miércoles, 27 de marzo de 2013

Crítica literaria: “Memorias de la Guerra”, de Pío Baroja


Francisco Vélez Nieto (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Pío Baroja
Memorias de la Guerra
Alianza Editorial

“No vaya usted a creer que toda persona que intervenga en política sea un hombre de ingenio”

Pío Baroja

Pasan los años y una parte de la rica obra del sereno novelista Pío Baroja no está ausente en el mundo literario y editorial. Es presente y futuro. Sus novelas tienen un lento caminar, sin embargo rebosan de vida los personajes, las costumbres por donde transitan, esa constancia que refleja un amplio tiempo de la sociedad española. La búsqueda de la lucha por la vida llevada. Ficción literaria que al final del año y de los años, le sucede como al noble mastín, que siempre hace más recorrido que el galgo. Las prisas no son recomendables para ningún proyecto, pero mucho menos para la creación literaria. No descubro nada nuevo, mas no es pérdida de tiempo recordarlo. Que el lector juzgue por sí mismo el panorama literario español y su frenética carrera en editar en la lucha por la supervivencia y el resultado de tal velocidad en el mercado. Pero no todas las editoriales se han lanzado por tan suicida carrera. Otra, las más serenas vienen optando por reeditar sus ricos fondos. Aquí un ejemplo puede ser Alianza Editorial, La muestra, la reedición de la obra las novelas del perenne Pío Baroja.

Aquí de nuevo Camino de perfección (1902) y su protagonista Fernando Osorio joven de espíritu confuso, atormentado que lleva consigo la incógnita de los interrogantes que le atormentan, poder sacudirse de la mente los desequilibrios, ese estado anímico junto a la indolencia que le impide encontrar algo sólido que le de credibilidad a su existencia. Una novela que trazó el nuevo camino para la narrativa. En ella, como señala en la introducción Juan Antonio Garrido Ardilla, “se percibe meridianamente el ocaso de la novela realista y el alborear de la modernista, al tiempo que se inicia la época conocida como Edad de Plata, que se dilataría hasta 1936”.

Camino de perfección es la historia donde queda reflejado mucho de lo que el propio Baroja representa. Las experiencias vividas en el inicio de un nuevo siglo que arrastra consigo las derrotas de ultramar. En ella se encuentra reflejada la visión certera de la sociedad española tanto en la pobreza y falta de horizonte del mundo rural como el de la metrópoli. En esa España imposible, ahogada en sus propias limitaciones Baroja es todo un cuerpo literario inmerso en su mundo creativo dentro de sus propias contradicciones y desatinos, que sin duda alguna propiciaron crear esa fama de por vida con los más criterios, la sorprendente heterodoxia y contradicciones sociales, religiosas y políticas, siempre rescatadas por en sus obra segura y perenne.

Vivió de la fama personal más que de éxito literario durante su existencia, aunque que tras los muchos años transcurridos ha conseguido no caer en el olvido, por encima de opiniones y severas críticas a tan contradictoria personalidad, la vida privada que se desliza por la rutina sujeta a la disciplina administrando su tiempo: la escritura durante la mañana, el paseo diario, su pasión por husmear libros viejos, tertulia y la tarde de lectura, que lograron mantenerlo por encima de todas polémicas, manteniendo intacta su insobornable honestidad de aventurero por placer, orgulloso y provocador, conservador y antisemita, sentimental y tierno y no menos antidemócrata. ¿Cómo sería el Baroja de la España actual, corrompida y al borde de un abismo tenebroso? Los fieles lectores lo pueden imaginar sin apenas esfuerzo.

Miserias de la guerra escrita en 1951 y publicada en 2006 fue muy celebrada y no menos polémica dado sus planteamientos. Barajo fue siempre conservador y anárquico, antirrepublicano desde antes que se proclamara la República. Se negó a participar con Ortega en la Agrupación en Defensa de la República. Tampoco lo hizo con la dictadura, aunque sus Miserias de la guerra, muestran desde el principio pesimismo y escepticismo demoledor, repleto de opiniones políticas y sociales desalentadoras, propias de un hombre que parece no ser de su tiempo, antiguo, pero que desea las libertades sin cortapisas y el respeto a la vida privada. Baroja expone en esta novela la convicción de que España no tiene remedio, la considera esclava de sus propias circunstancias una y otra vez. Creo que el escritor no supo o no quiso entender la República con todos sus defectos, al considerarse por encima de unos y otros.


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