jueves, 21 de febrero de 2013

Un nombre


Gustavo E. Etkin (Desde Bahía de San Salvador, Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Era muy linda.

Hombros chiquitos, cintura estrecha. Su piel con un tono oscuro, morocha de pelo largo. Labios anchos y suaves. Nariz fina. Ojos celestes. Culito sobresaliente, marcado, que vibraba al caminar.

Y muchas veces, cuando iba caminando por Florida o Corrientes, se le acercaba alguien que se la quería levantar. Y ahí le preguntaba cómo se llamaba. Si le gustaba, ella le decía su nombre: Rebandustria Kalabandrolia.

Cada vez que lo pronunciaba causaba una reacción diferente, aunque todas con algo en común: rechazo con bronca.

Algunos le respondían: -“Andate al carajo”. Otros: “Chau”. Otros: -“Y yo me llamo pirulitoploki”, y se iban. Otros, con bronca, le preguntaban:- “¿¡Me estás tomando de punto!? ¿¡Crees que soy boludo!?”. Y después: -“¡Andate a la mierda!”.

Siempre la misma reacción con bronca, con diferentes variaciones.

Hasta que una vez se le acercó uno que le dijo lo habitual: “¡Qué linda que sos!. ¿Cuál es tu nombre?”. Pero esa vez cuando ella dijo Rebandustria Kalabandrolia, el tipo no se enojó. Solamente le respondió:- ¡Qué bien! ¡Qué lindo nombre tenés! Combina con el mío, que es Kraksterbortkeler Cantraksaltker…!!!

Y así fue que empezaron a enamorar, se casaron, y ella pasó a llamarse Rebandustria Kalabandrolia de Cantraksaltker.


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