miércoles, 1 de agosto de 2012

Cine. La película más taquillera de la historia (estrenada con masacre): “El Caballero de la Noche asciende”

Jorge Zavaleta Balarezo (Desde Pittsburgh, Estados Unidos. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Hay que decirlo desde un principio: el final de la trilogía de Batman, en manos del británico Christopher Nolan, no satisface plenamente las expectativas ni la larga espera de cuatro años. Más que un cierre épico y lo que algunos críticos, exagerando la nota, han llamado “la mejor película de superhéroes jamás filmada”, “El caballero de la noche asciende” plantea con inteligencia escenas que se alternan y crea ciertos niveles de suspenso pero ni siquiera es superior a su antecesora, en la que el hoy fallecido Heath Ledger hacía del Jóker.


A diferencia de esa segunda parte, en la que un Batman envilecido prácticamente huía de Ciudad Gótica, en esta nueva entrega no nos rendimos ni por un instante ante el juego de artificio y emociones, ante las escenas que van revelando la maldad insana de un terrorista como Bane, tampoco podemos decir que Morgan Freeman o Michael Caine se crean su papel. Quizá sólo nos seduzca la elástica Gatúbela, rol que desempeña con acierto y simpatía Anne Hathaway. Pero ni siquiera Marion Cotillard roza la veracidad y la maldad de la que verdaderamente es capaz una villana. Así, con los actores desencajados y la escasa esperanza de contemplar un filme de acción que nos haga despertar y nos ilumine más allá de sus evidentes conexiones y metáforas -las alusiones a los atentados del 11 de setiembre de 2001, la crisis financiera de 2008- nos quedamos con la certidumbre que la adaptación del cómic de Bob Kane en el discurso audiovisual es, esta vez, opaca aunque no redundante. Porque hay que reconocer que escenas como la que abre la película -el secuestro del avión- u otras en plena Gotham City -como la destrucción del estadio de fútbol en pleno juego- están elaboradas matemáticamente, con ese sentido lógico que el director Christopher Nolan le ha dado a otras películas suyas, en las que se impone cierta impronta por el misterio y lo desconocido, por la falta de certeza ante lo que vendrá.


Habría que ver en Bane, interpretado por el actor Tom Hardy, no sólo al terrorista destructor y vil, capaz de poner a una ciudad entera en estado de sitio, sino a un malvado que usa y abusa de la tecnología y quien, con un grupo de mercenarios bien entrenados, se despoja de todas sus caretas para decirnos que el verdadero mal no es sino él mismo y que todas las esperanzas y los buenos deseos tienen las horas contadas. Porque Bane, así como los Estados Unidos ven a la amenaza árabe o a todo aquello que intente enfrentárseles, es una piedra en el zapato, incómoda y latente, y es también capaz de someter y torturar a un Batman, al que Christian Bale pone inicialmente en medio del retiro y la falta de convicciones.

Habría que escribir mucho más y en detalle sobre “El Caballero de la Noche asciende”. Habría que decir que su soltura en las escenas nocturnas de persecuciones, con todos los autos de la policía siguiendo a los terroristas y a Batman, se contradice ante la muestra de un Caballero de la Noche que no necesita de mayores estímulos para mutar en pocos segundos de desesperanzado a convencido héroe requerido por las multitudes, un ser necesario a la hora de enfrentar el mal que inunda y amenaza ya no sólo Gotham City sino, como la misma cinta lo deja entrever, el mal que puede estar en lugares tan lejanos para nosotros pero estratégicos para Estados Unidos como Irán, Iraq o Afganistán. La película de Christopher Nolan se abre así como una alegoría incluso geopolítica sobre la necesidad de vencer, de una vez por todas, al enemigo poderoso que incluso despoja de sus bienes a los más ricos y los somete a juicios populares, ejecutando de esta manera una venganza contra los estatus de opresión, ventaja y dominio. Si en algo incide Nolan, más que en la muestra cinética de las naves voladoras de Batman o en la voluntad de redención del hombre murciélago, es en la necesidad de ver el terrorismo cono un peligro a extirpar. Como algo que puede -y de hecho lo hace- ocurrir más allá de la propia ficción de la pantalla.


Realizar una lectura de este tipo contribuye a generar un debate sobre lo que se oculta, tal vez inocentemente, en los cómics que cuentan los orígenes y aventuras de superhéroes pero que realmente nos narran caminos sinuosos, conversiones, la presencia de almas en pena o la necesidad de volverse salvadores de un mundo que hace mucho ha caído en desgracia.


“El Caballero de la Noche asciende” no es necesariamente una película aleccionadora y se puede tomar sólo como un caro entretenimiento, con todo el artificio y las truculencias que es capaz de mostrar Hollywood en la era digital. La reacción global del público ante una aventura que prometía ser lo mejor del año ha sido positiva. Se seguirá hablando mucho de ella y aún, realmente, sólo ha transcurrido una semana del estreno mundial. Sabemos que habrá continuaciones y que la franquicia de DC Comics está abierta para surtir esta factoría fagocitada por el interés de Warner Bros. En cualquier caso, la pelea de Batman nunca es definitiva y si esta vez, como dice el título de la cinta, el super héroe “asciende”, ello indica que con esa voluntad y ese deber de salvar a la humanidad, a Gotham City y a sus habitantes, el propio Batman cumple su compromiso gestado desde su niñez cuando perdió violentamente a sus padres. A disfrutar de este entretenimiento de medio año, mientras rondan en la mente críticas de los espectadores más interesados, las verdaderas motivaciones y las estructuras profundas de la historia de un héroe que aún es relevante y mantiene su poder.

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La casa sin risas

Nechi Dorado (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Desde mucho tiempo atrás, sobre la casa, se había desplegado una sombra que parecía envolver todo. La mujer buscaba en qué cajón de recuerdos podía estar escondida la sonrisa, que ya ni recordaba como era, tiempo atrás, cuando fuera la luz que iluminaba todo.

Arrastró hacia su presente, la risa de los niños, las voces de los que ya no estaban, las flores del jardín, los perritos corriendo entre el césped del parquecito, los gorriones haciendo nido entre las tejas rojas que cuando llovía, parecían convertirse en el tobogán de las gotas que terminaban estrelladas contra el piso formando charcos, en los que ella solía encontrar formas. Y todos reían de sus encuentros.

-Mirá, hay una rana en ese charco, decía.

-No mami, es un murciélago, encontraba el mayor con aires de suficiencia.

-No, un camioncito con vaquitas, explicaba el del medio, buscador compulsivo de camiones.

¡-No, no, no, es un cócoro! decía el más pequeño refiriéndose a un helicóptero.

Y reían y la tarde se llenaba de sol, pese a la lluvia. Pese a las figuras dispares que aparecían en los charcos.

Pasaron los años y sólo el menor siguió encontrando risas aún entre las tristezas.

La sonrisa no estaba en ningún lado, últimamente.

En su lugar, una enorme tijera oxidada daba la impresión de cortar el manto tibio que caía sobre la mesa del comedor, enmudeciendo la cena. Empalideciendo la noche, convirtiéndola en una masa informe sin rostro y sin voz. Sin aromas y sin calor.

Sin embargo, estaría apoltronada en algún un rincón, casi dormida, estaba segura de ello porque la alegría nunca fenece a pesar de los esfuerzos por ensombrecerla, que hace la intolerancia, el estrés, la realidad más descarnada en un mundo que se va desgajando de a poco, como oxidado de tanto consumir basura.

¿Estará tan dormida que parecería muerta si la encontrara? Pensaba, mientras la ansiedad la precipitaba hacia la búsqueda.

Cuando al fin creyó hallarla, en su lugar halló un rictus de amargura. Lo tomó entre sus manos acariciándolo, tratando de darle el calor que había perdido, soplándolo suavecito como para devolverle la tibieza. Lo sacudió también, casi desesperada llevando hacia arriba la comisura transfigurada.

Sobre la mesita ratona en el centro del living, impactó un trozo de mampostería desprendido desde la araña del techo, cuya luz bañaba los recuerdos de esos tiempos pasados, rajando el cristal que protegía la foto de los niños posando un primer día de clases muy lejano. Los tres juntos, compartiendo infancia.

Allí estaba la sonrisa, atrapada en los rostros pequeños. Por ahí, pensó, el sacudón aleje la sombra que cada noche inunda nuestra casa.

-Si regresa ese ayer, siguió pensando, revivirá la alegría, volverá la luz de la comprensión y todo será como era entonces.

Mientras tanto, la casa, se desgarraba entre nostálgicos tiempos lejanos. Afuera hacía frío, adentro, más.

Pero ella, la mujer madre indoblegable cuando de búsquedas se tratara, siguió sosteniendo los pilares como para que la casa se apoyara en sus espaldas firmes, fuertes, demorando su derrumbe total, sobre todo, si pudiera afectar a sus retoños.

La casa era el símbolo de la decadencia de una familia inmersa en la locura de un mundo alienado que late sonidos de tristeza.

-Nada que no se pueda modificar, murmuró casi sin voz, mientras buscaba entre las hierbas del jardín un pasado al que se negaba dejar agonizando.

Llovía esa tarde de invierno, los charcos volvieron a crear formas. Sólo ella se hizo el tiempo para observarlos. Los demás seguían inmersos en sus propias vidas, la rutina y los problemas de la calle robaron lo que quedaba de esa historia de amor y compañerismo.

La enorme tijera oxidada, nuevamente, daba la impresión de cortar el manto tibio que caía sobre la mesa del comedor, enmudeciendo la cena. Empalideciendo la noche, convirtiéndola en una masa informe sin rostro y sin voz. Sin aromas y sin calor.
Ella volvió a poner los huesos de su espalda tratando de impedir la agonía del pasado.

