jueves, 14 de febrero de 2013

Minotauroamor: Una mirada desgarradora de la condición humana


Dolly Sales de Nasser

En esta novela, Arias recrea estéticamente un mito helénico. La recreación no sólo tiene mérito artístico sino también una atrapante multiplicidad de significaciones.

La lectura de obras de distintos momentos de la literatura universal pone inmediatamente de manifiesto la vigencia que los mitos helénicos tienen en las letras de todos los tiempos. Sin embargo, no siempre esta recreación de los mitos respeta la historia original. En algunos casos, sólo presentan variaciones del motivo central pero, en otros, las modulaciones llegan a ser tan significativas que terminan invirtiendo la significación primigenia del mito en cuestión. En este último caso, creemos que existen, por lo menos, dos móviles principales: por una parte, desmitificar los contenidos, y por otra, resemantizarlos. En su novela Minotauroamor, Arias retoma el mito helénico y lo recrea estéticamente. No obstante, esta recreación no sólo tiene un mérito de tipo artístico sino que -y en esto nada difiere de los mitos originales- su valor reside en la multiplicidad de significaciones que emanan de esta reconstrucción literaria. Nuevos sentidos que se superponen al original con la intención de encontrar una posible explicación al evidente deterioro que sufren los valores humanos en el momento histórico que le toca transitar a nuestro autor. Abelardo Arias alude a la degradación de los valores humanos desde una visión totalmente inmanentista en la que la esperanza no tiene lugar. De hecho, una mirada detenida en el discurso textual permite al lector acceder a una serie de conceptos acerca del hombre y las realidades que le conciernen: el amor, la amistad, la belleza, el arte, el poder, etc., de las que se desprende una visión fundamentalmente pesimista del hombre moderno muy ligada a la filosofía existencial del escritor y pensador francés Albert Camus. En este sentido, cabe destacar que Minotauroamor es una novela de índole filosófica puesto que lo que interesa no es tanto la acción o los personajes, el espacio o el tiempo como la plasmación de un universo ideológico dentro del cual cada elemento adquiere una dimensión simbólica que hace necesaria su interpretación para descubrir su vigencia y trascendencia.

Breve reseña argumental

Un narrador en tercera persona presenta, como en el mito clásico, al Minotauro encerrado en el laberinto de Creta. Sin embargo, la figura que se va desprendiendo de él a lo largo de toda la novela, lejos de asimilarse a la que nos proporciona el mito helénico, se aleja de él para terminar configurando a un personaje humanizado. El lector asiste, de la mano del narrador, al proceso de humanización y espiritualización que marca la trayectoria vital/textual del personaje. Ahora bien, frente a esta figura ennoblecida del monstruo se nos presenta la figura degradada del héroe mítico: Teseo. Un héroe corrompido por la ambición desmedida y por la debilidad interior, incapaz de cumplir con su destino. El mismo Abelardo Arias confiesa que en la génesis de esta obra literaria se encuentra como motivación un cuestionamiento que lo abrumaba: conocer la identidad de la auténtica condición humana. Intentando responderse, recurre al mito clásico del Minotauro y lo recrea. Al respecto, él mismo declara: “Todo comenzó al preguntarme a lo Montaigne, ¿quién es más monstruoso, el Minotauro que sigue los dictados de su naturaleza o esos padres que enviaban al sacrificio a sus hijos para proteger sus vidas y la libertad del Ática? Sentí al Minotauro, tremendismo a lo Goya, tan de nuestras raíces, aquí y hoy. Imagen de minorías despreciadas o execradas. Parafraseando a Heidegger, es posible decir que toda novela nace de la devoción del recuerdo, y yo agrego, del desgarramiento metafísico de la conciencia”. De este modo surge Minotauroamor, una novela en la que el autor invierte el sentido original del mito para presentar al Minotauro con una interioridad sublimada.

Modulaciones del mito

La historia del Minotauro, tal como queda textualizada en esta novela, se aleja en lo esencial de la tradicional. Básicamente podemos decir que ya el título nos señala una dimensión impensada en el mito clásico: la asociación del Minotauro con el amor. El lector asiste a un camino que in crescendo va señalando la espiritualización del personaje mítico frente a la evidente deshumanización del hombre. De la concepción clásica, el autor toma, por una parte, la idea de que el mito explica la actual condición humana a partir del conocimiento racional del mismo. Ahora bien, este “conocimiento racional” sería, precisamente, el que lleva a Arias a invertir el simbolismo y significación de cada uno de sus elementos, dado que si la clave de la degradación del hombre tiene sus raíces en la mitología, ésta debe ser, necesariamente, diferente de la que nos presenta la tradición literaria. Por lo tanto, y como es el presente lo que da sentido a toda la realidad, es desde este presente, “su” presente, desde el que Arias interpreta el mito y lo recrea con la finalidad de encontrar respuestas a los interrogantes del hombre moderno. Cada elemento del mito se trivializa en el contexto de la novela que nos ocupa y en ella, cada uno de los personajes -el Minotauro, Teseo, Ícaro, Egeo, Minos, Ariadna- muestran, a un mismo nivel, las plurifacéticas caras del ser humano. Por otra parte, toma del mito la figura del monstruo y la identificación de ésta con un aspecto de la interioridad y esencia del ser humano. Pero invierte el sentido, dado que mientras para el mito helénico el Minotauro representa lo monstruoso del hombre que debe ser vencido por el héroe -cuya acción garantizará la victoria del bien sobre el mal, de la razón frente al instinto, de lo espiritual frente a lo puramente carnal-, en esta novela, el Minotauro representa justamente lo opuesto. El lector asiste a un proceso de “evolución” de Asterio, quien se aleja cada vez más de lo instintivo para acercarse a lo racional, en un camino que lo lleva a espiritualizar todas sus acciones.

