jueves, 21 de marzo de 2013

Plástica: Desde España, Goya

El Ave Fénix

Francisco de Goya y Lucientes nació en Fuendetodos (Zaragoza) el 30 de Marzo de 1746, muriendo en Burdeos (Francia) el 16 de abril de 1828, fue un pintor y grabador español, sin duda uno de los grandes pintores de todos los tiempos, un genio que irrumpió en la Historia de la Pintura con un estilo personal y rompedor y que le ha hecho merecedor de un lugar destacado entre los más grandes maestros, junto con Velázquez y Picasso forma parte de la gran tríada de pintores españoles.

Su obra abarca la pintura de caballete y mural, el grabado y el dibujo; en todas estas facetas desarrolló un estilo que inaugura el Romanticismo.



El arte goyesco supone, asimismo, el comienzo de la Pintura contemporánea, y se considera precursor de las vanguardias pictóricas del siglo XX.

Tras un lento aprendizaje en su tierra natal, en el ámbito estilístico del barroco tardío y las estampas devotas, viaja a Italia en 1770, donde traba contacto con el incipiente neoclasicismo, que adopta cuando marcha a Madrid a mediados de esa década, junto con un pintoresquismo costumbrista rococó derivado de su nuevo trabajo como pintor de cartones para los tapices de la manufactura real de Santa Bárbara.

Tras su vuelta de un viaje de formación a Italia en 1771, Goya recibe el encargo de decorar al fresco la bóveda del coreto de la Basílica del Pilar en Zaragoza, con una pintura sobre la adoración del nombre de Dios.

El pintor aragonés demostró con ella conocer y dominar la técnica de la pintura al fresco, si bien sus honorarios fueron menores que los de otros artistas a los que se adjudicó obras artísticas de decoración con pinturas al fresco de las bóvedas de la Basílica del Pilar.

Así, Goya recibe 15.000 reales frente a los 25.000 (más los gastos) que cobró Antonio González Velázquez.

De la obra se conservan varios bocetos y dibujos preparatorios que muestran mayor atrevimiento que la que adquiere la pintura de la bóveda tal y como se puede contemplar en la actualidad, si bien es necesario tener en cuenta que esta ha sufrido cuatro restauraciones en 1887, 1947, 1967 y 1991.

En ellos planteaba una composición de gran contraste en el colorido y la iluminación, y con un dinamismo en el movimiento mayor que el que se contempla en el resultado definitivo.

La obra, en su ejecución final, refleja los estereotipos de la pintura religiosa católica tardobarroca, se disponen dos grupos de ángeles a los lados que enmarcan una escena central presidida por el símbolo de Dios padre, un triángulo equilátero con su nombre inscrito.

Pese a que los grupos están situados a alturas diferentes, la impresión final es un tanto estática, y predomina una línea de composición en aspa pese al intento de Goya de situar las líneas de fuerza en forma de aspa, cruzadas en el centro del cuadro.

El magisterio en esta actividad y en otras relacionadas con la pintura de corte lo imponía Mengs, y el pintor español más reputado era Francisco Bayeu, que fue cuñado de Goya.

Desde 1774 se afinca en Madrid. Inicia una rápida carrera como pintor de corte, protegido por su cuñado Francisco Bayeu, excelente pintor del rey, Goya diseña tapices para la Casa Real española, pero en seguida empieza a ganar fama como excelente retratista y pinta a los españoles más importantes, incluida la familia real, llegando a ser pintor del Rey Carlos III y Carlos IV.

Una grave enfermedad que le aqueja en 1793 le lleva a acercarse a una pintura más creativa y original, que expresa temáticas menos amables que los modelos que había pintado para la decoración de los palacios reales.

Una serie de cuadritos en hojalata, a los que él mismo denomina de capricho e invención, inician la fase madura de la obra del artista y la transición hacia la estética romántica.

Además, su obra refleja el convulso periodo histórico en que vive, particularmente la Guerra de la Independencia, de la que la serie de estampas de Los desastres de la guerra es casi un reportaje moderno de las atrocidades cometidas y componen una visión exenta de heroísmo donde las víctimas son siempre los individuos de cualquier clase y condición.

Gran popularidad tiene su Maja desnuda, en parte favorecida por la polémica generada en torno a la identidad de la bella retratada.

De comienzos del siglo XIX datan también otros retratos que emprenden el camino hacia el nuevo arte burgués.

Al final del conflicto hispano-francés pinta dos grandes cuadros a propósito de los sucesos del levantamiento del dos de mayo de 1808, que sientan un precedente tanto estético como temático para el cuadro de historia, que no solo comenta sucesos próximos a la realidad que vive el artista, sino que alcanza un mensaje universal.

Pero su obra culminante es la serie de pinturas al óleo sobre el muro seco con que decoró su casa de campo (la Quinta del Sordo), las Pinturas negras, en ellas Goya anticipa la pintura contemporánea y los variados movimientos de vanguardia que marcaria el siglo XX.

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