miércoles, 7 de noviembre de 2012

Narrar para ser


Gianfranco Pecchinenda (Desde Italia. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

“Tengo cuarenta años y sé que la muerte de un padre es un acontecimiento que deja huella y que habré de inmortalizar, si quiero llamarme escritor.” Esta frase, con la que Alan Bennett parece casi querer justificar su detenimiento en la figura paterna a lo largo de su delicada y conmovedora autobiografía, podría haber sido escrita por uno de los tantos autores que escriben y han escrito acerca de la relación Padre-Hijo. De hecho, serían innumerables los ejemplos en la historia de la literatura, en la que transparenta, arrolladoramente, la importancia de la figura paterna en la vocación de un escritor: desde los grandes clásicos como Kafka, Dostoiewski, Borges o Rulfo, pasando por entre los más diversos y significativos autores contemporáneos -Carver, Handke, Shepard, Auster, Pamuk, Roth, Franzen y muchos otros más- que, siempre de manera muy sugestiva, logran traducir, cada uno a su manera y con su propia cifra estilística, la búsqueda de un nexo con esta, tan necesaria como estorbosa figura, tan central para el conocimiento de sí y la estructuración de cualquier tipo de organización social.

Empero, si queramos, las diferentes referencias al padre pueden considerarse también como una ocasión, si no un verdadero y propio pretexto, para introducir toda una serie de otras importantes temáticas, de algún modo relacionadas entre sí, que conciernen a la memoria, la vivencia temporal, la identidad, la narración, el arte, la ciencia. Y la literatura, sobre todo. Sí, porque la literatura tiene algo de propio y de específico que enseñar sobre muchos de los problemas que las disciplinas científicas siempre debaten. Muchos escritores, y en este sentido Proust podría ser considerado emblemático, han sido a menudo capaces de entender y explicar algunos de los mecanismos del comportamiento humano, mucho antes que tales explicaciones fueran reconocidas y corroboradas por la investigación científica, recurriendo a sus diversas metodologías.

Para las ciencias sociales, lo sabemos, los modelos posibles extraídos directamente de la literatura son infinitos y se pueden hacer remontar a los orígenes mismos del debate metodológico que se genera en su interior. El mejor ejemplo es quizás el de Balzac. Como ha demostrado Pierre Barberis, en una original investigación, Balzac había desarrollado en Les Chouans tres grandes cuestiones que serían después analizadas por las ciencias sociales sólo en los años sesenta del siglo XX: la marginación, la opresión de las mujeres y la juventud.

Así como Los Buddenbrook de Thomas Mann, la historia del ascenso y del declive de una familia de la alta burguesía mercantil a lo largo de cuatro generaciones, logra informarnos de los orígenes, las contradicciones y las incertidumbres de la sociedad capitalista occidental mucho más, y mucho mejor, de lo que lo han hecho decenas de investigaciones y estudios sociológicos durante todo el siglo XX. O, todavía más, así como Lev Tolstoi, con La muerte de Iván Ilich, ha ofrecido a todos nosotros lo que puede ser considerado como un insuperable tratado de tanatología. Nadie, mejor que él, ha logrado -como ha sido escrito eficazmente- narrar y hacer humanamente comprensible qué significa la experiencia de la muerte en la sociedad moderna. Sin embargo, aún yendo más allá de las grandes obras maestras, la novela contemporánea no deja de presentarnos ejemplos de obras que podrían considerarse verdaderos y propios laboratorios sociológicos, en particular en lo que concierne al análisis de algunas delicadas temáticas.

En un precioso ensayo sobre Robert Musil, publicado alrededor de hace veinte años, Peter L. Berger, deplorando la persistente incapacidad de historiadores y sociólogos (no obstante sus múltiples y también apreciables tentativas) de lograr poner de relieve de manera definitiva y satisfactoria, por ejemplo, el fenómeno de la identidad -o sea, de cómo el hombre moderno difiere de otras variaciones de la especie-, proponía superar este impasse buscando un guía precisamente en la literatura y, en particular, en la gran novela moderna. Algunos géneros narrativos -sostenía él- al conferir una forma particular a la experiencia, la vuelven inteligible según modalidades que a su vez permiten poderle atribuir un sentido y un significado tanto a nivel individual como colectivo. Y la narración hace posible esta “forma particular”, gracias a la elaboración de una gramática del tiempo.

En este sentido, la narración es la manera con la que los seres humanos organizan y construyen su propia relación con la temporalidad y -a través de su “gramática”- hace posible la creación de una “realidad” o de un “mundo” posible y no necesariamente cierto, objetivo o empíricamente verificable. Según una sugestiva intuición de George Steiner el tiempo, y en especial la percepción humana del tiempo futuro (“la capacidad de discutir hechos que pudieran acaecer el día después de su propio funeral, o dentro de un millón de años en el espacio interestelar”) sería una característica aparecida relativamente tarde en la evolución del lenguaje humano. Y, cosa según yo del mayor interés, lo mismo vale para el conjuntivo y para los modos contrafactuales asociados a los tiempos futuros. “Sólo el hombre -escribe Steiner- en lo que alcanzamos a concebir, dispone de medios para modificar su propio porvenir a través de las subordinadas hipotéticas, generando, por ejemplo, expresiones como: ‘Si César no hubiera ido aquel día al Capitolio’”. Me parece que esta “gramatología” imaginaria, formalmente inconmensurable, de los tiempos futuros verbales, de los conjuntivos y de los optativos, ha desempeñado un papel indispensable, hoy como ayer, para la sobrevivencia y la evolución del animal lingüístico.

Con base en estas consideraciones, el eje de la búsqueda contemporánea parecería evidenciar un desplazamiento de una orientación de carácter prevalentemente ontológico, a uno fundado principalmente en los procesos relacionales y comunicativos; es decir, una búsqueda orientada ya no hacia un análisis descriptivo y formalizado de determinados modos del ser, sino hacia un análisis narrativo de las intenciones del ser en el ámbito de una realidad que hay que conjugar “en subjuntivo”. O, más bien, hacia aquel modo gramatical cuyas formas -como ha explicado muy eficazmente Jerome Bruner- “vienen usadas para denotar una acción o un estado así como están pensadas (y no como un hecho), y por esto ese modo se usa para expresar un deseo, una orden, una exhortación, o un evento contingente, hipotético o previsto”.

Esta así llamada conjuntivización de la realidad implicaría a su vez la producción de un universo referencial, en el que tenemos que ver ya no con certezas incuestionable, sino con hipotéticas posibilidades humanas; aquellas denotadas por los optativos, de los modos gramaticales del deseo que abren la cárcel de la necesidad fisiológica y de las leyes mecánicas. Según una feliz expresión de Milan Kundera, se trata de poner en el centro de la atención no tanto la así llamada realidad sino la existencia. Y esta última no necesariamente se limita a lo que se ha realizado efectivamente, pero se vuelve “el campo de las posibilidades humanas, de todo lo que el hombre puede devenir, de todo lo que es capaz”.

El salto de estos temas a aquellos, tan delicados como fascinantes, relativos al nexo “ficción y realidad”, es extremamente corto. Y esto, con mayor razón si, como nos invita a hacer el escritor mexicano, se convoca a la mesa de nuestros relatores una mente aguda y sabia del calibre de Borges, para reflexionar, a través de sus palabras, en el hecho de que, “si pensamos en un personaje histórico del pasado, por ejemplo Alejandro el Macedonia, y si pensamos en un personaje de la literatura como Macbeth, no pensamos en ellos de un modo distinto. Es decir, a la larga, todos los seres son memoria, no sólo los seres de carne y hueso, sino los de la literatura también. Nosotros mismos seremos tan irreales o tan reales como personajes literarios después de nuestra muerte. Y en caso de personas famosas, pueden serlo en vida también, es decir, ser imaginados por otros. No hay dos modos de imaginar a un personaje […] El hecho de que uno haya sido creado con palabras y el otro haya existido en carne y hueso, no supone una diferencia: Nos imaginamos a los dos de un modo idéntico.”

Se trata de un tema, como se sabe, muy caro a otras grandes figuras de los inicios del siglo XX; baste con pensar en Miguel de Unamuno y Luigi Pirandello, entre los principales actores de aquel pertinente manifiesto artístico según el cual la idea de ficción narrativa debería ser considerada como el mecanismo más adecuado para ajustar hasta el más efímero de los confines posibles entre la realidad y la ilusión artística, y como instrumento de análisis no sólo filosófico-existencial sino también histórico-social. “Digo – escribía el gran don Miguel de Unamuno en el lejano 1927– que nosotros, los autores y poetas, nos creamos y nos re-creamos también cuando escribimos una historia, cuando inventamos, cuando damos vida a personas que pensamos existen en carne y hueso, afuera de nosotros. ¿Mi Alfonso XIII de Borbón y de Hasburgo-Lorena, mi Primo de Rivera, mi Martínez Anido, mi conde de Romanones no son otras de mis creaciones, parte de mí mismo, como son mi Augusto Pérez, mi Pachico Zabalbide, mi Alejandro Gómez y todas las otras criaturas de mis novelas? Todos nosotros, que vivimos principalmente de la lectura y para la lectura, no podemos separar a los personajes históricos de los personajes poéticos o novelados”.

