jueves, 4 de abril de 2013

112. Minnie Mouse


Manuel Filpo Cabana (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Durante una estancia en Madrid se nos ocurrió una tarde volver a la Plaza Mayor. Como siempre, un gentío ocupaba el amplio y bello recinto y, como no, las fotografías reclamaron su protagonismo. Disparé algunas teniendo como fondo la Casa de las Panaderías con la alta y ennegrecida estatua ecuestre del Rey Felipe III, dominando el lugar desde su serenísima majestad.

Mi hermano tomó la máquina para hacernos una pero instantes antes de disparar noté que alguien se abalanzaba sobre mi espalda, abrazándome en movimientos convulsos. Instintivamente rechacé tan cálidos abrazos con irritación. Se trataba de una mujer ─algo de volumen pectoral lo evidenciaba─ disfrazada de la novia de Mickey, la famosa Minnie. Después, con evidentes gestos reclamaba un donativo por salir en la foto, algo que en mi caso no logró.

Al día siguiente noté la falta del monedero sin recordar dónde lo pude dejar. Rebusqué con insistencia mientras la memoria limpiaba las estancias del Alzheimer hasta que caí en el asunto: Minnie me lo quitó.

Todo tenía sentido: el absurdo abrazo, innecesario para salir en una foto; la ausencia de un imprescindible permiso; el disfraz, tapadera perfecta; una profesionalidad extraordinaria resultado de unas prácticas dignas de mejor causa y unas presas perfectas por nuestra avanzada edad y cantar a las claras el tener dineritos de jubilados.

Recuperado del enfado, preferí ser víctima de una tía con arte y no de un ratero de los de hoy que saca una navaja, pide el número de la tarjeta de crédito y después pincha para que sepamos su capacidad de leche podrida.

Lo comentaban y comentaba: ¡cuidado con los rateros de Madrid! Pero bien sabido resultan las contradicciones de las prédicas. Quiero decir que me gustaría ir de nuevo a la Plaza Mayor disfrazado de progre con un monedero de cartón y unos papeles con la leyenda: «Esta vez te pillé, querida Minnie», santa venganza en nombre de los pensionistas españoles del Imserso.

Agazapado, observaría la actuación de Minnie para comprobar si la acompaña su novio, seguirlos para averiguar su ratonera y ver su posible descendencia. Pudiera suceder que si le mandase a algún político un bonito informe lleno de eufemismos al uso me ganase una comisión por la habilidad de apoderarse de lo ajeno con gracia y salero, lejos de las abruptas bastedades de algunas señorías.


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