miércoles, 17 de octubre de 2012

¿Día de qué descubrimiento? La infamia de un 12 de octubre


Nechi Dorado (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

" ... entraron dentro de la carabela donde el dicho almirante venía e les motró el dicho almirante carátulas de oro que traía de las dichas Yndias e seys o siete yndios que traía de allá e con un cuchillo quitó el dicho almirante un poco de oro a vn indio e se lo dio ... "

Archivo General de Indias, Signatura: PATRONATO,12,N.2,R.3 (fls. 33v-34r.)


Año 1492 o más o menos. No había Internet ni correo. Tampoco periodistas ni escritores que relataran los horrores que comenzarían a ejecutar en nombre de la fe, la evangelización, el desarrollo, la ¡civilización! A sangre y fuego, como corresponde actuar cuando se invade.

Con el correr del tiempo, de las naves y de la vergüenza, comenzaron a mutar hasta las palabras, accediendo a otras definiciones, por ejemplo, comenzaron a hablar de descubrimiento cuando debía hablarse de invasión. In-va-sión, así nomás, sin vueltas ni tapujos.

No había nada más que hombres, mujeres, niños, animales y riquezas en esas tierras prósperas a punto de ser saqueadas. Casi nada y nada menos que riquezas, olfateadas a lo lejos.

Hasta la esperanza cayó herida tras la llegada de las naves desde las que descendió el genocidio.

La respuesta a la barbarie y al crimen no se hizo esperar, generó la RESISTENCIA heroica -como toda resistencia-.

Quedó instaurado el “Día del Descubrimiento de América” enredado en la teoría de la “civilización”, la que devoró vida, costumbres y cultura ancestral.

¿Llegaron hombres o llegaron bestias aquel 12 de Octubre? Los recién llegados sin aviso se llenaron de gozo pensando que habían descubierto lo que ya estaba descubierto por esa gente “salvaje”, del color de la tierra que era suya.

Pero ¿qué cosa era esa, la de creerse dueños de semejante belleza? Habrase visto tanto desparpajo, tanta insolencia en esos cuerpos donde las gotas del sudor jugaban carreras antes de caer en los agujeros por los que se escapaba la vida.

 A lo lejos, el símbolo de lo más bajo que puede representar recuerdo humano, mujer conocida como Su Majestad, reina de España, fiel católica practicante, desde su trono de excrementos se frotaba las manos solo de imaginar si la arriesgada travesía y la tremenda inversión mercantilista, llegara a dar sus frutos.

Así se reprodujo el oro y la riqueza sin pecado concebidos.

Así fue la irrupción del Gran Capital que seguiría ahogándonos en el tiempo. Hizo su entrada triunfal con la fuerza de esos hombres que rugían mientras la baba caía por la comisura de sus labios descompuestos de deseo, luego de la larga travesía y al encontrarse, de pronto, con los cuerpos desnudos de nuestras indígenas.

Ni que hablar cuando vieron a las niñas.

Diseminado el horror, pasada la sorpresa, mientras descansaban los instintos satisfechos agotados por los esfuerzos de las violaciones, había que empezar a hablar de un dios que castigaba a los que no se postraran ante la cruz de madera clavada en las entrañas de la Pacha Mama.

Cruz, que por otra parte, tiene la propiedad del castigo aunque esté impedida para detener las masacres y el espanto.

Había que hacerles entender que alguien “murió por ti”, para que se sientan cómplices de torturas desconocidas, hasta entonces, porque no eran aplicadas por ellos. Sino contra ellos.

Les hablaron de un dios que esperaba en el cielo a los “buenos” siempre y cuando lo veneraran antes. Ya no había perdón si se optaba por seguir siendo “salvajes”.

En ese caso, derechito al infierno.

Derechito…

Ese que algún imbécil pintó de rojo y convenció a millones.

Hoy se conmemora un nuevo año de la llegada del primer monopolio español al que sucederían otros en la historia capitalista de América, introducido gracias a la mano de obra barata de presos liberados para la travesía y enfermos reproductores de pestes.
Los primeros sicarios que pisaron tierra Nuestramericana.

Esta fue la historia venerada por muchos, repudiada por otros, de aquel 12 de octubre de 1492 y sucedida por otras.

Y siguen llegando conquistadores a esta América morena.

Y siguen matando indígenas y a sus sucesores, los pobres.

Ya no asustan con cruz de madera, ahora es suficiente con lanzar un documento que asegure que otros “incivilizados” tienen armas químicas y ponen en vilo al mundo. O decir, simplemente son “terroristas”.

El objetivo es el mismo: la riqueza que pese a tanto dolor y tristeza nuestra Madre tierra sigue pariendo.


Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

¿Para qué sirve el poder?


Jorge Zavaleta Alegre (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La respuesta es sencilla, lo cual no significa que no es compleja, porque el error, la ignorancia, la ceguera, progresan, por todas pares, al mismo tiempo que nuestros conocimientos. “Nos es necesaria una toma de conciencia radical, porque hay una nueva ceguera ligada al uso degrado de la razón”, sostiene Edgar Morín en más de cincuenta libros desde 1976 al 2011.

Creo que este autor francés y otros estudiosos del conocimiento humano están presentes en personas como Alfredo Filomeno Jarrín, quien al cumplir 70 años de vida política nos explica, con el ejemplo, la importancia de la ética del poder para enfrentar las amenazas que enfrenta la humanidad ligadas al progreso ciego e incontrolado del conocimiento y manipulaciones de todo orden.

Filomeno, fue presidente de la Juventud Demócrata Cristiana de América Latina – Judca y miembro del Comité Mundial de la DC entre 1969 y 1970, presidió la Conferencia Socialista Latinoamericana en 1986. Dejó la política activa en 1991, junto con la mayoría de figuras públicas del Partido Socialista Revolucionario-PSR.

La reciente compilación y edición de Ana María Ramírez y Susana Bedoya, presentada en un concurrido acto, en especial de de estudiantes y jóvenes profesionales, con saludos múltiples desde el exterior, particularmente de las universidades de Pittsburgh, Arkansas y Washington, plantea el renacimiento de los conceptos y acciones indispensables para recuperar las luces de la razón.

En el prólogo del libro, que contiene 20 comentarios y el anuncio de Crónicas del Pasado, José Miguel Insulza sostiene que esta obra “ha sido escrita para celebrar al hombre político. Una persona que ha dedicado por décadas sus mejores esfuerzos a intentar mejorar a vida de su país y de los hombres y mujeres que viven en él”•

“Desde luego, agrega el secretario general de la OEA, no lo ha hecho solo, la política es – o debería ser siempre – una actividad colectiva. Nuestra historia no es una historia de individuos aislados, sino de personas que no han compartido muchas jornadas en una batalla por la democracia, la libertad y la justicia, que parece no tener fin”.

El primer ensayo de esta publicación, Juan Borea, nos da la clave de lo que vendrá.“Solo el compromiso con una causa y con una organización, que en ocasiones requerirá el abandono y la renuncia de posiciones personales o expectativas legítimas, abre la posibilidad de una acción política seria al servicio de la sociedad”.

José María Salcedo, productor de cine, escritor y activo comunicador de radio y televisión, comenta: “Amigo Alfredo es el hombre de los sueños de invierno en una casona de Miraflores.. La lealtad es su divisa. Sucede que en el país de los charlatanes, el guarda silencio. En el frívolo torneo político de las declaraciones de principios y los juramentos, el con su voluntaria opacidad, defiende las instituciones…”

Enrique Bernales, ex senador de la República, defensor de los derechos humanos, recuerda junto con Alfredo, que a los jóvenes inquietos y ganados por la vocación política comenzaron a sernos familiares los nombres de Adenauer, Fanfani, Schumann, grandes figuras de la democracia europea. Temprano llegaron los nombres de Eduardo Frei, Rafael Caldera, Vladimiro Tomich, que desde América Latina hacia grande la sigla DC.

Igual que tantos jóvenes de la JDC, soñaban para el Perú parlamentarios como I. Bielich, M. Alzamora Valdés, H. Cornejo Chávez, M. Moreira, V. Paniagua, J. Silva, F. Guerra, H. Peace, y otros tantos como, R. Roncagliolo, F. Sánchez Albavera, con una enorme dosis de generoso compromiso de trabajo por la transformación del país.

Azucena Dávila, tomando palabras de Lebret, afirma: “Dios mío envíanos algunos locos, de aquellos que se comprometen a fondo, de aquellos que se olvidan de sí mismos”.

¿Para qué sirve el poder?, según Alfredo Filomeno, evoca a maestros como Emilio Barrantes, Walter Peñaloza: Y para comprobar que de ninguna manera se ha vivido en vano, las reflexiones, las páginas de este libro “están selladas por la contundencia del amor de su esposa e hijos”.


Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Con motivo de la muerte de Hobsbawm: Una visión global curiosamente parcial


Guillermo Almeyra (Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

Reseña de Age of Extremes- The Short Twentieth Century 1914-1991 Eric J. Hobsbawm, Pantheon Books, Londres, 1994 (Historia del Siglo XX, Cl. Cúlica, México, 1996) Publicada en Viento del Sur, México, Nº7, verano 1996, págs 78,79 y 80.

El objetivo de este libro del conocido y prolífico historiador comunista inglés, es enciclopédico; Hobsbawm trata, en efecto, de abordar históricamente el desarrollo de la sociedad (política, economía, artes, ciencias, visión popular del mundo, etcétera) durante nuestro siglo. Para ello divide este desarrollo en tres fases: la edad de la catástrofe, época de guerras mundiales y de revoluciones; la edad de oro, período de guerra fría, cambios sociales y culturales, liberación nacional, constitución del sistema “socialista real”; y, por último, el derrumbe, fase de crisis e irracionalismo que lleva hacia un tercer milenio lleno de incógnitas y peligros. En la elección de estas definiciones hay también una definición cultural-política.

El autor considera que lo que fue en realidad el derrumbe de la fase anterior a 1914 y el nacimiento (cierto que sangriento y doloroso) de una nueva fase, es la catástrofe. La edad de oro (por otra parte, igualmente sangrienta) sería en cambio la del statu quo, la “coexistencia pacífica”, las reformas resultantes del miedo a la revolución y de la postergación sine die de ésta, la de reconstrucción del capitalismo. Ve, por consiguiente, las dos primeras fases desde el punto de vista del sistema pero, curiosamente, se refiere a la tercera- el derrumbe- no como una nueva fase en el desarrollo de éste, como la conclusión de un proceso de reconstitución ayudado fuertemente por la “coexistencia pacífica” y el “socialismo real”, sino como una caída desastrosa de éstos y de sus ilusiones.

El libro, de todos modos, es un verdadero monumento de fin de época y está lleno de referencias bibliográficas y sugerencias de lectura (que ocupan unas cuarenta apretadas páginas). Por lo tanto, es muy útil para los estudiosos y para quienes se interesan por la historia, las ciencias políticas, la economía, la historia de la cultura, la historia de la ciencia. Es una importante tentativa de respuesta cultural a la mundialización, una real invitación al pensamiento-mundo.

