en su propio país que ya no es precisamente un Estado sino una sociedad integrada por corporaciones millonarias, poderosas, que con distintos lobby dominan al Congreso, corrompen a los políticos, jueces y al Ejército que por ley debería defender las fronteras pero hace años que se ha mercantilizado, saliendo al exterior invadiendo países con guerras inventadas o pretextadas. Repartiéndose, entre sus secuaces, el botín de guerra. El miedo provocado ha infantilizado a los habitantes del imperio que creen en los enemigos inventados por los militares que a su vez conforman una élite de privilegiados del terror.

Por ejemplo, cuando en la guerra contra IRAK, la llamada ABU GHREIB era una famosa cárcel donde se torturaba y mataba a los disidentes del gobierno de Saddam Hussein, pero cuando ésta pasó a depender del ejército norteamericano, allí, en esa misma cárcel que conservó mismo nombre; torturaron y violaron a civiles iraquíes filmando sus horrendas torturas.

Un artista plástico Fernando Botero pintó varios cuadros que se hicieron famosos pero en el país del Norte no se permitió su exposición aunque quizás tampoco Botero quisiera que se expusiera mientras siga la bestial beligerancia tal como lo dispuso Pablo Picasso con su GUERRNIKA hasta que no estuviera Franco en el poder.

¡GUERNIKA!

¿Qué me dirá Armando Pérez Reverte?

¡GUERNIKA!

Solo recuerdo que algo me dijo pero con mi sorpresa de tantas revelaciones juntas, ahora no puedo precisar que explicación me dio.

Sigo caminando con el sol acariciándome y con mis pensamientos a cuestas.

Miro alrededor.

Una pareja me cruza sacando fotos ella y filmando él.

Van caminando, alegres, despreocupados.

Llego a la esquina del bar.

Hay algunas personas sentadas comiendo o bebiendo, pero a Armando no lo diviso.

Movida por un impulso, entro y miro alrededor pero tampoco distingo a quién busco.

Me acerco al mostrador, donde dos empleadas atienden a las mozas con sus pedidos.

- Buenas tardes, tengo entendido que el señor Armando Pérez Reverte viene aquí asiduamente- digo improvisadamente.

Como respuesta, la empleada llama con voz alta:

- ¡Carmiña, ven que aquí preguntan por don Armando!

Viene Carmiña a mi encuentro y me dice:

- ¡Por fin señora! ¡Que tenía yo temor de perder o ensuciá esta misiva! - me dice al tiempo que hace un gesto de buscar en la pared que está atrás del mostrador y que tiene papeles, fotos y varios objetos colgados, mejor dicho pinchados con llamativos alfileres terminados en madroños.
-
Mientras busca, noto que los madroños son de distintos colores y, cuando ya su mano se detiene en uno de color verde que pincha un sobre, se vuelve hacia mí y pregunta:

- ¿Me podrá decir usté su gracia por favó?

- Estela – digo con un hilo de voz.

- Sí, no tengo necesidá de lerlo porque casi ha gastao su gracia el señó Armando preguntando por usté.

- Carmiña se da vuelta otra vez, saca el alfiler con el madroño verde y dice:

- ¡Pués aquí tiene señora ESTELA, un poco más y teníamos que darle algo pa merendá al pobrecico pinchao desde hace días!

Lo tomo ansiosa, le doy las gracias y salgo a la calle.

Camino nerviosa.

Me detengo un la plaza.

Me siento en un banco.

Abro el sobre y comienzo a leer.


Páginas de la novela “ANTES Y DESPUES DE GUERNIKA”, de próxima publicación.

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Cine: El camino a casa (1999)

Jesús Dapena Botero (Desde Vigo, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)


NACIONALIDAD: China
GÉNERO: Drama
DIRECCIÓN: Zhang Yimou
PROTAGONISTAS: Zhang Ziyi como la joven Zhao Di
Sun Honlei como Luo Changiu
Zheng Hao como la anciana Zhao Di
Zhao Yuelin como la abuela
Li Bin como el alcalde anciano
Chang Guifa como el joven alcalde
PRODUCCIÓN: Zhao Yu
GUIÓN: Bao Shi
FOTOGRAFÍA: Hou Yung, San Bao
DURACIÓN: 90 minutos

Uno vuelve siempre a los viejos sitios en que amó la vida,
Y entonces comprende cómo están de ausentes las cosas queridas.
Por eso muchacho no partas ahora soñando el regreso,
Que el amor es simple, y a las cosas simples las devora el tiempo.

