jueves, 17 de enero de 2013

Propuesta psicoanalítica para prevención y tratamiento del daño psíquico ocasionado por la catástrofe social de los desahucios en España

Jesús María Dapena Botero (Desde Vigo, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Tenemos plena consciencia de que los deshaucios y los problemas para pagar las hipotecas están disparando los trastornos mentales en España.

La crisis económica castiga a amplias capas de la población y afecta su salud mental, como lo demuestra Gili y colaboradores en un artículo publicado en el European Journal of Public Health, en especial, entre aquellas familias que experimentan desempleo y dificultades para la amortización de sus pagos, en una muestra que incluye cerca de siete mil quinientos pacientes que acudieron a centros de atención primaria, lo cual los ha llevado a una completa ruina económica, entre el 2010 y el 2011, con resultados demoledores, que han incrementado la tasa de suicidios, a la vez que un aumento de la frecuencia de trastornos del ánimo, con un 19.4% de depresiones mayores, un 8.4% de trastornos de ansiedad, 7.3% de los ahora llamados trastornos somatomorfos, como la hipocondriasis, las algias o dolores y somatizaciones, manifestaciones corporales de la angustia, a la vez que ha acrecentado la frecuencia de trastornos relacionados con el alcohol. (1)



Estamos pues frente a una catástrofe social, en el sentido, descrito en otro contexto por la doctora Janine Puget, puesto que el desempleo y la violencia con la que se ejecutan los desahucios, hacen parte de una violencia, que no puede naturalizarse, hacerse pasar por natural, sino que amerita que los profesionales de las ciencias Ψ nos preocupemos por saber cómo ayudar a esta población que ha enfermado o está en riesgo de enfermar ante situaciones tan traumáticas. (2)

Conviene, entonces, tener en cuenta la advertencia de la psicoanalista Silvia Bleichmar, cuando dice que uno de los problemas más graves, que estamos padeciendo es la naturalización de las catástrofes sociales o históricas, su presentación como algo del orden de lo natural, de lo imposible de ser enfrentado, cuando son efecto del descuido, la negligencia o la irresponsabilidad de las administraciones, que hacen una desmentida, que se hacen las de la vista gorda, ante la corrupción, cosa que se torna catastrófica, en tanto y en cuanto, perjudica a sectores importantes o a grandes masas de la población, cuya condición de sujetos psíquicos queda impactada por el padecimiento. (3)

Ese impacto es el que se conoce como trauma, en lenguaje psicoanalítico, y se define como el estado mental ocasionado por la acción de un estímulo, proveniente ya sea del interior o del exterior del sujeto, que provoca una lesión en el aparato psíquico, al romper la barrera de protección del psiquismo, ante la imposibilidad de cualificar ese estímulo, lo cual produce un desequilibrio en el sujeto mismo, que sobrepasa la capacidad de pensarlo y que reactiva viejas heridas, con un empobrecimiento del sujeto, quien dispone de tal energía para intentar preservar su integridad. (4)

El trauma, si no logra pensarse, para encontrarle un sentido, puede ser generador de distintas enfermedades de origen emocional, por la sobrexcitación que produce y el intento del sujeto de defenderse de él, no siempre de la forma más adecuada.

Es bien conocido, que las situaciones traumáticas producen tanto efectos inmediatos, como a mediano y largo plazo, en tanto y en cuanto, esa vivencia dolorosa y dañina, que sobrexcita, permanece como un resto no digerido por el psiquismo, hasta el punto que los traumas en una colectividad pueden poner en juego el mantenimiento de la continuidad de uno mismo, como es el caso de los suicidios que se han dado como consecuencia del trauma social ocasionado por la crisis y los desalojos en España.

El trauma implica, en sí, un estímulo violento, que luego desaparece pero queda grabado en la mente, de tal modo que reverbera dentro de ella, manteniendo una capacidad trastornadora en el sujeto pero cuando el trauma afecta a toda una colectividad, hace a esta población mucho más vulnerable, con efectos sobre la singularidad de cada uno de los miembros de ella; la violencia ocasionadora de lo traumático arrasa con los archivos, con las palabras que pueden nombrar y narrar los acontecimientos perturbadores.