El autor toma del húngaro Ivan Berend el concepto de siglo breve pues, en su opinión, el siglo que está acabando comienza en realidad en 1914 y termina en 1989 (de acuerdo a esto estaríamos ya en el siglo XXI mientras la fase anterior habría nacido con la revolución en Estados Unidos en el siglo XIX y durado hasta la Primera Guerra Mundial).

Vale la pena reproducir una página que resume a la vez la visión histórica global y los límites del autor:

Es una ironía de este extraño mundo que el resultado más duradero de la Revolución de Octubre, cuyo objetivo era derribar al capitalismo en escala planetaria, haya sido el de salvar a sus propios enemigos, sea en la guerra, con la victoria militar sobre los ejércitos hitlerianos, sea en la paz, dando al capitalismo después de la Segunda Guerra Mundial el incentivo y el miedo que lo llevaron a autoreformarse: en efecto, el capitalismo extrajo de los principios de la economía planificada de los regímenes socialistas, entonces bastante populares, algunos métodos para su reforma interna. Sin embargo, incluso cuando el capitalismo liberal había sobrevivido a duras penas al triple desafío de la crisis económica, del fascismo y de la guerra, tuvo que enfrentar el avance mundial de los movimientos revolucionarios, que entonces podían reunirse en torno a la URSS, surgida de la Segunda Guerra Mundial como superpotencia.

Hoy, sin embargo, podemos comprobar con una mirada retrospectiva que la fuerza del desafío mundial al capitalismo de los movimientos socialistas estaba en función de la debilidad del antagonista .Sin el derrumbe de la sociedad burguesa del siglo decimonono en la edad de la catástrofe no se habrían producido ni la Revolución de Octubre ni la Unión Soviética. Sin la crisis de la sociedad burguesa, el sistema económico improvisado con el nombre de sistema socialista sobre las ruinas de la estructura rural euroasiática del imperio zarista no se habría considerado a sí mismo, ni habría sido considerado por los demás, como una alternativa mundial realista a la economía capitalista. Fue la gran crisis económica de los años 30 la que le confirió ese papel aparente, del mismo modo que fue el reto del fascismo lo que transformó a la URSS en un instrumento indispensable para derrocar a Hitler y, por consiguiente, en una de las dos superpotencias cuyo enfrentamiento dominó, a través del equilibrio del terror, la segunda mitad del siglo breve, dando estabilidad –como se ve hoy claramente- a las estructuras políticas internacionales. En caso contrario, la URSS no se habría encontrado a la cabeza del campo socialista, que comprendía una tercera parte de la raza humana –como le sucedió durante quince años a mitad del siglo- ni se habría difundido la opinión, aunque durante breve tiempo, de que su economía habría podido superar a la del capitalismo.

Damos una disculpa por esta larga cita, pero ella condensa la visión del autor que, pese a su erudición y al calificado cuerpo de asesores, consultores y ayudantes, no puede escapar a la visión no dialéctica, mecanicista, propia del stalinismo que lo formó políticamente y con el cual no ha roto por completo en su visión del mundo.

En realidad, el capitalismo actual probablemente no existiría si en 1927 la Segunda Revolución China no hubiese sido llevada al desastre[i][1] (abriendo después el camino a los otros infortunios resultantes del maoísmo, que incluyen el actual curso en China), y si la política sectaria del “socialfascismo” [2][ii]no hubiese abierto a Hitler el camino al poder en 1933; todo el panorama europeo habría cambiado y con él, incluso el mundial. Estados Unidos no era una potencia militar ni política de primer plano y no podría haber hecho nada si el ejército ruso hubiese cumplido con su pacto de defensa mutua en el caso de la invasión de Checoslovaquia, cuando el nazismo aún no había rearmado a Alemania.

El haber tratado de evitar la radicalización de la revolución española, reprimiendo a los anarquistas-que eran la mayoría de los trabajadores- y a los trotskistas, negándose a permitir una reforma agraria o la independencia de las colonias tratando de no espantar a los gobiernos de Francia o Inglaterra, que temían más a la revolución socialista que al avance del nazifascismo, colaboró tanto para preparar la guerra y salvar al capitalismo como las colectivizaciones forzadas en la agricultura soviética (en 1936), las deportaciones masivas de millones de campesinos, las terribles purgas en el ejército, la destrucción de los opositores en el partido. Sin el Pacto germano-soviético y la neutralidad consiguiente de los partidos comunistas ante el nazismo, las destrucciones y pérdidas en hombres y en la economía durante la inevitable guerra con Alemania habrían sido mucho menores, y menor, por consiguiente, después de la Segunda Guerra Mundial la debilidad relativa de la URSS destruida y desangrada frente a Estados Unidos, que no sólo no había sufrido sino que se había enriquecido con el conflicto. Si Stalin y sus secuaces no hubiesen trabajado duramente para salvar al capitalismo (en la revolución española, en los llamados “frentes antifascistas” que sometían los intereses de los trabajadores a la negociación con los aliados, en cada una de las revoluciones, que condenaron en nombre de la unidad nacional) el capitalismo probablemente no habría salido indemne ni de la guerra ni de la paz.

Por supuesto, la historia no se hace con los “si” y no es seguro que otra política habría conducido a la liquidación del capitalismo, por lo menos en Europa y en Asia. Pero Hobsbawm excluye el papel de la URSS en la historia contemporánea y, en la URSS misma, excluye el del stalinismo y cree que la historia está regida por la fatalidad y que si sucedió así no podría haber sucedido de otro modo. Por consiguiente, no refiere ni explora las alternativas potenciales que se presentaron en cada momento y no tiene en cuenta tampoco la política de Stalin y de los partidos comunistas en la reconstrucción europea y mundial del capitalismo y en el establecimiento de la “coexistencia pacífica” con el imperialismo que, efectivamente, “dio estabilidad a las estructuras políticas internacionales”.

Hobsbawm cree que la Revolución de Octubre, paradójicamente, salvó al capitalismo. Pero no ve que todas las revoluciones se produjeron no sólo sin la URSS sino a pesar de ella, como la yugoslava, la china o la cubana. Ni que la URSS hizo de todo para mantener el statu quo con el imperialismo, no para eliminarlo y que, por lo tanto, la URSS de Stalin y la burocracia soviética que formó los Yeltsin, en el mejor de los casos tienen con la Revolución de Octubre la misma relación que un cáncer de cerebro con ese órgano vital.

Para Hobsbawm el hecho de que “los movimientos revolucionarios pudiesen reunirse en torno a la URSS” no exige un estudio de por qué los partidos comunistas no dirigieron esos movimientos (o se opusieron a ellos) en las colonias de los aliados, desde Indonesia hasta la India, desde Argentina hasta Argelia, o se disolvieron durante la guerra dejando así el campo libre a direcciones que, como la de Nasser en Egipto o la de Siad Barre en Somalía, se “reunieron” durante un período con la URSS pero para negociar con Estados Unidos en mejores condiciones, hasta entregarse a éste. Hay que recordar que Stalin había propuesto a Mao Zedong un gobierno de unidad nacional con Chiang Kaishek y a Tito un gobierno con el rey Pedro… ¿Cómo decir entonces que “después de 1956” los partidos comunistas perdieron su “corazón revolucionario”? (consúltese la página 95 de la edición italiana del libro).

Por otra parte, las revoluciones siempre nacen de las contradicciones de los sistemas que las engendran y, en la lucha entre las clases como en cualquier otra lucha, la debilidad de uno constituye una buena parte de la fuerza de su adversario. Por lo tanto, no es gracias al capitalismo que la URSS nació y se reforzó sino, por el contrario, fue gracias a la política de la URSS stalinista que el capitalismo se mantuvo a pesar de su debilidad y consiguió posteriormente reforzarse y vencer. Además, como lo demostró la historia reciente, sigue siendo un mito hablar de “campo socialista” confundiendo la fusión entre los partidos “socialistas” y el Estado con la existencia de un sistema alternativo al capitalismo…

Es imposible resumir los muchos y valiosos análisis que contiene esta obra enciclopédica, He preferido, por lo tanto, marcar su debilidad principal y dejar al lector el placer de disfrutarlos. Creo, sin embargo, que el vicio de fondo es grande y que frente al mismo resulta incluso pecata minuta la serie de imprecisiones sobre la historia latinoamericana, como la que atribuye un carácter revolucionario a la Reforma Universitaria nacida en Córdoba, Argentina, en 1918, o la confusión entre la marcha de Luiz Carlos Prestes y el “tenientismo” brasileño (que era una expresión de la radicalización de la clase media democrática en uniforme), o de la rebelión campesina y antiimperialista de César Augusto Sandino en Nicaragua, con las guerrillas de los años 50-60 o con la lucha armada contra Anastasio Somoza, o la idea de que el problema del imperialismo estadounidense no era importante en América Latina en los años veinte, o el olvido de Cuba (la lucha contra Machado y Grau San Martín), o el del nacionalismo portorriqueño durante las dos guerras, etcétera.

El mérito principal del libro- ya lo hemos dicho- consiste en el intento de pensar globalmente, incluyendo toda la vida de la sociedad, y de tratar de desprender de la misma algunos elementos –los cambios económicos, culturales, sociales, demográficos, en particular- para poder comprender cuáles vías se abren en el futuro. Si la visión global es parcial debido a su enfoque y también porque falsea algunos puntos o silencia otros, ello se debe quizás a que nuestro siglo debe ser analizado con gran amplitud por una vasta cantidad de especialistas en diversos ramos, unidos por una misma concepción histórico-filosófica, aunque con diversos matices en la interpretación. La tarea supera las fuerzas y la capacidad de cualquier historiador aislado. Ahora bien, es difícil encontrar los enciclopedistas, los Diderot y los D’Alembert de nuestra época.

