miércoles, 6 de febrero de 2013

Un dilema para Arturo Bean

Juan Gaudenzi (Desde México. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)


Cuando sorpresivamente, “por violaciones al debido proceso”, la Suprema Corte de Justicia (SCJ) de México decidió la “inmediata y absoluta” libertad de la ciudadana francesa Florence Marie Louise Cassez Crepin (38), condenada en el 2008 a 96 años de prisión por secuestro, asociación para delinquir y posesión ilegal de armas de fuego de uso exclusivo del Ejercito (una apelación en el 2009 redujo la pena a 60 años) recordé de inmediato las memorias Arturo Bean, un argentino de origen irlandés, a medio camino entre detective y abogado defensor, que pese a su valor testimonial y literario nunca fueron publicadas.





En el Prólogo Bean escribió:
“En esencia, entre la religión judeo-cristiana y nuestro sistema de justicia penal no existen mayores diferencias. Según la primera todos - vivos y muertos - somos pecadores hasta el Juicio Final en el que el Libro indicara quienes estamos anotados - con derecho a ingresar en la Nueva Jerusalén - y quienes no figuramos en él y, por lo tanto, vamos a parar for ever al “lago de fuego”. Para el segundo, aunque la letra - millones de constituciones, tratados, cátedras, legislaciones y códigos - diga lo opuesto, en la práctica casi todos somos culpables hasta que no demostremos lo contrario. Y como una vez acusados probar la inocencia es una tarea titánica por no decir imposible, los “lagos de fuego” terrenales (los centros de detención o reclusión) están atestados no solo de ciudadanos que ni siquiera pasaron por la prueba del Libro (carentes de sentencia) sino de inocentes que perdieron la batalla contra la ineficiencia y la corrupción de la Justicia.

Que me perdone mi padre ya muerto .Tal vez nunca lo pensó, pero su religión y su Iglesia trajeron al Nuevo Mundo esta semejanza y, como tantas otras cosas, perpetuaron el oscurantismo medioeval hasta convertirlo en moneda corriente en nuestros días. Me refiero a los “autos de fe” de la Santa Inquisición. ¿Qué diferencia hay entre el “proceso” contra Yucel Franco, “el judío de Tembleque”, que en 1490 termino con la ejecución - en la hoguera - de ocho personas, confesas mediante el engaño y los tormentos, de la supuesta crucifixión y extracción del corazón de un niño, con el destino de cientos o miles de pobres perejiles pobres que en la actualidad solo sirven para aplacar la sed de venganza del pueblo y encubrir la impunidad y la complicidad de la Justicia con el Poder?

Motivado por una dolorosa experiencia personal que ya conocerán, me pase casi toda mi vida profesional remando contra la corriente. Es decir, tratando de rescatar, con mayor o menor éxito, a los inocentes de estos “lagos de fuego” que burbujean y emiten sulfurosas y pestilentes bocanadas en las afueras de casi todas nuestras ciudades, en medio de gritos de horror que nadie escucha.

Me animaría a decir que muy pocos de ustedes - los que tienen condiciones para leer un libro - pueden imaginar cómo se vive y se muere allí.

Mientras tanto, verdaderos criminales de “cuello blanco” y, en general, de buena posición económica, considerable “capital social” (como se ha dado en llamar a la cantidad y calidad de relaciones, contactos e influencias), cierta formación académica o profesional, familia constituida y aspecto de gente “bien”, nunca han estado entre rejas y, con la más espeluznante pero incuestionable razón se sienten impunes.

Decir cuál de estas dos situaciones me produce mayor repugnancia carece de sentido. Son las dos caras de una misma moneda. Una no puede existir sin la otra….”

A la luz de las más recientes revelaciones sobre el caso Cassez y teniendo en cuenta que el veterano investigador jamás acepto defender a un reo, por más dinero que le ofreciera, sin estar plenamente convencido de su inocencia, me surgió una duda: ¿el celta-argentino hubiese tratado de “rescatar” a la francesa antes del último pronunciamiento de la SCJ?
Trate de preguntárselo telefónicamente pero no di con su paradero. En realidad nadie supo nunca su verdadero paradero.

Adivinar me resulta imposible.