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La universidad en busca de la primavera

Jorge Zavaleta Alegre (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Las más importantes universidades públicas y privadas del Perú muestran renovados caminos para rescatar lecciones aprendidas. Estos centros de estudios comprenden que la ciencia y la tecnología son parte inseparables de las artes y las humanidades, esencia de una visión transformadora del mundo. La alegría, el entusiasmo y la distracción también ocupan lugar especial y revelan expresiones políticas más pragmáticas que en la década del sesenta.

Una muestra es la visión que tienen los estudiantes con respecto a proyectos del desarrollo nacional. Veamos el anunciado Gaseoducto Andino como el eje que conectará y transportará el gas natural desde sus reservas en la selva de Camisea hasta el futuro Complejo Petroquímico del Sur Andino para cubrir la demanda interna y convertirse también en exportador, compitiendo con México y Brasil.

Así sintetiza María Victoria Ordoñez Rojas, joven vicepresidenta de Centro de Investigación y Desarrollo Cultural Petrolero de la UNI, universidad creada hace 136 como parte de la República Práctica liderada por el positivista Manuel Pardo.

Los alumnos de Administración 2012-I de la Facultad de Ingeniería de Petróleo, Gas Natural y Petroquímica de la centenaria casa de estudios organizaron el 4 de julio un foro para conocer los alcances del referido proyecto que impulsa Petroperú, por encargo del Estado.

El foro tuvo el éxito esperado. Los expositores fueron ejecutivos de Petroperú y de las firmas brasileñas Odebrecht y Braskem. El teatro estuvo lleno y los asistentes disfrutaron, además, de diversas manifestaciones de los diversos centros culturales que cultivan música, danzas, teatro, artes marciales y otras actividades.

El mayor desarrollo personal y profesional que impulsan los grupos juveniles proviene de “las prácticas blandas”, que estimulan el rol del profesional en materia de liderazgo, oratoria o coaching.

LA PETROQUIMICA

El desarrollo de la petroquímica del metano permitirá la producción de metanol y amoniaco, de aromáticos a partir de nafta ligera y gasolina natural, entre otros. También demostrará la experiencia de la empresa Petroperú en el montaje y administración de plantas petroquímicas.

El Proyecto Integrado será la base de sostenibilidad para industrias de un futuro Polo Petroquímico, concebido para generar más de ocho veces de lo que se importa en polietileno. “Etilenos del Perú”, es el proyecto ancla para el Complejo Petroquímico del Sur.

En opinión de los estudiantes del mencionado CIDCP, la pronta realización del Proyecto del Gas, es el resultado del esfuerzo de profesionales que creen firmemente en la capacidad y el progreso del país, y de los futuros egresados de nuestras universidades, de gente que cree en la realización de sus sueños.

LECCIONES APRENDIDAS

Los centros estudiantiles, después de dos décadas de violencia y abandono del Estado, ofrecen proyectos culturales con diferentes propósitos. Las semillas que aparecen en sus respectivas facultades, se extienden al resto del campus, se vinculan con universidades locales y del exterior y con las empresas.

Los grupos más dinámicos se organizan en torno a la astronomía que se relacionan con observatorios del mundo. Los temas de aplicación de la eficiencia energética, de seguridad y el rescate minero, se debaten en congresos y prácticas en empresas. En la bienvenida a los cachimbos hay concursos de ensayos, de trovadores, partidas de ajedrez, obsequios de libros impresos y virtuales. Se programan exposiciones de pinturas, proyección de cortos que el cine comercial no ofrece.

DE LA ANOMIA AL OPTIMISMO

En las décadas del 80 y 90, la anomia se apoderó de las universidades debido a la violencia política, que derivó a expresiones terroristas. La anomia apareció porque los objetivos y medios culturales, al parecer, se habían disociado.

Una ilustrativa referencia nos ofrece “El filo de la navaja”, novela cumbre del inglés W. Somerset Maugham (1874-1965), quien aborda la historia de un personaje que busca el sentido de la vida, que se resiste a “integrarse” en el mundo y quiere, antes de tomar cualquier decisión, conocer más la vida.

Esta mirada sobre la anomia llama la atención de la psicología, la sociología y la medicina, al abordar el clima que surge cuando las reglas sociales se han degradado o directamente se han eliminado y ya no son respetadas por los integrantes de una comunidad.

La Universidad del siglo XXI no puede ser la misma de siglos pasados. La vida de un estudiante debe atravesar por la socialización, la operación y la transformación, etapas necesarias de una buena educación para tener una clara concepción del mundo. Las universidades en el Perú, propiamente dichas, no son muchas. La mayoría son una fábrica de profesionales, recintos donde la capacidad económica impone conductas de exclusión social, rechazo al libre pensamiento y a cualquier expresión política que no concuerde con el exacerbado individualismo y la relajada regulación del Estado.

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Blanquita

Gustavo E. Etkin (Desde Bahía de San Salvador, Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Ernesto y Juan estaban sentados en la mesa de un café.

-No sé si te conté alguna vez....le dijo Ernesto. Mi abuelo era milico y en la dictadura mandó torturar y matar a mucha gente...A veces hasta él mismo torturó...Cuando mi viejo lo supo se fue de casa. Por eso a mí me puso el nombre “Ernesto”. Por el Ché Guevara...

-¿Y todavía vive tu abuelo?, le preguntó Juan.

- No. Ya murió. Y después que murió mi abuela el departamento quedó vacío por un tempo. Mi papá lo vendió y cuando fue a sacar los muebles encontró este cuadernito que después me dio. Tenía escrito por mi abuelo, el torturador y matador, esto.

Entre el ruido de bocinas y algunos autos que pasaban le leyó:

Su cuerpo era suave y calentito. Con sus ondulaciones y su linda colita. Por eso la llamaba Blanquita.

Cuando la ponía en mis rodillas y la acariciaba le iba diciendo Blanquita...Blanquita...Por eso después, cuando la llamaba venía corriendo. Era mimosa.

El problema era que no iba al baño para hacer pis y caca. Hacía en cualquier parte. Por eso mis padres, sobre todo mi mamá, empezaron a detestarla.

Yo trataba de explicarle, de decirle que hay algunas cosas que se hacen en el baño, pero ella parecía que no entendía.

Y me gustaba mucho dormir con ella. Sentir su cuerpito suave y calentito. Pero lamentablemente no podía nada sexual. Sus agujeritos eran muy chiquitos. Así que todo espiritual.

Y siempre le daba la comidita que a ella le gustaba: zanahorias, lechuga, zapallos y otras verduras. Pero ella iba creciendo y sus caquitas eran cada vez más grandes. En toda la casa, en casi todos lados, bolitas de caca.
Hasta que un día que volví del colegio la busqué, pero no la encontré.
No la encontré más.
Mi mamá me dijo que ya era insoportable. Caca por todos lados. Por eso se la dieron a una amiga que tenía un jardín donde ella podía vivir. Y hacer sus caquitas de conejo, que ahí serían abono para las plantas.

Así que mi conejita Blanquita nunca más...

Blanquita, mi gran amor....

- Así que parece que estaba enamorado de esa conejita. Pero me pregunto: si Blanquita hubiese pertenecido a alguien que ellos llamaban D.S., delincuentes subversivos, ¿la hubiese amado tanto?

Misterios, enigmas que nunca se podrán resolver...

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Cine, desde Guatemala: “Aquí me quedo”, de Rodolfo Espinosa

ARGENPRESS CULTURAL

El mediometraje “Aquí me quedo”, del realizador guatemalteco Rodolfo Espinosa, narra el encuentro entre un capitalino y un ciudadano de Quetzaltenango, ciudad a la que Paco (Carlos Hernández) llega huyendo de su mujer, la Cusi (Beatriz del Cid), para hacerle una consulta a la única persona que cree que le puede ayudar: su tío Juancho, enterrado desde hace una década.

En el camino, Paco se topará con Willy (Andrés Zea), un ansioso joven que, pistola en mano, guiará a Paco a través de un accidentado viaje en el que ambos acabarán enfrentando sus frustraciones.


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El verbo de la unanimidad

Edgar Borges (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

“(No me gusta) la unanimidad sacerdotal, clerical, de los comunistas. Siempre he sido de izquierda y no me iba a hacer de derechas porque no me gustaban los clérigos comunistas, entonces me hice trotskista. Lo que pasa que luego, cuando estuve entre los trotskistas, tampoco me gustaba la unanimidad clerical de los trotskistas, y terminé siendo anarquista [...]. Ya en España encontré muchos anarquistas y empecé a dejar de ser anarquista. La unanimidad me jode muchísimo”.

Roberto Bolaño

La forma como el poder impone su versión de la realidad ha ido mutando a través del tiempo. Lo que antes instauraban por la fuerza, hoy, cada vez con más puntería, lo hacen con el verbo. Hacia finales del siglo XX todavía era posible exponer, con cierto margen de espacio, tu perspectiva de la realidad. Hoy, en la segundad mitad de un nuevo siglo saturado de mecanismos de información, el discurso de la unanimidad aplasta la particularidad de cada existencia.

