jueves, 21 de marzo de 2013

Crítica literaria: “En la orilla”, de Rafael Chirbes


Francisco Vélez Nieto (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Rafael Chirbes
En la orilla
Anagrama

"Para escribir un buen libro no considero imprescindible haber leído el Quijote. Cervantes, cuando escribió el Quijote, aún no lo había leído."
Miguel Delibes

Corría el año 2007 cuando Anagrama publicó una novela de actualidad excitante poseída de escritura ejemplar, transparencia, compromiso y estilo narrativo. Realismo propio de un escritor cuya madurez lo situaba en ese ventanal donde la claridad de visión de la sociedad, permite ver las circunstancias de la sociedad y su demoledora caminata corruptiva y las cuadrillas de políticos, voluntariamente desmemoriados, que fueron suplantando las ideas por las meras palabras vacías de contendido ideológico y social. Crematorio es el título de la novela que logró plasmar definitivamente el compromiso que caracteriza la trayectoria literaria de Rafael Chirbes: iniciar la histórica narración literaria del siglo XXI de la España irredenta, su espacio vivido, con espíritu crítico y provocador, arriesgado como la suma toda su propia vivencia de observador literario Apuesta desafiante en un ambicioso empeño de abarcar toda la tragedia. Y conseguir ser galardonado con el Premio de la Crítica con esa novela considerada “una de las mejores de la literatura española en lo que va de siglo”.

Y a esta aventura desafiadora, se suma ahora como lo que se considera la segunda parte del proceso literario sobre la sociedad española En la orilla. Una novela en la que Chirbes muestra la depravada corrupción de un estado social desenfrenado hacia un abismo desolador. Donde descarnadamente se recrea tantos las debilidades como la perversidad del hombre en los túneles intrigantes de la obscenidad y el despotismo deslustrado seis años después, cuando corre este 2013, donde el estado de corrupción que asola el país muestra la putrefacción galopante fruto de la desmemoria de la izquierda pandillera con nómina garantizada, que se derrumba hasta el más bajo nivel de la mediocridad y la cochambre. Esta es En la orilla, una novela que se confirma como segunda parte la continuación del inolvidable Crematorio. Narración en la que prosigue la triste indecencia de la España del siglo XXI, culminando así el final de la comedia de la Transición, el derrumbamiento económico y social de una España beoda y corrupta, la de “coge y el dinero y corre” donde la degeneración en todo su amplio campo depravado narra un palpitante monólogo que se desarrolla entre la primera y tercera persona. Es una obra para lectores exigentes y advierto que se debe de recomendar a los políticos para que vean el reflejo de su propia estampa degenerativa.

Mostrarles donde terminara de pudrirse, fundiéndose en el nauseabundo pantano que la narración presenta como telón de fondo. Magistral modelo e inmensa denuncia expositora de las diferentes facetas del proceso. Fuentes en las que puede alimentarse el realismo literario incómodamente expuesto, por encima de todas las modas literarias, que se le puede aplicar a modo de doloroso elogio en verso de César Vallejo “Salud hombre de Dios, mata y escribe” sin piedad alguna, pues basta ya de eufemismos para vestir con perfumes de caridad arrastrada al estado de esclavitud a los que se somete a los de abajo “los menos favorecidos” , en fechas que corren devorando los últimos residuos de la clase media, que recordando a Brecht permite preguntarse, ¿a qué puerta llamaran a continuación en este delirio destructivo de la sociedad?. Sombra de Thomas Bernard recorre este monólogo.

Y como absoluto protagonista de de tan vibrante historia está Esteban, un hombre de 70 años, afligido al máximo al tener que cerrar su empresa de carpintería dada la crisis, que lo convierte un derrotado tras dejar en el paro a los trabajadores y buscar refugio en casa para cuidar a su padre en lo que le queda de corta vida, asumiendo el papel de víctima y verdugo de tan descarnada historia. Realidad trágica para una mayoría de la sociedad española en este corto período de tiempo en el que la indecencia y la avaricia de la explotación del poder y sus dóciles servidores políticos como grabadores del capítulo trágico de nuestra actual historia. Algo difícil de olvidar por los que aún somos victimas y testigos de tan dramática etapa, que igualmente no podrán ser olvidadas por las nuevas generaciones.


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