miércoles, 13 de marzo de 2013

Tu mirada de niño dormida…es Ahora la Quinta Raíz


Evaristo Pérez-Suárez (Desde Venezuela. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

“…no se puede amar a Bolívar en una forma abstracta…”
Alí primera

Los ojos del abismo te llamaron en la tarde. Pero la tuya no es una muerte cualquiera. Ahora CHÁVEZ se Siembra en Nuestra Memoria de IDENTIDAD. Ahora con Rodríguez, Bolívar, Zamora y Alí es la QUINTA RAÍZ.

Desde ese mismo instante en que tu mirada de niño huía a la Tierra Madre y el Padre Río, se ejecutaba la paradoja que vos mismo anunciaste: “Yo ya viví…”, “me consumiré gustosamente…” -como decías- sentenciando tu propia profecía heroica, que ya presentías en los dolores físicos que callabas.

Esa entrega vital, era la antípoda del privilegio y el poder potencial atribuido por los demonios fosilizados al “presidencialismo”, al “régimen”. Tal entrega suponía una privación a la cual mucho te referiste, era en lo personal, lo contrario del proyecto que gestionabas para los otros, la felicidad bolivariana para esta dimensión de la realidad.

Pero para vos ese “consumirse” era el revés del principio de “vivir viviendo”, término tomado de Evo Morales como concreción coloquial en dos palabras, de tanta lucha, como traducción del criterio de Bolívar: “la mayor suma de felicidad posible”.

Esto se fue traduciendo en políticas que daban acceso popular a los programas sociales una vez recuperada la capacidad económica del Estado… para llevar a las demandas básicas de la vida…

…Vos morías…el pueblo vivía…

Entre las contradicciones de sortear fascistas, insolentes, especuladores, prepotentes, apáticos, contrabandistas antipatrióticos y traidores, farsantes…

…pero el acertijo de cómo tu inmensa energía desplegada hasta el último instante sufrió tal debacle, nos suscita el derecho a dudar y recordar tu propia suspicacia sobre la muerte de Bolívar… asediada por el acecho de los demonios imperiales y los macabros vendepatrias…

El asedio sobre tu inmensa figura y el pueblo venezolano, tus duelos por la soberanía, contra la putrefacta cúpula episcopal, financiera, televisiva, prensística y sus réplicas radiales, transnacional, imperial, pro-imperial: las traiciones, se diluían o debían lidiar con tu insistencia macerada, firmeza bolivariana y densa creatividad humorística que jugaba en destrezas burlando la aparente solemnidad del conflicto y la mueca del amenazador monstruo, mientras en esa estrategia llamaste al pueblo a acompañarte o viceversa y burlar la mascarada de la difamación.

Pero a mi juicio no puede seguir prolongándose el principio de inmolación de nuestros grandes conductores, si mil cargamos un kilo no tiene porque uno cargar mil. El socialismo de las cargas debe ocurrir en el sentido del reparto del esfuerzo. La felicidad del pueblo consciente también consiste y tiene derecho a ello, en ver disfrutar el goce turgente y el envejecimiento sano de sus líderes amados…cuando no hay fisuras en ellos y Chávez pudo redimir ese goce al ser visto por nosotros rodeado en una vetusta mecedora de cují… con nietos y bisnietos a orillas de algún brioso río de la llanura, sorteado de inhalaciones de savias, oreganales o garzas.

¡¡Ahh..!! Pero es que nos mostráis que una vida de servicios a los otros es LA VIDA.

¿Quedó en una incógnita qué es el socialismo del siglo XXI? La respuesta está en que su propio ejemplo y nombre le dan identidad. Califican o adjetivan ese “del S.XXI”. La respuesta está en que el líder conoció la explicación dinámica de los procesos. Chávez no la cerró. No la redujo a dogmas de procedimientos pero sí a doctrina de valores genuinos principistas para la unidad, campos espirituales que guían el camino.

He allí su prístina inteligencia venezolana como pecho abierto al Caribe-mundo que somos. No claudicar la guía de los valores que nos dicen que somos una relación de intercambios, que la acumulación exagerada de bienes y el despojo al débil crea distorsiones globales y locales y es anticrística, antibolivariana, golpea a Guaicaipuro o a Nigale, a Jose Leonardo Chirinos, a Ernesto Guevara, a la madre tierra y al padre río, al cosmos universal y a la espiritualidad de la bondad divina.

