jueves, 21 de marzo de 2013

Poema

Guillermo Henao (Desde Medellín, Colombia. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Como las cosas que se mueven por sí mismas,
todos los antiguos creedores y acreedores
regeneran la edad
y el hedor
de los poseedores.
Mas el viento nuevo avienta sus inventos, su inventario germinal.

Descubridor de lo desenvuelto, creador con lo que no se crea,
moja la congoja en desahogo.
Aireando su pedestre pedernal,
horadando con tino (o sin) el cotidiano des-tino: invidente esperanza.
Cuando llega, lo hecho está.
Renuévate en cada in-stancia exterior, en cada e-stancia móvil,
en toda circun-stancia central.
Tus actos sintetizan de novo lo viejo de las cosas, que cambian más veloz-
mente que tu mente.

Pero acaso sólo en apariencia
lo hagan los antiguos creedores y acreedores
que se regeneran para domar.
Aportan
su remedio o medicina, remedo
de lo que no es.
Pero todo por venir se acaba, y entre tanto
los temporales se aprontan
a descubrir y destruir el artificio,
fuente de fantasmas.
Domar sí. Es hora de domar los domadores,
de expropiar a los expropiadores,
de doblar -¿solamente?- el látigo antes indomable.
Vedlos ahí.
Callados, bulliociosos, a la intemperie y bajo el pavimiento,
los efímeros moldean el apoyo como un. Tal vez olvidan por temor
lo que siempre supieron:
lo fugaz oculta lo perpetuo.




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