Y de la misma manera, autores como Camus, Borges o Rulfo, al narrarse y al desdoblarse en sus obras, sobreviven como seres de ficción de sí mismos, transformándose de las criaturas que fueron, en los personajes que quedarán después. El hecho de decir – como don Miguel recordaba– que don Quijote y Sancho Panza tienen más realidad histórica que Cervantes, y que no fue Shakespeare quien creó a Macbeth y Hamlet o al Rey Lear, Falstaff y Otelo, sino que fueron ellos quienes lo crearon a él, parece no poder entrar en la cabeza de aquellos que han estudiado la historia sin un mínimo de sentido histórico. Y todavía, haciendo una particular referencia a cómo compartía con Pirandello la idea de que los seres así llamados “de ficción”, podrán ser quizás menos reales que los hombres empíricos y fisiológicos, pero que resultan ciertamente más verdaderos, como hoy se diría, más verosímiles, añadía: “Los héroes de aquella que llamamos ficción, todos los hombres arquetipos y creadores -nadie crea más de una ficción- no viven de lo que se llama realismo, sino de su verdad: la verdad que se ahoga en el realismo”.

Pero también es posible referirnos a ejemplos que derivan de la relación entre literatura y ciencias, como la neurobiología y la neurofisiología del cerebro. Tomando como punto de partida el trabajo de Olivier Sacks y del célebre neurofisiólogo ruso Alexander Luria, podemos afirmar que entre todas las ciencias la neurología es quizás la que más se acerca a la literatura: ambas tienen que ver -dice- con la percepción y sus problemas, sus gradaciones y sus colores. En caso, puede ser oportuno recordar lo mucho que algunos trabajos de Luria y, en particular, sus análisis de dos famosos “casos biográficos”, reunidos en los libros Un mundo perdido y reencontrado y Un pequeño libro, una gran memoria, han contribuido de manera absolutamente original a la comprensión de los complejas relaciones entre neuropatologías y la conciencia del Yo. El eje de sostén de estos trabajos, hechos tras las huellas de las brillantes intuiciones de su maestro Lev S. Vygotskij, estaba constituido por la idea según la cual las funciones más elementares del cerebro y de la mente no serían de carácter exclusivamente biológico, sino que, al contrario, serían condicionadas por las experiencias de la cultura, de las relaciones con los otros y con el mundo alrededor. Por otra parte, este planteamiento representaba uno de los pilares de aquella que había sido definida como una verdadera “ciencia romántica”, en oposición a la visión clásica de la ciencia de la época que creía deber observar los eventos en los términos de sus partes, aislando cada uno de los elementos, analizándolos a partir de los más sencillos a los más complejos, y formulando leyes y categorías áridas y abstractas. Al contrario, la visión “romántica” no pretendía subdividir la realidad y tanto menos reducir o simplificar -generalizando- su enorme riqueza, y tampoco cada una de sus complejas cualidades. Para Luria era de importancia fundamental “preservar integra la riqueza de la realidad viviente”, llegando a una nueva manera –muy sociológica- de pensar la naturaleza del ser humano.

A este fin, y en particular en los trabajos citados, los pacientes se presentan en su totalidad: la unicidad de estas dos “novelas neurológicas”, como escribió Oliver Sacks en un ensayo introductivo, “está en su estilo, en la combinación de una descripción rigurosa y analítica, con una comprensión e identificación profunda con sus sujetos”. El primer ensayo concierne a los avatares de L. Zasetskij, un hombre herido por los fragmentos de un proyectil que le habían causado un daño masivo en el cerebro y en particular en la región occipital parietal izquierda. Intercalando la voz narrativa del protagonista con digresiones de carácter neuroanatómico sobre el funcionamiento cerebral, Luria logra narrarnos la devastadora disgregación de las específicas funciones cerebrales y mentales del paciente, a la que corresponde una dramática fragmentación que afecta su identidad, lacerando todos los aspectos de su existencia. “En la memoria no hay nada -dice Luria-, no logro recordar una sola palabra, todo lo que queda en la memoria ha sido pulverizado, literalmente hecho añicos, sin algún orden. Su Yo y su mundo anteriores se han perdido. Al mismo tiempo, ya que sus lóbulos frontales han quedado intactos, él es totalmente consciente de su situación y es capaz de cumplir con los esfuerzos más determinados e ingeniosos para mejorarla.

“Este libro -recuerda también Sacks- no hubiera sido posible sin lo que había escrito el mismo Zasetskij quien, por su amnesia y afasia (ya no era capaz ni de leer ni de recordar lo que había escrito), podía solamente juntar recuerdos y pensamientos así como le llegaban casualmente, y con las dificultades y lentitudes más lacerantes. A menudo no sabía recordar o escribir y, en el mejor de los casos, lograba escribir solamente pocas páginas por día. No obstante, con perseverancia y tenacidad increíbles, consiguió escribir tres mil páginas a lo largo de veinte años y después -y éste es un punto crucial- juntarlas y ordenarlas, hasta restablecer y reconstruir su vida, realizando un conjunto significativo de esos fragmentos. La manera cómo, reconstruyendo su propio relato, logró re-apropiarse del sentido de su vivencia, del significado de su propia vida, constituye un ejemplo extraordinario por la comprensión de la relación entre lenguaje, formación del Yo y autonarración.

El segundo ”caso neurológico”, resultado de las investigaciones de Luria, constituye una biografía otro tanto “extrema”, que se opone diametralmente a la primera. Serasevskij (el protagonista de este segundo caso) es de hecho un mnemonista, un hombre que se presenta a su médico con una hipertrofia de la memoria exorbitante que, haciendo un paralelo literario, podría compararse con el famoso Funes de Borges. También en este caso, más que a una árida y abstracta relación clínica, nos encontramos frente a una interpretación humana de lo que significa vivir con una mente que registra meticulosamente cada detalle de la experiencia, pero incapaz de captar el significado de ese registro, de “captar su sentido”. “Bajo ese punto de vista -escribe Jerome Bruner- lo esencial del relato humano de Luria está presente en el espíritu de los personajes de Kafka y Beckett, simbólicamente despojados del poder de encontrar significados en el mundo”.

La argumentación que Oliver Sacks propone al final de su presentación a ese grande y subestimado estudioso ruso, está impregnada de significado y constituye una reflexión que, a mi parecer, se adapta perfectamente a la reflexion que estimo aquí proponiendo: en estos trabajos, escribe, está presente un “concepto general” que se aplica a todos los seres humanos, aunque se aplique al análisis de casos extremos de carácter patológico. Se trata, mirándolo bien, de la repropuesta de una vieja lección que nos han trasmitido ya célebres pensadores como Sócrates, Freud o Proust: “que una vida, una vida humana, no es una vida hasta que no esté analizada; que no es una vida hasta que no sea recordada y asimilada; y que este recuerdo no sea algo pasivo, sino activo, la construcción activa y creativa de la verdadera vida de un individuo, el descubrimiento y la narración de la verdadera vida de un individuo. Es profundamente irónico -concluye Sacks- en estos dos libros maravillosos y complementarios, que sea el hombre de la memoria, el mnemónico, el que ha perdido, en este sentido, su vida, y que sea el hombre amnésico destruido, el que la ha conquistado y reconquistado”.-
Una identidad se vuelve tal -podría decirse como parcial conclusión de este complejo y también fascinante discurso- a través la autoconsciencia, si y sólo si se logra transformar un material más o menos bruto depositado en la memoria (los recuerdos que de un modo u otro conciernen a la vida que se ha vivido), en una historia, nuestra historia.

El problema, de no poca importancia, pero que a veces puede emerger, consiste precisamente en la supuesta veracidad de los recuerdos y aquella –no menos significativa- de los criterios legitimados, más o menos significativos de las “pruebas” que una colectividad requiere para evaluar su credibilidad y autenticidad. La autoconsciencia individual es, de hecho, un fenómeno caracterizado por intermitencias e irregularidades. Los episodios individuales y circunscritos en los que los seres humanos, relacionando los diversos fenómenos autoconscientes, elaboran su sentido unitario del Yo, no pueden ser más que explicados haciendo referencia, como ya evidenciamos, a la cuestión de la narración y de la autonarración. A este respecto, resulta del todo aceptable la siguiente definición: “La autoconsciencia es una especie de discurso con el que nuestra mente busca reunir las varias experiencias con las que nuestro cuerpo se encuentra (y se ha encontrado) implicado, para unificarlas. La autoconsciencia, en este sentido, es una historia que se construye en nuestra mente —basándose en los conocimientos que posee, en las reglas del lenguaje, en las palabras de las que dispone, en la percepción del ambiente exterior—, y en la que, de alguna manera, encuentran lugar todas o casi todas, o por lo menos las más accesibles, las informaciones de las que la mente dispone”.

“De alguna manera”, porque estas historias muy a menudo no son ni coherentes ni verdaderas, como en el caso de las explicaciones del propio comportamiento ofrecidas por los pacientes que sufren de determinadas patologías de carácter cerebral. En este sentido, narrar de sí mismos significa ofrecer una coherencia lingüística -por lo tanto una identidad única de referencia- a las experiencias con las que nos encontramos a lo largo de la existencia.
Para concluir, encontramos a este propósito otro de los grandes temas de la reflexión contemporánea sobre sociología, literatura e identidad: Hay que narrar para ser -como recuerda Jonathan Frazen- y narrar significa reconstruir el pasado, inventarlo, crearlo y recrearlo en la escritura.

Significa también, mentir.

Cfr.: (http://www.quadernidaltritempi.eu/rivista/numero29/bussole/q29_b01.htm.)
Porque “el discurso humano no puede prescindir de la mentira. Quizás la mentira ha nacido de la necesidad de la invención narrativa, de la compleja necesidad de ‘decir lo que no es’”. En nuestras gramáticas los conjuntivos, los condicionales, los optativos y las proposiciones que empiezan con “si” hacen posible una oposición a la realidad radicalmente humana e indispensable”.

