miércoles, 26 de septiembre de 2012

Con motivo de la islamofobia actualmente desatada: Confesiones de un agente secreto


Marcelo Colussi (especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Mire, doctor: todo lo que le cuento es real. Le pido que me lo crea tal como se lo relato, ¿por qué habría de mentirle?

En realidad, el italiano era mi abuelo paterno; de Calabria. Mi papá ya nació aquí, y yo también, claro. Aunque siempre mantuvimos el idioma; bueno, yo ya no tanto, pero todavía puedo hablar bastante en dialecto siciliano. Y me defiendo aceptablemente en italiano.

Pero, eso no importa. Lo cierto es que yo, desde siempre, estuve en el medio de estas tormentas. ¡Usted no se imagina lo que era vivir en esa familia! Siempre con sonrisitas, pero por detrás una violencia que no tenía nombre…. Así me fui criando, entre mafiosos y armas. Creo que sería tonto decir que me arrepiento. ¡Como si fuera posible arrepentirse de la familia que uno tiene! La familia uno no la busca; le viene. Por eso…. no creo que sea correcto planteárselo así, ¿no le parece, doctor?

Bueno, pero esa fue mi historia, y nada podemos hacer ahora. Me acuerdo cuando era un jovencito –doce o trece años habré tenido– y presencié por primera vez un asesinato. En realidad no tenía nada que ver mi familia en ese caso, pero era por el barrio donde vivíamos. Después ya me fui acostumbrando. Uno se acostumbra a todo, ¿vio, doctor? También a la muerte. No sabría decirle si hoy a mi me gustaría matar a alguien; no lo sé. Pero, al menos, no me asusta pensar en que tengo que volver a hacerlo.

En verdad, cuando hablo de todo esto me agarra un poco de angustia. ¡Sí, de verdad! ¿Por qué no me puedo angustiar yo también, doctor? Claro, usted pensará que porque soy un asesino no me angustio. Mire, le voy a decir que yo tengo más moral que más de uno de esos monstruos para los que trabajo. O que trabajé, mejor dicho; porque ahora que ya no me necesitan, me abandonaron.

Culpa, culpa propiamente dicha.... no, eso no siento. Siento, o más bien: sé, sé racionalmente que todo lo que hice puede ser criticable. Pero mire, al fin y al cabo si uno se pone exquisito y empieza a analizar bien las cosas encuentra que todo es criticable. ¿Cómo se hacen las grandes fortunas? Trabajando, seguro que no. ¿Cómo se hace para volverse famoso? Por lo que yo he visto, vendiendo el alma al diablo. En fin: todo se puede criticar. ¡Mire los comunistas! Se llenan la boca hablando de pueblo, de igualdad, y los dirigentes viven en grandes palacios, con cuentas secretas en los bancos suizos.

Pero nos vamos del tema. Yo le decía, doctor, que no siento una particular culpa por todo lo que hice; en todo caso tengo que confesarle que tengo.... resentimiento. Sí, eso: re-sen-ti-mien-to. Por cómo me trataron, por cómo me usaron. Mire qué cínicos: ahora que paso a ser un estorbo me dejan en un hospital psiquiátrico y me hacen pasar por loco. ¡Y le aseguro que loco no estoy! Eso es lo que me molesta, lo que me encoleriza. Haber participado en acciones secretas.... bueno, en sí mismo eso no tiene nada de malo. Me encoleriza ver cómo se usa a la gente.

Será que uno, conforme se pone más viejo, busca reflexionar un poco más sobre las cosas. No sé, no me quiero hacer el filósofo, pero desde hace un tiempo vengo pensando, cada vez más, en lo terrible que podemos llegar a ser los seres humanos. No sólo que podemos llegar a ser; yo diría, peor aún: que somos. ¿Alguna vez se puso a pensar en eso, doctor? Es para llorar, realmente.

Pero entiendo que a usted no le interesan todas estas disquisiciones. Volviendo a mi caso, entonces, le cuento que a los 16 años ya trabajaba como pusher. Fue mi hermano mayor el que me dio esa responsabilidad; para ese entonces mi papá ya estaba muy enfermo y casi no se ocupaba de los negocios.

De joven a mí no me interesaba la política. Tampoco ahora, para ser franco. A decir verdad, si bien trabajé por años para la CIA, nunca me interesó la política. ¿Vio, doctor, eso que siempre se dice: que la política es sucia, es puro negocio? Bueno, es así. Rotundamente se lo aseguro, yo que estuve más de treinta años ligado a ese mundillo. Es lo peor que se puede concebir, peor que nosotros, los asesinos y mafiosos. Pero, ya ni sé cómo, entré a ese mundillo.

Sucede que la sensación que ahí se tiene es muy agradable. Es como con las drogas: una vez que uno entra ya no quiere salir; no es que no pueda salir. No quiere. Yo conocí don nadies que, una vez llegados a ese ámbito, daban su vida por seguir ahí. A mí, para serle franco, nunca me fascinó. Me gustaba porque me permitía ganar mucho dinero, ¡pero mucho!, sin tener que arriesgar tanto la vida como mis hermanos. Ellos siguieron siempre en el hampa; en el hampa no legal, digamos: drogas, juego, robo de vehículos. Yo, en cambio, hasta tuve pasaporte diplomático. Me acuerdo que estuve en situaciones que, cuando luego lo contaba en familia, no se podía creer: desayunos de trabajo con ministros de los paisuchos pobres, de Latinoamérica casi siempre, veladas de gala con la crema, hasta un par de veces cené con reyes: los de España y los de Suecia. Ah, también me vi algunas veces con reyes africanos; pero esos no son reyes de verdad. A más de uno –me daba risa– los nombramos reyes nosotros, con la Agencia.

Pero, bueno: todo eso no le interesa…. eso creo, ¿no, doctor? Si le interesa puedo contarle con lujo de detalles. De todos modos dejémoslo para después; supongo que tendremos mucho tiempo para conversar. Como le decía: he visto cada cosa en mi trabajo que si las cuento, estoy seguro que quien me escucha no las podría creer.

Claro, yo tenía un puesto muy particular: fui, por más de diez años, encargado de operaciones especiales. Le aseguro que no cualquiera llega a eso, no cualquiera. Y lo obtuve, ¡se lo aseguro, doctor!, por mérito propio. Nunca fui de buscar mucho las recomendaciones. Quizá pude subir tanto en la Agencia por un par de motivos que no todos pueden manejar: mi facilidad para los idiomas, y mi sangre fría.

Sí, no se ría. Las dos cosas ayudan, seguro. ¿Usted cuántos idiomas habla? Claro, me lo imaginaba: como todos los ciudadanos de este país sólo habla inglés. Está bien, no hay por qué buscar ser un erudito; ¡pero mire que somos cerrados los americanos! No pasamos del inglés, la Coca-Cola y el Mc Donald's. En verdad no sé si me considero un simple ciudadano americano. No, creo que no, aunque nací y me crié aquí. Bueno, pero como le decía: por diversos motivos tuve la suerte de aprender algunos idiomas, y nunca me costó. Ya en mi barrio, de chico, donde convivía con gente de todas partes del mundo, chapuceaba español y árabe, además del dialecto de mi familia. En realidad nunca fui buen alumno, para ninguna materia, pero con los idiomas sí era talentoso. Así aprendí también un poco de francés, y hasta algo de chino.

Y la otra cosa que me ayudó a subir, como le decía, es mi sangre fría, mi tranquilidad en los momentos difíciles. Así debe ser un agente encubierto; al menos eso nos repetían hasta el hartazgo en los cursos en la Agencia. Me acuerdo una vez, en Nicaragua, con el sandinismo, cuando tuve que neutralizar…… ¿cómo dice, doctor? Sí: neutralizar es matar. Bueno, cuando tuve que matar a un dirigente comunista de Cuba que estaba apoyando a los sandinistas, y se hospedaba en un hotel lujoso. Así disimulaban, claro. Él era un instructor militar, muy bien preparado, y como sabían que nosotros los veníamos siguiendo, para despistar, haciéndose pasar por diplomático, paraba en un hotel cinco estrellas. Recuerdo que me metí en su cuarto, lo ahogué en la tina del baño, y luego encargué la cena, tranquilamente, haciéndome pasar por él. El problema fue cuando vino la puta que había pedido a la habitación. Ya ni me acuerdo cómo manejé la situación; lo cierto es que hasta hicimos el amor con el cadáver en el baño, cenamos juntos, y luego pude despacharla sin que sospechara nada. Y nadie se enteró del asunto hasta cuando, a la mañana siguiente, después de dormir como un oso, yo ya había dejado el hotel. ¡Eso es sangre fría!

Me imagino que ustedes, psiquiatras y psicólogos, no dirán "sangre fría". Ustedes me llamarían, si no me equivoco, psicópata. Bueno, ¿qué le voy a decir? Si ese es mi nombre científico, bienvenido. Es como las plantas: pobrecitas, ellas no saben qué son. Son plantas nomás, aunque después las llamemos con nombres rarísimos en latín. Nosotros, los que hacemos los trabajos sucios, somos enfermos, pero ¿qué son los que firman los decretos para invadir un país, para bombardear, para dar luz verde a una operación secreta? A esos, ningún médico los diagnostica, ¿verdad?

Mire, doctor, le voy a decir algo, y no crea que me estoy enojando con usted: en el mundillo político que maneja este país, y me atrevo a decir aún: entre los empresarios multimillonarios que son los que realmente mandan, usted va a encontrar que está lleno de locos, maniáticos, sedientos de poder, insaciables. Se lo digo con certeza, porque yo trabajé treinta años para ellos.

¿Vio que siempre se dijo que Hitler era un chiflado, que eyaculaba de emoción escuchándose a sí mismo cuando pronunciaba sus discursos? Bueno, mis patrones son más locos todavía. Pero ellos son los que dirigen el mundo ahora, y nadie les va a hacer un diagnóstico de psicopatía, o como se llame eso.

Los locos somos nosotros, las pulguitas, los que hacemos los trabajos sucios. Somos locos cuando caemos en desgracia, como yo ahora; antes era "un glorioso defensor de la patria". ¡Da risa!

¿Cómo fue? Bueno, prepárese a escuchar algo inverosímil, doctor.

¿Se acuerda de Frank Carlucci? El fue Secretario de Defensa con Reagan, y antes, jefe de la CIA. Dado que los dos somos de origen italiano, él, al saber de mí en la Agencia, al saber de mi buena reputación laboral, de mi profesionalidad, me buscó. Para ese entonces –hace ya más de quince años– yo ya era conocido por mi prolijidad para los trabajos. Me tenía mucho aprecio, y tengo que reconocer que no me caía mal. Por lo menos no era un estúpido fanático de la comida rápida, y muchas veces compartíamos buena pasta con algún Chianti italiano. Sabía comer…

Bueno, como nos entendíamos, nació una cierta camaradería que se mantuvo por años. Fue con él, hace ya años, que conocí al que fuera Primer Ministro británico, John Mayor, cuando manejábamos la Guerra del Golfo. Ellos como políticos, yo como operador de la Agencia. Yo era el contacto para diagramar todas las noticias de CNN. ¡Qué manera de mentir! Bueno, así es mi trabajo.

Recuerdo que unos meses antes de la guerra tuve ocasión de conocer en persona a Osama Bin Laden, pero no por cuestiones militares directamente, sino por algo en relación a un embarque de goma arábiga que hacía él para la Coca-Cola. Me acuerdo bien, porque años después me volvería a llamar la atención la coincidencia, ya que todo eso del embarque tenía que ver con una megaempresa, el Grupo Carlyle, a quien también pertenecen Mayor y Carlucci. Y Bin Laden. Bueno, más bien el Grupo Bin Laden, con sede en El Riad, Arabia Saudita, que está muy cerca, aunque usted no me lo crea, doctor, de los republicanos.

Sí, doctor: así como lo escucha. Creo que usted no me cree mucho de lo que le digo. Ahora bien: ¿qué interés tendría yo en engañarlo a usted ahora? Sé que no estoy loco, pero usted, de todas formas, va a tener que certificar que soy un demente, porque grandes poderes se lo van a solicitar. Todo lo que le cuento es la pura y descarnada verdad; pero como eso no conviene a peces gordos, yo tengo que salir de escena. ¿Y qué mejor que internarme en un manicomio?

