jueves, 21 de marzo de 2013

“Armarse y resistir”: Invitación de la bestia

Nechi Dorado (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Algunos presos, por encontrarse purgando condenas en pabellones VIP, lanzan frases que conmueven.

Sacuden los escombros de la historia, provocan nuevamente olas de lágrimas ya secas aunque no del todo, movilizan la bronca que nunca se durmió y despiertan la capacidad de asombro que a veces parece aletargada.

Uno de esos presos en espacio VIP, es un genocida: Jorge Rafael Videla, asesino de mi pueblo y de mi gente que asumiera el poder fáctico mediante un golpe de estado en la década del ’70.



Haciendo gala de su soberbia, la misma que alguna vez lo hiciera sentirse dueño de la vida y de la muerte, sin que le baste el repudio del pueblo argentino y de los pueblos hermanos, ahora llama a un golpe de estado contra el gobierno encabezado por la presidente Cristina Fernández de Kirchner, elegido por voluntad popular, pero que según su categorización de trataría de un “Unicato Totalitario”. Agregó, en entrevista a una revista española, que deben [los argentinos] “resistir y combatir al marxismo anacrónico”.

Su llamado fue dirigido a “los jóvenes que tienen entre 58 y 68 años” a la vez que se consideró un preso político.

“Preso político” por haber masacrado a miles de luchadores, por haber asesinado niños y niñas. “Preso político” por la apropiación de bebés. Por desaparecer personas, entre las que hubo varios sacerdotes y monjas.

¿Sabrá lo que significa ser preso político?

No conforme con su “llamamiento” siguió escupiendo su odio en los rostros de quienes no olvidamos ni perdonamos.

Es evidente que los años no siempre traen la cordura. No siempre calman a los espíritus belicosos, no siempre atemperan los ánimos.

La bestialidad se lleva en las entrañas, contamina las arterias, recorre circuitos de odio y deja interrogantes no resueltos que nos obligan a preguntarnos ¿cómo es posible?

Mientras tanto, en la primera misa con que estrenaba su papado el sacerdote argentino Francisco I, reclamó una Iglesia activa y comprometida.

Si se quisiera predicar con el ejemplo, el genocida hizo punta como para que empecemos a ver el compromiso. El repudio de la Iglesia debería ser impostergable.


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