Notas:

[i] [i] Fusionando primero el P.C. chino con el Kuomintang burgués y después organizando un levantamiento aventurero en Shangai y Cantón para presentar un “triunfo” al Congreso de la Internacioanl comunista, y derrotar a la Oposición de Izquierda.
[ii] Stalin y el PC alemán calificaban a los socialistas, mayoritarios en la clase obrera, de “socialfascistas” y llegaron a apoyar los movimientos nazis contra éstos, que consideran eran el peligro principal,


Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Una caballeresca glorieta


Daniel de Cullá (Desde Burgos, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

“Urganda partió como había venido:
en la gran sierpe”

Amadis de Gaula

En el Casino de Burgos
Paseo del Espolón
Liban la Agerasia
Vejez sin achaques
“Flores y Blancaflor”
Con Juan de Flores
Escritor castellano
Del siglo dieciséis
Natural de Sevilla

Os reís. Lo sé
Todavía con el aroma
De un poema de amor
Sin cerillas:
Epaminondas en Mantinea
Está dando por culo
A Agesilao, rey de Esparta
Mientras un alma fugitiva
Ha percibido un Ageste
O viento gallego
Convirtiéndose en comidilla
De la gente angustiada
Anestesiada
En el sentido del gusto

Ahí está un viejo
Con pelo de erizo y agina
Aversión a las mujeres
Para él esta una tarde pesada
Pesada como tantas
Sobrepasando los muros
De piedra que escuchan
Lo que anda diciendo:
“Yo soy Agínico
Que no tengo pistilo
Órgano femenino de la flor
Que contenga el rudimento
De mi semilla
En lechetrezna

“Que yo estoy con los Aginros
Que defienden que el matrimonio
No es un sacramento
Sino un castigo
-“Tú, díjole otro vejestorio
Yo estoy como tú
Mi polla es agina también
Pues carece de órgano
Femenino como el tuyo

Agiorno, en la claridad
Deslumbrante
De una iluminación
Destacaba una señora
Algo congelada de uva
Por la realidad de la Vida
Escuchando a otra amiga
Que hablaba del agiotaje
O especulación abusiva
Hecha con el papel moneda
Y el “¿qué será de nuestros nietos?
Respondiendo la primera:
“O se hunden
O vuelan”

El viejo primero se le acercó
Con una mano metida
En el bolso del pantalón
Muy cercano a la bragueta
Y al oído le decía:
“Agito el manubrio
Y me turba
Lo muevo violentamente
Y me inquieta
Me perturba
Mira, Oriana
Cada vez que te veo
Me da un vuelco el troncho
Y es que te quiero
Hija puta

La mujer estuvo por darle un manotazo
En la jeta
Pero se le fue la mano y le dio
En los dos huevos aglutinados
Pegados uno con otro
¡Qué visión¡
Era como si un poeta
Aquí al lado de la puerta
Hiciera un poema de agnición
Recorriendo los versos
Diamétricos
En calidad de una persona
Con otoño y primavera
Entre las `piernas
O entre el Pater noster
Y la Comunión
Cuando, mira por donde
La vieja tres veces bien se lo hacía
Convirtiendo el Agnusdei
En objeto de amor y devoción
En la cercanía de un cuerpo de viejo
Agobiado e inclinado hacia el suelo
Tanto, que se le veía
La agojía
O canal por donde sale el agua
De las minas

“En rastrojeras y en dehesas
A mí siempre me ha gustado
Joder y follar”, dijo el viejo
A quien conocían por Amadís
Prosiguiendo:
“Yo ya agorroneo
O froto mi potro
Con la sangre de una yegua
Cuya cría ha nacido muerta
Para que me adopte
Como hijo agostero
Religioso que soy
Destinado a coger por Agosto
La limosna de Chichis
Y chirimías
Ay, follar en Agosto
En rastrojeras ¡

“Ahora me siento
Con mi emperador mogol Alkbar
-Así llamo yo a mi picha
Como un virrey del Imperio
Haciéndole una cosa
Que le favorece y hermosea.
Ya lo veis:
“Ahora o allá lo veredes”
Como dijo Agrajes
En el Amadís de Gaula”
Blandió la lanza
Más bien la lancetilla
Espoleó sus nalgas con las manos
Y se colocó en un extremo
Del patio de Jumentas y Asnos
Del Casino
Pidiendo a una camarera
Que venía tambaleada
Por haberse torcido un pie
Un carajito.


Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Plástica. Desde España: Entre la evolución y la revolución - La long durée de la felicidad humana


Jon Juanma Illescas Martínez

Después de casi 4 años sin realizar una “gran” óleo, es para mí una alegría muy grande poder compartir con vosotros mi última creación. El título de la misma es “Entre la evolución y la revolución: la long durée de la felicidad humana.”. Deseo que la pintura sea de vuestro agrado.

En esta obra he querido “hablar” de la evolución del homínido, los antecedentes del ser humano, nuestras semejanzas con chimpancés y bonobos, etc. Ello como principio. Y dentro del largo camino de la evolución, la revolución como fin y necesaria (r) evolución (nueva evolución) del homo sapiens. En la pintura intento expresar la necesidad urgente del socialismo para la raza humana, que es una, tal y como señalan los antropólogos progresistas. Por ello, por encima de supuestas razas y nacionalidades, que la más de las veces se utilizan como barreras semióticas para separarnos de nuestros objetivos compartidos, he intentado subrayar la unidad del género humano y su necesario camino hacia la liberación. Su vía hacia la sociedad donde ya no competiremos lxs unxs con lxs otrxs sino que caminaremos juntos hacia la mayor libertad posible y el fin de la opresión.

Y entre medias la felicidad, con y sin ironía. Felicidad atrapada en nuestra tensión permanente entre nuestra parte animal, irracional y subconsciente frente a todo lo bueno que la cultura humana ha desarrollado (el saber escrito, la música, las artes plásticas, etc.) con un homenaje a la parte positiva que tuvo el Neolítico en cuanto al dominio de la agricultura. En la obra hay un homenaje continuo hacia la tierra, la cual es origen junto con el trabajo y la actividad humana, de la totalidad de productos con los cuales nos alimentamos materialmente y espiritualmente.

El óleo está realizado sobre una tela de 160 x 90 cm y pronto, por supuesto, espero tenerlo en sociorreproducción para que las más amplias mayorías puedan tenerlo en casa. También lo coloco aquí a una resolución decente (aunque menor que una sociorreproducción) por si queréis libremente imprimirlo y decorar vuestro entorno. La técnica empleada, a diferencia de otras ocasiones, no ha sido el método flamenco de veladuras y capas que data de Van Eyck en el siglo XV, sino que he llegado a un procedimiento mixto entre los flamencos posteriores (como por ejemplo Van Dyck) y algunos procedimientos propios de pintores del siglo XX como Dalí o Rivera, Josep Renau o Joan Castejón. En no pocas zonas he utilizado los dedos y deliberadamente he querido remarcar los contornos de forma un tanto antinaturalista para darle expresividad y un mayor peso perceptivo a los personajes. Como podréis comprobar sigo con mis tonalidades agresivas y eléctricas y el cuadro se caracteriza por un gran colorido. He intentado que fuera una composición estructuralmente armónica, tanto formal como psicológicamente, pero con puntos centrífugos de mayor atención y tensión dramática. Espero de corazón que el resultado sea de vuestro agrado.

Para más información, consultar aquí: http://jonjuanma.blogspot.com.es/2012/10/entre-la-evolucion-y-la-revolucion.html


Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

El Che, poeta revolucionario


Daniela Saidman (Desde Venezuela. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

El 08 de octubre de 1967, Ernesto Che Guevara fue herido en combate en la Quebrada del Yuro, en Bolivia, y por él se conmemora el Día del Guerrillero Heroico.

Presente en la memoria de sus días, de sus ires y venires por la América Mayúscula, derramado en las solidaridades y en las luchas, Ernesto Che Guevara (Rosario, 14 de junio 1928 – Bolivia, 09 de octubre de 1967) está más vivo que nunca, más vivo que siempre.

Mito y realidad, al Che trataron de convertirlo en souvenir, afiche o panfleto… tal vez porque esa era la única forma de asesinarlo, pero su imagen es para muchas y muchos una verdad a prueba de tiempo, y su ejemplo renace una y otra vez en los sueños libertarios de los pueblos. Médico, guerrillero, ministro, trabajador, el Che también fue poeta.

Su imagen, la imagen del hombre, se repite en muchas paredes, una y otra vez su mirada convoca a la ternura. Ese Guevara infinito que vive y sufre la América contradictoria, es y será siempre una llamarada de esperanza. Ese revolucionario inmortal legó además de su ejemplo y su convicción de lucha, los versos que son memoria de sus días, de sus ires y venires.

Voz de los silenciados, de los olvidados, de los nadies, el Che supo temprano de los dolores humanos, del hambre centenaria y así, su palabra se hizo estandarte para acompañar y acompañarnos en todas las luchas y en todos los sueños de hoy y de mañana. Guevara es el imprescindible Quijote latinoamericano, el que nos ha enseñado a endurecernos “sin perder jamás la ternura”. El Che es palabra y ejemplo, hombre que ha trascendido las geografías y los tiempos, para ser siempre presente.

MÉDICO REVOLUCIONARIO

Fue en 1947 cuando Ernesto Guevara ingresó a la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. Durante 1952 viajó por Argentina, Chile, Perú, Colombia y Venezuela en compañía de Alberto Granados. El título de médico lo recibió en 1953.

Luego de sus vivencias en Bolivia y su posterior contacto con exiliados latinoamericanos en Perú, llegó a Guatemala en diciembre de ese mismo año. Apenas un mes después, en enero de 1954, entabló amistad con Antonio Ñico López, uno de los participantes del asalto al Cuartel Moncada. Y precisamente después del golpe de Estado que derrocó al gobierno democrático de Jacobo Arbenz, el Che partió a México, donde conoció a Fidel Castro y se enlistó como médico en la futura expedición del Granma. En 1956 los revolucionarios partieron con destino a Cuba. El desembarco se produjo el 2 de diciembre.

De allí en adelante el Che se convirtió en uno de los más valientes combatientes que tuvo la revolución cubana. Y su entereza y honestidad lo llevaron a ocupar importantes cargos en la naciente Cuba revolucionaria, entre ellos el de Presidente del Banco Nacional de Cuba y Ministro de Industrias.

El 3 de octubre de 1965, en el acto de constitución del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, Fidel leyó la carta de despedida del Che. El guerrillero heroico partía a Bolivia con el nombre de Adolfo Mena González.

El 08 de octubre de 1967, Ernesto Che Guevara fue herido en combate en la Quebrada del Yuro, y un día después asesinado en la Higuera.

LAS VOCES DEL CHE

La América india, negra, pobre, saqueada… se dibuja en las manos del Che, extiende sus alas y vuela sobre las ganas y las utopías necesariamente realizables. En sus versos convergen la tierra y el color de Nuestra América, como un amasijo de cantos, llantos, resurrecciones, rebeldías y truenos. Él es la tierra sembrada de esperanzas, hijo nacido del vientre de todas las mujeres que sueñan otros mañanas.

Con sus ojos cruzados de paisajes, anduvo el Che poeta los recuerdos y los afectos. Avanzaron sin piedad sus pasos por la geografía del silencio impuesto. Irrumpió en la memoria de los jóvenes que eran, de los jóvenes que somos. Una estrella tiritando de frío en la sombra, descubierta en las voces que recitan en susurros su nombre de héroe sin misterio, de hermano y compañero.

Su canción es himno de lucha, viento que despeina el polvo, lluvia que moja lo que no puede seguir siendo. Resurrecto en las horas, el Che permanece en la estatura de su ejemplo. Su mirada estará en las selvas, en los desiertos, en los mares y los ríos, en todos los continentes, cuando su voz estalle la noche. Él sigue cantándonos rebeldías, indicando caminos, señalando errores, amando la palabra y la tierra. El Che vive y vivirá siempre que alguien lo nombre, que alguien lo invoque a mitad de una tarde sin sombra. Vive en la mirada niña y en los pies descalzos y sin escuelas, vive como viven todos los que construyen rebeldías y libertades. Porque no ha de morir nunca el que hace de su vida una fértil semilla de sueños.