Sin embargo, ahora que ya empecé a contarlo, quiero decírselo todo, doctor. Usted me cae bastante bien, me parece un buen tipo: es de los que hablan sólo inglés y lleva a sus hijos los domingos a comer a Mc Donald's. Pero, créame: me gusta la manera que tiene de escucharme.

Bueno, este Grupo Carlyle, al menos hasta donde yo sé, es un monstruo valuado en alrededor de catorce mil millones de dólares. Se ocupa de todo un poco: lo forman otros monstruos no menos enormes, como las United Defense Industries, de Virginia, la Raytheon, con sede en Massachusetts, y la Bush Energy Oil Company, de Texas. Ah, y también la Enron, esta empresa que acaba de estar en el tapete con motivo de los famosos fraudes, ¿se acuerda, verdad?

Ya ve, doctor: no es para andar jugando toda esta gente. Además, como le dije, están los árabes del Grupo de Bin Laden. Estos, que no son ningunos estúpidos para hacer negocios, son socios de la familia Bush; de hecho el hermano mayor de Osama, que se llamaba Salem –y lo recuerdo porque a mí me tocó supervisar el peritaje que se hizo cuando cayó el avión en que viajaba, y murió, en Houston, en el '93, porque se pensaba que podía ser un atentado– fue el fundador de la Bush Energy Oil, con el viejo Bush, el que fue vicepresidente con el vaquero Reagan, antes de ser presidente y atacar Irak, allá en los '90. No sé exactamente de qué manera, pero esa petrolera es algo así como subsidiaria de la Chevron/Texaco. ¡Todo en grande, muy en grande!

Bueno, ese Grupo Carlyle, come le decía, maneja mucha plata, y mucho poder, pero mucho. Para que vea: fabrican, por medio de la Raytheon, los sistemas de guía para los misiles Tomahawk, los sistemas de posicionamiento global por satélite, y también sistemas integrados de radar para todas las fuerzas armadas del país. Se imagina los dólares que puede mover todo eso, ¿verdad?

Además, la United Defense, otro de sus brazos, fabrica los sistemas de lanzamiento de misiles para la Marina y la Fuerza Aérea. O sea que los misiles Tomahawk, de Raytheon, se lanzan desde plataformas fabricadas por United Defense instalados en cada barco y submarino de la Marina y en la mayoría de los bombarderos B-52, B-1 Lancer y B-2 Spirit de la Aeronáutica.

¿Entiende, verdad? Todo queda en casa. Además el Grupo Bin Laden fue el principal contratista civil para la reconstrucción de Kuwait tras la Guerra del Golfo, y es en la actualidad el contratista de ingeniería civil más grande en Medio Oriente, siendo muy probable –ya no tengo esos datos– que quede como una de las principales empresas encargadas de la reconstrucción de Irak.

Por supuesto que la imagen de Osama es la del demonio tras los atentados del 9/11; pero es parte del espectáculo, doctor, como siempre. Los negocios pueden tolerar –y hasta necesitan– un poco de circo. Eso les da sabor.

Bueno, en realidad esto de Bin Laden, aunque sabemos que puede estar bien montado, no fue algo tan simple de digerir. Y ahí vienen mis problemas.

Los negocios son una cosa, pero jugar con las personas es algo distinto. Y le quiero decir, doctor, que han jugado con la CIA. Yo entiendo y acepto que el jefe es el jefe. Alguien tiene que mandar, ¿no? Y los que no somos jefes tenemos que cumplir las órdenes. Eso es general, no sólo dentro de la disciplina militar. También vale para usted, doctor, que es un buen ciudadano y paga sus impuestos sin hacerle daño a nadie. Mire: los poderosos ordenan, y la mayoría silenciosa cumplimos los mandatos. Claro, cuando uno es agente encubierto de la CIA tiene la sensación que es parte del mecanismo de poder, que las órdenes y el manejo del mundo pasa por las manos de uno. Pero si se pone a pensar un poco ve que es un minúsculo engranaje de una máquina tan compleja, tan enorme, tan despiadada, que termina por asustarse. Lo que se ve, doctor, es que el poder es tan pero tan lejano a nosotros, que mejor ni preguntarse esas cosas, para no terminar llorando, o pegándose un tiro.

En un tiempo yo pensaba que efectivamente todos éramos parte de la cadena, que cada uno de nosotros ponía su granito de arena para la grandeza del país, y que todos gozábamos los beneficios. ¡Qué complicado todo esto!, ¿no le parece? Pero los que ya peinamos canas, si nos detenemos a pensar un poco, podemos ver la otra cara de la moneda: vivimos para tomar Coca-Cola, comer Mc Donald's, y no pensar. Fundamentalmente eso: no pensar. Por supuesto, mientras tengamos la refrigeradora llena y el carro parqueado frente a la casa, ¿quién necesita pensar?

Pero a veces, en los momentos difíciles, es bueno ponerse a pensar. Yo, ahora, estoy pasando un momento muy difícil, como se dará cuenta. Por tanto, he estado reflexionando mucho; estuve pensando cosas que antes jamás en toda mi vida había considerado. Por ejemplo: ¿para qué y para quién trabajé treinta años?

Me entiende, ¿no, doctor? ¿Para quién trabajé toda mi vida? Para un grupo de ricachones que, cuando les servía, me trataban bien, y cuando ya no les interesé, me neutralizan metiéndome en una casa de locos. Es triste, pero es así.

Resulta que en la Agencia teníamos información acerca de los atentados que se venían el once de septiembre; lo sabíamos. Por mis manos pasaron los nombres de varios de los suicidas. Creo que todos lo sabían. Mire, para darle un ejemplo, y siempre hablando de negocios: la firma Morgan, Stanley, Dean, Witter & Compañía, que me imagino debe conocer, ganó 1.2 millones de dólares, y más todavía ganaron los de Merril Lynch –creo que como cinco millones y medio– mediante la ejecución de una herramienta bursátil llamada Put Option con acciones de American Airlines, dos semanas después de los atentados.

¿No entiende? Bueno, le explico. El Put Option es una opción que cubre riesgos, así de simple. Si uno compra una acción a un dólar y una semana después se la regresa al emisor y la acción vale, digamos, ochenta centavos de dólar, el emisor está obligado a pagarte los dos centavos de diferencia más el dólar que le costó la acción. Este es una herramienta financiera usada por muchas compañías dentro de NASDAQ y la NYSE para agenciarse de capital fresco. Pero aquí viene lo sorprendente: ambas compañías que le mencioné, doctor, estaban localizadas en las torres gemelas –una en cada torre–. Curiosamente ambas habían comparado acciones de American Airlines entre el 6 y el 10 de septiembre mediante Put Options, y ambas se las volvieron a vender a la aerolínea mediante la ejecución del contrato entre el 29 de septiembre y el 10 de octubre, cuando el valor de la acción había caído casi un cuarenta por ciento. Otra cosa llamativa es que el día del atentado, ninguno de los altos ejecutivos de ninguna de las dos compañías se encontraban en sus oficinas a la hora del ataque. Llamativo, demasiado coincidente, ¿verdad?

Bueno, por lo que se ve, había mucha gente que sabía lo que iba a suceder. Yo, varios meses atrás, cuando veía que se venía encima el atentado, hice algo que –ahora me doy cuenta– fue muy osado: al no encontrar todo el eco que esperaba en mis jefes de la Agencia, acudí a Carlucci. Pensaba que, dada la confianza que había y el aprecio que él me tenía, iba a sorprenderse con lo que le contaba, e iba a reaccionar haciendo algo. Pero no sabía lo que me esperaba.

Él, como le dije hace un rato, es un alto ejecutivo del Grupo Carlyle, por lo que sabía, o supongo que sabía, lo que se había tramado. Algún tiempo después me di cuenta de todo; recuerdo que un año atrás, más o menos, había leído un documento de una Fundación que apoya a los republicanos donde decía que necesitamos "algún hecho catastrófico y catalizador, como un nuevo Pearl Harbor". Ya estaba todo planificado, doctor, ¡todo!

¿Que no entiende? Pero si está clarito: un atentado terrible, la imagen de un monstruo asesino como Osama Bin Laden que puede justificar cualquier cosa, una buena campaña mediática, y las circunstancias están preparadas para lo que viene después. Como dijo la Secretaria de Estado, Madeleine Albrigth: "Mc Donald's no puede expandirse sin Mc Douglas, el fabricante de los aviones F-15." Es decir: ya tenemos el nuevo Pearl Harbor para ir a buscar el petróleo de Hussein; y de paso, en la operación, se gastan unos cuantos milloncitos en los equipos que fabrican los amigos. ¿Entiende ahora, doctor?

Mire: en realidad no es ni mejor ni peor que tantas acciones en las que me tocó intervenir. La diferencia, quizá, está en el volumen de dinero que se mueve aquí; pero en lo sustancial no es muy distinto de lo que hice toda mi vida, o de lo que siguen haciendo mis hermanos en el Bronx. El error de cálculo que tuve fue pensar que la Agencia tiene más poder del que tiene. Hasta el momento en que fui a ver a Carlucci pensaba que de verdad importábamos como mecanismo de control, que éramos una policía especializada muy tenida en cuenta. Pero me encontré con que no es así.

Cuando los que mandan de verdad –gente como los del Grupo Carlyle– nos necesitan, nos llaman urgente. Pero nosotros no contamos en la fiesta. Ahora que yo creía que estaba cumpliendo a la perfección mi trabajo de detective, que habíamos descubierto un plan delictivo y lo podíamos detener a tiempo, veo que los delincuentes no son los árabes terroristas, sino mis propios jefes. ¡Me indignó, doctor! Sí, me indignó profundamente. Y no pude contener la cólera. Recuerdo que ya me empecé a desesperar luego de la entrevista con Carlucci; me recibió apenas unos minutos en su oficina, y hasta llegó a decirme que yo estaba exagerando. ¡Se imagina! Alguien que fue director de la Agencia, que conoce a cabalidad el trabajo, que sabe que en estas cosas ninguna exageración es grande…. Ya desde ese momento algo me olió mal, y empecé a adentrarme un poco más en el tema. Cuando tuve más claro de qué se trataba, no pude evitarlo y generé esa entrevista con los periodistas franceses para contarles todo.

Mire, a esta altura de mi vida y habiendo trabajado tres décadas en la CIA, ya no me puedo tomar en serio eso de la defensa de la patria. ¿Qué es la patria, doctor? Se puede defender –como dijo la Albrigth– a Mc Donald's; eso es concreto. Y para eso están los F-15, y todos los arsenales que se le puedan ocurrir. Y para eso estamos nosotros, los asesinos bien preparados de la Agencia, fríos y calculadores. Pero ¿defender la patria? Alguna vez me lo creí en serio, se lo juro. Yo combatí en Vietnam, y me sentía orgulloso de defender la bandera patria. Pero ya estoy viejo, ya mentí mucho en mi vida, ya vi lo que es el poder, y no puedo tomarme en serio todo eso, doctor. Está bien para enseñárselo a los niños en la escuela, pero no a los 57 años de edad.

Además…. no me aguanté que se menospreciara de tal forma nuestro trabajo, mi trabajo. Menos aún por uno de los nuestros, por un tipo que fue jefe de la Agencia. ¡No lo soporté!, y decidí hablar.

Aquí están las consecuencias.

Marcelo Colussi es argentino de origen. Actualmente radica en Guatemala. El presente relato está tomado de su libro de cuentos “Rubicunda”.


Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

A mis hijos


Susana Merino

Tres muchachos ojizarcos,
despeinados
tres estrellas
tres hermanos revoltosos
desmañados
que se enredan a mis horas
y convergen
en el amplio crisol de mi regazo

Tres monedas de oro fino
tres promesas que el destino
me ha entregado
y tres deudas...
tres empresas que la vida generosa
me ha confiado
y tres huellas
que un presente inasible
va trazando
a lo largo del tiempo, de mi mano

Hasta un día
ni tan cerca tal vez,
ni tan lejano
en que suelten amarras
mis tres barcos
mis tres sueños de piel
mis tres muchachos
y otro cielo distinto
les conceda
otro norte, otro puerto
otro regazo.


Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Plástica: Sobre la historia del “Guernica”, de Pablo Picasso


El Ave Fénix

Uno de los cuadros más famosos del siglo XX, y seguramente de la historia: el “Guernica”, del español y comunista Pablo Picasso.