Mercedes Sosa/Juan Fernando Velásquez

Mi idea original era verme la primera película de Zhang Yimou, Sorgo Rojo, realizada en 1987, pero como una cosa es la que el hombre dispone y otra las que las circunstancias imponen, hube de contentarme con mirar El camino a casa, rodada doce años después y así fue que me fui adentrando con el relato en primera persona de Luo Changiu cuando se disponía a hacer su viaje hacia su semilla, para acompañar a su madre en el duelo por la muerte del padre. Fue así como fui arrastrado por el director chino a través de zonas esteparias que conducen a verdes montañas, donde se ubicaba su aldea originaria.

Esa jornada inicial, lo hicimos por entre la gama de grises que da el formato en blanco y negro, mientras repicaba en nuestros oídos la voz en off del protagonista, quien se deja llevar por el amor tenaz de su anciana madre, en contraposición al pragmatismo de la oficialidad municipal, para cumplir con la ceremonia ritual, que en lo imaginario popular permitirá que el fallecido no olvide el camino a casa, contra esa practicidad simplona que plantea llevar el cadáver, desde el sitio del accidente mortal a la aldea, en un vulgar tractor, de tal modo que nos vemos, en esta introducción de la cinta en un ambiente bastante bergmaniano, con una fotografía impecable hasta cuando Luo Yusheng acude a la antigua aula del padre, un viejo maestro rural, y se detiene para contemplar la foto del matrimonio de sus progenitores, en un momento en el que opera la misma magia, que emplearan Victor Fleming, Mervyn LeRoy, Richard Thorpe, King Widor para lanzarnos, a través del sueño de Dorothy a la tierra de Oz; pero, esta vez no accederemos a ningún país de las maravillas, a ningún reino de la ficción, sino que marchamos al lugar de una memoria de un love story que ha sido relatado al hijo, enmarcado en un encuadre, con el mejor estilo,del último neorrealismo de Ermanno Olmi en El árbol de los zuecos (1978), en una cinta, rodada al norte de Italia, veintiún años antes, con el mismo deleite que nos produjera, seis años antes de El camino a casa, la cinta vietnamita de Ton Thât Triêt, El olor de la papaya verde (1993). Vemos pues recrearse la cotidianidad de la vida rural, de una manera muy sutil, con una hermosa fotografía, como la que debemos a Hou Yung, en la cinta de Zhang Yimou, un hombre que ha heredado las intensas tonalidades del folklore de las gentes del norte de la China, donde se crió, donde sus pupilas se impregnaron a demás de los matiz cambiante de un paisaje, que se viste de distintos colores para celebrar los distintos períodos del año estacional: el invierno, la primavera, el estío y el otoño, con las que nos maravilla a lo largo de la película.

La historia de amor es sencilla, como las simples cosas, de esas que nos hablara el compositor ecuatoriano Juan Fernando Velasco, que devora el tiempo.

Luo Yusheng, es un típico representante de una China contemporánea; él no duda en demorarse en la luz mayor de esos mediodías, en los que su madre servía ricos platos, con la esperanza de seducir al nuevo maestro de escuela, al que amara desde el momento en que lo viera, con un amor que se acrecienta al observar la sensibilidad del joven, quien marcha por los senderos aledaños a la aldea, haciendo que los niños repitan en coro, con él, para memorizar frases que si las unimos, bien pudieran ser un poema oriental:

La primavera, todo, reverdece…
La brisa vuelve a los árboles…
Los pájaros vuelan en el cielo…
La hierba vuelve a brotar en el prado…


La madre ciega de la lozana enamorada, en principio, parece oponerse a aquel romance porque aquel hombre viene de la ciudad y vemos ahí encarnada la contradicción entre lo rural y lo urbano, un asunto tan frecuente, en el joven cine chino; las muchachitas campesinas no deben aspirar a hombres citadinos, que tan pronto vuelven se van, como pasa con las migratorias golondrinas.

