jueves, 2 de mayo de 2013

Comentarios a “El caso, la institución y mi experiencia con el psicoanálisis” de Gil Caroz

Jesús María Dapena Botero (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Confieso mi ansiedad, al presentar ante ustedes, más duchos en la enseñanza de Lacan, mis comentarios sobre el texto de Gil Caroz: El caso de la institución y mi experiencia con el psicoanálisis.

Trato de explicármela y creo que podría tener que ver con un horroroso complejo que tenemos los colombianos, el de hiju’e putas, que nos diagnosticara, el filósofo antioqueño, Fernando González, el primero en defender a Freud en Colombia, en el contexto una sociedad terriblemente pacata, por allá, en 1939, poco después de que hubiese muerto en Londres el padre del psicoanálisis, a quien el pensador colombiano consideraba una especie de Doktor Fausto, dados sus conocimientos fisiológicos, morales e históricos, que presentaba más allá de misticismos, en la misma línea de Darwin, Schopenhauer, Wundt y Nietzsche, entre otros, para introducirnos en una suerte de Babel, al señalarnos que la conciencia, apenas, es un epifenómeno y adentrarnos en los subfondos anímicos, donde se cumpliría la ley evolutiva de que la ontogenia repite la filogenia, además de anunciarnos la religión, como el porvenir de una ilusión, al darle forma de doctrina y práctica a los hechos observados por la humanidad de todos los tiempos y contraponer la llamada ciencia occidental con la introspectiva del Oriente. (1) (2)

Así Freud, al coleccionar hechos dispersos y observados, darles cierta interpretación, llegaría a un determinismo lógico, negador de la libertad, más allá del Nirvana, al hablarnos de pulsiones, deseos y pasiones.

A partir de él, los sueños se podían interpretar como símbolos, como formaciones del inconsciente y así disolver complejos, al atravesar fantasmas, aunque no lo diga así Fernando González, aproximarnos a lo Real, con todas las producciones del inconsciente, al constituirse un tratamiento psicoanalítico, a través de la transferencia, para tratar de hacer consciente lo inconsciente y conformar una nueva clínica, que nos enfrenta con una lógica alógica, para nada aristotélica, la del proceso primario, lo que lo haría un inmoralista, a la manera de Nietzsche, ese otro filósofo de la sospecha, según los criterios de Paul Ricæur, desconocido por González, ya que la obra del francés: Freud, una interpretación de la cultura, fuera publicada, por primera vez, en 1965, un año después de la muerte del filósofo de Envigado. (3)

Lo primero que tuve que hacer, para abordar el texto, fue enterarme de quién es Gil Caroz, de quien veo que ha sido Presidente de la EuroFederación de Psicoanálisis y que Pipol News, donde está publicado el artículo que comento, es una lista electrónica de difusión, creada en el 2010, para impulsar el debate en la comunidad de trabajo de la EuroFederación.

Agradecí el tema del paper, que no me exigía meterme en los meandros de la topología lacaniana y que además me permitía cotejar su experiencia con la mía, puesto que he sido un psicoanalista, frecuentemente enfrentado con el problema de las instituciones; es decir, he sido un trabajador en el campo de la salud mental institucional, tanto aquí, en España, como allá en Colombia, a pesar de las contradicciones existentes entre una salud pública y un psicoanálisis, que trata de darle un lugar a la locura de cada uno, liberado de la voluntad de un Otro, por más que quiera mucho al sujeto, que lidia con una miseria de las masas, al permitirle al sujeto encarnar su deseo, como representante de esa nueva clínica originada en Freud y sus discípulos, entre los que ocupan, para mí, un lugar destacado Melanie Klein, W. R. Bion, Donald Winnicott y Jacques Lacan, entre otros, con una escucha distinta a la de las escalas y de nosografías, que ignoran la palabra del sujeto y su transferencia, en un mundo skinneriano, más allá de la dignidad y la libertad, el cual trata de imponerse como representante de la ciencia oficial y verdadera, lo que precisa, entre los que creemos en el inconsciente, que no cedamos en nuestra orientación ni en el rigor clínico que exige, lo que nos obliga a participar en un debate sobre la salud mental, exista ésta o no. (4) (5)

