miércoles, 27 de febrero de 2013

“Mi libro de horas”, de Frans Masereel


Francisco Vélez Nieto (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

“Reseñar libros malos no es solo una pérdida de tiempo, sino también un peligro para el carácter”

W.H. Auden

La obra más valiosa clave del artista belga Frans Masereel (Blankenberge, Bélgica, 1889 - Aviñón, Francia, 1972), “Mi libro de horas”, se publica en Nórdica Libro por primera vez en España, con un rico y sereno prólogo del autor de La montaña mágica Thomas Mann. Durante las décadas de los 20 y 30 del siglo XX, Masereel, como muchos otros grandes creadores se posicionó con claridad a favor de la Unión Soviética y participó en numerosas actividades de signo pacifista y antifascista. Tras la II Guerra Mundial fijó su residencia en París y más tarde en Niza.

En todas sus obras, pero especialmente en esta que comento, Masereel eleva la xilografía -una técnica de grabado en madera que se remonta a la Edad Media y en la que fueron maestros Durero o Lucas van Leyden- a categoría de arte mayor, como ya hiciera su contemporáneo Ernst Ludwig Kirchner y otros pintores expresionistas. Mi libro de horas se considera su mejor obra, una sucesión de páginas que suman una continuidad de secuencias con reflexivo realismo por si misma, mostrando el hondo contenido que emanan y transmiten. Posar una y otra vez pausadamente la mirada sobre sus imágenes es vivir su contemplación, ir descubriendo todo el profundo e inquietante mensaje que transmite sobre una sociedad poco solidaria y sorda.

Esta cuidada edición acentúa sus valores literarios respaldado por el magnífico y lúcido prólogo de Thomas Mann convertido en luminosa guía que alumbra sobre los valores y el propiedad de la obra al lector, por los históricos espacios sociales de aquellos conmovidos años veinte del pasado siglo, tras la Gran Guerra y su trágicas consecuencias, paralelas a la agitación social y desafiante movimiento creativo de la cultura de una edad desafiadora. Planteando como Libros de horas no es precisamente un libro exclusivo para lectores de alto nivel, tampoco poliglota, porque igualmente puede disfrutar con su lectura. “Por ejemplo, se puede ser un trabajador, un joven chófer o una simple funcionaria telefonista, y no tener conocimientos de idiomas, pero sí una actitud abierta y suficiente contacto con la democracia a intelectual europea como habar oído y leído ya el nombre de Masereel” señala Mann en su prólogo.

Toda gran obra es inmune al tiempo que transcurre, es más, los años la suelen colmar de reconocimiento. Valor que la sitúa en estos tiempos que corren y malvivimos en estado convulso, corrupto, sostenido con abanderado descaro de la mentira por bandera. Luego se debe considerar justo y necesario hacer propaganda de la obra, de una obra de arte como esta que protagoniza una postura divulgadora donde se muestra lo ético y humano, como crítica denunciadora de una situación asfixiante en la que vive la sociedad, porque como señala Thomas Mann: Masereel se ha dibujado a sí mismo en el libro de horas rascándose la cabeza, con la barbilla apoyada en su mano, y, finalmente corriendo despavorido con los brazos en alto invadido por un misterioso pánico ante las manifestaciones de la industria, sus candentes barracones, sus grúas, altos hornos, bombas de aire y transmisiones”.

“Sentaos aquí, a la lámpara de la lectura” e ir pasando lentamente sus páginas en blanco y negro, analizando la expresión de ese joven solitario que arriaba a la gran metrópoli de los rascacielos lleno de esperanzas y solidaridad, pero que a medida que se mezcla con al muchedumbre e intenta contactar con ella repleto de sentido solidario y crítico y humano, todo son muros invisibles que lo van impidiendo desde una atmósfera asfixiante apenas solidaria y falta de humanidad, que le resulta imposible encajar. Solo entre los niños encuentra cariño y calor. Y llega el amor y también el dolor de la tragedia, la soledad refugiada en el bosque, en el que se sume su fracaso.

El gran esfuerzo, su ilusión e idealismo ha sido vencido, los muros, la masa camina carece de oídos, él podría exclamar aquellos versos de Cernuda “Abajo todo ecepto la derrota”, porque su obra no ha sido derrotada, tampoco su humanidad pudo encajar en esa monstruosa sociedad que paga la factura de la Gran Guerra. Carece de clase social en el entorno que le rodea porque todo mostrado con ojo crítico desde su desesperada soledad. El propio autor Frans Masereel es el protagonista “Porque solo en artista no tiene clase social, está desclasificado de nacimiento” expone Mann. Una obra magistral “Una parte importante de la historia de los cómics” Toda una actualidad en punta por su contenido de talla humana y creatividad conmovedora.


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