Pero más amenazante que esa contradicción misma, que de alguna manera el verdadero amor puede superar, está la presencia ominosa de un régimen totalitario, que castiga a todos aquellos que no están de acuerdo con la ideología que el Poder impone, asunto que el propio Zhang Yimou apenas insinúa en una frase casi fugaz, una alusión, que quizás hace referencia a la propia condición del director, a pesar de ser el cineasta chino más reconocido a nivel internacional pues, a pesar de lo idílica, en todos los sentidos, que es la película, Yimou no deja de mostrar el abandono en el que se encuentra el campesinado chino, así la política no sea el tema más relevante de en este filme que más es un canto al amor y la feminidad de Zhao Di, tanto en la juventud como en la vejez, dispuesta a esperar con tenacidad al ser amado y dispuesta, con profundo empeño a hacerle una ceremonia del adiós, a quien fuera el gran compañero de su vida, en el contexto de la más pura tradición de su región.

La mujer joven es interpretada por una Zhang Ziyi, aún no seducida por Hollywood; la hermosa actriz que viene a comportarse como un alma buena, casi con la ingenuidad de una niña salvaje de Rousseau, quien ama y seduce en el silencio, bien sea al propiciar encuentros ocasionales en el camino, prepararle com esmero sus mejores platos, o decorarle com gran delicadeza el aula, con figurativas aplicaciones que pone sobre el papel de seda, con el que tapa los vanos de la ventana.

La vieja quiere que el cadáver de su marido recorra de nuevo esos caminos que permitieron el encuentro amoroso, para que el difunto nunca olvide su camino a casa, trás esos momentos en los que la adolescente se acerca de una forma muy sutil y cariñosa.


Así nos hacemos testigos de un amor tan fiel, que soporta con firmeza el violencia de la tormenta, tanto física como la política, el exilio de un compañero que piensa diferente a la gran masa, aún a riesgo de morir de amor, con lo que sin proponérselo sacude a la burocracia de su pequeña colectividad para que vuelvan a recibir a su amado allí, quien durante cerca de cuarenta años, se comporta como un maestro preocupado por transmitir conocimientos dentro de su comunidad, de tal forma que los antiguos alumnos, llenos de gratitud no dudan de venir desde distintas regiones del país para llevar en andas el cadáver de un hombre que les ha dedicado su vida, para hacer posible la procesión por un camino que ha de atravesar un río, una montaña y una carretera para que el alma del docente, cuyos restos son depositados al frente de la escuela y del viejo pozo, a donde la chica iba a recoger el agua, no olvide nunca el camino a casa.

Y entonces, tras ese colorido flashback de un recuerdo transgeneracional, motivado por la visión de una alegre fotografía de uno de los acontecimientos más importantes de los padres del narrador, el momento de su boda, volvemos al tiempo del dolor, gris, en blanco y negro, en el que realizada la ceremonia, la vida continuara su curso, para llegar a un final, que nos deja una grata sensación en el corazón.

Y tal vez repitamos con Antonio Machado su elegía a ese otro magnífico pedagogo, que tuvimos aquí en España, don Francisco Giner de los Ríos:

Como se fue el maestro,
la luz de esta mañana
me dijo: Van tres días
que mi hermano Francisco no trabaja.
¿Murió? . . . Sólo sabemos
que se nos fue por una senda clara,
diciéndonos: Hacedme
un duelo de labores y esperanzas.

Sed buenos y no más, sed lo que he sido
entre vosotros: alma.

Vivid, la vida sigue,
los muertos mueren y las sombras pasan;
lleva quien deja y vive el que ha vivido.

¡Yunques, sonad; enmudeced, campanas!

Y hacia otra luz más pura
partió el hermano de la luz del alba,
del sol de los talleres,
el viejo alegre de la vida santa.

. . . Oh, sí, llevad, amigos,
su cuerpo a la montaña,
a los azules montes
del ancho Guadarrama.

Allí hay barrancos hondos
de pinos verdes donde el viento canta.
Su corazón repose
bajo una encina casta,
en tierra de tomillos, donde juegan
mariposas doradas . . .

Allí el maestro un día
soñaba un nuevo florecer de España.

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Plástica. Desde España: Paco Royo

El Ave Fénix

Privilegiado y dotado, este gran artista español de la plástica ha barrido el mundo del arte como una ola de pasión.