La vivencia temporal es una cuestión de óptica interna. La memoria ordena nuestras experiencias en el tiempo como un pintor ordena el espacio en perspectiva: recordar significa organizar en categorías al mundo que nos rodea y no hay ninguna manera de describir el pasado sin mentir. Narrar el pasado significa transformarlo y, si no se quiere correr el riesgo de transformarlo, entonces no merece la pena tratar de hacerlo. Pero llegados aquí, como había hecho anteriormente con Borges, basta con dejar intervenir a un autor del calibre de Isaac Singer, con quien podemos glosar: “Cuando un día pasa, deja de existir. ¿Qué queda? Nada más que una historia. Si las historias no fueran contadas o los libros no fueran escritos, el hombre viviría como los animales, sin pasado ni futuro, en un presente ciego”.

Entonces es preferible escribir, también es mejor mentir, con tal de poder contar y transmitir a nuestros contemporáneos y a las generaciones futuras las historias más auténticas y ejemplares de aquellos que, en el bien y en el mal, han sido, y reconocemos que siguen siendo todavía, nuestros padres, nuestra memoria.

Gianfranco Pecchinenda, italiano, es sociólogo y escritor. Escribe tanto en italiano como en español. El presente texto está escrito en español, y remitido directamente a Argenpress Cultural para su difusión.


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La luz burlesca de Quevedo


Edgar Borges

Quevedo, maestro burlesco de la amarga seriedad del mundo, déme hoy sus sátiras y poemas para fugarme de la cárcel donde me condenaron a la lejanía eterna. Déme luz, llévese el escepticismo de esta realidad postiza y ábrale espacio al fuego. Déme “Sueños y discursos”, déme la “Historia de la vida del Buscón”, déme “Amor constante más allá de la muerte”. Haga de esta mediocre tragedia una caricatura sangrienta que me devuelva al cosmos de los vivos. Quevedo, poeta quebrantador de la belleza sagrada de los infiernos, déme palabras y rompa barrotes. Hágaseme polvo.

Microrelato incluido en el libro catálogo “El humor en Quevedo”, en el cual participaron dibujantes y escritores de España y América Latina bajo la coordinación de Antonio Gómez Rufo (Fundación Francisco de Quevedo, Ciudad Real, 2012).

Edgar Borges es escritor venezolano residenciado en España.


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¡Arriba las manos!


Nechi Dorado (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El joven se levanta cuando la mañana
se confunde con el pliegue de la tarde.
Va remendando sueños por pasillos
alfombrados de tierra apelmazada,
donde el amor se esconde tras cascotes
entre ratas y alimañas.
De dos patas.

Saldrá con sol estrellas lluvia vientos.
Con luceros y sin ellos.
Saldrá como quien sale a bofetadas
con la vida y con la muerte que
acaricia sus mejillas todo el día.
¡Todo el día!

A las trompadas se levanta.
A cachetazos con la gente
y a palazos contra el perro
que es el único que nunca
lo abandona.
Si no conoce el calor de una caricia,
¿quién pretende que la diera?
¡Algún imbécil!

Y dura el joven, un poco niño, muy muy muy viejo.
Solo dura.

Algo le dice en voz baja
que hace falta que los pobres
sufran mucho antes de entrar al cielo
por el ojo de una aguja.
La mentira susurra en sus oídos
taponados por el polvo.
Las escuelas se cerraron,
pero otras puertas se abrirán.

Será ese el premio cuando la muerte
Se lo lleve para siempre.
Sí, claro. Para siempre.
¡Alto el precio!
Me parece.

En su bolsillo raído, tan deshilado como su alma,
lleva la foto de un santito milagrero.
Dicen, que si le reza cada noche,
hará un milagro.
Pero el santo distraído no lo escucha
no lo mira ni bendice
ni le arrima unas monedas
¡Nunca, nunca!
¡Tal vez, acaso, cuando llegue al cielo…!

Y el joven, tratando de jugar carreras
en esa compulsiva maratón contra los días,
acaricia una pistola y una faca.
Alguna de las dos, seguro que no falla.

Se empuja, envejecido como está,
antes de tiempo,
a robar a maltratar a asesinar
O a cualquier cosa. La que sea.
La que obligan los extraños
Paradigmas.

El hambre se revuelve en esa panza
Que hace ruido y se retuerce
estrujando la esperanza.
¡Acá todo es igual! Dicen que dijo.
Todo es igual.
Gritó: ¡Arriba las manos!
¡Y se le escapó el tiempo!


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Sorpresa en el ascensor: Guión-cuento


Carlos Alberto Parodíz Márquez (Desde Alejandro Korn, Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

(Un cuento abreviado del original)

Ella, desde lejos, anunciaba que tenía estilo.

Algo indefinible para la mayoría. No era su caso.

Cuando ingresó al palier del suntuoso edificio, estaba de espaldas y una airosa impaciencia, en su porte, anticipaba que no solía esperar. Ese deslizar imperativo tenía la insolencia del mar enojado.

Se tomó su tiempo, apreciando, en tanto el indicador luminoso del ascensor, guiñaba cómplice la proximidad.

Revisó su cabello largo estirado, recogido con anudador de oro, a la nuca. Depositó en el piso el lujoso maletín rectangular, de cuero negro.

Se miran, en tanto aguardan el elevador, que hace las veces de permisionario virtual para llegar al cielo. Certifica el reloj, adosado como un imán de lujo en su muñeca izquierda; de estirpe y, por lo tanto, discreto; es preciso, tanto que, en realidad, le demostró que restaba media hora, para el cese de actividad en ese hormiguero humano. Un cartel, al tono, así lo puntualiza.

Había llegado con la antelación que le fuera solicitada. Rozó, con su mano izquierda, el bolsillo interior del abrigo. Allí, el sobre marrón. Lo extrajo. Repasó su contenido. El dossier, que ella no podía ver desde su posición, estaba prolijamente ordenado; fotografía; identificación; horario de su llegada al edificio; piso y oficina, nada librado al azar.

Ella, con el dominio natural para estas situaciones, no perdió detalles de sus movimientos. Era una atención magnética. La distancia que los separaba, en ella accionaba expectativas.

Silencioso, el transbordador de personas -jaula metálica y babelica-, se detuvo y las puertas deslizaron su invitación a la leve penumbra acogedora, que parecía aguardarlos. Ascienden, son los únicos pasajeros. Ella, desafiante, preserva el estilo. Indicaron a la memoria iluminada, su piso. Se volvió, en dirección al espejo, para retocarse y comprobar, satisfecha, que su dominio y el de la situación, estaban intactos; no descuidó, en la observación, la compañía, que mantenía la cabeza inclinada.

El ascensor funcionaba con velocidad moderada y el leve zumbido del aire acondicionado, asordinaba la suave música ambiental, que regalaba climas bucólicos, casi predecibles.

Lo armonioso se detuvo a mitad de camino, entre dos pisos. La luz comienza a parpadear. Estertores de luciérnaga malherida.

Ambos cruzan, en principio, miradas indiferentes. Midiéndose, pero sin inquietud. Pasa el tiempo. El silencio crece. El hermético habitáculo progresa su protagonismo. La opresión no se queda atrás.

En ella gana terreno el nerviosismo y el desamparo. Un llanto silencioso se asomó a su mirada. La altivez rodó sin elegancia.

- ¡el encierro me aterra!... balbuceó y su espléndida figura, mutó. La mirada se tornó suplicante.

- ¡llamemos!... ¡alguien debería oírnos! Golpea, vanamente, la puerta.

La etapa de emergencia, demora, según otra referencia de instrucciones, que no advierte...

-¡por favor!... ¿qué podemos hacer?... reclama y consulta. Sus manos convulsas aferran la chaqueta gris. La oscuridad venció a la luz; todo espaciaba, lentamente. Ella se le adhiere, desesperada, entregándose, por una libertad que no le pueden devolver.

Los cuerpos se estrecharon, con ferocidad por parte de ella, invadida de desesperación.

La intermitencia es el arma de la fugacidad y la confusión.

El reloj se ha detenido.

Están suspendidos en la eternidad.

Los presumibles regresos, fosforecen.

La indefinición abre paso a la imploración, abandonándose.

Trabaja el cuerpo de ella. Sus manos la recorren urgentes; la calman y la colman. La exploran minuciosamente, luego de despojarla de sus ropas, ahora dispersas en el piso del ascensor. Conoce todas las formas del placer que reclama una mujer. Ella es arcilla. Ha abandonado el espacio del temor, ahora ocupado por el placer inesperado y de intensidad desconocida.

El control estaba en esas manos, ávidas, que conocen todas las respuestas y la transportan al universo del goce, sin etapas.

Una boca implacable derramó, en su centro vital, sensaciones imposibles que la lengua, voraz, ejerció clausurando pausas.

Se dejó estar, definitivamente, estallando furiosa; lluvia y fuegos de artificio.

La luz regresa, asombrada y acompañada del aire, la música y los servicios. El ascensor retoma la marcha.

Obediencia de vida, se detiene donde le fuera indicado. Las puertas se abren y el estuche negro, cobra protagonismo.

Busca y encuentra el elemento requerido para trabar la puerta, dejándola entreabierta.

Marcha por el pasillo, sin prisa, recorriendo con manos enguantadas, las inscripciones doradas, desafiantes, desde la parte superior de las oficinas, hasta dar con la que busca.

Abre la puerta, hospitalaria, que cede sin ruidos. Deposita el maletín sobre una mesa rectangular, que armonizaba con su diseño.

Descorre cierres y extrae elementos para montar el arma automática, con mira infrarroja.

Puso la fotografía, que había extraído del sobre marrón, al alcance de su vista.

Se dirige a la ventana, muellemente encortinada. La revisa. Descubre el visillo especialmente adaptado para apoyar el arma.

Abajo, en la calle, más precisamente en la puerta del edificio frontero, alguien, el hombre de la fotografía, rodeado de agentes de seguridad, salía.