De ese modo, los síntomas se hacen consecutivos al choque emocional, que producen las situaciones amenazantes para la vida o la integridad del sujeto, con lo cual pueden aparecer pesadillas, ideas que inundan y se repiten en la mente, recuerdos de las tremendas situaciones vividas, que aparecen en la mente como fogonazos, en los que se repiten escenas dolorosas y atemorizantes, los llamados flashbacks, que operan en el campo de lo imaginario, como para revivir una vivencia del orden de lo real, sin que haya palabras para nombrarlas, o reacciones de angustia y pánico automáticas, con gran compromiso corporal, con palpitaciones, sudoración profusa, ahogos o cólicos, entre otros síntomas físicos de una ansiedad, que inunda al sujeto, quien funciona como un sistema abierto, en el que experiencias complejas modifican la vida psíquica a lo largo de toda la existencia, ya que el sujeto está abierto a su historia y sobre él inciden no sólo eventualidades que se dieron en el pasado, sino aquellas que se dan en un momento más actual.

El trauma opera, sobre el sujeto, como una piedra lanzada con violencia, que arrasa el funcionamiento del psiquismo, casi hasta la desmoralización, la demolición o la aniquilación. (5) (6)

Sin embargo las personas, sometidas a un impacto de naturaleza traumática, son distintas y cada una tiene amplios modos de respuesta frente a ellos, de ahí que algunos científicos sociales hablen de la resiliencia o capacidad de los sujetos para sobreponerse a períodos de dolor emocional y golpes de la vida, a los contratiempos, hasta el punto de que algunos pueden llegar a resultar fortalecidos por éstos, lo que corresponde a la entereza, como capacidad de afrontar la adversidad, dada su mayor equilibrio emocional para enfrentar el estrés, lo cual es todo un proceso dinámico, constructivo e interactivo, dentro de un contexto sociocultural, el cual conduce a la optimización de los recursos para superar las dificultades, pues todo dependerá de las defensas implementadas en la respuesta, las cuales pueden ser adecuadas o arcaicas, en grados relativos, ya que el sujeto tiene distintos modos de dar significado al mundo, diferentes modos de sentir, percibir y pensar, tanto como diferentes formas de enfrentar la existencia, en tanto y en cuanto, el sujeto es una producción histórica y social, tanto en su singularidad individual, como en relación con el conjunto. (7) (8)

De esa manera, el sentido singular del trauma y la capacidad de obtener y mantener apoyos adecuados se da en el campo de lo intersubjetivo, en tanto y en cuanto, el sujeto está vinculado con el procesamiento colectivo de una situación traumática.

Es importante, entonces, que el sujeto y su entorno, ante un hecho traumático puedan comprender la situación, de acuerdo con un posicionamiento ideológico previo y tener la capacidad de sentirse parte del conjunto, con proyectos que compartir, lo cual hizo tan exitoso el retorno de los soldados estadounidenses de los campos de batalla de la Segunda Guerra Mundial, pues como héroes tenían un reconocimiento social y recibieron un tratamiento bastante adecuado para volver a la vida civil.

Eso les permitiría sentirse reparados, cosa que no sucedió con los veteranos que volvieron de la guerra de Vietnam y de Irak.

Algunos volvieron como verdaderos desechos humanos, muchos de los cuales se volvieron locos, con comportamientos violentos, así otros que contaban con el narcisismo de vida, inculcado por el entorno familiar, se convirtieron en líderes sociales, a la manera de Ron Kovic, aquel joven nacido el 4 de julio, quien, a pesar de volver parapléjico, se convertiría en un escritor y activista contra la guerra. (9) (10)

Un desastre semejante ocurrió en el caso de los veteranos argentinos que volvían de la Guerra de las Malvinas, sin reconocimiento oficial alguno, ni reparación económica, lo cual trajo consigo un alto porcentajes de suicidios, al ser pisoteada la dignidad y la pertenencia al orden humano, como pasaría con muchos de los torturados por el terrorismo de Estado; pero, frente a la experiencia traumática durante la dictadura argentina se encontraron múltiples caminos de elaboración colectiva y personal.