Sus obras trasuntan un profundo espíritu romántico. De hecho, pinta con atrevidos golpes de pincel, con torbellinos de colores, creando así efectos sutiles, y al mismo tiempo sorprendentes, de sombra y de luz.

Royo es uno de los mejores “maestros modernos” de una tradición clásica. Por lo pronto ha sido el encargado de pintar los retratos de los laboriosos reyes del católico reino borbónico de España al inicio de su carrera profesional.


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Apropiación

Ricardo Luis Plaul (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Dos Erres, Norte de Guatemala, otoño de 1982.

Los “Kaibiles”, comandos de elite del ejército, avanzaron sigilosamente sobre el pequeño poblado de poco más de doscientas cincuenta personas. El sol todavía no aparecía sobre el horizonte y todos los habitantes tenían un merecido y reparador reposo después de un arduo día de trabajo en el campo. La vida era tranquila pero dura en la aldea enclavada en una zona remota y selvática.

“Kaibil” en la lengua originaria del lugar significa: “aquel que tiene la fuerza y la astucia de dos tigres”. El “indio” Ramírez, un mercenario herido en cientos de operaciones encubiertas, guiaba la tropa. Sus compañeros lo consideraban un excelente asesino con uniforme. Su temida ferocidad lo había convertido en subcomandante de la unidad.

A las 2 A.M. los comandos invadieron el poblado. Patearon puertas y sacaron a todos de sus casas. No hubo resistencia. Los guerrilleros que buscaban no estaban escondidos allí, ni nunca lo habían estado. Toda la operación era un castigo porque los hombres jóvenes de la aldea se habían negado a ser reclutados por el ejército.

Los hombres fueron recluidos en la escuela y las mujeres y niños en una de las dos iglesias. Los oficiales primero y los soldados después se dedicaron a violar a las mujeres, algunas niñas aun, delante de sus familias.

Al mediodía, después del almuerzo que obligaron a las mujeres a cocinar, los soldados recibieron la orden de llevar a las personas, una por una al centro de la plaza, donde había un pozo de agua seco de veinte metros de profundidad. Les aseguraban que era por un problema sanitario que iban a ser vacunados.

Los niños fueron los primeros en ser arrojados vivos al pozo. Pedro, el sargento lloraba mientras lo hacía, pero sabía que de incumplir la orden, él seguiría el mismo camino con un tiro en la nuca por insubordinado.

A los adultos se les vendaron los ojos, fueron obligados a arrodillarse y después de un breve y violento interrogatorio sobre el paradero de los guerrilleros, sobre el que por supuesto nada sabían, recibían un golpe con un mazo en la cabeza y eran arrojados al pozo.

La matanza continuó hasta el atardecer cuando ya el pozo desbordaba de cadáveres. En otras partes de la aldea y del monte cercano el rojo del atardecer se mezclaba con el rojo de la sangre que alimentaba la tierra.

Al caer la noche los quejidos y los gritos se fueron amortiguando con los truenos y la lluvia tropical que lavaba las plantas y obligaba a los soldados a guarecerse en las casas.

A la mañana siguiente los soldados encontraron tres mujeres y dos niños pequeños que aparentemente habían logrado sobrevivir escondiéndose en alguna cueva. A los niños se les perdonó la vida porque eran de ojos verdes y tez blanca y las mujeres fueron entregadas a la soldadesca para su “diversión”. Luego de ser violadas fueron fusiladas. El Teniente Ramírez decidió hacerse cargo del pequeño de tres años. Se lo llevó en uno de los helicópteros que alejaron a las tropas del lugar. Días después la prensa culparía a la guerrilla de la masacre. Los diplomáticos estadounidenses que inspeccionaron posteriormente el lugar confirmaron esta versión.

En 1996, cuando un gobierno democrático accedió al gobierno por el voto popular, se promulgó una ley de amnistía que exculpó a los responsables de aquel crimen. Los kaibiles fueron en su mayoría reclutados como sicarios o instructores de un cartel del narcotráfico.

Cuando Sara, una valiente reportera, y Ana, una fiscal guatemalteca, decidieron investigar lo sucedido en Dos Erres, no les resultó fácil encontrar quien quisiera declarar sobre los hechos. Luego de interminables charlas con los lugareños y ayudadas por el equipo de antropología forense argentino, descubrieron que Oscar Alfredo Ramírez era aquel niño apropiado , única prueba viviente de la atrocidad cometida.