Vieja María, vas a morir

“Toma esta mano de hombre que parece de niño
entre las tuyas pulidas por el jabón amarillo,
restriega los callos duros y los nudillos puros
en la suave vergüenza de mis manos de médico.
Descansa en paz, vieja María,
descansa en paz, vieja luchadora,
tus nietos todos vivirán la aurora. LO JURO”.

Ernesto Che Guevara


Despedida a Tomás

“Un día, aunque mi recuerdo sea una vela
más allá del horizonte
y tu recuerdo sea una nave
encallada en mi memoria,
se asomará la aurora a gritar con asombro
viendo a los rojos, hermanos del horizonte
marchando alegres hacia el porvenir”.

Ernesto Che Guevara



Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

El grito


Rafael Plaza (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Roja
roja la sangre
la libertad roja
rojas la ira y la injusticia
la pasión roja
roja la muerte
rojos los sueños
roja la utopía
la esperanza roja
rojos el grito
el clamor
la guerra
roja la frontera
rojo el cielo
el amanecer rojo…

¡Rojos aquellos todos
a quienes
el imperio oprime
el poder silencia
la opresión ahoga
la bota aplasta
la espada degüella
la cruz aturde
la oscuridad aterra...
rojos tú y yo
de vida y sangre!


Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

“El Pájaro”


Carlos Alberto Parodíz Márquez (Desde Alejandro Korn, Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Fabián descendió sus largas pestañas, como un telón, sobre el fondo de los ojos verdes.
El atardecer en Pinamar, en un otoño dorado, le devolvió ilusorias sensaciones.
Fumó, ahuecando las manos y en cuclillas, forzando la reflexión y el tono, monocorde, de la confesión.
Susana lo escuchaba en silencio, hacia horas.
Luego de una caminata agotadora y descartable.
A ella le fascinó el aire desamparado, que la delgada figura de Fabián, desprendía.
Guardó silencios flamantes, para aliviar la profundidad de la pena.
Ella pensó en un café fuerte y solidario, para pausar el relato.
Ambos parecían contenerse en las líneas de la frontera, difusa, donde la confidencia borraba brumosas certezas de lo imposible.
La magnitud del nunca más.
La loca danza del protagonismo irrelevante y final.
Fabián pareció confiar en ella, desde siempre, tal vez por la sonrisa animada, prudente y capaz de fortalecer.
El, desorientado, vagó durante un tiempo, sin atreverse.
Tampoco se supo explicar porque debía hablar aunque, secretamente, aceptaba que alguna vez tendría que hacerlo.
Ambos fundieron un gesto cómplice para proseguir el camino.
La soledad anima cuando alguien necesita compartir el peso de una verdad oculta.
Las dunas jugaron un papel hipnótico para el relato de Fabián.
Susana sabía que podía completar la historia, pero él lo ignoraba, como tantas cosas que ella omitía.
Los veranos escalonados, fueron soldando la relación fraternal.
Ella intuyó, la primera vez, lo difícil que para él, resultaba cada temporada, cuando “El Pájaro”, líder, protagonista excluyente, exultante, seductor y encantador de mujeres, se le escurría entre muslos dorados, senos turgentes, pezones duros y bocas ávidas.
Susana lo vio morder la impotencia y una suerte de odio pasivo, hacia cada mujer que se lo arrebataba.
Pero “El Pájaro”, era hijo de su fama y ésta, la construía cada verano, sin descanso, como un orfebre.
El consuelo fecundo de Fabián, se alimentaba de los repliegues del invierno, cuando “El Pájaro” era suyo.
Cuando advertía que la soledad desbordaba a “El Pájaro”, de alas descendentes, humedecidas, que le impedían volar y lo abrigaba en sus brazos.
Amó los climas que él nunca respetó.
Pero la templanza suya nacía de la declinación de él.
Y los dos no se lo perdonaban.
Así Fabián combatía en temporada, los fantasmas del acoso cotidiano que rodeaba a “El Pájaro”.
Su parador tenía el sutil encanto de la discreción, a la que no era afecto, pero la gente y el sitio, oculto y próximo al mar, multiplicaba la fascinación y misterio, que cada pasajero, ansioso de placer, renovaba.
Los secretos códigos que “El Pájaro” nunca había escrito, eran respetados, tolerados o aceptados por quienes, durante tres meses, entendían, que "todo pasaba por allí"; que nadie podía estar ausente.
Era de mal gusto desconocerlos o, tal vez mucho peor, no ser tenido en cuenta.
Ser ajeno, resultaba precio demasiado caro, en ese lugar y para esa gente.
Un riesgo que nadie aceptaba correr.
La arena receptaba el sol e irradiaba oro encandilante.
No era suficiente.
El mar rumoreaba descontento, como siempre.
El viento, arrachado, encorvó a los paseantes.
Levantaron los cuellos de sus abrigos.
Susana, con una delgada vara de mimbre, parecía buscar, con su extremo, alguna respuesta; detectar razones; guiarse por su intuición.
Comprendieron que la cuerda, leve, que los mantenía unidos podría cortarse.
Disfrutaron la fortuna de tropezar, a una distancia razonable, con las líneas, insinuadas entre las dunas, de un refugio, donde se albergan
peregrinos o fugitivos, en busca de alcohol, calor y compañía.
Coincidieron en un sitio alejado, que les permitiese contemplar la sobrecogedora belleza que alguien pinta, cada vez que el sol decide irse, inexorable, indiferente.
El mar parece beberlo rojo y se contiene la respiración en el momento final.
Compartían el deleite, desde hacía un tiempo.
Hay coincidencias mágicas que unen a las personas, en preferencias estéticas, sin importar la condición de cada uno.
Se arrellanaron en la tibieza de dos sillones, frente a un fuego de leños, que les entibiaba el alma.
Susana aumentó la apuesta, a la temperatura interior y pidió un cognac que sumó al café, para multiplicar el amparo confortable.
Un dulce adormecimiento laxó los minutos siguientes.
Susana viajó hacia atrás en el tiempo.
En busca del calor perdido y la historia peregrina que los tenía reunidos.

Un verano mas, o quizás de menos, tu saludo breve arrebata un sueño, viajo con la prisa de urgencias desnudas, abro tus piernas, te hago el amor y tu... me saludas.

Soy la fiesta, una ansiedad,
el lucero de tus pasos,
luz en la oscuridad,
la tibieza arrebatada,
tu pasión desesperada,
un reclamo de canción,
la pausa de la razón.

Susana apoyó la nota contra el cristal y miró las dunas, desde el amigable ventanal que disfrutaba.
Había interceptado casualmente, el texto, en una curiosa confusión que la tuvo de protagonista.
Al principio, ignoró su contenido, junto con el destinatario.
Esa media tarde, cuando el almuerzo confunde los horarios, la levedad que viste cada acto de frivolidad, la había rozado.
Supo de Carina, delgada, menuda, de ojos y miradas expresivas, por haberla visto, fugazmente, junto a “El Pájaro”, en las puestas de sol confidentes.
Advirtió, rápidamente, un trato distinto, deferente, por parte de él.
Ese seductor compulsivo, obligado, que tanto divertía a Susana y hacía agitar su cabeza, a “El Pájaro”, como renegando, en silencio de su irreverencia.
“El Pájaro”, concedía a Susana ciertas indulgencias, intransferibles.
Sabía, que Susana no le disculpaba tanta liviandad y promiscuidad.
Sólo que el tono de ella no era crítico.
Al tiempo, “El Pájaro” supo revelarle el significado de la presencia de Carina.
Presencia furtiva, episódica, necesaria para “El Pájaro”.
Carina, dueña de silencios inviolables, había ganado en “El Pájaro”, un lugar diferente.
Una suerte de capilla secreta, donde confiaba y se confiaba.
Trabajar y vivir de ganador, era demoledor y “El Pájaro”, a veces, estaba exhausto.
Carina adquirió el hábito, intermitente, como todo lo que sucede en verano, de acompañar algunas fatigas espirituales, que “El Pájaro” no se permitía exhibir ante el resto.
La fiesta de esa noche, sería brillante, pensó Susana.
No había ninguna razón para suponer lo contrario.
“El Pájaro” hacía brillar la mas trivial reunión, dotándola de una magia especial, que en cualquier otro sitio y con los mismos invitados, seria un fracaso.
El encanto, obvio, era “El Pájaro” mismo.
Inventaba todo el tiempo.
Sorprendía, mérito que progresaba, cuanto más avanzaba la modernidad y el desencanto.
Su candorosa alegría, graduada sabiamente, lo relevaba de la culpa.
Así, por lo menos, pensaba Susana quien, desde su condición de espectadora, tenía primera fila, para los devaneos de visitantes y protagonista.
Carina, esa media tarde caliente, en una pausa fugaz, junto a su mesa, olvidó aquel texto que Susana, cuando partía en busca de su familia, se sintió obligada a recoger.
Con la frente apoyada contra el ventanal, procuraba reponerse.
La nota no tenía firma. Para ella, no la necesitaba.
Sabía que Raquel, también, integraba esa red que se tendía alrededor de “El Pájaro”.
No lo podía creer. No debía saber. Ni siquiera preguntar. Tampoco averiguar.
Sus familias compartían todos los juegos del verano, las tertulias del invierno. Las cruzadas de los fines de semana. Las excursiones
procesionales que sus maridos organizaban. Las cacerías que ellas proponían, cuando decidían salir de compras, sometiendo al grupo.
Ese verano, con ellos, había llegado Fabián por primera vez, con aquel aire de ave herida.
Susana participó del impacto que “El Pájaro”, produjo en el chico. La batalla que dentro de él se libraba, para tomar distancias de él.
Pero Susana nunca creyó serio que Raquel hubiera, por su cuenta, abordado
A “El Pájaro”.
Sólo recordó una reunión, en la finca que aquella había arrendado, esa temporada; una desaparición, ahora sugestiva de los dos, durante un tiempo prolongado.
En aquel momento Susana no prestó atención al episodio.
Ahora, tuvo la certeza del significado.
Tembló por todos.
Raquel y Fabián, pujando por lo mismo; ignorando los sentimientos del otro.
Porque Fabián, Susana estaba segura de ello, conocía el infranqueable muro de cristal que lo separaba de Raquel, en cuanto a la confidencia.
Raquel era demasiado protagonista, como para escuchar a alguien por más de un minuto.
Su dedicación a sí, era absoluta.
Un narcisismo bien alimentado, por ella y quienes la acompañaban, cortejándola a espaldas y, a veces, de frente a su marido.
Fabián, integraba el entorno familiar de Raquel y, aunque bajo el mismo techo, estaban a años luz de la comunicación.
Susana, con la nota en la mano, caviló sobre la conveniencia de intervenir o tomar una decisión.
Intuyó que estaba acorralada y que se iba a equivocar.
Era cierto.
Toda una certeza y se equivoco.
La fiesta, espléndida y cargada de la sensualidad que todos, excedidos de tibiezas, aportaban, vagaba del sonido policromo, a los platos y bebidas, organizados, dosificados, con una precisión superlativa.
“El Pájaro”, sabía juntar a la gente mas linda.
Competían en la rigurosidad de la belleza, que daba un tono excluyente.
Susana, a favor del arrullo sonoro y copa en mano como arma próxima, acodó a Raquel en un remanso de luna.
Es que el lugar disponía, de la invitación no escrita, donde lo mágico, era sin cargo.
Adivinó cierta rigidez en la espalda desnuda de Raquel.
Todo un cuadro de líneas perfectas.
Susana guardaba, más allá del afecto, una secreta admiración por la figura impecable de ella.
Una de esas mujeres imposible de ser sorprendidas desaliñadas.
No había hora, donde una sola línea desentonara.
Todo en ella era armonioso, exquisito.
Esa noche descollaba.
Susana decidió ir sin vueltas.