Inicialmente pensé que se hubiese negado. Aunque sin perder de vista las aberraciones de la justicia, sus groseros errores procesales, la arbitrariedad de sus fallos, los intereses económicos y políticos en juego, la podredumbre de los organismos de seguridad y del Estado en su conjunto, Bean nunca recurrió a teles males sistémicos ni se valió de tecnicismos - sin los cuales la mayoría de los abogados defensores pasarían hambre - para obtener la libertad o absolución de sus clientes. “La inocencia esencial de cualquier ciudadano no queda a salvo por la presunta o probada culpabilidad o torpeza de otros”, escribió.

Y esto es, precisamente, lo ocurrido en el caso Cassez: obtuvo la libertad una vez que la mayoría de los integrantes de la SCJ, para satisfacer la necesidad de legitimación internacional del nuevo presidente, Enrique Peña Nieto, admitió la flagrante violación de los derechos que le asisten a cualquier sospechoso o acusado, que se cometió durante su detención, juicio y condena.

Pero, de este legal y legítimo reconocimiento a considerarla absuelta (no culpable) hay un abismo. Solo ella y su conciencia pueden, o no, superarlo.

Es decir que, en realidad, no fue la SCJ - contra cuya decisión se ha manifestado más del 80 por ciento de los mexicanos - la que puso en libertad a Cassez, sino las violaciones al debido proceso cometidas por los mismos presuntos delincuentes que la capturaron y sentaron en el banquillo de los acusados, dirigidos por el entonces director de la Agencia Federal de Investigaciones (AFI) y posteriormente secretario de Seguridad Publica del gobierno federal, Genaro García Luna, un verdadero “incombustible” durante la administración de Felipe Calderón.

El perfil y los antecedentes de este truculento ex funcionario - un simple ingeniero que, según algunas versiones, alcanzo el “top” de los organismos de seguridad e inteligencia del país de la mano de Carlos Slim, uno de los hombres más ricos del mundo, ha sido acusado, entre otros delitos, de nexos con el narcotráfico (las autoridades estadounidenses dispondrían de un voluminoso expediente en su contra) y de estar vinculado con una serie de sonados asesinatos como el de Enrique Salinas de Gortari, hermano menor del ex presidente - no hubiesen sido suficientes para que Bean creyese a pie juntillas en la inocencia de la Cassez.

La comprobada relación amorosa de esta con el presunto jefe de una banda de secuestradores hacia prácticamente insostenible, al menos, su versión de que nunca sospecho de que había caído en malas manos. Complicidad o encubrimiento parecían los cargos menos refutables.

Sin embargo, en el supuesto caso de que Bean le hubiese dado una oportunidad a la francesa y, con su impecable e implacable vocación y formación detectivesca se hubiese puesto a investigar, toda la información posterior a la que, que por distintos medios, hubiese tenido acceso, tal vez lo habrían hecho cambiar de opinión.

Antecedentes.

El 9 de diciembre del 2005, en el informativo matutino de televisión de mayor audiencia un reportero transmitió “en vivo y directo” una operación (“un golpe contra la industria del secuestro”, la llamo) a cargo de una fuerza de elite de la Agencia Federal de Investigaciones (AFI) en un rancho situado junto a la carretera que une las ciudades de México y Cuernavaca. El resultado: el rescate de tres secuestrados y la captura de sus dos secuestradores: un mexicano y una francesa. Para que no quedara ninguna duda una mano retiro la tela que cubría la cabeza de esta y la cámara mostro el rostro aterrorizado de quien después seria identificada como Florence Cassez. Mientras tanto los agentes golpeaban ante las cámaras al mexicano. Las víctimas, que en un principio negaron conocer a la francesa, ni siquiera por el tono de su voz, terminaron acusándola. ¿Se necesitaban más pruebas para condenarla? El mensaje: al menos en el México del “inmaculado” y “justiciero” opus-deísta Felipe Calderón los organismos de seguridad pública y la Justicia - además de eficientes - no otorgaban privilegio alguno a ninguna mademoiselle, por más que el entonces presidente de Francia, Nicolás Sarkozy (y la opinión pública francesa), intercediera por ella.