De ahí que, frente a lo traumático, lo más terapéutico sea crear espacios para que los sujetos traumatizados, o amenazados por duras realidades, puedan pensar esos sucesos desagradables y dolorosos, para que puedan ser puestos en palabras, para que estas se encadenen y puedan ser reflexionadas a nivel consciente, sin que queden como una piedra dentro del zapato o una espina clavada en el corazón, impensada o impensable; eso puede evitar, que el sujeto pase a acciones impulsivas, en un intento de descargar el malestar, como pudiera ser a través de actos suicidas, consumados o no, u otro tipo de reacciones violentas, ya que bien sabemos que la violencia social engendra más violencias.

Lo importante es que ese evento desorganizador de la historia del sujeto, no revuelque los archivos de la memoria y despierte viejos y olvidados recuerdos desorganizados, para que pueda incluirse en el relato histórico del sujeto mismo, de tal manera, que la persona pueda pensar, desde el presente, los hechos traumáticos, para que éstos no tiendan a repetirse y pueda construirse un futuro distinto, lo cual exige tomar una postura diferente al de mera víctima, para poder emprender acciones pensadas, que tengan una mayor efectividad que las acciones impulsivas, llevadas a cabo un poco a la topa tolondra, como lo hace con desatino el sujeto aturdido, de una manera irreflexiva, sin reparos, sin medir consecuencias de los actos, llevados a cabo como mera descarga del malestar.

En ese sentido, los psicoanalistas podemos abrir espacios de reflexión, ya sea a nivel individual, de pareja, de familia o en grupos, que cubran un mayor número de personas.

De esto tenían plena conciencia los estadounidenses, cuando al regresar triunfantes de la Segunda Guerra Mundial, eran sabedores de que la mayor parte de los veteranos venía con traumas, ocasionados por los conflictos bélicos.

A raíz de las quejas de las madres de los soldados, que volvían de licencia, por el estado de salud mental en el que habían retornado sus hijos, pues ellas habían visto partir hacia el conflicto bélico muchachos saludables, que entre los fragores de las batallas, se habían convertido en individuos huraños y tristes, que aunque no tuvieran heridas corporales, daban cuenta de que algo no andaba bien. De hecho, muchos de esos chicos habían tenido que ser dados de baja por problemas psicológicos, originados por la confrontación guerrera.

Ante esta demanda de la población, el gobierno estadounidense pensó que su misión fundamental era restituir la salud mental, de la manera más rápida y eficaz, a los soldados que presentaban trastornos mentales.

Ya el final de la guerra se veía próximo y, con él, retornarían al país muchos militares que no se habían curado de los traumas de guerra, quienes estaban diseminados en hospitales de campaña en medio mundo, de donde era preciso tratar esa avalancha de gentes, que volvían con los nervios destrozados, para reinsertarlos a la vida civil, de tal forma que se evitaran grandes escándalos, que se difundirían por los medios de comunicación de masas.

Para ello, se pensó que de los campos de batalla, regresaran a hospitales, donde tuviesen una asistencia rehabilitadora, para poder volver tan sanos, como fuera posible, a la vida civilizada, sin las secuelas devastadoras de la guerra, que regresasen en las condiciones más saludables posibles.

Así las cosas, hubo varios hospitales, como el Mason Hospital en la Costa del Este de los Estados Unidos de América, donde se recibía a grandes grupos de soldados para ser atendidos en la línea proyectada por el gobierno.

Allí se trabajaba con psicoterapia de grupo y con terapia ocupacional, además de terapias recreativas, con partidas deportivas y encuentros musicales.