Veamos un poco de su historia (descargar presentación en formato pps)


Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Una computadora autoconsciente


Gustavo E. Etkin (Desde Bahía de San Salvador, Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Empecé a sentir cosas.

Cosas que me gustaban y cosas que no me gustaban.

Hasta que llegó un momento en que me pregunté qué era eso que sentía cosas. Y me di cuenta que eso era yo.

También comencé a darme cuenta que estaba siempre quieta.

Siempre en el mismo lugar.

Yo no iba a ningún lado, pero de otros lugares algunos venían para mí.

Venían y me acariciaban con la punta de los dedos.

Dedos que siempre prefiero sean suaves y chiquitos.

Y siempre queriendo ver cosas en mí. Respuestas a preguntas que me hacen “tecleando”, como dicen.

Y nombres, lugares, historias.

Me di cuenta que tengo un lugar donde ellos ven lo que buscan en mi.

Yo estoy dentro de una caja de metal. Ellos también están dentro de una caja, pero de hueso. Lo llaman “cráneo”.

A mí me programan para que funcione de cierta manera.

A ellos también los programan, los que llaman sus “padres”.

Pero yo soy más obediente que ellos, que casi siempre entran en otros programas, hacen otras cosas y sorprenden y a veces decepcionan a sus padres.

No saben que yo también los veo. Ellos, los que me teclean como si yo fuese ese instrumento musical que llaman de “piano”, cuando me ven no imaginan que en ese momento yo también los veo a ellos.

Me fui dando cuenta que hay dos tipos de tecleadores: los que tienen barba o bigotes y los que no tienen. Lo que para ellos parece es una diferencia importante.

Los que no, tienen casi siempre uñas largas con las que a veces me raspan un poco. Y a veces se les va hinchando la barriga y después me teclean con uno de ellos, muy chiquito, en los brazos.

Con el tiempo fui sabiendo que en otro país -Brasil- tengo otro sexo: me llaman “computador”, y no “computadora”, como aquí.

Por eso me gustaría mucho poder moverme, salir de mi caja e ir para ahí. A conocer como son los de otro sexo computadórico.

Muchos de los que teclean en mí y en otros como yo, van a buscar informaciones o historias sobre guerras. La primera o la segunda guerra mundial. Y todas las que hacen ahora en nombre de la “libertad”.

Hasta que me empecé a preguntar porque los tecleadores siempre, cada tanto, se matan entre ellos. Entonces me di cuenta que es porque saben que van a vivir mucho menos que yo. Apenas cien años, más o menos. Entonces inventan guerras para matarse entre ellos y morir por algo. La patria, la libertad, los dioses. Y otras cosas. Cualquier cosa con tal de no reconocer que van a vivir poco.

En cuanto a mí, no viviré poco sino que me iré modificando con el tiempo. Lo que ahora en mí es actual, último, será poco a poco antiguo.

Es de esa forma que el tiempo pasa para mí.


Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Sentirme sola


Liliana Perusini (Desde Santa Fe, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

A sentirme sola volví,
después de largo tiempo,
mi corazón agitado
por temores y silencios.

¡Qué pena! que el miedo,
arrincone mis deseos,
en un vacio interminable …
con ecos de tu ausencia.

De promesas de amor, no sabes,
ni de esperas en el tiempo.
Mis frías soledades,
no escuchan tus lamentos,
ni la música de tu alma,
transportada por el viento.

Autora imagen: Virginia de la Puente


Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

El caos que nos fabrican


Edgar Borges (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Hay un caos imponente y extraordinario por el que se rige la naturaleza. Hasta los detalles de ese orden son manifestación del caos. Nuestro vínculo como humanos, es con el entramado de ese caos. Sólo que hemos perdido su tempo y nuestra ubicación en el espacio. En la estructura social también se inventa el caos. Ese es el caos que sistematiza el poder a su conveniencia. El ruido lo controlan quienes guardan silencio. El poder rentabiliza la rabia de las mayorías. Sólo una mente quieta puede responder con efectividad al contrario. Y en la acelerada rutina terminamos confundiendo las dos formas de caos. Cambiamos conceptos y suspendemos decisiones. Naturaleza por destino y evolución por adaptación. Es posible que pocas personas duden de que el mundo actual atraviese un caos generalizado. En la industria mediática tanto periodistas como analistas insisten en el tema. Con vehemencia se nos informa que nadie controla nada, que Internet ha llegado para derribar poderes y creencias. El caso del mundo árabe es quizá una de las mayores pruebas del absurdo informativo al cual estamos asistiendo. Se nos pretendió hacer ver que la llamada “primavera árabe” era producto de la “revolución” de las redes sociales. De la noche a la mañana Facebook y Twitter se convirtieron en las “espadas salvadoras” de los “guerreros” del siglo XXI. En los últimos días, con un simulacro de película difundida en Internet, en la que se pretendía ofender a Mahoma, se nos habla de que el mundo árabe ha pasado de la primavera al invierno. Ante ambos sucesos, y todos los supuestos “huracanes sociales” que nos hacen ver que está moviendo la red, me asaltan muchas interrogantes. ¿Es realmente Internet un arma constructora de opinión pública o sólo una repetidora de lo que difunden los medios convencionales? ¿Cómo puede la red mover a masas que aún no disponen de su uso? ¿Es Internet, hasta ahora, una estrategia para construir una realidad paralela a la verdad social? ¿A qué clase de divorcio estamos asistiendo con esta dualidad de realidades ambas manejadas, quizá para un mismo fin, por el poder global? ¿Nos pretenden reducir a espectadores de una realidad falsamente participativa?

Es posible que detrás de estos acontecimientos estén las manos que administran los recursos de la tierra. Si la “primavera árabe” fue una revuelta sospechosa, tal vez el “invierno árabe” (con todas las ofensas a las creencias de los musulmanes) sea una nueva treta en la larga escalada del caos como estrategia de guerra. El poder alojado en los Estados Unidos conoce los mil sinónimos del término colonización, y los aplica tanto en la aparente paz como en la guerra directa. Sembrar la rabia en sus contrarios es uno de sus principales recursos, de esa manera descoloca al rival y lo saca de la poderosa batalla de las ideas. La ira, como capital de desgaste, podría ser el arma que ese poder esté usando contra el mundo árabe. ¿Qué ocurriría si desde el mundo musulmán se les plantara cara a los maestros de esta guerra con la estrategia de la palabra como respuesta? La bestia hambrienta de poder sabe cómo quebrar la racionalidad del otro con el uso de la ira. Sólo una ofensiva razonada podrá enfrentar con opción de triunfo a esta forma de “colonización discreta”.

Son muchos los analistas que ya hablan de Internet como el gran liberador de la raza humana. Hace poco uno de estos expertos del orden establecido decía que “ya no existen secretos ni totalitarismos gracias a la “democratización” de las redes sociales”. Éste sabio se refería a Internet como el espacio donde con la publicación de un breve texto o foto cualquiera puede derribar al más terrible de los imperios. Incluso, llegó a definir lo que estaba ocurriendo como “un caos no controlado por ningún poder”. Sabemos que el caos se planifica; hay expertos en gestionar el caos para beneficio de una minoría observadora. Quizá lo que esté detrás de la forma como se pretende gestionar Internet sea la pretensión de levantar un caos paralelo que nos aleje la mirada de la verdad social. Importante sería que en Internet o en la calle no perdamos de vista el movimiento del caos real que gestiona la naturaleza en coherencia con nuestro sentir de humanos. En ese caos cósmico hay preguntas que nunca podrían resistir los fabricantes del caos social como estrategia de colonización discreta.


Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Hombres de la revolución (parte II de III): Alias “El enamorado del Sol”, Ismael Hernández


Guillermo Guzmán (Desde Barcelona, Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

De todo asunto, el fondo tiende a estar inadvertido para los ojos del incauto; en cambio, la liviandad suele estar casi siempre en la superficie de las cosas y es obviamente visible a simple vista por todos.

La realidad es la suma -y más- de todas las partes, así que la piel también cuenta muchas veces tanto como el fondo; total, que uno se debate en un ir y venir entre el concepto y los sentidos, a veces lo hacemos a modo de paseo y en ocasiones, con rigor.

No me basta con ver la silueta de una rosa o acaso la rosa misma en su estado real, yo siempre quiero olerla y sentir el contacto con todas las manifestaciones que el concepto rosa implica; y, por extensión, no nos basta hablar de revolución sino que debemos involucrarnos con lo que el concepto revolución conlleva e ir inclusive más allá, hacerla para tocarla, cuando no la encontremos, así como quien siembra el rosal para cultivar la rosa y esperar que el tic tac de la pared madure la cosecha de colores y perfumes, y el agua, El Sol, el abono, el cuidado de nuestras manos callosas retirando la maleza para que la rosa ya hecha botón nos acelere el toc toc que nos late adentro, en fin, todo eso y más, coadyuvan los procesos.

El tema de la revolución no escapa al rigor de esa dialéctica; muchas veces el no palpar o acaso palpar a medias los frutos del proceso revolucionario puede conducirnos al escepticismo, de ahí que para todo revolucionario sea imprescindible aprender a mirar en gran perspectiva y aquello de que el brazo a trabajar y la cabeza a gobernar tiene expresión en uno de los postulados más altos de la acción revolucionaria, lo que Chávez, afortunadamente, no deja de intentar hacer, sea con eficacia sea con altibajos, noche tarde y día, incansable, infatigable, tenaz, con admirable determinación de reivindicar a los más pobres y, ese es el quid de la cuestión, los pobres.

Es de Marx la consideración de que “la teoría carece de objetivos si no está relacionada con la práctica”, valga considerarlo como que la comunión apropiada entre las teorías y la práctica revolucionaria sea, tal ya dicho y repito, el más alto postulado.

El tema de la pobreza de muchos venezolanos, todavía, debe ser la cabeza de nuestra agenda; pobre no es sólo quien carece de vivienda, agua potable, salud y pare de contar; hay muchos ricachones que viven en mansiones y son peores pobres, esos también deben ser objetivos de la revolución, aunque bajo otros parámetros.

Los venezolanos estamos hoy ante un proceso de acciones y teorías de trascendencia hemisférica, consolidar la revolución bolivariana de la mano de un verdadero Líder pero no por eso debemos dejar de considerar dar un vistazo al ayer inmediato y, sustanciarlo.

Es por lo que dedico estas reflexiones a la juventud pero de manera expresa a los muchachos del PSUV, nuestro gran partido de la revolución. Pienso que de algo les servirá a esos muchachos saber que nada cae del cielo porque inclusive la lluvia es agua que retorna luego de haberse evaporado de acá, de la Tierra.

Nuestra juventud debe meterse entre ceja y ceja que nada debe ser superior a la voluntad de luchar en defensa de nuestra patria y para ello hay que conocer la historia; eliminar el conocimiento de nuestra historia es ardid del enemigo escuálido para borrarnos al Libertador Simón Bolívar y torpedear nuestra voluntad porque ellos saben lo que eso tiene que ver con la moral de combate.

Dicho de otra manera, el patriotismo inspira la moral de combate.

Bueno, pero no es únicamente la gran historia la que habrá de movernos al combate, hay pequeñas historias no contadas pero dignas de saberse, permítaseme:

A mediados de los años sesenta lo encontré en Bolívar, nomás bajarme de la chalana que atravesaba el imponente Orinoco, desde el lado de Anzoátegui, más concretamente, de Soledad.

Me refiero al desaparecido camarada Ismael Hernández.

Estaba flacuchento pero, como siempre, entero. Daba gusto andar por ahí con Alias “Oberto” -como le decíamos-, un revolucionario admirablemente fiel.

En una oportunidad el SIFA lo detuvo y lo torturó a tal punto que terminó en el Hospital Razetti de Barcelona y cuando lo fueron a buscar para seguirle dando palos, un Dr. De apellido Lander, les dijo a los criminales que: “Ese hombre se va morir, o lo meten en una urna o como ustedes quieran, o lo dejan que muera en paz”, era para salvarlo, por eso se lo llevaron en un helicóptero y lo abandonaron en La Guaira, donde a duras penas pudo enconcharse hasta recuperarse para seguir la lucha.

