miércoles, 6 de febrero de 2013

Cine clásico: El héroe del río (1928)


Jesús Dapena Botero (Desde Vigo, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

DIRECTOR: Charles Reisner
PROTAGONISTAS: Buster Keaton, Tom McGuire, Ernest Torrence, Tom Lewis, Marion Byron
GUIÓN: Carl Harbaugh
FOTOGRAFÍA: Bert Haines, Dev Jennings
MÚSICA: Ninguno
PRODUCTORA: Buster Keaton Productions
DURACIÓN: 71 minutos
COLOR: Blanco y negro





Esta comedia de 1928, rodada por la propia productora de Keaton narra la historia de dos dueños de barcos que transportan carga por el río Mississipi.

Uno de ellos espera la llegada de su hijo Willie, protagonizado por el cómico, quien procede de la ciudad ha donde ha ido a estudiar y ahora viene para ayudarle a administrar el negocio, pero se lleva un fiasco al encontrar que su hijo se ha convertido en un petimetre sin experiencia, que se enamora de la hija de su competidor, lo que no hace sino generar nuevas tensiones.

Bill, el padre de Willie y es arrestado y su hijo intenta sacarlo de la cárcel.



Es en esta película en la que aparece la famosa escena en la que al personaje le cae una casa encima, que fue una escena rodada sin dobles ni trucos, lo que puso al actor en un peligro real, con gran riesgo de ser aplastado por los muros, en medio de uno de esos famosos tornados del sur de los Estados Unidos de América. La valentía que Willie muestra en ese momento de la película, en su intento de salvar a su padre, a su novia y a su suegro, hace que el padre recupere una buena imagen de su hijo, lo cual conduciría a la reconciliación de los dos rivales. La producción de esta escena costaría todo un dineral, ya que implicaba la construcción de todo un pueblo para luego destruirlo.



La película serviría de inspiración a la primera película en la que apareciese Mickey Mouse, en ese mismo año, de 1928. En esta película nos enfrentamos a un Buster Keaton, como siempre un imperturbable papanatas, siempre sólo contra el mundo, que sigue produciendo efectos muy graciosos en el espectador, ya que una de las estrategias estéticas del cómico era que había que ir de la mano con el público, para que la historia funcionara. Los creadores de cine cómico, al estilo de Matt Groening, el creador de Los Simpsons y de Futurama, han podido constatar que el público se vuelve cada vez más exigente con el humorista y pide que se multiplique el número de gags pues no tolera mucho tiempo sin ellos, fenómeno del que ya era consciente el Buster Keaton de 1928, y es por ello, que para evitar el aburrimiento de su público, El héroe del río se convierte en una sucesión ininterrumpida de chistes visuales, que hicieron de la cinta quizás la más desfasada, loca y divertida de toda su filmografía.

La trama es sencilla pero muy bien estructurada y sirve para el despliegue de todo un festival de gags, esos elementos narrativos cómicos en los que Keaton era un gran maestro. Allí podemos asistir la transformación del tonto petimetre, que volviera de la ciudad, para desilusión de su padre, que no encuentra en él al verraco que esperaba, para convertirse en algo más cercano al sueño del padre, al devenir héroe, en medio del tornado, a quien no le importa correr todo tipo de peligros, quien logra que se mantenga el ritmo hilarante de la película.

El implacable Buster, desde su tierna infancia, en el vodevil, en el que trabajaban sus padres, había aprendido a caerse sin hacerse daño, lo cual era la clave de su éxito, a lo que se unía una imaginación desbordante, algo que sólo él parecía lograr.

Podríamos decir que ese fue uno de los últimos grandes éxitos de Keaton pues su productor Joseph Schenck le exigiría adscribirse a la Metro Goldwin Meyer, compañía que le restringió su libertad creativa, y con ella el cómico sólo rodaría dos películas más, y esa pérdida de autonomía artística acarrearía su desgracia, posiblemente un cuadro depresivo, del que se defendía con el alcohol, que lo sumiría en una terrible oscuridad.


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