La construcción de un “pensamiento único”, diseñado por clanes, cuyo objetivo es imponer un guión (financiero) a la totalidad del planeta, en el desarrollo de la trama ha ideado un traje a la medida de cada historia. En la actualidad, en medio de circunstancias que parecen sacadas de una mediocre tragedia, ese guión opera como una franquicia accesible a cualquier poder que la quiera usar, en “sana paz”, en “su pedazo de tierra”. Siempre que respete, en la práctica más que en el verbo, a los dueños de la marca. Cada país, a su manera, está siendo víctima del discurso de la unanimidad. Una clase de fundamentalismo que pregona la “defensa” de la opinión de las mayorías se ha convertido en una especie de “tribunal invisible de la verdad”. No son necesarias las prohibiciones directas, las normas que antes te ensañaban tus padres ahora te las inculca el gobierno. A falta de padres distintos, las mismas normas para todos los hijos. No hay matices que valgan, ya el relato contiene el perfil tanto del dios como del diablo que protagonizan la historia. Los cómplices de la caricatura de guerra (hasta las polarizaciones se inventan) se han puesto de acuerdo para anunciar la “buena nueva”: por fin, después de tanta diatriba, se ha conseguido el gusto exacto de las mayorías (A cambio de silenciar la voz única de cada persona). ¿Pensará alguien que existe una forma más perfecta de consolidar la autocensura?

La franquicia del verbo de la unanimidad, como toda franquicia, carece de ideología. Igual la pueden adquirir gobiernos de derecha y de izquierda. Lo que sigue es la alteración de los significados y el saqueo de los contenidos. Se trata de gobernar por encima del ruido que perturba la cotidianidad de las mayorías. Si desde siempre para la filosofía fue más importante las preguntas que las respuestas, ahora, gracias al “traje de la realidad a la medida”, la resignación no necesita ni de preguntas ni de respuestas. Habría que profundizar en las formas cómo cada (verdadera) oposición está cuestionando la realidad de su país, pues el entramado de la franquicia es más complejo de lo que a simple vista parece (y la honestidad muchas veces no sabe para quién trabaja). Desde el verbo esta forma de poder impone todas las reglas de su realidad (Se cambia el sentido de las palabras y se retrae -tanto como se dispersa- la interpretación). Mercado, capitalismo, socialismo, derecha, izquierda, revuelta, reformismo, revolución. Todas las palabras son válidas para ejecutar el mismo sistema. El orden de los factores no altera los resultados. Gana el poder y pierde el pueblo.

La confusión de los contenidos nos está haciendo perder la perspectiva del camino. No hay mirada, no hay oído. Una extraña detonación nos fragmentó el orden de las cosas. No hay rutas distintas a la ruta que nos dibujaron los dueños de la franquicia. No hay espacio para formar parte de un nuevo intento. Nos hemos extraviado entre las cenizas de la noción masa. El director ordena cada (des) movimiento. La suma de todas las voces podría dar como resultado un terrible grito sin sentido (y la consecuente sordera de los participantes). Una suma sólo tendrá coherencia si se respeta el valor de cada una de sus partes. La nueva inquisición cambió la hoguera por el ruido. Podrás criticar al sistema todo lo que quieras pero igual tu voz se perderá en el carnaval de los (des) contenidos. Serás la bruja que arda en el fuego interno de tu cuestionamiento. El problema de la unanimidad es que desde arriba la controla quien en secreto se sabe diferente. En contrapeso, la subjetividad también se libera desde la distinción de las partes. Ser otro (s), recuperar la mirada, el oído, el ritmo, las sensaciones; el espacio-tiempo. Abrir una (y otra) de las muchas puertas que nos sellan. Ser sujeto en movimiento, el salto de los puntos. No aceptar las paredes invisibles de las circunstancias. Ser un punto en rebelión. Ir en busca del verdadero todo (como un factor más de sus múltiples diferencias).

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Santa Marta: La perla de América

Amylkar D Acosta (Desde Bogotá, Colombia. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

“Santa Marta tiene tren, pero no tiene tranvía...Si no fuera por la Zona, caramba, Santa Marta moriría”

Manuel Medina Moscote

Indudablemente, la época de mayor esplendor y pujanza de Santa Marta fue la del apogeo del cultivo del banano, cuya bonanza sin par marcó toda una época, caracterizada por el derroche y la juerga mundana de quienes, como sibaritas, en medio de la alucinación y el desenfreno, alumbraban sus cumbiambas con el dinero que recibían por montones, convertidos en teas encendidas, con las que se animaban noche a noche. Comamos y bebamos, que mañana moriremos, era su lema.

El Distrito de Santa Marta y el Departamento del Magdalena, constituyen las unidades político administrativas de más larga data y de mayor riqueza histórica del país. Ya desde el remoto año 1.501, Santa Marta figura en lugar destacado en el mapamundi que elaboró Juan De la Cosa, compañero inseparable de Rodrigo De Bastidas, fundador de Santa Marta. Leonardo Davinci, quien se hiciera célebre con su pintura de la Gioconda, encontró méritos en ella, para su inclusión en su Carta geográfica de 1.515. La Provincia de Santa Marta, junto con la de Riohacha y Valledupar, se integraron en el Magdalena grande, convirtiéndose en su capital político administrativa.

Rodrigo De Bastidas no sólo fue el fundador de Santa Marta, sino también quien descubrió el Litoral del Caribe colombiano, que va desde desde el Cabo de la vela en la Guajira, hasta el golfo de Urabá en Antioquia. La ubicación geográfica de Santa Marta, la perla de América, es excepcional: flanqueada por la Sierra de Santa Marta, patrimonio de la biosfera; de cara a la bahía más bella del continente; con El morro, su símbolo, un cerro tutelar, desde el cual se avista a Taganga, cuyo paisaje singular hizo exclamar a un embajador de la Gran Bretaña en Colombia que era tanta su belleza, que ¨bien vale la pena pagar impuesto de vista¨ por el deleite de apreciar tan incomparable hermosura.

Mención especial merece la Catedral Basílica Menor de la Diócesis de Santa Marta, la primera Basílica construida en Latinoamérica hace ya 247 años (¡!). Al frente de la misma permanece desde el 22 de enero de 1988 Monseñor Ugo Puccini, su abnegado servidor y guía espiritual. En dicha catedral permanecieron los restos mortales del Liberatador Simón Bolivar, en una cripta en su nave derecha, al pié del altar de San José, hasta el año de 1842 cuando fueron trasladados a Venezuela, excepción hecha de su corazón, que sigue alojado allí para siempre.

El Rodadero, la misma Taganga, la Quinta de San Pedro Alejandrino, última morada del libertador, su Centro de convenciones pozos colorados, la majestuosidad de la Sierra nevada, su proximidad a la reserva del Tayrona y sus extensas playas, hacen de Santa Marta uno de los destinos turísticos más codiciados en Colombia, en donde propios y extraños son acogidos con la proverbial hospitalidad del samario. Daniel Lemaitre parece como si evocara a Santa Marta, cuando en uno de sus floridos versos dice: ¨Quiero mi ambiente marino, que a toda extensión convida, y amo su canción sentida, por que en horas de pesar solo la canción del mar me pone en paz con la vida¨.

Santa Marta, además, es cuna de hombres ilustres. Cómo no recordar, que uno de sus hijos, Rafael Campo Serrano, fue quien sancionó la centenaria Constitución de 1.886, fruto de la Regeneración acaudillada por Núñez. El Pibe, del barrio Pescaíto llegó a constituirse en el símbolo paradigmático del buen fútbol colombiano y su fama ha traspasado las fronteras patrias. Carlos Vives se recorre el mundo, exitosamente, ¡difundiendo la magistral música de la tierra del olvido!

Este 29 de julio se cumplen los primeros 487 años de su fundación, los samarios y con ellos toda la región Caribe se congratulan con tal motivo y le auguran un futuro promisorio, sobreponiéndose a sus penurias y dolamas de antaño. Entre los años 1543 – 1712 tuvo su bautizo de fuego, pues más de 20 veces fue objeto de quemas y saqueos por parte de piratas y filibusteros, que le sirvieron de crisol en la forja de la Perla de Las Américas que es hoy.

En medio de los fastos y festejos de esta fecha memorable, se echa de menos a un gran ausente: el capitán Francisco Ospina Navia, ese quijote bogotano que hundió sus raíces en el mar Caribe; fue él el gran gestor de la Fiesta del Mar en 1959 y creador del Acuario y museo del Mar en El Rodadero, sus dos legados.

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Crítica literaria: “La cabeza perdida de Damasceno Monteiro”, de Antonio Tabucchi

Francisco Vélez Nieto (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Antonio Tabucchi
La cabeza perdida de Damasceno Monteiro
Traducción de Carlos Gumpey Xavier González Rovira
Anagrama – Otra vuelta de tuerca

Todo escritor comprometido es conciente de los riesgos que puede correr en su carrera profesional, los sinsabores e incertidumbres que surgen para obstaculizar su trayectoria profesional. Pero, “Cuando un crimen ofende la naturaleza humana, nos ofende también personalmente. Te sientes al mismo tiempo escandalizado y culpable. Mi emoción, mi sensibilidad y mi imaginación como escritor fueron conmovidas por este hecho”

Es la declaración que más nítidamente confirma las razones humanas del escritor conciente con su escritura, Antonio Tabucchi, para escribir esta novela sobre un asesinato ocurrido en 1997. Una historia que, aunque no sea considerada a la altura y calidad de Sostiene Pereira, para mí es una buena y sólida narración, máxime, en estos tiempos deformadores que vivimos donde las democracias retroceden y los abusos de poder proliferan observados desde la verdadera razón de ser y gobernar.

Un cadáver decapitado a las afueras de la ciudad de Oporto es el caso que inicia la narración, partiendo, de una crónica sobre lo acaecido que eleva el proceso a espacios mayores. Toda una serie de suposiciones que van apareciendo en el transcurso de la narración. Y todo comenzó un día cuando muy de mañana Manolo el Gitano tendido en el camastro de su chabola abre los ojos en la oscuridad del refugio y sin necesidad de alguna luz, tampoco su estancia era un palacio, se levanta para salir a cielo raso y caminar unos metros por entre las chabolas permitidas en aquel descampado, que pese a su miseria oficialmente se conocía por “Parque Municipal”, para hacer esa necesidad mañanera que no se puede encargar a persona ajena, pese a ser Rey de los gitanos en nostálgico declive. Para tan perentoria necesidad eligió una vieja y gruesa encina no sin cierto pundonor de tener que utilizarla conocedor de ser un árbol sagrado.