Después de un escandaloso fraude electoral Calderón, apoyado por Washington, recurrió a una doble estrategia para mantenerse en el poder: por una parte militarizo el país; por la otra se lanzó a una sangrienta guerra contra el narcotráfico - perdida de antemano pese a la asesoría, entre otros, de un tránsfuga como el ex comandante guerrillero salvadoreño Joaquín Villalobos - con el afán de mostrarse como el paladín de la justicia, el único capaz de combatir y acabar con la delincuencia organizada.

Por eso ni se inmuto y prefirió mantener la crisis diplomática con Francia cuando quedo demostrado que dicha transmisión televisiva fue un montaje planeado, dirigido y promovido por Genaro García Luna (con la complicidad de Televisa), como el mismo lo reconoció. ¿Y las declaraciones de las víctimas? “Fueron obtenidas bajo amenazas de la policía”, asegura Cassez. En su libro “Fabrica de culpables” la periodista francesa Anne Vigna afirma que los secuestrados nunca estuvieron en ese rancho. Fueron trasladados allí exclusivamente para el montaje televisivo. Inclusive, Genaro Luna admitió que la francesa había sido detenida un día antes.

A Enrique Peña Nieto, en cambio, le tiene sin cuidado la legitimidad interna, como lo demostró al imponer a la Nación un triunfo electoral basado en la compra de votos, empresas encuestadoras, medios de comunicación y el propio Instituto Federal Electoral. La principal preocupación de los grupos nacionales y extranjeros que lo promueven y dirigen es terminar de vender el país y sus recursos naturales (Pemex). De allí su necesidad de demostrar el respeto de los derechos de una extranjera, su acuerdo con el actual presidente francés y la orden a la SCJ para que pusiera en libertad a la Cassez, sin importar su inocencia o culpabilidad.

La versión de Cassez es que ya había terminado una relación sentimental con el mexicano Israel Vallarta, presunto jefe de una banda de secuestradores llamada “Los Zodiacos”, cuando al dirigirse al mencionado rancho para retirar sus muebles fue secuestrada por agentes policiales quienes la retuvieron dentro de un vehículo hasta la mañana del día siguiente, cuando se monto el show televisivo.

Si, como asegura, no tuvo nada que ver, nunca desconfió de Vallarta ni de las relaciones de este; jamás vio nada que le hiciera pensar que el rancho que frecuentaba era uno de los lugares que el mexicano utilizaba para la detención de sus víctimas, ¿cuál habría sido el propósito de involucrarla?

La conexión judía

Cuando Florence llego a México, en marzo del 2003, ya se encontraba aquí su hermano Sebastien quien se había asociado en una empresa con el mexicano de origen judío Eduardo Margolis.

La comunidad hebrea de la ciudad de México - en una página web llamada “Enlace judío” dice de él: “A pesar de la leucemia que le aqueja, Eduardo Margolis es un hombre fuerte y vigoroso, que se ha vuelto leyenda, llamando la atención de los medios que le adjudican todo tipo de “cualidades”, entre ellas el de ser “agente del Mossad”, la Agencia de Inteligencia israelí. Este apelativo le divierte mucho, pues , como lo dice, “el Mossad tiene mejores cosas que hacer que ocuparse de México”.

“Por sus conexiones, sus sistemas sofisticados de inteligencia y su temeridad Eduardo es un hombre temido y admirado a la vez. Es sabido que este empresario exitoso ha apoyado a su comunidad como a la sociedad mexicana en casos relacionados con seguridad; pero es también un benefactor pues ha fundado una organización comunitaria de apoyo a personas con necesidades especiales. Además, es casado, padre de familia, abuelo, y muy comprometido con México”.

El propio Margolis informo que en el año 2002, se asoció con Sebastien Cassez en la compañía Radiancy de tratamientos de belleza. A mediados del 2004, descubrió que Sebastien había realizado un fraude de 80,000 dólares. Lo mandó a llamar, deshizo la sociedad, y pidió le devolviera dos coches que eran propiedad de la compañía. Sebastien se rehusó a entregarlos y se fue.

Cuando aún trabajaban juntos - según “Enlace Judio” - Sebastien se había presentado a la oficina de Margolis acompañado de una pelirroja: su hermana Florence. Le pidió a su socio le diera trabajo. Margolis declinó al ver que la mujer aún no hablaba español. Le preguntó de qué vivía y ella respondió que de una pensión de desempleo otorgada por el gobierno francés. ¿ No era ilegal, entonces, buscar trabajo? preguntó el empresario, a lo cual la mujer contestó que no le importaba defraudar a su patria.

