miércoles, 30 de enero de 2013

Documento histórico: La baba franquista


Ya te he contado el origen de este certero calificativo convertido casi en maldición... Leí en algún lado que el gran poeta León Felipe (quien fallecería en 1968) sintió, al final de su vida, el lógico anhelo de regresar a su patria, a España, para morir en ella -y, a ser posible, en su pueblo natal. Su familia lo animaba cordialmente, intentando limarle los recelos.

Por fin llegó el día estipulado para subir al avión del retorno. León Felipe se había trajeado correctamente, pero no bajaba al salón. Su sobrino, impacientado, subió a la segunda planta, al dormitorio del insigne tío, cuya puerta estaba abierta. Y encontrará a éste tumbado en su lecho, sin desvestir, con los ojos de la resolución fijos en el techo.

A la pregunta del atónito sobrino, respondió León Felipe (quien había nacido en Tábara de Zamora, en 1884) que había decidido no regresar a su patria, donde todos los buenos españoles habían sido asesinados o habían tenido que exiliarse.

Prefería morir en el acogedor México, morir con el grato recuerdo de aquella patria suya que había él vivido hasta que hubo de exiliarse, patria colmada de grandes hombres pletóricos de bonhomía.

Y añadió que, si Franco y demás cómplices morían en la cama sin haber respondido judicialmente de sus tremebundos desmanes, en España (y más acentuadamente en la colonia Canarias (añado yo) sólo podría gobernar de ahora en adelante la “baba franquista”.

Como en otros asuntos, pienso que tampoco en éste erró el poético don de profecía del admirado León Felipe Camino.

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El "impulso democrático"

(Publicado en Diario de Las Palmas el 23 de diciembre de 1993)

Iba yo a decir que no sabía a qué viene eso de "impulso democrático": a propuesta del gobierno metropolitano que preside el señor Felipe González, impulso casualmente "promovido" por los verdaderos traidores a la ilusión democrática de tantos españoles y canarios. Pero sí lo sé, yo sí sé a qué viene eso de "impulso democrático".

Son ellos tan cínicos en su prepotencia, que expresamente reconocen que aún no hay democracia después de estar permanecidos tantos años en todos los poderes. Ahora, sin dejar el machito ni los tremendos emolumentos y demás ganancias, instan a las demás fuerzas políticas y sociales al "impulso democrático" (lo que será imposible: nadie da lo que no tiene, ni se puede sacar de donde no hay).

El asunto es seguir engañando a los pobres indefensos ignorantes que les votan, les soportan y les mantienen sus privilegios.

Pues si no quisieran engañar, si de veras quisieran practicar la democracia, dejarían todos ellos la política, todos ellos la abandonarían: los que han fallado por acción y los que han fallado por omisión cómplice.

Pero no la dejarán porque para ellos "política" equivale a manera fácil de ganar mucho dinero y de darse gusto a costa de los demás -y mientras la mayoría pasa muchas fatigas para sobrevivir.

De todas formas me queda el consuelo de ser uno de los no engañados: pobre consuelo -sí-, pero consuelo al fin y al cabo y sin la menor nostalgia de ningún tiempo pasado ni excesivas ilusiones en algún futuro tiempo mejor.

Víctor Ramírez
(Publicado en Diario de Las Palmas el 5 de marzo de 1994)


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