Porque de lo que Gil Caroz nos habla es de que la salud mental, por más que no creamos en ella, nos concierne, como Cosa Institucional, hablada por distintos discursos, ya sea en:

- El hospital psiquiátrico.
- Instituciones para niños.
- Centros de Salud Mental.
- Centros de seguimiento.
- Centros de tratamiento monosintomático.
- Centros de acogida.
- Centros de observación judicial.

Esa cosa institucional es un ente ya establecido o fundado, que apunta tanto al acto instituyente, como a la cosa instituida, desde donde se desempeñan funciones de interés público, sean de beneficencia o de docencia, como entes creados por Estados, Naciones u Organizaciones supranacionales, como la Organización Mundial de la Salud (OMS) o la Organización Panamericana de la Salud (OPS), entre otras posibles.

Y sabemos que a las instituciones se asocian los institutos, como centros estatales de enseñanza, como también hay instituciones científicas y culturales, donde, como en la IPA, al lado de la Asociación está el Instituto, encargado de la formación de psicoanalistas.

Así, los organismos oficiales se ocupan de ofrecer servicios concretos, de enseñanza o de salud, que se acercan mucho a esas masas artificiales, descritas por Freud, que son el Ejército y la Iglesia, algo que reconocería Lacan, al plantearse como un excomulgado, en su obra clásica Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, texto al que me fue necesario remitirme. (6) (7)

Y es que esas cosas establecidas no escapan al discurso del Amo, a antiguos paradigmas familiares edípicos con su doble vertiente de exigencias e ideales del padre y cuidados maternales pero que, después del Edipo, tendríamos que ampliar para incluir todas las instituciones humanas, que cumplen con la función de refrenar el goce y relanzar la repetición, con otras éticas que vienen a suplir el debilitamiento de lazos familiares, para ocupar el lugar vacío del Padre, ya sea a través de pactos entre hermanos, como después del asesinato del jefe de la horda primitiva, contratos sociales, utopías comunitarias o despotismos, entre otras muchas otras éticas.

Pero, para Caroz, las más felices son las que se dejan orientar por la ética del psicoanálisis, la del deseo, puesto que el asunto de su presencia en las instituciones sociales, pedagógicas o de cuidados en salud mental es tan antigua como el psicoanálisis mismo, tema que ha sido de interés en el Campo Freudiano, desde hace muchos años, desde donde se han elaborado varias orientaciones muy interesantes.

De ahí que se haya reflexionado sobre los efectos de identificación con el analista en el seno de las instituciones, desde que empezaron a funcionar analistas sin diván, en sentido literal y figurado.

Y ahora que el interés del psicoanálisis lacaniano ha recaído en la lectura de lo Real en la clínica, puede verse, en acto, la eficacia del psicoanálisis, más allá de las rivalidades imaginarias entre distintas orientaciones clínicas, como una práctica, a la manera del tratamiento del Otro del psicótico, con la producción de un límite al goce tanático, en el espacio subjetivo, para la reconstrucción de una historia subjetiva, basada en la palabra y la restauración de una imagen corporal, con un synthôme, para que el sujeto habite su cuerpo, como escrito por el Otro, como eje de articulación de un lazo social y la gestión espaciotemporal o adentrarse en ese núcleo de goce loco del objeto interno, en busca de una salida a los fenómenos psicóticos, con el descubrimientos de las apuestas vertiginosas del deseo, ante las inconsistencias de los proyectos sociales y las imposturas del consenso social, como lo señala W. Apollon, al meterse en la aventura singular del tratamiento de la psicosis dentro de una comunidad, en una sociedad que rechaza la dimensión trágica de lo humano, con promesas de un saber, con la esperanza vana de recursos tecnológicos y ayudar en la constitución de un nuevo modo de lazo social, para estar con el otro, con la participación coexistente de una búsqueda de satisfacción, en la pureza del defecto de no ser, como decía Lacan, a través de la transferencia analítica, de tal forma que el psicótico pueda hablar de su sufrimiento y de su situación, a partir de un dispositivo que ponga el acento, de entrada, en permitirse oír lo que el sujeto tiene para decir, con una atención más puesta en el discurso que en sus síntomas, sin prejuicios, para que el psicótico pueda comprometerse en una relación de sujeto a sujeto, que le permita reanudar un mínimo de lazo social y una salida de los aspectos más catastróficos de su psicosis, mediante una reorganización de su ética y su estética, de su presencia en el mundo y sus relaciones con los otros. (8)