Desde que Chávez apareció maravillosamente en el horizonte de nuestra historia lo supimos.

El entendió la interrelación compleja de la realidad y la geopolítica, su conexión nacional y validó en todo contexto el trato directo al ser humano más allá de la frialdad diplomática y el peso de figuras. Lo hizo desde el peso contundente de nuestra riqueza petrolera y nuestro protagonismo libertador. Su respuesta a las paradojas la halló en la salida intuitiva pensada y repensada, en la libertad del humor profundo. Eso sí: a riesgo de vida y de batirse contra la injusticia, el imperialismo, el vicio degradante, el poder opíparo opresor, la degradación frívola de la estupidez mediática del poder y sus peones del lumpenproletariado. Lo hizo acompañado de las multitudes conscientes, sin conceder el fondo y regado en las ranuras desobedientes de la inteligencia, de las formas de la vida, la vigencia de la epopeya bolivariana independentista y del saber del pueblo para de allí concluir los caminos a seguir.

Así se demostró en el filigranado manejo de conflictos de los paros insurreccionales, la locura fascista de plaza Altamira, sabotajes petroleros, comerciales, financieros, el golpe fascista de abril 2002, las inmundas guarimbas...

Los entuertos de sus errores estaban asidos del honor y batidos por la traición de otros. De allí la reivindicación de sus lecciones y vivencias formadoras de su carácter de niño llanero, del virtuosismo de los próceres reconocidos o rescatados por él del olvido, del privilegio de honrar la memoria de los justos, historiados o rescatados del anonimato de su pueblo campesino en el orden de su recuerdo patriota y en la comprensión de que el gran mundo y el pueblo chico se dan la mano en la esquina y a la sombra de un árbol.

Hugo Rafael Chávez Frías buscó el goce y la necesidad de comunicarse con la multitud y el ser especifico que alguna situación lo colocaba frente a sí, recitaba y cantaba al alma del canto popular como expresión de identidad y hermandad, se regó en los intersticios del sistema amoroso del venezolano, del suramericano, del caribeño, del habitante consciente en cualquier continente.

Seguro que su angustia ante la ineficiencia le venía de su gran escuela casera del campo llanero: sabemos que era muy lidioso atendiendo la frugalidad con que su abuela estiraba los recursos y las pequeñas cosas en su casita de palma campesina…repleta de esencias de hierbas y café vespertino: “ella me decía, Huguito…el diablo está en los detalles”.

Alí Primera aniquiló los fariseos de Bolívar y nos dijo inmenso: “No se puede amar a Bolívar en una forma abstracta…”, y Chávez hizo luz en su carne la influencia de su obra y canción investigando esos textos bolivarianos, rescatándolos del moho y develando al hombre específico de espacio-tiempo de Bolívar que amó y fue amado físicamente e integralmente y concretando su propósito antiimperialista, de trabajo pleno, eficiente, integrador… esta plenitud fue abrazando a su proceso de liberación con el clamor de los humildes y uniéndola singularmente al amor pregonado entre todos por el principio revolucionario trascendente de Jesús, al hondo grito de la patria aborigen y la esclavizada sangre de África en nuestra patria grande.

Chávez así, rebelde y hermoso, fue seguido en alma, vida y corazón y actualizó la vigencia de las disímiles prácticas y esfuerzos antiimperialistas, sembradores de la necesidad de “ser con los otros y la naturaleza” de los movimientos, esfuerzos y figuras populares cristianos, ecológicos, revolucionarios, espirituales, comunitarios.

Como un bálsamo de las resinas penetrantes del árbol de “cabima” emana su esencia histórica entre nosotros.

Que Chávez vuelva a nacer cada día para moldear lo que le faltó es ahora tarea de nuestra conciencia y obra. Y lo será en medio del acecho y la macabra máscara del poder real y televisivo que intentará la confusión. Hoy mantener su memoria diaria será clave. El imperialismo y sus cachorros intentarán diluir su memoria en la sensiblería y el olvido.

Pero como Rafael Urdaneta protegió a Bolívar no lo permitiremos. Orgullosos de ser venezolanos nosotros resistiremos y re-crearemos gustosamente su fuerza histórica en nuestra Identidad señera del mundo. Lo juramos y presiento que ya comenzamos.


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