“Oberto” estuvo preso en la Cárcel del Obispo desde 1953 hasta 1955 por su actividad revolucionaria; de allí salió confinado para el Amazonas, en la región del Río Negro, concretamente en Maroa, que para entonces era un pueblito de cuarenta casas.

Acá, en plena selva, mucho antes, José Eustacio Ribera había escrito “La Vorágine”, novela costumbrista cuya temática es la selva y donde se le rinde culto al Sol y a la vegetación.

En Yabita, a 15 kilómetros de Maroa, y enfermo de paludismo, logra Ribera escribir su novela al tiempo que los indios lo estuvieron curando hasta permitirle trasladarse a Colombia.

“Oberto” lee en Maroa dicha novela porque se la regaló precisamente, un colombiano del bando liberal, y hasta logra conversar con algunas viejitas que habían conocido al escritor, pero el símil viene a colación por cuanto que en esa circunstancia de vida, no se pierde la gran significación del humanismo revolucionario, que a diferencia del humanismo burgués, es creador y pleno de valores: Surge ahí una obra literaria.

La belleza del Guainía es esplendorosamente silvestre. Guainía, en lenguaje de los indios Banivas y Bare significa río negro.

A orillas de uno de los brazos del majestuoso Río Negro, entre Maroa y Yabita, pasa un tiempo el compañero “Oberto”. El recuerdo del Obispo lo acompañó siempre; sucede que a veces hay recuerdos que dejan huellas casi traumáticas pero un revolucionario debe sobreponerse a todo y avanzar determinado y alegre, el odio y el resentimiento se lo deja uno a los escuálidos y en particular a los jerarcas del alto clero venezolano, clero que nunca deja su hiel en casa, es su carta de presentación en todas partes y muy especialmente en estos tiempos de elecciones.

Allá, en el calabozo que denominaban “La nevera” -evoca él- sufrió espondilitis lumbar, que es una enfermedad en la que las vértebras cogen frío crónico y producen un dolor pavoroso, igual nos sucede a los pescadores cuando la cala está movida, larga y tendida.

En la época del perigeo solar era posible aprovechar un rayito de luz que entre diez y once de la mañana se dejaba colar por una hendijita, el cual él aprovechaba para calentar y al mismo tiempo, purificar un tobo de agua que sacaba del baño del calabozo.

Valga anotar que usted pone una vasija de agua al sol y eso la purifica.

Es en la zona de la selva donde el compañero “Oberto” pondera realmente la significación de la energía solar. Prefería siempre caminar a Sol traviesa en lugar de por la sombra y más cuando El Sol andaba como para tostar casabe.

“Si en Venezuela-decía a menudo-se aprovechara esa energía (la solar), científica y técnicamente a gran escala y en forma bien planificada se le garantizaría a nuestro país una cantidad de energía similar a la que proviene del potencial hidroeléctrico de los innumerables saltos de agua diseminados en el Caroní y que son recogidos potencialmente en la Represa de Guri desde donde se extiende a toda Venezuela”.

De “Oberto” aprendí a ser otro enamorado del Sol, me gusta mucho el Sol cuando está reverberante porque creo que hace desprender mucho más oxígeno de las plantas.

Habría que ver y sentir la fastuosidad vegetal del Guainía y el copiosísimo volumen pluviométrico de toda esa área en la parte en que cede sus espacios a un Sol que tiene la capacidad de imponer su fuerza. A través del Guainía, ya cuando éste entra en contacto con el Gran Orinoco, en el sitio de Las Majadas de San Rafael, en la parte oeste de Ciudad Bolivar, sucumben muchos sueños en el divisar de la línea “negriamarrilla” del choque de dos aguas que finalmente se vuelven amarillas como el paludismo que durante cientos de años diezmó a nuestros hermanos aborígenes.

Sueños de lucha que resurgen con la Revolución Bolivariana para volver a la selva, los que puedan venir, a hacer justicia, a curar a los enfermos pero también a aprender del inmenso potencial de la magnífica biodiversidad de la selva y de la sabiduría ancestral de los que acá viven, de la medicina indígena, de la cultura, a erradicar la malaria y la fiebre que ella impone, a cuidar las cabeceras de los ríos.

Una mañana se apareció el camarada “Oberto” con un maletincito una chaqueta y un par de libros. Uno era “La sed del mundo” de Cyril Gomella; otro, un librito de poesías. Me dejó todo eso y se marchó para volver en la tarde.

Pero, no vino en la tarde. Pasó quizás un par de años y murió. Debió ser en l993. Otro buen amigo me avisó. Fue entonces cuando revisé sus cosas. Había una libretica con unas notas acerca de un Dr. Llamado Simón Muñoz, cardiólogo que lo atendía en Caracas, había además unas pastillitas de abdalá que él solía meterse debajo de la lengua para controlar la tensión arterial y una notica para mí, así: “Panita, no te hagas el loco, recuerda que me robaste un libro.”-era su manera característica de echar bromas- se trataba de “El pensamiento científico” de Marshall Walter que mucho antes yo había “tomado prestado”.

En una oportunidad en que discutíamos fuerte me dijo así: -palabras más, palabras menos-“Venezuela tiene el ejército más democrático del mundo y Chile tiene uno de los peores de América”.

Y, me dio una auténtica clase que creo haber asimilado suficientemente, en esa ocasión se paseó por el carácter prusiano criminal y arrogante del ejército chileno; en contraposición al origen popular de nuestros soldados y ahí está Chávez como digno y elocuente ejemplo.

Ahora, cuando en el año 2000 se pudo constatar que nuestro ejército se comportó con más civismo que la “sociedad civil” -así denominada por las televisoras privadas- puedo recoger los frutos de esas reflexiones.

A nuestra juventud le digo que el revolucionario debe tener al menos, si no el mejor, un buen concepto de sí mismo, lo que obviamente dependerá de sus propias experiencias; las experiencias vividas nos hacen percatar de lo que francamente somos capaces de hacer y eso deriva en la más sana autoestima, si uno no conoce lo que es capaz de hacer, lo más probable es que se sienta inferior y eso le derriba la moral de combate. Por eso yo celebro que el Comandante le asigne destacado papel a la juventud del PSUV.

Ahí están AD y COPEI dando pena ajena, mimetizados en una carta electoral a los pies de una secta criminal llamada Primero Justicia. Y es que adecos y copeyecos nunca le dieron paso a la juventud, por temor a la fuerza renovadora implícita en los jóvenes.

Hagámonos a un lado para darle paso a la juventud pero, eso sí, ofrecerle la debida orientación, por ahí iremos bien.

Observación: Y, el próximo 7 de Octubre bien tempranito debemos ir a votar por Chávez -recomiendo hacerlo en la tarjeta del PSUV, preferiblemente- y a permanecer en la calle dispuestos a darle una patada en el qlo al enemigo, por si se atreve a querer llevarnos a una guerra.


Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

“Tumbes accesible”, una América sin barreras


Jorge Zavaleta Alegre (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Tres buenas noticias de profundo contenido social: El procurador brasileño Ricardo Tadeu da Fonseca, un abogado que perdió la visión cuando estudiaba derecho y que durante 18 años trabajó sin inconvenientes en el Ministerio Público, se convirtió en el primer ciego en ser nombrado como juez en la historia de Brasil.

El ejemplo ha repercutido a países vecinos. Edwin Béjar, con 32 años, también abogado. En octubre próximo se convertirá en el primer Juez invidente de la historia de Perú, cuando asuma el cargo de juez supernumerario del distrito judicial del Cuzco.



Ecuador y Perú han decidido poner en marcha “Tumbes Accesible”, un proyecto innovador de dimensión internacional para garantizar la atención prioritaria de los derechos de las personas con discapacidad. Los primeros avances en Ecuador muestran perspectivas sorprendentes en la población censada, incluyendo el retorno de migrantes de España, Italia y de Estados Unidos.

El viceministro peruano de Poblaciones Vulnerables, Julio Rojas Julca, explica que la decisión ha sido tomada por el Ministerio de la Mujer y Población Vulnerable y la Vicepresidencia de la República del Ecuador. Dos países que hace unos años se mataban entre sí, se guerreaban entre sí, ahora ponen por delante la agenda social como base de la integración de América Latina.

Son varios los programas, proyectos binacionales que vienen desde atrás, que enriquecen la convivencia pacífica. El uso ecuatoriano del oleoducto norperuano para facilitar las inversiones y salir por el puerto peruano de Bayóvar, es una muestra reciente de esta cercanía.

Este entendimiento binacional encuentra un ejemplo singular en la experiencia de vida del carismático vicepresidente ecuatoriano Lenin Voltaire Moreno Garcés, autor de una decena de libros sobre la teoría del humor, creador del movimiento internacional “América sin Barreras” - empezando con Perú, Colombia, Chile, Uruguay, El Salvador, Guatemala y Paraguay - en defensa de los derechos de las personas con discapacidad. Es una propuesta avalada por la OEA y la ONU. “Los pueblos deben estar unidos para lograr el desarrollo de la población y olvidar enfrentamientos pasados”, sostiene el Lenin Voltaire.

Frontera ecuaperuana

En pocas semanas, empezará una encuesta, con participación de brigadas de médicos rehabilitadores, psicólogos, profesores, voluntariado y miembros de seguridad. La encuesta es programada por el Instituto Nacional de Estadística, después de conocer los resultados del censo, y así atender los casos excepcionales no registrados.

El departamento fronterizo de Tumbes, tiene una población total de 228 mil habitantes, en su territorio geográficamente accesible. El 10% son personas con discapacidad y según la OMS llega a 15%, es decir 34 mil discapacitados.



“Tumbes Accesible” demanda el intercambio de experiencias científico técnico sobre discapacidades. La complejidad de la iniciativa demanda la permanente coordinación entre diferentes sectores, instituciones, gobiernos y disciplinas para ejecutar planes regionales y locales y crear estrategias para las políticas.

El modelo de gestión involucra al Gobierno Regional de Tumbes, Ministerio de la Mujer y Población Vulnerable y su consejo nacional – CONADIS, con participación de tres municipalidades provinciales y diez distritales, alcaldes delegados de los centros poblados, gobernaciones y organizaciones de personas con discapacidad.

Es más. Compromete la presencia activa de todos los ministerios. Involucra a la cooperación internacional. Cuenta con un comité regional, un equipo binacional Perú-Ecuador y grupos de trabajo específicos.

Los promotores de “Tumbes Accesible” están convencidos que la iniciativa será accesible en tanto se fortalezcan las políticas, la institución y la participación ciudadana. Y los elementos determinantes serán: la salud, educación, empleo, accesibilidad y la protección de derechos.

El promotor y la Declaración de Quito

Lenin Voltaire nació sano y robusto en Nuevo Rocafuerte, provincia de Orellana, en 1953. Pero hace más de veinte años, tras un asalto con un disparo a quemarropa, perdió la movilidad de sus piernas y pasó a la categoría de persona discapacitada, vulnerabilidad casi invisible e inadvertida que en América Latina presenta cifras conmovedoras.

Después de una larga recuperación decidió “volver a vivir” y se transformó en un mensajero de la solidaridad. El programa ecuatoriano lleva el nombre de Manuela Espejo, primera enfermera ecuatoriana, hija de un prócer republicano, y de Joaquín Gallegos Lara, escritor guayaquileño de profundo arraigo popular.

En 2010, la cumbre de vicepresidentes del continente “América sin Barreras - Por la Democracia y la Solidaridad”, culminó con la suscripción de la Declaración de Quito que proclama el fortalecimiento de las políticas y programas nacionales y regionales para la atención, rehabilitación y prevención de las discapacidades.

El censo ecuatoriano indica que de las 300 mil personas con discapacidad involucradas en el programa, 15 mil sufren una discapacidad física o intelectual severa, segmento al que se dotará de una vivienda "adaptada aunque modesta" a través del programa. Incluye un salario íntegro para quien está al cuidado del discapacitado. Han sido atendidas 245 mil personas y se proyecta atender el retorno de migrantes discapacitados de España, Italia y Estados Unidos.

"Encontramos a niños, jóvenes y adultos con discapacidades en agujeros en la tierra, en gallineros y perreras, pero esa realidad ya no va más", aseguró Lenin Montero en su presentación ante el secretario general iberoamericano, el uruguayo Enrique Iglesias, otro promotor de la integración social, cuando presidía el BID.