- Raquel... quería devolverte esto... dijo y la nota cambió de mano.
El ceño de ella se frunció, levemente.
Una ligera molestia que la situación incómoda le ofrecía.
Dudó si aceptar la tutoría.
Terminó por admitir que Susana no merecía un desgaste absurdo.

- ... ¿como llegó a tu poder? ... interrogó a su vez, con tono lejano y cierto resabio de altivez.
El tono que se usa para admitir, sin confesar, pero sin irritación.
Con la soberbia galanura de su porte.
Raquel manejaba, como nadie, la distinción en cada gesto.
Podía hacer sentir a los demás, un indefinible dejo de incertidumbre e inferioridad, no confesa.

- ... Carina estuvo sentada conmigo y de paso tomamos algo... fuimos dos silencios juntos... pero suficientes... resumió Susana divertida.

- ... ¿Carina? ... eso no me gusta... el tono cortante de Raquel, daba por sentado que Susana sabia todo o, tal vez, que desde ese momento su complicidad la convertía en protagonista.

- ... “El Pájaro”... parece diluirse a veces... es un tipo formidable... pero vulnerable... agregó, reflexiva.
- ... creo que pudo más mi curiosidad que su encanto... se admitió.
Susana sumaba silencios estimulantes.
- ... pero sigo sin entender algunas dependencias inviolables que tiene... prosiguió, en su monólogo compartido.
- ... hay algo que lo perturba profundamente y no resiste... me parece... pero no se que es... me puede su ternura y termino por no reclamar ni aclarar...
El espejo al que se hablaba permaneció en la sombra de la galería.
- ... seguro que es algo así... grave profundo o excesivo para él... ¿no te parece? ...
Susana se estremeció, sorprendida, no esperaba tener que opinar.
No le gustaba estar bajo la luz de la interrogación.
Prefería los medios tonos y conducir, desde la penumbra, el curso de los hechos.
Era más seguro.
Más control y le permitía, sobre todo, la sorpresa.
 - ... es posible... alcanzó a responder, para salir del paso, brevemente, pero Raquel no se lo iba a permitir tan fácilmente.
- ... demasiadas mujeres en demasiado corto tiempo... monologó Raquel.
- ... todas parecemos tenerlo anotado... como trofeo íntimo...
- ... debí contártelo antes... pero fue sorpresivo...
- ... un ciclón en la noche...
- ... y no pude... luego no tuve... y ahora siento que no debo, compartir demasiadas cosas...
- ... lo acepto... añadió Susana.
-... pero tienes otros riesgos, tan próximos, que ni siquiera, pareces advertir... multiplicó rítmica.
- ... Raquel hay algo... hay alguien... que no sabe...
- ... hay alguien que de saberlo podría destruirse... enfatizó, ligeramente.
- ... ¿quién... Daniel? ...
- ... mi marido nunca llegaría a una crisis... afirmó enérgica.
- ... además... el resto quedó trunco.
Susana no tuvo más remedio, inspiró profundamente antes de develar.
- ... Fabián... Raquel... Fabián es quien se destruiría... el golpe fue letal.
Ella se volvió bruscamente.
El impacto de la revelación la sorprendió.
Algo se desencajó dentro suyo.

Susana parpadeó. El último latigazo rojo, del sol, azotó su vista. La devolvió a la realidad. Al sitio. A Fabián, acurrucado con su dolor. Las delicadas pestañas, adiestradas por la vigilancia serena, insomne, corrieron un telón a las emociones del recuerdo.

Desfilaron rápido, como el tiempo inexorable, cada uno de los momentos que habitaron con Raquel. La revelación sacudió toda su relación de una vida, hasta allí placentera, algodonada, cómoda y distante. Ambas pasaban por la realidad cotidiana, lejanas, a las situaciones límites del común de las gentes, sin aproximarse lo suficiente, por lo menos para enterarse, para ellas era higiénico. Duro, pero necesario. No comprendían demasiado, tampoco les interesaba. Sin embargo, tropezaron con “El Pájaro” y todos, de alguna manera, cambiaron.
Susana se lo aceptó, Raquel tuvo un silencio elocuente. En ella era todo un signo. La revelación supo ser demoledora y sólo ellas, podían asimilar la magnitud. Sus maridos, espectadores del otro lado del espejo, compartían un paisaje desconocido. Los excluyeron de lo importante, hacía tiempo. Ellos atendían sólo, lo urgente.
Raquel, una mañana y sin aviso, la interceptó bajo la curva oscura de la carpa. Ese toque feudal, que disfrutaban con exclusivismo superior ha cubierto de supuestos avatares.
- ... Pequeños asesinatos cotidianos... supo admitirse Susana, alguna vez.
- ... Voy a verlo a Fabián... tengo que hablar con él... no intentes disuadirme... afirmaciones en voz alta y para sí, aunque Susana era la destinataria. Esta, ajedrecista del alma de Raquel, estrenó un silencio.
- ... Tiene que saberlo por mí... ya pensaré la forma... volveré a las cinco, para almorzar... ordenó, sin admitir cambios o deliberaciones.
Era su estilo. Raquel no sabía retroceder. Las cornisas eran sus citas preferidas. Allí, la adrenalina, le daba respuesta. Sobre esta actitud había construido su vida. Así, la conocía. Así, la adivinaba. Así, la moldeaba, impersonal, Susana.
- ... Sólo piensa... antes de hablar... sabía que era un imposible.
Pero sintió necesario recordárselo.
- ... Agitar gusanos en el agua, no te hace amiga de los peces... advirtió suave pero enérgica. Graduaba el tono. Su voz siempre fue el instrumento preferido. Elegido. Su arma. Su herramienta.
Lo sabía y era una especialista, en su manejo.
- ... Raquel... el cristal, cuando se rompe, no tiene arreglo...cuidado.
No era para ella, finalmente, el mensaje. Lo sabían. Sus códigos fueron alimentados por fértiles complicidades. Raquel hacía. Era frontal. Era, también, su destino. Ella obedecía su impulso vital.
Susana operaba desde el costado de la escena; la conducía; muy a su pesar a veces, o a su fatiga, pero ambas estaban profundamente ligadas, sobre todo en las decisiones de la intimidad, su territorio.
Raquel partió rauda, elegante, elástica; su aroma era un rastro.
Una llamada. Susana, esa mañana, cerró los ojos antes de lo acostumbrado y decidió sumergirse en la pausa perceptiva.
un ligero roce, en su muñeca derecha, la devolvió a la playa. “El Pájaro”, casual y transitorio, trajinaba su bronceado perfecto. Venía de viajar por la piel tersa, fresca y excitante de Majo, esa mañana. El fuego sereno, que se activaba a un soplo.
“El Pájaro” la descubrió, no hacía mucho, cuando la última línea de luz, todavía no decidía su mudanza. La vio erguida, alta, soberbia, y espléndida, dibujada contra la tarde, con su cabello claro y largo, deslizado y negligente. Detalle fascinante para “El Pájaro”. Abrió el arcón de las seducciones, para exhibir sus tesoros. No fue necesario, Majo de una mirada, compró ese tiempo.
Cómo orfebres, fueron modelando la cita, que llegó aquella mañana. Majo tuvo tiempo, entonces, de saber quien era “El Pájaro”. La leyenda, alimentada en los pasadizos; regada en los arenales; surcos de historia; rumor de histerias y paisajes eróticos. Las protagonistas, alineadas, conmovían. Firmeza de formas, fiesta para los ojos y los sentidos. Abrían, en otros, heridas producidas por astillas de cristal, dolorosas y que calaban hondo.
El pequeño gran asesinato estaba por cometerse. Homicidio involuntario, tal vez. La cita, convenida para antes de su chequeo médico, puntual, inflexible, que su marido agendaba, le daba horas de libertad, que decidió pasar con los fastos de una fiesta total. Una mañana donde “El Pájaro” precisó, con la yema de los dedos, cada centímetro de su piel. Marcó ese territorio, para hacerlo suyo, lentamente, gozando con la levedad. Ella enloquecía y crecía. Sinuosa y mortal. Una trampa escondida en la profundidad de los sentidos. Estallaba como fuegos de artificio. Se acoplaba a él con la exactitud del todo. Resultaron viajeros insaciables.
Sus cuerpos dibujaban figuras de máxima tensión, para derivar en el placer supremo. Llegaban a límites inciertos. A fronteras imprecisas. Resistiendo la culminación. Prolongaban el goce, como si fuera la única vez. En Realidad, la última vez.
Susana intuyó en ese leve roce, parte de la historia. Sonrió, comprensiva Y silenciosa. “El Pájaro” agradeció con el gesto cansado, pero feliz y cómplice. Dibujó en la arena. Una sombra buscando su sombra.
- ... ¿Dónde anda Raquel? ... su tono era ligero y vano...
- ... salió... tenía que hacer unas visitas antes del almuerzo... abundó Susana. No supo preguntarse por su mentira.
- ... Volverá cerca de las cinco, quedamos en compartir... su voz se extinguió; se disculpó, por tener la verdad. El seguía los arabescos del dibujo, enfrascado, como tratando de salir de un túnel, donde había ingresado sin saber por donde. Pero era un perfeccionista de la absolución, sobre todo cuando armaba su sonrisa encantadora...
- ... ni lo intentes conmigo... advirtió Susana. Tan sola como siempre.
Tan inalcanzable como nunca. “El Pájaro” y ella, a su manera, construyeron una terraza para contemplar, sin preguntarse, el derivar de sus vidas...
- ... en estos días voy a Madariaga, tengo cosas que vengo postergando...
- ... quería charlar con vos y con ella... antes de irme... por si demoro y no nos vemos... El tiempo, ese deslizador reiterado, amarró una vez más, las tribulaciones de los personajes costeros. Silencioso, como llegara, “El Pájaro” partió, furtivo y dispuesto a regresar, a la hora apuntada. Susana volvió a cerrar los ojos, teloneando a los silencios imprudentes y a las confesiones no debidas. En la carpa de al lado, alguien rescataba “El Alpha” de Vangelis, haciendo saltar su emoción, con la cuerda del más antiguo de los juegos.