El arma lo sigue, como un dedo de fuego y el silenciador convirtió la descarga en murmullo. El hombre de la fotografía se miró, estúpidamente, la rosa roja que iba formándose en su pecho. Alrededor, la gente corre enloquecida. Arriba, en la soledad de la oficina, era desmontada el arma, con el mismo mortífero y eficiente silencio. Guarda cada pieza en su lugar. Recorre, de regreso, el pasillo. Destraba la puerta. Emprende el descenso.

En la planta baja, en el palier ya sin gente repite, con eficiencia profesional, el trabado del ascensor.

Al salir, antes de partir, dirige una piadosa mirada al desnudo cuerpo de la mujer, desmadejada; una muñeca desarticulada; la herida que la hoja del cuchillo dejara, perfecta, casi sin sangre, avalaba una siniestra destreza y la fatalidad de un testigo inoportuno.

Antes de abandonar el edificio, abrió la parte superior del abrigo.

Frente al espejo retiró de su rostro las aplicaciones especiales.

Dejó sus cabellos libres, al viento de la tarde, que aguardaba.

Una espléndida mujer, vestida de gris, apareció en la transformación.

Extrajo del maletín una bolsa de residuos de consorcio, allí lo guardó, junto a los apliques faciales.

Al abandonar el edificio dobló, cuidadosamente, el abrigo sobre el brazo.

A unos metros, el recipiente destinatario, resultó el mejor albergue transitorio. El camión recolector, puntual, luego de doblar la esquina y casi sin detenerse, carga y compacta.

En la calle, por donde transita, grácil e ineludible, se oyen gritos destemplados.

Móviles de radio y televisión, se disputan la primicia. Coyotes de la verdad. Uno de los cronistas no se lo guarda, volviéndose a su paso...

- ¡querida! ... no desaparezcas nunca... ¡volvé... te lo ruego!...

Su risa, cristalina, fue respuesta.

El periodista, excitado, ante el micrófono, reiteraba la información...

- ¡cayó la Bolsa de Valores!... han matado al ministro...

Detiene un taxi, que pasaba. Los ruidos tienden a disolverse. Asciende. Dentro, la noticia resistía en la radio. El locutor se ocupaba...

- no hay indicios...

- en las cercanías se ha descubierto...

- la inseguridad institucional obliga a cambiar el rumbo político del gobierno...

Se dirigió al conductor, en tono de ruego...

- ... ¿podés poner algo de música?...

El hombre, deslumbrado por la visión que le devolvía el espejo y en tanto la oscuridad avanzaba, cambió la frecuencia. CLAPTON entonaba “maravillosa esta noche”.

Satisfecha, extrajo del abrigo el teléfono celular... discó... aguardando que atendieran; cuando sucedió, su voz grave, de miel, anunció...

- ... el cordón ha sido cortado... y clausuró la comunicación, cerrando sus ojos gris verdosos y relajándose por el momento...


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Padre cantor: Alí está sembrado en los sueños de la patria latinoamericana


Daniela Saidman (Desde Venezuela. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

Fue un febrero de 1985 cuando el cantor del pueblo quedó sembrado en la memoria de estas tierras que llevan entre sus voces los cantos libertarios.

La voz de Alí Primera (Coro, 31 de octubre de 1941 - Caracas, 16 de febrero de 1985) es para nuestra geografía siempre verde y mineral una bandera enarbolada a todos los cantos y luchas. Su canción es palabra libertaria, eco de los sueños colectivos, que abrigan otro mundo, ya no sólo posible sino imprescindible. Pero no sólo es la voz de la protesta y la valentía del pueblo, sino que también es verso, caricia nacida del tacto y la utopía realizable.

Alí fue entre muchas otras cosas un hombre comprometido con las mujeres y hombres de su tierra, por eso será siempre voz de los sin voz. Cantor del pueblo, de todos los pueblos.

La canción de Alí Primera, voz urgente y libre, nombra lo más y mejor de nuestro suelo. Alí vive, como viven siempre los valientes, los héroes nacidos de los ríos y los vientos, vive en las manos, los ojos, los labios y la piel ardiendo. Vive en fin, en su canto, cantándole al pueblo.

Y por su canción necesaria, imprescindible en estos tiempos, el Gobierno Bolivariano declaró en 2005 su música como Patrimonio Nacional, como un acto de justicia, como una llamarada de conciencia y de memoria.

Durante una entrevista, la última que le hizo Mariam Núñez, el 24 de enero de 1985, Alí refiriéndose a la canta imprescindible, dice que “nosotros hablamos de canción, no de recital, de concierto. Nosotros montamos una canción por la victoria, la canción por la unidad del pueblo, la canción por la patria buena. Hemos fundado canciones que ya se convierten en instituciones culturales de los diferentes pueblos de nuestro país, toda canción de un hombre de pueblo es válida y es necesaria”.

Breve semblanza

Este Alí que ha trascendido los tiempos y que de niño fue limpiabotas y hasta boxeador, supo navegar libre y conmoverse por las ajenas hambres y los dolores todos. Su voz se alzó como un estandarte en los patios de la Universidad Central de Venezuela en los inicios de 1960. Humanidad y No basta rezar fueron sus primeras composiciones.

Con el cuatro y la guitarra a cuestas Alí partió rumbo a Europa, donde estuvo entre 1969 y 1973, gracias a una beca que le otorgó el Partido Comunista de Venezuela (PCV) para continuar sus estudios en Rumanía. Allí grabó Gente de mi tierra, su primer disco.

De regreso a Venezuela, Alí Primera estuvo vetado en las empresas informativas. Sus denuncias que nacían de lo más hondo de la rabia y la ternura, eran reflejo de los rostros de quienes pasaban hambre, de los niños descalzos y sin escuela, por eso terminó fundando Cigarrón, su sello discográfico, a través del cual grabó Canción para los valientes, La Patria es el hombre, Canción mansa para un pueblo bravo, Cuando nombro la poesía, Abrebrecha, Al pueblo lo que es de César y Con el sol a medio cielo, entre otros discos.

Trece discos de larga duración legó Alí a las generaciones por venir. Su canto necesario estuvo presente en numerosos festivales en toda la América Nuestra. Y tal vez entre las canciones que son banderas que agitan cientos, miles de voces en esta patria latinoamericana se encuentran Paraguaná, paraguanera; José Leonardo; Techos de cartón; Cruz Salmerón Acosta; Reverón; Flora y Ceferino; Canción mansa para un pueblo bravo, Sombrero azul, Ahora que el petróleo es nuestro, y tantas otras. Pero además el padre cantor de Venezuela llenó con su ofrenda cada espacio disponible, cada fábrica, cada calle, cada escuela, cada sueño.

La Autopista Valle-Coche de Caracas lo vio por última vez. Su muerte se produjo el 16 de febrero de 1985 en un accidente automovilístico. Pero ni la muerte pudo silenciarlo. Alí está sembrado en estas tierras y en los pueblos que empuñan su canto como un fusil, como un anhelo.

La visión amorosa de Alí

Pero la canción necesaria de Alí supo ser también canto amoroso, enamorado de la vida y sus santos, santas y señas. Y es que las manos del hombre que construyen sueños, aman también el espeso ramaje de pieles y roces que se tejen en el recuerdo. La mujer amada encontró en la voz de Alí Primera el tibio amanecer del tiempo. Y estará siempre allí, para los que necesiten cantar amores y libertades.

El amor en todas sus dimensiones se hace presente. Sus labios cantan los deseos, las ganas de otros presentes, más dulces, más tiernos, más justos... Se le quedó la vida en sus luchas y sus gentes. Venezuela tiene tanto de Alí, que lo anunciamos cuando andamos arando la tierra libre y los amores buenos.

Que su canto no se pierda, que viva siempre entre los que han desesperado de tanto esperar, que florezca bueno y sabio. Que su canto sea siempre presente, para alumbrar los días que habrán de venir, cuando sus versos nazcan verdad.

Con el sol a medio cielo (fragmento)

“Con el sol a medio cielo
me di cuenta que la vida
le daba la bienvenida
y un abrazo al compromiso

Con el sol a medio cielo
y teniendo el cuerpo preso
sentí cabalgar el canto
profundo en el sentimiento

Y he seguido en la pelea
aligerado de peso
siempre volará la idea
aunque se pudran mis huesos

Velero, será siempre el hombre
y el mar es la vida intensa
y el hombre, navegando en ella
naufraga y se pierde
si no tiene impulso”

Ilustración de la periodista y trovadora venezolana Yolanda Delgado


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¿Una nueva droga? El teléfono celular


Isabela Carranza (Desde Guatemala. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Buenas noches, mi nombre es Isabela, adicta y estas 24 horas no he consumido BB. Pareciera un extremo, pero... ¿Han logrado pasar 24 horas sin su celular? El despertador, mis contactos, hasta mi horario de clases se encuentra en un pequeño aparato, que hasta que intenté no utilizarlo por 24 horas, pude ver la dependencia que tengo hacia un simple aparato. Les relato como fueron mi día sin consumir celular. Empezó con nuestros amigos de la revista Brújula quienes nos propusieron intentar pasar un día entero sin celular. “Que fácil” pensé…. Y así iniciaron mis 24 horas.

Llego a mi casa a las 9 pm, quiero ver mis mensajes en Whatzapp, No puedo, es solo por 24 horas, y apago mi celular. Me despierta mi mamá ya que mi despertador usualmente es mi celular. Hasta aquí todo bien, todo fácil. Salgo a correr sin la música de mi teléfono, el camino parece diferente… Hay árboles que no había visto antes, empiezo a ver que mi teléfono y mi música realmente me desconectan del mundo. Bueno corro con mis pensamientos, eso es nuevo. Estoy realmente conmigo.