Se sentía a gusto y tranquilo tan temprano, pero ojeando el cercano entorno descubrió un zapato, que su oficio y saber le indicó que no era un simple abandono, por parecer caro y no viejo. Entonces, como la curiosidad puede hasta matar y otras veces complicar la más prudente existencia, empezó a hurgar con un palo descubriendo una pierna y tras la pierna una barriga, para terminar con el hallazgo de todo un cuerpo aunque sin cabeza. El asunto se traslada a la policía con lo que alcanza salta a la calle, y, como suele ocurrir, también a las páginas de suceso. Uno más del diario vivir, de tal forma que provoca una investigación periodística en la antigua ciudad de Oporto, aunque podría trasladarse el caso a cualquier urbe de Europa donde la marginación y las minorías étnicas, padecen abusos y torturas por agentes policiales de discutida moral profesional.

La sospecha de que los atropellos policiales de este tipo suelen producirse aquí a allá en unas sociedades altamente corrompidas, rebosantes de descaro y cinismo, existen elementos que al sentirse protegidos en casos de corrupción de altura, estos según muestra la tradición siempre se resuelven con más inocencia que culpabilidad, fruto de los intereses de partidos y poder económico. Aquí, sin llegar a tal altura al principio, tenemos un personaje de la catadura sargento Titanio Silva perteneciente a la Guardia Nacional Republicana de Socavém, cuyo ritmo de vida le obligaba a manejos no legales como el de la droga, y que asumió la aclaración del caso por unas razones que conviene dejar para ser averiguadas por el lector.

La ética y el compromiso de escritor de Antonio Tabucchi, como en otras obras, asume el ejercicio de narrar y denunciar la iniquidad de los poderes, la falta de templanza justa con las minorías marginadas, esas que los de arriba y sus acólitos consideran miseria humana. Y como en Sostiene Pereira “Taucchi en estado puro, triste y sin esperanzas como un fado, siempre busca las claves que le expliquen por qué las cosas tienen tan difícil remedio, aunque merezca la pena luchas hasta el fin por la verdad”, como señaló el recordado Carlos Pujol. Y en La cabeza perdida de Damasceno Monteiro cuenta con un destacado defensor para esta clase de casos, el abogado Fernando Mello de Sequeira, más conocido como Loton: excéntrico y metafísico, aristócrata, anarquista, vencido por la vida pero no resignado.

De nuevo, la conciencia y la ética, sin olvidar la estética la encontramos en su escritura, Antonio Tabucchi, no hace mucho desaparecido, mantiene línea y constancia, mostrando su compromiso y plenitud de ideas, con una historia que el lector puede situar tanto aquí como allá, en esta Europa cada vez más corrompida y lejana de aquella geografía y fuente fundadora de la democracia. Tanto que, si los dioses le permitieran a Pericles volver a su patria quedaría triste y horrorizado de ver, como los poderes del deteriorado y viejo continente se va desmemoriado, perdiendo humanidad, bañado por el brazo del caballero poderoso Don Dinero, sus pocas virtudes y muchos vicios.

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Música: El laúd

ARGENPRESS CULTURAL

El Laúd fue un instrumento de cuerda muy utilizado entre los siglos XIV y XVIII y que ha resurgido en el siglo XX. También designa a todo instrumento en el que las cuerdas se sitúan en un plano paralelo a la caja a lo largo de un mástil saliente.

El precursor del Laúd tenía la tapa hecha de piel, luego en el siglo VII se la reemplazo con madera en su mitad superior, en donde llevaba una roseta, la mitad inferior seguía cubriéndose con cuero, este instrumento se llamó al’oud (en madera ) término que se trastocó en Laúd cuyas cuerdas se amarraban al borde inferior del instrumento. A fines del siglo VII o principios del VIII se reemplazó su tapa enteramente con madera y se le adicionaron otras dos rosetas, se dotó con puente para las cuerdas tal como se dibujó en las primeras descripciones de instrumentos moros en España (códice 353 del Escorial, Cantigas de Santa María).

El laúd fijó su forma clásica en torno al año 1500. Tiene una tapa plana de abeto y un fondo en forma de pera, profundo y muy ligero, formado por estrechos gajos de madera pegados entre ellos por sus lados, y de siete a diez trastes de tripa alrededor del mástil. Seis pares de cuerdas (cuerdas dobles) van desde las clavijas (colocadas en un clavijero doblado en ángulo hacia atrás del mástil), al puente pegado en la tapa. La afinación más característica en el renacimiento es la siguiente: Sol, Do, Fa, La, Re, Sol. La cuerda aguda suele ser sencilla. Por encima del puente hay una abertura redonda en la que se coloca una talla muy decorada o rosetón. Los dedos de la mano derecha del intérprete pulsan las cuerdas. El lautista inglés John Dowland (1563-1641) fue un destacado compositor para este instrumento durante el renacimiento.

Hacia el 1600, con el comienzo del barroco, se añadieron cuerdas graves al laúd (cuatro por lo general). Estas cuerdas no podían ser pisadas con los dedos, pero se afinaban en notas descendentes (fa 1, mi 1, re 1, do 1). Los músicos franceses, como Denis Gaultier (1603-1672), compusieron un notable repertorio para este instrumento. Se construyeron laúdes más grandes con mayor número y longitud de cuerdas; se incluye aquí la tiorba, el chitarrone y el archilaúd. En torno al año 1700 la introducción de cuerdas entorchadas permitió que las cuerdas graves fueran de longitud normal. Los laúdes típicos del siglo XVIII tienen un clavijero doblado y un mástil ancho sobre el que hay entre cinco y siete cuerdas metálicas con las seis cuerdas dobles afinadas por lo general en la 1-la 2, re 2-re 3, fa 3-fa 3, la 3-la 3, re 4-re 4, fa 4-fa 4.

El laúd se introdujo en la Europa medieval desde la cultura árabe como instrumento de púa, con cuatro pares de cuerdas. Su antecedente fue el 'ud (escrito oud por los instrumentistas actuales de los Balcanes), que hoy es un instrumento sin trastes, pulsado con plectro y con dos a siete cuerdas dobles. Están relacionados con el 'ud y con el laúd la cobza rumana, la mandolina y la mandola medieval. Éstos se parecen en general a los laúdes de mástil corto surgidos en el Próximo Oriente en torno al 700 a.C. Con una expansión tanto al este como al oeste, tales laúdes evolucionaron hacia el pipa chino y el biwa japonés. En Mesopotamia hacia el 2000 a.C. se conocieron laúdes de cuerpo poco profundo y mástil largo. Ejemplos modernos incluyen el bouzouki griego y el samisen japonés.

Su afinación se corresponde con la afinación actual del laúd, aunque este último se afina una octava más baja (al igual que le ocurre a la guitarra) Las cuerdas, que son dobles, se afinan con las siguientes notas, de la cuerda más aguda a la más grave: la, mi, si, fa#, do# y sol#. Como se puede observar, la afinación va por cuartas justas.

Al final del Renacimiento, el laúd podía tener hasta 8 órdenes. La afinación de un laúd alto era g'-d'-a-f-c-G-F-D. El proceso culmina a principios del XVII con la aparición del laúd de 10 órdenes (grupo de dos cuerdas generalmente octavadas), instrumento de transición entre el Renacimiento y el Barroco cuyos bajos suplementarios se afinaban F-E-D-C. Esta extensión hacia el registro grave no dejó de crear problemas de sonoridad, ya que las cuerdas de tripa suenan mal a partir de cierto diámetro; aunque la práctica de afinar una de las cuerdas de cada orden a la octava superior podía paliar dicha deficiencia, se alcanzó pronto el límite de las cuerdas.

Los laúdes, como otros instrumentos renacentistas, componían una familia de diferentes tamaños, afinados en función de su tiro para poder tocar a dúo, trío o cuarteto. Praetorius nos habla de siete tallas diferentes de laúd, con sus afinaciones respectivas: pequeño laúd a la octava en d' o c', pequeño laúd soprano en b', laúd soprano en a', laúd alto en g', laúd tenor en e', laúd bajo en d', laúd contrabajo en g.

Los laúdes tenían cuerdas de tripa de cordero. Sabemos que para calcular la afinación óptima de un instrumento la cuerda esencial es la más aguda, la prima. A partir de ella el músico afinará el resto del instrumento y los violeros concebirán sus laúdes en función de las cuerdas existentes. La elección de la prima es delicada: demasiado fina da un sonido hueco y demasiado gruesa pierde claridad y brillo. John Dowland aconseja en 1.610 escoger cuidadosamente las cuerdas agudas, pues son las más importantes; pide que se elijan bellas y transparentes, mas no demasiado finas pues son falsas y no tienen buen sonido. Tras años de experiencia se han llegado a la utilización de primas de tripa de un diámetro comprendido entre 0.35 y 0.48 mm. Los instrumentos pequeños suenan menos con las más finas, pero si la talla aumenta, se siente la necesidad de usar primas más gruesas. Para dar la misma impresión de tensión bajo los dedos, un laúd grande precisa más tensión que uno menor. Actualmente se suelen tender los laúdes oscilando entre 2.5 kg. para los pequeños y 5 kg. para las teorbas y laúdes bajos.

Desde un punto de vista teórico, y en función de las precedentes consideraciones sobre el encordado, podemos calcular una gama de longitudes vibrantes para cada afinación, a fin de obtener la mejor sonoridad posible. Tomaremos la base de un La 415 y de una prima de tripa con un diámetro comprendido entre 0.44 y 0.48 mm (par el tiorbino entre 0.37 y 0.44 mm.)