“Más adelante,- continua relatando “Enlace Judio” - Margolis descubriría que la falta de escrúpulos de Florence iba mucho más allá de un fraude. Sebastien le había comentado que Florence salía con un empresario de grandes recursos económicos: Israel Vallarta, miembro de una familia de 8 hijos.

“Tras el secuestro de dos miembros de la Comunidad judía y al llevar a cabo Margolis la investigación, salta a su vista el nombre de Israel Vallarta. Margolis descubre que Vallarta y todos sus hermanos son parte de bandas de secuestradores. Puede formar un organigrama donde cada uno de ellos estaba relacionado con una rama de esta nefasta industria. Arturo Vallarta, hermano de Israel, fue muerto por agentes de la Procuraduría del DF cuando recogía un pago de un secuestro; además, sus sobrinos Gyovavi y Pavel de La Cruz fueron detenidos y, hoy en día, purgan condena en el reclusorio del DF.

En entrevista para “Enlace Judío”, Margolis declaro que Vallarta tenía dos casas seguras en las que resguardaba sus presas. Una era el rancho Las Chinitas y otra se localiza en Xochimilco. Allí encerraba a sus víctimas, allí las torturaba física y psicológicamente. Sin embargo, quien aplicaba realmente el terror era Florence. Según Margolis esto lo comprobaron varios testimonios de secuestrados, entre ellos Ezequiel Elizalde quien, una vez obtenido el asilo político en los Estados Unidos, hablo ante las cámaras de TV, identificando a Florence como su secuestradora y cómplice de Vallarta.

La versión de los hermanos Cassens es muy diferente:

Sebastien confirmo que fue socio de Margolis en las empresas Radiancy de México y Sauna Italia de México, dedicadas a la venta de productos y equipos de belleza.

Según el relato de Sebastien a Anne Marie Mergier, corresponsal del semanario “Proceso” en Francia, Radiancy era parte de un grupo empresarial que se dedicaba a otras actividades: venta de ropa, restaurantes, blindaje de autos, servicios educativos, guardias de seguridad y negociaciones para la liberación de secuestrados. Sus servicios los ofrecía fundamentalmente a la comunidad judía del barrio capitalino de Polanco.

Al parecer Margolis contaba con un equipo súper profesional que se desempeñaba como intermediario para resolver secuestros. Una fuente fidedigna que sería peligroso identificar descubrió que Margolis era en realidad una especie de jefe de seguridad de la comunidad judía de México. Según informaciones no confirmadas fue miembro del Mossad, órgano de inteligencia israelí.

Margolis tenía excelentes contactos con la AFI (Genaro García Luna). Su equipo de rescate de secuestrados trabajaba con agentes de ese organismo. La misma fuente - que pidió el anonimato -explicó también que Margolis importaba armas y municiones para la Armada de México.

“El mexicano de origen judío se ufanaba de sus relaciones con la policía”, escribió Florence, por lo que ella y su hermano “ni siquiera nos sorprendimos cuando oímos que podían secuestrar gente para que su negocio funcionara… Margolis reía sin que Sebastien ni yo supiéramos si era por lo increíble de lo que contaba o porque se sentía intocable. Mucha gente malencarada lo rondaba y eso le daba un aire de suficiencia que él alimentaba jactándose, dado el caso, de gozar de los favores de los hombres del poder”.

Sebastien dijo que a principios de 2004 empezó a tener problemas con Margolis en la empresa Radiancy. Sostuvo que aquél le debía 155 mil dólares. Le anunció que se iba y pidió que le pagara ese adeudo. Margolis se rehusó y comenzó a presionarlo para que cediera la cantidad que tenía invertida en la empresa sin recibir ningún pago. Como Sebastien se negó, arreciaron los problemas. La esposa de éste recibió amenazas de muerte contra ella y sus hijos. Luego llovieron demandas contra la empresa Systemes de Sante et de Beaute, S.A. de C.V., que Sebastien acababa de crear. Durante dos años estuvo metido en batallas judiciales.