Desde ese almuerzo, donde los silencios anudaron, como cuentas de collar la comprensión, los días se deslizaron, raudos, para todos. Largos ocasos sin “El Pájaro”, intermitente y difuso y una sensación de pérdida creciente, como cuando la naturaleza abandona las tibiezas de la arena, altiva y sin sentir, que deja atrás, invadió a los habitantes de la villa.
Desasosegados, algunos nunca supieron que y cuanto les ocurrió, la temporada aquella. Era una víspera. Velaban expectativas sin certezas.

Un rápido taconeo, inesperado en el salón, donde la penumbra abrazaba a los contempladores, rescató a Susana y a Fabián. Ambos, por caminos distintos y misteriosos, recorrieron el mismo, sin verse. Pero ahí estaban, en el peldaño de la revelación.
- ... no encienda las luces... el tono suave, pero firme, disuadió del servicio que se intentaba brindar. Susana manejaba los timbres y los momentos...
- ... una mañana de abril, no hace tanto, “El Pájaro”, repentino, me confió el diagnóstico... Fabián...; ella había resuelto apurar motivos.
Las urgencias no latían al mismo compás. Se metalizaban los tonos... - ... sólo Carina estaba al tanto... que extraño... sólo ella, la que menos lo frecuenta, en todo sentido ... Carina depositaria de la verdad ... curioso, conmovedor, terrible, injusto ... no sé qué decirte ...; Fabián crecía y el discurso, aluvional, se deslizaba sobre Susana, impregnado de las frustraciones, el dolor y el amor desbordado, de Fabián por “El Pájaro”...
- ... nunca confió primero en mí...; pareció interrogarse...
- ...y cuando lo hizo, era tarde, para todos ...
- - ... la impotencia que provoca la revelación, me detuvo ... hasta que llegó el final ...; concluyó, descargado.
Susana recordó el veloz deterioro de “El Pájaro”; ese espléndido aniquilamiento del personaje mimético de la villa. No midió el tiempo.
Compartió el dolor de algunos, la indiferencia de otros, el gozo secreto Y perverso de quienes envidiaron y la simulación de la mayoría, que esperaba un pronto final y olvido, para esa historia de todos.
Lo decidió de súbito. Tomó del brazo a Fabián y lo irguió...
- ... salgamos ...; dijo. Su tono no admitía réplicas. Dócil, Fabián la siguió, luego de hacerse cargo de los gastos ... me voy ¡ya! ... Fabián ...; notificó, perentoria ...
- ... ¿quieres venir conmigo? ...; dulcificó allí, la invitación. Fabián vaciló ...
- ... me gustaría ... no tengo ganas de estar sólo, hoy ... pero tengo algo que hacer en Madariaga ... ¿viniste en auto? ...; informó y se informó ...
- ... no ... ¡me voy en micro, o en lo que sea! ... ¡pero me voy ahora! ... ¡no quiero esperar! ...
Fabián volvió a vacilar. Las decisiones eran un territorio dificultoso para él ...
- ... “Su” ... me voy primero a Madariaga ... si postergás unas horas te encuentro y ... ; ella lo atajó con un gesto ...
- ... no lo sé Fabián ... si hay una posibilidad se hará ... no te lo prometo ...
Se despidieron apurados, vacíos de cargas o transferidos de culpas. Susana ordenó sus cosas, en la casa, que había venido a inspeccionar. No midió el tiempo ni los horarios. Sus usos eran erráticos y lo sabía bien. Aprendió a convivir consigo, con lo mejor y lo peor de ella.
No quiso explorar la urgencia repentina.
Subió al micro, confortable y con las estrellas necesarias, capaces de aventar cualquier incomodidad, sólo un detalle impensado, una parada alternativa: Madariaga. Susana pensó en Fabián. En las horas que separaban su última imagen, de ese momento. Mientras el lento ascenso de los viajeros consumaba el peaje de los destinos, se adormeció. Su hábito de preferencia.
El mundo algodonal, donde marchaba más cómoda.
La detención, la parada en el pueblo de Madariaga, la devolvieron a la hora, al tiempo, a la mirada circular, al paisaje exterior, a la calle a las sombras ... a la figura familiar ... a ... ¡Fabián!, algo extraño, pero a Fabián. Aguzó la mirada. Profundizó el foco. Se alarmó. Por su andar parecía sobrellevar más que una tribulación, limitaciones físicas.
El, no advirtió al micro; ese micro; ni a ella. Bajó apurada, preocupada y enérgica, en procura de un reclamo fortuito.
Fabián, asustado, volvió la cabeza al oírse nombrar, respiró con cierto alivio al descubrirla. Las lágrimas comenzaron, lentas a surcarlo. Susana permitió que apoyara la cabeza en su pecho, sin alzar la mirada, vencido por el peso de la humillación. Le confió su llegada a Madariaga, los trámites, el patrullero imprevisto, los tres policías dubitativos, por su pelo largo, por la hippísima luz, que su andar desmañado mostraba y, por las formas y fascinación de su belleza. Fabián no era lindo.
Fabián era bello.
El interrogatorio de la calle, su acceso, violento, al patrullero, el ingreso a la comisaría y las complicidades sumadas, de los dos que velaban la guardia y sus grados. La codicia que avanzaba, a medida que el equipaje, con algunos efectos y algo de dinero, alimentaba lo que se venía.
El calabozo, los interrogatorios estúpidos e innecesarios. La ausencia de resistencia, no tenía nada que ocultar, fortificaron los golpes, las vejaciones y por último, ante su silencio, las violaciones que se fueron organizando, entre los cinco.
Cada uno quiso y pudo gozarlo, humillarlo, disfrutarlo, obligarlo, provocando la excitación del resto. Un carnaval de sexo y alcohol, sudor, golpes, más golpes, más vejaciones, más violaciones, hasta que el agotamiento y los excesos, pudieron sobre el grupo. La cumbre del desprecio, fue liberarlo.
- ...¡ Pero lo logré ... Susana .... lo logré ...; ella conmovida y final, como un acorde, no entendía.
- ... Resistí en silencio, nunca dije nada, nunca conté, nunca se enteraron y nunca se enterarán, porque tampoco preguntaron...; el tono era feroz. Se alzaba como un aullido que vibró en la tarde noche de Madariaga.
- ... ¡Me voy... ahora me voy... no viajo con vos ... podés peligrar ... me voy! ...
- ... pero recuérdalo, nunca lo dije ... nunca dije ... que estoy contagiado ...
Violento, se apartó. Corrió. Trepó al micro lindero. Susana subió al suyo.
Cerró los ojos. Descendió sus sedosas, arqueadas y largas pestañas. Marchó hacia el sueño. Sabía que alguien la estaba esperando.


Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Tubos


Gustavo E. Etkin (Desde Bahía de San Salvador, Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

No sé para qué o para quien escribo esto. Pero tengo que escribirlo.

Es que siempre recuerdo aquel lugar en que empecé a estar. Era suave, calentito. Yo flotaba en una agüita tibia. ¡Era tan lindo! Pero una vez las blandas paredes que estaban alrededor mío se endurecieron y me empujaron por un pequeño tubo que me apretaba. Y me seguían empujando hasta que me encontré en un lugar desconocido, con fuerte luz, frio.

Sentí una gran tristeza y me puse a llorar.

Ahí fue cuando escuché una voz que cantaba “arrorró mi nene, arrorró mi sol, arrorró pedazo de mi corazón”. Y me dormí.

Poco a poco me fui acostumbrando a ese nuevo lugar, tan distinto del otro! Pero siempre quise y sigo queriendo volver a aquel lugar suave y calentito.

Por eso busco siempre tubos. Como ese por el que salí una vez. Aunque ahora los quiero para entrar, estar cerca, aunque sea un poquito, durante un momento, de lugares como ese que siempre extraño.

Tal vez por eso también me recibí de ginecólogo.

Pero aun así, no consigo estar de nuevo en ese lugar.


Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

El arte…


Anastasios Notakis (Desde Grecia. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El hombre es "un ser sociable" escribió Aristóteles, y todos estamos de acuerdo en que el hombre no puede vivir solo y por eso se ha organizado en comunidades para mejorar su vida a través del esfuerzo colectivo.

Comenzando por la satisfacción de las necesidades biológicas (como comer y vestirse), sigue realizando actividades cada vez más complicadas, empujado por la fuerza invencible del descubrimiento de nuevas formas de comunicación.

El Arte está en la cima de esta búsqueda porque tiene el poder de suprimir fronteras de cualquier tipo. Escuchamos una música que ha grabado alguien que no conocemos, vive en otra parte del mundo, habla otro idioma, es de otro color o religión y probablemente nunca conoceremos, pero nuestro corazón late al mismo ritmo que su música. Vemos una foto y reconocemos nuestros pensamientos, leemos un poema de un poeta cuya mano ha escrito nuestras angustias, nuestras dudas, nuestros amores. Así, gracias al Arte los muros caen y podemos comunicarnos a través de una lengua común: la lengua del Arte.


Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

La mirada, la palabra y las cosas


Edgar Borges (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

"Mi propio nombre, en mi boca, me produce siempre una impresión extraña".

Emmanuel Bove

A las palabras le asesinamos su significado y a las cosas les dimos vida propia. La educación conservadora nos enseñó las palabras para obtener resultados, no para recorrerlas (como hermosos procedimientos interminables). Creímos que con sólo decir “positivo” se nos abrían las puertas como si de un acto de magia se tratara. En el entramado del no pensamiento vaciamos el contenido de las palabras y nos convertimos en repetidores del guión de los diseñadores de la maquinaria. La palabra pasó a ser un eco muy lejano, imposible de descifrar. Letra muerta, gestos controlados, vínculos rotos. Colectivos desarticulados. Violencia legal contra el pensamiento. Mucho nos olvidamos (y demasiado se empeñan en hacernos olvidar) que de un extremo se pasa a otro extremo. De la saturación a la indiferencia hay medio paso. De la palabra como dogma hemos llegado a la palabra como nada. La palabra como cartilla de escuela quedó aplastada por el ruido del carnaval de las opiniones. Nos olvidamos de preguntarnos qué decimos cuando queremos decir algo. No obstante, en ese ir y venir del verbo, parece que dejamos las palabras adjudicadas a determinadas cosas y nos fuimos, en retirada hacia la no vida, como si la comprensión de ese algo no dependiera de nosotros. La pared siguió siendo pared por sí misma, ya no nos preguntamos para qué es pared. Igual nos pasó con el resto de la casa y con los objetos de la calle. Y en la derrota de los significados se nos rebelaron las cosas.