Y es que no se puede desconocer que un gran número de adherentes al psicoanálisis están presentes en instituciones de salud mental, albergues, instituciones judiciales y escuelas, entre otros espacios institucionales.

Este asunto importa para una supervivencia del psicoanálisis, máxime, cuando se percibe que el practicante, que cuenta con una experiencia psicoanalítica, tiene, a menudo una relación más justa y un savoir-faire inédito con lo Real de la clínica, lo que no aparece en los trabajadores de salud mental, que carecen de ella, así tengamos muchas veces que enfrentarnos con la desagradable sensación de no entender nada.

Las instituciones que dan lugar al psicoanálisis dan paso al bien-decir y permiten hacerlo de otra manera.

Así, los analistas podemos en vez de juzgar, que un paciente es muy violento, preguntarnos qué hace que ese sujeto pase al acto tan frecuentemente, qué lo lleva a ello, pues bien sabemos que cuando la palabra se ausenta es muy posible que hablemos con nuestros actos.

A mí, me molesta sobremanera cuando se me dice que un paciente, adulto o niño, busca llamar la atención, como una forma descalificatoria del sujeto; en los servicios de urgencias colombianos a los pacientes histéricos solía hacérseles el diagnóstico de gadejo (apócope de ganas de joder) y se procedía a tratamientos maltratantes, como la inhalación del propio anhídrido carbónico (CO2) al ponerlos a respirar en una bolsa o inyecciones de agua destilada en el esternón, pero a nadie se les ocurría preguntar qué quería decirnos con su cuerpo, ofuscados por la premura del tiempo, su necesidad de atender pacientes orgánicamente graves, sin que hubiera un dispositivo de escucha hasta que llegamos los psiquiatras de orientación analítica, como verdaderos psicoanalistas in the emergency room, dispuestos a escuchar qué era ese enigma que tanto había inquietado a Briquet, Charcot, Bernheim, Breuer y Freud. (9)

Y siempre pregunto:

- Y ¿esta persona por qué necesita llamar la atención? - pues no me cabe duda, que es una forma de demandar la escucha del Otro.

Lo mismo me pasa con los pacientes que acusan de manipuladores, aunque efectivamente lo sean, pero si eso hace parte de su caracterología, ¿qué lo ha llevado a ser así en el mundo? De lo que no tenía idea era que de lo que el mal llamado manipulador se propusiera fuera escapar del Otro malvado.

Y en relación con los niños hiperactivos, considero que hay que ver si su fenomenologí obedezca realmente a una problemática orgánica, como bien lo describí en mi rtículo: Ideal de mesura en el diagnóstico de trastorno de déficit de la atención con o sin hiperkinesia. (10)

