viernes, 12 de abril de 2013

Crítica literaria: Cuerpos extraños, de Cynthia Ozick


Francisco Vélez Nieto (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Cuerpos extraños, de Cynthia Ozick
Traducción de Eugenia Vázquez Nacarino
Lumen- narrativa

El personaje clave de Cuerpos extraños lo protagoniza Beatrice, más conocida por la abreviatura Bea, mujer de ascendencia judía que ejerce como profesora de literatura en un instituto con su historia sentimental llevada en la intimidad. Es persona recatada que porta vida silenciosa, tranquila y reflexiva entre un presente y un pasado la herencia de ser de raza judía que, aunque ella señale “Como novelista el Holocausto no me interesa. Tampoco como judía, ya que la cultura que lo produjo no es mi cultura: es la cultura del opresor”, siempre va consigo esa disyuntiva, herencia de un pueblo trashumante y perseguido. De aquí que el Holocausto se presencia constante en todas sus novelas.

 Constancia que muy directamente se verá reflejada en existencia de Lili la compañera del sobrino extraviado por lo que sin sospecharlo ha decidido desplazarse a París. Lili es una superviviente de los campos de concentración.Y corre el año 1952 cuando Bea, decide viajar desde Nueva York a Paris a la aparente fácil aventura de buscar a su sobrino que parece estar extraviado, perdido, en el París “sobrio de la posguerra”. Este es el principio de la más reciente novela de Cynthia Ozick en la edición inglesa de 2010 y que esta primavera ha editado en español Lumen. La historia muestra una similitud en ese juego entre pasado y presente, que no es otro problema que el antisemitismo, amenazante oculto, pero que está ahí y que en tiempos de crisis suele destaparse lentamente hasta alcanzar amenazante actualidad. Peligro que enlaza con el ayer no tan lejano que a veces no se quiere reconocer y que misma autora expone como ejemplo y “centro de atención a los inmigrantes para subrayar hasta qué punto resulta imposible erradicar el antisemitismo de la mentalidad europea”, muy presente entre ciertos personajes de la novela. Fenómeno histórico en tiempos de crisis.

Realidad actual que aunque la novela trascurre en 1952, con América en plena ebullición frente a la Europa de posguerra que vive y paga la doloraza factura de su tragedia intentando salir y alcanzar de nuevo la luz con la que un día brilló. De aquí el criterio de Cyntia Ozick: “Qué difícil es cambiar la propia vida, qué tremendamente fácil es cambiar la de los demás” Lo cierto es que con toda esta carga que lleva consigo en la memoria esta profesora, divorciada de un extraño músico, que lucha con tesón en sus clases intentado despertar el interés en un alumnado indiferente sumido en su mundo de hamburguesas y mala educación. Aventura entonces, para este personaje con transparente influencia de Henry James en este París a la búsqueda su sobrino Julián, contestataria enfrentado a su padre que solo parece pensar en el dinero de los buenos negocios que olfatea como buen experto.

Y la historia se va complicando, entre la tía y la sobrina Iris que también arriba a Paris en busca de su hermano Julián, que intenta encontrarse a sí mismo huyendo de su padre y esa sociedad americana que lo ahoga. Aventura de hijo mal criado que puede abocar en un nuevo fracaso. Propio de generación que intenta ser un remarque de la famosa “generación perdida” de los tiempos de Hemingway, Dos Pasos y otros que han quedado a la historia de la literatura. Desesperados hijos de buenas y productivas familias en una América en la que los padres, solo desean que sus hijos igualmente cifren su modo y sentido de vida en el factor dinero-ganancias.

La clásica lucha por la existencia de contenido de unos descontentos extraños muy lejos de la propias circunstancias de la gran mayoría de la sociedad de la vieja Europa en la que minorías, saben que en el fondo nunca más recuperará el ayer vivido como protagonista universal, porque los nuevos valores, con todas las críticas que se le puedan hacer, han cambiado de geografía. Este es el mundo múltiple de las novela, donde protagonistas de ambos mundos, sienten y desfilan llevados con maestría y fino estilo literario por las culturas de dos pueblos, uno viejo heredado y malherido, otro, el suyo de nacimiento, manifestándose en el trascurso de esta narración magistral en la que Bea va viviendo con desazón lo que al principio consideró un simple viaje al gran París visitando museos y catedrales. Y termina por ser una ejemplar lección de saber. No se podía esperar menos en tan interesante historia de una magnífica narradora poseedora de un justo prestigio.


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