Podemos encontrar en los museos instrumentos de finales del XVI que corresponden a los citados por Praetorius: desde el pequeño Vendello Venere (1.580), de 44 cm. de tiro, conservado en Viena, hasta el enorme laúd contrabajo de Michiele Harton del 1.602, cuyo tiro es de 94 cm. Se escogía la talla adecuada para cada afinación con vistas a obtener la mejor sonoridad posible. Y es a partir de algunos de esos laúdes desde los que se construyeron las tiorbas a finales del siglo XVI.

En 1.600 Salomone Rossi publica Il Primo Livro de Madrigali a cinque voci. En él describe dos tamaños de chitarrone de once órdenes, uno grande en La y otro menor templado a la cuarta superior en Re. Poco después se invento el doble clavijero que permitió alargar los bajos y añadir tres cuerdas suplementarias, llegando así la tiorba de catorce cuerdas, fruto de una larga evolución. Esta tiorba podía tener todas la cuerdas simples o bien las seis primeras dobles y las grandes sencillas. También existieron tiorbas (una de las formas del laúd) con los catorce órdenes dobles.

Los instrumentos de la familia del laúd se construyen en Europa durante quinientos años y sufrieron muchos cambios estructurales y estilísticos. Por ejemplo, un Laúd de Laux Maahler, que se construyó en Bolonia en 1520 con seis órdenes pudo haberse cambiado a siete órdenes al final de los 1500, en 1620, en París se aumentó a diez órdenes con una mayor longitud de cuerdas (nuevo mástil). En 1640, se convirtió a laúd barroco de once órdenes, con nueva afinación terminó en Copenhague en 1730 como Laúd barroco de 13 órdenes o tal vez como una tiorba. Otro ejemplo es un Laúd de once órdenes construido en Leipzig por Martin Hoffman en 1630. Luego, en 1730 se aumentó a trece órdenes en Praga y terminó en Viena en 1780 con un angosto y largo mástil de guitarra con trastes metálicos, seis órdenes y tocado como mandora. Una descripción práctica aunque nunca exacta de los periodos de desarrollo del Laúd son los siguientes:

- Pre-renacimiento hasta 1490
- Renacimiento Temprano 1490 - 1550
- Renacimiento Tardío 1550 - 1620
- Transición 1620 – 1660
- Barroco 1660 - 1750

Presentamos algunos ejemplos de música para laúd:

1. Laúd medieval: Anónimo.

2. Laúd renacentista: Pavana de Anthony Holborne (1545-1602)

3. Laúd barroco: Concierto para laúd y orquesta de A. Vivaldi (1678-1841), 2 y 3 movimiento.

Fuente: EL ATRIL

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Marilyn y los senderos de la mano izquierda

Pedro Antonio Curto (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Cuando a la obrera de una fábrica de municiones llamada Norma Jean la fotografiaron para una revista de las fuerzas armadas abriéndole el camino para trabajar como modelo fotográfico, es posible que le atrajese más el dinero y la posibilidad de comenzar una carrera artística, esas luces deslumbrantes del éxito, que fuese consciente de haber optado por los senderos de la mano izquierda. En la tradición oriental estos eran el camino vital de rebeldes, herejes, artistas, vagabundos... Por el contrario la derecha representaba el orden y lo establecido. El arte ha oscilado entre ambos caminos, pues si bien su esencia y fundamento están en la izquierda, ha sido su opuesto quien lo ha manejado. Y la mujer que apareció muerta es su cama llamada Marilyn Monroe un cinco de agosto diecisiete años después de que aquella obrera abandonase la fábrica, era plenamente consciente de esa dualidad, tan consciente que quizás fue quien la destruyó. Porque el icono del éxito y la belleza que pretendía construir Hollywood, una estética rubia y exuberante, a la que hay que reconocerle su triunfo, su capacidad deslumbrante, y por supuesto el producir millones, tuvo un fallo: el ser a quien pretendían construir con esa imagen iconográfica, pensaba y sentía, era una mujer sensible e inteligente, dos cualidades que unidas condujeron a una rebeldía contra con los constructores de esa pin-up como máquina de dinero. Porque la Marilyn soñada por Norma Jean era una, la de ellos era otra. Y entre ambas se estableció un combate dialéctico. La primera era una mujer con una pulsión creativa, que trataba de superarse, aprender, la actriz que quería interpretar a Gruchenka, un personaje de los Hermanos Karamazov, la que aspiraba al triunfo y el reconocimiento, pero sin pisar cadáveres, como contaba de un sueño que tuvo: “He soñado que estaba de pie en una iglesia, completamente desnuda, y que todos estaban acostados a mis pies sobre el suelo y yo caminaba desnuda, con una sensación de libertad, por encima de sus cuerpos tendidos, procurando no pisar a nadie.” Pero ese sueño estaba condicionado por quien sí pretendía pisar y machacar, por eso se hizo disidente atreviéndose a crear su propia productora frente a la poderosa Twentieth Centaury Fox. Ese fue, entre otros, uno de sus pecados, ahí empezó la destrucción de Marilyn, aunque también tuviese algo de autodestructivo, pues ese es un rasgo que suele abundar entre quienes optan por los senderos de la mano izquierda. Y ese suele ser un camino difícil y solitario, como expresaba Marilyn en un poema: “Sólo parte de nosotros llegarán/ a tener parte de los demás... / la verdad de cada uno es eso/ solamente- la verdad de cada uno./Sólo podemos compartir/ la parte que dentro del conocimiento de otro es aceptable/ por consiguiente/ estamos más bien solos.” Y en la cima, sabiéndose tan deseada como que sus deseos eran imposibles, debió ser algo terrible y turbulento.


De la filmografía de Marilyn creo que hay una película, poco conocida, que se le acerca como personaje, al mismo tiempo que le ofreció unas posibilidades dramáticas que se le negaron en otras donde aparecía como rubia frívola y superficial. Se trata de Niebla en el alma de Roy Baker, en la que encarna a una niñera perdida en sus nebulosas mentales, tan frágil como perturbadora, mostrando esa dualidad de sensualidad e inocencia. Basta con ver su mirada en los primeros planos de la película, para percibir lo perdida que está, los conflictos interiores que invaden al personaje. Pues Marilyn Monroe es ante todo mirada, una presencia que llena la visión y seduce, que aspira a todas las sugerencias posibles, aunque venga acompañada de un maravilloso cuerpo traslucido. Y ese cuerpo sigue perdido en Vidas rebeldes, pero frente a otras de sus películas, se niega a ser objeto, es fantasía (como ella misma se planteó) pero no obsesión falocrática por lo cual se rebela desde la sensibilidad y la inconformidad consigo misma y loa que le rodea. Marilyn será ante todo imagen, pero de unas a otras existen abismos, de quien pretendía colgarla como parte del glamour de la industria de Hollywood, (que ella detestaba)a quien es capaz con una sola pose de sugerir todos los estados animo posible, desde la jovialidad a la tristeza, el pensamiento, la sensualidad, la provocación... Quizás por eso existen miles de fotografías de Marilyn, incluso siguen apareciendo como si estuviesen esperando escondidas en cualquier rincón, formando toda una filmografía sobre la vitalidad y la tragedia. Por eso entrar a estas alturas sobre si era buena o mala actriz, me parece algo superfluo; simplemente era Marilyn.

A los cincuenta años de su muerte Marilyn Monroe sigue siendo uno de esos mitos eternos que la hacen de alguna manera, seguir viva. Ella se ha quedado ahí, aún joven, en el punto justo donde la decrepitud solo eran unas incipientes arrugas. Participando en una treintena de películas, se han escrito cientos de libros sobre ella, posiblemente millones de artículos, podemos encontrar su imagen en cualquier parte y ha provocado un infinito número de sueños. Parece increíble que una vida de 36 años de para tanto, pero el mito suele concentrar los deseos colectivos por generaciones enteras. Porque el mito Marilyn va de la oscuridad a la claridad, se mueve en la luz y entre las penumbras, por eso es tan perdurable.


Hace poco ha aparecido uno de esos libros que vuelven a tocar el tema del suicidio de la artista, si existió o no. Más allá de si los barbitúricos que tomó buscaban la muerte, hay algo claro, como dijo Antonin Artaud de Van Gogh, “el suicidado por la sociedad”, Marilyn Monroe, el sueño y la pesadilla de Norma Jean, también fue “suicidada”o como se preguntaba Bob Dylan en una canción: “¿Quién mato a Norma Jean?/ Yo, respondió la ciudad.”

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Plástica: análisis del cuadro “Madame Leblanc” (1824), de Jean Ingres (1780-1867)

El Ave Fénix

Esta obra muestra, en una impecable técnica, a una guapa modelo. La dama está más embellecida aún por la presencia del mantón exquisitamente pintado, por las joyas y por las sugerencias de la elegante decoración; sin duda el autor magnificó sus cualidades y minimizó sus defectos. Este excelente académico francés creó en su composición una suave disposición de formas diseñados como deleites lineales. El cuadro tiene armonía entre lo que el pintor quiere hacer y los medios que usa para hacerlo. Elegancia, gracia y refinamiento disciplinado por un dibujo exquisito y gobernado por un artista con genio para la creación de una hermosa línea.
No obstante, a pesar de ser un cuadro técnicamente perfecto, no se considera una obra maestra. En su momento fue considerado como una joya por los integrantes de la Academia Francesa, pero con el paso de los años se ha criticado fuertemente al autor y se le ha llamado, desdeñosamente, a sus cuadros "dibujos coloreados". Ingres era un excelente dibujante, tal era la corriente en predominante del clasicismo francés de aquella época. El problema del cuadro, y en general de todos los retratos, es que, a menos que el retrato sea de alguien conocido o un retrato propio, el tema es muy limitado. La composición de Madame Leblanc es excelente, pero no dice más allá de lo que es, una mujer elegante, un cuello estilizado igual que manos y rostro. El pliegue y transparencia de las telas es asombroso, lo mismo que el colorido, los trazos. La actitud de la modelo es de altivez, está acostumbrada a mandar; mira de frente al posible espectador, con una actitud arrogante, segura de sí misma, de su posición, de su alcurnia.
A pesar de esa riqueza composicional y de su excelente técnica que parece una fotografía, no da más que eso. Los impresionistas, lo mismo que hoy, atacaron este perfeccionismo de composición por considerarlo vacío y artificioso, propio de una alta clase que podía darse esos lujos.

