miércoles, 8 de mayo de 2013

Fue en algún abril o septiembre


Erasmo Magoulas (Desde Canadá. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

A Jesús María Aguinagalde

Para nosotros el Gordo Aguinagalde era el Severino di Giovanni de ese pueblo donde no había humillados porque estaban escondidos en los rincones oscuros de nuestra frivolidad.

Donde no había contradicciones porque en ese mundo de amnesias que produce la adolescencia fugaz las dudas hubieran sido un estorbo.

Donde las calles y los parques de abril se repetían idénticos en septiembre con esa rutina somnolienta que desprenden los plátanos vestidos de camuflaje alineados en formación y que nos hacían ver postales repetidas.

El era la figura mítica de un Cronos casero y vecinal que podía ver el pasado y arrastrarlo de los pelos para conmocionar nuestro presente abúlico.

De quien se hablaba que podía hacer volar el mundo en cien mil pedazos como un Zeus vernáculo y volverlo a ordenar con justicia como un Odiseo cercano y nuestro.

El estuvo cerca de alguno de nosotros cuando el fuego del horror aún no nos había alcanzado.

Después no supe nada más de él hasta el día de hoy en la página de necrológicas del periódico de ese pueblo de abriles o septiembres.


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