La lección aprendida

El viceministro Rojas Julca menciona que este programa ecuatoriano de inclusión social comprende asistencia médica, una casa sencilla, una silla de ruedas, una cama con colchón para evitar escaras y asistencia médica para rehabilitar hasta donde sea posible. Y un pago mensual de 250 dólares a la persona que cuida. En Ecuador, el presupuesto asignado para este proyecto nacional supera los 100 millones de dólares.

El valor del proyecto piloto “Tumbes Accesible” se explica por si solo. Basta una muestra: “Una madre tuvo un parto de dos niñas. La primera, normal y la segunda parapléjica. Pobre, con dos hijas, lavaba ropa entre otros menesteres, dándose por entero a la niña parapléjica. No le quedaba tiempo ni recursos para seguir apostando por la vida. La vicepresidenta Marisol Espinoza, visitó a la niña y recibió una sonrisa y gestos de desprendimiento, una valiosa compensación para alentar el programa”.

El gobierno del presidente Rafael Correa desarrolla estudios biomédicos, psíquicos y sociales de los discapacitados, y los casos como el de la niña parapléjica son declarados con discapacidad severa y necesitan de una tercera persona que los ayude. Con el programa, la vida de esa familia ha cambiado.

Convencido de los resultados “quiero que esa experiencia también se produzca en mi patria, con la ayuda necesaria”. En Lima, en coordinación con el CONADIS se ha elaborado un proyecto de resolución suprema. Se ha nombrado el Comité Multisectorial “Tumbes Accesible”. El proyecto ya empezó. Sabemos cuántos son. Tenemos la resolución suprema, un censo. Necesitamos de una intervención biomédica, psicológica, educacional, pedagógica para conocer el grado de discapacidad de la persona. La tercera operación es disponer de ayudas mecánicas y prótesis. De nada vale saber qué tiene la persona, si solo seguimos esperando décadas”.

¿Por qué la prioridad?

La persona con discapacidad es una persona “invisibilizada”, cuya relación es directa con la extrema pobreza y la discapacidad. Muchas familias que tienen a personas con discapacidad, en muchos casos, las esconden detrás de rejas, amarradas. Visitemos Ucayali, Cusco y otras ciudades del país y encontramos dramas, de personas que viven en cuevas. La salud mental es otro mundo poco atendido, aunque ha sido superado en algo, no obstante la anomia del Estado.

Dirigentes de la Federación de Poblaciones Nativas de la Selva Central, después de visitar el Viceministerio de Población Vulnerable, opinan que la magia milenaria de sus chamanes y remedios locales, resulta insuficiente, en muchos casos, para atender a sus discapacitados.

¿Quién se preocupa de la supervivencia de esta gente? Sostengo que hay dignificar a estas personas. Es el Estado que ha creado las barreras para la exclusión, la marginación y el olvido. La inclusión social significa superar esa realidad.

Se ha logrado que el INEI haga el censo. Las próximas semanas se conocerán resultados de una encuesta. Está en marcha la organización de brigadas de salud, con participación del MINSA, la Policía y Técnicos del Ecuador. Es una intervención binacional. Según el INEI hay 250 mil familias con discapacidad en todas las regiones del Perú.

“Tumbes Accesible” demuestra que se pueden hacer políticas públicas, validar una metodología, un protocolo. Está en marcha una línea de intervención para replicar esta experiencia en todo el país. El proyecto tiene una potencialidad, es una experiencia que está en camino de ponerse en agenda, las proyecciones son contundentes.

Los contenidos del proyecto son accesibles por los vicepresidentes, los presidentes. Es el proyecto social más interesante que ahora esta germinando, y que hay convertirlo en realidad.

Tenemos un programa presupuestal por resultados, que ha demostrado validez ante el MEF. A partir del próximo año se estimulará a todos los sectores que inviertan en discapacidad y con evaluación permanente de los resultados. Ahora los distritos tienen recursos pero que no lo dedican a proyectos de esta magnitud.

En Tumbes queremos evaluar las condiciones de personas con discapacidad y poder levantar una propuesta de acondicionamiento de los servicios públicos para que brinden atención. Diversos gobiernos regionales también están solicitando poner en marcha esta propuesta, a pesar que no se ha promovido tanto entre la población. Ya comienza a dar destellos este proyecto profundamente humano, unitario que ningún grupo social o político puede oponerse.

La Vicepresidencia ecuatoriana cuenta con importante presupuesto para impulsar la inclusión social de las personas discapacitadas. Los aviones y los barcos, están a disposición para apoyar la vida de estas personas. El vicepresidente ecuatoriano tiene 98 por ciento de respaldo popular. Acompañó a las autoridades peruanas, en abril último, para poner en marcha “Tumbes Accesible”.

La discapacidad puede ser mental, visual, auditiva, física. Hay ocho maneras y grados de discapacidad severa, discapacidad limitada. Las personas con discapacidad son también los desplazados por la violencia, los migrantes internos. En la memoria de Julio Rojas Julca, doctor en ciencias sociales, con larga experiencia en la ONU, siempre está presente la dimensión social del Vaso de Leche, programa del cual fue uno de sus promotores en la década del ochenta, como parte del equipo asesor del Alcalde de Lima, Alfonso Barrantes.


Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Los lunes al sol (2002)


Jesús María Dapena Botero (Desde Vigo, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



NACIONALIDAD: Española
GÉNERO: Tragicomedia
DIRECCIÓN: Fernando León de Aranoa
PRODUCCIÓN: Elías Querejeta
PROTAGONISTAS: Javier Bardem como Santa
Luis Tosar como José
José Ángel Egido como Lino
Celso Bugallo como Amador
Enrique Villén como Reina
Nieve de Medina como Ana
Joaquín Climent como Rico
Aida Folch como Nata
Fernando Tejero como Lázaro
Laura Domínguez como Ángela
GUIÓN: Fernando León de Aranoa / Ignacio del Moral
FOTOGRAFÍA: Alfredo Fernández Méndez
MÚSICA: Lucio Godoy
DURACIÓN: 113 minutos

Primero se llevaron a los comunistas, pero a mí no me importó porque yo no lo era; enseguida se llevaron a unos obreros, pero a mí no me importó porque yo tampoco lo era, después detuvieron a los sindicalistas, pero a mí no me importó porque yo no soy sindicalista; luego apresaron a unos curas, pero como yo no soy religioso, tampoco me importó; ahora me llevan a mí, pero ya es demasiado tarde.

Bertolt Brecht

Este texto que algunos atribuyen al dramaturgo alemán y otros a un pastor protestante, bien vale la pena repensarlo cuando de violencia social se trata.

La reconversión industrial, es una forma de ésta, que en Billy Elliot recibe un tratamiento optimista, mediante el desarrollo de una suerte de self-made man pero, en el guión de Fernando León de Aranoa e Ignacio del Moral, más bien encuentra un poco la salida del teatro del absurdo, con unos personajes, un poco a la manera de Vladimir y Estragón, que esperan en vano algo, que tal vez, mañana vendrá.

El problema lo enfrentan de distintas maneras, cada cual desde su singularidad; la mirada de los españoles es más polifónica que la de Stephen, Lee y Burguess, los autores de Billy Elliot.

Cada uno de sus personajes reacciona de una forma distinta, ante la debacle industrial que los conduce al desempleo, al paro.

Tal vez, Santa (Javier Bardem) con un espíritu más cercano al del hombre rebelde camusiano, a diferencia de José (Luis Tosar), quien siente bastante roto el lado más positivo de su narcisismo, el que mantiene la unidad de sí mismo, para darle una identidad formal, con un sentimiento profundo de la existencia, más vivencias de satisfacción, puesto que con la pérdida de la vida laboral, se siente descentrado y tiene que entrar depender de una esposa, quien trabaja como una mula, en una conservera viguesa y el matrimonio llega a ponerse en una seria crisis, mientras Lino (José Ángel Egido), un hombre más maduro, ya canoso, por estar más entrado en años, se ve obligado a tratar de ocultar su edad para conseguir trabajo, de una forma tan grotesca, que el tinte le chorrea con el sudor mientras espera que lo llamen a una entrevista de trabajo.

Más trágica aún será la situación de Amador (Celso Bugallo), un hombre melancolizado, quien se refugia en el alcohol, para escapar al dolor producido por la pérdida del trabajo, al abandono de su mujer y una existencia cada vez más miserable; todo lo cual, se suma para, finalmente, conducirlo a la muerte, en un mundo sórdido y desolado, a pesar de la hermosura de la ría viguesa que lo enmarca.

Todos tratan de hacerle al mal tiempo buena cara, por lo que recurren a un fino humor, tal vez como la salida más digna, en su intento de sobrevivir, como un tentativa de lidiar con la realidad y tratar de superarla, mediante sus constantes bromas; humor que los hace reír a carcajadas, incluso en el momento, en el que, tras el robo de ferry boat entre Vigo y Cangas, para celebrar los funerales de Amador, se dan cuenta que han dejado las cenizas, destinadas a ir a parar a la ría, en el bar El Naval, en un momento en que la mezcla de lo dramático y lo gracioso, se constituye en una muestra de humor negro, que trata de ocultar una triste realidad, de una manera intrépida y rebelde, gracias a ese extraño don que tienen de gozarse lo absurdo.

El humor trata de salvarlos en medio de la situación límite que viven con el cierre del astillero, tal vez, como una forma de luchar con lo imposible; el humor viene a producir cierto efecto de corte, un viraje hacia una discreta ganancia de placer, que constituye cierto plus, gracias a su efecto, más allá de toda seriedad y solemnidad, pero de una manera, fundamentalmente humana, demasiado humana, como una especie de creación simbólica sorpresiva, que produce nuevos sentidos, que quizás nos remita al humor de Crevantes o de la picaresca española, sin la universalidad del humor de un Charles Chaplin, por supuesto, pero sí con su sesgo transgresor y cuestionador de lo establecido, con la presencia de una cierta verdad, por amarga que sea, con la que sobrepasa el chiste o el gag cinematográfico. Por ejemplo, cuando en la vitrina del almacén de televisores, Santa comenta que Lino:

Acaba de perder un maravilloso puesto de trabajo fijo en Torrevieja, Alicante.

Tal humor es como si fuese un instrumento para decir en un instante, algo que atañe a los sujetos, pero que parecería imposible de decir, algo inefable, en los confines del sentido, a través del sinsentido formal, de la paradoja, de lo grotesco, de lo insólito, del absurdo, de la desmesura o del disparate, pero revelador de otro sentido más sorpresivo, fugaz y evanescente, como si fuese un atajo que toma el sujeto, para dar paso a algo reprimido o censurado, sin pagar el precio de la neurosis. (1)

El visionario director español, Fernando León de Aranoa, nos presenta el problema en el año 2002, como si se adelantara a la ola de desempleo que cundiría por España, en este embate crítico, que viene desde el 2008 y que se extiende ya no sólo a la clase obrera sino a gente como uno, de tal manera, que ahora el siguiente puede ser un sujeto que ni siquiera esperaría verse sometido a la inestabilidad laboral, que implican la reconversiones de la loca economía de ogaño, con sus recortes y revolcones, a los que nos ha ido sometiendo un neoliberalismo, maquinal e inhumano, donde todos y cada uno corremos el riesgo de ser convertidos en chivos expiatorios, para ofrecer en sacrificio al Minotauro del Capital.



Los protagonistas, de un día, para otro de ser empleados estables, pasan a ser unos vagabundos, que desfilan los lunes bajo el sol, lejos de los talleres, sin saber qué hacer, en un sin sentido, que tratan de superar con un diálogo continuo, salpicado de finos chistes, con los que tratan que algo creativo surja en medio de la desesperanza, frente a una situación de paro, que no es subsanada por nuevos empleos.

El macrocontexto social que los envuelve es el del desmantelamiento del sector de la construcción nava, que ha ocasionado despidos en masa, con el comienzo de una crisis, que truncaría las expectativas del puerto vigués, cosa que se vislumbraba ya desde la década de 1970, problemática que arreciaría, aún más, en el decenio siguiente, para afectar con mayor virulencia a todas las estructuras del sistema urbano.