Oscar Alfredo vivía en Boston como ilegal, con su mujer e hijos. Se preocupó cuando recibió el mail de Ana invitándolo a conversar con ella al día siguiente en el juzgado. Tenía mucho que perder, a pesar de no tener documentos había conseguido dos empleos con los que podía mantener a su familia en un barrio obrero.

Nervioso, se encontró con la fiscal quien le dijo que junto con una periodista había investigado un hecho de violencia de la historia de su país natal. Cuando Ana terminó su relato del asalto a Dos Erres (se llamaba así por las letras iniciales del nombre de sus fundadores), Oscar supo que la suya era la historia de cientos de niños sudamericanos apropiados por los militares durante las dictaduras que habían asolado la Región en esos años.

Su apropiador había muerto en un accidente automovilístico ocho meses después de la masacre. Oscar había crecido creyendo ser su hijo ilegítimo.

Le llevó un tiempo poder asumir su nueva identidad y saber cómo transmitir su verdadera historia a su mujer y a sus hijos. Decidió volver a su tierra. Todavía no sabía muy bien qué, pero había algo que tenía que reencontrar.

En Dos Erres los nuevos pobladores comenzaban a escribir su propia historia.


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Crítica literaria: “Cárceles y exilios”, de Nicolás Sánchez Albornoz

Francisco Vélez Nieto (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Nicolás Sánchez Albornoz
Cárceles y exilios
Editorial Anagrama

En estos tiempos que corren donde “Nuestra memoria Histórica” se encuentra cada día menos protegida y a la vez más obstaculizada por esta dictablanda que viene asomando las orejas sin tapujos dada su mayoría absoluta, lograda en las urnas, que además cuenta con medios de comunicación adictos, fieles y no menos rencorosos, palmeros sin el más mínimo escrúpulo para pregonar la mentira y la confusión la publicación de este libro y su título transparente Cárceles y exilios, muestra, como señala su autor Nicolás Sánchez Albornoz, como “en secuencia cronológica cuatro decenios de mis andanzas durante la etapa hostil de la historia de España comprendida entre 1936 y 1975, un infausto periodo que los españoles –y yo entre ellos- más valdría que nos hubiéramos ahorrado. Sus páginas documentan la violencia cometida a mí alrededor y contra mi mismo en una forma de cárceles y de exilios. De ahí su título”

Un libro no hace la revolución, tampoco cientos o millares, pero si lo que ofrece es de rico contenido en los campos de la historia, la literatura, ciencia o poesía, resultan fuentes donde encontrar el necesario alimento y calma que satisface la necesidad vital e intelectual. La conciencia con la que fortalecer las señas de identidad de un pueblo. Esa cultura imprescindible y siempre necesaria como renovadora que impide el anquilosamiento y la alienación mental. Lo contrario de todo poder conservador insistentemente pretendiendo, tanto con sutiles medios, con argucia y mentira disfrazadas de patriotería alcanzar el deseo vehemente de dictadura con máscara democrática.

Y este preciso y honesto libro expone con sencillez y sin demagogia populista, un capítulo de nuestra historia de posguerra, tomando como elemento principal ese esperpéntico símbolo tan amado y mimado por el Dictador como fue el Valle de los Caídos esperpento de la dictadura, y que en la actualidad los herederos bajo el palio de la Iglesia de Roma se empeñan en mantener como orgullo y triunfo lo que fue campo de trabajos forzados, explotación del ser humano como presidiario, cuando su delito del que se le acusó fue la defensa de la democracia lograda en la urnas. Allí fueron humillados y explotados por empresas sin escrúpulos que les pagaba con una miserable limosna salarial, limosna miserable con la que lograban comprar a precios desorbitados algún alivio, como tabaco, en la guarida de ladrones llamada economato.

