jueves, 17 de enero de 2013

Qué fue de mi vida


Gustavo E. Etkin (Desde Bahía de San Salvador, Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Por medio de la computadora Artemio se enteró que, para la mayoría de los llamados “seres humanos”, cada edad tiene sus preguntas específicas.

Los nenitos y las nenitas preguntan, quieren saber de una forma o de otra, de donde vienen los chicos, como se hacen. Ahí es que, por un tiempo, muchos creen en la cigüeña. Después, qué podrían hacer, de qué les gustaría trabajar cuando sean grandes. Y ahí a muchos les aparece lo que mas tarde será llamado de “vocación”. De ser ingenieros, abogados, médicos, enfermeras, policías, aviadores, u otras cosas. Como sus padres.

Las nenitas, casi todas se preguntan con quién van a casarse. Cómo les gustaría que sea su marido. Para seguir la carrera matrimonial, como casi siempre sus madres y sus tías les dan a entender que es propia de toda mujer honesta.

Los varones, en la adolescencia se preguntan si quieren cogerse esa mina, como será su cuerpo desnuda, si sus tetas serán altas o caídas. Y después cuántas minas se fueron cogiendo o, todavía, se quieren coger.

Y las adolescentes, si ese muchacho sería un buen novio. Y después un buen marido.

Así es que a todos, de diferente forma, de un modo o de otro, les llega un momento en que aparece una pregunta diferente: ¿qué fue de mi vida?

Cuando esa pregunta los ronda, se les aproxima, algunos empiezan a beber mucho. Borrachos para no preguntarse por el pasado. Para no preguntarse ¿y eso fue todo? ¿Y nada más? ¿Qué fue lo que hice?

Algunos se dan cuenta que pasaron casi toda su vida sellando documentos, organizando ficheros, atendiendo al público. Algunos, además de su mujer cogieron muchas minas para que, después, no les importe ser viejos. Pero cuando las recuerdan casi siempre se preguntan si estarán vivas. O solamente muy viejas.

Cuando esas preguntas rondan, se les aproximan, algunos empiezan a beber. Para percibir únicamente el presente. Los autos que pasan. La gente caminando por la calle. El murmullos de todos hablando en el café. Esa linda mina con cara tristona. La sirena de un auto policial pasando. La mosca que da vueltas. La puerta abierta o media cerrada.

Solamente ver y escuchar todo eso. Lo que pasa en ese momento.

Por eso comienzan a beber mucho, para no hacerse preguntas molestas.

O entristecedoras.


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