Lo importante es salirse de las coordenadas imaginarias educativas o científicas, para abordar el fenómeno clínico y pensarlo en términos estructurales, no como un mero humanismo, plagado de buenas intenciones, que conducen al camino del infierno, y hacer que cambie y se transforme el lenguaje institucional, para lograr un abordaje clínico de lo Real, en una experiencia que se reinventa cada día, como en el propio análisis, con un bien decir inédito y nuevo, a partir del lenguaje que el psicoanalista hace de su propia lalengua allí, al lado de su psicoanalista, lo que hace posible que el analizante se haga susceptible de escuchar la lalengua de su semejante, en los acontecimientos cotidianos que se dan en la institución, que hay que leer más allá de la pantalla del lenguaje, en esa lalengua, aprendida cerca de los parientes más cercanos, en el contexto de una novela familiar singular, de cada uno, y que, muchas veces, no precisa de una labor de desciframiento alguno, porque ahí está, a cielo abierto, sin insistir en comprender. ni precipitarse, a añadirle sentido a ese lenguaje privado, que entiendo que es como dejarse conmover, por lo que aparece en la comunicación oral, como efecto de lo que se transmite, así se comprenda poco, ahí cerca del borde, del litoral, en medio de peripecias sin mensaje, en la medida que es toda la estructura del lenguaje, la que la experiencia analítica descubre en el inconsciente y que hay que tomar al pie de la letra, en la medida que la letra es soporte material, que el discurso concreto toma del lenguaje, como fonemas, en los que no hay que buscar una constancia fonética, sino la variabilidad moduladora de la prosodia, como caracteres móviles, como los usados en tipografía y así alcanzar los efectos de la verdad freudiana, al abrir el camino hacia el inconsciente y sus ideogramas, como ocurre en los sueños.

Y ese trabajo de la letra puede hacerse en todos los espacios de la estructura institucional, en los pasillos, en los consultorios, en las puertas, en los vehículos, en el jardín, en los talleres, con los otros colegas, con los documentos administrativos, con las reglas, entre otros muchos elementos de esa estructura.

Lo importante es trazar circuitos pulsionales que fluyan, que bordeen los goces enloquecidos, que salpican los alrededores, cuando se pluraliza al Otro perseguidor, demasiado consistente, que condensa un goce fuera del cuerpo, que invade al sujeto, al encontrar ese enjambre de significantes que permiten al sujeto comprometerse, con una ética del bien decir, con un sinthôme singular, lo que hace a una ética del psicoanálisis, con lo cual se enriquece lalengua y se suple el defecto en su aprendizaje, puesto que la lalengua materna se aprende.

Y de otro el psicoanalista en la institución puede tejer un lazo de trabajo distinto, para sacar al sujeto de la dimensión autista de su lalengua y volcarla hacia el lenguaje, para pasar de un lenguaje privado a uno público; por ello, decía Lacan, que a los niños autistas, seguramente, hay algo para decirles, no sólo en los casos de autismo infantil sino en la dimensión autista de todo sujeto, para hablar con aquello que no se dirige al Otro, al introducir lalengua en el diálogo, en la medida que el psicoanalista somete al sujeto a una hipótesis del Otro, del código. (11)

Recuerdo que cuando era residente atendí a una esquizofrénica, que me hablaba así:

- Prolochón taquetusa michingo cata… - con neologismos ininteligibles, ante lo cual, lo que se me ocurrió, fue decirle que ella me hablaba en ese lenguaje para que no la entendiera, lo que dio lugar al habla corriente y a que expresase delirios de contenidos persecutorios, hasta que se estabilizó, mediante lo que se consideró en el servicio un encapsulamiento del delirio, de tal forma que el pensamiento delirante seguía allí, sin causar un mayor deterioro ni afectar el nivel de funcionamiento, ni su adaptación social, con lo cual dejé de verla porque pasaba al servicio de consulta externa, por fuera del de hospitalizados, en el que yo trabajaba; tal vez, lo que hice, de una manera bastante intuitiva, fue ofrecerle material para la construcción de un Otro, sin la violencia de la interpretación, de cuando Melanie Klein le dice a Dick, ese niño de cuatro años, al que le llevan por una inhibición lúdica, desconexión con la realidad, con un desinterés grande por los objetos y las personas del entorno, al parecer carente de sensibilidad ,cuando se lastimaba, con un marcado negativismo, incluso con su madre y su niñera, a las que sólo respondía con una obediencia automática, sin poder hacer uso de su capacidad simbólica, y decirle que el tren grande que coge en el despacho, donde lo atiende, es Papá y el pequeño él mismo. (12)

Esta historia ocurría en 1929, cuando aún faltaban quince años para que Kanner y Asperger describieran sus primeros cuadros; de donde, la señora Klein no sabía qué hacer con él, pero manejó su estilo intuitivo cuando constató, en su consulta, que a Dick le interesaban los trenes y los picaportes, en los que se detenía cuando paraba su deambular por el cuarto, sin prestarle atención a la terapeuta, como si ignorara su presencia, al tratarla como un mueble más.

