jueves, 21 de marzo de 2013

Me llamo Dominique

Beatriz Paganini (Desde Santa Fe, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El presente relato hace parte de la novela "Antes y después de Guernica".

Jamás imaginé que dejaría Francia, mi patria. Y menos por los motivos que originaron mi exilio voluntario. Y digo voluntario porque nadie me persiguió políticamente para que dejara el suelo donde yo nací y que amo tanto. Pero ya mi patria dejó de ser el abrazo abierto a los perseguidos del mundo.

Actualmente, un presidente déspota barrió en un breve lapso de su gobierno, las bases de los valores de una Francia que llegó a ser por sí sola la imagen de la Fraternidad para todos los hombres y mujeres del mundo.



Fue poco a poco y no quisimos darnos cuenta. Sólo se hicieron dos o tres marchas para protestar cuando el señor SARKOZY expulsó a aquella jovencita africana pretextando que carecía de documentación legal.

Hasta llegó a hacer controlar, con la policía, las salidas de las escuelas para comprobar directamente quienes, entre los asistentes, eran hijos de inmigrantes para luego prohibirles asistir como alumnos regulares o, inclusive, expulsarlos del país.

Un notable escritor y periodista Thierry Meyssan, denunció valientemente y con pruebas documentadas, el plan de persecución a los exiliados refugiados o simples emigrados extranjeros que venían a trabajar a la Francia de la Liberté, Fraternité, Egalité.

Al mismo tiempo investigó la infiltración de la CIA en organismos claves del Estado Francés y que motivaron el cierre de su Web titulada VOLTAIRE.

Esta persecución a la libertad de prensa, le sirvió a Meyssan para darse cuenta de que su pluma y su palabra corrían peligro, por cuyo motivo se exilió en Líbano, desde donde con la valentía que lo caracteriza, sigue denunciando en su web y en sus libros, el periplo despótico del presidente francés.

Ni, yo misma conocía las denuncias de MEYSSAN, hasta que, con motivo de los suicidios de algunos empleados de Telecom, unos amigos me aconsejaron leer Voltaire net., su famosa web.

Luego la debacle económica se fue haciendo evidente. Carpas de tela y/o cartón, se multiplicaron en las afueras de París. Familias enteras fueron desplazadas por el neoliberalismo apoyado por quienes tendrían que haberse opuesto para salvar la democracia que es lo que debe sustentar y legitimar a un gobierno que se precie de mantener sus principios.

Pero la Globalización engulló esos principios y digo engulló porque al igual que una bestia carnívora engulle y despedaza a su presa antes de hacerla desaparecer en sus fauces, el capitalismo globalizado con la eufemística palabreja de “capitales internacionales”, borró del mapa a fábricas enteras que sólo conservaron su nombre de marca y nada más... Y, entonces, el desguace fue INTERNACIONAL. Para eso si se unieron los capitalistas, para Ahogar al Patrimonio Nacional en beneficio del Anónimo Internacional.

Entonces los suicidios se multiplicaron por cuatro. Los motivos fueron variados. A nivel internacional: suicidios de colonos en la India por no poder afrontar los intereses leoninos de los créditos de Monsanto.

En la propia Francia: suicidios de empleados en diferentes empresas por el agobio, la incertidumbre y el manoseo de su obligada dependencia por subsistir o por mantener el empleo.

Entonces, llegó un mail….

Florencia, mi amiga de Argentina volvió a insistir sobre el ofrecimiento de una cátedra de francés en el instituto del que ella era directora.

Para mayor efecto sicológico adjuntó la documentación que me confería el cargo de profesora de francés.

Fue suficiente, la esperanza que me llegaba de un Nuevo Mundo, cuando ya en Francia con la anuencia hipócrita de la OTAN se iniciaba la salvaje ofensiva de muerte en LIBIA con el bombardeo de ciudades enteras, con hospitales y escuelas incluidas.

 El pretexto era “liberar a un pueblo oprimido”.

¡Y, para allí partí!

Mi periplo viajero duró un día y medio porque, en la fecha decidida, sólo conseguí pasaje hasta Ámsterdam, donde debí hacer una escala de seis horas para, luego, tomar otro avión hacia Argentina.

Buenos Aires me recibió con su sol brillante, en un increíblemente despejado cielo azul. Desde allí, partí para Santa Fe.

Florencia, Emy, su mamá, Héctor su marido y sus mellizas Hilda y Martha me esperaban en el aeropuerto.

Habían pasado cuatro años desde mi última visita a Santa Fe que, ahora, estaba urbanísticamente muy cambiada debido a la proliferación de edificios en torre. Pero no había perdido su aire hospitalario, característica común a la mayoría de las ciudades del interior en casi todo el mundo, algo de que carecen las megalópolis.


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