Visión del hombre

El Minotauro, por su propia condición, es el ser que está entre el hombre y la bestia, es decir entre la razón y el instinto. Abelardo Arias se vale de este hecho y nos ofrece un discurso bivalente que pone de manifiesto una especie de juego en el que las características atribuibles al hombre pasan a ser propias del Minotauro, a la vez que se presenta el deterioro ético y moral del ser humano dominado por sus pasiones y por su faceta más instintiva. Este es el Minotauro que se erige como el verdadero enemigo del hombre, cuando deja de cumplir el papel de monstruo en el que recaían todos los actos miserables del ser humano y, por el contrario, se convierte en una especie de espejo en el que el hombre descubre su verdadera dimensión: “La gente se acercaba para contarle sus miserias, lo que no se atrevían con los demás. El Minotauro siempre era o debía ser más monstruoso que cuanto ellos pudieran ser o contar”. El Minotauro tenía la función de ser monstruoso para que el hombre se viera dignificado, cuando pierde esa condición y en su lugar se convierte en el ser que revela al hombre su verdadera cara: la de la maldad, la avaricia, la envidia, el egocentrismo, la ambición, el poder, la lujuria -las pasiones todas que son las que verdaderamente lo dominan-, el Minotauro pierde su sentido y entonces debe morir. ¿En manos de quién? Ya no del héroe puro, que puede vencer todos los obstáculos para alcanzar el dominio total de sí mismo, sino de un héroe degradado que ha perdido la pureza y el valor, que necesita del metal para matar y de la ayuda vil de Ariadna. Un héroe dispuesto a engañar hasta provocar la muerte de su propio padre con tal de reinar, de acceder al poder. Con la muerte del Minotauro se elimina, en definitiva, la posibilidad del hombre de enfrentarse a sí mismo. Este planteo, en el que la esperanza no tiene lugar, es de índole puramente existencial y pesimista. Se trata del hombre que pierde la fe en el hombre. Es la historia del hombre que camina hacia su propia autodestrucción. En definitiva, la figura del Minotauro le sirve al autor mendocino como un símbolo hiperbólico que le permite establecer los matices que se dan en el ser humano y que lo acercan más al mundo de los dioses o al de las bestias, en tanto sea capaz o no de controlar y dominar sus más viles tendencias.

Conclusiones

El marcado pesimismo que se advierte en la lectura y relectura de las innumerables sentencias y afirmaciones generales acerca del hombre, del arte y del artista se extiende tanto al nivel de la interioridad del hombre -donde son puestos en tela de juicio los sentimientos más profundos como el amor, la amistad, la religión y el patriotismo-, como también a su desempeño en el plano socio-político, donde se resalta la lucha del poder por el poder mismo. Las relaciones humanas quedan supeditadas así a establecer un vínculo de sometimiento, servidumbre y masificación, en donde no hay lugar para el desarrollo creativo e inteligente de la interioridad. Esto asegura el éxito de una sociedad mecanizada, fácilmente manejable bajo estos parámetros y en la que el arte y su valor creativo no tienen lugar. Ante lo expuesto queda claro que Abelardo Arias se hace eco de los cuestionamientos existenciales que marcaran a toda su generación, pero consideramos que modera su impronta. El hecho mismo de que el Minotauro intente superarse continuamente y que acepte morir en pos de un bien mayor que lo trasciende, hacen que su aceptación no sea la mera aceptación de quien, invadido por el tedio, le da lo mismo vivir que morir. A Asterio no le da lo mismo porque ha conocido el amor y el amor le abre un mundo de esperanzas que sólo se consumarán allí, en ese momento ritual que es el de su muerte. Éste es sin duda el mayor logro de Asterio, es su verdadero triunfo. En Minotauroamor, Asterio -mitad animal, mitad hombre- emprende el camino del autoconocimiento y del dominio de sí mismo y de sus impulsos. Un camino de superación que le permitiría acogerse al mundo del “hombre normal”. Pero una vez alcanzado el avance espiritual que suponía su humanización, ese mundo lo rechaza, porque ya en él no hay lugar para seres que sienten, que aman, que crean; su única salida será la muerte. Coincidentemente, dirá Camus: “Lo que queda, es un destino cuya única salida es lo fatal. Este es el destino que encarna Asterio. Pero su tragicidad se ve moderada por el mensaje que deja detrás de sí: que el amor es el que puede dar sentido aun a los actos y acontecimientos que parecen carecer totalmente de él. En definitiva, la lectura de la obra novelística de Abelardo Arias nos lleva a afirmar que los cuestionamientos existenciales, el arte y el papel del artista en la sociedad no son, cada uno, un motivo más que se deslinda de su narrativa, sino que se erigen en temas dominantes, presentes en cada una de sus novelas, si bien con distintos enfoques y gravitación. Esto demuestra el especial interés del autor en estos temas. Como hemos manifestado anteriormente, consideramos que Arias se detiene en los aspectos esenciales del hombre en general y del artista en particular, como un modo de conocerse a sí mismo porque, como afirma el filósofo francés, "el artista, como el pensador, se empeña y se hace en su obra".


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