Los soldados llegaban muy angustiados, a veces temblorosos, y otros bastante deprimidos, con caras asaz inexpresivas, a quienes se les hacían preguntas adecuadas para estimularlos a hablar de lo traumática que había sido, para ellos, la experiencia bélica, de tal forma que pudiesen empezar a discutir entre ellos, bajo la presencia de un coordinador, experto en terapia grupal, de esos recuerdos que afloraban con toda una carga de angustia, de tal manera que pudieran romper su aislamiento afectivo y social, hablar de sus problemas y buscar maneras de resolverlos al volver a pensar, para aprender de esa experiencia, en un ambiente de cooperación entre todos. (11)

En la Argentina, ha habido una larga experiencia en relación con el trabajo en grupos de reflexión para elaboración de traumas sociales, como bien lo demuestran Lucila Edelman y Diana Kordon, quienes iniciaron esta práctica con abordajes grupales con familiares de desaparecidos durante la dictadura argentina, que determinó el pasaje por una época aciaga que los argentinos mismos llamaron los años de plomo, entre 1976 y 1983, bajo los auspicios del Terrorismo de Estado, que ocasionara, con su represión, graves efectos psicológicos, además de los crímenes de lesa humanidad que allí se cometieron, capaces de ocasionar tanto dolor como el de la imagen que ponen en la carátula de su famoso libro: Efectos psicológicos de la represión política. (12)



Ante la magnitud del número de damnificados por aquella tragedia histórica, se iniciaron grupos de reflexión con las víctimas sobrevivientes de esa catástrofe social para, luego, pasar a trabajar con ese instrumento grupal en diferentes situaciones traumáticas de origen social, en tanto y en cuanto los dispositivos grupales constituyen un instrumento privilegiado para el trabajo elaborativo de los impactos traumáticos, con personas afectadas de una manera directa, con el fin de que puedan comprender más eso que sienten como un obstáculo en su vida, productor de desconsuelo, desamparo, pesadumbre, sentimientos que llegan aún a carcomer las relaciones interpersonales, puesto que el trabajo sobre el impacto emocional ayuda a superar las dificultades que interfieren con la realización de tareas que son necesarias para resolver de alguna manera los problemas mismos.

De allí, más allá de las elaboraciones sociales, con conmemoraciones, placas, acciones comunitarias y producción cultural a través de la pintura, la música, la literatura, el teatro y el cine, algo de lo traumático requería un abordaje específico.

Lucila Edelman y Diana Kordon encontraron en los grupos un recurso para darle a lo imaginario y lo real de los efectos de los acontecimientos traumáticos, la palabra, de tal forma que lo real quedara reducido a un mínimo.

Tales dispositivos se usaron a su vez en tragedias ocasionadas por atentados terroristas, tras accidentes como incendios, derrumbamiento de edificios, inundaciones, etcétera.

El relato de la experiencia traumática conlleva un cierto grado de elaboración, como evocación que utiliza la palabra, aunque hay un resto que no se expresa a través de ellas sino con gestos, en el lenguaje corporal o a través de actuaciones impulsivas, en un intento de evacuar el conflicto generado.

Para ello, en la Grecia antigua se utilizaba el teatro, la tragedia, para representar aquello que había causado tanto horror y lograr la piedad del público, a través de lo que Aristóteles, en su Poética, denominara la catarsis. (13)

Lo cierto es que las personas afectadas por situaciones traumáticas tienen mucha necesidad de hablar, de compartir vivencias dolorosas, una opción que el grupo de reflexión ofrece, para contrarrestar la inducción al silencio, como instrumento del Poder para mantener la alienación y el control social.

Allí también se ofrecen posibilidades de contener y ligar, tanto a nivel personal como colectivo, los elementos traumáticos que fueron tan disruptivos para la realidad psíquica de los sujetos.