Ante el hostigamiento del que fue víctima por Margolis y de “sus protectores de altísimo nivel”, Sebastien acudió a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. Pero dijo que no pudieron ayudarlo porque su problema se debía a un litigio entre particulares.

Como las agresiones seguían solicitó el apoyo de “gente muy importante” (‘?) que le ayudó a defenderse y evitó que Margolis lo siguiera atacando de manera directa. “Éste buscó otra forma de golpearme. Se enteró de que mi hermana frecuentaba a un delincuente -ella no sabía a qué se dedicaba- y no desaprovechó esa oportunidad para hacerme daño”, afirmo.

Vallarta, por su parte, también se declaró inocente. Dijo que a mediados de 2002 llamó por teléfono a su “amigo” Sebastien. Éste le comentó que “estaba iniciando un negocio” y que quería platicárselo. Añadió que justamente se encontraba con uno de sus socios y lo invitó a unirse con ellos en el lugar en que se encontraban: el restaurante Kleins de Polanco. El socio era Margolis. Vallarta no aclaró qué clase de negocio le propuso Sebastien. Sólo refirió que después de comer y platicar se despidió de Margolis e intercambiaron sus números telefónicos.

Agregó que a partir de ahí siguió viendo a Margolis, al margen de Sebastien. Lo invitó varias veces al rancho Las Chinitas e, incluso, en una ocasión “tuvimos relaciones íntimas él y yo”. Aseguró que el judío le tenía “tanta confianza” que le regaló un auto Passat que estaba a nombre de su empresa y un radio nextel para que ambos estuvieran en comunicación.

Vallarta sostuvo que Margolis le hablaba de sus negocios, sobre todo los de su empresa de seguridad y mediación para liberar secuestrados, pero que empezó a contarle que “tenía información de personas secuestrables”.

Israel afirmó: “Me di cuenta de que era una persona muy peligrosa”. Comentó luego que éste le advirtió: “No intentes pasarte de listo. Cuidado con tu boca”. Según su versión se alejó de él y después se enteró de que había tenido problemas con Sebastien y que incluso había amenazado con hacerles daño a su esposa e hijos. Después empezó el noviazgo con Florence.

En su declaración Israel afirmó que Margolis es el único que tiene el poder y el dinero para involucrarlo en las acusaciones de secuestro que actualmente enfrenta. Insistió en su inocencia y pidió protección para él y su familia.

En la misma declaración describió que en la mañana del 10 de diciembre de 2005, un día después de realizado el montaje de rescate para la televisión, “una persona vestida de civil, de color beige, ingresó en la galera en la que me encontraba (en las instalaciones de la SIEDO), me levantó, me golpeó con puños y pies y me dijo: ‘Te manda los buenos días tu judío favorito. Que ya sabes: que si hablas te mueres tú y toda tu familia’, quedándome claro a quién se refería”.

En un documental titulado Florence Cassez, el último recurso -difundido por el Canal 5 de Francia-, un ciudadano francés que “lleva varias décadas viviendo en México” y “considerado el mejor especialista del caso Cassez” ofreció su testimonio de manera anónima. Y proporcionó un dato que vuelve aun más intrigante la historia: que Cristina Valladares, quien junto con su hijo Christian fue secuestrada por la banda Los Zodiaco, fue “ama de llaves, es decir, empleada de servicio del señor Margolis”.

Alain Devalpo y Anne Vigna escriben en su libro Penas mexicanas que Margolis se mueve en la SIEDO “como en su casa”, anotan a continuación que éste se presentó en el edificio de esa institución en dos fechas clave: el 13 de septiembre de 2005, día de la primera declaración de la estudiante Valeria Cheja, cuyo secuestro y posterior liberación derivó en la detención de Vallarta; y el 9 de diciembre de 2005, día en que éste y Cassez fueron conducidos a dicho inmueble tras el montaje televisivo y cuando los secuestrados -Ezequiel Elizalde, Cristina Valladares y su hijo Christian- rindieron sus primeras declaraciones.

De acuerdo con el registro de entradas a las instalaciones de la SIEDO -incorporado al expediente-, Margolis se presentó ese 9 de diciembre a las 14:30 horas y salió de ahí a las 15:11 horas. Recibió el gafete de entrada 012 y dijo que visitaba al licenciado Jorge Rosas, coordinador de la Unidad Antisecuestros, en el segundo piso del inmueble.