Pero al recibir la interpretación, Dick coge los trenes y los lleva hasta una ventana, mientras balbucea la palabra estación en inglés.

Melanie Klein recurre entonces a una especie de squiggle verbal, mientras le dice:

- La estación es mamita y Dick está entrando en mamita. - lo que lleva al pequeño a esconderse en un pasillo, que conectaba al consultorio con el exterior, mientras expresaba la palabra: oscuro.

Melanie Klein vuelve a interpretar:

- Dick entra en la mamita oscura.

Eso da lugar a una secuencia repetitiva, seguida de episodios de angustia, con lloriqueos, hasta que el niño clama por su niñera, de quien la señora Klein, le informa que lo está esperando afuera, con lo cual, el niño muestra mayor interés por los objetos, para empezar a jugar con ellos, actividad a la que invita a la analista.

Lacan habla de la brutalidad con la que Melanie Klein enchufa el simbolismo en Dick, un poco a la manera del Freud que encarnó al Otro en la transferencia en el caso de Juanito, más allá del vínculo del chiquillo con su padre. (13)

Ese caso de Melanie Klein, da mucho que pensar; a lo mejor escriba otro día, algo sobre Dick, pero entretanto quisiera compartir con ustedes, unas lindas ilustraciones, a manera de tebeos o cómics, que pueden ser un auxiliar para la memoria, en tall caso, que encontré en un libro sobre Anna Freud y Melanie Klein, escrito por una lacaniana argentina, Silvia Fendrik. (14)

Aquí van:









Pero, para volver con Caroz y el psicoanalista en la institución, con su presencia en los equipos de trabajo; recordé cuando iniciamos el seminario de Configuraciones Vinculares en ODRES/ALEPH, una institución que fundamos en Medellín, entre varios colegas, Janine Puget, una maestra idealizada, comenzó diciendo que ahí estábamos para saber lo que juntos, entre ella y nosotros podríamos hacer en la experiencia, con esa destitución de Sujeto de Supuesto Saber, sabíamos que estábamos frente a una psicoanalista y no frente a una trabajadora social, ni una profesora que venía a traernos un discurso universitario, heredero de del discurso del amo, que privilegia el saber acumulado de los amos-maestros, para transmitir lo institucionalmente legitimado, que percibe las nuevas ideas, como provocadoras de un cambio catastrófico contra el establishment, por lo que tiende a anularlas, para preservar el discurso de la Academia, que pretende garantizar el goce del saber, con la ilusión de no carecer de nada, y estar en una posición en -K (pasión negativa del conocimiento), en la que las nuevas ideas son privadas de su valor, para el grupo no asumir el dolor narcisista de sentir cuestionado su saber, sino que excitaba nuestra pasión K (por el conocimiento) para crecer con la introducción de lo novedoso, como lo planteara W. R. Bion, que resulta ser el motor de la investigación y de la búsqueda de conocimiento.

Puget no venía nosotros con la extrema rigidez del pensamiento del discurso universitario. (15) (16)

Así, como señala Caroz, en esa experiencia grupal, en una institución psicoanalítica, varias voces se intercambiaban, lo que aligeraba el peso de la relación imaginaria entre dicente y docente, con lo que se forjaba una forma dialéctica de acceder al conocimiento, en un archipiélago de incertidumbre, donde lo que no había eran certezas.

