jueves, 25 de abril de 2013

Reseña del libro “Errática: Sobre Medio Oriente”, de Enrique Meler

Leonardo Sai (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Presentación del libro reseñado
Nombre y apellido del autor: Enrique Meler
Título: Errática: Sobre Medio Oriente
Lugar de edición: Ciudad de Buenos Aires; 2011
Editorial: Ediciones El Signo
Cantidad de páginas de la obra reseñada: 179 páginas.

Principio de identidad es principio de carnicería

Juicio propio: enfermedad sagrada. Vista de ojos: engaño propio

Heráclito

Cuando el pensar juzga una contradicción como insuperable, se vuelve errático. La conciencia se rompe, se pone a sí misma en espera. Hay un silencio que ya no puede ofrecer al mundo nuevas reconciliaciones que salven la identidad. Para salir del desgarro hay quienes pronto ofrecen “soluciones”. Consideran que lo que hay que hacer es derrotar “finalmente” la diferencia con las armas y el poderío tecnológico de la guerra. Queremos “lo otro” (medio oriente) como mejor forma de pensar “lo mismo” (occidente) y nuestra conclusión es la guerra religiosa. El diálogo dialéctico no existe. La dialéctica es el arte de reestablecer la primacía de la identidad por y sobre la diferencia en tanto diferencia específica: diferenciación bajo el dictat de alguna totalidad. Sobre géneros y especies es ese asunto. Dicho sociológicamente: construcción hegemónica. El pensar se vuelve errático cuando lo que quiere asir no es éste o aquél fenómeno sino el ser de Israel. ¿Es este ser lo mismo que su identidad? ¿O la identidad se apropia del ser y lo conduce?

Solo la segunda alternativa es capaz de organizar el Uno que solicita el Estado y desterrar la diáspora al ámbito ocasional de las subjetividades románticas, como diría Carl Schmitt. Meler afirma que Israel quiere la guerra, que vive para la guerra, que su paz es patética. Pero la victoria no le da consistencia ontológica al estado sino que, paradójicamente, lo re-lanza a nuevas apariencias cargando con masacres a sucesivas generaciones. Israel odia más a sus enemigos que a sus propios hijos. El filósofo clava su presa: el centro de la herida narcisista es la creencia de que la sociedad israelí es una sociedad moderna y democrática cuando, en realidad, es la apariencia que permite continuar la guerra con diplomacia. Nos habla de un resto teocrático en el origen; encubierto por la tecnología del estado y el capitalismo: resto impensado porque lo que se atestigua es una modernidad ya alcanzada. Sospecho que los sociólogos especialistas en medio oriente reprobarían a cualquier alumno que ose afirmar que el estado israelí es un estado teocrático. Un resto que más que resto es el modo de ser de una sociedad que hace jurar lealtad a sus no judíos; un modo de ser preocupado, obstinado, temeroso. Israel no es teocrático por sus instituciones sino por su deseo: quiere sobrevivir; no convivir.

La democracia de las instituciones israelíes no es falsa sino aparente, es decir, todavía debe aprender de sí para ser para sí. Ninguna “auto-conciencia” sino construcción de murallas. ¿Por qué insiste la guerra? Por su imborrable relación con el origen. La guerra asegura a Israel la repetición del origen: Israel vuelve al hogar después de la muerte. La muralla es la metáfora de este regreso a la tierra prometida “en la tierra prometida” del “pueblo elegido” con lo cual nunca se sale de determinaciones teológicas. La guerra es el modo de ser de Israel contra la política y el resultado no es la diplomacia como su arte supremo sino la humillación del enemigo. El autor deja muy en claro que no se puede hacer la guerra y construir la paz sin antes haber transformado, esencialmente, la auto-determinación: la voluntad de mañana. ¿Cuál es la tarea para el presente? Aprovechar la paz patética de la voluntad de destrucción para modificar la conciencia de la paz. Un llamado a la corrección del sendero.

Meler sostiene que la izquierda socialista lanzó a la sociedad israelí a una modernidad aparente y a las alianzas con el capitalismo tecnológico de alcance planetario y que la derecha no cesa de hacer presente la repetición traumática del origen para asegurar la dominación sobre los pueblos árabes bajo las caretas del derecho internacional.

El resultado es un país normal, moderno, seguro.


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