Así transcurre el día, empiezo a experimentar síndrome de abstinencia. Ansiedad por querer ver mis mensajes… ¿Y si me habló….? ¿Y si me llaman a ofrecerme un trabajo?¿Y si le pasa algo a alguien y no puedo ayudar por no tener mi celular?¿y si choco y no tengo como avisarle a nadie? Mi mente empieza a encontrar todo tipo de escusas para poder regresar a casa, encender mi celular y sentirme nuevamente “completa”. Me detengo y pienso, SOLO POR HOY, no voy a ver mi celular, mañana si lo haré. Me tranquilizo. No está pasando nada.

En una reunión me hacen esperar una hora. No tengo mi celular para jugar o evadir el aburrimiento, o platicar con alguien… Realmente extraño mi celular….SOLO POR HOY. Más tarde llego a la universidad y durante la clase se me pasa la ansiedad, estoy concentrada. Pero…. Se acerca el receso, ¿cómo hablo con mis amigos? ¿Cómo se donde juntarnos? ¿Pido prestado un teléfono? ¡No! No me sé ni un número, todos los contactos los tengo en mi BlackBlerry…respiro profundo. Es SOLO POR HOY. Termina el receso, sobreviví. ¿Qué clase me toca? Mi horario…. En el teléfono, ¿Le pregunto a un compañero? Mis contactos…. También en el teléfono. Al fin me encuentro a un compañero, llego tarde a clase. Recibo la clase y regreso a mi casa. No hay cena lista porque no llamé a decir que llego al cenar. Pero ya no tengo hambre…. ¡Ya pasaron 24 horas! Corro a mi cuarto, enciendo mi teléfono… Puedo respirar otra vez. No pasa nada, ya tengo paz, ya tengo mi BB en las manos. Respiro profundo.

¿Cómo se sintieron si su teléfono? Preguntan en clase. ¿Se sintieron libres? ¿Sintieron paz? En mi caso ni libertad ni paz, más bien angustia y ansiedad. Pero sobreviví 24 horas sin mi celular. Ahora me pregunto… ¿Es esta verdadera libertad? ¿Dependo de algo o alguien para mi paz y felicidad? Hoy puedo decir que tengo una dependencia a mi celular, no solo por hablar por teléfono, que era para lo que servían los celulares hace pocos años, sino para despertarme, meterme a facebook, ver tareas, pendientes, contactos, números, google. Soy impotente ante mi teléfono.

Buenas noches soy Pamela, adicta y esas 24 horas no he consumido Blackberry.


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Urbanismo y arquitectura: Praga. Una de las capitales más bellas del mundo

El Ave Fénix

Praga, la capital de la República Checa, está considerada como una de las ciudades más bonitas del mundo. Nuestro colaborador El Ave Fénix, desde Nueva York, nos envía estas exquisitas imágenes de la ciudad checa que corroboran lo dicho.

Disfrutémoslas.

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La ruta del Spondylus y Tumbes accesible


Jorge Zavaleta Alegre (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Sudamérica vive un momento mágico, empezando por los pobladores de la región ecuaperuana que aprecian los avances derivados de la integración binacional.

En lo que va de este año se han realizado en Chiclayo y Lima dos encuentros presidenciales y próximamente, en Cuenca, tendrá lugar la sexta reunión binacional de ministros.

Este mayor acercamiento se da en el marco de una democracia política más estable, con crecimiento económico e intercambio comercial. Están en marcha proyectos para mejorar carreteras y cuencas; salud y seguridad social empezando con personas discapacitadas de las fronteras.

En este contexto, la Ruta del Spondylus (nombre de una hermosa concha abundante en esta parte del Pacífico e insumo para la producción de variada artesanía), se extiende desde las costas ecuatorianas de Cuenca, Machala, parte de Loja hasta las regiones peruanas de Tumbes, Piura, Lambayeque, Trujillo, parte de Cajamarca y Amazonas.

Tal ruta involucra la puesta en valor de los bienes culturales y la recuperación y mejoramiento de Huaquilas - Aguas Verdes y el Canal de Zarumilla, como puerta de ingreso. Además, el reconocimiento del Golfo de Guayaquil como bahía histórica y la insistencia de la población en el desminado en las zonas remanentes.

Tumbes Accesible, nace en Ecuador a favor de los discapacitados con apoyo técnico de la Fundación Manuela Espejo. Por su metodología y dimensión ha sido reconocido por la ONU y la OEA como una buena experiencia social con base científica.

El proyecto ya empezó en Tumbes con un censo de población y vivienda del INEI. El resultado: más de 22 mil personas tienen dificultades diarias, con una prevalencia de 14.7% en la provincia Contralmirante Villar, 11% en Tumbes y 9% en Zarumilla. Está en marcha el estudio biosipcosocial, para conocer la dimensión exacta de la realidad. La movilización casa por casa de las brigadas de médicos, de especialistas sociales y líderes comunitarios en los distritos de Zorritos, Canoas Punta Sal y Casitas, provincia de Villar, proporciona una información que posibilita el mejor financiamiento y operatividad del programa, según el Consejo Nacional para la Integración de la Persona con Discapacidad – CONADIS -MIMP.

Otro aporte es el convenio de atención recíproca en la salud, que ya funciona en la zona ecuatoriana. La aprobación peruana está en el Legislativo, decisión indispensable para ser aplicada.

Pronto será recibido formalmente el puente internacional sobre el río Macará y se definirá el Puente de la Paz como centro de control migratorio. Continúan las acciones preventivas para atenuar los efectos de fenómenos naturales como El Niño. Otros logros: la integración energética en poblaciones rurales, como de Cabeza de Toro, en Ecuador y Pampa Redonda en Perú. El convenio Petroperú - Ministerio de Energía del Ecuador para el trasporte de crudo por el oleoducto norperuano.

En el campo productivo persisten las expectativas con el viejo proyecto Puyango – Tumbes. Los empresarios ven con simpatía la gestión binacional de los recursos de la cuenca del río Zarumilla y la promoción de proyectos de inversión. Queda aún pendiente el compromiso del BID de financiar los estudios de navegabilidad del río Morona. Algo no menos importante es la labor de la Comisión de Vecindad que viene promoviendo la Beca de la Amistad para los jóvenes.

La integración ecua peruana a iniciativa de las personas con discapacidad cuenta con el respaldo de diferentes organizaciones, familiares, profesionales, artistas. En Lima se anuncia el festival por una “Sociedad Inclusiva y sin Barreras”, en conmemoración a los 31 años de una primera movilización que congregó más de 5000 mil personas y la institución del día Nacional de las Personas con Discapacidad, por Ley 23241 ratificada por Ley 27050.


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El arte de discutir y argumentar

Enrique Campang Chang (Desde Guatemala. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Discutir y argumentar son parte del conocimiento para formular conclusiones, recomendaciones y acciones; pero también es algo fuerte que atrae, apasiona, que en no pocas oportunidades puede ser molesto y una pérdida de tiempo.

Discutir y argumentar debe ser un arte, pero para otros una forma de simplemente llevar la contraria, hostigar o ganas de fastidiar. El argumento es improvisado, poco sólido, se aborda desde el defecto en vez de la virtud, o la visión fecal de las cosas.

Es una discusión necia, entre fanáticos, pobre en argumentos; en círculo vicioso, que degenera en insultos y ataques personales; es una forma de discusión que llamo DENTRO DE AGUAS TURBIAS Y AGITADAS, donde no se escucha al otro; un monólogo; no se llega a nada, (entre fanáticos palestinos y judíos).

Estas son las más frecuentes en política, religión, o deportes; entre inmaduros o tercos. Donde cada uno ya tiene su criterio; no se acepta discusión alguna, es el esfuerzo de imponer sus ideas a otro; o si no, se les descalifica. Es imposible discutir entre impacientes que demandan argumentos en pocas palabras en una competencia de egos ofuscados.





Es una discusión estéril, sobre temas difíciles que no comprenden; cada opinión revuelve más las aguas; no hay serenidad, empatía; no se quedan conformes hasta que el otro dice lo que quiere oír.

En las reuniones, cuando se discute en aguas turbias o agitadas, sobre el fútbol, las modas, religión o política, por salud mental es mejor verlas desde afuera. Son discusiones que no llevan a nada.

Otro tipo es la DISCUSIÓN SIN SALIRSE DEL AGUA, se discute con respeto, pero cada postura está comprometida a no modificarla; hay límites entre los grupos de intereses; donde no es posible ir más allá de la línea oficial. Se sabe cuándo es el momento de no seguir. Se evita tocar temas a fondo, dogmas, sus limitaciones o intereses ocultos.

Es donde el religioso, político, subalterno están atados. Hay condiciones que restringen la libertad del argumento en temas delicados. Son llamados al orden si se apartan. Se aplica con rigor el peso de los libros, las citas del Diccionario de la RAE y las normas formales de la APA. Con procedimientos técnicamente correctos, pero posiblemente falsos o superficiales. Se mantienen dentro del círculo.

Es la discusión donde se evitan los temas tabú, prohibidos o incómodos. El capitalista, comunista, cristiano o musulmán hablan dentro de su ideología o credo, cuidándose de no tocar sus temas controversiales, eso si, pueden atacar a otros.

En una reunión de vegetarianos, nadie habla a favor de comer un delicioso asado de res.

Se mantiene la altura, pero con sus limitaciones, que termina con un discreto cambio de tema, cuando seguir resulta incómodo. Son discusiones con argumentos “cuadrados” política o moralmente correctos. No se pone en duda nada, se evitan las ideas escandalosas. Toda autoridad desde el presidente de los Estados Unidos a los papas debe mantenerse dentro del agua, no pueden salirse.

