miércoles, 6 de marzo de 2013

Los que matan

Gustavo E. Etkin (Desde Bahía de San Salvador, Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Se sabe que lo pueden hacer porque de pronto dejan de sonreír.

Miran fijo, no pestañean y hablan en voz baja. En ese momento dicen pocas palabras. Algunos, quizá, pueden darse el lujo del cinismo, pero siempre hay un momento-antes, durante o después- en que se acabó la joda.

Saben que para ellos es fácil y que pueden seguir viviendo como antes. Y que el remordimiento, si lo hay, pude soportarse. No pasa nada. Y siempre supieron que podrían hacerlo. Algunos encontraron el arma y la razón. Otros, por ahora, solo siguen sabiéndolo.



Se sienten fuertes al descubrir que parecía imposible y prohibido, pero se puede hacer, y ellos lo hicieron.

Y habiendo pasado al lugar de los que tienen el secreto del Poder, miran a los demás desde el poder de un secreto. Y así, se reconocen entre ellos.

Las formas de reconocerse pueden ser muchas, pero hay una que vale para todos: los hombres de matar saben que con las palabras no se juega. Que hay palabras que no se pueden pronunciar, y otras que se hablan en voz baja.

Los hombres de matar nunca dicen matar. Hablan de “hacer la boleta” o “boletear”, “borrar”, “bajar”. Y cuando lo van a hacer dicen “operativo” o “acción” Pero esa palabra - matar- no la pronuncian.

Además, necesitan creer que lo hacen por algo: Tradición, Revolución, Órdenes, Obediencia Debida, Justicia, Venganza. Aún los profesionales, para los que es un trabajo como cualquier otro, lo hacen por Plata. Siempre por algo. Pero todos sintieron desde chicos el mismo furor. Y siempre quisieron que el otro -el enemigo- desaparezca.

Algunos de ellos son muy religiosos.


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