Pero, por supuesto, es la experiencia del análisis personal, lo que nos permite leer lalengua, al darse esa dialéctica del diálogo analítico, donde a la palabra propia, se da la palabra del otro, y ahí es donde se experimenta el goce propio, aunque sólo se alcance parcialmente al significante, porque hay algo que queda como experiencia inefable, que si bien tiende a la repetición, puede bordearse y localizarse, condensado un poco como el aleph borgesiano y saber en lo más íntimo de uno mismo que el semblante tiene efectos reales y poder dar a los ideales propios o institucionales, un lugar, ya sea para prescindir o servirse de ellos. (17)

Y frente a esa cosa establecida, establishment para Bion, con un saber instaurado en la institución, el psicoanalista viene con un saber cargado de incertidumbres, con el riesgo de ser resistido a muerte, muchas veces con acosos laborales horrorosos, o a aportar transformaciones, todo ello dependiendo de la forma de acercarse o de la rigidez de lo establecido, que convierte a ese místico, que podría ser el analista, en un crucificado, sin que pueda, como bien lo señalara Bruno de Halleux, ni en un caso ni el otro, haber podido decir lo esencial, ya que siempre en nuestra clínica, en nuestras investigaciones y avances, se aloja un indecible, como una suerte de pepita invisible, instrasmisible, que hace parte de la clínica de lo Real, pero que no ahoga nuestra inventiva.

Notas:
1) González, F. Los negroides. http://www.otraparte.org/ideas/1936-negroides.html
2) González, F. Segismundo Freud. http://biblioteca-virtual-antioquia.udea.edu.co/pdf/8/8_555766991.pdf
3) Ricoeur, P. Freud: una interpretación de la cultura. Siglo XXI editores, México, 1970, pp. 32-40.
4) Caroz, G. ¿La Salud Mental existe? Letras. Revista de Psicoanálisis de la Comunidad de Madrid – ELP. http://letraslacanianas.com/revista-n2-dossier/69-ila-salud-mental-existe
5) Skinner, B. F. Más allá de la dignidad y la libertad. Martínez Roca, Barcelona, 1998, 208 pp.
6) Freud, S. Psicología de las masas y análisis del yo en Obras Completas (t. XVIII). Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1976, pp. 89-94.
7) Lacan, J. Los cuatro conceptos fundamentales. Editorial Barral, Barcelona, 1977, pp. 13-25.
8) Apollon, W. Psicoanálisis y tratamiento de la psicosis. http://www.edipica.com.ar/archivos/jorge/psicoanalisis/apollon1.pdf
9) Medrano, A. El saber sobre la histeria en el siglo XIX. La pregunta del sujeto histérico y las respuestas al enigma de la feminidad. Colofón. Boletín de la Federación Internacional de Bibliotecas del Campo Freudiano 13: 5-8, 1995.
10) Dapena, J. M. Ideal de mesura en el diagnóstico de trastorno de déficit de la atención con o sin hiperkinesia. http://cultural.argenpress.info/2012/06/ideal-de-mesura-en-el-diagnostico-de.html
11) Lacan, J. Conferencia en Ginebra sobre el síntoma en Intervenciones y textos 2, Manantial, Buenos Aires, 1989, 144 pp.
12) Vidal, D. A. Delirios. Alcmeón 23, 6 (3): s.p., 1997.
13) Lacan, J. Seminario I: Los escritos técnicos de Freud (1953-1954), Paidós, Barcelona, 1981, pp. 111-140
14) Fendrik, S. Psicoanalistas de niños. La verdadera historia. 1. Melanie Klein y Anna Freud. Letra Viva, Buenos Aires, 2004, pp. 37-40.
15) Herrera Guido, R. El discurso de la universidad. http://archivo.lajornadamichoacan.com.mx/2007/01/20/index.php?section=sociedad&article=012n1soc
16) Bion, W. R. Aprendiendo de la experiencia. Paidós, Barcelona,1980, 131 pp.
17) Borges, J. L. Obras Completas. 1923-1972. Emecé Editores, Buenos Aires, 1974, pp. 617-628.


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