Son argumentos en refrito: repetición y machacado de ideas viejas, de autores encumbrados, en variaciones sobre los mismos temas; no se permiten las ideas propias; el que se atreve a salirse de la olla es regresado por los otros cangrejos…

Luego, la DISCUSIÓN ENCIMA DEL AGUA, es la de alto nivel, es la discusión amplia, productiva, libre, donde se pueden criticar esquemas, es creativa; cuando las partes pueden admitir su error; trascienden las posturas personales, se abre a ideas nuevas, sin insultos, pueden parecer irreverentes, romper con paradigmas, dogmas o posturas históricamente aceptadas pero equivocadas. Estas discusiones por sus aportes novedosos pueden caer dentro de lo subversivo, herético, profético o peligroso.

Se llega a niveles superiores; diferentes a la discusión de aguas turbias; las personas no se sienten ofendidas, hay entusiasmo, acompañamiento, inquietud sana. Hay atrevimiento, riesgo de enfrentarse a niveles desconocidos, de alterar esquemas propios. Se marcan caminos nuevos,

Cuando Jesús rompe con la tradición religiosa y política de sus tiempos; habla de temas revolucionarios como el amor al prójimo, el bien común, la dignidad de las personas, la atención por los pobres. Está encima del agua, libera a las personas de los errores tradicionales, se eleva en el sentido de la parábola de caminar sobre las aguas.



Los pensamientos revolucionarios e innovadores son por encima de las aguas, Es el nivel verdaderamente superior de la discusión y argumentación. Los conceptos tradicionales se corrigen, amplían o adaptan a los nuevos contextos.

Unos que llegan al nivel de estar por encima de las aguas como Buda, Lao Tse, Confucio, Giordano Bruno, Galileo, Newton, Darwin, Marx, Freud, son incomprendidos o perseguidos; o se dan cuenta que se quedan hablando solos. Son despreciados por los que no se atreven a salir de sus pensamientos, reglas o costumbres que les dan seguridad; y como decía una amiga: “muchas herejías e ideas subversivas son pensamientos antes de su tiempo”.

En las universidades y centros de decisión los espacios de discusión y argumentación de altura son necesarios para romper los estancamientos intelectuales. La humanidad pierde al no convertir la discusión y argumentación en un arte. En la política de muchos países se maneja la discusión en su nivel más bajo, con ignorancia, insultos y amenazas. (Ej. Congreso de Guatemala).

No se trata de discutir por discutir, se tiene que saber el nivel en que se está metiendo.


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Crítica literaria: “Hölderlin El rayo envuelto en canción”, de Antonio Pau


Francisco Vélez Nieto (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Hölderlin El rayo envuelto en canción
Antonio Pau
Editorial Trota

Antonio Pau es autor e investigador de larga trayectoria y reconocido prestigio profesional por su exploración creativa, como bien muestra tener el premio de Ensayo y Humanidades Ortega y Gasset, ser miembro del Instituto Cervantes de España y más de cuarenta libros publicados, varios de ellos dedicados a poetas la y poesía de lengua alemana: Rilke en Toledo, una biografía de sobre el mismo autor, así como La belleza y el espanto, Cuarenta y nueve poemas, sobre este exquisito poeta austriaco. A la que por su rigor se suma esta embriagadora y sólida biografía dedicada a Hölderlin, cuya pausada lectura ofrece al lector sensible, aquello que exige el poeta protagonista. Inmensa huella de angustia y agradecimiento. Porque sumirse en la lectura de la personalidad humana y poética de Hölderlin es sentirse envuelto de una luminosidad embriagadora que irradia su propia luz lírica, pasión y fuego de un rayo envuelto en la canción y la sensibilidad verso a verso desde una independencia insobornable de su libertad cantada: “¡Gracias te doy, oh soledad, mi intima amiga, del bullicio de las multitudes! / Tú me has sacado del bullicio de las multitudes, / para que cante, lleno de ardor, al laurel, / porque sólo a él mi corazón se entrega”.

La poesía y la inquietante personalidad de Hölderlin ocupa toda su trayectoria marcada por “las vivencias dolorosas de la infancia que quedan reflejadas en uno de los primeros poemas de Hölderlin, como este de “Los míos”, escrito a los quince años” y la religión: “De pronto alcé los ojos. En la luz de la tarde / inmóvil quedó el río. Una emoción sagrada / hizo vibrar mi corazón: dejé las bromas, / de pronto, y los juegos de los niños” El sentimiento religioso distanciado de toda ortodoxia estará presente en toda su existencia en la vida social igual a la creativa del poeta, donde “se aprecia ya una disociación entre lo humano y lo divino, entre la vida del hombre y el “Dios ausente”, que tanto se repetirá a lo largo de la obra de Hölderlin” De igual manera es muy importante en la existencia del poeta su constante espíritu revolucionario muy influenciado por la Revolución francesa, que con el tiempo, sus ideas jacobinas revolucionarias, derivarían hacia la idea de que “los Estados alemanes – y Europa entera- irán evolucionando por si mismos hacia la libertad. Hölderlin no deja de ser revolucionario: pero hasta mediados de 1793 es un revolucionario francés y desde mediados de 1793 en un revolucionario utópico” Pero por encima de todo para el inquieto, siempre inadaptado porque su pasión creadora y seguridad en su poder creativo encuentra siempre la defensa de la armonía

Pero es a ti a quien entre todas he elegido, / desde que, estremecido, te divisé a lo lejos. /Temblando te he jurado amor, / reina del mundo.

Su lucha por la libertad de hombre y las ideas es perenne en él y con clara visión de la realidad social y política muestra unos conceptos, a los que en la actualidad una parte de la sociedad lucha por que sean ejemplo ético frente a la alienación de los políticos al servicio de los poderes fácticos: “Solo lo que es objeto de libertad se llama idea. Por tanto, tenemos que superar también el Estado! Pues todo Estado se ve obligado a tratar al hombre libre como un engranaje mecánico, y eso es lo que no debe hacerse” Una menta tan avanzada y llena de pasiones y deseos lo iría llevando a los primeros síntomas de su trastorno mental que ya se anuncia 1801 cuando solo tiene treinta y un años de edad. La educación en el seminario ha sido de rígida disciplina, él ha superado todos los exámenes por lo que le corresponde ser vicario, pero su espíritu y razón de ser lo rechazan, el deseo, la pasión, de conseguir un puesto de profesor en Jena para enseñar literatura griega, así lo escribe a su amigo y protector Schiller, por sentirse “capaz de ser útil a los jóvenes que se interesen por ella”. Esta es la ayuda debido a que “Las relaciones con su madre no fueron nada buenas: La herencia del padre le habría permitido una vida deshogada y una dedicación serena a la literatura, perola madre la retuvo siempre, con la esperanza de que las estrecheces económicas obligaran a Hölderlin a acabar aceptar una plaza de vicario o de pastor en Württemberg”

Pero la suerte no corría en su favor, así lo escribe él mismo: “La primera vez que en casa de Schiller tuve poca fortuna. Entré, me saludaron amablemente, y apenas me di cuenta que, al fondo, había un desconocido en silencio, cuyo aspecto no hacía sospechar nada especial. Schiller dijo mi nombre y luego el de aquel desconocido, pero no lo entendí. Le saludé fríamente, sin mirarle apenas, porque yo estaba preocupado, tanto interior como exteriormente, por Schiller” Más tarde se enteró que el desconocido era nada menos que Goethe. El joven y ensimismado poeta no pudo o no supo reparar el error tanto en Weimar, como tampoco en Frankfurt cuando unos meses después visito al patriarca de las letras alemanas autor de “Poesía y verdad“. Mas a pesar de su torpeza, el gran maestro le aconsejó que escribiera poemas breves, así se lo contaba en una carta a Schiller sobre este joven poeta con “aspecto abatido y enfermizo”. Pese a estas anécdotas nada favorables para Hölderlin, así lo manifiesto Goethe a Schiller en por escrito: “En los poemas hay buenos ingredientes para un poeta, pero por si solos no revelan a un poeta. Quizá lo mejor que pudiera hacer es elegir un motivo sencillo, de carácter idílico, y desarrollarlo”. A lo que Schiller, que siempre apostó por el joven poeta, le respondió: “Me alegro de que su juicio sobre mi amigo y protegido no sea completamente desfavorable” El autor de Los bandidos y Don Carlos, encontraba en la poesía del protegido “mucho de su propio estilo”. Pero Hölderlin se siente descontento consigo mismo, aquella sociedad le resultaba opresiva y estrecha para sus ideas y pensamientos. Los amores afortunados y desafortunados le golpeaban con gozos y desventuras, su modesta clase social de “servidor” chocaba constantemente. Cambiaba de lugar en caminatas por valles y montañas con rico caudal de ideas y proyectos más su modesto saco de viaje al hombro, lluvia y nieve, kilómetros y kilómetros a la interpele o descansando en modestas pensiones, cada vez más trastornado pero con la voluntad de hierro de quien estaba seguro de ser un gran poeta. El fabuloso poeta en lenga alemana que llegó a dialogar con los dioses de la Grecia real y mitológica.

Si muero con deshonra, si mi alma / no llega a vengarse del agravio, / si se hunde en la tumba sin gloria / vencida por los enemigos del espíritu, / entonces olvídame, no salves mi alma, / corazón compasivo, de la amarga derrota. / Avergüénzate entonces de haber sido / amable conmigo. ¡Pero no antes!