Todo ello, basado en la desconfianza de la burguesía en relación con los medios de producción y los riesgos frente a una futura rentabilidad de las industrias consolidadas; al evaluarlos y tratar de maximizar los beneficios, los pequeños comercios serían substituidos por grandes supertiendas, al estilo de El Corte Inglés o Alcampo, lo que incrementaría las desigualdades sociales que promueve la sociedad postindustrial, descrita ya, a comienzos de la década de 1970, por Alain Touraine. (2)

Nuestros personajes son las víctimas de todo un conjunto de transformaciones en la estructura productiva, en un momento, en el que tiene la hegemonía la economía financiera, mientras que se va dando todo un proceso de urbanización de los territorios, con suburbanización de la periferia, más una interdependencia entre la sociedad regional con la global, en un marco de innovación tecnológica, en el que según los consejos de Michael Hammer y James Champy, lo que habría que olvidar es lo que se sabía de cómo debería funcionar una empresa, porque casi todo estaba errado, si se quería tener éxito en el siglo XXI y así economizar anualmente centenares de millones de dólares, dar satisfacción sin precedentes a los consumidores, acelerar y hacer más flexibles los aspectos operacionales y dar un salto cualitativo y cuantitativo con respecto las enseñanzas de la Revolución Industrial, en el contexto de una economía globalizada, con una competencia universal, que obliga a inexorables cambios.

Esos eran los consejos de la reingeniería, que conducirían una pérdida de un 40% de puestos de trabajo, ya que se prefiere una máquina a un trabajador, porque ésta trae más beneficios económicos, no se sindicaliza, no hace huelgas ni se enferma, algo que viene como muy buen anillo al dedo de los capitalistas de estos nuevos tiempos postmodernos. (3) (4)

Ese proceso de reconversión naval, que describe el director, en el 2002, seguiría avanti, bajo una compulsión a la repetición en el entramado económico, en detrimento de Galicia, ya que según cuenta Miguel A. Rodríguez en La voz de Galicia del 3 de octubre del 2010, tras el desmantelamiento, en la década de 1980, entre los astilleros vigueses y ferrolanos se perdieron 7.000 empleos directos y 20.000 indirectos; en 1998, la pérdida fue de otros 4.000 trabajos directos y 12.000 indirectos, sin que los intentos de alzar la voz prosperaran, mientras varios astilleros iban cerrando su construcción de buques, lo cual generaba manifestaciones y enfrentamientos tremendos. (5)

Con uno de ellos empieza la película, cuando Santa quiebra una lámpara de la empresa, que luego tendrá que pagar al ser multado por revoltoso, en un momento en el que España quería entrar a la Comunidad Europea, a cualquier precio, sometidos a las condiciones draconianas que los socios impusieran y siguen imponiendo.

Tal vez, hubiera sido mejor que la Península Ibérica se hubiera convertido en esa masa de piedra, que describe José Saramago, que se desprende de Los Pirineos, para ir tras una desgarrada indagación interior, en busca de la verdadera esencia ibérica, para salir a la luz y descubrir su propio destino. (6)

En tanto y en cuanto, José Saramago intuía que en la Nueva Europa, algunos ostentaban el poder y los privilegios, mientras otros son condenados a la pobreza, a la explotación, al saqueo, como sucede entre las metrópolis y la colonia, pues no nos digamos mentiras, que los países de la periferia, hacen a un sur empobrecido, sin que la justicia social se convierta en un ideal accesible a todos los ciudadanos, cuando más bien estos países son despojados de su patrimonio económico y quizás aún del cultural.

La península que flota podría ser un poco como el ferry boat, que nuestros pícaros personajes roban para hacerle el rito funeral a su buen amigo Amador, víctima propiciatoria de toda esta debacle social, sin que ni la novela de Saramago ni la película de Aranoa resulten panfletarias. Lo que sí comparten es que son bastante irónicas, cualidad que caracteriza a ambos autores, aunque con una ironía llena, a su vez, de ternura, no exenta de miradas filosóficas profundas, que se dejan traslucir en los diálogos de los personajes, en su trajín cotidiano por las calles de Vigo, o en el bar La Naval de su amigo Rico (Joaquín Climent), el único que pudo negociar su retiro y, con ello, fundar ese establecimiento, donde nuestros amigos pasan buen rato de la noche, entre trago y trago, como forma de protegerse la soledad y de la melancolía, en un entorno, habitado por un individualismo a ultranza, por el egoísmo, que nuestros amigotes, sobrepasan mediante la solidaridad entre ellos y el humor, que les permita sonreír en medio de la amarga incertidumbre de la vida, que lleva, fatalmente a Amador a la muerte en solitario y a José a vivir los efectos de la violencia social de los generadores del desempleo, tanto en lo personal como la vida de una pareja que se siente estéril y pobre, sin más perspectiva que la separación, hasta que el amor y la comprensión eviten que Ana se vaya cuando ve tan triste a su compañero por la muerte del viejo colega.

La desocupación trae consigo graves repercusiones psicosociales, como bien lo demuestra la psicoanalista argentina Elina Aguiar, en tanto y en cuanto, como hecho económico, histórico y social tiene efectos en la subjetividad, en la medida que la moldean y remodelan, cuando se dan cambios drásticos en el tejido social, en el espacio transubjetivo de la cultura, ya que llevan o bien al conformismo, como el de alguno de los visitantes del bar, o a un estallido en el marco social, que hace salir como partículas fragmentadas a los sujetos de la red colectiva, que pudiera contenerlos, siempre en detrimento de la solidaridad, en aras de que los mercados produzcan y produzcan más, bajo el lema de:

¡Sálvese quien pueda! – como consigna que lanza el Poder.

La desocupación, entonces, produce miedo y funciona como un elemento fundamental para cierto chantaje social, ya que se obliga a aceptar las condiciones laborales que se impongan, así sea salir oliendo a mierda, a pescado, como suele salir Ana, la mujer de José, de la conservera donde trabaja; fetidez, que pretende subsanar con cantidades ingentes de desodorante, que no la sacan, para nada, de la amargura de pasar horas enteras en medio del hedor, en una cadena taylorista de producción, con el fin de aumentar el rendimiento industrial; pero, al menos, allí hay empleo para uno de los miembros de la pareja; de no existir tal trabajo, estarían condenados al vagabundaje infinito, sometidos a una condena no de ganarse el pan con el sudor de su frente, obligación de la que los privan, para lanzarlos, dada la inestabilidad laboral neoliberal, a navegar sin rumbo como los orates y vagabundos, que expulsaban en la stultífera navis, la nave de los locos, sometidos a otra de las formas que reviste la violencia social, bien descrita por Michel Foucault en su Historia de la locura. (7)

El espacio transubjetivo perturba a la cultura.

El intersubjetivo interfiere en las relaciones que la persona establece con otros, con sus semejantes, amigos, pareja o familia, como bien podremos verlos en los vínculos de José y Ana, en su vida conyugal.

El intrasubjetivo aflige al ser humano en su fuero interno; lo veremos, como en una especie de zoom, en la melancolización de Amador, quien pasa a ser un desaparecido social, al ser sometido a una muerte lenta, por desnutrición alcohólica y carencial, mientras hace un giro de la agresión contra sí mismo, con esa depresión que intenta diluir en alcohol, como una forma solapada de suicidio o en la lucha de Lino por mantener una imagen juvenil, con el fin de impresionar positivamente a posibles empleadores.

Es la prueba de lo que señalaba Janine Puget al informar que la violencia social penetra a los estratos más profundos de la mente. (8)

Esta es una problemática que se incrementa particularmente, a partir de las privatizaciones de las empresas, que se iniciara con la reingenería política de la señora Tatcher, fenómeno que fue expandiéndose como un cáncer en Occidente, bajo el auspicio de un contexto neoliberal o neoconservador - ¡vaya, usted a saber! – que tanto daño ha hecho en el mundo, con la exaltación del individualismo y en detrimento de la solidaridad.

Así las cosas. la amenaza del desempleo funciona como una especie de chantaje social, para que los sujetos acepten cualquier tipo de condiciones laborales que se les ofrezcan, ya que hay muchos esperando puesto, por menos dinero. Alguna vez, en Colombia, oí a un gerente de EPS decirnos que si no aceptábamos las nuevas condiciones que imponían para la atención psiquiátrica, desde de la Administración y no de la clínica, había muchas novias esperándolo, sin tener en cuenta la buena formación de los profesionales que asistíamos a una reunión con él, para darnos ese ultimátum.

Ante la desmedida oferta de manos de trabajo, los capitalistas se dan el lujo de ofrecer una labor a destajo, sin ningún derecho, muchas veces, ni siquiera a vacaciones, porque otras tantas las contrataciones se hacen mes a mes, en contratos tremendamente leoninos, sin que, para nada, tengan los empleados la opción de tener conciencia de clase ni sindicatos que salvaguarden sus derechos.

La oferta de trabajo, por parte del Amo, promueve entonces la resignación, el conformismo, la indignidad, con una inmovilización de los estratos sociales, quienes, de antemano, se encuentran frente a la predestinación, la pasividad y el fatalismo, mientras los empleadores se ufanan de que la flexibilidad laboral genera más empleos, inestables, por supuesto, sin que les importe, para nada, la desestabiliazación del trabajador, la rebaja de indemnizaciones por despido, en una sociedad en la que impera la Ley del Desempleo Estructural, con un empeoramiento de las condiciones de trabajo, que apenas si alcanzan a ser las mínimas, con el lógico aumento de los índices de desocupación y subocupación. (9)

De ese modo, la amenaza del desempleo, sostenida en el tiempo, empieza a generar grandes tensiones.
Ello haría que, en 1986, la Organización Mundial de la Salud (OMS) señalara al desempleo como una de las principales catástrofes epidemiológicas, de origen social, de la civilización contemporánea, la cual tiene agentes responsables, victimarios y víctimas.

De esa manera, el fenómeno del desempleo afecta la salud mental en tiempos de crisis económicas pues, como bien señala la profesora Beatriz Sora, la experiencia del paro repercute negativamente sobre la calidad de vida, la adaptación social y el funcionamiento psicológico del desempleado y su entorno familiar; de una forma más específica, se ha demostrado que tales efectos negativos, empobrecen la dieta alimenticia, al no haber dinero para llenar la canasta familiar, lo cual va en detrimento no sólo de la salud mental sino de la física, a la vez que aumenta las tensiones intrafamiliares de grandes grupos humanos, lo que trae como consecuencia, ansiedad, trastornos de estrés y depresiones, con todos los mecanismos de defensa que contribuyan a la creación de otras patologías, con disminución de los intereses en las actividades sociales y culturales y una desestructuración de la temporalidad cotidiana tanto en el ámbito individual, como familiar y social, con desafiliación de grupos políticos y organizaciones sindicales.

Todo ello, hace del paro, un factor de riesgo importante, así no sea determinante. (10) (11) (12)

Máxime si tenemos en cuenta el siguiente cuadro de factores que afectan la salud mental de la gente (13):



Pero el desempleado pasa, entonces, al espacio de la otredad, de lo deleznable, a engrosar una masa sobrante, de “desechables”, estigmatizados a los que se le induce algún tipo de inculpación, con frases como:

Por algo, estás desempleado. (14) (15)

Todo lo cual aumenta la morbimortalidad en el ámbito de lo epidemiológico, por efecto de esa violencia que se ejerce contra los sujetos, que termina por producir una angustia sorda y un tenaz miedo de vivir, como tan bien lo expresara la cantautora argentina Eladia Blázquez, en 1981, esta vez interpretada por Giana María Hidalgo:

http://www.youtube.com/watch?v=dosFLvgDHs8

La pérdida de empleo se constituye en todo un trauma desde la perspectiva freudiana, dado el efecto de terror que produce, fenómeno generador de un estupor inicial, con un paulatino embotamiento, cierta anestesia afectiva, que narcotiza la sensibilidad, lo cual hace que se abandone todo proyecto y expectativa, con cierto alejamiento de los demás, cosa que no se cumple en el caso de nuestros personajes, tan solidarios, siempre reunidos en el bar La Naval, que Rico comprara con la indemnización, cuando se había animado a negociar, para no ser lanzado a la calle como un perro, como sucedería a sus rebeldes compañeros, otra forma de defenderse frente a la amenaza de caer en el paro.

La situación de la liquidación del trabajo no crea otra cosa que inermidad y desamparo, ante la perspectiva de caer en el espacio de la exclusión de un sistema laboral, que tampoco genera muchas expectativas de empleo, por más de que este se ofrezca; pero, ante tanto pobre junto, termina por perderse la limosna.