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Ostuni y sus pájaros que mueren en la primera luna

Reinaldo Spitaletta (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Su apellido evoca una ciudad blanca, en Bríndisi, Italia, y su nombre nos remite a un personaje de Shakespeare. Está hecho, como todos los humanos, de sueños. Y de tiempo. Pero, como él solo, también de poesía en la que se combinan en rara mezcla las musas del arrabal con las que inspiraron a Homero el antiguo. Ricardo Ostuni es tango que anda, pero, a la vez, memoria de una cultura, de un puerto, de una canción silbada “desde el fondo del dock”. El hombre, invirtiendo al inca, es tierra que habla.

Ciudadano de Buenos Aires, ciudad de duendes y otros mitos, la de la las fundaciones irreales y maravillosas, la “tan eterna como el agua y el aire” (qué vaina, me proponía no mencionar a Borges, asunto imposible y más hablando de don Ricardo), Ostuni es un ser que pertenece a la palabra, aquella tan cara a Filón de Alejandría pero también a algún payador de pueblo. ¡Y qué es lo que tanto hace! ¿Por qué tanta parafernalia para decir de un poeta argentino? Si apenas pudiera afirmarse que es experto en historia del tango, que escribe letras para ser cantadas por los herederos de Gardel, que a veces se viste de don Quijote para hablar de libertad. Con eso bastaría.

La única vez que lo he escuchado y visto fue en junio de 2011 en una biblioteca de Medellín (ah, y aquí habrá que decir que cualquier biblioteca, incluida la de Alejandría es memoria de la humanidad), disertando sobre Sábato y el tango. Digamos, abreviando, que Ostuni es sabio en asuntos gardelianos, en conversaciones de café, en canciones de la noche y en lunas suburbanas. Claro, también en Homero Manzi y, creo, en otro Homero que, dicen, “escribió” la Odisea y la Ilíada.

Ah, y aparte de poeta, que ya es suficiente, escribe libros como Borges y el tango (Marcelo Oliveri Editor), o como Viaje al corazón del tango y Repatriación de Gardel (Ediciones Club de Tango, de Óscar Himschoot), o como un ensayo titulado Emilio Bécher en la obra de Bertrand Russell, para que no se diga que solo se atreve con organitos de la tarde y con algún Shakespeare lunfardo. Y si se quiere saber más sobre aquellos que entristecieron el tango, puede uno leerse La inmigración italiana y su influencia en el tango (Editorial Lumière).

El porteño Ostuni se las trae. Cliente del legendario café Tortoni puede decir “A mi mesa de siempre me he llegado / con el arrastre de un atorro endémico / a lastrar de raje un académico / con un choppe de sidra bien tirado”: Duendes (En el Tortoni). Nacido en 1937, creció en el barrio de Palermo, en una casa de “bullicios propios”, visitada por políticos pero también por cantores como Ernesto Famá, Agustín Irusta (que cantó en la fiesta de sus quince años) y el payador libertario Martín Castro. Su padre le recitaba a Juan de Dios Peza, Almafuerte, Ovidio Fernández Ríos y versos del Martín Fierro.

El autor de “Identidad y otros poemas de la tristeza”, que sabe, con José Gobello, que el lunfardo puede rastrearse en las obras de Cervantes, volverá a Medellín a hablarnos esta vez de Gardel y el arte de cantar, de la presencia de la poesía culta en las letras de tango, y, claro, de la tortuosa relación de Borges con el tango. Ostuni, experto en poéticas populares y académicas, sabe, con Vacarezza que “el saber puede aprenderse, el sentir no hay quien lo enseñe”.

Hecho de sueños y soledades, Ostuni sabe de las “liturgias para celebrar ausencias” y tiene nostalgias de la elegíaca barriada. Es un poeta (tal vez sea la más alta manera de ser algo). Su palabra dice en su libro “Pájaros que mueren en la primera luna”: “Nada tengo sino lo que he vivido / el ayer inmutable de los rostros / que fueron y no son y esta penumbra / que fatiga la voz de las ausencias”.

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Cine clásico: Rebelión en la granja (1954)

Jesús María Dapena Botero (Desde Vigo, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

NACIONALIDAD: Anglo-estadounidense
GÉNERO: Cine político, Drama social, Dibujos animados
DIRECCIÓN: Joy Batchelor y John Halas
PRODUCCIÓN: Louis de Rochemont
PROTAGONISTAS: Dibujos animados
GUIÓN: Lothar Wolff (1), Borden Mace (2), Philip Stopp, John Halas, Joy Batchelor. Sobre la novela de George Orwell, Animal Farm
DIRECCIÓN DE ANIMACIÓN: John Reed
MÚSICA: Matyas Seiber (3)
DURACIÓN: 74 minutos

C. M. Woodhouse escribía en el verano londinense de 1954, en The Times Literary Supplement acerca de la novela de George Orwell, Rebelión en la granja (Animal Farm), publicada en el mismo mes y años de las explosiones de las bombas en Hiroshima y Nagasaki, que el novelista había pasado la vida entera preparándose para escribir esta obra literaria, aunque se consignara que el tiempo de escritura fuera entre 1943 y 1944, mientras iba en ascenso el desarrollo del Proyecto Manhatann, el paradigma estadounidense de la carrera armamentista contra los nazis, hasta su culminación con la destrucción de esas ciudades japonesas y así dar fin a la Segunda Guerra Mundial. (4)

Se estaba, en el pleno contexto de una beligerancia sanguinaria, que se transformaría en una no menos atroz guerra fría, siempre bajo la amenaza de que nuevas megabombas pudieran causar una conflagración universal, con la cual se acabaría con todo, y el mundo, en medio de átomos para la guerra, que no para la paz, todo un derroche tanático de la energía.

Ahí en esa trama de aconteceres, la pluma de Orwell se deslizaba para narrarnos una fábula - más que un cuento de hadas- si entendemos por fábula, un relato ficticio y breve, con intención didáctica, que concluye con una moraleja final, en la que los protagonistas suelen ser animales.

Yo no sería tan elástico, como Woodhouse, con la definición de cuento de hadas, de ahí que prefiera el subtítulo que le dan a la obra de Orwell, los directores de la cinta ejecutada entre 1951 y 1953, Joy Batchelor y John Halas, los realizadores de dibujos animados a los que les fue encomendada la tarea de hacer una versión cinematográfica de la novela orwelliana: Una fábula memorable.

Los realizadores de la versión animada de la obra de Orwell, contaban la autorización de su viuda, Sonia.

Se trataba de un texto del que su propio marido había declarado que se había escrito con diseño político, por tratarse de una versión en clave de fábula de la historia de la Unión Soviética.

Una historia que, bien vale la pena no olvidar, si estamos de acuerdo con el George Santayana que nos decía: Quien no conoce la historia está condenado a repetirla.

Pero no se trataría únicamente de evitar la repetición del totalitarismo estalinista, sino de todo absolutismo, sea éste de derechas o izquierdas, incluido el totalitarismo neoliberal de la sociedad de libre mercado, una plutocracia, solapadamente dictatorial, que también hace que como consumidores todos seamos supuestamente iguales, pero unos más iguales que otros…

Tras la muerte de Orwell, en el contexto de la Guerra Fría, pareciera ser que la CIA, quería hacer cine propagandístico, más allá de sus luchas de espionaje y contraespionaje que bien conocemos por otro género de cintas.

Llevar al cine, la novela de Orwell resultaba sumamente atractivo y para cumplir con este objetivo, se obtuvo la autorización de Mrs. Orwell, quien, ni corta ni perezosa, satisfizo la demanda, creo yo que sin ingenuidad ninguna; ella debía saber que con ese acto hacia honor a su marido, de quien se dice que había empezado a tomar posiciones políticas más conservadoras, que incluso lo llevarían a denunciar ante los tribunales de la caza de brujas anticomunista, a otros artistas, seres tan bien catalogados como Charles Chaplin, John Steinbeck y George Bernard Shaw, como auténticos filocomunistas, en vísperas del pleno desarrollo del macartismo, como bien nos lo señala Albert Escusa. (5)

Para la realización del filme contarían con la asesoría técnica del productor Louis de Rochemont, quien encargaría a los socios de la compañía británica de dibujos animados, Halas & Batchelor, los esposos John y Joy, el rodaje de la película, a finales de 1951, para cuya realización contarían con un equipo de ochenta dibujantes, quienes crearían 750 escenas y 300.000 dibujos en color, junto con otro equipo de guionistas, asesorados por un Consejo de Estrategia Psicológica, con el fin de llevar a la pantalla, la fábula contada por Eric Blair, nombre real del conocido escritor George Orwell, para estrenarla tres años más tarde.