Su lucha por lograr ese rincón, ese lugar que necesita lo absorbe, escribe, polemiza y proyecta con amigos fieles, revistas solicitando colaboraciones a lo más granado de la literatura y poesía en Alemania, entre ellos a Schiller, que en sincera y emotiva carta le aconseja: “Mi experiencia como editor de revistas a lo largo de dieciséis años, y no menos de cinco como naves distintas conducidas por el proceloso mar de la literatura, ha sido poco gratificante, por eso tengo que aconsejarle, con sinceridad de amigo, que no haga algo parecido…También en cuanto al lucro, que los poetas no podemos desdeñar, el camino de las revistas sólo en apariencia es provechoso, porque al final no rinden nada” Clarificador consejo para quienes viven esa aventura que no significaría la rendición del poeta que, con acierto da título a esta espléndida biografía: Hölderlin el rayo envuelto en la canción El escritor ve editada la primera parte de su famosa novela Hyperion que es recibida con la más amarga y negativa crítica lo que provocó una lamentable reserva a la hora de ponerse en venta. La crítica a la primera parte la protagonizó uno de los más prestigiosos filólogos conocedor excepcional de la cultura griega y traductor de Sofoques: Johann Kaspar Friedrich Manso, copio unas líneas a la obra editada: “En el Hyperión de Hölderlin no se encuentra nada que vaya más allá de un tejido multicolor de sensaciones, pensamientos, fantasías y sueños. Es una obra ni mucho ni poco verosímil, ni mucho ni poco compresible, ni mucho ni poco feliz de expresión...A ver si el señor Hölderlin, en la segunda parte de la obra, que promete va a salir pronto logra desenredar satisfactoriamente este barullo y consigue un orden compresible dentro de ese caos” Y cuando sale la segunda parte de la esperada obra el mismo crítico escribe: “El recensioncita no encuentra motivo alguno para modificar el juicio que ya expresó sobre esta obra. Hyperion sigue hablando un idioma exuberante, ultraterreno, con el que proclama cosas elevadas, fabulosas, nunca oídas. Pero en definitiva no dice nada”

Las críticas a Hyperion continúan sucediéndose, ninguna favorable, pasaran los años hasta que “Hay un curioso episodio de defensa –muy matizada- de la novela. Se trata de un ejercicio escolar de Nietzsche. El otoño de 1861, el profesor de literatura como deberes a los jóvenes escolares escribir una carta a un amigo en la que recomienden una lectura de un escritor preferido. Nietzsche le recomienda a un amigo imaginario la lectura de Hölderlin” La larga carta es todo un poema en prosa mostrando la grandeza de la obra, pero las críticas desfavorables se suceden, y la carta de filósofos queda oculta décadas. Tiene que llegar el siglo XX para que Hyperión alcanzara su justa altura.

Dejad morir a esos bienaventurados, dejad / que antes de sucumbir a la arbitrariedad, / el capricho y el ultraje, se inmolen libremente / a los dioses con amor. Mi caso es ese.

El poeta continuo firme en sus ideas, pensamientos y formas, un pulso consigo mismo. Todo va transcurriendo a medida que se acentúa su demencia hasta llegar a negar de su propia persona. Esto ya sucede cuando los buenos amigos que lo admiran y compadecen, después de un tiempo de encierros incluso “habitaciones empalizadas, auténticas jaulas rodeadas de barrotes de madera.” Eran otros tiempos. En una de ellas fue encerrado Hölderlin 231 días permaneció en ella, el doctor Autenrieth que lo trató con delicado y extremado interés, consideró su “locura incurable, aunque no peligrosa, por lo que podía vivir en libertad, aunque necesitaba ser atendido en su vida diaria. Durante todo este tempo la madre, que vivía a unos treinta kilómetro s distancia, hora y media en coche. Nunca acudió la madre a visitarlo durante los más de veinte años que ella vivió. Tampoco sus hermanos, eso sí, años más tarde, cuando fallecido el poetas los derechos de sus obras cobraron valor, bien que se preocuparon. El ebanista que lo admitió en su casa como huésped se llamaba Ernst Zimmer su mujer Elisabeth. El arreglaba los muebles de la clínica del doctor Autenrieth y cuando se enteró que allí estaba el gran poeta del futuro aceptó la oferta que le hizo el doctor. Tanto él como su mujer, personas cultas, habían leído Hyperion y sentía devoción por la obra. El ebanista Zimmer, murió en 1838, “y su hija Charlotte se hizo cargo de Hölderlin. El poeta vivió en la misma habitación exagonal en el primer piso de una torre que tenía, y -tiene tres pisos-, a lo largo de los treinta y seis años y un mes: dese el 3 de mayo de 1807 hasta el 7 de junio de1843. El día que entro en Aquella habitación tenía treinta y siete años y en la misma habitación murió, al poco e cumplir los setenta y tres” Estos lagos años recibió visitas de personas importantes, salvo alguna excepción, a todas las trataba con suma cortesía y medidas palabras. El había recibido una rígida y exquisita educación, para algunas visitas tuvo el gesto de escribir unos versos, escritura que hacía con rapidez mientras una mano los iba acompasando en el aire.


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Música. Desde Aragón, España: La jota


La Jota es un baile folclórico español originario de Aragón, en el norte de España, que data del siglo XVIII y desde entonces es su baile típico. La palabra jota deriva del latín y significa “salto”, lo que describe la viveza de los movimientos del baile.

Mucha de la gente de Aragón son descendientes de los íberos y esta parte del país tuvo fuerte influencia árabe, y por consiguiente algunos afirman que el baile tiene, de hecho, un origen árabe. No obstante, hay diferentes variaciones del baile dependiendo de la región, como Valencia, Castilla, Navarra, Cantabria, Asturias, Galicia y Murcia.

El baile es más visual que nada con bailarines vestidos con el traje regional tradicional, la música se acompaña con castañuelas y generalmente se baila en pareja. En ambientes formales la Jota es más una representación con bailarines que llevan los trajes más extravagantes. Sin embargo, este tipo de cosas no se usan en los ambientes diarios menos formales.

Las canciones se basan en temas diversos como el patriotismo, la religión, hazañas sexuales, amor y matrimonio e intentan despertar el sentimiento de la identidad local y la cohesión de la comunidad. Los funerales y velatorios son oportunidades para bailar la Jota y se suele bailar de cara al muerto. Los aragoneses creen que cuando una chica baila la Jota es capaz de capturar el corazón de cualquier hombre. El baile ha llegado a puntos tan lejanos del mundo hispanohablantes como Paraguay, y en la ciudad de Pilar mucha gente se une al baile en las fiestas anuales de la ciudad.

La Jota es un baile español con un ritmo de ¾, pero algunos insisten en que un compás de 6/8 se adapta mejor a la estructura poética y coreográfica y los pasos se parecen al vals pero con más variación.

Las diferentes variantes del baile tienen estilos diferentes, como por ejemplo la versión castellana usa guitarras, bandurrias, laúdes, dulzainas y tambores, mientras que la gallega tiene gaitas, tambores y bombos.

Originalmente, la Jota aragonesa tiene unos pasos de baile muy complicados, en cambio la variante castellana es más rápida pero con un sentimiento de mayor calma. La Jota filipina es una variante del periodo colonial español en Las Filipinas. Se bailaba por hombres y mujeres españoles en acontecimientos como bodas, y los filipinos adoptaron este baile formando versiones que combinan la coreografía y la música española y filipina.

Diversos músicos no españoles han incorporado la Jota en sus composiciones, como el compositor francés Georges Bizet en su famosa ópera española Carmen y así lo hizo otro compositor francés llamado Saint-Saëns.

Como cualquier baile, la Jota tiene un desarrollo gradual en el tiempo y todavía continúa cambiando debido principalmente a la complejidad del baile. Desde el final del siglo XIX, la Jota ha ido teniendo mucha más coreografía, y también ha sido usada incluso en películas y fiestas. Hay muchas variedades modernas que también son representadas por numerosos grupos folclóricos.







Fuente: http://www.donquijote.org/culture/spain/music/jota_es.asp


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Paredes


Georges Perec

Cuelgo un cuadro en la pared. Enseguida me olvido de que allí hay una pared. Ya no sé lo que hay detrás de esa pared, ya no sé que hay una pared, ya no sé que esa pared es una pared, ya no sé qué es eso de una pared. Ya no sé que en mi apartamento hay paredes y que, si no hubiera paredes, no habría apartamento. La pared ya no es lo que delimita y define el lugar en que vivo, lo que le separa de los otros lugares donde viven los demás, ya no es más que un soporte para el cuadro. Pero también me olvido del cuadro, ya no lo miro, ya no sé mirarlo. He colgado el cuadro en la pared para olvidar que allí había una pared, pero al olvidar la pared, me olvido también el cuadro. Hay cuadros porque hay paredes. Es necesario olvidar que hay paredes y, para ello, no se ha encontrado nada mejor que los cuadros. Los cuadros eliminan las paredes. Pero las paredes matan los cuadros. O, si no, habría que cambiar continuamente, bien de pared, bien de cuadro, colgar de continuo otros cuadros en las paredes, o cambiar el cuadro de pared todo el tiempo.

Podríamos escribir en las paredes (como se escribe a veces en las fachadas de las casas, en las empalizadas de las obras, en los muros de las prisiones), pero rara vez lo hacemos.

Texto de Georges Perec incluido en el libro “Especies de espacios”, 1974.

Georges Perec (París, 7 de marzo de 1936 - Ivry-sur-Seine, 3 de marzo de 1982) fue uno de los escritores más importantes de la literatura francesa del siglo XX. Miembro del Oulipo y abanderado del Nouveau roman, basaba sus obras en la experimentación y en ciertas limitaciones formales como forma de crear. Para algunos, el más importante novelista de la segunda mitad del siglo XX.


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Las elecciones presidenciales y la política exterior de Estados Unidos


Alejandro L. Perdomo Aguilera (Desde La Habana, Cuba. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Pareciera que se acaba el show de las elecciones presidenciales de los Estados Unidos. Nada más parecido al postulado de los intereses nacionales, de la doctrina Monroe y del sobredimensionamiento imperial, que escuchar o leer las declaraciones sobre política exterior de ambos candidatos. Más allá de los matices en la agenda exterior que defiende uno u otro candidato, predominan los intereses geoestratégicos del hegemón del sistema mundial.