El 11 de julio de 2006 Margolis fue citado a declarar como testigo ante Olga Sánchez Contreras, juez quinto de Distrito de Procesos Penales en el Distrito Federal.

Ante las preguntas de Héctor Trujillo Martínez, abogado defensor de Vallarta, Margolis dijo no conocer a Israel pero sí a Florence, debido a que es hermana de su ex socio Sebastien. Aseguró que la había visto dos veces en su vida.

Cuando Trujillo le preguntó por qué había ingresado al inmueble de la SIEDO el 13 de septiembre de 2005 y luego el 9 de diciembre de ese mismo año, Margolis dijo primero que no se acordaba. Cuando se le mostraron las hojas de registro de ingresos, señaló: “Normalmente voy a la oficina que está frente al Monumento a la Revolución (sede de la SIEDO), que no sé si es esa subprocuraduría, a ofrecer mis carros blindados a los empleados o funcionarios”.

En su libro Florence recuerda esa audiencia en la rejilla de prácticas del juzgado: “Él (Margolis) está ahí, sentado tranquilamente en una silla del tribunal y un secretario de la juez le pregunta cortésmente sin intentar ir más allá de lo que él quiera decir. Tiene el tono y el porte distante, la expresión despectiva de quien no tiene nada que temer y que aparentemente está perdiendo su tiempo”.

Y añade: “Tiene una apariencia infinitamente respetable pero también arrastra un tufo infame de crimen y corrupción. Al igual que los AFIS, Margolis impone un respeto temeroso (…); sé que tiene mil razones para estar resentido con mi hermano porque las cosas entre ellos terminaron muy mal”.

La danza de los millones

De acuerdo con documentos del Registro Público de la Propiedad, Margolis es accionista de Epel, S.A. de C.V., constituida en abril de 2003, cuyo objeto social es “la prestación de servicios y compra-venta de equipos de seguridad y el blindaje de automotores, así como la asesoría en todo lo relacionado con la seguridad”. En marzo de 2010 constituyó otra empresa con el mismo giro: Blindajes Epel Monterrey, S.A. de C.V., que ofrece sus servicios en México y Monterrey, ciudad de la que es originaria su familia materna (aunque su abuela nació en Ucrania).

El nombre de Epel proviene de las primeras letras del primer apellido de sus socios en estas empresas: los hermanos Luis y Dan Epelstein Rapaport. De hecho, éstos y Margolis son accionistas de CV Directo de México, dedicada a la venta de productos por televisión. CV Directo es uno de los principales clientes de Televisa en este rubro.

Devalpo y Vigna sostienen que Margolis es “un gran cliente de Televisa debido a su empresa de telecompras. Tiene garantizado su ingreso a la televisora y se beneficia de sus contactos de alto nivel en la esfera política y en las corporaciones policiacas (…) Es conocido por los directivos de la AFI y se mueve en la SIEDO (Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada) como en su casa”.

Agregan que Margolis y sus socios, “mejor equipados que la policía, sirven de intermediarios en las negociaciones con los secuestradores y no dudan en intervenir cuando la liberación es posible”. Y señalan que estos empresarios contactaron a Alejandro Martí para obtener la liberación de su hijo Fernando, y participaron en las negociaciones para liberar a una familia de españoles secuestrada en 2004.

Al parecer el negocio de la seguridad es tan redituable para Margolis que en abril de 2009 amplió la razón social de otra de sus empresas: Industrias Margoli de México, S.A. Originalmente estaba enfocada al ramo de la pintura, ferretería y materiales para la construcción. A partir de esa fecha también se dedica a “la impartición de cursos, talleres, exposiciones, pláticas y todo tipo de asesoría que se relacione con todas las áreas administrativas, técnicas y de seguridad en general, tanto a empresas como a personas físicas, ya sean nacionales o extranjeras”.

Margolis es además accionista en compañías dedicadas a diferentes rubros: Nuevo Colegio de Ciencias y Humanidades y Formación y Desarrollo Integral (educación), Industrias Hidrómetro Mexicana (ferretería y elementos hidráulicos), Suave y Fácil (productos y equipo de belleza), Sistemas Vioi (equipos electrónicos de audio, video y computación), Representaciones y Servicios al Mayoreo (refacciones y accesorios para automóviles, ferretería y maquinaria), Inmobiliaria Margoli y Linsal (bienes raíces), Exacto Punto y Coma y Comercializadora Restaurantera Neuchatel (gastronomía).

