jueves, 21 de febrero de 2013

“GABO: Cartas y recuerdos”, de Plinio Apuleyo Mendoza

Francisco Vélez Nieto (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

GABO: Cartas y recuerdos
Plinio Apuleyo Mendoza
Ediciones B

“Compadre: Agarré bien pronto el paso del trabajo. No he entrado de sopetón en la novela,
Porque quería hacerlo con el brazo frío”

Gabriel García Márquez. Carta 9 de marzo de 1968



Para los que como fieles, aunque críticos, seguimos desde 1967 cuando aquella explosión que significó la primera edición de Cien años de soledad (8000 ejemplares), diana creativa de inquietante personalidad dimensional de Gabriel García Márquez fue alcanzando las mayores alturas del mundo literario. Ahora esta obra íntima de solidaridad emocional por lo que en ella se narra, es una labor agradecida, mesurada y objetiva muestra elaborada por Plinio Apuleyo Mendoza, que no es otra que una forma de mostrar a un Gabo liberado del “peso de su propio mito”, que aparece con secuencias con las que mostrar la variedad del gran fabulador y la evolución de su mundo privado, intimo “conocido solo por su solo círculo más íntimo”. Desde el joven periodista y bullidor García Márquez pasando por el desvalido pobre y solitario seguro de sí mismo en Paris, teniendo como modelo otro enorme narrador: Hemingway y su París es una fiesta. Pulso hacia un futuro en las alturas de la literatura con mayúscula. Luego nadamos por las líneas que lo cuentan saboreando la apuesta de su enorme voluntad y coraje, pulso de la vida literaria pese a todo y por todo, sin desmerecer nada su inquietante e insobornable personalidad que alcanzaría con los años de la mano del esfuerzo constante el Premio Nobel de Literatura.

Fue allí, en la gran metrópoli parisina donde por primera vez vivió la sensación de una nevada con la que “García Márquez quedó de pronto estático, fascinado por aquel espectáculo de sueño” Demasiadas cosas ocurridas desde aquellos primeros años, principio de una sólida amistad hasta en lo que no estaban de acuerdo, lucha diaria con constantes altos y bajos dentro del mundo variopinto de la escritura y la búsqueda de una minima de tranquilidad material para poder crear. Nacimiento de ilusiones y muerte de sueños, “pasar y desaparecer amigos”, la llegada de las canas. Pero vivieron el laberinto de los más variados mundos, geografías y proyectos. Así nos lo relata Plinio Apuleyo Mendoza: “El se ha vuelto rico y célebre. Yo me he vuelto pobre” “Todo ello desde aquella noche, cuando vio la nieve por primera vez y sin importarle ser tomado por un loco se puso a saltar” Plinio será el pobre, pero su prosa es rica en fortuna y sin calendarios que le hayan producido canas.

Cuatro años antes de la publicación de Cien años de soledad, corre 1963, García Márquez en su permanente busca de una razón sólida para su escritura, en una de estas once cartas inéditas que contiene esta obra, una de las má extensa tal vez, en la que reflexiona como ha venido “acumulando una impresionante cantidad de datos para la novela del dictador y ahora estoy seguro de que su biografía no se parecerá a la de ninguno. No hay remedio será una novela de ciencia ficción” Así nacería ese país imaginario e inimitable de una historia que mentalmente había ido elaborando durante diecisiete años hasta que llegara el momento justo, oportuno, para la gran diana literaria. El ya está seguro quienes han sido los padres del boom, los tiene catalogados como los precursores: “El siglo de las luces, de Carpentier; La muerte de Armenio Cruz, de Carlos Fuentes; La ciudad y los perros de Vargas Llosa, y Rayuela de Cortázar. Todo ello sería “cuestión de encontrar un termino medio entre Carpentier y Hemingway!”

La pasión y apuesta por Fidel Castro y la Revolución de los barbudos es un tema de envergadura política e ideológica que viene de allá, desde hace años siendo polémica bastante acentuada, de hondos principio enfrentados, los cuales en su mayoría han desembocado en el desencanto y rompimiento de amistades entre aquel mágico grupo de majestuosos y excelentes escritores del desbordante Boom de los sesenta y alargadas décadas de un siglo XX envuelto en oro literario. Polémica de alta y tensa temperatura que surge con el caso del poeta Padilla y el escándalo que provoca su condena teniendo por juez a Fidel Castro, un líder conducido por la deformación y ortodoxia evidentemente prisionero del sistema y adoctrinamiento comunista imperante en la Unión Soviética, fue provocando el desaliento en quienes se consideraban fervientes cronopios y famas, nunca mejor etiquetados, provocando el abandono, la separación, siendo Vargas Llosa uno de los primeros.

Cuestión que Plinio Apuleyo ve y plantea con toda rotundidad y transparencia, porque a muchos les resulta insostenible tan sucia y lamentable maniobra para ir eliminado la verdadera esencia de la Revolución. Historia de mucha tinta escrita, que ocupa amplio y rico espacio lleno de interés en estas cartas y recuerdos magistrales, vivos, sobre la vida del Gabo autentico, el de amigo de los amigos, la sencillez dentro de sus principios y rarezas, la fidelidad de la verdadera amistad. Retrato emocionante lleno de sorpresas desde sus comienzos como periodista hasta alcanzar su consagración con el Premio Nobel de Literatura y el justo lugar que le corresponde literariamente en la lengua de Cervantes.


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