Francia fue su primera etapa de exiliado junto a la familia, era solo un niño. A continuación, ante el peligro que para su padre significaba la ocupación del país galo por los alemanes, lo envía a España. En 1946 no tarda en iniciar la actividad clandestina en la universidad, hasta ser deteniendo y soportar las cárceles franquista, que lo convirtió en conocedor directo del trato carcelario dado a los presos republicanos. Su procesamiento fue el típico y cínico sainete de guerra ante un tribunal militar que lo condenó a cumplir pena en diferentes e ínfimos presidios, para terminar su recorrido obligado a “participar” en la gloriosa y faraónica elevación hacia los cielos del mausoleo de un dictador, ansioso de fama imperial bajo el palio de la Santas Iglesia católica y apostólica española. Allí surgió la explosiva fuga que se convertiría en noticia sin fronteras, incluso novelada y también convertida en película. Toda una vuelta al mundo de la aventura protagonizada por unos jóvenes amantes de las libertades, ayudados por dos jóvenes demócratas norteamericanas amantes de la aventura y la democracia. Un éxito de fuga que propició el ridículo y bochorno para la dictadura del Caudillo.

Aquí la razón sobresaliente de este libro dividido en diez capítulos que se inician el final de la contienda, con un primer exilio en Francia, para a continuación reunirse en Argentina con su padre el reconocido y acreditado historiados Sánchez Albornoz que, como exiliado, al gozar de un merecido prestigio intelectual, ejercía su labor profesional en el país. Pero un nuevo golpe militar con macabro parecido al de su patria, obligó a Sánchez Albornoz junior a abandonar la tierra de Borges y Cortázar, para trasladarse a Nueva York donde reanudó su docencia e investigaciones históricas hasta su vuelta a España. Pero es durante estos años en Norteamérica dada su sólida actitud democrática y republicana, lo que le lleva por el camino de actividades opositoras contra la dictadura en actividad permanente. De ellas digna de destacar, su importante colaboración en la fundación de lo que convertiría con el esfuerzo de un grupo de españoles en la influyente editorial Ruedo Ibérico editada en París. Una apuesta que dio sus frutos editoriales con importantes títulos de actualidad política y cultural por su importante nivel de calidad con sólidas publicaciones tan esperadas como necesitadas por los españoles demócratas.

De justicia leal y solidaria la transparencia del contenido en el Capítulo 9 del libro, dedicado a este Ruedo Ibérico de los españoles en el exilio parisino. Síntesis rememorativa de aquel innovador, arriesgado y rico proyecto editorial, político, histórico y cultural que supuso, aunque no mayoritariamente por las dificultades y riesgos que conllevaba la distribución de Ruedo Ibérico en España, al estar prohibida y perseguida por la dictadura y negada por la Iglesia, especialmente el Opus Dei, motivado en gran parte por la publicación de sendos trabajos sobre la vida y milagros interno de tal institución de la iglesia católica, un tema candente en aquellos años setenta que provocó un especial interés dentro y fuera de país, especialmente con el libro de Jesús Infante que “detallaba a cara descubierta los fines, el funcionamiento y al composición humana del Opus español a partir de documentos internos, fehacientes y abundantes, a los que había tenido el privilegio de acceder”.

Mas no fue única esta severa persecución por parte de los acólitos de la dictadura, por una parte normal por ser un sólido frete crítico intelectual, sometido a la vigilancia y persecución más ser encarcelamiento por la dictadura y su Iglesia. Necesario, pues, recordar aquella otra persecución del Partido Comunista de España en el exilio en la década de los sesenta, máxime tras la expulsión de conocidos militantes de altura como Jorge Semprúm y Claudín entre otros inolvidables comunistas del Partido que se convirtieron en colaboradores, junto con autores como Juan Goytisolo, Valente, Ullán, Gerald Brennan. Hugh Thomas y su Guerra de España, (dolor de cabeza del “demócrata Fraga pataleando), Gabriel Jackson, Ian Gibson sobre el fusilamiento de Lorca. Larga lista rica de contenido y libertades, que nada detuvo la fe de carbonero de los comités comunistas en ciudades europeas, donde los contingentes de españoles inmigrantes acudían a los centros culturales, no oficiales, habilitados por los gobiernos y sindicatos democráticos.