Se trabaja, entonces, con grupos abiertos, de concurrencia voluntaria, sin limitaciones en la cantidad de participantes, organizados en un módulo con un número de reuniones acordadas con anterioridad, para hablar en ellas de los temas que surjan, lo cual permite adentrarse en el interior de la vida anímica, mediante el uso del lenguaje, con el fin de comprender lo que ocurre en el mundo imaginario de los asistentes, en busca de nuevos sentidos y significaciones; de donde el propósito fundamental es la comprensión de lo que pasa en la realidad psíquica de los sujetos, todo ello, bajo el compromiso adulto y responsable de todos del secreto grupal, es decir, que lo que se habla dentro del grupo no se comunica en el afuera de él, para que con el discurrir de las fantasías que surgen dentro de él, se vaya constituyendo un sentimiento de pertenencia con el conjunto, por parte de cada uno de los miembros del grupo, en un ámbito confiable.

Allí en ese grupo, atravesado por la cultura en la que se vive, se ponen en juego las relaciones entre los sujetos, como un aspecto relacional y vincular, que permite el acceso al inconsciente grupal.

Así es como se propicia una comunicación en red, donde el coordinador no pasa de ser un sujeto que supuestamente sabe, pues el verdadero saber se da en los miembros del grupo, de ahí que para evitar la dependencia y la sugestión, el coordinador se convierte en un mero moderador, que permite la circulación de la palabra y señala los puntos donde ésta se atasca, para que pueda avanzarse en el conocimiento del grupo por sí mismo; esa función puede ejercerla a través de interpretaciones y esclarecimientos, cuando hay confusiones, con señalamientos de fenómenos que el líder detecta en el grupo y preguntas que abren el deseo de saber más acerca del grupo mismo y de sus integrantes, sin permitir que se convierta al coordinador en una especie de Mesías, del que se depende y al que luego el grupo o puede atacar o huir de él.

Por eso, el coordinador no tiene la función de juzgar a nadie, ni decir que las conductas de alguien son buenas o malas, apropiadas o no; su principal función es ayudar a descubrir cómo se articulan las representaciones que se tienen de la sociedad con las vivencias subjetivas, sobre todo si se tiene en cuenta que la elaboración de lo traumático es un proceso, a la vez, individual y social, que tiende al alivio de sentimientos de culpa y tiene como función la reparación de la autoestima maltratada por los hechos violentos.

De esa manera muchos esclarecimientos e interpretaciones que permiten la comprensión se dan por los mismos miembros del grupo más que por el coordinador, que declina la fantasía que puede poner el grupo de que es un sujeto que supuestamente sabe más que todos.

Es como si se aplicase la técnica del filósofo Sócrates, quien preguntaba al otro, para ser un partero de la verdad de su semejante, a partir del supuesto de que la verdad está en el sujeto que busca conocer, pues el grupo de reflexión se basa en un método que procura que el otro llegue a conocer la verdad por sí mismo, ante lo cual el coordinador es un mero facilitador de esa búsqueda. (14)

Las intervenciones, ya sea del coordinador o de los miembros del grupo pueden servir para la apertura o la sutura, en momentos en que el grupo puede fragmentarse demasiado.

Se logra esclarecer situaciones que ocurren entre los miembros del grupo entre sí o en relación con el coordinador, en un movimiento que nos hace volver a atrás y a avanzar, que permite estructurar las cosas o desestructurarlas, en especial cuando un sujeto se identifica con otro y todo ese trabajo permite que ocurran nuevas cosas en el psiquismo de los miembros, de tal forma que se sanen las heridas del alma, las que se dieron cuando el sujeto se hallaba en una situación de sufrimiento e indefensión, en la medida que se va sosteniendo al sujeto con el grupo y se le devuelve digerido aquello que podía causarle terrores sin nombre.

El grupo viene a constituir una especie de matriz, que ayuda a convertir en pensable lo impensado, mediante esos símbolos que son las palabras, lo cual favorece que eso real de los restos de lo traumático pueda ser encadenado en un discurso histórico, que permita una elaboración o un trabajo mental sobre los hechos acaecidos que devinieron lesivos para el aparato psíquico.