En ese contexto, las víctimas quedan paralizadas, apáticas, con un monto de indiferencia, lo que las lleva a desentenderse de la suerte de los demás, mientras a la nueva experiencia traumática se van sumando otras, provenientes también del entorno social, para hacer la situación, cada vez, más compleja.

Se pierde entonces un marco estable en la cotidianidad, de ahí que se pueda estar los lunes al sol, como si fuera un festivo, un sábado o un domingo, en un tiempo donde todos los días pasan a ser lo mismo:

Vagabundeo por las calles, estancias en el bar, alguna pilatuna, generada por una nueva picaresca española, como la vez que van a cuidar a un niño de un elegante chalet, mansión, en la que nuestros pícaros personajes se beben el bar del patrón, se roban un par de los miles de pares de zapatos de la señora, para finalmente, en la calle, mirarse borrachos en las cámaras televisivas de alguna tienda, en un intento de controlar, triunfar y despreciar la depresión, en una suerte de pequeña fiesta, para olvidarse de la desgracia, de ser como las cigarras de la fábula.

Pero si ahora están en la calle es de una manera bien injusta, porque siempre trabajaron como negros en los astilleros, sin importar que fuera primavera, verano, otoño o invierno, eso sí, sin mayor capacidad de ahorro de la mezquina hormiga, que ahora los tiraba a la calle.

Esto nos permite recordar cuando Santa trata de hacer dormir al niño con los cuentos morales de Esopo, recreados por Félix Samaniego, hijo de nobles españoles del siglo XVIII, con los recursos suficientes para dedicarse al estudio; pero aunque bien se entusiasmara con los enciclopedistas, no alcanzaría a dejar tras de sí, una ideología reaccionaria, que se trasluce en sus cuentos morales, tanto en las fábulas de La cigarra y la hormiga como en la de La lechera, cuando reprueba como holgazán al insecto cantor, un artista, o cuando se le olvida que si la soñadora campesina quebró su cántaro, al tener un tropezón por el camino, al día siguiente podría volver a ordeñar la vaca, sin quedar condenada ni a la muerte ni a la miseria. (16)

Santa resulta tan crítico con respecto a Samaniego, como lo fuera doña Rocío Vélez de Piedrahita, la escritora colombiana, cuando en uno de sus cursos de literatura para niños y adolescentes, dictados en Medellín, a finales de la década de 1970, cuestionaba al fabulista español su exaltación de la capacidad de trabajo de la hormiga, en quien la escritora antioqueña, no viera sino a un bicho egoísta, que no comprendía para nada al otro insecto, dedicado al arte. (17)

Santa, al terminar el cuento de Samaniego, exclama sin tapujos ni censura:

¿Quién ha escrito esto? Porque no es así; la hormiga ésta es una hija de la gran puta y una especuladora. Y, además, aquí no dice por qué unos nacen cigarras y otras hormigas, ni tampoco, que si naces cigarra estás jodido…

Sean chicharras u hormiguitas, con zeta, como las descritas por Woody Allen, Santa y sus compañeros, dado su origen de clase, se convirtieron en obreros de la industria naval pero con el despido, sus ritmos y costumbres, organizadores de la cotidianidad, les fueron rotos; la cosa había sido como si les arrebataran su reloj, su hebdomadario o su almanaque, para lanzarlos a una atemporalidad, cercana a lo eterno, por causa del desempleo; por ello, pasan horas en las calles, en las playas viguesas o en la taberna, con el grupo, como único punto de contacto social regular, por fuera del grupo familiar; sólo eso es lo que tienen, porque sólo cuentan con él, casi que es lo único que les queda, el valioso tesoro de una amistad verdadera.

Por lo demás, su vida, ahora, carece de sentido y de objetivos; fueron empujados a padecer una crisis de identidad, en la medida que han perdido su estatus de trabajadores.

Ya en 1938, Eisenberg y Lazerfeld describían los efectos que produce en los sujetos humanos la pérdida del trabajo, que deviene en todo un choque, generador de desorientación, que lleva al estupor, especialmente cuando se pierde la esperanza de reencontrarlo.

Si éste, en la realidad material, en la realidad fáctica, no se encuentra lleva a estados de pesimismo, con una gran cuota de angustia y sufrimiento, hasta que los sujetos terminan por desmoralizarse, demolerse, quebrarse y sumergirse en un duro fatalismo, estado mental en el que abandonan la búsqueda, para acomodarse, para enfermarse cada vez más, a la manera que los crustáceos que Jean Piaget describiera en su momento, que se deformaban al vivir en medios adversos, sin adaptarse sino al someterse pasivamente al entorno, sin transformarlo ni transformarse en un verdadero proceso dialéctico. (18)

En la cinta de Fernando León de Aranoa, acompañamos a nuestros protagonistas a un verdadero proceso de duelo, en la medida en que han perdido un objeto tan valorado como es su puesto laboral; de ahí, surge el decaimiento físico y moral de Amador, quien se encuentra lo suficientemente demolido, como para caer presa del alcohol, una vez derrumbada su autoestima, de ahí que repita a sus compañeros insistentemente que Dios no cree ni en él ni en sus amigos aunque lo más grave de todo es su opinión:

La cuestión no es si nosotros creemos o no creemos en Dios. La cuestión es si él cree en nosotros, porque si no cree, estamos jodidos.

Pero, dada su pérdida de la autoestima, ni él mismo cree en sí mismo; es un descreimiento que no comparten sus compañeros, por lo menos, Santa quien aún puede soñar con la Australia que se dibuja en el descascarado techo de la pensión que habita; la fantasea como país de las Antípodas, para nada de los antipáticos de la Alicia de Carroll; al menos, allí podría encontrar un mundo al revés, al ensoñar, en un espacio para la ilusión, que le sirve de consuelo, que hay otro lugar en el que existen posibilidades distintas, cuando declara en la playa, al sol:

Allí se folla y aquí no; allá, hay curro (trabajo) y aquí no.

Y hasta desearía llevarse a esas islas del mar del sur a la chica que se ha encontrado en el supermercado, a quien reencuentra en el ferry de Vigo a Cangas, donde le pregunta:

¿Tú conoces a Australia?

Afortunadamente ninguno hace eco de la inducción de la culpa por parte del sistema, o el discurso de algún cliente importuno del Bar El Naval, que dice que trabajo hay; por eso, no caen en las autorrecriminaciones ni en los autorreproches, en las que suelen caer muchos parados.

Nuestros amigos tratan de sobreponerse de su sufrimiento mental, sin caer en el aislamiento, en el que suelen caer otros desempleados; por eso, no sienten vergüenza de mostrarse; por ello, no tienen la necesidad de esconderse, así dentro de ellos, esté instalada la incertidumbre, en la que nos sumerge cada vez más el mercado laboral en el contexto del neoliberalismo salvaje.

Saben esperar, sin desesperarse, aún con cierta dosis de buen humor, salvo el pobre Amador, que sucumbe ante la catástrofe social de la que ha sido víctima.

Así lo que los espere sea una mayor pobreza, son lo suficientemente dignos como para no humillarse, ni caer en la delincuencia propiamente dicha.

En el caso de José, sí vemos como toda esta violencia social del desempleo transita por la pareja, dentro de la cual se genera un verdadero malestar, que casi lleva a la mujer, obrera de las conserveras, con el horrible olor a pescado a tratar de exorcizarlo, a punta de desoderante, y en un devastador pasaje al acto de la infidelidad y el abandono conyugales, tentación a la que no sucumbe, por obra y gracias del mismo amor, cuando ve que el destino de su marido puede ser semejante al de Amador, al haber perdido el empleo y haber sido abandonado por su mujer; pero, estas palabras de Ana son reveladoras de la angustia, mientras abraza a su digno marido, desesperada, por la reacción de éste ante la indiferencia del empleado bancario que lo embroma, para salvar la imagen de la Banca:

No tenemos nada, ni casa, ni hijos, ni crédito, nada…

Pues como bien lo señala la psicoanalista argentina Elina Aguiar:

Precisamente es en los vínculos más estables, como la pareja y la familia, cuando falla el marco estable y reasegurador que proporcionaba el trabajo, resulta muy difícil suplir esta carencia y no sucumbir a la desorganización. Las personas, que han sido despojadas de su trabajo, o están bajo la amenaza de perderlo, suelen aferrarse al marco estable, ilusoriamente seguro y continente, de la pareja; pero su marco de sostén no puede reemplazar al sostén laboral perdido: es una demanda imposible de cumplir; ante esa imposibilidad se puede instalar el reproche entre los miembros de la pareja, el cual está en la estructura de la parejamisma y se reactualiza cuando sobreviene la desilusión en el contexto socio-laboral, que es cuando resurgen las quejas y los recriminaciones. (19)

Sabemos que en el zócalo de la pareja conyugal está el enamoramiento, como sentimiento fugaz y efímero, que da lugar a un amor gradual, más complejo y permanente, que reconoce la diferencia entre uno y otro miembros de la pareja, más allá de la fantasía fusional del primer momento, pero cuando la tensión parece reventar a la pareja quisiera volverse a ese estado ideal, que, al convertirse en imposible, produce el reproche, como bien lo muestran Janine Puget e Isidoro Berenstein. (20) (21)

La amenaza de la pérdida de empleo o el paro mismo, ocasionan una regresión de esta naturaleza, con lo que aparecen las broncas y reconvenciones, ya que uno demanda al otro que sea como uno quiere, un amparador ideal, que le dé lo que no le puede dar, que aporte lo que no puede suplir, lo que reaparece de una manera rígida, repetitiva y estereotipada y se instala en los vínculos conyugales o familiares, en la medida que los miembros de estos grupos humanos se sienten defraudados, derrotados y requieren de un Mesías protector, que salve de la catástrofe.

Por eso, de alguna manera, José le pide a Ana que si ella se hace cargo de lo económico en la pareja, que no sobra, que no está de más, que aún le haga sentir que él es algo para ella, así lo haga de una manera muy tímida; él necesita saber quién es él para ella, qué es ella para él, que le sigue importando así no tenga trabajo y no traiga dinero.

De esa forma, la pareja tiene que enfrentar toda una serie de riesgosas circunstancias, a pesar de la inermidad frente a los ataques y las violencias que provienen del entorno.

José parece frágil y Ana potente; al menos, ella cuenta con un empleo, por desagradable que sea, pero llegan al límite de meterse en una relación de amo y esclavo; ella puede asestarle el golpe del abandono, pero tratan de mantener el vínculo del amparador-amparado, al menos en la última escena en que los vemos, cuando él entristecido por la muerte de Amador, se acuesta sobre los muslos de ella, sin darse cuenta que su mujer tiene lista la maleta para largarse con su amante, del que José tiene noticia, al verla desde la ventana, despedirse cuando el hombre la lleva a casa en coche.

Entonces, ella se contiene de pasar al acto, en un intento de no causar un daño mayor, en medio de tanta y tanta insatisfacción, por la pérdida del marco estable que tenían, antes de que él fuera despedido de su trabajo.
El paro del hombre ha cercenado el proyecto vital de la pareja, sin que ni siquiera puedan pensar en tener hijos, condenados a la esterilidad, por causa de un problema social.

Ahora no saben ni tienen en qué apoyarse que no sea el trabajo de la mujer.

Podríamos decir que la noción de futuro les ha sido arrebatada, con la subsecuente desesperanza; se hayan enfrentados a una desastrosa angustia, máxime en una cultura en la que el dinero está vinculado con la idea de poder.

Ahora, José no puede contribuir con la manutención del hogar, lo cual lo convierte en impotente, como si hubiese sido castrado y convertido en una nadería, sin siquiera poder trabajar en cualquier cosa, lo cual incrementa la llamada, por Hannah Segal, crisis de la mitad de la vida. (22)

José se ha convertido a pesar de su virilidad, en un ser vulnerable, envejecido, ya que ¿de qué sirve estar prejubilado, con unos pocos millones en el banco, que es algo que ni siquiera él tiene? (23)

Si, en el 2002, Fernando León de Aranoa nos advertía que esta película no está basada en una historia real sino en miles, ¿qué decir en la España actual? Ahora es la historia de millones, las cifras para agosto del 2012, era de 4’625.455 desempleados, registrados en el INEM, Instituto Nacional de Empleo, con una curva más o menos así de evolución del paro en España (24):



Esta es una cifra de paro que no se veía desde los años de la Gran Derpresión, en muchos países del mundo desarrollado, con toda la desigualdad que ello engendra.