Exponer el proceso del Valle de los Caídos argumentado con precisos datos y hechos es la base de la obra. Importante el fenómeno de Ruedo Ibérico como revista y editorial, perseguido y difamado por los hombres de Santiago Carrillo con el mismo infame fervor carpetovetónico que el de la España invicta de Fraga, es de justicia recordarlo. Para el franquismo fueron “enemigos de la reserva espiritual de Occidente financiado por la masonería y el oro de Moscú”. Para el PCE “trotskistas enemigos de la dictadura del proletariado” Nada supuso la rica galería de autores ni la calidad exquisita y valiosa en aquellos años, la variedad de temas que se abordaron por Ruedo Ibérico, en cuidadosos libros de modernas ediciones, que hacen justicia a muchos nombres y muy espacialmente al olvidado y discriminado por la izquierda desmemoriada y el fascismo, como ha sido José Martínez Guerricabeittía “Eje del proyecto” Todo un personaje al que le corresponde por ley un espacio en la “Memoria histórica” del exilio y la inmigración.

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Música: Los himnos nacionales

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Un himno es un canto o texto narrativo que, al igual que la oda, expresa sentimientos positivos, de alegría y celebración. En un principio fue una composición coral, para después perpetuarse como género de poesía latina en la Edad Media europea. El vocablo deriva del idioma griego “himnos” y pasó a casi todas las lenguas de Occidente en un mismo sentido o significación.

Es, además, la representación musical o literaria de un acontecimiento tan elevado que produce la necesidad de plasmarlo en música o texto.

Un himno puede estar dedicado a un dios, un santo, un héroe o a una persona célebre. También puede estar dedicado a celebrar una victoria u otro suceso memorable o a expresar júbilo o entusiasmo. Asimismo puede ser una composición musical que identifica a una colectividad, una región, un pueblo o una nación y que une a quienes la interpretan. Estos últimos himnos suelen ser, o bien marchas, o bien poemas líricos. Las marchas suelen festejar victorias militares.

Los Himnos Nacionales son, en la mayoría de los casos, una composición musical patriótica aceptada por el gobierno de un país como la música oficial del Estado. En general, los himnos nacionales tratan de reflejar la unión, el sentimiento de solidaridad y la glorificación de la historia y las tradiciones del país. En muchos casos, no fueron escritos con ese objetivo, sino que adquirieron esa función después de conmemorar algún acontecimiento militar o histórico, especialmente durante el despertar del sentimiento nacional de los siglos XVIII y XIX que va marcando la modernidad capitalista, exportada luego por todos los rincones del mundo.

Durante los siglos XIX y XX, con el crecimiento del número de países oficialmente independientes, muchos de ellos adoptaron himnos nacionales que, en algunos casos, coexistían con canciones populares de carácter patriótico utilizadas por el pueblo. Es así como los himnos nacionales son una forma literaria que hablan de la belleza del país en cuestión, de la hermosura de su gente, de la valentía de su pueblo y de manera potente, se exalta un sentimiento libertario, frente a cualquier opresión (real o percibida) de que haya sido víctima la patria antes de la creación del himno, como también frente a futuras opresiones que se podrían llegar a ejercer.

Hoy por hoy, con un mundo globalizado sobre la base del capitalismo europeo que viene marcando el ritmo del mundo desde hace ya un par de siglos, todos los países del planeta presentan himnos nacionales que, en términos generales, siguen los patrones establecidos por el más famoso de los cantos patrios: el francés, la Marsellesa. Es ésta una marcha militar, compuesta por Rouget de Lisle en 1792, que desde el 14 de julio de 1795 fue declarada el himno nacional del país galo. Si se comparan himnos de distintos países, se ve que tanto musicalmente como en lo que concierne a sus letras y los valores de nacionalismo allí ensalzados, todos son muy parecidos.

A título de ejemplo, escuchemos varios, empezando por el francés, y veamos cómo los himnos patrios de otros países, tanto de Europa como de otros confines del mundo (asiáticos, africanos, etc.) presentan similares características: músicas marciales, ampulosas, con ritmos anacrúsicos, con inocultables resonancias militares.

A modo de burla de este especie musical -quizá amparados en aquello de “de lo sublime a lo ridículo hay sólo un paso”-, el grupo argentino Les Luthiers compuso una suerte de sátira de un himno patrio o militar, que vale la pena escuchar luego de pasar por los cinco himnos nacionales ofrecidos.

1. La Marsellesa (Himno Nacional de Francia)
2. Himno Nacional de Tanzania
3. Himno Nacional de India
4. Himno Nacional de Lituania
5. Himno Nacional de Timor Oriental
6. Sátira de Les Luthiers

Fuente: Wikipedia

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