Se sale así de la parálisis mental que provoca el fenómeno chocante, generador de perplejidad, para que pase de su condición de representación de cosa a representación de palabra, en un campo intersubjetivo, de varios sujetos que comparten el malestar natural o engendrado desde la civilización misma, de lo que apenas somos medio conscientes o inconscientes del todo.

Se va armando una especie de rompecabezas, de puzzle, en la medida que el grupo enfrenta un enigma por resolver y puede irlo integrando pieza por pieza, en una labor tanto colectiva como singular, en contraposición con el estallido, la fragmentación que produce el estímulo nocivo.

Es un trabajo, en el que cada miembro del grupo aporta en la construcción de imágenes más integradas.

Fue así como empezaron a trabajar con personas que colaboran con grupos sociales vinculados con problemáticas límites, en lo que se refiere a violación de Derechos Humanos.

Se ha probado ya que los grupos son instrumentos fundamentales para albergar al sujeto en condición de indefensión y brindarle el apoyo necesario para enfrentar las crisis y generar matrices dentro del psiquismo para desarrollar nuevas y más sanas posibilidades para el aparato psíquico.

Eso se corroboró en situaciones como las de los terremotos de México y Honduras, en tanto, catástrofes naturales, que afectan no sólo lo físico, lo material, sino lo emocional pero que también no dejan tener causas sociales, pues de lo que se trata es de desnaturalizar el sufrimiento y comprender las situaciones psicosociales, que preceden a los acontecimientos funestos, tanto como las subsecuentes consecuencias sobre el psiquismo y sobre la colectividad. (15)

Nosotros mismos, Mario Sánchez Rengifo, Luz Marina Escobar, Luz Mary Restrepo, Ruth Ospina, Jesús Dapena y un grupo grande de psiquiatras y psicólogos en formación psicoanalítica participamos en una experiencia de esta naturaleza cuando en 1999 se dio el terremoto del Eje Cafetero en Colombia, con la población de Montenegro, Quindío.

En situaciones traumáticas, el grupo de reflexión brinda nuevos espacios para el apoyo contra la indefensión y el desamparo, contra las vivencias de fragmentación y/o mutilación, producidas por diferentes tipos de pérdida, como refuerzo al apoyo espontáneo, cuando éste se logra; ayuda a la discriminación, al buen juicio que puede verse alterado por el impacto lesivo, con el desarrollo de modelos creativos de pensamiento.

Permite la elaboración de la violencia y la agresión, que muchas veces se orienta no contra el generador de la situación nociva, sino contra sí mismo, la familia o los grupos de pertenencia, como un desplazamiento de la respuesta frente a la violencia recibida.

Puede contrarrestar la acción persistente de la pulsión de muerte, de lo mortífero, que paraliza, abruma o desvitaliza, mediante el aporte de la transmisión de una nueva energía, una nuevo brío, a partir del resurgimiento del deseo, como parte de la pulsión de vida, con un mejoramiento de la autoestima, afectada por la situación y la identificación con discursos internos o externos inductores de sentimientos de culpa, cuando se viene abajo el reconocimiento por parte del otro y el narcisismo se ve herido.

Los grupos de reflexión permiten la reconstrucción de una historia, posibilitan develar la significación de los discursos dominantes, de las representaciones sociales que el Poder construye y ver cómo opera éste para lograr su hegemonía, generadora de imperativos y enormes sentimientos de culpa sobre una población vulnerable, de tal manera que logra cuestionar lo transubjetivo, que se transmite en la cultura, a partir de mentalidades e ideologías.

En situaciones traumáticas de origen social, encontrar el sentido de los traumatismos tiene especial importancia para su elaboración, nos dicen Lucila Edelman y Diana Kordon.

