miércoles, 30 de enero de 2013

Sensaciones

Edgar Borges (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Una imagen se puede construir a partir de una sensación (sólo si se quiere hacer realidad esa imagen). Mucho se ha escrito sobre sensaciones, imagen, perspectiva, realidad y verdad. Se suele confundir (a propósito o por ingenuidad) realidad con verdad. La realidad es un punto movible desde el cual saltamos para conseguir la verdad (de punto en punto, de realidad en realidad). Todos los puntos (y realidades) hacen el camino hacia la verdad. La realidad es una noción que se construye en común acuerdo para vincular las diversas realidades de una sociedad. La necesaria coherencia. Sin embargo, en cada ciclo el poder se ha empeñado en controlar la realidad desde la invisibilidad de su entramado. Todo para que en la cotidianidad se perciba que realidad y destino es lo mismo. De la verdad poco se habla. De ese chantaje parte la lógica de poder que ha dirigido el rumbo de la humanidad hasta ahora.

Cada sujeto es un constructor de realidades. A cada realidad, ese sujeto, podría llegar desde una sensación. La sensación se convierte en imagen según la perspectiva. La perspectiva es un puente entre la sensación y la imagen. Es posible que desde siempre el ser humano, en su estado más primitivo, supiera exorcizar sus sueños en la vida cotidiana, haciendo de una sensación una realidad. Habría que seguir estudiando qué tanto ha cambiado la fuerza creadora del hombre desde que la comunicación de masas se encargó de construir sensaciones a partir de un objetivo determinado. ¿Qué somos a partir de entonces? ¿Qué ocurrió con el sujeto? ¿Hoy sólo hay intérpretes de la realidad más difundida?

En los años 80 del siglo XX se movió aceleradamente el reloj del tiempo social. La máquina de una ficción absoluta ha radicalizado la noción espacio-tiempo. Hoy nos sentimos parte de un escenario que reduce (y asfixia) los acontecimientos y la vida. El tic tac se mueve en nuestra contra. De un tiempo de positivismo (donde la felicidad se dibujaba en forma de lucro) hemos pasado al negativismo como cruz que sentencia la movilidad (y los sueños). La industria mediática profundiza la vieja idea de que más noticia es la caída del hombre que su paso. Muchas veces al día se nos habla de un cambio de mal a peor. Justicia en ruinas; Ilusiones perdidas; ciudades solitarias; el fin de los encuentros; calles sin salida; la niñez extraviada; la inutilidad del humanismo. ¿Qué alteración se da en la perspectiva del sujeto cuando una imagen condicionada es la que despierta sensaciones? ¿Quién se atreve a regresar al tempo de su casa (la casa tierra)? Muchos mensajes y un mismo discurso: ya no somos lo que éramos (todo lo nuevo nos sobrepasa. Y en ese sobrepasar la bola de fuego derriba los puntos sublimes que nos mueven). El mundo es presa de una sensación colectiva que le han vendido. Nos hemos creído la sensación del no ser. Estamos asistiendo (con invitación previa) a la puesta en escena de la negación de nuestra especie. Somos intérpretes de un desastre manipulado a distancia. Hay en la invisibilidad de esa sensación colectiva tanta mentira como derrota. Todo es una construcción que, de no ser detenida a tiempo, amenaza con reducirnos a la condición de servidores de nuestra propia tragedia. La particularidad de cada sensación ha sido secuestrada; el sujeto, por ahora, duerme camino a la muerte.


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