jueves, 25 de abril de 2013

Proyectos de vida: Luego del sexo, el amor y ¿---?

Enrique Campang Chang (Desde Guatemala. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El proyecto de vida es la filosofía que contiene los valores, actitudes, intereses o metas que configuran al ser humano. Unos carecen de él y otros lo trabajan hasta la experiencia cumbre en la autorrealización, como lo presenta la pirámide de Maslow o el Enfoque Multisistémico como la estructura del desarrollo de proyectos físicos, emocionales, económicos, culturales y sociales (Campang, 1991)

La sexualidad es en muchos casos una experiencia breve, que no se extiende por mucho tiempo, luego del placer surge la pregunta de ¿Qué hacer después?

En lo emocional, económico, cultural, moral y educativo, el impulso que se le da, produce identidades propias sólidas que se llevan con orgullo y marcan sellos distintivos en las personas en sus valores, tradiciones, arte, hasta la alimentación; como los proyectos culturales fuertes entre los judíos, mexicanos, japoneses o chinos, para citar a unos, y en las personas con características distintivas.

Lamentablemente el desconocimiento de la importancia de los proyectos de vida en las relaciones personales, lleva a parejas a ser disfuncionales, violentas o antagónicas. Cuando el interés sexual y el amor se han agotado, se sienten enjaulados, obligados a vivir juntos para toda la vida sin otros intereses comunes; entonces surgen las ideas de la infidelidad, la separación o agresión.

Es como la obra de teatro A Puerta Cerrada de Jean Paul Sartre de 1944 en que cuatro personajes Garcin, Inés, Estelle y Nailse cuyo castigo es ser condenados al infierno, a vivir juntos encerrados en una habitación, en la eternidad sin tener elementos en común e intereses encontrados, lo que resulta ser la peor tortura, la desesperación perenne de tener que aguantarse

La cultura asume que en el matrimonio y la familia, los proyectos de vida se dan por entendidos; no se esfuerzan en la preparación seria; que no se necesita mayor preparación, que en el camino aprenderán.

La realidad es otra, cuando ven que las vidas de ellos y los hijos son afectadas. La unión forzada o accidentada de proyectos de vida contrarios no puede generar felicidad real; aunque en la superficie aparenten ser la “Familia perfecta de foto”; pero por dentro, cada quien anda por su lado.

Unos grupos tradicionales y religiosos (judíos ortodoxos, Amish, menonitas o fundamentalistas), imponen proyectos sin dejar opción; creando cuadros neuróticos de relación con malestar violencia, al suicidio, entre quienes aspiran a otros planes.

Posiblemente muchos desconocen como armar un proyecto de vida propio; menos uno común y sostenido por más tiempo. Su proyecto principal se limita a metas cortas como hacer dinero, beber, comer, divertirse, la celebración de la boda con gran fiesta, o la consumación del acto sexual, para darse cuenta que después de todo, les cuesta seguir andando juntos o llevan vidas que chocan. Muchos terminan saboteando los potenciales de su pareja como acto de venganza.

Desarrollar proyectos consistentes requiere madurez buena voluntad, conocimiento y sentido de autocontrol para dialogar sobre los pro y en contra de tales proyectos. Unos proyectos sexuales, financieros, o psicológicos pasan por encima de los valores o dignidad de las otras personas, al privar el egoísmo sobre el altruismo. Son proyectos con secuelas negativas, como el desarrollo a base de la explotación humana, la injusticia y la destrucción del medio ambiente.



En otros casos, las personas con proyectos de vidas especiales, intelectuales, religiosos o políticos en que establecen relaciones diferentes a la intimidad matrimonial, de amistad, admiración, aprendizaje de maestro–alumno, líder, guía–seguidor. Unos se incorporan a proyectos en grupos o prefieren desarrollar sus planes individualmente, sin afectar a otros.

Las separaciones, divorcios, rebeliones o guerras son el punto crítico de colisión en los proyectos, donde se evidencian los conflictos de intereses o agendas ocultas. La infidelidad, la corrupción, egoísmo e incapacidad son los factores que participan. En unos casos el deterioro de las relaciones es definitivo; y en otros es posible revertir el proceso vía la renegociación, el perdón y la misericordia, para obtener la reconciliación, según recomendación del Papa Francisco.

En la política donde al paso de la atracción y euforia superficial de las campañas o un conflicto armado, uno se pregunta ¿que hacer después? Ganó un candidato, un líder llega al poder, pero ¿Será capaz de realizar un proyecto de bien común con la población? O si sólo fue una alegría efímera de triunfo para repetir los viejos proyectos corruptos.

 En Medio Oriente los judíos y palestinos están confinados a un pequeño espacio, a vivir juntos unos pegados a otros con proyectos de vida antagónicos, excluyentes e irreconciliables; es la viva manifestación sartreana de” A Puerta Cerrada” en el infierno.

Los proyectos de vida deben meditarse desde la visión ética del beneficio, al menor daño, en la libertad y justicia; respetando la dignidad de todos y el bien común. Con plena conciencia del Yo y el Otro. Deben tener la buena voluntad de resolver los problemas que aparecen en el camino hacia el perfeccionamiento de todos.

El proyecto de vida propio y común otorga estabilidad a las relaciones; mejor si es meditado y producto del crecimiento personal y no por seguir la corriente. No es difícil diferenciar bajo esta óptica a quienes han perfeccionado o improvisado sus planes de vida.

“El poder andar juntos, felices, en un largo sendero, superando los obstáculos, con buena voluntad, con amor, en paz, hacia metas comunes es la aspiración superior en una relación”.


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