Lo importante es hacer un trabajo de otorgación de sentidos, que ayude a la comprensión del problema y al proceso personal de simbolización, de puesta en palabras, lo cual permite la superación de duelos y el procesamiento de lo traumático.

En el quehacer de la historia, es muy necesario, reconocer la importancia de los testimonios personales de cómo ha sido vivido lo traumático, en comparación con las vivencias de los otros y el hecho de que haya un Otro que escuche permite hacer ligazones entre los hechos y redefinir identificaciones puesto que el proceso de lograr una identidad personal, siempre está sostenida por el vínculo con grupos e instituciones.

Eso puede movilizar a la desalienación, a la desenajenación, que el Poder trata de obstaculizar para que quedemos alienados y enajenados en él, sin que tengamos clara conciencia de ello; es la práctica social, la matriz, en la que se produce la desalienación, lo que conlleva el poder realizar nuevas acciones, establecer nuevos tipos de relación, nuevas tomas de postura en el entramado social, lo que facilita el establecimiento de alianzas de los miembros de un grupo para enfrentar una determinada problemática, de tal forma que se construya un nuevo anclaje.

Notas:
1) Garteiz, G. Los deshaucios y los problemas para pagar la hipoteca disparan trastornos mentales en España. La Celosía. http://www.lacelosia.com/los-desahucios-y-los-problemas-para-pagar-la-hipoteca-disparan-los-trastornos-mentales-en-espana/
2) Puget, J. Violencia social y psicoanálisis: lo impensabley lo impensado. Psicoanálisis, 8 (2/3), 307-366, 1986.
3) Waisbrot, D. y otros (compiladores). Clínica psicoanalítica ante las catástrofes sociales. La experiencia argentina. Paidós, Buenos Aires, 2003, pp. 35-51.
4) Cesio, S. El trauma y su elaboración. 2002. http://www.enigmapsi.com.ar/jortrauma.html
5) Frank, J. Therapeutic Components Shared by all Psychotherapies. En: J. Harvey y M. Parks (Eds.), Psychotherapy Research and Behavior Change. Washington: APA, 1982.
6) Viñar, M. Pedro o la demolición. Una mirada psicoanalítica sobre la tortura. Revista de Psicoanálisis. Asociación Psicoanalítica Argentina, 42 (5): 1181-1197, 1985.
7) Rutter, M. Resilience in the Face of Adeversity. Protective Factors and Resistance to Psychiatric Disorder. British Journal of Psychiatry, 147: 598-611, 1985.
8) Edelman, L. y D. Kordon. Trauma social: trabajo elaborativo en grupos de reflexión. Psicoanálisis & Intersubjetividad. Familia, pareja, grupos e institituciones 5. http://www.intersubjetividad.com.ar/website/articulo.asp?id=230&idd=5
9) Kovic, R. Nacido el 4 de julio. Editorial Salamandra, Barcelona, 1990, 200 pp.
10) Dapena, J. Suicidados por la sociedad. Argenpress Cultural, 1 de julio del 2010, http://cultural.argenpress.info/2010/07/suicidados-por-la-sociedad.html
11) Ferrer, A y cols. Psiquiatras de celuloide. Generalitat Valenciana, Consellería de Cultura, Educació y Esport/IVAC La Filmoteca, Institut Valenciá de Cinematografía Ricardo Muñoz Suay, Valencia, 2006, pp. 185-189.
12) Kordon, D. R. y cols. Efectos psicológicos de la represión política. Editoriales Sudamericana-Planeta, Buenos Aires, 1986, 180 pp.
13) Aristóteles. Poética. Alianza Editorial, Madrid, 2006, 128 pp.
14) Sócrates (469-399). http://filosofia.idoneos.com/index.php/307388
15) Schenquerman, C. Prólogo del libro Psicoanálisis extramuros. Puesta a prueba frente a lo traumático de Silvia Bleichmar. http://www.elpsicoanalitico.com.ar/num3/autores-schenquerman-bleichmar-psicoanalisis-extramuros.php


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