Independientemente de esta historieta de intrigas internacionales y, por anticuado que sea el formato de estos dibujos animados, yo no me atrevería a negar su valor como obra de arte, con una belleza fílmica que la hace una obra maestra del cine de animación, más allá de los cuentos de hadas o las aventuras de los simpáticos personajes de Walt Disney, con Mickey Mouse, el Pato Donald y Tribilín a la cabeza.

¿Qué mejor formato podría dársele a este supuesto cuento de hadas de George Orwell que el del cine de animación?

No, creo que ninguno fuera mejor, que sin duda resulta maravilloso para el relato de fábulas, como esta de Orwell, tan memorable, en la que no hay nada del mundo mágico de los cuentos de hadas, sino más bien una historia de un crudo realismo, en un texto donde los animales, son los personajes principales, en su enfrentamiento con una especie humana, tan sádica como el hombre de Plauto y Hobbes, que es lobo para el hombre y tanto más con el resto de los seres vivos que lo acompañan en el mundo creado desde el génesis bíblico.

Entonces, en la cinta inglesa no vemos ni príncipes, ni princesas, ni magos, ni brujas, y mucho menos hadas puesto que lo que se nos muestra no es la tierra de Oz, ni el maravilloso mundo de los hermanos Grimm, aunque quizás sí comparta una visión del mundo tan maniquea, como la de los cuentos populares, en la que el universo se escinde en buenos y malos, más en un momento como el de la postguerra, tras un conflicto bélico de los más atroces de la historia, que hacía que quien pensara distinto fuera satanizado, en un planeta a la vez real imaginario, poblado por ángeles y demonios, de acuerdo con el cristal político con el que se lo mirara.

La versión de Batchelor y Halas me capturo desde un principio de una manera semejante a cuando tenía la sensación de entrar en un mundo de ensueños, ya fuera cuando iba a los matinales dominicales, a ver la magia de los Lumière o cuando en el tocadiscos de mi casa, algún miembro de mi familia me ponía algún disco de cuentos.

La voz en off del narrador, con el típico ceceo de los locutores españoles, con un tono pausada y cadenciosa, abre la historia, junto a la figura cerezos en flor de una hermosa primavera; a pesar de que no surgiera el “había una vez…” incial de los cuentos tradicionales infantiles, con su hermosa modulación, sus palabras me evocan un pasado remoto y el conjunto me lleva a ponerme al borde del encantamiento, atraído por las ilustraciones animadas de John Reed, el dibujante, quien hacía sus diseños con la misma elegancia, que había puesto en las versiones de Bambi y Fantasía de Walt Disney, esta vez, acompasado por la música del compositor húngaro Matyas Seiber, con lo cual nos todo un equipo creador nos conduce a un universo fabuloso.

Tal vez, los guionistas de esta maravillosa versión fílmica resulten más poéticos que el escritor mismo, quien, al menos a mí, me pareciera más seductor por sus contenidos que por sus formas, puesto que no es lo mismo iniciar la fábula memorable con un paisaje primaveral, y unas palabras como éstas:

Al mundo, que todos conocemos, que puede ser o no el mejor mundo posible había llegado la primavera; pero, toda la magia de esta estación, no era suficiente para aliviar la tristeza reinante en la granja humana…

A iniciar la historia de la manera con la que arranca el escritor:

El señor Jones, de la granja Manor, había cerrado con llave el gallinero durante la noche, pero estaba demasiado bebido, como para recordar no darse de narices contra las portezuelas…

Sin duda, una narración más escueta y naturalista, que el tono más lírico de la introducción del filme, de la que salimos para adentrarnos en la taberna de El León Rojo, a donde, para escapar de los días aciagos de una economía en retroceso, el señor Jones, se da a la bebida, de tal manera, que allí, en el bar, se encuentra con la pobreza como compañera una penuria, de la que él es el único responsable, como representante de una raza humana decadente.

El estilo de los guionistas continúa siendo mucho más lírico y poético que el del propio Orwell, hombre de quien se dice que era más un ser de acción que de pensamiento, un aventurero audaz, que había pasado sus años mozos entre la soldadesca en Birmania o, entre las tropas comunistas, en España o como vagabundo por los extramuros de las ciudades, viviendo entre el lumpen de los bajos fondos, como avergonzado representante de una clase media, que idealizaba el mundo de parias, sin conciencia de clase, un poco a la manera del Winston Smith, protagonista de 1984, dada su idealización de las pobres gentes.

Si bien, el novelista había pertenecido al Partido Laborista Independiente en su Inglaterra natal, en Cataluña y Huesca, durante la Guerra Civil española, se había adscrito, al Partido Obrero de Unificación Marxista, donde le tocaría vivir las confrontaciones entre anarquistas y comunistas, estalinistas y trotskistas, tal vez, lo que haría que se hiciera más del lado de los primeros y lo llevaría a un total desencanto con respecto a la Rusia Soviética, además de que podemos colegir la atracción, que ejercía sobre el narrador británico, la figura de León Trotski, quien tiene un lugar privilegiado en su última narrativa, tanto en las imágenes de Bola de Nieve y de Emmanuel Goldstein, personajes hacia los que el escritor pareciera sentir un particular afecto.

El señor Jones, quien debe representar al Zar de Rusia, es un hombre amargado, harto de sus animales, a quienes responsabiliza de salirle demasiado caras, lo que crea miedo y perplejidad en unos y furia en los otros, en especial, en los representantes de la especia porcina.

Su tormento lo convierte en un hombre violento y, para defenderse de él, sus animales se reunen en una asamblea secreta, convocada por el viejo Major, un cerdo marchito, con un rostro evocador de Winston Churchill, pero con la sabiduría de un Marx y la capacidad estratégica de un Lenin, a la que asistirán los otros cerdos, Boxer, el más grande y fuerte de los caballos, Benjamín, el burro, fiel amigo del enorme percherón, más el conjunto general de los animales de la granja, todos impacientes para asistir a una convención tan importante.

Major está ya bastante enfermo, deseoso de comunicar, a sus camaradas, algunas cosas, antes de que sea demasiado tarde; ha vivido una larga vida y ha tenido mucho tiempo para reflexionar a solas en su pocilga, que le han permitido concluir que todo lo que los animalillos producen les ha sido arrebatado, robado y vendido, para, en cambio, ser sometidos al hambre y al frío; por ello, los incita al derrocamiento del tirano, en aras de más libertad, a través de una revolución; sin embargo, les advierte que cuando se hayan liberado del amo humano, no adopten sus vicios, para que mantengan un ideal de fraternidad, igualdad y solidaridad, ideas que el colectivo animal, adopta con júbilo y cantos onomatopéyicos, según el sonido que cada uno emite, de acuerdo con sus diferencias esenciales. Es un simpático coro, que culmina con el lamento cuando el extenuado conferenciante, el sabio animal, muere como si fuese el Padre Primitivo de una horda de animales, acallados, finalmente, por los disparos de la escopeta de Jones.

Pero, al amanecer, ante el hambre, provocado por una situación insostenible, mientras el amo soporta su resaca, los animales, liderados por Bola de Nieve, asaltan el establo donde está almacenada la comida, a donde llega el tirano, de látigo en mano, hasta que los animales airados se disponen en escuadrón para atacarlo y hacerlo huir despavorido, en busca de aliados para defenderse de esas bestias.

Ante la respuesta humana, los animales no se arredran y loss gansos contratacan, como sus congéneres en la batalla de Alia, hasta librar, todo el conjunto animal, una verdadera batalla campal, que culmina con la derrota de la especie humana.

http://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_de_Alia

¡La libertad ha llegado!

La celebran con himnos onomatopéyicos.

Al tomarse la casa del tirano, con sus trofeos de casa, bajo la iniciativa de Bola de Nieve, representación de León Trotski, podemos constatar el incipiente egoísmo de Napoleón, representante de Josef Stalin, todos destruyen todo aquello que recuerde al opresor.

Ninguno pensó, con excepción de Napoleón, que esa casa fuera lugar para ellos, mientras bajo la dirección de Bola de Nieve, se preparaban para la construcción no ya de la Granja Manor sino de la Granja Animal y, como tras el parricidio, la horda instaura sus tabúes, de acuerdo con todo aquello que nos ha enseñado el llamado Freud sociológico. (6)

Sus preceptos son éstos:

1. Ningún animal dormirá en una cama.
2. Ningún animal beberá alcohol.
3. Cuatro patas son buenas; dos piernas son malas.
4. Ningún animal matará a otro animal.
5. Todos los animales somos iguales.

Mantener la granja con autonomía es difícil; la estancia no deja de plantear problemas; los cerdos siempre buscan soluciones para ellos, instruidos por Bola de Nieve, los resuelven, hasta que el trabajo de la granja se hace como por arte de magia. Los animales se colaboran entre sí. Boxer se constituye en la admiración de todos, como un trabajador con una capacidad máxima.

El éxito de los esfuerzos complace a todos, incluidos Napoleón y su inseparable amigo el gordito gruñón.

Asistimos casi a una sinfonía pastoral, para nada tonta, hasta el punto que, con el paso del tiempo, se cumplen todos los objetivos planteados; la buena cosecha se recoge con rapidez, no sin la envidia del viejo Jones.

Ahora sí que puede pensarse en el futuro.

Bola de Nieve da cuenta de los resultados de su plan quinquenal, pero no medido, como en la Unión Soviética, en años sino en meses, lo que lo lleva a proponer una revolución internacional, una revolución animal a la que podrían unirse los miembros de otras granjas oprimidas, al grito de:

¡Animales del mundo, uníos!

Ahora la consigna es:

Pacíficas palomas mensajeras, en un revuelo evangélico, salen a anunciar la Buena Nueva, que no resulta tan bien recibida por algunos conformistas corderos, con su suerte; ellos se asustan ante la idea de un posible cambio, pero los que lo pasan mal, como los bueyes, escuchan con gran interés y ponen en práctica la rebeldía.

