miércoles, 15 de mayo de 2013

Derechos y broncas… on the rock…

Carlos Alberto Parodíz Márquez (Desde Alejandro Korn, Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Tomo y obligo. No lo crean. No es un tango. El pub penumbroso no era obstáculo, sabía donde y como encontrarlo. Yon saboreaba su Luigi Bosca etiqueta marrón, frente a un plato de jamón crudo, empalizado con palmitos, navegando torta de puerros. Chasqueó los dedos y llegó una tabla de quesos fuertes.

- Todos para vos… ¿Qué más querés?-, me dijo sirviendo otra copa.

- Cuando no se paga hay que ir a fondo y hasta el fondo-, me notificó echándose hasta la última gota, de un sorbo.

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Siete tragos después salimos y tomamos el 100 en Retiro, rumbo a Lanús, según su escueto parte inicial.

-De paso hacemos turismo-, ironizó. Me reí en silencio, pensando en la fobia de Carlitos Manzanarez, un amigo en guerra de otra galaxia con los “bondis”, nunca lo vi subir a uno. Su fidelidad al rechazo estaba sellada igual a la de Peirano, el pueblo que lo vio partir como pasajero de la vida. Se juramentó no tomarlo nunca, puede caminarse el tiempo, pero colectivo jamás, un cruzado. Y no fue por ahorro, porque lo único que guardó es silencio.

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-Esto es un feudo, la gente lo tiene que entender-, me dijo muy ácido Yon.

-Hay derechos hasta de pernada, que deben respetarse-, amplió, casi vitriólico.

-El “uno” sabe que los demás tienen que saber y eso es todo-, cada vez más cáustico. Cuando el vasco entra por el túnel del recorte. No hay forma d sacarlo.

-Sin ir más lejos, en la “muni”, el “uno” necesitó “la caja de los robles” -son de buena madera- para otros fines y el “nene”, con visión peronista, se lo fue a ver al “uno”, con la “ágil” noviecita. Trataron el tema de la caja y al irse se “olvidó” a la nena, ella cree haber perdido algo, porque los sábados y domingos vuelve, se da una vuelta y como es prolija revisa a fondo –total son dos funciones, por aquello de no quedarse con las dudas-. Me lo contó de un tirón mientras yo miraba por la ventanilla, las distintas fronteras.

Cuando pasamos por el Obelisco, que me lloré por dentro, imaginé al “flaco” Paolucci privatizando la cerca y reclamando garantías para disfrutar la maravilla, previo pago de la tasa de cultura. Sabía que Yon me revelaba lo que rebelaba de nuestro destino final de ese viaje, por eso lo seguí escuchando.

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-Pero este fin de semana fue duro para el “uno”-, agregó.

-Bronca porque el partido con los piqueteros lo va perdiendo uno a cero. El prometió “justicia”.

-¿Más clarito?: alimentos, materiales, chapas, tirantes. Los muchachos se le aparecieron porque no habían recibido nada. Averiguó y cada sector de la “muni”, tuvo su triángulo de las Bermudas. Volvió a prometer, puteando a los desobedientes, pero eso no fue todo, los “flacos” de la recolección de residuos, le hicieron piquete por el aguinaldo y los sueldos, pero el “uno” local le aseguró al “uno” de la provincia, que le pagó a la empresa, ¿sabés como terminó la cosa?., por mi silencio sonó casi despectivo, - que en la conferencia del viernes, la palabra bronca sobraba por todos lados y el “uno” local terminó enfermo.., se pasó el fin d semana guardado-, remarcó el vasco , quien parece saber más de la cuenta, aunque el candor celeste de la mirada, lo protege, más que los datos de Georgina.

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Entramos y salimos rápido de la “Muni”, por si las moscas y el trámite fue breve, como los sueldos de casi todos.

-Éramos tan pobres que de pájaro nacional teníamos la mosca-, me dijo. -Vamos para Lomas, falta algo-.

Lanús, por caso, siempre parece desflecada. Las casas, por ejemplo, simulan tener demasiados pisos, con relación a las ventanas y las pinturas lucen, desde siempre, como insuficientes.

Parece que las crisis nunca terminaron de irse. Como si se hubieran radicado allí, cómodamente. Hasta los árboles, que bordean las calles en ciertos barrios, reclaman a los gritos, por días mejores, algunos se están empezando a poner calvos.

Para no ver este cuadro, muchas casas lucen persianas bajas y hacen sentir que las ventanas miran con sueño. Sin embargo, en su interior, algunas lucen percheros de roble con soportes de bronce, prologando el ascenso de escaleras que nunca llevan al cielo.

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Llegamos a bordo del “verde”, soñando con el dólar virtual. Yon buscó algo, con la mirada. Bajamos. Lo miré de reojo. Revisó la plaza “Grigera.

-¿Buscás el cantero?-, le pregunté Sonrió. Caminamos, pasamos por el Sindicato.

-Esto sigue igual-, fue escéptico.

En las inmediaciones del “Palacio”, muchas casas parecen demostrar que sus habitantes no deseen cambiar su voluntad de no pagar, ni ahora ni en el futuro. Lomas tiene mucha imagen de fuga hacia delante, de fuera del tiempo, un retroceso involuntario que extraña. Pero hay que tomar el presente por el rabo y seguir.

Le dimos vueltas al Concejo para ver como quedó. Ferreira seguía parado en la esquina de Sáenz, mirando, buscando la línea perdida y las cosas que faltaron.

Yon interrogaba plazeros y averiguaba precios de gomas, que estos conocen de memoria. Los concejales perdieron hasta el acuerdo con los municipales, y murmuran preocupados por el silencio del “Negro”, que nunca entendieron. Tal vez, después del incendio y las vísperas, lo entiendan.

Nos fuimos a Laprida. Miramos un bar. La “perra”, -como dice Omar el “armador” amigo-, que rebotaba que rebotaba en la vidriera era hermosa. La seguimos por la peatonal para no perderla, decidimos juntarnos con la vida y repasar.

La tienda de “El Negro”. Las casas de deportes, soldados del músculo civil. Heladerías esperando el vómito de gente de los Mac Donalds, para negociar postres. Tomamos un helado. Yon hizo un lanzamiento como para triple y encestó en el depósito de basura.
-.¿Seguís opinando?-, fue socarrón.

-¿Todavía te dejan?-, insistió zumbón.

Como lo conozco desde turbulencias de olor a pólvora, sudor, desiertos, selvas, montañas, soledad y silencios, lo palmee y seguí, por las dudas, detrás de ella para no perderla, era septiembre del 2002, y es lo que hay.


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