Ahora se sabe que, al igual que en Colombia y Centroamérica, con la privatización de importantes sectores de la seguridad y la inteligencia estatal iniciada por el ex presidente Fox y profundizada por Felipe Calderón durante su demencial guerra contra el narcotráfico, en México ex oficiales del ejército de Israel y agentes del Mossad se establecieron o ampliaron sus negocios en dichas áreas, con García Luna como uno de sus principales socios y protectores.

¿Qué dice ante esto el Ejercito Mexicano, otrora baluarte de la soberanía nacional? Ni una palabra.

Otro de los concesionarios de la Secretaria de Seguridad Publica fue (o lo sigue siendo) ICIT Private Security México, SA de CV, subsidiaria de ICIT Security Group Holdings LLC, con sede en Miami, uno de cuyos propietarios- entre varias otras empresas - es el judío Mauricio Samuel Weinberg y su hijo Jonathan Alexis.

En el 2008, durante la licitación para la fabricación de los chips del Registro Público Vehicular, Weinberg figuró como representante de Gull de México, compañía afiliada” a OBP Miami, propiedad del propio Weinberg.

En el 2010 Gull de México volvió a aparecer en escena cuando licitó un contrato ante la SSP en sociedad con José Kuri Harfush, uno de los consejeros más cercanos a Carlos Slim.

Dos años antes el portal de Internet “Reporte Índigo” había publicado que la secretaría encabezada por García Luna adjudicó de forma directa a Carlos Slim la operación del sistema llamado “Plataforma México”, la base de datos personales más completa que existe en el país.

Tiempo después, la sucursal de un restaurante de García Luna en Cuernavaca solicitaba a través del portal de avisos por Internet, Trovit, algunos puestos poco usuales para un restaurante: poligrafistas con experiencia y disponibilidad para viajar por todo el país.

Casualmente, otra empresa de los Weinberg, ICIT Private Security México, S.A. de C.V., tenía una concesión para dar servicios de seguridad que incluye la realización de exámenes poligráficos, según registros publicados por el Instituto Federal de Acceso a la Información (IFAI).

¿Existe alguna relación entre Margolis y Weinberg o se trata, simplemente de competidores?

En todo caso los puntos de contacto entre ambos se llaman Genero García Luna y Carlos Slim.
Weinberg también operaría como representante de Teletron, Ltd, una empresa de seguridad asentada en Israel a la que se liga como proveedora de seguridad de Grupo Carso, propiedad de Slim, y la Secretaria de Seguridad Publica.

Curiosamente ICT Secutity Group Holdings LLC “fue abierta el mismo día y con la misma dirección del restaurante Oggi Caffé, propiedad de la esposa de Garcia Luna, en la zona residencial de Aventura, al norte de Miami Beach”, según “Informe Índigo”.

Serber & Associates ,el mismo despacho de abogados que registro ambas empresas, con sede en la suite 801 del edificio Turnberry Plaza, se ha encargado de abrir por lo menos otras doce - propiedades inmobiliarias, restaurantes y consultoras de seguridad, entre otras - que constituirían la red de lavado y respaldo financiero de García Luna en su dorado exilio en Miami, con el visto bueno de sus antiguos patrones, la DEA y el Mossad.

Toda esta información y la comprobación del poder y la peligrosidad de los personajes con los que los hermanos Cassenz -y hasta el mismo Vallarta - se involucraron - supongo que habrían puesto a Bean ante un muy difícil dilema ¿Y si todo el caso Cassenz, incluyendo la presunta culpabilidad de Vallarta y su familia, hubiese sido un montaje impulsado, más que por la sed de venganza, por la necesidad de sacar de circulación a quienes sabían demasiado?

Estoy casi seguro que antes de tomar un decisión Bean hubiese considerado la hipótesis de dos jóvenes extranjeros aventureros, poco escrupulosos, pero en el fondo ingenuos e ignorantes de la despiadada lucha por el poder económico y político que se ha desarrollado en México a lo largo de toda su historia.


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