Para Bola de Nieve, la educación se convierte en una necesidad prioritaria para el logro de una mayor equidad entre los animales; así serán menos burros o, al menos, serán como asnos ilustrados, a la manera de Benjamín , quien se duerme en las clases de alfabetización o cuando se les enseña matemáticas, con lindos ábacos, hechos con manzanas, que los alumnos devoran mientras él enseña que 1 + 2 son iguales a 3 y no como en el sistema de dolbepensamiento de 1984, en la Oceanía orwelliana, donde si al Estado le daba la gana 2 + 2 eran 5 y sanseacabó, sin derecho a discusión.

Y así, cada vez es posible llegar a operaciones y teorías más complejas como al hacer la demostración del teorema de Pitágoras.

Bola de Nieve además opera como un verdadero ingeniero, mientras Napoleón se ocupa del Poder.

Ante los problemas, Bola de Nieve piensa en el futuro; por eso, aconseja austeridad, trabajar más y comer menos, claro está que como plan incial, mientras se logra traer a la granja la electricidad, para hacer menos fríos los establos durante el invierno, lo cual llegará a ser todo un lujo para todos y así tener, en cosa de un año, el mejor hogar del mundo.

Pero estos sueños de grandes esperanzas de futuro, a Napoleón le resultan tonterías, que desmiente y al observar que Bola de Nieve tiene seguidores, le echa los perros, como guardia pretoriana, para hacerlo huir y una vez, libre de él, Napoleón toma el mando de la Granja Animal, con la ayuda de su aliado incondicional, el gordito Gruñón; juntos acaban con las asambleas, a las que consideran inútiles y, en adelante, bajo el presupuesto de defender los intereses de su pueblo, tomarán todas las decisiones, para empezar a construir el molino de viento, soñado por Bola de Nieve, que se hizo en largas jornadas, en las que los animales trabajaban del alba hasta el crepúsculo.

Los obreros comen poco, pero el porcino Polit-buró valoran tanto su función y su trabajo intelectual, que consideran deben alimentarse con abundancia, además de resguardarse en la casa de Jones, donde duermen en camas, más allá de los tabúes instituidos por el nuevo contrato social.

Entonces se revisa la Ley:

Ningún animal dormirá en una cama con sábanas, lo que implica que si puede dormirse en ellas.
Entretanto, en el mundo humano, el astuto comerciante Winter se dispone a pactar con el Poder de la Granja; a cambio de mermeladas, los animales han de entregarle sus productos, los huevos de las gallinas, por ejemplo; ello no deja de indignar a las aves de corral, quienes recuerdan a Major, el viejo, quien había prometido que jamás les serían arrebatados sus huevos, con los que hacen una tortilla espléndida de huevos con pan.

El Poder se alerta y también les manda los perros, como a Bola de Nieve, con el fin de abortar la sublevación de las gallináceas; se da, entonces, una verdadera purga; para acallar toda insurgencia, hay que considerarlas traidoras; habrá ovejas que se amedrenten y se autodeclaren culpables, dispuestas si fuere necesario a ir al matadero.

Entonces, se modificará, de de nuevo, el tabú de la muerte del semejante:

Ningún animal matará a otro animal sin causa justificada.

Los antiguos himnos proletarios serán prohibidos; no habrá manifestaciones de duelo.
El comercio entre la granja animal y el mundo exterior se intensifica mientras el señor Winter se enriquece, lo que provoca la envidia de los compinches de la taberna, lo que desencadenará un nuevo ataque a la granja.

Las palomas, como fieles espías alertarán del posible desastre. Napoleón dará su parte de guerra; ahora se trata de luchar o morir por la Granja de los Animales

Mientras la tropa humana avanza, Jones, en solitario, se dirige al molino, esa magna obra, evocadora de hermosa pintura de Rembrandt.


Y mientras los otros están en el fragor de la batalla, el viejo dueño de la Granja Manor, con tacos de dinamita, lo hace volar en átomos, en un estallido semejante al de Hiroshima y Nagasaki.

Cunde entonces el pánico; la devastación y la desolación son espantosos; la tristeza, infinita; pero ello, no impide, que se den a la penosa labor de la reconstrucción, mientras los cerdos se dedican al placer absoluto, como reyes de la pereza y de la gula.

La labor reparadora de la granja dura años; con un esfuerzo heroico de Boxer y Benjamin.

Las patas del viejo caballo empiezan a lesionarse, lo que merma su fuerza y su destreza, hasta llevarlo a un funesto accidente de trabajo, que la burocracia no tolera y, en la medida, que no habrá otra alternativa que jubilarlo, el Gobierno, que no está para gastos, lo vende a la fábrica de cola del señor Winter y convertirlo en gelatina, mientras la falsedad burocrática trata de aplacar la inconformidad del pueblo.

Con el correr de los años, el molino se levanta como un monumento al esfuerzo de los animales; pero, por ello, no viviránn mejor; los cerdos, como los grandes capitalistas, se dan el ancho, con grandes celebraciones, lo que hace que Benjamín levante su voz contra el nuevo precepto:

Todos los animales son iguales, pero unos animales son más iguales que otros.

El rebuzno del asno trae, de nuevo la unión de los trabajadores, en pro de una causa común, mientras los ufanos cerdos comienzan a convertirse en humanos, en contraposición con la advertencia de Major, en un mundo donde la vida es cada vez peor para la clase obrera; es necesario, entonces, hacer algo por el futuro; liderada por el jumento, la masa avanza contra la casa, donde tiene su sede el Polit-buró, como monstruos de una auténtica pesadilla para los poderosos.

Es posible que ese fuera el sueño de la CIA, que una nueva revuelta ocasionara la caída del Poder Soviético, una solución distinta, que traicionaría el pesimismo de Orwell, quien tras la revisión del tabú de la muerte del semejante, lo que nos muestra es que los cerdos continuarían teniendo la supervisión de la granja, con un Napoleón que fuma la pipa de Jones, mientras porta sus ropas y su favorita el vestido de seda tornasolada, que la señora Jones usaba los domingos.

La casta poderosa celebra fiestas con sus vecinos para que la explotación funcione en todas las granjas; cree que han cesado los tiempos de la contradicciones y los malentendidos, como si se hubiese llegado al Fin de la Historia de Fukuyama; ha muerto todo proceso dialéctico; desde su podio, la casta superior impone orden y disciplina a la masa trabajadora, para que se cumpla el precepto de que unos animales son más iguales que otros, los distinguidos por una posición elitista.

Ahora no hay problemas entre los cerdos y los seres humanos; pueden brindar y hacer chin-chin con sus copas, incluso darse fuertes apretones de manos; su lucha es la misma, el acceso al Poder omnímodo; si los animales de la masa se contienen bien, todos tendrán sus propias clases bajas; eso traerá prosperidad a la Granja de los Animales, que en adelante se llamará la Granja Manor, como antes, cuando vivía el antiguo amo, el señor Jones; ese es su nombre correcto y original, lo que hace que los animales rebeldes se retiran en silencio de la gloriosa escena.

Han pasado los años, se ha dado la Perestroika, ha caído el muro de Berlín, ha sido superada la Guerra Fría, pero los poderosos, ahora disfrazados de banqueros, se tragan el dinero que produce un país y aunque se los rescate, todo parece irse por un hueco negro, sin que caigan para nada, las tasas de riesgo, y la población se ponga en mayor peligro de caer en la pobreza absoluta.

Tampoco el mundo neoliberal ha cambiado la cosa, lo que pareciera darle aún más la razón al pesimismo orewelliano.

¿Habría entonces que volver a pensar en la revolución permanente de León Trotsky con el fin de que la economía mundial se convierta en una potente realidad con vida propia, con el fin de no caer en la desesperanza y volver a encontrar el socialismo como consolación?

Ello implicaría una transformación a nivel mundial. ¿Ahora que asistimos al fracaso del modelo neoliberal, neoconservador o como se llame, no volverá a ser más vigente que nunca el concepto trotskista de Revolución Permante?

La simpatía de Orwell por Trotski pareciera ser innegable, pues pareciera ser que el desencanto de Eric Blair, con respecto al comunismo pareciera tener que ver más con una Revolución Traicionada por el poderío de la burocracia soviética, la cual resultaba como un Poder inquebrantable, como una indiscutible autoridad, con la grave secuela del Totalitarismo de Estado.

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Notas:
1) También había sido el guionista de un filme sobre Martín Lutero, en 1953, y otra sobre el crimen del siglo, basada en un artículo de J. Edgar Hoover en 1952. En 1961, lo sería del de la versión cinematográfica de la obra de Tennessee Williams, La primavera romana de la señora Stone. El filme sobre Lutero tenía una clara intención propagandística, con un ataque indirecto a la Iglesia Católica, con imprecisiones psicológicas e históricas, todo lo cual reduciría su calidad estética de la película, como diálogos complicados y difíciles de seguir.
2) También colaboraría con Lothar Wolff en El crimen del siglo, en 1952.
3) Era un compositor húngaro, quien vivió en Inglaterra desde 1935, un hombre con un estilo ecléctico, con influencias de Berla Bartók, Arnol Schönberg y el jazz
4) Orwell, G. Animal Farm. A fairy story. New American Library, Ontario, s.f., pp. V-XIV.
5) Escusa, A. ¿Quién fue realmente George Orwell? Los mitos orwellianos: de la Guerra Civil española al holocausto soviético. http://www.eroj.org/comun/orwell2.pdf
6) Freud, S. Tótem y tabú. Algunas concordancias en la vida anímica de los salvajes y de los neuróticos en Obras Completas (t. XIII). Amorrortu editores, Buenos Aires, 1980, pp. 1-165.

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