jueves, 25 de abril de 2013

Verdearbol/Verdeplástico

Isabel María Fagúndez Gedler (Desde Caracas, Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Los engañaron, los llevan al “parece pero no es”, ahora entiendo la sabia frase, la niña dijo mamá llévame al parque del castillo y había un árbol que no estaba sembrado y unas flores sin olor, la niña repetidas veces se lanzo por un castillo-bomba, una, dos, tres veces…mientras los padres miraban una vidriera y otro niño brincaba, pero no sobre las piedras, sino frente a una pantalla que lo hacia repetir un baile extraño.



Mis mejores recuerdos están asociados indiscutiblemente a la tierra, y cuando digo tierra no me refiero al hermoso y herido planeta del que abusamos, me refiero al polvo marrón o rojizo, seco, oloroso, que representa la vida de todos los que sobre ella… ¡porque es mujer! , nacimos ancestralmente y por fortuna seguimos naciendo. Quien vio sus manos marroncitas y se limpió en la ropa, sabe de lo que hablo .Quien jugó con cristales redondos, mágicos, de inimaginables colores, motivo de pelea de varones, sabe también, dónde se juega mejor. Quien corrió, porque un primo o un hermano la saboreaban con su boca marrón, sabe del regaño que seguía y todo debido a su adictivo sabor calma hambre... Quien crió gallinas y disfrutó verlas comer de la mano de una abuela que decía en tono suave maíííízzzzzz, maííízzzz, conoce el picoteo contento y agradecido, el cacarear y la pugna por comer más, de esos plumajes caminantes que mezclados acarician la tierra en un juego de sígueme, sígueme detrás del maíz. Quien se sentó de espaldas a un precipicio en un alto del barrio para tener una conversa de amor y luego sacudió su ropa para que nadie se fijara, siente su poder. Las hormigas son arquitectas de mil montañitas, desiertos chiquititos y huellas que en otro lugar no se verían.

Sólo en la tierra nacen las flores, esas que tienen aromas, son tan diferentes, sienten, mueren, y ofrecen su néctar a las abejas que no se dejan engañar por las impostoras de plástico, porque es imposible hacer miel con ellas. En el Ávila de mil senderos, la tierra es roja, o dorada y con el agua recorre traviesa todos los caminos y caminitos que encuentra y en alquimia, se convierte en mezcla que empantana y amortigua el dolor de quien inevitablemente se cae. De ella, de la tierra, brotó un inmenso árbol que nos sirvió de escondite mil veces y Pedro, un niño que aún es niño, por magia del tiempo, presenció el entierro solemne del perro de Leo.

Yo quiero recobrar el poder de la tierra, y que los niños sepan que en los árboles hay cantantes que anuncian lluvia; las chicharras y que las gallinas, hacen nidos, para poner huevos calientitos esos que también sirven para que te alejen los viejos porque no quieren que escuches la conversa; y te dicen ¡vaya a ver si la gallina puso! Que los perros, entierran huesos –tesoros y que las flores, las de verdad, las que huelen, se acompañan de la hierba donde hay seres saltarines, y cerbatanas que hacen piruetas, los pájaros las distinguen muy bien y las mariposas, aparecen sólo donde ellas están.

Yo quiero que los parques llenos de tierra, para querer, para jugar, permitan un encuentro para la palabra, para la discusión, además no cobran, uno se lleva la comida y no venden el aire, ni los riachuelos, podemos dar de comer a los animales y mirar el cielo que nos pertenece sobre un verdealfombra habitada por seres diminutos que a veces pican.

Qué bueno que no hay Centros Comerciales en Amazonas, correríamos peligro de ver un Tobogán de la Selva de plástico.


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