Entre las palabras y las cosas se produjo una distancia. Esa distancia la hemos creado con la pérdida de la mirada. Una vez que la palabra perdió significado, las cosas se convirtieron en entes independientes que administran nuestras vidas. El ser, alejado de la interpretación, pareciera haber olvidado que las cosas significan algo sólo desde la perspectiva de una mirada. Las palabras no son estrictamente algo, las palabras pueden ser restos de un lenguaje vacío. Es el ser quien les da forma y sentido a los símbolos. Sin embargo, en esta diatriba de valores las cosas han pasado a valer más que las palabras. Como si las cosas ya no necesitaran ser nombradas. El pragmatismo actual (que desacredita aquello que no es medible) nos ha llevado a desestimar aquellas palabras que no representan valores tangibles. En el reino de la rentabilidad amor es una palabra intangible que pierde importancia ante la palabra mueble. No obstante, poco o nunca recordamos para qué sirve el mueble. Es la sola cosa la que pasó a tener relevancia (y vida) en la cotidianidad del sin sentido. ¿Cuántas veces nos preguntamos si el automóvil sirve para algo más que para transportarnos? Es posible que las cosas comiencen a ser problemáticas una vez que nos dejamos de preguntar para qué sirven (el pragmatismo pretende que nos preguntemos por la utilidad del amor y no por la del mueble).

Una camisa o una bandera no hacen existencia ni patria si no hay personas. El ruido le ha abierto un hueco de muerte a la significación de lo que hay más allá de los nombres. Ocurre que detrás de un nombre hay un ser que, como las palabras, necesita ser recorrido. Y en el imperio de lo concreto sólo valen las palabras que representan una utilidad directa, demostrable. Del mueble al automóvil y del volante a los símbolos de la avenida, siempre con algún aparato en la mano, rodeados de cosas interminables que están hechas para respondernos la vida según el (fugaz) manual de la uniformidad. El miedo al laberinto siempre nos lleva a un callejón sin salida. Las cosas están fabricadas sólo para darnos rápidas respuestas. El ser humano sólo consigue salidas desde las preguntas.

Quizá habría que recuperar la energía de las palabras. Su aire, su frescura, su camino abierto. Llevar el sentido de interpretación al punto de equilibrio de la cuerda por donde atravesamos la historia. Vivir para recorrer palabras y utilizar cosas. El otro día interrumpí mi recorrido de a pie para detenerme ante el semáforo en rojo; de pronto un conductor frenó y desde la ventanilla de su automóvil me hizo señas para que atravesara la calle. Demoré mi paso en medio de la sorpresa que me produjo aquel sencillo acto. Mucho rato después sólo pude decirme que aquel sujeto era un extraño intérprete del justo sentido de las cosas.


Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Hombres de la revolución (parte III de III): Chávez


Guillermo Guzmán (Desde Barcelona, Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Las ideas no sirven de nada si no andan volando, el movimiento es eterno para lo abstracto y para lo concreto y aunque no todo ni todos tenemos el impulso necesario para andar, hay que andar y ¡come avispa que cigarrón atora!

Las operaciones mentales parecen no tener finito, yo creo que una idea es como un pajarito, que puede volar libre sobre las más altas montañas, tal vez -¡OH, simplemente la libertad!-, o acaso estar prisionera, como en una jaula, en la cabeza del pensador del que se trate -¡Desperdicio!-.

Hay que conocer el funcionamiento de la mente, saber que los procesos intracerebrales operan con estímulos externos, además, y que uno vive en un íntimo ir y venir entre el concepto y los sentidos, entre palabra e imagen que se combinan, imagen y palabra por lo demás simbólicas y muchas veces cargadas de dogmas que impiden ver la esencia de cada problema porque el dogma restringe el campo perceptivo.

A mayor cantidad de datos de la realidad la verdad se afianza, no obstante sin dejarle la puerta abierta a la duda metódica -(René Descartes)- porque la flexibilidad del conocimiento es una fortaleza enorme.

Para un individuo de malos modales -éste que soy- no fue fácil creer a pie juntillas en Chávez, el 4 de Febrero de 1992, para entonces me faltaban datos, así que evalué cuidadosamente los elementos a la vista, sus palabras, sus gestos y muy importante, el contexto de su declaración contundente, observé que la velocidad de su cerebro le permitió tomar decisiones en medio de una crisis, más allá o más acá de lo acertado o erróneo de lo aludido y, sin guabinear, me dije entonces: ¡Ése sabe donde está parado y no es cerebro lento, voy a adherirlo a mi causa!

Discúlpeseme lo de adherirlo a mi causa porque suena vanidoso pero, francamente así lo pensé entonces, mas, ahora resulta lo contrario porque he sido yo quien se adhirió a la suya que resultó mil veces más avanzada y eficaz.

Cuando se es crítico, poco importa partir de un concepto equivocado, uno enmienda en movimiento, es que somos una eterna inacabada evolución. Sería poco probable para mí, remontarme con éxito en el análisis hasta los primeros momentos de la insurgencia de Chávez a la escena política pública nuestra y, propiamente, ese no es objetivo de estas reflexiones, el objetivo es intentar hacer comprender el vertiginoso proceso político, ahora, no se trata de un comprender absoluto, consagrado, definitivo y non plus ultra, no, de ninguna manera.

Todo lo contrario, propongo comprender nuestro proceso revolucionario y comprender al líder Hugo Chávez de este momento.

La ciencia definitiva no existe, todos saben que es así y en eso me baso en algo para tratar de promover el chavismo como una propuesta política en movimiento expansivo, nada más que eso.

Acá todo anda de prisa y estamos ocupados, nadie de nosotros se las sabe todas pero, desde que Chávez asumió liberar el poder para entregárselo al pueblo, hemos tenido que tratar de reprogramar formas de acción política nuevas y más ajustadas a la realidad.

AD y Copei se agotaron, entre otras razones, porque se sumergieron en una fatal competencia de élites desde las cuales monopolizaron todas las reglas de juego, se convirtieron en máquinas sin participación del pueblo pero lo que fue peor, lo garrafal estuvo en excluir a la juventud, de ahí que el Pentágono, la Casa Blanca y el Departamento de Estado gringo, ante la debacle del bipartidismo a su servicio -AD y Copei- optaron conformar un parapeto (MUD) y un “líder” pret a porter (Capriles) para derrocar a Chávez pero, ¡Oh, que sólo obtuvieron una cigüeña cabezapelá!

Chávez, en contrario al bipartidismo lamebotas (AD-Copei) y su satélite URD, estimuló y estimula en el pueblo el derecho a pensar y a criticar y tanto es así que cada comuna asume un protagonismo concreto respecto a su interés más sentido en lo particular pero sin soslayar el gran objetivo superior que es la soberanía y la independencia patria, en primera instancia.

La paz es una necesidad, independientemente de quien la proclame, pero a decir claro, quienes vivimos con un plato de comida en la cabeza -figuradamente, a la procura de que todos puedan comer- somos campeones de la paz y, he ahí a Chávez con sus esfuerzos de paz: arroz, café, carne, pescado, harina, aceite, leche y pare de contar insumos subsidiados para que Venezuela coma felizmente a diario.

Mientras la oligarquía chupasangre mueve los resortes de la escasez para que el pueblo se muera de hambre y se ponga contra Chávez, éste dispuso Mercal, Pedeval, Abastos Bicentenarios y toda suerte de distribución de alimentos para que el pueblo acceda a todo lo necesario, a todo evento.

La red de salud cuenta con centros de atención integral por doquier y es absolutamente gratuita para toda la población, ni la más sofisticada clínica privada del más avanzado país de este Planeta Tierra cuenta con tal para echarnos en cara, y eso es revolución socialista.

Y, aunque a mi modo de ver, la idea clásica de socialismo debe pasar a retiro, no sin antes ser debatida, pienso que el socialismo bolivariano debe nutrirse de todas las experiencias habidas a ese respecto y hacer florecer una nueva concepción potente, ideológicamente abierta pero rigurosa, despojada de dogmas, basada en el conocimiento de la verdad científica y en lo más posible despojada de contradicciones.

¡Ojo, nadie más que Cuba y Fidel nos han ayudado con la salud!

Chávez creó el “Cardiológico Infantil Rodríguez Ochoa”, uno de los más modernos y completos del mundo y, donde son atendidos gratuitamente miles de niños no sólo de Venezuela sino de cualesquiera países del Hemisferio Sur e inclusive del Hemisferio Norte.

Niños de la -por el capitalismo- asolada Europa, han sido gratuitamente atendidos acá y, eso es socialismo bolivariano.

Así es que digo -valga de prisa y sin preámbulo- que en el capitalismo las cosas son para el que tiene para pagarlas, no para el que las necesite; y, en el socialismo, las cosas deben ser para el que las necesite sin que tenga que pagarlas.

De los errores es mejor conocer sus causas, a veces la información que uno tiene disponible en la cabeza no está debidamente organizada y, peor, que si uno no está curado en ese sentido, la rigidez en el proceso de pensar y de hacer, es como ir por un camino cuya puerta final está cerrada.

Chávez tiene un extraordinario sentido del cuadrilátero y conocimiento del enemigo, sabe además que la fuerza determinante en toda batalla, más que el arma propiamente dicha, es la disciplina y la moral y, por si fuese poco, el patriotismo es lo que insufla el poder moral.

Chávez tiene un apreciable conocimiento de nuestra historia, a diferencia de sus enemigos y, quienes precisamente esgrimen una estrategia chimba consistente en tratar de anular la historia, burdo papelón para pretender desubicarnos.

Ello no es casual sino planificado en el imperio como arma letal contra toda América del Sur, que es también el Caribe, y más allá también pero, enfoquemos el asunto específico de Venezuela porque se trata de la confrontación entre Bolívar y Monroe.

Bolivar representa un sistema de valores libertarios y Monroe un sistema de valores esclavistas; valores frontalmente contrapuestos históricamente y que ahora están sobre el tapete y valga que así sea porque la pérdida de contacto con nuestras raíces, nos desubican.

Un sujeto fuera de su historia pierde el sentido objetivo de su justificación, es un pedazo de realidad a la deriva en vez de ligado a su mundo concreto y pasa a ser objeto de alienación, presa fácil del imperio chupasangre y vil de tal vileza que Nerón.

Puede haber desaparecido la época en que James Monroe y Simón Bolívar existieron físicamente pero los valores que los llevaron a confrontarse, no. Así como una moneda del mundo antiguo ya desparecido, no cumple la función que entonces tuvo para el intercambio, hoy esa moneda es contentiva de otros valores que nos permiten descifrar en algo el proceso social de entonces y así sucede con muchos valores históricos que van cumpliendo otras funciones, por ejemplo, nos permiten hacer deducciones acerca de la evolución histórica.