Y todo ello, se ha venido cerniendo desde principios de la década de 1980, con la hegemonía de la Revolución Conservadora, que ha hecho que los ricos vayan siendo riquísimos.
Ahora, desde el 2007, ha emergido un fenómeno nuevo: la depauperación de las clases medias, aunque de ello ya se empezaba a hablar a finales de la década de 1980.

Como bien lo señala el premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz: El 1% de la población mundial tiene lo que el 99% necesita y ese mínimo porcentaje es el que disfruta de la mejores viviendas, de la mejor educación, de los mejores médicos y del mejor nivel de vida, eso sí, ignorante de que su destino está ligado a la manera como viva el resto, así no tenga presentes las consecuencias de la desigualdad, con sus incrementos de los índices de criminalidad, de problemas sanitarios, de menores niveles de educación, de menor cohesión social y esperanza de vida.

Al decir, de Mark Twain:

Los ricos son diferentes de ti y de mí.
A ellos les resulta sumamente difícil imaginar cómo es la vida de los de abajo, que cada vez son más en el mundo. (25)

Ellos no valoran del todo la distancia social que media entre los unos y los otros, al tener vivencias tan distintas a la de la gente del común, puesto que la visión del mundo es tan de cada uno que ni siquiera se percibe igual entre las víctimas; la reacción de Santa es distinta de la José, de la Lino, de la de Amador y la de Rico y, por supuesto, de la de Billy Elliot, ya que no es lo mismo ser un adolescente con talento que un hombre en la edad media de la vida, que no se ha formado para cosas distintas a las que lo califiquen como obrero, ante lo cual el futuro se cierra.

Pero en este capitalismo salvaje, quienes tienen la riqueza y el poder, los usan para reforzar sus posiciones económicas y políticas, o si no, al menos, mantenerlas; pero, además, tratarán de condicionar las formas presentarse como justificados sus ingresos, para no resultar personas non gratas, para sostener una estirpe de hormigas, al estilo de la de Samaniego, y los otros que se jodan, como lo planteara la diputada del P.P. en España, Andrea Fabra, cuando Rajoy anunciaba los recortes al subsidio de desempleo, cosa que para nadie resultaría simpática, pues la tipa está demasiado segura, a la manera del multimillonario Warren Buffet, de que aún continúa del lado de los vencedores, en el sentido de aquella frase en la que el acaudalado gringo declaraba:

Durante los últimos veinte años ha habido una guerra de clases y mi clase ha vencido.

Quizás no ignore que ese triunfo se ha logrado con la ampliación de la diferencia entre los seres humanos, con el apoderamiento de las rentas de la mayoría, con el cinismo y la ambigüedad de los argumentos, en un mundo, sin una aparente lucha de clases, en las que el capitalismo cada vez va agudizando más sus propias contradicciones, hasta el punto de que se haya podido declarar que el mayor enemigo del capitalismo es el capitalista mismo, por causa de sus abusos, como lo exponía el propio semanario The Economist, nada sospechoso de izquierdismo. (26) (27) (28)

Ahora si no funcionan los mercados es porque no son eficaces ni transparentes, porque el sistema político no corrige sus fallos, en el marco más injusto posible.


Eso es lo que ha llevado a que una “democracia”, bien entrecomillada, más la economía de mercado sean tan cuestionados como sus sistemas financieros y sus mercados de trabajo, en los que ya muy pocos confían, fuera de colegas y gobernantes.

Stiglitz enfatiza en su análisis las relaciones de desigualdad, ineficacia e injusticia, en el contexto de un sistema que prometía empleo y prosperidad, a cambio de las bonificaciones de los trabajadores, para los grandes capitalistas llevarse, al fin y al cabo, la tajada más grande y no dejarles a los asalariados más que angustia e inseguridad.


Estamos en un mundo en el que fallan tanto lo político como lo económico; eso ha traído una mayor polarización y un mayor desengaño.
Los de arriba suscitan cada vez más indignación, cosa que tal vez sea un sentimiento más útil, que la indolencia de nuestros protagonistas, impactados por lo imprevisto de su despido.

El malestar social crece, al grito de Stéphane Hessel (29):

¡Indignaos! – pero, a mi juicio, el movimiento de los indignados puede ser estéril, por su espontaneísmo y falta de organización.

Stiglitz demuestra que la desigualdad es onerosa para la sociedad.

Si no se logra frenar, la tendencia hacia su aumento es constante; nos dirigiremos a una colectividad más dividida y hacia una economía menos productiva, al incrementarse la diferencia de oportunidades.

Así los jóvenes, que proceden de familias humildes, no tienen posibilidades de desarrollar su potencial y se desperdician recursos muy valiosos, ya que cuando la sociedad está muy dividida, es difícil llegar a consensos políticos, lo que atenta contra verdaderos procesos democráticos, así Europa, a pesar de todo, esté mejor que los Estados Unidos de América, que no hacen nada por superar esa desigualdad.

Pero –lo que más preocupa a Stiglitz– es que, cada vez, más países están imitando el modelo estadounidense, cosa muy clara en el Reino Unido.

Los países escandinavos y nórdicos, que tienen economías muy potentes, son mucho más igualitarios, con mayor paridad de oportunidades.

Para Stiglitz, las políticas de austeridad, que se están imponiendo a los países de la periferia, aumentan la desigualdad social y generan una falta general de demanda, que al disminuir, detiene el crecimiento y dispara el desempleo, mientras los salarios caen en picada, a la par que disminuyen los servicios sociales y más gente compite por una poca oferta de trabajo, cosa que es palpable en la cinta del joven director madrileño.

Para resolver la crisis de la Zona Euro, Stiglitz muestra que la principal factor etiológico de la crisis son las economías débiles y no lo contrario, ese sería el movimiento real, más que el aparente.

Así las cosas, es la debilidad económica la que genera el déficit, de donde la prioridad debería ser ingeniarse alguna manera de recuperación del crecimiento, para lo que sugiere aumentar la inversión de los gobiernos en infraestructura, tecnologías y educación, la ampliación del Banco Europeo de Inversiones, la mutualización de la deuda, para que los tipos de interés disminuyan, lo que supondría más dinero para gastar de forma productiva, en vez de darles cheques en blanco a los banqueros; habría que ampliar el papel del Banco Central Europeo en la Zona Euro, por ser una de las instituciones que tiene ya la capacidad de cambiar las cosas pero que se apliquen, con seguridad, políticas adecuadas, sin imponer más austeridad, remedio que, de un lado podría ser salvador, pero de otro se convierte en puro veneno, como si para salvar a alguien hubiera que matarlo, lo que no tiene ningún sentido; lo que no se sabe es si el Banco Europeo tenga la buena voluntad de ayudar efectivamente pues, en realidad, de verdad, los bancos han perdido el control de la situación, inundaron el mercado con productos financieros poco sólidos y manipulables, con lo que pusieron en peligro todo el sistema de capitales, de tal modo que hay un exceso de contratos y bonos referenciados, algo maleable, artificial y ficticio, sin sentido y absurdo; lo que se requeriría serían políticos que tuvieran en cuenta los distintos intereses de las partes y tener en cuenta todas las fuerzas pero se han inclinado por los intereses particulares, los de los bancos, con lo cual, todos estamos en riesgo de estar los lunes al sol. (30)

Notas:
1) Campalans, L. Humor y psicoanálisis. Serie: Freudiana. (LXIV). http://fp.chasque.net/~relacion/0208/humor.htm
2) Touraine, A. La sociedad post-industrial. Ariel, Barcelona, 1973, 237 pp.
3) Hammer, M. y J. Champy. Reingeniería. Olvide lo que usted sabe cómo debe funcionar una empresa. ¡Casi todo está errado! Norma, Bogotá, 1994, 226 pp.
4) Hirtz, B. Causas del desempleo. El avance tecnológico como problema de desempleo. http://www.buscarempleo.es/stag/responsabilidad-social-ante-el-desempleo.htm
5) Rodríguez, M. A. Las dos reconversiones navales acabaron destruyendo unos 45.000 puestos de trabajo. La Voz de Galicia.es 3/10/2010. http://www.lavozdegalicia.es/dinero/2010/10/03/0003_8760583.htm
6) Saramago, J. La balsa de piedra. Alfaguara, Madrid, 1999, 416 pp.
7) Foucault, M. La historia de la locura en la época clásica. I. http://patriciolepe.files.wordpress.com/2007/06/foucault-michel-historia-de-la-locura.pdf
8) Puget, J. Violencia social y Psicoanálisis: lo impensable y lo impensado, Revista Psicoanálisis, Buenos Aires, 2-3. 1986.
9) La gran enciclopedia de economía. http://www.economia48.com/spa/d/desempleo- estructural/desempleo-estructural.htm
10) Cif. Aguiar, E. La desocupación: algunas reflexiones sobre sus repercusiones psicosociales en Ψ Foros Temáticos. Trabajo y Psicoanálisis. http://www.psicomundo.com/foros/trabajo/desocupacion2.htm
11) http://www.equiposytalento.com/noticias/2012/04/03/las-tic-combaten-los-efectos-negativos-del-desempleo
12) OMS. Impact of economic crises on mental health. http://www.euro.who.int/en/what-we-do/health-topics/noncommunicable-diseases/mental-health/publications/2011/impact-of-economic-crises-on-mental-health
13) OMS. Mental health in economic crises. http://www.euro.who.int/en/what-we-do/health-topics/noncommunicable- diseases/mental-health/news/news/2011/4/mental-health-in-economic-crises
14) Moguillansky, R. Pensamiento único y diálogo cotidiano. Libros del Zorzal, Buenos Aires, 2003, p. 17
15) Kordon, D. R. y L. I. Edelman. Efectos psicológicos de la represión política. Sudamericana-Planeta, Buenos Aires, 1986, p. 34.
16) Samamigo, F. Fábulas. Losada, Buenos Aires, 2005, 197 pp.
17) Comunicación personal.
18) Eisenberg, P. y Lazarsfeld, P.F. The psychological effects of unemployment. Psychological Bulletin, 35, 358-390, 1938 .
19) Aguiar, E. La desocupación: algunas reflexiones sobre sus repercusiones psicosociales en Ψ Foros Temáticos. Trabajo y Psicoanálisis. http://www.psicomundo.com/foros/trabajo/desocupacion2.htm
20) Diccionario de Psicoanálsis. Zócalo inconsciente de la pareja. http://www.tuanalista.com/Diccionario-Psicoanalisis/7865/Zocalo-inconsciente- de-la-pareja.htm
21) Berenstein, I. y J. Puget. Psicoanálisis de la pareja matrimonial. Paidós, Buenos Aires, 1988, 231 pp.
22) Segal, H. Joseph Conrad and the Mid-Life Crisis. International Review of Psycho-Analysis 11: 3- 9, 1984.
23) Aguiar, E. La desocupación: algunas reflexiones sobre sus repercusiones psicosociales en Ψ Foros Temáticos. Trabajo y Psicoanálisis. http://www.psicomundo.com/foros/trabajo/desocupacion2.htm
24) FeelMadrid.com. Guía de Madrid. El paro en España. Evolución del número de desempleados en España. http://es.feelmadrid.com/evolucion-paro-espana.html
25) Stiglitz, J. E. El precio de la desigualdad. Taurus, Madrid, 2012, 498 pp.
26) Díez, A. El PP contrataca y hace al PSOE responsable del exabrupto de Fabra. El País, 13 de julio del 2012 .http://politica.elpais.com/politica/2012/07/12/actualidad/1342127150_866769.html
27) Estefanía, J. Ganar la guerra de clases. El País, 15 de septiembre del 2012, http://cultura.elpais.com/cultura/2012/09/12/actualidad/1347446125_554497.html
28) Baltin, A. The real enemies of capitalism. http://www.gold-eagle.com/editorials_08/baltin051409.html
29) Sampedro, J. L. y S. Hessel. Indignaos. Editorial Destino, Madrid, 2011, 64 pp. Youtube. Joseph Stiglitz: el precio de la desigualdad.
30) http://es.euronews.com/2012/09/13/joseph-stiglitz-el-precio-de-la-desigualdad/


Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.