Para ello cada contendiente ha intentado convencer sin definir la verdadera estrategia, en esta acelerada carrera por el púlpito presidencial. Tanto en los debates, discursos y declaraciones “informales” se ha manejado como denominador común de ambas figuras, la preservación del liderazgo estadounidense a cualquier costo.

La crisis económica impone frases preconcebidas, como el anhelo de ese pueblo a que se recorte del gasto militar y se re-direccionen los fondos a lo que se ha dado en llamar la economía del conocimiento. Esta supone una inversión en la educación, principalmente en la rama de las ciencias exactas, abogando por un mejor aprovechamiento del capital humano en los recursos energéticos, tecnológicos e industriales, como fórmula para el mantenimiento de la supremacía estadounidense.

Repasando los instrumentos claves de la política exterior estadounidense se puede apreciar la continuidad de la lógica de un imperio, que reconoce la necesidad de cambio ante el momento histórico que vive hoy el sistema-mundo, al decir de Wallerstein. Ciertamente la combinación del hard y el smart power en la política exterior y de seguridad de los estados Unidos responde a intereses de Estado y no de un partido u otro, por lo que independientemente del hombre que ocupe la Casa Blanca el próximo 20 de enero, y de los asesores que se rodeen el ala oeste de ese lugar, permanecerán las doctrinas de política exterior, imprescindibles para concebir las relaciones política internacionales de la superpotencia.

La preeminencia de elementos estructurales permite distinguir detrás del maquillaje que rodea el reality show de las elecciones estadounidenses, una lógica de preservación imperial que permite dilucidar políticas de estado para mantener y, en algunos casos recuperar, la credibilidad internacional y el liderazgo estadounidense a nivel global. Debe comprenderse que en este afán no bastan los drones y los contratistas, sino que la Diplomacia y el Desarrollo, vistas como complemento imprescindibles del hard power, se articulan con el uso de las Tecnologías de la Informática y las Comunicaciones (TICs), puestas en función del poderío informacional de la primera potencia global.

Desde esta lógica imperial, tanto un candidato como otro, por más conservador que pueda parecer Mitt Romney y la plataforma del partido republicano, utilizarían también el poderío informacional, para mediatizar temas, configurando la agenda internacional en función de los intereses hegemónicos del Estado-Nación.

Obviamente que China y Rusia resultan preocupantes, por el lugar que se posicionan en el sistema-mundo, ante el ajedrez hegemónico de los Estados Unidos. Ciertamente ni demócratas ni republicanos descartan el hard power y lo más peligroso es que cada vez parece lograrse una mayor aceptación mediática para las incursiones imperiales. La sensación del condicionamiento mediático que han dejado estas elecciones presidenciales, pareciera suponer que valen más los gestos o estilos de cada orador, que las ideas. Se ha buscado más la forma de impactar en el subconsciente de la población, que el proyecto que le conceda un mejor futuro a esa nación. Pero lo más preocupante de todo, es que la proyección internacional que se propone, expresada a través de los instrumentos de política exterior y de seguridad, presupone el liderazgo sobre la paz, la verdadera cara del sistema imperial.

Mientras el mundo se consterna con guerras, insuficiencias alimentarias, energéticas y desastres climáticos, en un confortable salón dos políticos profesan sobre lo que pudieran decidir para el futuro del mundo en los próximos cuatro años. Nada más drástico y peligroso como reconocer que en ninguna de las dos ofertas aparece la racionalidad para un mundo más pacífico e ileso de las consecuencias que alienta la elite del poder y el Complejo de Seguridad Industrial para el futuro de la humanidad.

Con matices pero bajo un mismo interés, llegaron al 6 de noviembre dictando postulados sobre como gobernar el mundo, a que país atacar, y bajo que presupuestos consolidar el liderazgo y la hegemonía global del imperio estadounidense.

Obviamente que el Medio Oriente concentra la atención, exaltada a veces por el pensamiento extremista de Romney, que pareciera remontado en las décadas de la guerra fría, otras bajo una la cortina de humo de la amenaza nuclear, se proyectaron las tesis de demócratas y republicanos.

Detrás de estas posiciones se halla la necesidad de alentar el Complejo de Seguridad Industrial, cuyo pulmón continuará avivándose en el Medio Oriente. El debate pro-judío en consonancia con los fondos que canaliza ese Lobby y los disímiles intereses que se resguardan entorno a Israel y sus enemigos históricos en esa región.

Israel continúa sirviendo como base político-ideológica y militar estadounidense en el Medio Oriente, de modo que la variable pro-judía en la política exterior de y seguridad permanecerá. Al respecto James Petras considera que: “(...) Determinados reflejos automáticos de defensa del debate abierto y del libre examen desaparecen –al menos en gran parte de las élites políticas de Estados Unidos– cuando se trata de Israel, y sobre todo cuando se aborda el papel del lobby pro israelí en la elaboración de la política exterior de Estados Unidos.”

Obviamente que si se tratara de comprender la polémica electoral desde el pensamiento crítico del sur, las conclusiones resultarían bien diferentes de las concepciones hegemónicas imperantes. Las elecciones del nuevo presidente estadounidense, conllevan a un ambiente de nacionalismo y sobredimensionamiento imperial, que exagera el american dream.

En esas circunstancias, salen a relucir criterios de política internacional que parecieran retrotraerse a la época de guerra fría, sólo que ahora ante potencias económicas emergentes, que ameritan una relación más afinada, donde las concepciones del llamado fin de la Historia y el último hombre (Francis Fukuyama 1992) y el choque de civilizaciones (Samuel P. Huntington), resultan insuficientes para comprender las dinámicas del sistema internacional actual.

Respeto a las relaciones entre el centro “civilizado” con la Unión Europea (UE) en crisis, los movimientos contestatarios desde Wall Street y la Puerta del Sol, la lucha entre un presidente negro y un candidato mormón, hacen pensar que algo ha cambiado. No obstante, las esencias que imperan en la proyección de la política exterior y de seguridad de los Estados Unidos conservan la necesidad de su predomino en el sistema internacional.

De Latinoamérica poco se ha comentado. Los problemas de seguridad que enfrenta la región, debido al tráfico ilícito de drogas y otros delitos conexos, y la errónea guerra contra las drogas trazada por ese gobierno, dejan un difícil panorama para un discurso triunfante. Lo comentarios relacionados con el enfrentamiento al crimen organizado transnacional, no fueron más allá del vago concepto de la lucha contra el terrorismo internacional, el cual suele adecuarse a los intereses geoestratégicos de ese gobierno.

Las polémicas sobre política exterior tratadas en las campañas presidenciales, no fueron sobre la base de los problemas que más consternan al mundo, sino sobre la forma en que demócratas y republicanos, desean utilizar los instrumentos del poderío nacional, para consolidar su liderazgo y hegemonía a nivel global. Por ello el que más convincente resulta ante las cámaras, las redes sociales en Internet y las disímiles encuestadoras, será quien se lleve la mejor impresión del electorado.

Por más difícil que parezca para el sur y la llamada periferia de este sistema-mundo, independientemente de las implicaciones que tienen las decisiones en política exterior de ese país para el futuro de la humanidad, al electorado lo que más le llegará a la fibra, continuará siendo la problemáticas económicas que se enfrentan al interior, respecto al empleo y el nivel de vida de la población. De cualquier forma, el próximo 20 de enero ocurrirá el discurso de toma de posesión, poniendo fin al reality show de esta temporada de las elecciones presidenciales en Estados Unidos.


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Misterios de la vida cotidiana


Gustavo E. Etkin (Desde Bahía de San Salvador, Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Cuando se daba cuenta de las cosas Artemigio siempre se sorprendía. Desde chico. Cuando se dio cuenta que las puertas eran para entrar y salir. Que las ventanas eran para ver lo que pasaba afuera y también para que entre aire y luz. Que las heladeras eran para que la comida no se pudra. Y que a los muertos, que no se comían, se los enterraban para que cuando se pudran no larguen mal olor.

Después, cuando empezó a ser adolescente, que las mujeres eran para ser cogidas por los hombres. Y también que los autos eran para que la gente no precise caminar.

“Chocolate por la noticia”, algunos le decían cuando se sorprendía descubriendo lo obvio.

Pero ahí él preguntaba: ¿Por qué chocolate? ¿Por qué chocolate y no mandarina? ¿O zapallo, o caramelo?

Y ahí entonces lo miraban a él, sorprendidos.

Cuando fue creciendo se iba sorprendiendo por otras cosas.

Por ejemplo, cuando miraba las luces prendidas de los departamentos de los edificios y pensaba que ahí había gente que sufría, amaba, hacía pis, cagaba, cogía, pensaba cosas como él, recordaba, reía, lloraba, pensaba qué hacer de su vida, trataba de ser feliz.

Y entonces se preguntaba: ¿qué es ser feliz?

Pero no solamente pensaba eso cuando miraba las ventanas. También cuando veía los autos pasar. Porque dentro de esos autos había gente que iba y venía. ¿Pero iban adónde? ¿Venían de donde? ¿De trabajar? ¿A trabajar? ¿A comer? ¿A coger? ¿A matar? ¿Qué pasaba en las cabezas de toda esa gente que iba y venía? ¿Cuáles eran sus dolores, sus tristezas, sus alegrías, sus deseos?

Poco a poco se fue dando cuenta que eso también se lo estaba preguntando cuando iba por la calle. Los que iban y los que venían. Algunos serios, de cara cerrada, otros con cara triste, algunos con lágrimas en los ojos, otros risueños, sonriendo.

Cada uno pensando en sus cosas. Su historia. Lo que les pasó. Lo que hubiera querido que les pase. Recordando. O también pensando hacia dónde iban. Qué tenían que hacer. O qué querían hacer.


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