Mañana o pasado mañana muchos de los valores que ahora priman en nuestra realidad actual, ya no serán tales sino otra cuestión pero que permitirán a futuras generaciones averiguar acerca de nosotros. Es la dinámica histórica.

¿Cuánto vale hoy el Partenón o el Circo Romano o tal o cual Pirámide de Egipto o una tumba Inca o azteca o la Torre Inclinada de Pisa y pare de contar restos de historia?

¿Por qué el imperio norteamericano destruyó la Biblioteca Nacional de Bagdad cuando su invasión a Irak; busca el Fondo Monetario Internacional comprar las ruinas del Partenón y para qué?

El Plan del gobierno norteamericano es desmantelar el mundo y nada más sensible a esos propósitos que la cultura ajena a ellos; el peor colonialismo es el colonialismo cultural, sépase.

En su afán de destruir la historia del mundo no sería descabellado que Estados Unidos pretenda bombardear Caracas y que un “daño colateral” sea destruir el Panteón Nacional donde reposa El Libertador.

¡Pero tendrían que conformarse con la bicha, con la cigüeña citada!

Nada extraño es que los enemigos de Chávez y de Venezuela se burlen de la historia y banalicen todo lo que tenga que ver con ella, para eso les paga el imperio, a sabiendas de que la pérdida de contacto con las raíces, desubica a cualquiera.

¿Qué puedes ser tú si no tienes en la cabeza a tus padres y a tus abuelos ya desaparecidos?

Y, si tú no piensas en tus hijos, nietos tataranietos y más que vendrán y ya no podrás ver tampoco, ¿qué eres?

En ambos casos, si no tienes en cuenta tu historia, tus fuerzas flaquean para seguir y luchar, eso te hace perder empuje en la batalla, en la lucha por la vida y por la paz. El imperio puja por convertirnos en un hecho aislado pero francamente somos eslabones de una cadena histórica propia, genuina. Somos una gran patria, somos la Patria Grande a la que el gringo teme.

Es tamaña inmoralidad despilfarrar el petróleo que no sólo es de nosotros sino de quienes ya no están y de quienes habrán de venir porque el pueblo somos todos.

Y así como el petróleo, el agua, la biodiversidad, la autodeterminación y la dignidad deben ser compartidas a la buena en toda la Patria Grande. Pero Estados Unidos pretende apoderarse de lo que es potestad nuestra.

Evocar la historia e inclusive la protohistoria, nos ubica en el deber; Estados Unidos es nuestro principal enemigo y por eso su planificación es borrarnos de la mente a Simón Bolívar hasta en retrato.

Mirar en gran perspectiva hacia el pasado y hacia el futuro contribuye a ubicarnos en el centro de nuestra realidad y es precisamente hacia donde debemos tender, eso es asimilar la realidad.

No a la esclavitud, no al saqueo de nuestro patrimonio y he ahí que Chávez en tanto Líder y hombre de pensamiento organizado evoca la historia para ilustrar, con formidable coherencia, la necesidad de transitar hacia un modelo de sociedad anticapitalista, antiimperialista, por el bien de todos: El Socialismo.

Todo conocimiento necesita una revisión constante porque lo que sabemos o acaso pretendemos saber, sin excepción, caduca cada cierto tiempo. Helo aquí, que sabía las canciones de Pedro Infante y las de Jorge Negrete para cantarle a las muchachas de entonces, y ahora ni me acuerdo y ni le saco buenas notas a la guitarra, aunque canto salomas porque éstas suelen ser improvisadas y para eso no hay límite ni métrica, basta un palo de ron y un motivo (pintado de azul).

Tampoco tengo la destreza de lanzar la atarraya como otrora y mucho menos puedo distinguir un bagre de un rayao o un mondeque de un futre y ni siquiera una sardina de una lisa y, en otro orden de cosas ya ni sé lo que digo, estoy jodido, ando medio atarantado.

Pero cargo intacto, no obstante, mi sentido del deber patrio y mi condición revolucionaria, antiimperialista y bolivariana, de ahí la identificación con el Comandante Chávez aunque no comparto su identificación religiosa ni algunas de sus blandenguerías con el enemigo, especialmente luego del golpe de Estado que lo derrocó e hizo manar tanta sangre nuestra. Pero ese es otro tema.

En sentido lato, percibo a Chávez como a un valiente y prodigioso Líder militar y político, audaz pero no temerario, cercano tan cercano al pueblo que es proverbial su casi carnal cercanía y, por si poco fuese media en una relación más que de amor de ternura con los más pobres.

Toda la admiración y el respeto hacia el Comandante Chávez se traducen en la más denodada lucha por el socialismo, única manera de darle felicidad al pueblo.

Lamentablemente hay mucha gente que no está en estado de comprender lo evidente porque es gente sin cabeza, manipulada por la televisión y el periódico que sólo sirve para uno poner un fax o un telegrama en caso de emergencia sanitaria; el enemigo manipula la evidencia y envenena el espectro informativo y la víctima de ese funesto fenómeno social es quien precisamente sirve de sustrato al enemigo para sus aviesas e inconfesables maniobras.

Es tarea imperiosamente impostergable de la revolución bolivariana, abordar el desmontaje de lo que Marx llamó “falsa conciencia de clase”, en un significativo sector de la oposición que debería estar con nosotros. La falsa conciencia de clase es producto de la estrategia norteamericana para desagregar al pueblo trabajador.

Pongo un ejemplo simple para tratar de hacerme entender, si en un barrio tal se da una epidemia de fiebre o de diarrea en los niños, que suelen ser los más vulnerables, no bastaría sólo ir a vacunar a tutilimundi, habría que ir a la causa que seguramente pudo ser una charca de lluvia donde se incubaron los mosquitos o acaso otra causa vectorial; es a la causa, además, a donde debemos ir para abatir radicalmente la enfermedad.

Pues bien, acá en Venezuela se ha incubado una nueva enfermedad mental que se llama escualidismo y la multiplicidad de causas son las televisoras y los periódicos privados que bajo la hegemonía de Estados Unidos, de modo obstinado, satanizan al Comandante Chávez y en ese jueguito perverso han caído víctimas incautas, muchos compatriotas.

Unas y unos más que otros -televisoras y periódicos- han sobrepasado de manera reiterada y retadora lo pautado en las leyes de la República y a eso hay que pararle los mochos.

Globovisión es la televisora más abiertamente agresora y “El Nacional” dice apártate, en tal sentido.

Mientras tanto, el Estado ha sido, incomprensiblemente, demasiado débil para aplicarle el ácido a esos delincuentes sociales.

Esperemos que esa sinvergüenzura no siga en adelante.

Pero, esa no es tarea del Comandante, hay organismos específicos como la Conatel, la Fiscalía Nacional, La Asamblea Nacional y otros quienes deben coger el toro por los cachos y abatirlo.

“Por ahora…” las acciones de los hombres son su medida fundamental.


Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Música: Desde el Polo Norte, la música de los esquimales


ARGENPRESS CULTURAL

Para nosotros, occidentales, la música tiene ciertos esquemas, ciertos patrones a los que estamos tan habituados que, cuando escuchamos cosas muy diferentes a ellos, no podemos apreciarlas como producción musical. Pero la música que hemos desarrollado los seres humanos en nuestras distintas culturas a través de la historia es de lo más diversa. Para muestra, esta que presentamos hoy: música de los esquimales

¿Quiénes son, en realidad, los esquimales? Ellos no se autodenominan así, sino “unangan inuit”, que significa “persona”, “habitantes” u “hombres”, pues los esquimales se consideran como la raza humana por excelencia. Ellos desconocían la palabra “esquimal”, que es un término occidental.

Habitan en la mitad del círculo polar Ártico a lo largo de la costa ártica de América del Norte, desde Groenlandia en el este hasta la orilla asiática del estrecho de Bering, Alaska y las islas Aleutianas, la tierra de Baffin y las zonas de la bahía Hudson. Eso significa que ocupan un vasta región de más de seis millones de kilómetros cuadrados con un índice de población muy bajo, de menos de 150.000 habitantes en total.

La música esquimal se puede dividir en al menos cinco diferentes categorías: 1) las canciones de baile, 2) los rituales chamánicos, 3) la música ceremonial, 4) las canciones de juego y 5) las canciones cómicas.

Algo que es común en todos estos tipos de música es su técnica de canto, caracterizado por una gran tensión vocal y pulsaciones rítmicas sobre largas notas. La mayoría de sus obras se acompaña de batido de tambores.

Las canciones de la danza son los más comúnmente cantadas, y por lo tanto son las más conocidas, y también el principal exponente de una generalización común de la música esquimal. Son interpretadas generalmente tanto por mujeres como por varones, con los hombres golpeando los tambores todos juntos, mientras otros grupos de mujeres y de hombres bailan. Estas canciones se realizan generalmente para distintos fines: para hacer comentarios sobre las hazañas heroicas, para extender invitaciones, para dar la bienvenida al recién llegado, para ridiculizar, para satirizar, para traer buena suerte, para demostrar resistencia.

Por otro lado, las canciones chamánicas están relacionadas con los poderes religiosos del chamán o brujo. Se interpretan con frecuencia para la curación de un enfermo, para el control del tiempo, como invocación y como exorcismo de los espíritus malignos.

La música ceremonial es aquella que se lleva a cabo en un evento determinado de la comunidad. Por ejemplo, ciertas canciones se realizan exclusivamente para festivales como el Aiyáguk, para el festival Tcauiyuk, para el festival de la vejiga o Atigi o para la fiesta de los muertos. Las ocasiones de la muerte, de la caza y la puesta en marcha de un nuevo navío son tres ceremonias no periódicas que se acompañan con un tipo de canción específica para cada una de ellas. El tema de la música ceremonial también incluye canciones de duelo, que son esencialmente un método de resolución de conflictos a través del canto.

Las canciones de juego presentan muchas formas. Un ejemplo es la canción de la bobina. En este juego el jugador se tuerce un tendón que se ata alrededor de su pie al ritmo de la canción; al final de la canción debe tener el tendón completamente torcido. Luego, en una segunda canción, se desenrosca de la misma manera. Otro juego es el de la cuna; en él una figura compleja se realiza con un bucle de cadena, mientras que en transcurso de la canción se extraen algunas lecciones morales que la forma de la figura cadena representa.

Un juego musical muy típico de los esquimales es el canto de dos mujeres, que implica una gran resistencia vocal. En él dos mujeres cantan al unísono haciéndose eco una de la otra. El intercambio de las mujeres tiene características singulares, consistiendo todo el juego en ver quién resiste más: la primera en quedarse sin aliento o romper el ritmo pierde. Esta es una forma musical única, no repetida en ninguna otra civilización.

Seguramente para nuestra estética occidental no podría decirse que esta música es “bella”. Lo cual, por tanto, remite a la consideración sobre la belleza como un patrón absolutamente cultural e histórico. Sin dudas podemos sentir “rara” toda esta producción, pero no por ello menos interesante. Para muestra, aquí dejamos algunas obras.














Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.